El delito de ser “negro”. Racismo y esclavitud en el mundo islámico

Coulibaly reflexiona sobre El delito de ser "negro"
El delito de ser "negro". Mil millones de "negros" en una cárcel identitaria

Fronterad REVISTA DIGITAL

Bassidiki Coulibaly - 03/11/2022

El hombre es hombre solo porque puede hacer mentir a su definición, porque
puede ser otro, actuar de otra forma, hacer otra cosa, lo contrario, y así hasta el
infinito; el hombre no se sostiene, como una cosa, en su noción abstracta. No
tenemos más «naturaleza» que este poder estar fuera de toda naturaleza y, en
primer lugar, fuera de la nuestra propia. Ahora bien, es esta posibilidad del
desmentido infligido al concepto lo que es la libre libertad.

  1. Jankélévitch, ‘Le je-ne-sais-quoi et le presque-rien, t. 3’. La volonté de vouloir

 

Sería irresponsable, criminal incluso, querer concluir mis rápidas incursiones en la densa y enmarañada espesura de lo que han dado en llamar desatinadamente “el problema negro”. Hablemos más bien de suspensión. Suspensión del discurso, se entiende. ¿Por qué habría que concluir, cuando la historia no ha suspendido su curso caótico, cuando “el problema negro” persiste sólidamente? Digamos de entrada que, si el “problema negro” tiene n dimensiones en la actualidad, históricamente “los negros” no tenían ningún problema con “los otros”, con quienes los “descubrieron”. “Los negros” se volvieron un problema para sus “descubridores” porque, de entrada, estos últimos los vieron como la solución a todos sus problemas materiales. “El problema negro” es ciertamente un problema de “los negros”, pero también y, sobre todo, un problema de los “no negros”; es un problema de los “árabes-bereberes”, un problema de los “blancos” y, por extensión, un problema de toda la humanidad. Esto es de cajón para todos aquellos que tienen la íntima convicción de que africanos, americanos, asiáticos, europeos, australianos, etcétera, son miembros de pleno derecho de la gran familia humana. El “problema negro” no existiría si la unanimidad y la universalidad se hicieran en torno a la mencionada obviedad. “Los negros” no son todos hermanos y hermanas a pesar de la matriz animista, no todos los humanos son hermanos y hermanas a pesar de los dogmas de las religiones universalistas. Mis investigaciones sobre “el problema negro” se desarrollaron precisamente a partir de esta invariante de la historia.

“Los negros” no inventaron ni el judaísmo, ni el cristianismo, ni el islam, ni ninguna religión “universalista”. El África antigua es la tierra de las religiones llamadas “animistas”, abiertas y acogedoras sin ser proselitistas, que predican verdades sin pretender la verdad universal. De ahí la tendencia de los “animistas africanos” a practicar la “hospitalidad africana” (por su cuenta y riesgo), a establecer vínculos de parentesco “sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”, como estipula el artículo 2 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos del 10 de diciembre de 1948. Este “humanismo negro”, practicado unidireccionalmente desde los primeros tiempos de los encuentros, chocó inmediatamente con la insaciable sed de lucro y la ferocidad sin precedentes de los primeros llegados, a saber, los misioneros del islam conquistador y triunfal. Nos encontramos en los albores del genocidio más largo de la historia de la humanidad, en el comienzo de su primera fase, la fase exclusivamente oriental-africana.

A lo largo de la primera parte de este libro, he intentado mostrar hasta qué punto Bilad-as-Sudan (la tierra de “los negros”) fue El Dorado de los musulmanes árabes y bereberes procedentes principalmente del norte, pero también de las costas orientales de África. La historia fea comienza hacia el siglo vii, con la oleada cada vez más masiva de soldadescas verdes armadas hasta los dientes y cargadas de mercancías, mujeres y niños a veces, pero siempre de las palabras orales y escritas del Profeta. Luego vino la colonización: la de los espíritus, la de los cuerpos, la de las tierras. Los colonizadores musulmanes tienen una sola ideología: el enriquecimiento inmediato e ilimitado. Tienen una sola estrategia: convencer y vencer. Tienen una sola misión: que el islam triunfe por todos los medios. ¿Y de qué medio se privaría un soldado del Profeta, un enviado de Alá? De ninguno.

En nombre de Alá, los musulmanes árabes, bereberes y moros se entregaron en cuerpo y armas al saqueo sistemático del oro de Ghana y de toda África Occidental, el oro africano del que dependía la economía mundial durante buena parte de la Edad Media. Oro y otras mercancías, pero sobre todo hombres, mujeres y niños. Perseguidos, rastreados, asesinados o capturados, encadenados, torturados y arrastrados por la sabana, la selva y el desierto para terminar su vida en esclavitud, lejísimos de los suyos, “los infieles negros” eran destinados a las plantaciones, los ejércitos, los harenes (como eunucos o amantes) y las tareas domésticas de los reinos, los imperios, los califatos y los sultanatos orientales (el Bagdad abasí de los siglos ix y x, El Cairo fatimí en el siglo ix y El Cairo mameluco de los siglos xiii y xiv, etcétera). Y como ningún ser vivo, animal o humano, se deja capturar sin oponer resistencia, cuesta imaginar el número de “negros” masacrados durante las interminables cacerías de hombres, los pueblos incendiados, las “comunidades negras” desintegradas, las familias destruidas, las sociedades desbaratadas… Igualmente, es imposible medir la magnitud de los crímenes cometidos contra “los negros” en el África negra, en el Magreb y en todo Oriente, de los crímenes cometidos por la humanidad musulmana contra la humanidad no musulmana, “negra y pagana”, en nombre de Alá (la humanidad “blanca y cristiana” tampoco se salva de los siervos de Alá). “Los negros” resisten con todas sus fuerzas, pero no logran evitar ni el recrudecimiento de las capturas, ni la intensificación de las tratas negreras. ¿Fue ineficacia de los sistemas de defensa de las sociedades africanas o superioridad incontestable de los “genocidas” musulmanes? Ambas cosas, sin duda, pero, sobre todo, porque el gusano está en la fruta, y las sociedades negras de Bilad-as-Sudan terminaron implosionando, sin que los europeos tuvieran vela en ese entierro. Por razones confesables e inconfesables, quienes muestran interés en el etnocidio fundacional suelen ignorar el “problema negro”, incluidos los propios “negros”, prestos a culpar a “los blancos” y a Occidente de todos los pecados de Israel.

Del siglo vii al xiv, los misioneros del islam reinaron como amos indiscutibles sobre parte de África, parte de Europa y parte de Asia. Si bien esta hegemonía del mundo islámico empieza a ser impugnada con vigor por Europa, que termina cambiando las tornas en beneficio propio, una parte nada desdeñable de África queda bajo el dominio indiviso de los musulmanes árabes, bereberes, moros y negros. Sí, a partir del siglo xi, los propios “negros” erigirán reinos e imperios musulmanes que perdurarán, desaparecerán y resurgirán de sus cenizas gracias a la economía de la trata negrera. Hasta el siglo xvi, cuando los rivales cristianos de las naciones europeas llegaron al mercado de la “madera de ébano”, los musulmanes de toda índole practicaban la esclavitud y la trata negrera a gran escala, en el marco de la legalidad islámica y con una legitimidad afianzada por las élites guerreras, comerciantes, religiosas, políticas e intelectuales, incluido el famoso “sabio negro” Ahmad Baba de Tombuctú. Los musulmanes fueron los iniciadores del genocidio de “los negros” y los últimos en poner fin tanto a la trata negrera como a la esclavitud, y lo hicieron debido a las presiones de los occidentales.

