«Tres agentes de la policía estadounidense me detienen en el aeropuerto de Montreal donde estaba en tránsito para Nueva York. El 19 de mayo de 2001. (...) »El papel carbón sin usar que me tienden me aspira el oxígeno de los pulmones; soy indigna de consideración y estoy bajo sospecha. A través de mi mano transpiran las faltas que no he cometido, los pecados que nunca soñé perpetrar. (...) »Chorreo de sudor, como para llenar una botella pequeña. En este momento, mi transpiración es mi maldición y mi vergüenza. Por sí sola redacta informes de mí y pasa revista, en unos segundos, a todos los horrores por los que mi país y todos nosotros hemos pasado. (...) “Tranquilícese y pare el temblor de la mano”. (...) Un inmenso miedo se adueña de mí. Tengo la boca seca, y me late el corazón desbocado, me invade un sentimiento de miseria cálida que me envuelve de los pies a la cabeza. Soy una ciudadana normal. »Sudo a la gota gorda, y mi turbación envenena la atmósfera. (...) »“Vamos, señora, la última formalidad”. (...) Tengo que salir mejor que mi verdadera cara, mejor que todo lo que he escrito y todo lo que se ha escrito sobre nosotros y contra nosotros. Es preciso que mi cara, que el hombre gira de derecha a izquierda para la foto, reúna toda la belleza de ayer, de hoy y de mañana, que se adorne de sencillez, que hable tranquilamente de los sueños rotos y traicionados, los de los amigos, la familia, los niños, a cuyos gritos hace oídos sordos el mundo civilizado. »Una cosa es segura (...): no queremos morir así, con la modestia de la rosa y la tristeza del racimo de uvas que aún no ha sido recogido. No queremos que nos maten por ninguna razón fútil, que arreglaría el universo, ni válida, para que se cambien en oro los urinarios de Tejas. De modo que le meteremos el dedo en el ojo al amo del tiempo diciendo: no queremos que nadie nos enseñe a vendar nuestras heridas. »A causa de la estupidez, el arcaísmo, la grosería y la arrogancia, la falta de cordura y la pasión por el miedo, el fulgor del sufrimiento y la corriente de tristeza en nuestros corazones, no queremos festivales de duelo por nosotros (...). No queremos vuestro bienestar, vuestra coquetería, vuestra talla, que no mejorará nuestra descendencia primaria y chaparra. »Y, sobre todo, lo que no queremos es ser fuertes como vosotros, meando por los bordes del universo y carcajeándoos delante de los hombres que exhalan el último suspiro. Queremos revolcarnos en nuestra arena y morir encima como los más hermosos bandidos, los locos, los pícaros y los poetas. Queremos seguir allí, frente a un sol feroz y bueno para poblar la tierra y continuar escribiendo en tablillas. »Que vivamos un día más, ni muy largo, gracias a nosotros, ni muy corto, gracias a vosotros. Queremos un año, uno solo, sin vosotros, todos vosotros, pues estáis solos. Compartimos con vosotros la ley de la fuerza, tal vez sea esa la razón de vuestra furia, somos parte de la ley universal, el poderoso puede aniquilar el mundo, pero el débil, también».
«Un año solo sin todos vosotros», Alia Manduh
Texto íntegro en Autodafe, nº 3-4, primavera 2003. www.autodafe.org
Alia Mamduh Naftalina
Traducido del árabe por Ignacio Gutiérrez de Terán
Novela de corte autobiográfico que nos introduce en un barrio pobre de Bagdad durante la década de los años cuarenta a través de la mirada de Huda, una niña de nueve años.
«Naftalina nos relata —alternando la primera y la segunda persona— la infancia y preadolescencia de Huda, una niña nacida en Bagdad, criada dentro de un hogar de complicadas y tensas relaciones. En la casa viven, además de ella, su hermano pequeño, Ádel; su madre, gravemente enferma de tuberculosis y por ello apartada de casi toda la actividad diaria; la abuela paterna, verdadero puntal organizativo y afectivo de la casa, y la joven tía Farida, hermana del padre. Otras mujeres pasarán esporádicamente por allí: Bahiya, la joven hermanastra de la abuela, y Nayia, amiga de esta última. El padre, guardián en una prisión de la lejana ciudad de Karbalá, sólo les impondrá su brutal presencia (otro personaje más que añadir a la abundante nómina de padres despóticos que nos brinda la literatura árabe) de tarde en tarde, hasta casi desaparecer tras el repudio de la madre, la muerte de ésta y su nuevo matrimonio. Una casa de mujeres, por tanto, así percibida por la niña ("A tu alrededor sólo hay mujeres"), punteada por un seguramente involuntario, pero para nosotros evidente aire lorquiano: secretos, susurros, sufrimiento, tensión sexual, deseo femenino de hombre, luego transformado en violencia contra él. Naftalina es un relato de interior en un doble sentido: por el protagonismo indudable de la casa y de las relaciones familiares, y también por la voz narrativa con que Mamduh (a través del personaje de Huda) presenta los sucesos. Una voz analítica, sosegada y poética que acompaña la clara sensorialidad que desprende la novela, y que no hago equivaler en ningún caso con sensualidad ».
