‘¡Oíd, humanos!’: el místico de la poesía iraní, una voz de la civilización que Trump amenaza con destruir

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Qué decir de los legendarios Omar Jayyam, el autor de las célebres Rubayat; del místico Rumi, que compuso el monumental Masnavi; y del también poeta místico Attar, autor de El lenguaje de los pájaros. Ya en el siglo XX, el mito más reciente de la poesía iraní es Forugh Farrojzad, muerta en 1967 de forma trágica. Precisamente ella consideraba a Nima Yushij, el poeta que ahora se traduce al castellano por primera vez, un inspirador a la altura de Hafez, al entender la poesía como un lugar de perfeccionamiento de lo humano.

 

La vida de Nima Yushij (1897-1960) coincide con la radical transformación de Irán. En 1905, una fallida revolución constitucionalista dio pie a una época de convulsiones y modernización, hasta el punto de que en 1935 la antigua Persia pasó a llamarse oficialmente Irán. En 1953, un golpe de Estado planeado por la CIA liquidó el proyecto altermundista del primer ministro Mosaddeq, hecho que se ha traído a colación últimamente con motivo de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Yushij fue encarcelado por sus simpatías comunistas, y a su muerte apenas gozaba de reconocimiento. Veinte años después, en un Irán ya en plena efervescencia revolucionaria, se había convertido en el “santo” de la poesía iraní contemporánea, un clásico indiscutible. A Yushij le siguieron poetas que en Occidente, paradójicamente, son más conocidos que él, como Sohrab Sepehrí o Ahmad Shamlu. Pero en Irán la genealogía está clara.

 

La poesía de Nima Yushij ve la existencia de una manera trágica. Una tragedia que se desarrolla en una naturaleza sabia. La fuerza de la naturaleza lo puede todo. Irán es un país de una naturaleza grandiosa: en la poesía de Yushij hablan los ríos, los lagos, las arboledas, la fauna, las estepas. El hombre, marcado por el conflicto histórico (el mundo es una “hospedería asesina de huéspedes”), busca en la naturaleza el sentido y la unión. Y lo encuentra en la noche y en la soledad.

 

Los poemas de Yushij rezuman un esplendor místico. El ser humano aparece poco, hay pocos personajes en sus versos, todo lo más figuras solitarias que son un trasunto del propio poeta. Lo cual no quiere decir que su poesía no contemple a los demás y no se dirija a ellos y tenga hasta cierto carácter político, dada la amplitud de su simbolismo: “Claro es para vosotros el propósito de mi palabra: / una mano sola carece de voz, / mi mano pide auxilio a vuestras manos”. Un simbolismo enraizado, por otra parte, en una cosmovisión chií de la vida, que aguarda la llegada del mahdi, el imam oculto que redimirá los tiempos: “Es hora de que el fin de los tiempos lance un bramido”, dice el poema que cierra esta antología. De momento, el bramido es el de la guerra.

 

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"El Libro negro de Gaza" da voz a los jóvenes palestinos

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David Gallardo @davidgallardo78 | InfoLibre 2 de abril de 2026

Nasser Rabah, Jaled Al Qershali, Ohood Mohammed Nassar, Yara Abed, Nur Ahmed Abed, Taqwa Al Wavi, Nadera Mushtha, Deema Fayyad, Heba Almaqadma. Nombres anónimos que dejarán inicialmente indiferente al lector, que cambiará su percepción al caer en la cuenta de que detrás de todos ellos hay personas de carne y hueso que nos cuentan en primera persona su experiencia desde una Gaza destruida que se aferra a la vida de todas las maneras posibles.

La literatura es una de ellas y así queda escrito en El libro negro de Gaza. Testimonio de un genocidio (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2026), un proyecto grupal coordinado por el periodista y editor independiente Gonzalo Delgado, quien habla de "diario colectivo, generacional y multidimensional de los chavales de Gaza" porque, tal y como destaca a infoLibre, todos los participantes son palestinos y "bastante jóvenes". "Autores que viven allí. Bueno, dos han conseguido salir, pero después de haber escrito sus textos, con lo que todo está escrito desde Gaza", añade.

"Son estudiantes de literatura, de farmacia, de medicina, de diferentes partes de la franja", continúa Delgado, que fue contactado con todos ellos uno a uno a través de las redes sociales y creando una red de confianza con los que se iban apuntando y hablando del proyecto a sus conocidos. Así se fue haciendo realidad este Libro negro de Gaza, que reúne cerca de cincuenta relatos breves y poemas escritos en tiempo real por 17 jóvenes autores y autoras palestinos —9 mujeres y 8 hombres, en su mayoría de entre 19 y 30 años— que de alguna manera encontraron en la literatura un refugio contra las bombas, una forma de supervivencia.

"Ellos reivindican mucho en los textos esa idea de escribir como forma de resistencia", subraya el editor, poniendo el énfasis en que todos estos jóvenes son "de lo más normal del mundo", lo cual genera una cercanía testimonial muy potente: "Cuando lees todas estas historias, que están en diferentes ciudades y situaciones, te da la sensación de haber estado acompañándoles a ellos, de haber estado en su familia. Es como si estuvieras allí siendo un testigo silencioso, conociendo su experiencia desde el punto más real, de sus espacios y su intimidad".

Y es que, concebido como un libro de literatura, un compendio de textos independientes, El libro negro de Gaza propone una aproximación profundamente humana y emocional a la realidad vivida en el territorio. A través de historias personales, el lector se adentra en la vida cotidiana bajo asedio y bombardeos, los desplazamientos forzados y las pérdidas familiares, pero también en dimensiones universales como el amor, la memoria, la amistad, la maternidad y la esperanza que sostiene la vida incluso en las circunstancias más extremas.

De ahí títulos en estos relatos y poemas como Una tortura insufrible, El desafío de estudiar durante un genocidio, Diez minutos para huir de la muerte, Antes de derrumbarse el tejado, Una vida entregada a una causa justa o Agarré a mi hermana por la camiseta hasta que se precipitó. Historias narradas con toda la honestidad de quien solo busca que alguien al otro lado las lea para que se conviertan en reales. Para que no se olviden, para que dejen testimonio en un momento en el que la comunidad internacional cada vez habla menos de lo que pasa en Gaza.

Porque, según advierte Delgado, él sigue hablando mucho con todos los chavales del equipo, que siguen allí en su mayoría y "notan que se está hablando menos de ellos". Se convierte así este libro en una llamada no ya por la memoria, sino contra el olvido en tiempo presente. Ese es el motor de este proyecto, el que impulsó al editor a ponerse en marcha desde la nada, para "dar voz" a lo que está pasando, porque "tampoco está habiendo tanta creación literaria como en otros conflictos, como pudo ser el asedio de Sarajevo". "Había que cubrir ese vacío", apostilla.

De alguna manera, este libro se convierte en esa flor que nace en un desierto, donde parece que es imposible que nazca nada. Porque, por mucho que Israel se empeñe, en Gaza todavía hay un pueblo creando y defendiendo su identidad con todas las herramientas a su alcance, entre ellas, la escritura. "Así es como defienden su identidad y la determinación de vivir en su tierra, que al final es lo que exigen: poder vivir con libertad y dignidad en su tierra", remarca Delgado.

Y continúa: "Es que Israel les dice 'mira, si queréis vivir, marcharos y yo no os mato’. No entienden que están dispuestos a pasar ese nivel de penurias por estar en su tierra. Porque, además, ya hay un ejercicio de ingeniería social con el que se han convencido de que no hay una identidad palestina en Israel, que eso es un invento para tocarles las narices. Y se lo han creído hasta el punto de que no comprenden que los palestinos quieran sentirse palestinos en su tierra, en Palestina".

