Gaza toma la palabra

En las páginas de este libro aparecen estudiantes, sanitarios y jóvenes escritores que convierten su experiencia inmediata en narración. No cuentan lo que ocurre desde la distancia, sino casi en tiempo real, como si fuera una crónica emitida en directo.

Porque este libro no es únicamente un libro sobre Gaza. Es un libro escrito desde Gaza, con la voz de Gaza. Y esa diferencia lo cambia todo. No estamos ante un ensayo elaborado con la distancia del tiempo, ni ante un reportaje construido tras regresar del terreno. Estamos ante palabras que brotan mientras todo alrededor se derrumba.

Los libros no detienen conflictos, pero ayudan a dar voz a quienes los sufren. Y escuchar siempre es un buen comienzo.

Alexis Vicente Berronodo, Gaza toma la palabra, artículo completo en FronteraD, 16/04/2026


Hablar de Palestina por decoro, por Ilya Topper

ILYA U. TOPPER | —Esta última canción tuya, Javier, ¿no tiene un tono político como evidente, casi panfletario? —pregunté a mi cantautor favorito, mientras íbamos hacia el Café de Levante. En la puerta había un gran cartel con la frase No a la guerra, el lema del recital.

—Mira —me respondió—, a mí me encantan las canciones de amor líricas y la pureza de la poesía, no contaminada por cosas tan sucias como la política, pero si los de arriba —era 2003 y José María Aznar, a la sazón primer ministro de España, se acababa de reunir con George W. Bush para decidir bombardear Irak juntos— se ponen así, no nos dejan otra opción. ¡Tendrán panfleto, panfleto y panfleto!

No sabíamos entonces que el trío de los Azores era un coro de niños de primera comunión comparado con el dúo Trump-Netanyahu que hoy día toca los tambores de guerra. Qué tiempos son estos, diría uno con Bertolt Brecht, en los que es casi un crimen conversar de árboles, porque implica callar tanta injusticia. Y podemos recuperar el sentido en el que Brecht utilizaba la palabra panfleto: no en el difamatorio que hoy incluye una acepción del diccionario, sino en el de una obra literaria rotundamente política, de denuncia sin ambages, de andanada verbal directa contra el adversario, sin florituras, con precisión en el disparo.

La precisión y el estilo conciso son características de Gaza. El genocidio televisado, un ensayo de Mohamed Safa (Nablús, 1956), médico oftalmólogo nacido en Cisjordania y afincado en Galicia desde hace décadas. El planteamiento es claro: con la masacre de Gaza presente en las pantallas de televisión, día tras día, durante dos años, ¿por qué el mundo no hizo nada para ponerle fin? Gaza no es un conflicto olvidado, nadie puede decir que no sabía qué ocurre allí. Todos lo hemos visto, tenemos las cifras, las imágenes, los datos, los nombres de los responsables, sus justificaciones o pretextos —porque negar no niegan sus actos: los exhiben orgullosamente y los reivindican— y aún así, nadie ha hecho nada.

Mohamed Safa se embarca en una gira de reflexiones para hallar la respuesta. En primer lugar señala la táctica israelí de presentar la última ronda de la guerra, aquella desencadenada por el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, como causada por aquel ataque. Lo que convierte a Hamas en culpable de todo lo que ocurrió después. Pero en una guerra contra un ocupante militar o colonial, sea Argelia, sean las tropas alemanas en Francia, la Resistencia, aunque cometa barbaridades —y toda Resistencia comete alguna barbaridad—, no tiene la culpa del conflicto: es su consecuencia, no su causa.

A la táctica de presentar la resistencia, no la ocupación, como la causa primigenia del conflicto contribuye el esfuerzo de Israel de borrar la palabra Palestina de la historia (es espantoso con qué ligereza cuentas de propaganda israelí en Twitter afirman que este territorio jamás se ha llamado Palestina, cuando el propio movimiento sionista durante exactamente medio siglo, desde su primer congreso en 1897 hasta la proclamación de la independencia de Israel en 1948, nunca utilizó otro nombre que el de «Palestina» para las tierras que colonizó). Y este afán negacionista se complementa con la presentación de Israel como «pueblo» perseguido y principal víctima de la historia mundial a través del holocausto. «Cuestionar el Estado de Israel, entonces, es percibido como una amenaza a la memoria de los muertos en el Holocausto. Como si toda denuncia del colonialismo en Palestina fuera, en realidad, una reedición del odio antijudío», lo resume con acierto Safa.

Para cimentar su discurso, Safa cita sobre todo a autores israelíes, muchos, si bien no todos, de la izquierda que conocemos: Ilan Pappe, Shlomo Sand, Meir Margalit, pero también a numerosos otros autores y norteamericanos, judíos en parte, para ilustrar el marco ético en el que se mueve la cuestión de Palestina. Porque aquí no hay tribalismo, no se trata de escribir desde Palestina contra un mundo hostil sino de aplicar a Palestina precisamente los conceptos, leyes y pautas que la civilización que se llama humanista se ha dado y que consideramos, universales.