«Así que esto es el hammam », Nieves Paradela Alonso, Revista de Libros, enero 2001
«Esta es la historia de una rebelión y, al mismo tiempo, de una humillación. Quien se rebela es una niña activa y curiosa La infancia de Huda está marcada por la violencia. No porque pertenezca a un medio familiar especialmente conflictivo, sino porque así funciona la cadena de agresión arbitraria que rige en las sociedades patriarcales. La ira del hombre se descarga primero en los niños, después en las mujeres Huda crece en un mundo de mujeres. Las bolas de naftalina del título son para ella un símbolo del encierro de las mujeres de su entorno. Ni su abuela, ni su madre, ni su tía pueden salir de casa más que para ir al mercado, al hamán o a la mezquita. En todos sus actos dependen del hombre de la casa.».
«Mujeres sin voz», Cecilia Dreymüller, ABC Cultural, 6/1/01
«Con un estilo impresionista, que privilegia la descripción de lugares y personajes sobre la narración, la autora resucita ante nuestros ojos un mundo lánguido, lento, sensual y melancólico, con un gran tema de fondo: la injusticia en las relaciones entre los sexos. Tras los inolvidables La guardia, del griego Nikos Kavvadias, y El pasado simple, de Dris Chraibi, ediciones del oriente y del mediterráneo, con su discreción habitual, nos regala otra joya».
«Crecer siendo mujer en Bagdad», L. F., El País/Babelia, 1/7/00
Abdelkáder El Yanabi Horizontes verticales
Traducido del árabe por Benilde Díaz y Mercedes Menéndez
Horizontes verticales es un libro insólito dentro de la literatura árabe contemporánea. El Yanabi se sitúa al margen de la «arabidad» y otros corsés ideológicos o étnicos, sin importarle la condena que su permanente insumisión y sus irreverentes provocaciones suscitan entre los pastores del rebaño.
"Las palabras aprendidas de memoria no son sino policías que frenan el impulso del pensamiento al escribir e incluso al hablar". Esta conclusión guía las memorias del poeta Abdelkáder El Yanabi (Bagdad, 1944), un surrealista admirado por Breton que forma parte de la generación del sesenta, la misma a la que pertenece, por ejemplo, Sadam Husein. Entre esos dos extremos, como entre Bagdad, Londres y París, se mueven unas páginas que sirven tanto para conocer la sociedad iraquí como la Europa de los situacionistas y de la Primavera de Praga. Un libro contagioso, que parece escrito en estado de gracia. El Yanabi afirma que su signo del zodiaco, Cáncer, es el del genio, la extravagancia y la pureza. Algo así es el relato de su vida.
«El genio, la pureza y la extravagancia», J. R. M., El País, 2/3/2002
Imán Ahmad Jamás Crónicas de Irak
Presentación de Santiago Alba Rico Edición, epílogo, cronología y notas de Carlos Varea
Una periodista iraquí recorre su país devastado por la guerra y revela lo que habitualmente velan los medios de comunicación: el sufrimiento y la impotencia de las víctimas y la sinrazón y los crímenes del ocupante.
«Crónicas de Iraq, el último libro de esta periodista iraquí y uno de los retratos más rigurosos sobre la devastación causada por la invasión estadounidense. »En palabras de Imán, el propósito de su libro no es otro que dar a conocer "el rostro real de la ocupación". Licenciada en Literatura, traductora y escritora, reconoce que lo dejó todo el día que las tropas norteamericanas entraban en Bagdad. A su juicio, "seguir al ejército ocupante y documentar sus crímenes" pasó a ser la tarea más urgente. Desde junio de 2003 hasta su cierre en 2004, dirigió en Bagdad el Observatorio de la Ocupación, lo que compaginó con su militancia en el movimiento asociativo de mujeres iraquíes. Referente internacional en la defensa de los Derechos Humanos, los tres últimos años se ha dedicado a recorrer Iraq con un equipo de profesionales para documentar los crímenes de las fuerzas ocupantes a través de textos, fotografías y filmaciones.