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CLARA JANÉS RECIBE EL DOCTORADO HONORIS CAUSA DE LA UNIVERSIDAD DE TOULOUSE JEAN JAURÈS EN LA CASA DE VELÁZQUEZ DE MADRID

El pasado 28 de octubre tuvo lugar la emotiva entrega del diploma de concesión del Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Toulouse - Jean Jaurès a Clara Janés Nadal.

Clara-Janés-Honoris-Causa-Université-Toulouse-Jean-Jaurès
CJanés recibe el diploma de su Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Toulouse Jean Jaurés

En el acto participó Nancy Berthier, directora de la Casa de Velázquez, que presentó a los participantes:

Emmanuelle Garnier, la rectora de la Universidad de Toulouse - Jean Jaurès, quien realizó el discurso de apertura.

Solange Hibbs y Modesta Suárez, profesoras de dicha Universidad, quienes hicieron el elogio de la galardonada y presentaron su obra.

Hubo dos intermedios musicales de Carlos Baños Gutiérrez al piano, que interpretó obras de algunos de los compositores preferidos de Clara Janés: Federico Mompou, Alexandr Skriabin y Claude Debussy.

Finalmente, Clara Janés hizo el discurso de clausura en el que interpretó una canción por ella compuesta en su juventud.

https://youtube.com/shorts/4Qjk8QMxM6M


Soloúp presentará Aivalí en Barcelona y Madrid en el centenario de la primera gran deportación del siglo XX

Soloúp-Aivalí-Grecia-Turquía-transfer-Guerra de independencia turca
Soloúp es el autor de la novela gráfica Aivalí, un emocionado recuerdo del primer transfer masivo de población producido en Europa entre Grecia y Turquía.

En los próximos días, coincidiendo con el centenario de la deportación de cientos de miles de personas, griegos y turcos, tras la derrota griega durante la Guerra de Independencia de Turquía, Soloúp, el autor de la novela gráfica Aivalí, presentará esta conmovedora historia en Barcelona, en la Llibreria Finestres el 18 de octubre, acompañado por el director de la revista 5W, Agus Morales, y en Madrid, en la Librería Traficantes de Sueños el 20 de octubre, acompañado por María López Villalba, helenista y cotraductora del libro.

Añadimos a continuación las invitaciones a ambos actos, un vídeo de presentación de Aivalí preparado por Kedros, su editorial griega (subtitulado en francés),

y otro sobre Soloúp (subtitulado en inglés).

Soloúp-Aivalí-Agus Morales-Llibreria Finestres
El próximo 18 de octubre presentarán el libro Soloúp, autor de la novela gráfica Aivalí, acompañado por Agus Morales, director de 5W

 

Soloúp-Aivalí-Librería Traficantes de sueños-María López Villalba
Aivalí, presentado por su autor Soloúp y María López Villalba el 20 de octubre 2022 en la Librería Traficantes de Sueños de Madrid

 


El delicte de ser “negre”

El delicte de ser “negre”

Després d'haver pagat amb milions de vides el delicte de ser negres, mil milions de persones continuen tancades en una presó identitària

El delito de ser negro-Bassidiki Coilibaly-BAAM

Xavier Montanyà - VilaWeb - 09.10.2022 - 21:40

Es pot parlar dels negres com un conglomerat d’individus tots idèntics? A banda del color de la pell, hi ha una identitat comuna? A El delito de ser “negro” (BAAM, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), que tot just acaba d’arribar a les llibreries, el doctor en filosofia política per la Universitat de París X Nanterre, el burkinès Bassidiki Coulibaly reflexiona sobre la fabricació de la identitat –tant negra com blanca, perquè la qüestió negra és una qüestió de la humanitat.

Amb aquesta premissa, l’autor escriu un assaig profund i provocatiu per desenredar l’origen de les idees racistes i de les forces que les produeixen i les mantenen al llarg dels segles. És un text molt pensat i documentat, que també es pot llegir com un llibre d’història o de filosofia. No és en va que Bassidiki Coulibaly (Bobo-Dioulasso, Burkina Faso, 1965) es va doctorar a París amb una tesi sobre Jean-Paul Sartre. Amb els anys ha esdevingut un filòsof detractor de tots els colonialismes.

Fidel a Franz Fanon i a uns altres rebels, Coulibaly desmunta tòpics i trenca tabús i silencis històrics, com ara l’oblit existent sobre el genocidi del colonialisme islàmic a l’Àfrica, molt anterior al cristià-europeu, però d’efectes devastadors i fundacionals per als individus i les cultures. Perquè el tràfic d’éssers humans i l’esclavatge són crims contra la humanitat i no prescriuen mai. Continuar en silenci, sense que les grans nacions negreres d’ahir reconeguin la seva culpabilitat criminal, és negar la cosa humana en l’home, creu Coulibaly.

La fascinació de molts activistes negres per l’islam, especialment, o pel cristianisme, en segon lloc, considera que seria gratuïta i no fonamentada en els fets històrics que professen combatre. Molts africans amb poder d’ençà de temps immemorial es van sotmetre a les religions que els colonitzaven pels mateixos interessos econòmics que els colonitzadors. Per contra, ell remarca, i contrasta, la diferència filosòfica i social que representen les religions animistes pròpies dels africans en què existir i combregar són un tot que depassa el temps i l’espai. “No és necessari un llibre, un Messies, un Salvador, un Profeta o un lloc tancat per a combregar: la Natura és prou”, escriu l’autor.

Per això també aprofundeix en els teòrics del colonialisme i el racisme i els contraposa als qui han lluitat per la llibertat de tots els éssers humans; dedica una atenció especial i aguda a les idees polítiques, comercials i religioses o més o menys científiques que justificaven el crim contra la humanitat, el genocidi i l’etnocidi. S’atura en la reflexió de conceptes tan manipulables com ara identitat, raça, color, civilització, fe, progrés, cultura i religions monoteistes i animistes.

“Mentre ‘els negres’ –diu Coulibaly amb contundència conclusiva– no deixin de confondre el fet de fer-se respectar amb haver de mostrar respecte; mentre ‘els negres’ no s’alliberin de la Història escrita pels seus botxins per apropiar-se del seu passat de víctimes del crim contra la humanitat, de supervivents d’un genocidi; mentre ‘els negres’ continuïn fent-se els dèbils mentals amb el pretext que tenen un color indeleble maleït; mentre ‘els negres’ continuïn jugant a ser ‘nens grans’, acomodats com a receptors d’educació, lliçons, diners i civilització, perduraran les denegacions d’humanitat a què sempre han estat sotmesos.”

L’aportació de Lluís Sala-Molins

El llibre té un pròleg de categoria. El signa el catedràtic de filosofia política de la Sorbona Lluís Sala-Molins que, en la seva carrera acadèmica, que va partir de l’estudi de Ramon Llull i la Inquisició, va arribar a denunciar la veritat i els fonaments del passat esclavista de l’estat francès. I no solament de l’antic règim, també la de la Il·lustració i de la Revolució Francesa, que van codificar i crear lleis que no reconeixien als esclaus cap entitat com a subjecte de les lleis.

El seu llibre Le code noir (Presses Universitaires de France, 1987) va causar molta polèmica acadèmica i als mitjans de comunicació francesos. És un referent mundial en la denúncia i l’aprofundiment de les causes humanes i polítiques i científiques de l’esclavatge. L’any 2004 va prendre part a la seu de la UNESCO dels actes dedicats al Dia Internacional per l’Abolició de l’Esclavitud (2004).

El delito de ser “negro”, segons Sala-Molins, inscriu l’esclavatge no solament en l’expansionisme islàmic i cristià, sinó que abasta de les civilitzacions pre-hel·lèniques i pre-romanes a les formes d’explotació moderna. Per ell, en el fons de la seva anàlisi, Bassikidy Coulibaly formula una pregunta dura, dolorosa i radical: “Trepitges el meu dret d’existir amb la mateixa tranquil·litat amb què respires. Qui t’ha donat aquest dret?”