Por eso, afirma, este libro es también incluso una forma de que los palestinos puedan "mantenerse cohesionados vivan donde vivan", pues muchos de ellos están repartidos por el mundo. Una situación que compara el editor con los judíos sefardíes, por ejemplo, capaces de "mantener sus costumbres, sus canciones, sus recetas de comida, su lengua incluso". "Es un poco lo mismo, porque hay una vinculación geográfica, en ese caso Sefarad, pero también cultural, como ocurre con Palestina", apostilla.

Destaca en este punto Delgado la respuesta "positiva" que está provocando el libro entre los lectores, puesto que "quien lo lee se da cuenta de que deja mucho poso". "Es un libro muy fuerte que cubre un vacío y les da voz a los jóvenes palestinos. A nivel interno a uno le deja muy tocado precisamente por la verdad que transmite", explica. "Yo creo que una de las cosas que más te engancha de este libro es que es excesivamente humano, o mejor dicho, extremadamente humano, porque le pone nombre a las imágenes que tanto hemos visto. Es como estar con ellos, ves que le están haciendo daño a alguien que tiene aspiraciones y sueños", resalta.

Son jóvenes escritores que siguen luchando por su vida, en definitiva. "Todos están intentando salir, encontrar alguna beca para estudiar en alguna universidad de Europa", cuenta Delgado, a quien de hecho le piden ayuda, contactos o cartas de recomendación. "Hay un par que han salido ya y están en Irlanda", añade orgulloso de estos palestinos con los que sigue en contacto y a su disposición para ayudar en lo que le sea posible.

"Ahora se nota el alto el fuego. Antes hablaba más con ellos porque estaban más encerrados en los refugios o donde fuera y hacían menos vida comunitaria. Ahora están recuperando eso y hablamos menos porque están teniendo la vida que tienen que tener y salen más a la calle", continúa el editor, satisfecho de tener todos estos testimonios que, sin duda, apelan directamente a nuestra empatía como seres humanos: "De hecho, mientras trabajaba en esto compartí algún relato con alguien de mi entorno que es bastante conservador y pude ver que le rompía un poquito".

 

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Presentación de "¡Oíd humanos!", del gran poeta iraní Nima Yushij en la librería Balqís de Madrid el 25 de marzo de 2026

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El 25 de marzo de 2026, Clara Janés y sus traductores --Shirin Salehi, Saeideh Ghasemi y Gonzalo Sánchez-Terán-- presentaron en la librería Balqís de Madrid la antología de poemas ¡Oíd humanos! del poeta iraní Nima Yushij. Adjuntamos algunos vídeos del acto:

 


Oíd, humanos, a un poeta iraní. Alguien en el agua está perdiendo la vida. Hacia Nima Yushij, por Gonzalo Sánchez-Terán en fronterad

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¡Oíd humanos!, la antología de poemas del gran poeta iraní en FronteraD con motivo de su publicación.

 