Y así lo refleja uno de los párrafos más sucintos del libro, el que citando a Valle-Inclán recuerda a aquel tertuliano que afirmó haberse hecho revolucionario «por decoro». Es decir, por decencia, por rectitud. Que es el motivo, hoy, de ser lo que desde el otro bando llaman «propalestino».

Mohamed Safa escribe este libro, intuimos, por decoro, no por ser palestino de Nablús; de hecho, si no fuera por su nombre y apellido, no adivinaríamos que nació en algún lugar fuera de España. No se transmite experiencia propia y ni siquiera cercanía personal a los hechos en esta reflexión humanista, ética e histórica.

Y tampoco hay una intención de ir más allá de esta reflexión, que presenta al pueblo palestino como un conjunto frente o bajo las políticas de otro conjunto, el Estado israelí. No analiza las dinámicas internas de la sociedad israelí, ni menos las de las sociedad palestina. Hamás es, simplemente, el factor político-militar que representa a Gaza y que como tal es sujeto a los ataques. Qué piensa la sociedad palestina de Hamás, cuál es la efecto de la imposición del islamismo radical de Hamás a toda la sociedad que domina, no interesa aquí, no es el cometido de este libro. El autor, que fue alguna vez delegado del Frente de Liberación Palestina, un grupo laico y marxista, parece cerrar filas con Hamás, porque cierra filas con el movimiento de resistencia popular palestino, y este movimiento en Gaza actualmente se expresa a través de un grupo armado, y por añadidura islamista. Lamentablemente, pensaremos muchos, pero ¿eso cambia algo?

Si en lugar de Hamás, Gaza estuviera bajo dominio del Frente de Liberación Palestina, los guerrilleros llevarían cintas rojas en lugar de verdes en la frente, y en verano veríamos a chicas en pantalón corto compartir una cerveza en las playas de Gaza. Eso sí. Pero el misil israelí las destrozaría igual que ahora destroza los cuerpos de niños que juegan a la pelota en la arena o intentan huir de un bombardeo. No habría diferencia en la opresión, la ocupación, la guerra.

Quizás habría una diferencia, y es que las imágenes de lo que podrían ser veraneantes en Alicante destrozadas por los bombardeos quizás impactarían aún más en la opinión pública europea que las de señoras en embozo negro llorando por sus hijos. Pero ¿haríamos algo? ¿podríamos hacer algo? ¿qué podemos hacer? A esa pregunta tampoco responde Safa.

Podemos leer este libro. No es mucho. Y podemos, esto es un consejo de mi parte, dejar de retuitear a cuentas que difunden propaganda israelí que niegan la humanidad a sus víctimas y, por falsarias, no alcanzan ni el nivel de panfleto. Eso sí lo podemos hacer. Por decoro.

Artículo completo en Estado Crítico

 


Los poetas palestinos que dan voz a quien sufre el genocidio en Gaza, por Francisco Gámiz elDiario.es

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Muchas han sido las veces que se ha reflexionado sobre para qué sirve la poesía, un dilema que toma más importancia cuando uno mira a su alrededor: ante el genocidio que Israel comete en Gaza, ¿qué pueden hacer los versos? ¿Cuán relevantes son las palabras ante las balas y la destrucción? Son preguntas a las que intentan dar respuesta los poetas palestinos que, incluso en medio de la devastación, reivindican la necesidad de contar, de dejar registro y de nombrar el dolor a través del arte. Así lo constata la escritora Mona Almsaddar (Gaza, 1995) a elDiario.es: “Sabemos que un poema no va a hacer que no haya este genocidio ni que sigamos sufriendo esta injusticia, pero es una forma de expresar lo que sentimos”.

Con el fin de hacer llegar la voz gazatí al resto del planeta, Almsaddar ha sido una de las encargadas fundamentales de dar vida al libro Gaza. Poemas contra el genocidio (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), una antología que reúne a una treintena de poetas que reflejan la lucha, el sufrimiento y la esperanza de quienes sufren el genocidio. Se trata de una obra que en España traduce Ignacio Gutiérrez de Terán, experto en Estudios Árabes e Islámicos, y que se ha presentado a través de recitales en la madrileña Casa Árabe. “Nuestra poesía es un grito que sale de debajo de los escombros a lo que ha sido convertido Gaza”, explica Mona Almsaddar, que ha servido de intermediaria con los participantes del poemario.