Es pot viure sense identitat i sense passat?

Els historiadors ens diuen que no es pot viure sense passat i els magistrats ens demanen que revelem la nostra identitat. Però què és ser “negre”?, es demana Coulibaly, què significa?, qui són “els negres”? D’ençà del període pre-islàmic fins als nostres dies, els “negres” s’han fet preguntes sobre el seu passat i la seva identitat o, més ben dit, sobre els seus passats i les seves identitats. “El principi d’identitat és per a l’intel·lectual el mateix que Déu per al religiós, d’aquí sorgeixen els respectius dogmatismes dels clergats acadèmics i religiosos”, reflexiona.

I aquí, un parèntesi per a aportar una vivència personal que em sobtà i no oblido. En un dels meus primers viatges a l’Àfrica, a Ghana, fa més de vint anys, vaig poder assistir a una reunió oberta de la cort del rei dels aixanti, a Kumasi. Els assistents érem pocs, uns vint o trenta, entre els quals destacava un grup sorollós i entusiasta de negres nord-americans, vestits amb roba i calçat car i de moda. Semblaven un grup de seguidors dels Lakers. Duien una pancarta: “Searching our roots.” Quan va arribar el torn dels parlaments dels convidats, es va aixecar el seu cap i va deixar anar un discurs exaltat contra el colonialisme i l’esclavatge, farcit de tòpics africanistes.

Els vells aixanti se’l miraven amb cara de pòquer i la paciència infinita pròpia de la famosa hospitalitat africana. Tot seguit, aquells entusiastes nord-americans hiperventilats van fer regals al rei: grans caixes d’ampolles de whisky i de vermut, i més exquisideses dignes de l’obsequi que devia fer anys enrere un funcionari colonial occidental qualsevol. Els vells caps aixanti, amb els ulls molt atents a l’espectacle, els van aplaudir quan van acabar de fer-los ofrenes. La qüestió que em vaig demanar aleshores i ara és: aquests afroamericans rics, descendents dels antics esclaus, sabien que els aixanti capturaven els seus avantpassats i hi comerciaven?

O bé, com es demana retòricament Coulibaly: com haurien pogut perdurar les xarxes comercials negreres durant dotze segles tretze si “els negres” no n’haguessin estat partícips com a socis comercials?

Per cert, el regne Aixanti era molt ric en or. La febre de l’or va causar els primers genocidis i crims contra la humanitat. Es creu, segons que documenta Coulibay, que de l’antiguitat al 1900, i fonamentalment en els períodes d’imperialisme islàmic, es podrien haver extret del continent negre unes tres mil cinc-centes tones d’or. El cuc ja era a la fruita abans no arribessin els botxins blancs. Durant segles, aquest va ser el motor de l’economia mundial, com després ho fou el tràfic d’esclaus, l’oli de palma per a fer funcionar la indústria i, finalment, l’or negre, el petroli que encara sosté l’economia mundial.

Reconèixer un gran crim contra la humanitat

Coulibaly diu que tant si hom és “negre” com “blanc”, d’entrada, cal reconèixer el crim contra la humanitat del qual “els negres” han estat víctimes durant dotze segles, i no quatre, com se sol creure i ensenyar. Perquè “els negres” d’avui són els supervivents d’un genocidi i d’una denegació d’humanitat que persisteix en bona part del món occidental. Als EUA, sense anar més lluny.

Dels segles VI al XIX, l’Àfrica va patir un setge intern i extern. Els primers genocides van ser els mercaders missioners de l’Islam, legitimats per l’Alcorà. A partir del segle XVI, van arribar els genocides cristians, emparats per la Bíblia, que van comercialitzar mundialment esclaus, “la fusta d’eben”. El 1670, Colbert, ministre de Lluís XIV i autor del Codi negre, escriví: “No hi ha cap comerç al món que produeixi tants avantatges com el dels negres.”

Primer, l’Àfrica va ser devastada durant molts segles. Després, és devastada i dessagnada per les anomenades “nacions civilitzades” a partir del 1885-1886 (oficialment). Els negres de l’Àfrica, Europa, Oceania o el Carib esdevenen apàtrides i s’encomanen a qui poden per resistir la condemna a treballs forçats de per vida. Esclavistes i colonialistes no s’han mogut per res més que pel lucre. Suor, sang i cadàvers és allò que l’Àfrica no ha deixat mai de subministrar (de vegades de bon grat) a la civilització blanca.

Hi ha genocides i colonitzadors islàmics i cristians. I comerciants i dirigents africans animistes que es posen al seu servei, sigui per conversió espiritual o convençuts per la força de les armes o pels interessos econòmics que ells també obtenen de l’espoli, la tortura, el comerç i l’esclavatge dels seus compatriotes .

Però la història escrita pels botxins no ho diu, això. La llengua dels vencedors no parla mai de desordre, bandolerisme i crim. Parla d’ordre, de generositat, de progrés, de virtut. El capitalisme, segons l’economista italià Arturo Labriola, per triomfar ha eradicat les altres varietats de civilització, en tots els continents: “Civilitzacions que no són res més que un record arqueològic, cosa que podria suscitar el declivi últim de la humanitat.”

Tal com va escriure Franz Fanon a Els condemnats de la terra: “El benestar i el progrés d’Europa s’han construït amb la suor i els cadàvers dels negres, els àrabs, els indis i els grocs. Hem decidit de no oblidar-ho.”

Descivilitzar i exterminar

L’autor cita d’exemple de la tasca genocida dels colonitzadors un cas que val la pena de conèixer. Potser seria equiparable a molts més que han passat al llarg dels segles arreu del món. L’illa de Tasmània fou “descoberta” el 1642 al sud d’Austràlia. El segle XIX, la població anglosaxona s’hi instal·la i es desenvolupa. Hi ha xocs amb els aborígens per les terres de pastura. El governador els vol sotmetre a la força, però fracassa estrepitosament a causa del bon coneixement del terreny que tenien els aborígens.

Un missioner es va oferir a convèncer-los i ocupà el lloc dels cinc mil soldats britànics que havien fracassat. L’home es va guanyar la seva confiança i els persuadí que deixessin el nomadisme, els van donar cases, roba de vestir i aliments. A les escoles els ensenyaren cristianisme, aritmètica, geografia i història. Però sense la seva llibertat secular i els seus hàbits de vida, es van anar morint. De dos mil, van passar a ser quaranta-set. El contacte amb els blancs i l’alcohol va fer la resta. L’últim es va morir el 1876. Així es va eliminar una societat, una raça, una civilització.

El colonialisme ha estat, en realitat, un moviment polític descivilitzador. D’ençà dels grecs, que passaren de la xenofília a la xenofòbia, de la percepció de l’altre com a altre, a la invenció de l’altre com a bàrbar. Totes les cultures que s’han imposat després han fet igual. Una concepció dels éssers humans que justifica l’espoli i els crims contra la humanitat.

L’exili i la temptació de la fugida

Bassidiki Coulibaly diu que tots “els negres”, siguin on siguin, són exiliats. L’exili dels “negres” va ser la seva expulsió de la família humana. Abans de fugir a Europa, l’Àsia, Amèrica, el Carib o Austràlia, els “negres” es van exiliar, d’entrada, dins de l’Àfrica, on van patir un procés de dessocialització, de desarrelament de la seva comunitat d’origen. Quan passen de ser captius a ser esclaus, a més d’aportar la seva força de treball, han de lluitar per sobreviure, per no ser “descivilitzats” o, fins i tot, “despersonalitzats”.

