Marina Tsvietáieva

Presentacion y versión rítmica de Carlos Iniesta

Traducido del ruso por Tatiana Gritzái y Carlos Iniesta

Marina Tsvietáieva, una de las figuras cumbres de la Edad de Plata de la literatura rusa, inició durante su exilio en Praga su inacabada trilogía trágica, La ira de Afrodita, con Ariadna, tragedia a la que quiso dar el nombre de su querida hija, en aquellos años marcados por su propia tragedia vital. Tragedia que irá materializándose tras su regreso a la Unión Soviética en 1936. En 1941 puso fin a su vida.

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Ariadna es una tragedia clásica, en la que introduce notables variantes en la configuración y el relato del mito, pero en la que toda la dicción y la estructura se sujetan a los caracteres y las reglas que Aristóteles tan certera como brillantemente describió. Tan esto es así que descubrimos una Marina Tsvietáieva nueva, en la que el componente trágico que siempre tuvo su lirismo se convierte en lirismo trágico en sí. Pero lo que llama la atención en ello es el tratamiento feminista que el motivo recibe y el modo en que convierte en literatura de género un mito de la antigüedad. Por si esto fuera poco, una escritura, como la suya –que siempre corre el riesgo de perderse, llevada por la pasión más que por la racionalidad– sometida al sistema que la unidad estructural le impone, refuerza aquello que la caracteriza y que, bajo las limitaciones de la norma, parece siempre a punto de estallar. Orden y sentido. La tragedia clásica no sólo le ha brindado un tema: le ha procurado también un tono, y ese tono es tal vez lo que en ella se aprecia más, porque las palabras se presentan aquí no como materiales de aluvión arrastrados por la fuerza de un torrente –como es usual en la obra lírica de la autora–, sino como incrustadas en una taracea: como una obra de marquetería, en la que el ritmo y la sintaxis de la frase se pliegan a un principio de orden y sentido, que es el que rige y explica su arquitectónica unidad. Por eso, nadie mejor para traducir estos procedimientos que un filólogo clásico, doblado de eslavista, como Carlos Iniesta, familiarizado con los giros y usos de la lengua, pero también con las distintas tonalidades de los géneros y con los mecanismos de su composición estructural. Su versión me parece poéticamente perfecta. Y no sólo en el coro de jóvenes que cierra el Acto v, sino en general: se ve que es una traducción tan pensada como sentida, en la que se intenta reproducir la escansión trocaica y en la que no hay ningún tufillo arqueológico sino lenguaje poético elevado al máximo de su posibilidad. … Marina Tsvietáieva supo descubrir en la tragedia griega el lirismo dramático en que aquel se suele expresar; mérito suyo es el saber adaptarlo, como el de Carlos Iniesta, el haberlo sabido reproducir.

Jaime Siles, «Variaciones sobre el lirismo trágico», ABCd las Artes y las Letras, 12/8/2006

Es necesario, una vez más, alabar el trabajo de rastreo del director de Atalaya, Ricardo Iniesta, y el talento y la dedicación del recientemente fallecido Carlos Iniesta, a quien su hermano dedicó el estreno de anoche desde el escenario. Como en las obras anteriores, éste ha sabido construir un relato perfectamente coherente y comprensible, con un alto valor poético, a partir de fragmentos textuales tan alejados como los de Marina Tsvietáieva (traducidos del ruso por él mismo), Nietzsche, Ovidio o el vallisoletano David Pujante.

Rosalía Gómez, «El último mito de Carlos Iniesta», en Diario de Sevilla, 06/06/2008

Ariadna es un hachazo a un placer inteligente, hiere las ideas que uno acostumbra a sostener. Por otro lado, Ariadna va más allá de un nombre: es la manera de ser mujer, la invitación a que todos los hombres podamos ser mujeres. Y la tercera idea está relacionada con su autor, con Carlos Iniesta, uno de los dramaturgos con el perfil más importante que ha dado en Andalucía en los últimos años y que falleció hace unos meses.

J.A., «Una obra revisa el mito de Ariadna dentro de las tragedias griegas», en Granada Hoy, 13/06/2008

Información adicional
Colección

Transversales, 2

ISBN

978-84-96327-25-2

Año de edición

2006

Páginas

288

Tamaño

210 x 210 mm

Peso

600 g

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