La prensa se hace eco de la presentación de "El Libro negro de Gaza. Testimonios de un genocidio" en Zamora
Zamora escucha la voz de Gaza con 17 jóvenes que relatan su miedo y rutina diaria en un libro
Gonzalo Delgado presentó ayer en el Palacio de la Alhóndiga "El libro negro de Gaza", un diario desde dentro de la franja que muestra cómo la vida persiste en medio del genocidio. Entre los testimonios, impacta especialmente la historia de una niña que recibe su primera menstruación huérfana de madre: su padre no sabe cómo explicarle lo que le sucede, y ella teme que su sangre sea un efecto de la guerra. Este instante resume la rutina en Gaza: sobrevivir, amar, cuidar y crecer en medio del conflicto
Silvia Fernández | Zamora News | 13/mar/26
En un punto sin determinar de Gaza, una niña recibe su primera menstruación. No hay madre a quien acudir: la ha perdido en la guerra. Su padre, desconcertado, no sabe cómo explicarle lo que está ocurriendo, y ella cree que su sangrado tiene que ver con los bombardeos que sacuden su ciudad, no con su propio cuerpo. Este instante —intimidad y trauma entrelazados— resume la cotidianidad de la franja: un día a día donde lo normal y lo extraordinario conviven a cada instante.

Ayer, en el Palacio de la Alhóndiga de Zamora, Gonzalo Delgado presentó El libro negro de Gaza, editado por Inmaculada Jiménez Morell de Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, con la colaboración de la librería Robespierre de Pozoantiguo. La obra reúne los testimonios de 17 jóvenes palestinos de entre 19 y 31 años que relatan su vida diaria en medio del genocidio: cómo desayunan lo que pueden, lavan ropa con agua limitada, juegan con sus hermanos, se enamoran y sobreviven a los bombardeos. Cada gesto cotidiano es, en Gaza, un acto de resistencia.
Durante la presentación se proyectaron dos vídeos que profundizan en esta realidad. Uno de ellos, realizado por una estudiante de medicina, muestra la vida de quienes intentan mantenerse sanos en un entorno asediado; el otro, grabado por un joven gazatí que trabaja con músicos adolescentes, y que refleja los esfuerzos de la comunidad para sostener la educación, el ocio y la creatividad en medio de la violencia. Ambos vídeos contaron con voz en castellano del propio autor, que acompañaba los relatos con un tono cercano y emotivo, multiplicando la sensación de inmersión en la franja.
Entre los relatos más conmovedores se encuentran historias de maternidad y esperanza. Mujeres que deciden traer vida al mundo pese al hambre, pese a la escasez de medicinas y alimentos, pese a saber que su entorno amenaza la supervivencia de sus hijos. Para ellos, la existencia es un acto de reivindicación: dar vida en Gaza es resistir.
La privación es constante. Muchos viven con hortalizas cultivadas en pequeños patios o azoteas, y con la ayuda mínima que logran recibir de organizaciones internacionales. En los meses más duros, algunos autores relatan haber sobrevivido únicamente con lentejas, la ración mínima que les permite mantenerse con vida mientras las bombas caen sobre sus calles.
El libro también da voz a la juventud que, a pesar de la presión y el miedo, conserva capacidad de asombro, amor y amistad. Se leen cartas de despedida a una amiga fallecida en un bombardeo, historias de enamoramientos robados entre ataques y conversaciones sobre esperanzas imposibles, pero necesarias. No hay odio en sus palabras, sino rabia y desamparo frente a un mundo que mira hacia otro lado.
Cada página de El libro negro de Gaza permite acompañar a estos jóvenes en su rutina: levantarse con la incertidumbre de si ese será el último día, caminar por calles devastadas, descubrir la primera menstruación, sentir el primer amor, atender a un hermano pequeño. Es una mirada 360 grados a la vida en guerra, donde lo banal y lo terrible coexisten, donde cada gesto cotidiano es una hazaña silenciosa.
El proyecto forma parte de un ciclo de conferencias sobre Palestina, con libros que buscan acercar la realidad de Gaza desde dentro, no desde la distancia de los titulares. Con relatos que mezclan la violencia, la esperanza y la vida diaria, este diario colectivo genera empatía y permite al lector sentir la guerra como la sienten quienes la viven: con miedo, con fuerza, con humanidad.
Artículo completo en Zamora News
Gonzalo Delgado, escritor y periodista: "Mucha gente se enfrenta a cierta quiebra moral tras leer testimonios de gazatíes"
El periodista Gonzalo Delgado Meana explora en su libro la fusión del relato y el periodismo a través de las historias de jóvenes gazatíes, creando un diario del genocidio con perspectiva subjetiva
Alejandra Bonel García | La Opinión El Correo de Zamora | 14 MAR 2026

Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense, Gonzalo Delgado Meana trabaja actualmente como consultor de comunicación, una profesión que compagina con un proyecto independiente de exploración de la región de Oriente Próximo: "He estado en Egipto, en Palestina, en Siria, en Irak, en el Líbano, en el norte de África, etc. Lugares en los que he tenido mucha conexión tanto física como literaria, y en los que he podido profundizar mucho en la disincronía literaria de cada país", detalla.
Como parte de su proyecto ha participado dentro del ciclo de conferencias sobre Palestina en el salón de actos de La Alhóndiga, en Zamora. A través de su intervención, el periodista presentó su libro "El libro negro de Gaza", subtitulado como "Testimonios de un genocidio", a través del cual incluye narraciones creadas por jóvenes gazatíes que expresan "la barbarie a la que está sometida la población".
En su libro habla de Gaza a través de testimonios de jóvenes gazatíes. ¿Esta es una forma de renunciar a la voz del periodista o de reconocer sus límites?