De todos los pueblos de la Tierra ninguno mantiene una relación tan intensa y devota con la poesía como el iraní. Desde que hace mil años Hakim Abol-Qasem Ferdousí Tusi completó el Shahnamé (El libro de los Reyes), el poema más largo jamás escrito por un solo ser humano, salvando la lengua persa del alud árabe que se había impuesto en pocos siglos como idioma dominante en Oriente Medio, y recreando en verso los imperios, mitos y héroes del pasado, la poesía se convirtió en la expresión mayor del alma y la cultura de Persia. Ferdousí recogió en su desaforada obra una tradición más antigua que su relato. El historiador Lloyd Llewellyn-Jones afirma: «En la Antigüedad persa, el pasado se abordaba mediante la transmisión oral, a través del canto, la poesía y la epopeya narrada». Para los iraníes los poetas interpretan, definen y desvelan la esencia de la persona y la experiencia colectiva: son seres trascendentes, en la hermosa polisemia de la palabra.
Es difícil encontrar a un iraní que no conozca de memoria los versos de Hafez, el poeta que en el siglo xiv coronó la época dorada de la literatura persa. Su mausoleo, rodeado de jardines, se halla en un barrio al norte de la ciudad de Shiraz. Para los hombres y mujeres que allí acuden cada día los gazales de Hafez tienen un poder adivinatorio, taumatúrgico. Sus versos, escogidos al azar, aclaran dilemas, compelen a la acción o consuelan en la congoja. El poeta medieval más que un escritor, es un oráculo.
Tal veneración no nace de su antigüedad sino de su palabra. A las afueras de Kashán, bordeando los grandes desiertos del centro del país, dentro del recinto de una mezquita, se halla la tumba de Sohrab Sepehrí, un poeta fallecido hace apenas medio siglo. Sohrab escribió poemas de un intenso misticismo exaltado de naturaleza en los cuales se entrelazan las tradiciones islámicas, budistas y occidentales. La gente, al terminar su oración en la mezquita, se acerca a la lápida negra que cubre el cuerpo del poeta y con reverencia la toca en silencio. Abrir un libro de poesía iraní no es únicamente escuchar la voz de un autor, es acodarse sobre el alma de un pueblo antiguo, luminoso y sufriente.
Nima Yushij es a un tiempo una de las más altas cumbres de la milenaria literatura persa y el umbral que une y permite el tránsito desde los grandes poetas clásicos (Ferdousí, Rumí, Saadí, Jayam, Hafez) a la extraordinaria poesía moderna (Shamlú, Ajavan-Sales, Farrojzad, Sepehrí). Diríase que su vida y su escritura estaban destinadas a habitar una falla donde poderosas placas tectónicas se enzarzan en una labor constante de creación y destrucción. La suya fue una existencia en permanente conflicto, a caballo entre sus bosques natales y el mundo urbano al que jamás se acostumbró, entre la tradición autocrática de los dirigentes de Irán y el deseo de apertura y democracia de su generación, y entre el estuario caudaloso de las formas poéticas heredadas y el manantial crecido por las aguas de distantes fuentes literarias. Cuando es tanta la tensión la hebilla salta por los aires.
Ali Esfandyari, quien andando el tiempo se haría llamar Nima Yushij, nació el 21 del mes de Aban de 1276 año de la Hégira Solar (HS), el 11 de noviembre de 1897 de la Era Común, en la provincia de Mazandarán, una tierra de densas arboledas y leyendas a orillas del mar Caspio. De su aldea natal, Yush, Nima heredó el nom de plume, un elenco de animales y árboles que habrían de poblar su imaginario poético, y un sentimiento vitalicio de exilio desde que a los doce años le enviaron a estudiar a Teherán. Su padre, ganadero y cultivador, era célebre en la comarca por sus proezas como arquero y jinete. De su madre aprendió antiguos cuentos y poemas que ella recitaba junto al fuego. Es imposible no sentir en la biografía de Nima la pérdida de un paisaje natural y humano, primitivo y noble, donde alguna vez se sintió seguro. Todo lo que escribió como adulto conmina a sus compatriotas a despojarse del engaño, el artificio y la venalidad, para sumergirse en los ríos anchos de Mazandarán, en la fraternidad de las caravanas, en la lealtad de la naturaleza.
El Teherán al que Nima llegó siendo niño vivía aún sacudido por la Revolución Constitucional que obligó a la dinastía Qajar a abrir espacios de participación popular y representación tras siglos de monarquías despóticas. La exigencia de una constitución que recogiera los derechos y libertades de los ciudadanos y el rechazo a la influencia predatoria sobre los recursos del país de potencias extranjeras como Gran Bretaña y Rusia provocaron movimientos populares que alumbraron una efímera esperanza de democratización en la primera década del siglo xx. Aquel brote fue aplastado y ninguno de los regímenes que se sucedieron en las décadas siguientes quiso reabrir esa senda de libertad y democracia. La política envenenó la vida de personas y familias. El hermano amado de Nima, Reza, quien posteriormente se haría llamar Ladbon, se unió a los partidos de izquierdas al calor de la Revolución rusa de 1917. Como tantos otros militantes tuvo que abandonar su patria y posiblemente murió durante las purgas estalinistas de los años treinta. Otra pérdida. En la poesía de Nima la política, rara vez de forma explícita, permea el combate entre una masa informe y violenta que aplasta o ignora, y el ser humano despojado de hogar, intentando preservar una esencia acoceada por fuerzas brutales.
En el colegio Nima halló un maestro, el poeta Nezam Vafa, que le dio a leer poesía europea, principalmente francesa. En su mente el verso libre entró en diálogo con las formas poéticas que habían dominado la historia de la literatura persa: la qasida, el gazal y el masnaví. Traducciones recientes de autores como Mallarmé o Lamartine agitaron las aguas de una tradición inmensamente rica y a la vez osificada por el tiempo en metros y temáticas. Y fue creciendo en él una revolución literaria que para muchos de sus coetáneos degeneró en herejía y para todos sus epígonos desembocó en liberación. A partir de los años veinte los poemas publicados por Nima Yushij en revistas literarias, leídos en recitales o compartidos en hojas sueltas, comenzaron a emanar una subjetividad honda y feroz, envuelta en un lenguaje simbolista opaco, en ocasiones casi ininteligible, que irritaba a los escritores atraillados al antiguo formalismo, a las voces conocidas. El poeta llegado de las tierras del norte, de carácter arisco, ajeno a escuelas, desubicado vital y profesionalmente, entre la desconfianza y la hostilidad de sus pares, se supo y se quiso un meandro en el río de la poesía de Irán, una hégira lírica para el verso en persa: hay un antes y un después de Nima.
En 1924 algunas de sus primeras creaciones aparecieron en un libro titulado, Montakhabat-e Asar: az Nevisandegan va Shoara-ye Moaserin (Selección de las obras de poetas y escritores contemporáneos), recopilada por Mohammad Zia Hashtrudi. De esos años Nima diría tiempo después:
El método aplicado en cada uno de los textos de aquella época era buscar una flecha emponzoñada disparada hacia los partidarios del estilo viejo, que consideraban mis poemas impublicables.
En los siguientes lustros, mientras el poeta daba tumbos por trabajos oficiales inconsecuentes y por lo general insatisfactorios en ministerios y centros educativos de los que era despedido o se despedía, su figura de escritor atrabiliario, esquinado y dinamitero fue creciendo entre los jóvenes amantes de la poesía, esa diminuta facción idéntica en pasión y número encontrable en todo país y todo tiempo. El 26 de junio de 1946, a última hora de la tarde, Nima Yushij tomó la palabra en el Primer Congreso de Escritores Iraníes. Menudo y arrogante, desgranó ante un auditorio dividido su propuesta poética, enfatizando cuanto le diferenciaba de sus detractores a quienes llamó «enemigos»: él ponía metro y rima al servicio de un yo poético libre, insubordinado, incómodo. Decía verdad: su escritura no arropa, deshace; no resguarda, destecha. Concluyó su participación en el Congreso describiéndose como un río del que todos pueden beber a lo largo de su curso. Así sucedió.
Nima escribió mucho y publicó poco. Su existencia no fue feliz. Jamás halló acomodo profesional, y el matrimonio con Aliyeh Jahangir, una mujer culta que ejerció como profesora y directora de colegios, sufrió por causa de su inhabilidad para sentirse centrado, cumplido, ubicado en la sociedad. A menudo desempleado, siguió a su mujer por diversos destinos hasta que en 1938 se sumó al equipo editorial de la Revista de Música que publicaba el Ministerio de Cultura. Allí coincidió con algunos de los grandes intelectuales de un Irán desestabilizado por la Segunda Guerra Mundial, entre ellos Sadeq Hedayat, autor de la que es quizá la mejor novela iraní del pasado siglo, El búho ciego. Quién pudiera haber asistido a las conversaciones de estos dos hombres de un talento tan excelso para la palabra y tan insuficiente para la vida. Fue un tiempo profesionalmente gozoso y literariamente fecundo hasta que la revista cerró en 1942 devolviéndole a la intemperie laboral. Un año después nació su único hijo, Sheragim, que tamaño esfuerzo ha dedicado a preservar la memoria viva de su padre.
El acercamiento de Nima al partido comunista Tudeh, más humanista que ideológico, le hizo pasar por prisión tras la represión que siguió al golpe de Estado organizado por los servicios de inteligencia británicos y estadounidenses contra el Primer Ministro, Mohammad Mossadeq, en 1953. Aquel sabotaje contra la soberanía de Irán pisoteó los esquejes democráticos tan dolorosamente brotados y acabó de partir en dos el espíritu del poeta. A partir de aquella experiencia se acendró su apartamiento del mundo. Viajaba frecuentemente a Mazandarán para permanecer lejos de los hombres y cerca de la tierra, escribía frenéticamente en papeles sueltos con una caligrafía casi ilegible, veía a pocas personas. Falleció una mañana heladora de enero de 1960, cuando regresaba de Yush, su pueblo, de donde quizá su ser verdadero nunca llegó a salir. Después de su muerte, la pequeña aldea que lo vio nacer y le prestó su nombre, se convirtió, como la Shiraz de Hafez y el Kashán de Sohrab Sepehrí, en un lugar de peregrinación para quienes reconocen el alma de Irán en sus poetas, en ellos y ellas resisten, con ellos y ellas confían.
La poesía de Nima Yushij congrega misteriosamente lo persa y lo universal. Tan vernácula es su obra que está espolvoreada con palabras en tabarí, la lengua de Mazandarán. Sus poemas están llenos de la vegetación del norte del país, vacas, ranas, aves, un universo rural hundido en mitologías locales transmutado por Nima en espejo de la sociedad urbanizada y agresiva de su tiempo, de nuestro tiempo. En su lírica los símbolos se entrelazan, nos desnudan y se nos esconden. Cualquier explicación de su significado es cuestionable, cualquier identificación ambigua. Su estilo dista del modo de escribir al que el lector de poesía occidental está habituado. Los términos se repiten donde otro poeta buscaría sinónimos, el mensaje parece romperse hasta hacerse incongruente, la estatura léxica se quiebra con giros triviales, los poemas más que concluir terminan en marismas, desperdigándose por las arenas, como algunos ríos de Mesopotamia. Quien busque a un poeta cristalino y unívoco debe mantenerse a distancia de Nima Yushij, algo que sospecho él agradecería. Como dijo Forugh Farrojzad, una de las autoras que expandió los ámbitos poéticos de la literatura iraní desde la puerta que abrió Nima:
Nima dio forma a mi convicción definitiva y a mi gusto con respecto a la poesía y le otorgó la categoría de lo absoluto. Nima para mí fue un inicio. Por primera vez en su poesía descubrí una atmósfera del pensamiento y un modo de perfección humana, como en la obra de Hafez.
Tal vez eso sea Nima Yushij antes que nada, una atmósfera.
No es sencillo colocar los versos de Nima en las estanterías de la historia de la literatura. La suya es poesía social y política y mística y alegórica y bucólica y existencial. Lo único en común que quizá tengan todos sus poemas es su ambición de irrumpir entre los humanos para hacerse oír con una voz oscura, compleja y también fulgurante, inmediata. Aun en sus momentos más indescifrables sentimos su vibración, nos toma de los hombros, nos convoca. El escritor Nosrat Rahmani lo resumió así:
Fue un hombre solitario y extraño que nos enseñó a elevar los corazones en nuestras manos y a vivir junto a nuestros poemas. Nos mostró que la poesía es un arma.
Gonzalo Sánchez-Terán