Entre los autores, además de Almsaddar, también se encuentra Fatena Al Ghorra (1974), referente en el feminismo palestino. Regresó a Gaza a visitar a su familia el 4 de octubre de 2023, tras quince años de estancia en Bruselas como refugiada, y obtuvo la nacionalidad en el país en 2016. Tras ser desplazada desde la ciudad de Gaza a diversas localidades dentro de la Franja con sus padres, logró salir con ellos rumbo a Bruselas, evacuados por la diplomacia belga. Como periodista de profesión, la artista alerta que “ha habido una intención clara desde el principio de evitar la entrada de periodistas extranjeros, sobre todo occidentales”.

“La poesía sirve para hablar de estos asuntos y, sobre todo, para desenmascarar el objetivo de toda esta política”, señala Fatena Al Ghorra, que indica que en la Franja “no solo te impiden informar, sino que dan una imagen falsa de lo que es la realidad que ellos mismos han contribuido a crear”. “Hacen que, cuando los periodistas entren o se asomen, aunque sea desde el exterior, vean una realidad que no es la de Gaza”, indica a este periódico. Ella lo ejemplifica con la “imagen de que la gente ahora mismo come en Gaza”: “Están dando cosas como alimentos ricos en grasas para que la gente de fuera crea que se está comiendo algo, pero lo que la gente necesita son proteínas, vitaminas, verduras, frutas”.

Uno de los poemas de Fatena Al Ghorra, El narrador, él lo contó, reza lo siguiente: “Escribe con trazos rojos en las piedras menos rugosas para que, quien venga tras de ti, aprenda a leer”. La autora, activista feminista, insiste en el poder generacional de los versos: “Esto es una cadena continua. Yo hablo para quien viene después, porque yo a su vez vine después de alguien que me dejó escrito algo sirviéndome de gran utilidad”. Además, la poeta afirma que, en el genocidio en Gaza, “no hay duda de que es la mujer quien sostiene la resistencia”. “En muchas sociedades se distribuye el papel de que quienes luchan son los hombres y las mujeres están en la retaguardia, pero Gaza ha resistido gracias a las mujeres”, dice.

“Las mujeres han sido las que han adoptado el papel de sostener los núcleos familiares, de soportar toda la carga, de buscar alimentación, de mantener a la familia y a todos sus congéneres con vida y también de apoyar de todas las formas posibles esa lucha de la resiliencia día a día, de apoyar a la gente que está luchando”, explica Fatena Al Ghorra. La artista alude a todos los prejuicios que hay en torno a las mujeres palestinas, cuando el machismo es una lacra que afecta a todos los países sin excepción. “No todas las culturas son iguales. ¿Por qué hay esa tendencia a ver lo que tiene que hacer el resto en función del prototipo que ha creado Occidente, en concreto una sociedad capitalista?”, cuestiona la poeta.

Artículo completo de Francisco Gámiz en elDiario.es

 


No es fácil ser palestino: versos sobre los escombros para mantener la identidad de un pueblo, por José A. Cano en El Salto

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“Los días era largos/hacíamos de todo/y nunca se acababan./Brillaba el amor/y corría/como el agua en las veredas/y en los caños […] No sé cómo el dolor/se ha metido en mi corazón,/porque yo no he abierto la boca/para nada,/salvo para reír”.

Así empieza y acaba “Los días eran largos” de la poeta Amina Abu Safat, nacida y residente en Nablus, desde donde el pasado 17 de mayo escribía: “La guerra, con su crueldad, ha destruido mi fe en la palabra como algo útil para los hambrientos, los enfermos, los oprimidos y la gente sin un techo”.

Luz Gómez ha traducido y recopilado Maneras de ser palestina. Antología de nuevas poetas (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2025), donde pide a las diferentes autoras una pequeña poética en la que expliquen qué significa para ellas escribir en estos momentos concretos, del que hemos extraído el poema y los pensamientos de Safat. “La mayoría de las autoras insisten en que existe una lógica sistemática de Israel, una voluntad de aniquilar al pueblo palestino, que no se puede comprender de manera aislada y como un hecho excepcional”, explica Gómez. “Para ellas es un fenómeno que viene desde la Nakba en 1948 y por eso el poema ‘Si he de morir’, de Refaat Alareer, que murió en diciembre de 2023 en un bombardeo, se comparte como si fuese escrito pocas semanas semanas, cuando en realidad es de 2011”.

Mona Musaddar, nacida en Gaza en 1998, vive y trabaja como traductora en Doha, Catar. Su poema “Los adioses”, incluido en la antología de Gómez, arranca con los versos: “Lo de las balas es como una broma/hasta que te aciertan y no hay mano/de herrero que las doblegue”. Contesta a nuestras preguntas por correo y en inglés para valorar que no se atreve a definir la idea de “poesía palestina” en un marco concreto —ya existieron poetas palestinos críticos con el Mandato Británico o los asentamientos sionistas antes de la Segunda Guerra Mundial, como Ibrahim Touqan y Abedalrahem Alkarmi— o unas temáticas relacionadas con la guerra. “La poesía palestina es una literatura viva que funciona no solo como un acto creativo, sino también como un medio para documentar el dolor, el amor, la pérdida y los esfuerzos por vivir y sobrevivir”, añade.