Es complejo, porque además, en conversaciones sobre el libro me estoy dando cuenta de que los palestinos han creado un género literario propio. Están fusionando características literarias como el relato, con características periodísticas. El resultado es la creación de historias que se encuentran en el medio de ambos puntos, ya que a través del periodismo se narra una realidad en la que se tienen en cuenta las cifras, pero, por otro lado, se permiten ser más subjetivos al meter un componente emocional. Además, poder contarlo desde una perspectiva subjetiva confiere al libro cierta naturaleza de diario del genocidio.
Cuando se escribe sobre una guerra, ¿dónde está la línea entre dar voz a las víctimas y convertir su sufrimiento en relato?
Creo que es importante no banalizar con el sufrimiento, pero, en este caso son ellos mismos los que abordan el discurso, yo simplemente les coordino.
¿Cómo conoció a estos jóvenes?
Gracias a una persona a la que seguía desde hacía tiempo en redes sociales pude ponerme en contacto con tres de ellos. Conforme fuimos trabajando empezaron a traer a amigos con los que compartían su experiencia y que querían poner su granito de arena al proyecto. Poco a poco se fue creando una comunidad, y cuando eso ocurrió yo también la fui moviendo a través de redes sociales. Eso sí, todo el proyecto hemos tenido que realizarlo telemáticamente, ya que ellos han estado en Gaza durante toda la elaboración del libro.
En su experiencia, ¿qué es más difícil, acceder a la información en un conflicto o hacer que la gente quiera escucharla?
Sin duda, que la gente quiera escucharla. Recabar la información ha sido muy difícil dadas las circunstancias en la que hemos tenido que trabajar: las limitaciones tecnológicas, los cortes de Internet que se les imponen de vez en cuando, la hambruna que hizo que mucha gente dejase de escribir durante una temporada, etc. Pero que la gente quiera escuchar estas historias es lo más complicado.
¿Cree que en Europa el genocidio palestino se ha convertido más en un símbolo político que en una realidad humana concreta?
Sí. Hay una gran parte de la sociedad que lo ve así, como si entrase en un dogma identitario en el que te tienes que posicionar sin llegar a entender muy bien por qué. De hecho, sí que se ve que mucha gente que se encuentra en esa posición, cuando lee o ve testimonios como los del libro, se enfrenta a cierta quiebra moral. En Europa es una cuestión fundamental y los propios palestinos en el libro lo dicen, hay un artículo que habla exactamente sobre eso.
¿Cree que hoy el periodismo sobre conflictos está condicionado más por la geopolítica o por las emociones del público?
La geopolítica. Al final las emociones son una respuesta, una consecuencia. La geopolítica es la causa.
Si mañana se acabara la guerra en Gaza, ¿qué cree que seguiríamos sin entender en Occidente sobre lo que ha pasado allí?
Es una pregunta muy difícil. Pero diría que el hecho de que los palestinos son personas que quieren poder vivir en su tierra con libertad y con dignidad. Eso es lo que todavía no hemos entendido.
¿Cree que la literatura o el periodismo realmente pueden cambiar algo?
Sí. A lo mejor no tendrá un impacto inmediato y material en el presente, pero sí a futuro. Al final, en este caso, son testimonios que han encapsulado una realidad en el tiempo, y al final dentro de diez o de quince años, cuando miremos hacia atrás y veamos el genocidio con la dimensión histórica que le corresponde, esos testimonios seguirán ahí con toda su vigencia y con toda su intensidad emocional. Eso es fundamental de cara a la concienciación, a la educación y a la preservación de la memoria.
Después de escuchar tantos testimonios, ¿hubo algún momento en el que dudó de si debía publicar algunas historias?
Es cierto que algunas han sido muy duras y ha costado mucho escribirlas, pero ninguna se ha quedado fuera por ser demasiado dura.
¿Es capaz de separar su trabajo de tu vida privada? ¿Le ha cambiado personalmente escuchar estas historias?
Aunque ha sido muy difícil, sí. De hecho, cuando empezó la guerra yo acababa de tener un niño que ahora tiene dos años, y tuve una hija hace tres meses. Entonces, el proceso emocional por el que he pasado con todo esto ha sido un poco bipolar, porque, por un lado, tenía toda esta alegría, y por otro lado, tenía toda la tristeza de la situación en Gaza. Es muy complejo encontrar un equilibrio entre los dos polos.
Si pudiera sentar en una misma mesa a un joven español y a uno de los jóvenes gazatíes que aparecen en el libro, ¿qué cree que descubrirían el uno del otro?
El joven español descubriría que tiene ante sí a una persona igual a él con sus mismas ambiciones y aspiraciones. Lo mismo ocurriría con el palestino. Al final son un espejo el uno del otro.
Artículo completo en La Opinión de Zamora
PRESENTACIÓN DE "GAZA: POEMAS CONTRA EL GENOCIDIO" EN ZAMORA
La presentación de la antología poética "Gaza, poemas contra el genocidio", integrada por una treintena de textos de poetas palestinos (algunos de ellos muertos bajo los bombardeos del ejército israelí), abrió el miércoles el ciclo de charlas sobre Palestina.
La actividad, efectuada en el salón de actos de la Alhóndiga, contó con la presencia, entre otros, del autor Ignacio Gutiérrez de Terán, profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid, traductor y autor de ensayos y artículos sobre Palestina y los procesos de transformación de Oriente Medio; y del editor Fernando García Burillo, responsable de Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.
Artículo completo en La Opinión de Zamora
En el transcurso del acto se leyeron poemas de Dareen Tatur, Nasser Rabah, Hind Joudah, Yusuf Al Qidra y Maya Abu Alhayyat.