Són moltes les idees interessants i les contradiccions i paradoxes que aborda aquest assaig escrit amb voluntat de promoure el debat. És difícil, per no dir impropi, de resumir un assaig que va obrint-se i retornant a les qüestions clau constantment. Cal submergir-se en el corrent argumental, en el tot de l’obra, per reflexionar, aprendre o sorprendre’s. Els lectors en traureu les vostres conclusions, lliurement, sense que un periodista les amplifiqui o minimitzi.

Per acabar, una idea final de Bassidiki Coulibaly sobre el complex “problema negre”. “Els negres” no tenien cap problema amb “els altres”, amb els qui els van “descobrir”. “Els negres van esdevenir un problema per als seus ‘descobridors’ perquè, d’entrada, els van veure com la solució a tots els seus problemes materials. Segles després, després d’haver pagat pel crim de ser ‘negres’ amb milions de vides violades, robades, segrestades, assassinades, els supervivents del genocidi han de continuar pagant avui pel mateix crim: continuen essent ‘negres’!”

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Adonis: «La historia del islam está llena de sangre»

El escritor, candidato al Nobel del mundo árabe, charla con ABC en Madrid, donde ha recibido la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes

Diego Doncel - Madrid - 17/09/2022

 

 

Adonis-Medalla de Oro del CBA
Foto: Ángel de Antonio

 

Han quemado sus libros, han tratado de silenciarlo, pero Adonis (seudónimo de Ali Ahmad Said Esber) continúa siendo la conciencia crítica del mundo árabe, a la vez que su más grande poeta vivo. Su grandeza está más allá de haber recibido premios como el Goethe, el Grinzane Cavour, el Max Jacob, la Medalla Picasso o la Medalla de Oro de Círculo de Bellas Artes, entre otros muchos; su grandeza está más bien en el hecho de darle a la poesía una dimensión de transcreación de la realidad, de hacer del poema una forma de conciencia y, por tanto, algo que se opone a los dogmatismos religiosos, tecnológicos o políticos. Hay pocos poetas en cualquier lengua que hayan hecho de la libertad un idioma, y que se hayan convertido en guías que nos enseñan a transitar los caminos del siglo XXI. Eterno candidato al premio Nobel, es una figura irreductible, especialmente lúcida para poner el dedo en las llagas de nuestro tiempo.

 

Está sentado junto a mí, con esa juventud que sobrepasa los noventa años. Es el hombre que no encontró un sitio en Siria, el que huyó del Líbano cuando este país se suicidó en una guerra interminable, el que llegó como un prófugo a Francia con una maleta llena de poemas, el que vivió perplejo desde su casa en un bloque de gran altura el baño de sangre en la redacción del Charlie Hebdo o cómo sus compatriotas eran empalados por el Dáesh. Junto a una taza de café nunca pierde la sonrisa, tampoco la esperanza. Escribe poesía para eso, para crear un mundo nuevo.

 

—Hemos asistido al último acto de violencia del islamismo radical, el intento de asesinato de Salman Rushdie, ¿cómo lo ha vivido?

 

—Me une a Salman Rushdie una relación de amistad, nos conocemos desde hace mucho tiempo. Cualquier asesinato o intento de asesinato a un intelectual dentro del mundo árabe, como en este caso, es condenable.

 

—¿Cuál es la raíz, el fundamento de esa violencia contra un ser humano y la idea de asesinarlo por el hecho de escribir un libro?

 

—La violencia tiene su raíz en el monoteísmo, en las religiones. Es consecuencia de su historia violenta. Quien conoce la verdadera historia del islam, del islam como una institución, sabe que el islam siempre ha vivido en la violencia y todos los pensadores, todos los poetas siempre han tenido que vivir en los márgenes, y solo desde ahí han podido escribir y criticar. Algunos han sido apaleados, otros asesinados y a otros les han quemado los libros. Todos los poetas, los grandes poetas árabes han sido siempre antirreligiosos. Ellos fueron los que crearon el verdadero pensamiento árabe.

 

—Eso significa que la violencia en el mundo árabe viene desde el momento en que triunfa una idea de religión.

 

—Sí, la historia del islam está llena de sangre. Sin embargo hay que tener en cuenta que los intelectuales, los escritores árabes de nuestra época se han posicionado críticamente frente a esto, y en el caso de la actualidad han criticado abiertamente este intento de asesinato de Rushdie.

 

—Lo político y lo poético están continuamente dialogando en su obra. Y uno de los temas fundamentales es el dogmatismo.

 

—El dogmatismo es lo contrario a la poesía. El dogmatismo es lo único, la poesía lo múltiple, lo abierto. En el mundo de hoy no hay libertad absoluta. Siempre que haya un dogma desaparece la libertad. Por eso creo que no puede haber un gran poeta que escriba desde la religión. La poesía es una pregunta y la religión es una respuesta.

 

—Nosotros tenemos a San Juan de la Cruz.

 

—Nos equivocamos en la lectura de San Juan porque él no escribe desde dentro de la institución religiosa, sino desde otra parte. Quien sí está dentro de esa institución es Dante. Dante es religioso, racista y esto no se critica, no se pone de manifiesto por parte de los estudiosos. La importancia de Dante para mí reside no en su poesía, sino en su uso del lenguaje, fundó un nuevo lenguaje para Italia. Sin embargo, la historia y el canon literario no menciona a un poeta de la talla de Al Maarri, que fue quien influyó en Dante a la hora de escribir la 'Divina Comedia', y que fue más humano y más abierto.

 

—En el mundo árabe, ¿ hay un problema de libertad?

 

—En este sentido me gusta recordar a Rimbaud: la libertad debe ser libre. No, no hay libertad, y ni mucho menos una libertad libre. Tampoco ese tipo de libertad se da hoy en Occidente, en Occidente hay libertad pero no sabemos cuál es la verdad de las cosas, sean cosas de la política o de la economía. Todo se oscurece.

 

—Es ahí, para usted, donde la poesía juega un papel decisivo. Frente a los discursos científicos, políticos, tecnológicos, periodísticos de hoy, la poesía es un territorio moral porque indaga en una realidad abierta.

 

—La poesía es una conciencia crítica en medio de todos esos discursos. La poesía no puede ser nunca institucionalizada, ni siquiera para la revolución, porque la revolución la devora. La poesía es como el amor, nunca el amor puede ser un medio. A lo largo de la historia tanto la religión como las ideologías han tratado de convertirla en un medio al servicio de la institución, hay poetas que han entrado en este juego y han fracasado.

 

—Yo creo que usted ha convertido la poesía en el motor del cambio que se espera en este tiempo. Incluso aspira a vivir poéticamente y ese vivir lo convierte en el nuevo horizonte moral no solo para el ser humano, sino también para las realidades políticas o tecnológicas.

 

—Le agradezco la lectura profunda que hace de mi poesía. Debemos reconsiderar absolutamente todo en este mundo porque hay un estado de confusión, de ceguera, sobre todo en la relación que establecemos con las cosas, con la cultura. En la lengua árabe la palabra máquina y la palabra Dios se escriben igual. Todo lo hemos convertido en una máquina, en el islam Dios es una máquina.

 

—¿También el islam ha convertido la historia en una máquina?

 

—El islam y el cristianismo. El ser humano está en retroceso en el sentido espiritual en contraposición a sus avances en el campo tecnológico. Debemos preguntarnos por qué no hay grandes intelectuales hoy que nos hagan conocer nuestro pasado y nuestro presente. No hay un Aristóteles, ni un Platón, ni un Homero. Por eso debo afirmar que el problema está en los intelectuales, que están cegados para ver este problema.

 

—¿Es usted pesimista respecto a los intelectuales en el mundo actual?

 

—Son pocos los que merecen la pena. Los que nos pueden guiar en este cambio, por eso soy pesimista. Por ejemplo, no podemos distinguir cuál es la verdad o cuál la mentira. Se ve en los medios de comunicación.