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La prensa se hace eco de la presentación de "El Libro negro de Gaza. Testimonios de un genocidio" en Zamora

Zamora escucha la voz de Gaza con 17 jóvenes que relatan su miedo y rutina diaria en un libro

Gonzalo Delgado presentó ayer en el Palacio de la Alhóndiga "El libro negro de Gaza", un diario desde dentro de la franja que muestra cómo la vida persiste en medio del genocidio. Entre los testimonios, impacta especialmente la historia de una niña que recibe su primera menstruación huérfana de madre: su padre no sabe cómo explicarle lo que le sucede, y ella teme que su sangre sea un efecto de la guerra. Este instante resume la rutina en Gaza: sobrevivir, amar, cuidar y crecer en medio del conflicto

Silvia Fernández | Zamora News | 13/mar/26

En un punto sin determinar de Gaza, una niña recibe su primera menstruación. No hay madre a quien acudir: la ha perdido en la guerra. Su padre, desconcertado, no sabe cómo explicarle lo que está ocurriendo, y ella cree que su sangrado tiene que ver con los bombardeos que sacuden su ciudad, no con su propio cuerpo. Este instante —intimidad y trauma entrelazados— resume la cotidianidad de la franja: un día a día donde lo normal y lo extraordinario conviven a cada instante.

El Libro negro en La Alhóndiga de Zamora en Zamora News
El Libro negro en La Alhóndiga de Zamora.

Ayer, en el Palacio de la Alhóndiga de Zamora, Gonzalo Delgado presentó El libro negro de Gaza, editado por Inmaculada Jiménez Morell de Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, con la colaboración de la librería Robespierre de Pozoantiguo. La obra reúne los testimonios de 17 jóvenes palestinos de entre 19 y 31 años que relatan su vida diaria en medio del genocidio: cómo desayunan lo que pueden, lavan ropa con agua limitada, juegan con sus hermanos, se enamoran y sobreviven a los bombardeos. Cada gesto cotidiano es, en Gaza, un acto de resistencia.

Durante la presentación se proyectaron dos vídeos que profundizan en esta realidad. Uno de ellos, realizado por una estudiante de medicina, muestra la vida de quienes intentan mantenerse sanos en un entorno asediado; el otro, grabado por un joven gazatí que trabaja con músicos adolescentes, y que refleja los esfuerzos de la comunidad para sostener la educación, el ocio y la creatividad en medio de la violencia. Ambos vídeos contaron con voz en castellano del propio autor, que acompañaba los relatos con un tono cercano y emotivo, multiplicando la sensación de inmersión en la franja.

 

Entre los relatos más conmovedores se encuentran historias de maternidad y esperanza. Mujeres que deciden traer vida al mundo pese al hambre, pese a la escasez de medicinas y alimentos, pese a saber que su entorno amenaza la supervivencia de sus hijos. Para ellos, la existencia es un acto de reivindicación: dar vida en Gaza es resistir.

La privación es constante. Muchos viven con hortalizas cultivadas en pequeños patios o azoteas, y con la ayuda mínima que logran recibir de organizaciones internacionales. En los meses más duros, algunos autores relatan haber sobrevivido únicamente con lentejas, la ración mínima que les permite mantenerse con vida mientras las bombas caen sobre sus calles.

El libro también da voz a la juventud que, a pesar de la presión y el miedo, conserva capacidad de asombro, amor y amistad. Se leen cartas de despedida a una amiga fallecida en un bombardeo, historias de enamoramientos robados entre ataques y conversaciones sobre esperanzas imposibles, pero necesarias. No hay odio en sus palabras, sino rabia y desamparo frente a un mundo que mira hacia otro lado.

 

Cada página de El libro negro de Gaza permite acompañar a estos jóvenes en su rutina: levantarse con la incertidumbre de si ese será el último día, caminar por calles devastadas, descubrir la primera menstruación, sentir el primer amor, atender a un hermano pequeño. Es una mirada 360 grados a la vida en guerra, donde lo banal y lo terrible coexisten, donde cada gesto cotidiano es una hazaña silenciosa.

El proyecto forma parte de un ciclo de conferencias sobre Palestina, con libros que buscan acercar la realidad de Gaza desde dentro, no desde la distancia de los titulares. Con relatos que mezclan la violencia, la esperanza y la vida diaria, este diario colectivo genera empatía y permite al lector sentir la guerra como la sienten quienes la viven: con miedo, con fuerza, con humanidad.

Artículo completo en Zamora News 

 

Gonzalo Delgado, escritor y periodista: "Mucha gente se enfrenta a cierta quiebra moral tras leer testimonios de gazatíes"

El periodista Gonzalo Delgado Meana explora en su libro la fusión del relato y el periodismo a través de las historias de jóvenes gazatíes, creando un diario del genocidio con perspectiva subjetiva

Alejandra Bonel García | La Opinión El Correo de Zamora | 14 MAR 2026

El periodista Gonzalo Delgado durante el acto celebrado en Zamora - VÍCTOR GARRIDO
El periodista Gonzalo Delgado durante el acto celebrado en Zamora - VÍCTOR GARRIDO

Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense, Gonzalo Delgado Meana trabaja actualmente como consultor de comunicación, una profesión que compagina con un proyecto independiente de exploración de la región de Oriente Próximo: "He estado en Egipto, en Palestina, en Siria, en Irak, en el Líbano, en el norte de África, etc. Lugares en los que he tenido mucha conexión tanto física como literaria, y en los que he podido profundizar mucho en la disincronía literaria de cada país", detalla.

Como parte de su proyecto ha participado dentro del ciclo de conferencias sobre Palestina en el salón de actos de La Alhóndiga, en Zamora. A través de su intervención, el periodista presentó su libro "El libro negro de Gaza", subtitulado como "Testimonios de un genocidio", a través del cual incluye narraciones creadas por jóvenes gazatíes que expresan "la barbarie a la que está sometida la población".

En su libro habla de Gaza a través de testimonios de jóvenes gazatíes. ¿Esta es una forma de renunciar a la voz del periodista o de reconocer sus límites?

Es complejo, porque además, en conversaciones sobre el libro me estoy dando cuenta de que los palestinos han creado un género literario propio. Están fusionando características literarias como el relato, con características periodísticas. El resultado es la creación de historias que se encuentran en el medio de ambos puntos, ya que a través del periodismo se narra una realidad en la que se tienen en cuenta las cifras, pero, por otro lado, se permiten ser más subjetivos al meter un componente emocional. Además, poder contarlo desde una perspectiva subjetiva confiere al libro cierta naturaleza de diario del genocidio.

Cuando se escribe sobre una guerra, ¿dónde está la línea entre dar voz a las víctimas y convertir su sufrimiento en relato?

Creo que es importante no banalizar con el sufrimiento, pero, en este caso son ellos mismos los que abordan el discurso, yo simplemente les coordino.

¿Cómo conoció a estos jóvenes?

