Lise London (Montceau-les-Mines, 1916 – París, 2012): Hija de emigrantes españoles en Francia, a los quince años ya militaba en las Juventudes Comunistas francesas, y a los dieciocho comenzó a trabajar en el Komintern, en Moscú, donde conoció a Artur London. Desde entonces, sus itinerarios ya no se separarán: ambos acuden en ayuda de la España republicana, participan en la Resistencia y conocen las cárceles y los campos de concentración nazis y la represión estalinista. En el primer tomo de sus memorias –Roja primavera–, la autora narra su vida, la de Artur London, el autor de La confesión, y la de una generación que entregó su vida en aras de un ideal que, como Saturno, acabó en muchos casos devorando a sus hijos. El segundo tomo, Memoria de la Resistencia, recoge el período que va desde la derrota de la República hasta el regreso de los campos de exterminio nazis.

«–Muchos brigadistas sufrieron, tras el regreso a su país, de la desconfianza y la persecución de la kgb, como revela el testimonio del propio Artur London en La Confesión, ¿cómo pudo llegarse a esta situación?

»–Fuimos una generación combativa y valiente, pero perdimos el sentido crítico. Teníamos una fe ciega en Stalin y no nos dimos cuenta o no quisimos creer que en la URSS sucedían cosas que enterraban la democracia, la libertad y, con ellas, el socia- lismo. Como escribió Artur London en el Prólogo a la edición en castellano de Se levantaron antes del alba, habíamos olvidado el sentido de ese pasaje de la Internacional en que dice “ni Dios ni rey ni César” y confiábamos totalmente en “nuestro supremo salvador”, “nuestro guía que nunca se equivoca”. Esa fe ciega explica muchas cosas». (Fragmentos de la entrevista con Fernando García Burillo, El Viejo Topo, 1996)

Títulos de la autora

Lise London (Montceau-les-Mines, 1916 – París, 2012): Hija de emigrantes españoles en Francia, a los quince años ya militaba en las Juventudes Comunistas francesas, y a los dieciocho comenzó a trabajar en el Komintern, en Moscú, donde conoció a Artur London. Desde entonces, sus itinerarios ya no se separarán: ambos acuden en ayuda de la España republicana, participan en la Resistencia y conocen las cárceles y los campos de concentración nazis y la represión estalinista. En el primer tomo de sus memorias –Roja primavera–, la autora narra su vida, la de Artur London, el autor de La confesión, y la de una generación que entregó su vida en aras de un ideal que, como Saturno, acabó en muchos casos devorando a sus hijos. El segundo tomo, Memoria de la Resistencia, recoge el período que va desde la derrota de la República hasta el regreso de los campos de exterminio nazis.

«–Muchos brigadistas sufrieron, tras el regreso a su país, de la desconfianza y la persecución de la kgb, como revela el testimonio del propio Artur London en La Confesión, ¿cómo pudo llegarse a esta situación?

»–Fuimos una generación combativa y valiente, pero perdimos el sentido crítico. Teníamos una fe ciega en Stalin y no nos dimos cuenta o no quisimos creer que en la URSS sucedían cosas que enterraban la democracia, la libertad y, con ellas, el socia- lismo. Como escribió Artur London en el Prólogo a la edición en castellano de Se levantaron antes del alba, habíamos olvidado el sentido de ese pasaje de la Internacional en que dice “ni Dios ni rey ni César” y confiábamos totalmente en “nuestro supremo salvador”, “nuestro guía que nunca se equivoca”. Esa fe ciega explica muchas cosas». (Fragmentos de la entrevista con Fernando García Burillo, El Viejo Topo, 1996)

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