 

—Después de todo esto que estamos tratando, ¿es posible crear una modernidad en el mundo árabe?

 

—Las palabras moderno y renovación existían en la lengua árabe desde el siglo VIII, y no existían en otras culturas. Sin embargo, hay que mirar la situación de los árabes hoy día, imitan toda la modernidad de Occidente pero sin mirar su pasado y su patrimonio. En cualquier caso esa modernidad nació desde dentro de Occidente, y Occidente estaba preparada para asumirla. El mundo árabe no está preparado para una cosa así.

 

—¿Y la juventud, y la mujer?

 

—Estoy muy entusiasmado con nuevas voces femeninas que están surgiendo en la poesía árabe. Ellas han podido hacer una ruptura con el patriarcado, el machismo y la religión.

 

—¿De dónde surgen? ¿Viven en Occidente o dentro del mundo árabe?

 

—Viven en el mundo árabe, pero en los márgenes. Están desarrollando su obra lejos de los centros de poder, en los pueblos. Son poetas que escriben con el cuerpo, con su propio dolor y sus propios sueños, por eso me emocionan.

 

—Me alegra, porque parece que la cultura árabe estaba destinada a producir religiosos más que intelectuales.

 

—Occidente ha propiciado que el mundo árabe se reduzca a un tema religioso. Precisamente a esa tradición negativa y fundamentalista donde no cabe el pensamiento libre del intelectual. Occidente ha propiciado la máquina de Alá.

 

—¿Qué ocurre con los árabes que viven en Europa? ¿Por qué Francia se ha convertido en el centro del terrorismo islámico?

 

—No soy experto, solo un mero observador. Pero no me sorprende lo que ocurre en Francia si atendemos a la precariedad de estos tiempos: la falta de trabajo, la pobreza, que abonan la radicalización. Esas miserias destruyen al musulmán moderado y hacen que se vincule con los extremismos.

 

—Usted ha sufrido ese extremismo, ¿cómo se ve siendo víctima?

 

—Los conozco demasiado bien. Sé cómo son. El mundo que quieren crear. Con mi poesía y con mi pensamiento intento combatirlos, hacer que nazca algo distinto.

Se queda en silencio frente a la taza de café. Mira a su nieto, el poeta Jaafar Al aluni. Pienso que ellos dos, desde distintas generaciones, comparten un mismo destino, las mismas cartas marcadas de una historia llena de víctimas y de verdugos, de exilios y de búsquedas. Cada uno desde su edad quiere crear las condiciones del cambio, del futuro, porque tal vez como dice Adonis: «El progreso es una obra humana, cuyos fundamentos son la creación y el cambio. Está estrechamente ligado con el futuro. La cultura que solo considera el porvenir como una reescritura del pasado no ve el progreso en sí mismo. Desgraciadamente, mientras que semejante visión siga imperando en la sociedad árabe, podemos decir que la regresión no hará más que avanzar».

Artículo completo en ABC Cultura


Adonis, el poeta candidato al Nobel: "Estados Unidos provocó la invasión de Ucrania"

Adonis, el poeta candidato al Nobel: "Estados Unidos provocó la invasión de Ucrania"

El autor sirio, uno de los más grandes de la literatura árabe contemporánea, recibe hoy la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes en Madrid

15 septiembre, 2022

Jaime Cedillo @JaimeCedilloMar

 

El nacimiento del poeta Adonis (Qasabín, Siria, 1 de enero de 1930) clausuró la tercera década del siglo XX. Casi 93 años después, sigue avanzando con paso firme por la segunda del XXI. Detrás de su rostro afable y la cordialidad en el trato, conserva unos principios imperturbables. Eterno candidato al Nobel de Literatura y represaliado por su posición crítica hacia el régimen sirio, pertenece a la última generación que vivió conscientemente los grandes acontecimientos del pasado siglo. Su trayectoria en la literatura y la dimensión de su perfil humano lo han hecho merecedor de numerosos galardones. Hoy recibe en Madrid la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes. En el avión que lo trajo a España escribió el último verso antes de esta entrevista.

Su verdadero nombre es Ali Ahmad Said y nació en el seno de una familia alauí. Con 17 años recitó un poema ante el expresidente sirio Shukri al-Kuwatli que le abrió las puertas de la literatura. Adonis estudió filosofía en Damasco, pero en 1955 estuvo preso durante seis meses por ser miembro del Partido Social Nacionalista Sirio. Tras su liberación, se instaló en el Líbano y se sumó a la corriente del panarabismo, que propone la congregación en un estado de todos los pueblos árabes, tanto de Asia como de África, con el objeto de lograr una unidad política.

La Libia de Gadafi se inscribió en este ideario, que aún resiste en Siria. En años posteriores, los de la efervescencia de un panislamismo partidario del Califato (Al Qaeda, Estado Islámico, etc.), Adonis se desmarcó de movimientos políticos. De su relación con el islamismo, se desprenden títulos como Violencia e islam (Ariel, 2016), una serie de entrevistas con la psicoanalista y profesora Houria Abdelouahed. Cuestionado por no reprobar la dictadura de Bashar al-Assad y escéptico con la Primavera Árabe de 2010, su voz sigue siendo una de las más influyentes y polémicas de Oriente Medio.

“Siempre escribiré mi poesía en árabe”, dijo en una entrevista con El Cultural en 2016, pero reside en Occidente desde 1985. Tras la guerra civil que asoló el Líbano desde la invasión israelí en 1982, hubo de exiliarse en París, ciudad donde vive actualmente. Parte de su obra ha sido publicada en castellano y en ella habría que destacar títulos como Principio del cuerpo, final del mar (Vaso Roto, 2020), Este es mi nombre (Alianza, 2020) o Árbol de Oriente (Visor), antología publicada en 2010, donde se puede leer una amplia panorámica de su producción poética.

Ediciones del Oriente y del Mediterráneo se ha hecho cargo de otros volúmenes del autor, siempre aclamado por la vocación trasgresora de su poesía. Aunque profundamente ligado a la poesía tradicional árabe, es muy admirador de los poetas europeos románticos como Baudelaire, Rimbaud o Verlaine entre los franceses, los alemanes Novalis y Goethe (recibió el premio que lleva su nombre en 2011) o el austriaco Rilke. Entre los más contemporáneos, el alemán Gottfried Benn fue quien más influyó en la tentativa rupturista de su obra a partir de los años 50, que intensifica la presencia de la belleza y la figura de la mujer, aunque el marco conceptual está dominado por la idea de la herida.

Pregunta. ¿Se siente contento de volver a España?

Respuesta. Normalmente el poeta tiene más de un país natal: dos, tres o cuatro... Yo considero a España uno de mis países natales.

¿Este reconocimiento le llega en un momento creativo?

Mi oficio es escribir. Lo hago con reconocimiento o sin él, siempre estoy escribiendo. Estos premios me motivan y me hacen pensar que hay solidaridad con la escritura.

¿Recuerda cuándo fue la última vez que escribió un verso?

En el avión, cuando estaba viniendo a España... (risas)

Ahora que su poesía puede analizarse con la perspectiva necesaria, ¿se considera un renovador, como tantas veces se ha dicho de usted? 

La renovación consiste en poder cambiar todo. Si no cambias la realidad de tu alrededor, práticamente no haces nada. Si no lo he podido hacer escribiendo, imagino cómo cambiar el mundo. Mi obsesión es el cambio constante y la poesía es un horizonte abierto.

¿Cree que su poesía tiene calado social en el mundo árabe? 

Creo que sí hay un interés. Para un poeta es difícil medir esto, pero hay muchos libros y estudios dedicados a mi poesía. Esto es positivo, claro, pero sí reconozco que siempre he sido muy problemático, como el filo de una espada: o me odian o me adoran.