Gracias a una persona a la que seguía desde hacía tiempo en redes sociales pude ponerme en contacto con tres de ellos. Conforme fuimos trabajando empezaron a traer a amigos con los que compartían su experiencia y que querían poner su granito de arena al proyecto. Poco a poco se fue creando una comunidad, y cuando eso ocurrió yo también la fui moviendo a través de redes sociales. Eso sí, todo el proyecto hemos tenido que realizarlo telemáticamente, ya que ellos han estado en Gaza durante toda la elaboración del libro.

En su experiencia, ¿qué es más difícil, acceder a la información en un conflicto o hacer que la gente quiera escucharla?

Sin duda, que la gente quiera escucharla. Recabar la información ha sido muy difícil dadas las circunstancias en la que hemos tenido que trabajar: las limitaciones tecnológicas, los cortes de Internet que se les imponen de vez en cuando, la hambruna que hizo que mucha gente dejase de escribir durante una temporada, etc. Pero que la gente quiera escuchar estas historias es lo más complicado.

¿Cree que en Europa el genocidio palestino se ha convertido más en un símbolo político que en una realidad humana concreta?

Sí. Hay una gran parte de la sociedad que lo ve así, como si entrase en un dogma identitario en el que te tienes que posicionar sin llegar a entender muy bien por qué. De hecho, sí que se ve que mucha gente que se encuentra en esa posición, cuando lee o ve testimonios como los del libro, se enfrenta a cierta quiebra moral. En Europa es una cuestión fundamental y los propios palestinos en el libro lo dicen, hay un artículo que habla exactamente sobre eso.

¿Cree que hoy el periodismo sobre conflictos está condicionado más por la geopolítica o por las emociones del público?

La geopolítica. Al final las emociones son una respuesta, una consecuencia. La geopolítica es la causa.

Si mañana se acabara la guerra en Gaza, ¿qué cree que seguiríamos sin entender en Occidente sobre lo que ha pasado allí?

Es una pregunta muy difícil. Pero diría que el hecho de que los palestinos son personas que quieren poder vivir en su tierra con libertad y con dignidad. Eso es lo que todavía no hemos entendido.

¿Cree que la literatura o el periodismo realmente pueden cambiar algo?

Sí. A lo mejor no tendrá un impacto inmediato y material en el presente, pero sí a futuro. Al final, en este caso, son testimonios que han encapsulado una realidad en el tiempo, y al final dentro de diez o de quince años, cuando miremos hacia atrás y veamos el genocidio con la dimensión histórica que le corresponde, esos testimonios seguirán ahí con toda su vigencia y con toda su intensidad emocional. Eso es fundamental de cara a la concienciación, a la educación y a la preservación de la memoria.

Después de escuchar tantos testimonios, ¿hubo algún momento en el que dudó de si debía publicar algunas historias?

Es cierto que algunas han sido muy duras y ha costado mucho escribirlas, pero ninguna se ha quedado fuera por ser demasiado dura.

¿Es capaz de separar su trabajo de tu vida privada? ¿Le ha cambiado personalmente escuchar estas historias?

Aunque ha sido muy difícil, sí. De hecho, cuando empezó la guerra yo acababa de tener un niño que ahora tiene dos años, y tuve una hija hace tres meses. Entonces, el proceso emocional por el que he pasado con todo esto ha sido un poco bipolar, porque, por un lado, tenía toda esta alegría, y por otro lado, tenía toda la tristeza de la situación en Gaza. Es muy complejo encontrar un equilibrio entre los dos polos.

Si pudiera sentar en una misma mesa a un joven español y a uno de los jóvenes gazatíes que aparecen en el libro, ¿qué cree que descubrirían el uno del otro?

El joven español descubriría que tiene ante sí a una persona igual a él con sus mismas ambiciones y aspiraciones. Lo mismo ocurriría con el palestino. Al final son un espejo el uno del otro.

Artículo completo en La Opinión de Zamora

 

 


Maneres de ser Palestina per O. Sylvia Oussedik Historiadora i gestora cultural especialista en cultures del Magrib

realitat | 8 de març de 2026

El tercer llibre de la col·lecció POESIA NECESSÀRIA de l’editorial Ediciones del oriente i el mediterraneo ens porta una antologia de 15 joves poetes palestines. En el pròleg que l’acompanya, Luz Gómez comença per recordar-nos que en Palestina, la poesia no és un adorn, qualsevol cosa de posar i treure, és molt més:

 

Maneras-de-ser-Palestina-979-13-990404-3-2“El poema agafa el que pot, ràpid, accidental, una idea, una escena, una frase, i la desenvolupa, a vegades amb argument, a vegades a partir d’imatges que passen a gran velocitat. L’arquitectura és fràgil, fins i tot en els poemes llargs la fragmentació domina l’estructura, que articula estrofes de difícil connexió, igual que succeeix amb la geografia mateixa de Palestina, amb els illots de l’arxipèlag Palestina, succedani de l’Estat promès”.

Dins d’aquestes maneres de ser palestines, la inclinació a la terra com a reivindicació geogràfica, personal i política persisteix com a memòria col·lectiva, com a dret al retorn per part d’aquesta jove generació de dones, filles de pares refugiats o exiliats. Però, aquestes joves dones rebutgen que la seva ser palestí, es quedi tancat en un conflicte en el qual només pot ser víctimes o milicianes i procedeixen a una reformulació del subjecte poemàtic en la dona, fortament emplaçades, no rebutgen la ironia, el sarcasme, rebutgen la conveniència i ser cronistes presoneres del sofriment i com diu la poeta Mona Musaddar, soc un ésser humà més enllà del genocidi, em nego al fet que se’m mitifiqui, se’m converteixi en un arquetip i es normalitzi la meva mort gratuïta.
Per a aquesta antologia Luz Gómez va decidir parar esment a dones nascudes després de 1977, és a dir posta intifada. Comença amb Ghada Shafii, nascuda en Acre en 1977, desapareguda poc abans que es publiqués el seu únic poemari: L’escena amaga un renillo en 1999, quan comptava vint anys. Segueix Luz Gómez amb altres poetes, algunes inèdites, unes altres han aconseguit publicar els seus poemes o s’han donat a conèixer a través d’internet.

 

Jumana-Mustafa-Maneras-de-ser-Palestina

Jumana Mustafa, nascuda a Kuwait en 1977, avui refugiada a Amman, diu: em vaig adonar que el món esperava del poeta palestí era que fos un cronista del sofriment, i que érem presoners d’això. En un fragment del seu poema Mi triple nombre, diu:

MI TRIPLE NOMBRE

Paríamos en los campos,

abonábamos la tierra con la sangre del pasrto, enterrabamos el cordón umbilical

para ligarnos a la tierra

y que aceptara nuestras dádivas.

Ahora damos a luz en hospitales

y la tierra nos sigue reclamando su sangre,

se ha tragado a nuestros padres,

nuestros maridos,

a nuestros hijos,

y no se sacia.

Somos las que inculcaron a la tierra

el gusto por la sangre, abuela,

somos las culpables.

Así lo cuenta mi abuela

así lo cuenta la historia.

 

Hind-Joudah-en-Maneras-de-ser-PalestinaEntre altres trobem també a Hind Joudah, nascuda a Gaza en 1983, per a qui la poesia són els missatges que escriu al món perquè sàpiga d’ella.

UNA POETA EN TIEMPOS DE GUERRA

¿Qué significa ser poeta en tiempos de guerra?

Significa que tienes que disculparte

y disculparte, y brindar tus disculpas,

a los árboles abrasados,

a los pájaros sin nido,

las casas arrasadas,

los socavones de las calles,

los niños lívidos antes y después de la muerte

y el rostro de las madres afligidas

¡o asesinadas!