Por eso, explica, “es diversa y no puede limitarse a un solo tema o estilo. Incluye poesía  en árabe estándar y en árabe coloquial, o poesía compuesta originalmente en inglés por poetas palestinos como Suhair Hammad y Mosab Abu Toha, o en francés, como Karim Kattan, entre otros”.

Poesía de escombros y despojos

“Se tiende a separar la poesía del exilio palestino de la de quienes permanecen en Gaza o Cisjordania, pero esa diferencia no existe para las autoras”, afirma Ignacio Gutiérrez de Terán, traductor y compilador de Gaza. Poemas contra el genocidio (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2025), otra antología en la línea de la de Gómez, pero que ha primado obras posteriores al 7 de octubre de 2023 y la actual guerra.

La dificultad de transmitir la rítmica árabe al castellano implica “plasmar el sentido del ritmo interno, en el que no hay rima, ni hay ningún tipo de medición de versos, ni nada por el estilo, sino que se busca, sobre todo, dentro de la estética poética actual, el impacto visual más que otro tipo de cosas”, explica. “Muchas veces son poemas compuestos por imágenes, son ideas, se juega mucho con la paradoja, con lo que no se dice, con lo que se da a entender”. En su opinión, en muchas ocasiones se trata de poemas hechos desde el dolor, el sufrimiento y la incertidumbre, donde aparecen de forma insistente las palabras “desplazamiento” o “muerte”. “Hay una palabra que me llamó la atención cuánto se repetía: ‘baqaya’ (بقايا), que se puede traducir como despojos, muñones, restos humanos… es un tipo de imagen que se nota que ha quedado grabada en la mente o el corazón de muchos poetas”.

Otra idea recurrente es relacionar “la familia, la tierra, el cielo, el agua... es decir, como un intento de aferrarse a lo que les queda, que en algunos casos no era mucho”, reflexiona el traductor. “‘Hutam’ (حطام), escombros, es otra palabra que aparece con profusión. La guerra del régimen de Tel Aviv ha dejado poco espacio a los poemas de amor, creo yo”.

Luz Gómez, por su parte, explica cómo las redes sociales, sobre todo Facebook pero no solo, se han convertido en una vía fundamental de comunicación entre los autores y para la difusión de su poesía. “Maya Abu Al-Hayat, que nació de padres exiliados y ahora vive entre Jerusalén y Ramala, tiene un poema que se titula ‘No es fácil ser palestino’. Las redes han sido fundamentales en mantener esa identidad y suplen esa infraestructura editorial o de revistas que permita la difusión de una obra”, aclara. Para la traductora, “todas las autoras tienen la conciencia de que, desde su experiencia individual, contribuyen a la resistencia y el arraigo de los palestinos para no desaparecer como pueblo”.

“Hasta 2021 no había escrito del genocidio”

Musaddar explica que su salida de Gaza a finales de 2021 tiñó su poesía del “anhelo del hogar. Anhelo calles que ya no existen, amigos que fueron asesinados, el rostro y el alma de la ciudad que conocí y sentí. Creo que mientras continúe la ocupación, cada palestino, así como su poesía, se enfrentará al exilio de una forma u otra”. Ella confiesa que antes no escribía sobre Palestina sino que trataba de humanizar la experiencia palestina como seres humanos sin guerra. “Me centraba más en humanizarme a mí misma, mi experiencia y la experiencia de mi pueblo como personas normales, sin ser héroes, mitos ni estar etiquetados con la guerra cada vez que nos conoces y nos presentas”.

En 2014 escribió por primera vez sobre la guerra: correr bajo los bombardeos, casas temblando, personas heridas, tanques y desplazamiento a escuelas de la UNRWA. Más tarde, en 2020, firmó crónicas periodísticas. Pero la agresión actual ha sucedido mientras no estaba en Gaza: “Empecé a escribir mientras veía todo lo que conocía y amaba en un genocidio transmitido en directo. Una parte de mí estaba en un mundo paralelo mientras la otra parte estaba en Gaza”.

Musaddar reconoce que el exilio y el genocidio han afectado profundamente a su poesía, convirtiéndola en un acto de testimonio, “no solo sobre la vida cotidiana de personas normales bajo una ocupación brutal, sino también sobre alzar la voz contra el dolor, la pérdida, la matanza masiva, el borrado de nuestra existencia y muchos otros actos de violencia sistemática”. Y admite que su único deseo es “permanecer fiel a los palestinos como un ser humano normal que sigue enfrentándose al terror brutal, la violencia sistemática y la limpieza étnica”.