¿Sigue la poesía actual? 

Es imposible leer todo lo que se escribe hoy en día, pero puedo asegurar que leo todo lo que se publica en francés y en el mundo árabe. Respecto a lo demás, lo que me llega a través de la traducción. Sobre todo, me interesan los poetas árabes y la posibilidad de debatir con ellos.

¿Le interesa la poesía española? Más allá de su conocida afición, Lorca, ¿le gustan otros poetas?

Gracias a mi nieto, traductor, puedo establecer vínculos con la poesía española. Por supuesto, he leído a la Generación del 27 y tengo contacto con Clara Janés, a la que he llegado gracias a la traducción francesa de su obra. Sin embargo, es difícil poder valorar la poesía si no puedes leerla en su lengua original

¿Conocía a Javier Marías, el escritor español fallecido hace solo unos días?

Por supuesto, ha sido una tristísima noticia.

Cuando a Marías le mencionaban la posibilidad de ganar el Nobel de Literatura, siempre sorteaba la pregunta. Tengo entendido que usted también...

Claro (risas), porque no es una cuestión nuestra, sino del comité (la Academia Sueca) que lo decide.

¿De qué problemáticas debe ocuparse la poesía actual? ¿Cree en el género como una oportunidad para hacer una reivindicación política?

La poesía no acepta descripción. No se puede hablar de poesía política, porque cuando se viste de ideología pierde su sentido. La política puede convertirse en poesía, pero la poesía no puede convertirse en política.

¿A qué se refiere exactamente?

Cuando la política apela por los derechos humanos, por la civilización, por la democracia... Eso es poesía.

En cuanto a Siria, hace unos años mostraba su decepción en El Cultural por no haber visto “ningún manifiesto por parte de los intelectuales europeos” durante la guerra. ¿Ha cambiado su opinión respecto a este asunto?

No. Hasta el día de hoy, desgraciadamente no hay ninguna respuesta desde Occidente. Después de diez años del desastre, ha quedado demostrado que lo que está pasando en Siria es algo preparado. Muchos intelectuales se están dando cuenta ahora. Es algo excepcional en la historia: han querido derrocar al régimen sirio y, sin embargo, han destruido al país y Al-Assad todavía sigue ahí. 

La guerra antes ocupaba un espacio de actualidad de primer orden. Hoy, que el conflicto aún no está resuelto, ¿cree que se le da toda la cobertura que merece?

Claro que no. Esto es una prueba más de que hay una conspiración mundial contra este país.

¿A qué cree que se debe?

Es una cuestión geopolítica que casi todos conocen: petróleo, acuerdos, Israel, Palestina, alianzas entre países... La zona de Oriente Medio es el centro del conflicto entre las principales fuerzas del planeta. Todas las guerras se libran allí porque es una dimensión estratégica.

Europa, la cuna de la civilización y de las libertades, se está traicionando a sí misma

A Ucrania, sin embargo, se le presta mucha mayor atención. Si el ataque a Siria se justificó para tumbar la dictadura de Al-Assad, ¿cuáles diría que son las causas de la invasión rusa a Ucrania?

Estados Unidos es la fuerza que mueve el mundo y también es el régimen que provocó la invasión ucraniana.

¿Qué quiere decir? ¿Desea matizarlo?

Estados Unidos se fundó de manera violenta, utilizó la primera guerra nuclear, devastó Vietnam... Está en el origen de toda la violencia. Yo estoy en contra de Estados Unidos esté donde esté.  

Usted que siempre ha abogado por la necesidad de una separación entre la religión y el Estado en los países árabes, ¿sigue teniendo esperanzas en el progreso de la sociedad?

Los europeos pudieron superar aquella Edad Media en que la Iglesia imponía su ley a través de la Inquisición. Tenemos que tomar ejemplo. A pesar de los obstáculos, aspiramos a establecer esta separación. Pero lo paradójico y lo triste de esta lucha es que los europeos, políticos e intelectuales, están en contra de nuestra lucha. Europa, la cuna de la civilización y de las libertades, se está traicionando a sí misma. Por tanto, está en contra de ese progreso. 

¿Cree que la poesía puede contribuir a alcanzarlo?

Sería un error presionar a la poesía con esa misión. Primero tenemos que llegar a un acuerdo sobre el concepto de cambio. ¿Quién lleva a cabo el cambio? Las instituciones. Un poema no puede cambiar una universidad. La poesía debe establecer relaciones entre la palabra y el objeto para dar una nueva imagen al mundo y un nuevo sentido a la vida.

Artículo completo en El Cultural - Letras

 


Bassidiki Coulibaly, Burkina Faso, 1965

SER, SENCILLAMENTE por Louis Sala-Molins

 

Bassidiki Coulibaly obtuvo un día el doctorado en Filosofía defendiendo con elocuencia su tesis sobre Sartre; o, lo que es lo mismo, fue un buen alumno del mal maestro.

Cuando, como él, desciendes de un linaje de herreros burkineses, esos formidables transmisores del fuego al hierro y a la tierra, del mundo de los ancestros al de los vivos de hoy, para culminar en filósofo detractor de todos los colonialismos, cantor de Fanon y otros rebeldes con un corazón que se te sale del pecho, una elección radical se impone. Bien, para tratar de hacerte un hueco al sol —cosa en verdad harto difícil cuando no eres precisamente lo que se dice «un hombre de bien», reniegas del linaje y abjuras del filósofo luciendo una máscara blanca sobre la piel negra y pones por delante la gracia constante de las frases redondas de la historia, o de las historias, como es menester contarlas y escribirlas; bien pasas dogmas, opiniones y comportamientos por el aire abrasador de la fragua y muestras sin máscara, la cara al viento, más que una fidelidad, una carnal hermandad de armas con Sartre —el heraldo de Fanon— y con el Fanon de los «condenados de la tierra».

Si rebuscamos bien, hallaremos alguna traza de sumisión, de primacía, en «fidelidad». Muy escasa en Bassidiki Coulibaly, a quien sumisiones y primacías irritan, en quien habita el sentimiento de fraternidad; sentimiento que tan bien se corresponde con esta iridiscencia del amor bohemio cuyo aliento Bassidiki Coulibaly anhelaría ver triunfar sobre los batallones blindados de la «razón».

Louis Sala-Molins

DE LA INTRODUCCIÓN DE BASSIDIKI COULIBALY:

Ante la pregunta «¿se puede vivir sin identidad y sin pasado?», muchos se mofan, mientras que otros se quedan sin voz. Es cierto que, de entrada, la pregunta puede sorprender e incluso desestabilizar, porque, si bien los historiadores nos martillean con que es imposible vivir sin pasado y los magistrados nos conminan a revelar nuestra identidad, la sociedad nos inculca que ella no es más que un bosque denso cuyos árboles genealógicos se componen, cada uno, de varios individuos en guisa de ramas. Todo esto casa con cierta realidad que no ha de confundirse con la realidad.

Lo desconocido es la realidad de cualquier encuentro. A priori, solo podemos formarnos ideas (prejuicios, juicios, etc.) sobre el otro, pues la identidad, el pasado y la personalidad solo se conocerán, llegado el caso, a posteriori. En cada encuentro hay química o no, y las cuestiones de la identidad, el pasado o la personalidad son lo de menos. Aunque existen tantos casos como encuentros, solo abordaremos los dos más clásicos: cuando hay química y cuando no la hay.