¿Qué significa estar a salvo en tiempos de guerra?

Significa que te avergüence

tu sonrisa,

tu calor,

la ropa limpia,

el aburrimiento,

los bostezos, la taza de café,

el sueño tranquilo,

que los tuyos estén vivos,

no tener hambre,

tener agua,

que sea potable,

poder ducharte

¡y de pura chiripa seguir viva!

Ay, señor,

no quiero ser poeta en tiempos de guerra.

VUELO

Volar no tiene mucha ciencia:

tú despliega la alas al máximo,

bátelas al viento,

tendrás que correr un poco si estás en el suelo.

Pero ¡ojo!

¡Abre la jaula primero!

Hiba-Abu-Nada-en-Maneras-de-ser-Palestina

Hiba Abu Nada, nascuda en 1991 a l’Aràbia Saudita i assassinada en la franja de Gaza en 2023, poc abans de morir ens parlava d’una ciutat somiada:

UNA SEGUNDA CIUDAD 

En las alturas

estamos construyendo una segunda ciudad:

médicos sin enfermos ni heridos,

profesores que no se desgañitan en aulas abarrotadas,

familias nuevas sin dolor ni penas,

periodistas que fotografían el paraíso,

poetas que escriben del amor eterno.

Todos son de Gaza,

En el paraíso existe una nueva Gaza,

sin bloqueo,

que cobra forma ahora mismo.

 

Tanca l’antologia Batool Abu Akleen, nascuda a Gaza en 2005, qui diu que la poesia és un monstre que a vegades s’apodera d’ella i remou els seus pous de tristesa.

SI NOS INTERCAMBIÁRAMOS LOS OJOS

El miedo se me monta en la espalda,

coge las bridas

y tira fuerte.

Yo no digo ni mu,

pero él siente lo que llevo dentro.

Me azota con la fusta de piel de su anterior mula.

No lloro ni me muevo.

Se saca los ojos y los cambia con los míos.

Y juntos nos echamos a llorar.

Artículo completo en realitat

 


"Libro negro de Gaza: un viaje en directo a la vida y la muerte de los jóvenes palestinos", por Beatriz Lecumberri (El País, 2/3/26)

El-libro-negro-de-Gaza-Beatriz-Lecumberri-El-País-(2 de marzo de 2026)
Beatriz Lecumberri escribe en El País del 2 de marzo de 2026 sobre "El libro negro de Gaza", los "Testimonios de un genocidio" recogidos por el periodista Gonzalo Delgado.

 

Libro negro de Gaza: un viaje en directo a la vida y la muerte de los jóvenes palestinos

Los relatos de estudiantes, músicos, periodistas y médicos trasladan al lector a una realidad cruda y desnuda donde la vida intenta salir a flote

Beatriz Lecumberri Madrid | El País | 02 MAR 2026

 

“Se habla mucho de Gaza, pero rara vez se la escucha. El mundo ve cifras, destrucción y titulares, pero no a los jóvenes que padecen todo esto. Nuestras voces importan”. Nour Ahmed Abed responde a las preguntas de este periódico desde un café con conexión a internet en Deir el Balah, en el centro de la Franja, donde nació hace 28 años. Su voz es una de las que componen El libro negro de Gaza (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), publicado en febrero, en el que 17 jóvenes desmenuzan su forma de ver la vida en este pequeño territorio devastado por más de dos años de bombardeos israelíes que han dejado más de 70.000 muertos palestinos.

 

Cómo se huye de un hogar en cinco minutos porque lo van a bombardear, por qué seguir estudiando cuando no hay futuro a la vista, de qué sirve enamorarse en Gaza, qué se come cuando no hay absolutamente nada, quién explica a las niñas huérfanas qué es la regla, por qué la música es un refugio entre las ruinas, cómo suenan los drones israelíes sobre la tienda de campaña noche tras noche, por dónde se empieza a reconstruir, física y anímicamente una vida. Todo contado en primera persona.

 

“No somos simplemente víctimas. Somos pensadores, soñadores, escritores, amantes, estudiantes... Nuestras historias no solo hablan de muerte sino de una vida que insiste en salir adelante”, dice Ahmed.

Sus textos y respuestas en esta entrevista denotan un fuerte compromiso humanitario y una especial preocupación por el futuro de las niñas de Gaza. “Me niego a reducir mi existencia a la mera supervivencia. Ser humano es buscar un sentido, ayudar, conservar tu identidad... Recuerdo que hace unos meses fui a un punto de internet a descargar la película favorita de mis sobrinas. La vimos escuchando las bombas israelíes y subí el volumen para alejarlas de la realidad”, recuerda en la entrevista.

 

Gonzalo Delgado, periodista y editor de este libro, comenzó a contactar a jóvenes gazatíes buscando relatos cortos, escritos casi en tiempo real, con el fin de “proteger la memoria” y trasladar al lector a ese lugar y momento concretos, como ya ocurrió con crónicas escritas por ejemplo desde Sarajevo en los años noventa. “Los primeros autores trajeron a otros jóvenes estudiantes, profesores, médicos o músicos y el libro fue tomando forma”, cuenta a este periódico. “Son relatos que emergen de las ruinas, como la gente. Y nos traen la realidad al desnudo. La fuerza del libro es que es un diario real desde Gaza”, agrega.

"Son relatos que emergen de las ruinas, como la gente. Y nos traen la realidad al desnudo. La fuerza del libro es que es un diario real desde Gaza" (Gonzalo Delgado, editor).

 

“Un deber nacional”

Además de desgranar sus propias vivencias, estos jóvenes autores se convierten en narradores de las vidas de sus vecinos, amigos o de desconocidos: “En cuestión de segundos, el edificio de cinco plantas desapareció. Vi cómo Huda se precipitaba por un profundo agujero bajo mis pies. La agarré de la camiseta, tratando de rescatarla, pero se me escurrió entra las manos”, contó Hala, una chica de 18 años, a la periodista Assem al Jerjawi, recordando la muerte de su hermana.

“Malak se estremece cada vez que se cierra de golpe la puerta de un armario. Ha dejado de correr. Ya no pinta soles ni casas”, narra Ibrahim Yaghi, estudiante de Literatura inglesa en la Universidad islámica de Gaza, en un texto consagrado a la salud mental infantil.

Para Nasser Rabah, veterano poeta gazatí que sigue escribiendo desde la Franja, la escritura “ha pasado de ser un acto personal a ser un deber nacional” y estos relatos “defienden una humanidad negada y una dignidad pisoteada", considera en el prólogo del libro.

“La vida en Gaza es una realidad agotadora e implacable, a la que no he tenido más remedio que adaptarme en contra de mi voluntad”, detalla en uno de los textos Ahmed Sbaih, de 22 años, desde Ciudad de Gaza. “Escribo estas palabras sin haber probado bocado en tres días. En mi boca no entra otra cosa que agua amarga. El hambre se ha convertido en un ser que vive en mí, me devora lentamente, sin piedad”, escribe Ghaydaa al Abadsa, de 24 años, desde Jan Yunis.

En agosto de 2025, la ONU declaró la hambruna en Ciudad de Gaza y concluyó que toda la población de la Franja, más de dos millones de personas, estaba pasando hambre.

“Creo que el resultado es tan gráfico que te da la sensación de haber estado ahí y de ser un testigo invisible en el momento en que tienen que desplazarse, tienen el estómago vacío, miran al mar o hablan con los niños”, agrega Delgado.

La reconstrucción no solo significa levantar edificios sino sanar traumas, restaurar la dignidad y la confianza en el futuro. Si reparamos los muros sin reparar las almas, seguiremos rotos Nour Ahmed, abogada gazatí.