Tanto la antología de Gómez como la de Gutiérrez de Terán incluyen poemas de Dareen Tatour, poeta y fotógrafa que fue encarcelada en 2018 por las autoridades israelíes acusada de incitar a la violencia con un vídeo de una lectura de uno de sus poemas en redes sociales. Maneras de ser palestina presenta su poema “Una poeta entre rejas” donde reflexiona sobre esa experiencia y las personas a las que conoció en prisión. Gaza. Poemas contra el genocidio incluye otro titulado “No moriré”: “Seguiré soñando mientras viva/tanto como quiera y pueda./Así es como he de vivir./Los muertos, esos sí que no sueñan./Pero yo nunca dejaré de soñar/y por eso permaneceré./No moriré jamás”.

Artículo completo en El Salto

 


Presentaciones de Palestina. La existencia negada

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Presentación de «Palestina. La existencia negada» en la Llibreria Documenta el 22 de septiembre de 2025, con la participación de la autora, Teresa Aranguren, y de Salah Jamal.

 

Palestina, quina sortida al conflicte?

Per O. Sylvia Oussedik | 25 de setembre de 2025

 

Arran de la sortida del llibre Palestina la existencia negada, la llibreria Documenta de Barcelona va reunir a Teresa Aranguren, periodista, corresponsal en zones en conflicte, com ara la guerra del Golf, els Balcans, Iran-Iraq, Palestina, professora i autora d’aquest llibre amb Salah Jamal, metge, professor, escriptor i membre destacat de la comunitat palestina a Barcelona per parlar de la situació actual a Gaza i les possibles sortides al conflicte.

 

Amb una capacitat notable de síntesi, Teresa Aranguren va mostrar tot el procés seguit per arribar a negar l’existència de Palestina, des dels mites bíblics o la faula d’una terra sense poble, preàmbuls per justificar la legitimitat de l’estat jueu, fins a la gestació en el segle XIX del moviment sionista en el centre d’Europa fins als nostres dies.

 

Per bé que els relats oficialistes destinats a minimitzar o a justificar la barbàrie que s’ha anat estenent perden cada vegada més credibilitat, tot el que està passat ara mateix succeeix per què fins ara no ha passat res en contra.

 

Deia Teresa Aranguren, que les solucions a vegades arriben després de llargs processos molt dolorosos i tan ella com Salah Jamal varen coincidir a dir que el primer de tot és reconèixer que per bé que occident, oficialment ja no té colònies, l’esperit colonialista continua molt arrelat. Tots dos varen coincidir a dir que són tres les possibilitats que se’ns presenten:

 

  1. Que guanyi l’esperit colonialista com va succeir al EUA i a Austràlia. Això vol dir concloure l’extermini, el genocidi del poble palestí.

 

  1. Que s’aconsegueixi un estat palestí independent, el que molta gent de bona fe reclama.

 

Salah Jamal va plantejar que això és cada vegada més difícil d’imaginar, ja que si recordem el mapa de la zona que fa pensar en la pell d’un lleopard on les taques serien parts d’aquest estat palestí, aïllades les unes de les altres, un estat palestí així, seria difícilment funcional.

 

  1. La creació d’un estat únic, laic, que evidentment no es podria dir Israel, un mena de Sud-àfrica.

 

Totes tres són vies que són difícils d’acceptar o d’imaginar. Però no podem abandonar aquest poble i una cosa és ben certa, als que diuen que els palestins i palestines no existeixen, els hi hauríem de preguntar a qui estan matant va concloure Teresa Aranguren.

 

L’acte va sobrepassar l’aforament de la llibreria i la cua per parlar amb l’autora i signar llibres va ser llarga, cosa que ens complau i és que, com ens va comentar en el seu moment l’editora Inmaculada Jimenez, es tracta d’un llibre imprescindible que pot interessar tant als que desconeixen la història més recent, com als que desitgen anar més enllà de les informacions dels mitjans de comunicació habituals.

Artículo completo en realitat 25/9/2025

 

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Teresa Aranguren y Marta García Saguar presentan «Palestina. La existencia negada» en la librería La Guarida de Cercedilla el domingo 27 de julio a las 12.30.

 

 

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Karim Hauser, Isaías barreñada y Teresa Aranguren presentan «Palestina La existencia negada»

Teresa Aranguren y «la existencia negada» de Palestina: «Junto a los cadáveres de Gaza se está enterrando el derecho internacional»

La periodista, que fue enviada especial durante años en Oriente Medio, ha presentado en Toledo su nuevo libro. Considera que «la Unión Europea, con las contadas excepciones, ocupará una posición de vergüenza» por su papel ante el genocidio

01/07/2025 Fidel Manjavacas | toledodiario.es

«Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra» es el eslogan que ha arraigado en la conciencia colectiva como una verdad y que en realidad es «un gran bulo» sobre el pueblo de Palestina, cuya existencia ha sido sistemáticamente negada en la historia. Esta es la premisa central sobre la que la periodista Teresa Aranguren explica en un nuevo ensayo el origen del conflicto entre Israel y Palestina, a finales del siglo XIX, hasta el genocidio actual.