El flechazo es el paradigma del mejor de los dos casos. Los individuos que reciben en pleno corazón la flecha de Cupido no tienen tiempo que perder con cuestionamientos sobre la identidad, el pasado, el árbol genealógico y la personalidad del ser amado. Cuando irradias amor, aceptas al otro de pies a cabeza, en la más absoluta ignorancia del quién, el porqué y el cómo; sus virtudes saltan a la vista, sus defectos permanecen ocultos. El cineasta finlandés Aki Kaurismäki nos lo muestra con belleza y maestría en Un hombre sin pasado; nos muestra también que es posible (pero no fácil) vivir sin identidad y sin pasado, a escala individual, lo que relativiza indiscutiblemente el discurso de Elie Wiesel, según el cual «Es peor vivir sin pasado que sin futuro». Es cierto que el actor Markku Peltola, conocido como «el hombre sin pasado», después de recibir una brutal paliza propinada sin motivo aparente por tres maleantes, logra sobrevivir amnésico (sin identidad y sin pasado) gracias a la mano tendida de Kati Outinen, conocida como «la voluntaria del Ejército de Salvación», junto a quien Peltola encuentra el amor. El amor lo puede todo, lo sabemos.

Pero ¿qué sucede cuando no hay química? ¿Qué sucede en el peor de los casos, siendo el peor de ellos la existencia de quienes viven con el estigma de ser «negros»? En otras palabras, cuando uno es «negro», ¿tiene derecho a un pasado distinto al del «no negro» (ya sea árabe-bereber o blanco)? ¿Qué identidad puede reclamar uno cuando es «negro» y se llama Toussaint Louverture, Ahmad Baba, Behanzin, Malcolm X, Elijah Muhammad, Aimé Césaire, Cheikh Anta Diop, Edson Arantes do Nascimento, más conocido como Pelé? ¿Tienen derecho esos a los que seguimos llamando «hombres de color», «nègres», «negros», «black» a un reconocimiento que no sea el heredado, visible, condensado y anclado en la marca somática?

En una época en la que algunas personas moldean su cuerpo a placer gracias a eso que el sociólogo David Le Breton ha llamado Signes d’identités. Tatouages, piercing et marques corporelles (2002), otras mueven cielo y tierra para procurarse agentes corrosivos que les despigmenten la piel. El negro-americano (ahora gris) Michael Jackson es la punta de lanza de esos «negros» que ya no quieren ser «negros» o, por lo menos, quieren ser menos «negros». El asunto parece anecdótico, pero en el fondo revela la situación dramática, confusa y compleja de «los negros».


El delito de ser "negro". Mil millones de negros en una cárcel identitaria, de Bassidiki Coulibaly, nuestra próxima novedad

En septiembre publicaremos este provocador libro del que iremos avanzando algunos extractos, como este sacado de la Introducción:

 

Los japoneses aprovecharon el Plan Marshall para recuperarse de las dos bombas atómicas que recibieron sobre sus cabezas. Pero ¿qué hay de «los negros» en tanto comunidad singular, estigmatizada y víctima de etnocidio y genocidio? ¿Cuántos son «los negros» que tienen por único credo los libros sagrados (el Corán, la Biblia) que han contribuido a legitimar y legalizar el genocidio y las denegaciones de humanidad padecidas? Son legión. ¿Cuántos son «los negros» que no tienen más fantasías que las de sus «antiguos» amos? Son legión. ¿Cuántos son los «negros grecolatinos» (Sartre) que, tras ser domesticados en la escuela del amo, solo saben obedecer a pies juntillas y mover el rabo como perritos falderos? Son legión. Con un mono de trabajo, un caftán folclórico, un traje de tres piezas o una levita de académico, «los negros» de turno siempre se han abierto paso a codazos para acceder al cuarto de servicio de «los señores».

Hace más de dos mil años, Sima Qiang (145-86 a. C.), el primer historiador chino, afirmaba con convencimiento que «aquellos que no olvidan el pasado son dueños del futuro». Cuando sabemos con qué maniático esmero los «vencedores» escriben la Historia, cuando sabemos con qué saña de sabuesos los «vencedores» controlan la Historia, cuando conocemos la escandalosa parcialidad con que se enseña la Historia a los niños (las obras del historiador Marc Ferro a este respecto son saludables), entiendes fácilmente el empeño de los «vencedores» por seguir siendo los amos. Pero «los negros», esos «vencidos» de la Historia que se quejan de ser los despreciados de la humanidad, que se lamentan de ser los grandes perdedores de la Historia, que se desconsuelan por no tener los medios para hacerse respetar, que se entregan de generación en generación a los «mimetismos nauseabundos» (Fanon) de sus amos orientales y occidentales, ¿tendrán en cuenta algún día las sabias palabras de Sima Qiang?


JAVIER BIOSCA ENTREVISTA PARA ELDIARIO.ES A ALIA MAMDUH

Alia Mamduh, escritora iraquí: “Hay que condenar a Rusia, pero Occidente es el gran defensor del doble rasero”

“Cuando veo las imágenes de lo que pasa en Ucrania, me acuerdo de mi país. Eso lo hemos vivido nosotros: guerras, desplazamientos masivos y bombardeos indiscriminados”, dice la escritora, que presenta su novela 'Al Tanki: tras las huellas de una mujer iraquí'

Javier Biosca Azcoiti - elDiario.es - 14 de junio de 2022 22:30h

La escritora iraquí Alia Mamduh salió de su país en 1982, pero apenas escribe de otra cosa: “Solo me queda escribir de Irak”. A sus 78 años, se sienta en un hotel de Madrid horas antes de presentar su novela ‘Al Tanki: tras las huellas de una mujer iraquí’ y coge carrerilla para criticar la invasión estadounidense, el bloqueo político actual en su país y la censura que ha sufrido en prácticamente todo el mundo árabe con sus escritos contra la dictadura, el machismo y el patriarcado.

“Cuando veo las imágenes de lo que pasa en Ucrania, me acuerdo de mi país. Eso lo hemos vivido nosotros: guerras, desplazamientos masivos, bombardeos indiscriminados…”, dice la escritora. “Me identifico con esa gente ucraniana que está siendo arrasada y por tanto hay que condenar a Rusia, pero todos sabemos que Occidente, especialmente en Irak y en el mundo islámico, es el gran defensor del doble rasero y la hipocresía”, añade.

Salió de Irak en 1982. ¿Por qué?

No salí del país por cuestiones políticas, sino que fue una decisión personal, derivada de una serie de divergencias con quien era mi esposo entonces. Además, en ese momento el servicio militar era obligatorio, estábamos en plena guerra con Irán y a mi hijo único lo iban a llamar a filas. Yo no quería que fuese y cogimos al muchacho y nos fuimos a Francia. Allí estuvimos un pequeño periodo y después fuimos a Marruecos, donde trabajé como directora de un periódico saudí.

Solo volví a Irak en el 87 a un festival literario de una semana. Sigo llevando Irak dentro, su gente, sus problemas, sus olores... Pero el Irak de hoy no es el que yo conocí. Ese Irak ya no existe. Toda la gente que estaba allí ya no está: ha emigrado, han sido forzados al exilio o han muerto. El barrio que describo en la novela se ha convertido en ruinas. Lo único para lo que volvería a Irak es para denunciar el gran crimen cometido contra el país a raíz de la intervención estadounidense.

Irak es para mí como mi propia existencia. No me queda otra cosa que escribir sobre Irak. Si no, ¿de qué puedo escribir?

Después de lo vivido en su país en 2003, ¿qué opina de la reacción de EEUU y otros países de Europa a la invasión de Ucrania?

Todos sabemos que Occidente, especialmente en Irak y en el mundo islámico, es el gran defensor del doble rasero y la hipocresía y lo sufrimos notablemente con la lucha contra el llamado terrorismo internacional. Lo que está pasando en Ucrania, sin embargo, es algo distinto. Se trata de un conflicto entre dos países europeos en el que también hay una cuestión relacionada con la OTAN, los intereses geoestratégicos de Rusia y una serie de errores internacionales.