 

Poner fin a la deshumanización

 

Los jóvenes también escriben para lamentar el silencio del mundo y criticar el doble rasero que, según ellos, se usa para medir el sufrimiento de israelíes y palestinos: “Dicen que Gaza está gobernada por Hamás. Como si eso bastara para condenar a todo niño que nace allí”, dice Yaghi, lamentando, con un tono visiblemente hastiado, que cuando “representantes israelíes lanzan informaciones imposibles de verificar, el mundo las reproduce sin cuestionarlas”.

Nour Ahmed también se detiene en las complicaciones añadidas a las que se enfrentan las mujeres de la Franja. “Recuerdo que había que hacer cola y pagar para usar un baño. Durante un mes solo me bañé una vez y sin jabón. Me corté el pelo para gastar menos agua y aún conservo ese mechón. Me duele el corazón al contarte esto”, cuenta. En sus textos habla sin tabú de una niña que ha perdido a su madre y que piensa que se va a morir cuando tiene su primera menstruación porque nadie le ha explicado nada. “La muerte y el desplazamiento hace que haya niñas que se enfrenten a estos cambios solas, sin referentes y sin material higiénico. Romper este silencio también es un acto de protección”, explica.

En El libro negro de Gaza también se subraya la importancia de la educación, “una forma de supervivencia”, de “orden en medio del caos”, de “proteger a los niños recordándoles que su futuro es más amplio que esta guerra”. “Sin educación, corremos el riesgo de crear una generación moldeada solo por el trauma y la ausencia de ética y valores”, dice Ahmed.

Dicen que Gaza está gobernada por Hamás. Como si eso bastara para condenar a todo niño que nace allí (Ibrahim Yaghi, estudiante de Gaza).

 

Amira Hass, periodista y escritora israelí que ha vivido durante años en los territorios palestinos, escribe el epílogo de El libro negro de Gaza y asegura que los textos son “un testimonio de resiliencia e inventiva bajo las condiciones más terroríficas que puedan imaginarse”. “Cada relato nos muestra personas concretas, no generalizaciones o imágenes borrosas. Además, cada texto cuestiona otro cliché: el de la ‘deshumanización de los palestinos”, asegura.

La entrevista con Ahmed termina hablando del futuro y la reconstrucción. ¿Es posible? “Tengo que pensar antes de responder. ¿Puede volver la Gaza que conozco y que me conoce a mí? La reconstrucción no solo significa levantar edificios sino sanar traumas, restaurar la dignidad y la confianza en el futuro. Si reparamos los muros sin reparar las almas, seguiremos rotos. La reconstrucción debe incluir la salud mental, la educación, el empoderamiento de las mujeres y la justicia", concluye esta abogada.

Artículo completo en El País


EDICIONES DEL ORIENTE Y DEL MEDITERRÁNEO "PREMIO AMISTAD 2025 DE CASA ÁRABE"

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Agradecemos la concesión por parte del jurado del Premio Amistad 2025 de Casa Árabe y apreciamos enormemente su valoración de nuestra editorial en la justificación del premio:

"El jurado ha valorado su destacada labor en favor del conocimiento y la difusión de la cultura árabe en España, mediante la traducción y publicación de relevantes obras de autores de Oriente Medio y África del Norte, así como de reconocidos especialistas españoles y europeos en la materia, en géneros que incluyen poesía, narrativa y ensayo. Desde 1989, la editorial ha desarrollado un esfuerzo sostenido y riguroso que ha contribuido de manera significativa al fortalecimiento del entendimiento mutuo y al diálogo intercultural".


El genocidio sí tiene quien le escriba

 

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Gara | Kepa Arrizu | 22 de febrero de 2026

El arte ha demostrado a lo largo de los años que es capaz de arraigar hasta en el terreno menos óptimo para su floración. Del mismo modo, su expresión no puede, y diríamos que tampoco debe, sentirse ajena al paisaje que le rodea. Por eso, Palestina, uno de los epicentros del sufrimiento continuado durante las últimas décadas, no es solo un símbolo de resistencia, es también, a pesar del constante ruido de la hoz sionista intentando cercenar su vida, el elogiable origen de voces poéticas que, inevitablemente, nacen bajo versos de carácter trágico pero igualmente enuncian un intento por deslegitimar la rima de las bombas.

 

ESCRIBIR FRENTE A LA MUERTE

 

Publicados prácticamente en paralelo, y por lo tanto ejerciendo de amplia radiografía, “Gaza: poemas contra el genocidio” y “Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas”, son artefactos de valor artístico en sí mismos pero todavía resultan más estimables por su trascendencia humana. Sus páginas, al margen del contenido creativo, caleidoscópica herencia de una tradición que abarca de Mahmud Darwish a Fadwa Tuqan, significan la heroica determinación por exhibir un arte que se niega a esperar al futuro para que dicte sentencia; sus protagonistas escriben en presente y les va la vida en cada palabra.

 

Caprichosamente instalados por la aleatoria pirueta del destino en un lugar y un tiempo funesto, la firma de muchos de ellos quedará para la posteridad pero su descendencia literaria actual ha sido interrumpida por los colmillos de un gigante sionista que les ha arrebatado la vida. Son los casos, por ejemplo, de Salem Al-Naffar, reconocido escritor matado junto a su mujer, o Hiba Abu Nada, que conocer su fatal desenlace convierte los versos “te protejo/ con la sonrisa de los niños./ Saben cómo desviar su trayectoria,/ la del misil,/ antes de que caiga” en una estremecedora paradoja. Listado de desaparecidos a los que hay sumar el no menos extenso número de represaliados, incluyendo el paso por las cárceles del intelectual Al-Mutawakkil Taha, el paradero desconocido en el que se encuentra desde los años noventa Ghada Shafii o la desgarradora historia de Alaa Al Qatrawi, quien tuvo que esperar varios días hasta que los escombros revelaran un botín sangriento, el de sus cuatro hijos. Un mapa hecho de palabras silenciadas, cuerpos inertes o vidas enjauladas que sin embargo nunca guardarán silencio mientras haya interesados en conocer su legado.

 

Bajo este desolador paisaje la inspiración está llamada a crecer amamantada por el estruendo de las balas y los llantos, un escenario donde las mortajas y las despedidas eternas toman el protagonismo que otros rapsodas han cedido a sus ensoñaciones románticas o al bohemio existencialismo. Aquí no hay metáforas ni simbolismos, por lo que cuando Doha Kahlout escribe “La guerra se ha convertido en parte esencial de nuestras vidas, un fuego que lejos de consumirse, crepita, tozudo, en nuestro interior”, representa la realidad, al igual que la elegía funeraria de Amal Abu Assi, “llevamos nuestra patria a hombros,/ corriendo por caminos en busca de nuevos cementerios”. Palabras que no necesitan traducción ni encomendarse a ninfas o figuras retóricas, su fuerza radica precisamente en significar el lírico testimonio de una existencia en constante riesgo.

 

RETRATO DEL «AQUÍ» Y EL «AHORA»

 

Un campo de batalla cotidiano reiteradamente aludido y también señalado en cuanto a la procedencia de su naturaleza, porque lejos de designios divinos o cháchara geopolítica, Ali Al Ameri convierte sus versos en juicio rotundo hacia los instigadores: “La Casa Blanca está llena de hollines de guerra/ y condecoraciones ciegas”. Revelaciones de culpas internacionales que sin embargo siempre desembocan en ese mismo lugar que irónicamente alude Maya Abu Al-Hayat: “¿Conocéis un camino que no acabe en un asentamiento/ de colonos?”. Un relato histórico interesado que ya extiende durante demasiadas décadas su manto mortuorio sobre un territorio que resiste, también, a través de la palabra escrita, como la contenida en la clarividente rebeldía de Al-Mutawakkil Taha, que transforma su poética en sentencia: “Solo los ignorantes/ o los mercenarios de la verdad/ se abstienen de revisar con atención/ el confuso texto de la supuesta revelación”.