En ‘Palestina. La existencia negada’ (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2025), la escritora alavesa desmonta «esta gran mentira» con la que se ha tratado también de «justificar el movimiento sionista», tal y como apunta en una entrevista con Toledodiario.es antes de presentar este libro en el centro cívico de Santa Bárbara, en un acto organizado este lunes por Mujeres de Negro contra la Guerra de Toledo.

El pueblo de Palestina sufre desde hace décadas la expulsión de un territorio en el que ha sido borrado de los mapas. «El conflicto con Israel no es ancestral, pero es antiguo. Comenzó por la confluencia de dos movimientos estrictamente europeos: el sionismo, que nace en el corazón del Imperio austrohúngaro y la Rusia zarista, y el colonialismo del Imperio Británico», apunta, al tiempo que precisa que el movimiento sionista inicial era exclusivamente de judíos europeos ya que los de Oriente no participaron en sus inicios.

Los intereses de estos dos fenómenos, subraya Aranguren, «van a determinar el trágico destino de la población de Palestina, que no sabe nada de lo que se está gestando en despachos de Londres y de Centroeuropa». Un destino que actualmente está protagonizado por «los crímenes de guerra clarísimos» que se están cometiendo en Gaza, «bombardeando hospitales, zonas residenciales, asesinando a periodistas o a personal sanitario», ante «la indiferencia o la pasividad de gran parte del mundo, especialmente de Occidente», lamenta.

En este nuevo ensayo, hace referencia también a fuentes históricas que desmienten categóricamente la situación que se reflejaba sobre Palestina en el inicio del conflicto. Ya en 1891, un judío ruso -Arthur Ginsberg- viajó a lo que él llamó Israel y documentó la falsedad de «la propaganda sionista que describía la tierra como un desierto vacío» en el ensayo ‘Verdad de la tierra de Israel’, apunta la periodista, cuya trayectoria profesional ha estado ligada a la información internacional del mundo árabe y zonas en conflicto.

La narrativa occidental sobre Palestina a menudo se ha limitado a lo reflejado en los relatos bíblicos, confundiendo mito con historia. Sin embargo, el nombre de Palestina aparece en documentos asirios desde el siglo XX antes de Cristo y ha sido mencionado con este nombre a lo largo del Imperio Romano y el Imperio Otomano hasta nuestros días. Aunque los fundadores de Israel, como Ben Gurión, eran en su mayoría laicos, la utilización de la Biblia como justificación religiosa se volvió habitual, señala Aranguren.

Se han utilizado los relatos bíblicos «como si fuesen la historia, sustituyendo la historia real». Esto es comparable a usar la mitología griega para narrar la historia de Grecia. «La verdadera historia de Palestina es antiquísima y está muy bien documentada», desde la prehistoria hasta períodos como el persa y las épocas de Saladino o Suleimán, de las cuales quedan numerosos vestigios como la muralla de Jerusalén, construida por Suleimán en el siglo XV, recuerda la periodista.

Así, sostiene que la ideología sionista ha silenciado esta rica historia para crear «una falsa continuidad entre los tiempos bíblicos, el reino de David y el actual Estado de Israel». «Hacen un salto en el que toda la historia entre medias desaparece e Israel se convierte en la culminación del relato bíblico. ¿Y qué pasa con la historia real de Palestina? Pues hay que borrarla», indica sobre el devenir de este pueblo de la cuenca mediterránea, cuya sociedad a finales del siglo XIX y principios del XX no se diferenciaba mucho de la española, griega o del sur de Italia, compartiendo gastronomía, gestos y hasta rasgos físicos.

El hambre como arma de guerra

«Hay mucha gente con los ojos verdes», resalta con una sonrisa y la mirada de quien ha sido durante 15 años enviada especial en Oriente Medio y conoce perfectamente la complicidad y la relevancia de países como Estados Unidos en un momento «peligrosísimo», en el que «el derecho internacional» y las normas establecidas tras la Segunda Guerra Mundial para frenar la barbarie «se están enterrando bajo los escombros, junto a los cadáveres de la población de Gaza».

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Teresa Aranguren y Eva Jiménez presentan «Palestina. La existencia negada» en Toledo.

En este punto, Aranguren, que ya ha visitado Toledo en otras ocasiones para hablar sobre el conflicto palestino-israelí, considera que el «gobierno demócrata de Joe Biden fue totalmente cómplice y permitió que Israel lanzase una campaña de exterminio, pero al mismo tiempo intentaba de vez en cuando hacer alguna presión, por ejemplo, para lograr un alto el fuego». Ahora, bajo el nuevo mandato de Donald Trump, afirma que lo que está ocurriendo «es ya de un nivel de atrocidad que es difícil de describir y al mismo tiempo no afecta solo a Palestina», como se ha demostrado con el reciente ataque a Irán.