Carolina Yacamán y Miguel A. de Lucas, Diagonal, nº 30 (11 may -24 may), 2006
Imán A. Jamás se ha convertido en estos años en un referente internacional del movimiento asociativo iraquí contrario a la ocupación y de denuncia de la violación de los Derechos Humanos en su país, habiendo recibido por ello reiteradas amenazas de muerte. Jamás dirigió entre junio de 2003 y hasta su cierre en 2004 el centro Observatorio de la Ocupación en Bagdad. Con el apoyo de un reducido grupo de profesionales iraquíes, manteniendo una posición de independencia política, Imán A. Jamás ha asumido la tarea de documentar a través de textos y filmaciones los efectos devastadores de la invasión y ocupación de su país por EE.UU. y Reino Unido. Imán A. Jamás y sus compañeros no han dudado en poner en peligro sus propias vidas desplazándose a zonas de combate cerradas a los medios de comunicación internacionales, constituyéndose así en testigos excepcionales de los padecimientos que sufre la población iraquí. Fruto de esta labor son las crónicas que se incluyen en este volumen, ilustrado además con fotos de la propia autora, un material de denuncia de extremo rigor y profundo aliento solidario hacia sus propios conciudadanos.
iraqsolidaridad.org (20 de abril, 2006)
«Periodista de profesión y de vocación, Jamás, de 51 años, lleva en el gramio desde 1977. Licenciada por la Universidad de Bagdad, es también periodista y traductora.Su labor le ha valido el Premio Julio Anguita Parrado de Periodismo, que ha recibido en Cördoba, coincidiendo con el cuarto aniversario de la muerte del joven periodista de El Mundo en Irak. Fruto de este trabajo es también el libro Crónicas de iraq cuyas páginas recorren un país devastado y revelan el desamparo de las víctimas ante los crímenes y los abusos de las tropas estadounidenses »
Rosa Meneses, El Mundo, 07/04/2007
Hans C. Von Sponeck Autopsia de Iraq. Las sanciones: otra forma de guerra
Pórtico de Celso N. Amorim Presentación de Carlos Varea Traducido del inglés por Mercedes Bellavista y Gonzalo Fernandez Parrilla
Brillante y esclarecedor testimonio del antiguo Coordinador Humanitario de Naciones Unidas en Iraq. En su libro, H. C. von Sponeck examina la política de sanciones de la ONU contra Iraq, sus consecuencias y la situación interna e internacional entre las dos Guerras del Golfo, 1991 y 2003. Director del programa Petróleo por Alimentos en 1998-2000, su investigación se basa en documentos internos de la ONU no publicados con anterioridad y en sus discusiones con los responsables políticos de onu (como el Secretario General, Kofi Annan), altos cargos y políticos iraquíes (incluido Sadam Huseín) y ciudadanos iraquíes corrientes. Sponeck se pregunta quién se benefició realmente del programa Petróleo por Alimentos, qué papel jugó el Consejo de Seguridad de la ONU y los distintos Estados miembros, y si había entonces y hay hoy alternativas a las políticas de la onu respecto a Iraq.
«En este sobrio e impresionante estudio, von Sponeck nos recuerda las disposiciones de la Convención de La Haya de 1907 que prohíben infligir cualquier castigo a personas por actos de los que no son responsables, un principio moral básico y, en el siglo pasado, una obligación vinculante para todos los Estados. En su meticuloso y cuidadosamente documentado estudio, [Sponeck] demuestra con dolorosa atención y precisión que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, pero especialmente EE. UU. y Reino Unido, han violado radicalmente aquellas mínimas condiciones de comportamiento civilizado en su programa de sanciones dirigido contra la torturada población de Iraq, lo que incluye el programa de Petróleo por Alimentos, que él intentó, de forma valiente, dirigir de forma humana, luchando contra los crueles e incesantes obstáculos. Es una lectura necesaria, con lecciones cruciales también para el futuro inmediato, e inmensamente triste».
Noam Chomsky
« su libro demuestra, sin la menor duda, como lo hicieron años antes sus informes a la onu, que el Consejo de Seguridad se equivocó de objetivo y convirtió a la mayor parte de los iraquíes en dobles víctimas: de Sadam y de la estrategia de contención o enjaulamiento del sátrapa de Tikrit. »En su meticuloso análisis, Sponeck muestra también la incapacidad manifiesta de la onu en el Iraq de los 90 para cumplir sus mandatos humanitarios sin dejar de lado los derechos humanos elementales —educación, alimentación y sanidad— y la urgencia de reformar la ONU y el Consejo de Seguridad para evitar que se repitan desastres parecidos. Por lo visto, otra voz que clama en el desierto »El autor reconoce los crímenes contra la humanidad de Sadam y una parte de verdad en la afirmación de Washington y Londres de que los males iraquíes se agravaron con el despilfarro del régimen , pero niega rotundamente que esa fuera la causa principal, en lugar de las sanciones, de la destrucción paulatina de la sociedad».