Cuando veo las imágenes de lo que pasa en Ucrania, me acuerdo de mi país. Eso lo hemos vivido nosotros: guerras, desplazamientos masivos, bombardeos indiscriminados… Me identifico con esa gente ucraniana que está siendo arrasada y por tanto hay que condenar a Rusia. Pero también hay que condenar a Occidente. Nosotros conocemos a Occidente y sabemos que dice una cosa y hace otra y que juega de manera sibilina. Había una serie de pactos con Rusia y se han incumplido. Ya está bien de que en Europa seáis los siervos de EEUU. Sois países fuertes y Washington tiene su propia política para Oriente Medio y para Europa, perjudicial para vosotros mismos.

Todas las guerras de América son fuera de su país y para conseguir una estabilidad interna trata de exportar esos conflictos. Europa es uno de los grandes derrotados del conflicto en Ucrania y desde un punto de vista de una persona que ha sufrido hace 20 años una invasión de Irak y que ha ido viendo todo el proceso de acoso y derribo en Oriente Medio, todo esto no le suena nada nuevo. La hegemonía estadounidense está en decadencia y hay una situación de podredumbre desde dentro que a la vez está originando que se exporten los conflictos y que se cree un estado de tensión con la finalidad de mantener el mayor tiempo posible este estado de dominación que no es real.

En realidad, lo que pasó en Irak fue una demostración de fuerza, pero no de dominio. Hoy EEUU todavía es capaz de entrar en clase, poner a los alumnos malos contra la pared y ordenar sanciones, quitarles o darles armamento… pero eso está desapareciendo. También lo vemos en el aspecto racial: el grupo blanco dominante cada vez lo es menos y hay una especie de reticencia a aceptar esta realidad.

Yo comprendo que la gente joven esté fascinada con EEUU y que no entienda que digamos que es la mala de la película. Las series, la música, hasta la ropa que llevamos... todo eso marca la forma en que los vemos. Nosotros, sin embargo, tenemos otra visión. Diferenciamos entre el pueblo americano, al que tenemos un gran respeto, y la política exterior de EEUU, que es un cáncer, en concreto en Oriente Medio. Los europeos deberían darse cuenta de que EEUU casi nunca ha dicho la verdad sobre sus proyectos y sus intenciones. Yo vivo en Francia, me siento europea y me produce un enorme pesar ver cómo los europeos una y otra vez siguen cayendo en los mismos errores con respecto a EEUU.

¿Qué supuso la invasión para usted y para su país?

La ocupación de Irak no es solo de los americanos, sino de muchos otros como iraníes, milicias y actores regionales e internacionales. Los americanos eran los que mandaban y a pesar de que salieron en 2011, dejaron sus consejeros y asesores y son los que controlan el país entre bastidores.

Uno de los protagonistas en la novela Al Tanki se llama Mujtar, que pasa todo el tiempo borracho para olvidar el desastre, pero dice una frase que refleja muy bien el carácter de esta persona y de muchos iraquíes: ‘Mi único objetivo en esta vida es seguir vivo porque continuar con vida supone un desafío a EEUU’.

¿Ha sufrido censura en Irak y otros países árabes?

En prácticamente todos los países árabes. Hay dos novelas [no están traducidas al español], 'La garçonne' y ‘El deseo’, que están prohibidas. La primera se publicó en el año 2000 y es sobre una mujer andrógina que sufre persecución, tanto por razones políticas como por su orientación sexual. Es un alegato contra el partido Baaz y el Gobierno de Sadam Husein. La protagonista se enamora de un comunista, la encarcelan y la torturan.

En ‘El deseo’, un hombre iraquí de 50 años, opositor político y perteneciente a la rama comunista antibaazista, se levanta por la mañana y de pronto descubre que le ha desaparecido el pene [en árabe la palabra pene comparte raíz con 'recordar']. Entonces le quitan la capacidad no solo de ser, sino también de recordar de modo fidedigno su pasado. Empieza a hacer una serie de elucubraciones sobre su vida sexual y política, como si tratara de 'reacondicionar' su existencia a partir de recuerdos fragmentados. Es una suerte de alegoría sobre cómo el individuo iraquí ha perdido la capacidad de hacer un análisis autocrítico de sí mismo y su país. También es una crítica al poder patriarcal y al poder omnímodo de ese varón que se cree el dueño de la realidad.

Cuando va al médico da una serie de circunloquios para no enfocar el problema real, como si fuera incapaz de reconocer la naturaleza de su infortunio. Hay una escena en la que el protagonista dice: ‘Imagínense ustedes que todos los varones con poder y capacidad de mando se despiertan y se dan cuenta de que ninguno tiene pene y que cuando miran al cielo los ven todos flotando como si fuesen misiles. Estoy seguro que las guerras se acabarían’.

El único país árabe en el que se publicó fue Líbano, pero incluso allí resulta difícil encontrarlas, pues los libreros no las tienen a la vista por si acaso.

Por estos dos libros me han acusado de pornográfica, zafia, grosera y burda. Me gustaría ser todavía más zafia, grosera y burda para llegar a este nivel de zafiedad máximo que ha alcanzado este mundo. De todas formas, sé que este libro se reproduce clandestinamente en muchos países árabes.

Yo estoy al final de mis días, me dirijo hacia mi propia desaparición y me importan muy poco las críticas que me puedan hacer; y menos aún por el contenido sexual de mis obras. Me da igual si hay gente que se molesta por lo que aparece en esta o aquella novela.

¿Por qué es tan difícil formar Gobierno en Irak siete meses después de las elecciones?

Porque hay una disputa entre Irán y EEUU en tierra iraquí. Es el resultado de una situación creada en la que el país afectado no tiene soberanía propia. EEUU dirige todo entre bambalinas e Irán es el otro poder efectivo. Sobre el papel, gracias al sistema de cuotas confesional creado por los estadounidenses y la influencia de sus líderes y milicias, es la comunidad chií la que mayor dominio ejerce. Sin embargo, hay dos grandes bloques dentro de la comunidad chií. Uno es arabista y nacionalista y el otro es más partidario de una relación de alianza firme con Irán. Ese es el problema.

Como los actores políticos internos de Irak dependen en gran medida de potencias regionales e internacionales, nos encontramos en esta situación. Carecemos de líderes con un margen razonable de autonomía. Por ello, son incapaces de ponerse de acuerdo para formar Gobierno, porque ni los estadounidenses ni los iraníes están de acuerdo con las alternativas barajadas.

EEUU no es que dejase un Estado o un sistema institucional deficiente, es que se cargó las estructuras del país y lo que nos encontramos ahora es su consecuencia. Tenemos una corrupción política institucionalizada. El problema está en nosotros, en nuestras élites y dirigentes, que se han convertido en una especie de asociados de estos intereses externos.

¿Ha superado Irak el sectarismo entre suníes y chiíes?

En Irak hay un sistema de cuotas confesionales que impuso EEUU. Ahora, la religión y la pertenencia confesional se han convertido en un negocio. Cuantos más miembros tienes en tu comunidad, más influencia tienes. Nos hemos metido en un círculo vicioso y este enfrentamiento conviene más a las élites de la comunidad mayoritaria, que es la chií.

¿Ese sectarismo existía antes de 2003?

Puede que lo hubiese, pero era muy ligero. Yo nunca supe si era sunní o chií. En mi familia teníamos abuelos sunníes y chiíes. Nunca supe quién era qué ni en qué se diferenciaban unos de otros. Tampoco me interesaba ni importaba mucho. De hecho, no descubrí que tenía parte sunní y chií hasta que me casé, pero a lomos de los tanques de EEUU se trajeron un Gobierno completo e intentaron crear una nueva realidad que es lo que ha convertido Irak en un cadáver que apesta. Cualquier persona que se acerque notará ese olor.

Artículo completo en elDiario.es