«Es parte del mismo conglomerado que el señor Netanyahu», indica, al tiempo que advierte de «la complicidad de Estados Unidos», que a su juicio no solo «da el visto bueno o mira para otro lado ante una campaña claramente de exterminio» sino que «colabora activamente en ello». Como ejemplo, alude al «uso del hambre como arma de guerra» y la sustitución de ONGs experimentadas como la Agencia de Naciones Unidas por «una organización de mercenarios» que ha llegado a «disparar a la gente hambrienta que buscaba alimentos».

Respecto al papel de Europa en este genocidio, Aranguren indica que «está siendo básicamente de complicidad con Israel», aunque precisa que «hay excepciones». «Como española, yo puedo sentirme por lo menos reconfortada de que el Gobierno haya indicado otro camino y haya liderado junto a Irlanda, Noruega y Eslovenia otro modo de afrontarlo, aunque no es suficiente. El reconocimiento del Estado de Palestina no cambia la atrocidad y la crueldad que está sufriendo la población palestina, pero sí lanza un mensaje».

Por el contrario, afirma sentirse «muy decepcionada con la Unión Europea», especialmente con países como Alemania, que a su parecer «está utilizando torticeramente la idea de que tienen mala conciencia porque fue el país del nazismo que llevó a cabo un intento de genocidio de los judíos europeos». «A cuenta de eso está siendo cómplice en la venta de armas, en el respaldo diplomático y político de otro genocidio contra un pueblo árabe».

Cuestionada sobre cómo cree que se recordará en los libros de historia al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, la periodista lo tiene claro: «Quedará como uno de los grandes asesinos de la historia». «Y no solo eso. La Unión Europea, con las contadas excepciones, ocupará una posición de vergüenza, de consentimiento». En el futuro, dice, habrá gente que se pregunte: «¿y por qué los europeos consintieron esto? ¿Por qué no pararon el genocidio?». «La respuesta es muy triste».

Artículo completo en toledodiario.es


Presentación en el Ateneo La Maliciosa de Raza contrarreloj. La política de una Norteamérica en vías de oscurecerse, de Keith Boykin

 

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Presentación de Raza contrarreloj en el Ateneo La Maliciosa

A mi juicio, el problema del racismo en la política estadounidense va más allá de tal o cual dirigente o partido político. Desde el final de la Reconstrucción en 1877 hasta la Ley de Derechos Civiles de 1964, los dos principales partidos políticos han defraudado las expectativas de la gente negra. El Partido Republicano de Abraham Lincoln incumplió su promesa de proteger a los afroamericanos, mientras que el Partido Demócrata de Andrew Jackson ni siquiera se tomó la molestia de intentarlo. Pero, en comparación con la gradual evolución de los demócratas en la década de 1960, en el Partido Republicano se aprecia una clara conexión entre el exsenador Goldwater y su oposición a los derechos civiles en 1964, la campaña “Ley y orden” de Nixon en 1968 y su “Guerra contra las drogas” en 1971, el Reagan de la “Reina del bienestar” y los “Derechos de los Estados” en 1976 y 1980, respectivamente, la ofensiva “Willie Horton” de George H. W. Bush en 1988, la “Guerra cultural” de Pat Buchanan en 1992, la respuesta de George W. Bush al huracán Katrina en 2005, y la amarga campaña de Donald Trump contra el presidente Barack Obama en 2011, así como su política de abierto nacionalismo blanco en 2021. Tanto el racismo del viejo Partido Demócrata como la involución del Partido Republicano obedecen a un mismo temor: que una cambiante Norteamérica ponga fin al supremacismo blanco.

 

De la Introducción de Keith Boykin


Palestina/48 en Espacio Público

Luz Gómez nos ofrece un libro en que recoge la voz de tres poetas palestinos del Interior, escrito así con mayúscula, porque esa mayúscula hace referencia a un importante número de mujeres y hombres palestinos que viven en un territorio particular, ese territorio que, tras la Nakba —la catástrofe que da lugar a la primera expulsión de los palestinos de su tierra y la creación del Estado de Israel— quedó dentro de las fronteras del nuevo Estado.

Lo que queda de Palestina es ese otro territorio que, con el paso de los años y la feroz política colonialista del nuevo Estado, ha ido menguando hasta convertirse en un conjunto de bantustanes inconexos, divididos y separados por muros, vallas y vías de comunicación vedadas a los nativos de esa tierra ocupada. Palestina es también los campos de refugiados, creados con carácter provisional allá por 1948, pero que perduran 76 años después en países limítrofes: Líbano, Jordania, Siria… Y la diáspora palestina por todos los rincones del planeta. Ese conjunto de territorios conforman Palestina.