«Autopsia de Iraq», Felipe Sahagún, El Cultural, 26/7/2007
«H. C. von Sponeck trabajó durante más de 30 años en el programa de nnuu para el desarrollo y fue nombrado en 1998 coordinador humanitario de Iraq con el rango de secretario general adjunto. Dimitió de su cargo en 2000 como protesta por la política de sanciones que extendió la pobreza y el hambre entre la población iraquí y que pocas voces denunciaron en Occidente. En Autopsia de Iraq analiza, usando documentación inédita, las consecuencias de las sancones de nnuu entre la ciudadanía iraquí ».
«Asedio y asalto: crónica de una dimisión anunciada», Salvador López Arnal, El Viejo Topo, noviembre/2007
Iraq bajo ocupación. Destrucción de la identidad y la memoria
Edición de Carlos Varea, Paloma Valverde y Esther Sanz
Hoy se afirma que la violencia ha disminuido en Iraq y que, tras el triunfo de Barak Obama en EE. UU., es posible la retirada de las tropas extranjeras y la estabilización del país. La realidad es bien distinta: más allá del fin de la ocupación, el legado de la invasión de Iraq es aterrador. Las contribuciones de los autores a este libro colectivo componen un mosaico esclarecedor, el cual permite vislumbrar el terrible presente al que se enfrentan cada día los hombres y las mujeres de Iraq, comprender las claves del conflicto y su trascendencia regional e internacional y conocer las dimensiones concretas del daño causado al patrimonio cultural de la Humanidad en Iraq. Una obra para tomar conciencia de la destrucción premeditada y total de un país y de su sociedad.
«Los libros colectivos tienen sus ventajas y sus inconvenientes, entre éstos últimos, el que se pueda perder coherencia o se caiga en repeticiones. Sin embargo, en esta obra, Iraq bajo ocupación. Destrucción de la identidad y la memoria, la autoría colectiva solo ha supuesto ventajas. No solo encontramos varios estilos formales para relatar la tragedia iraquí, sino la presencia de diferentes ángulos de análisis, distintas materias a abordar y, por supuesto, angustias e indignaciones según la sensibilidad de cada autor, pero coincidentes en el diagnóstico del drama que está viviendo la región. De modo que tenemos periodistas como Teresa Aranguren, escritores como Rosa Regás o Santiago Alba, pero también académicos y arabistas reputados como Carlos Varea, Pedro Martínez Montávez, Joaquín María Córdoba o Fernando Báez. Y por supuesto, iraquíes como la documentalista Hana al-Bayati o la escritora Bahira Abdulatif. Todos ellos, con valiosa información, impecable argumentación y encomiable sensibilidad ante la injusticia, convierten esta obra en un arma contra el olvido y en la defensa de la soberanía de Iraq. De este modo se unen a la resistencia popular que combate allí, entre el Tigris y el Éufrates, por la liberación de un pueblo. Sin duda, para el Departamento de Estado todos son igual de terroristas, pero para millones de personas del mundo, ambos, los que combaten con armas y los que lo hacen con palabras como las de este libro, son la primera línea de lucha contra la principal acción terrorista del siglo XXI: la invasión y el saqueo de Estados Unidos en Iraq».
«Resistencia iraquí armada con la palabra», Pascual Serrano, Le Monde Diplomatique, 11/03/2009
«El volumen de artículos de autores básicamente españoles que ha editado el antropólogo y arabista Carlos Varea es de esa especie que podríamos llamar «de combate»; un poco como aquellos libros —y películas— que estaban de moda en los sesentas, que se decían de «tesis». No hay, por tanto, propuesta desarrollo y desenlace, sino antes bien una directa exposición de una realidad tan convincente como de características pavorosas; la de una guerra que no se libra contra el enemigo, sino en la que el enemigo es un compacto de paisaje, ciudadanía presente y futura, riqueza nacional de todo orden, y en la que la fórmula «daños colaterales» adquiere otra dimensión. Hoy, que la Operación Irak del jubilado presidente Bush hay quien dice que es un éxito porque el número de soldados norteamericanos muertos en combate ha descendido con libros como este, puede el lector comprender cómo con la lista de bajas en el campo de batalla no hace sino comenzar la más tétrica de las necrologías Se diría que el objetivo de los invasores hubiese sido la destrucción de Irak como sujeto de civilización en su totalidad, de forma que los llamados «daños colaterales» formaran una cadena sin fin en la que siempre hubiera una «colateralidad» ulterior, una muerte por desnutrición, por falta de atención médicas, por desestimiento general de la vida en ese carrusel de atrocidades; donde no se trataba de bombardear un país para devolverlo a la Edad de Piedra, como sugería para Vietnam el general de la fuerza aérea norteamericana Curtis Le May, sino aún peor, de devolver a Irak a la nada preexistente.