De padre saudí y madre iraquí, nació en Ammán en 1933, donde residió hasta 1952, período en el que se enmarca Memoria de una ciudad. Estudió Derecho en Bagdad y El Cairo y se doctoró en Ciencias Económicas y Economía del Petróleo en Belgrado. En 1963, el gobierno saudí le retiró el pasaporte y la nacionalidad por motivos políticos, y desde entonces vivió como apátrida en diferentes países. Conoció las cárceles iraquíes por su oposición a la guerra entre Irán e Iraq. Desde 1973 se dedicó por entero a la creación literaria. Autor de una numerosa obra, es uno de los escritores más prestigiosos y leídos del mundo árabe. En 1992 fue galardonado con el Premio Sultán Aways, considera- do el Nobel de las letras árabes, y en 1998 en el i Congreso Internacional de Novela Árabe, celebrado en El Cairo, fue proclamado el mejor novelista árabe contemporáneo por doscientos escritores y críticos. Murió en Damasco en 2004.[Memoria de una ciudad, col. memorias del mediterráneo, nº 2; Al este del Mediterráneo, col. letras, nº 26.]

«La política es una de mis preocupaciones mayores y, en consecuencia, así lo reflejo cuando escribo. Pero si tuviera que definirme, no podría hacerlo como un escritor político. Yo intento hacer llegar al lector un conjunto de obras que tratan periodos históricos concretos, hablan de zonas concretas, de cuestiones que afectan a ese tiempo concreto. Y mi única obsesión es escrir y ofrecerle una novela con una técnica propia y una estética –ya sea en la estructura o en el estilo– que pueda satisfacer al lector árabe y que me haga progresar a mí como escritor… He escrito mil veces que defenderé siempre la libertad y la dignidad del ser humano, y quizá por eso me retiraron la nacionalidad cuando todavía era joven».«Entrevista a Abderrahmán Munif, apátrida…», en Nación Árabe, núm 36
«La guerra y la ocupación de Irak no tienen como objetivo derribar un régimen, sino vengarse de un país, de su historia y   su civilización, y reducir su función a nada. ¿Cómo explicar de otro modo lo que ha ocurrido en el Museo Arqueológico de Bagdad, cuando un solo tanque y unos soldados hubieran bastado para disuadir a los ladrones?…»Los fallos árabes son numerosos…, una ausencia total de racionalidad y equilibrio. La norma es ¡sálvese quien pueda!, y la solidaridad árabe es una palabra vana. Las instituciones colectivas están pasivas; peor, se deshacen. La autocrítica es algo imperativo. Poderes y opositores son igualmente responsables. Los lemas nunca han servido más que para seducir a las masas con el fin de mejor manipularlas. El intelectual, que, hace aún cincuenta años, era noble, el censor que hacía temblar al príncipe, es hoy día su asalariado, un instrumento de su poder. Todo infractor es internado en prisiones convertidas en lugares de paso obligado para remodelar las mentes, domesticarlas y volver a situarlas en el camino correcto. ¡Si ha habido algún florecimiento es el de las prisiones!».Palabras de Abderrahmán Munif recogidas por Mouna Naím en «La amargura de los intelectuales árabes», Le Monde, 30/04/2003

 

 

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De padre saudí y madre iraquí, nació en Ammán en 1933, donde residió hasta 1952, período en el que se enmarca Memoria de una ciudad. Estudió Derecho en Bagdad y El Cairo y se doctoró en Ciencias Económicas y Economía del Petróleo en Belgrado. En 1963, el gobierno saudí le retiró el pasaporte y la nacionalidad por motivos políticos, y desde entonces vivió como apátrida en diferentes países. Conoció las cárceles iraquíes por su oposición a la guerra entre Irán e Iraq. Desde 1973 se dedicó por entero a la creación literaria. Autor de una numerosa obra, es uno de los escritores más prestigiosos y leídos del mundo árabe. En 1992 fue galardonado con el Premio Sultán Aways, considera- do el Nobel de las letras árabes, y en 1998 en el i Congreso Internacional de Novela Árabe, celebrado en El Cairo, fue proclamado el mejor novelista árabe contemporáneo por doscientos escritores y críticos. Murió en Damasco en 2004.[Memoria de una ciudad, col. memorias del mediterráneo, nº 2; Al este del Mediterráneo, col. letras, nº 26.]

«La política es una de mis preocupaciones mayores y, en consecuencia, así lo reflejo cuando escribo. Pero si tuviera que definirme, no podría hacerlo como un escritor político. Yo intento hacer llegar al lector un conjunto de obras que tratan periodos históricos concretos, hablan de zonas concretas, de cuestiones que afectan a ese tiempo concreto. Y mi única obsesión es escrir y ofrecerle una novela con una técnica propia y una estética –ya sea en la estructura o en el estilo– que pueda satisfacer al lector árabe y que me haga progresar a mí como escritor… He escrito mil veces que defenderé siempre la libertad y la dignidad del ser humano, y quizá por eso me retiraron la nacionalidad cuando todavía era joven».«Entrevista a Abderrahmán Munif, apátrida…», en Nación Árabe, núm 36
«La guerra y la ocupación de Irak no tienen como objetivo derribar un régimen, sino vengarse de un país, de su historia y   su civilización, y reducir su función a nada. ¿Cómo explicar de otro modo lo que ha ocurrido en el Museo Arqueológico de Bagdad, cuando un solo tanque y unos soldados hubieran bastado para disuadir a los ladrones?…»Los fallos árabes son numerosos…, una ausencia total de racionalidad y equilibrio. La norma es ¡sálvese quien pueda!, y la solidaridad árabe es una palabra vana. Las instituciones colectivas están pasivas; peor, se deshacen. La autocrítica es algo imperativo. Poderes y opositores son igualmente responsables. Los lemas nunca han servido más que para seducir a las masas con el fin de mejor manipularlas. El intelectual, que, hace aún cincuenta años, era noble, el censor que hacía temblar al príncipe, es hoy día su asalariado, un instrumento de su poder. Todo infractor es internado en prisiones convertidas en lugares de paso obligado para remodelar las mentes, domesticarlas y volver a situarlas en el camino correcto. ¡Si ha habido algún florecimiento es el de las prisiones!».Palabras de Abderrahmán Munif recogidas por Mouna Naím en «La amargura de los intelectuales árabes», Le Monde, 30/04/2003
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