Volvamos al Interior y a esos casi apátridas, los palestinos del 48. Las voces de Rashid Hussein (1936-1977), Samid al-Qasim (1939 – 2014) y Taha Muhammad Ali (1931-2011) despertaron en esa población palestina apátrida en su propia tierra la conciencia de su identidad y la exigencia de igualdad y reparación. Con el tiempo, las voces de estos poetas dieron cuenta también del fracaso de los sueños y cantaron la lucha común por Palestina. [artículo completo en Espacio Público, 17 de abril]


Tarek Eltayeb en Casa Árabe

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Tarek Eltayeb autor de Estaciones. Una autobiografía (foto de Ursula Eltayeb)

Tarek Eltayeb, el escritor egipcio-sudanés nacido en El Cairo en 1959 de familia sudanesa y residente desde hace años en Viena, donde es profesor en su universidad, conversará con Carla Fibla y Muhsin al-Ramli en torno a su libro Estaciones. Una autobiografía, en el auditorio de Casa Árabe el miércoles 29 de marzo.

En su libro, el autor reúne las notas que fue tomando a lo largo de los cincuenta primeros años de su vida. Los fragmentos recogidos dibujan un trayecto personal y familiar que se extiende desde el Nilo Azul hasta el Danubio. Sus recuerdos evocan los sabores de los tomates de las huertas de El Cairo y los helados de Gaza, el resplandor de las playas del Mediterráneo, el rumor de los barrios del Egipto fatimí, el traqueteo de los trenes en el Sinaí, la música de los setenta, el olor a petróleo en Irak, la explotación de los trabajadores, los controles en las fronteras, la frialdad de sentirse extranjero en un nuevo mundo, el amor, la esperanza y el descubrimiento de la escritura, el arte y la literatura. El del autor es un trayecto individual, único y atípico, como el de los millones de seres humanos que se mueven por el planeta en busca de un hogar y un destino. Tarek Eltayeb es hoy –entre otras muchas cosas– un escritor austriaco que escribe en árabe, un representante de una Europa nueva.

Carla Fibla es una escritora y periodista especializada en Mundo Árabe y África, autora de España-Marruecos desde la orilla sur.

Muhsin al-Ramli es un escritor iraquí radicado en Madrid, autor de Los jardines del presidente.

Finalmente, Muhsin al-Ramli no pudo participar debido a un problema de salud que requirió su hospitalización, por lo que Tarek Eltayeb estuvo acompañado por Karim Hauser, Carla Fibla y Gonzalo Fernández Parrilla, quienes abordaron con el autor cuestiones presentes en el libro como el exilio, el uso de la lengua en sus diferentes registros, árabe estándar o árabe dialectal, la contaminación de otras lenguas...
El acto fue seguido con gran interés por los asistentes, que ahondaron en el coloquio los temas tratados por los ponentes.

Añadimos a continuación una fotografía, el enlace al vídeo que recoge íntegramente el acto y el programa de RTVE en árabe dedicado a Tarek Eltayeb.

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Karim Hauser Carla Fibla y Gonzalo Fernández Parrilla en diálogo con Tarek Eltayeb en torno a su libro "Estaciones. Una autobiografía"

@otro.marruecos @casa_arabe @fgscarla
#Sudán #Egipto #lenguaarabe #literaturaarabe #EstacionesUnaautobiografía

Emisión en árabe   'Estaciones', del gran escritor Tarek Eltayeb 30/03/2023 30:07

Nuestra emisión incluye el programa "Cuadernos de Cultura", que edita y presenta Ahmad Yamani.

En el episodio de hoy cubrimos la presentación, que tuvo lugar el miércoles 29 de marzo en Casa Árabe de Madrid, del libro del gran escritor sudanés egipcio austriaco Tarek Eltayeb, traducido al español por M. Luz Comendador Pérez, bajo el título Estaciones. Se trata de una autobiografía que reúne las notas que su autor fue tomando a lo largo de los cincuenta primeros años de su vida. Los fragmentos recogidos dibujan un trayecto personal y familiar que se extiende desde el Nilo Azul hasta el Danubio.

Acompañaron al autor Carla Fibla, reportera en la revista Mundo Negro, y Gonzalo Fernández Parrilla, profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid. Presenta Karim Hauser, coordinador de Cultura y Relaciones Internacionales en Casa Árabe.

https://www.rtve.es/play/audios/emision-en-arabe/emision-arabe-estaciones-del-gran-escritor-tarek-eltayeb/6847691/

 

 


LIBROS ESCRITOS POR MUJERES

¡Nueva recompensa!!
Llevamos dos semanas de campaña, estamos al borde del 8M y hemos decidido dar cabida a una nueva recompensa, compuesta por una selección de obras de autoras a las que tenemos especial cariño y respeto, publicadas todas ellas en editoriales que estarán presentes en la feria. Esta recompensa, acompañada por cuadernos y marcapáginas, ofrecerá 4 títulos entre la selección que aparece en la imagen.

https://www.verkami.com/projects/22871-ii-feria-del-libro-politico-de-madrid

 


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