 

Al igual que el grito popular contra la masacre israelí se ha escuchado en ciudades de todo el mundo, son muchas también las firmas que, sin eludir su compromiso particular, han logrado que su verbo se internacionalice. Mosab Abu Toha, quien ha logrado incluso el entorchado del premio Pulitzer, y Maryam Qawsh han recogido reconocimientos artísticos desde múltiples lugares del mapa, mientras que la obra de Nasser Rabah ha podido ser degustada en variados idiomas. Logros que más allá de servir como regocijo profesional, suponen que sus instantáneas de un territorio asediado golpeen en la conciencia lejos de sus fronteras.

 

VIVIR EL PRESENTE; SOÑAR EL FUTURO

 

Si importante es la labor de los involuntarios notarios poéticos del presente, papel a veces supeditado al comprensible y dramático enquistamiento creativo que ha reconocido sufrir Samar Abd Al-Jaber, incapaz de trasladar lo observado a papel, tampoco es desdeñable quienes alargan su mirada al día después, a la huella de un genocidio sobre el que Mona Musaddar recapitulará: “Le pediré a mi padre que cuente los olivos que han salvado/ de las excavadoras de la desolación”. Un horizonte repleto en la actualidad de humo que la activista multidisciplinar Dareen Tatour está dispuesta a atravesar: “Seguiré soñando mientras viva/ tanto como quiera y pueda”.

 

Y es que el futuro siempre termina siendo una conjugación del presente, por eso conviene ponderar como se merece a quienes, al ejercicio de supervivencia en el que se ha convertido la existencia en Palestina, añaden la necesidad de exportar esa situación al ámbito literario. Son voces que, recogidas encomiablemente en este par de libros, suman a su condición de sufridores habitantes la de “reporteros líricos” del asfixiante entorno padecido. Una tarea sobre la que Hind Joudah exclama, “Ay, Señor,/ no quiero ser poeta en tiempo de guerra”, porque al igual que a otras tantas, nadie les preguntó si querían nacer entre las fauces de una insaciable fiera ni pudieron escoger otro destino que no fuera traducir a palabras la barbarie. Por eso, aunque tampoco lo hayamos elegido, debemos aceptar la responsabilidad de ser lectores en tiempo de guerra, olvidar nuestra condición de testigos mudos y proceder a salvar a la Historia.

VOCES

Palestina no es solo un símbolo de resistencia; es el elogiable origen de voces poéticas.

REALIDAD

Aquí no hay metáforas ni simbolismos, por lo que cuando Doha Kahlout escribe «La guerra se ha convertido en parte esencial de nuestras vidas, un fuego que lejos de consumirse, crepita, tozudo, en nuestro interior», representa la realidad.


Mohamed-Safa-Gaza-un-genocidio-televisado-La-Región

Mohamed Safa: “Lo que ocurre en Gaza no es solo una tragedia, es el mayor derrumbe moral de nuestro tiempo”

 

Mohamed Safa: “Lo que ocurre en Gaza no es solo una tragedia, es el mayor derrumbe moral de nuestro tiempo”

 

ENTREVISTA

El oftalmólogo palestino, afincado en Galicia, es analista político y una de las voces más firmes en la defensa de los derechos del pueblo palestino

Almudena Iglesias | La Región | 2 de febrero de 2026

 

Nacido en Nablus en 1956 y formado en la Universidad de Santiago de Compostela, Mohamed Safa ha sido delegado del Frente de Liberación Palestina y autor de numerosos ensayos. Desde una mirada profundamente humanista, reflexiona para La Región Internacional sobre identidad, inmigración, ciudadanía, Gaza, el derecho internacional y la responsabilidad de una comunidad internacional que asiste en directo al sufrimiento de un pueblo.

 

Usted se define como palestino de nacimiento, árabe de cultura y gallego de vida. ¿Cómo se construye una identidad así?

Yo siempre digo que las identidades no son compartimentos estancos ni algo que uno elige una vez y ya está. Las identidades se van formando a lo largo de la vida biológica. Vamos adquiriendo elementos. Yo soy palestino de nacimiento, soy árabe de cultura y de lengua, pero también soy asturiano y soy gallego, porque vine aquí muy joven, aprendí vuestra cultura, vuestras lenguas, me integré y formo parte de esta sociedad. Muchas veces me preguntan: ‘¿con cuál te quedas?’. Yo no voy a renunciar a ninguno de los elementos de identidad que he ido adquiriendo. Al contrario, uno va aprendiendo, se va enriqueciendo y va formando parte de la sociedad en la que vive.

 

En Europa avanzan discursos xenófobos que criminalizan la inmigración. ¿Qué le preocupa especialmente de ese clima?

 

Me preocupa muchísimo porque es un discurso profundamente injusto y además falso. Hay una ola de extrema derecha que no es consciente de que las sociedades que más han crecido, que más se han desarrollado, son precisamente las que han sabido acoger a los emigrantes. Aquí hay una necesidad mutua. Muchas veces se habla solo de la necesidad del emigrante, pero no se habla de la necesidad de la sociedad receptora. Ninguna sociedad se empobreció ni entró en crisis por culpa de la inmigración. Al contrario, las sociedades que integraron crecieron económica, cultural y humanamente.

 

¿Dónde cree que está el fallo cuando la integración no funciona?

 

La clave es la ciudadanía. La ciudadanía no es un papel, es una condición. Significa que tienes derechos, pero también deberes, independientemente de dónde naciste o de la religión que practiques. Yo cuando llegué a España lo que más me obsesionó fue formar parte de esta sociedad, ser uno más. Sin renunciar a mi condición palestina, pero siendo ciudadano. Hoy lo que tenemos que enseñar a nuestros hijos no son banderas ni himnos, sino valores. La esencia del ciudadano es la igualdad, la libertad y la solidaridad.

 

Gaza-un-genocidio-televisado-Mohamed-SafaUsted habla de ‘genocidio televisado’ para referirse a Gaza ¿Por qué utiliza ese término?

 

Porque lo que ha pasado en la Franja de Gaza ha roto todos los esquemas mentales que teníamos. Siempre se pensó que los crímenes masivos se cometían en la oscuridad, en poco tiempo, intentando ocultarlos. Aquí ocurre todo lo contrario. Estamos viendo un genocidio que dura años, que se retransmite todos los días y que el ejecutor no disimula. Nos ha dejado una franja completamente arrasada. Y lo más grave es que no es un genocidio huérfano.

 

¿Qué quiere decir con ‘no huérfano’?

 

Que no solo hay un ejecutor directo, sino muchos responsables indirectos. Hay países que han financiado, armado y respaldado políticamente este crimen. Hay empresas que han hecho el mayor negocio de su historia suministrando armas. Mientras la sociedad civil pedía boicot, las exportaciones crecían. Esto no tiene precedentes.

 

¿Qué impacto tiene que todo esto sea visible para todo el mundo?

 

Antes pensábamos que visibilizar un crimen era una protección moral, que al verlo reaccionaríamos. Hoy sabemos que no. El ciudadano de Gaza sabe que va a ser asesinado, sabe que todo el mundo lo está viendo y sabe que no se va a evitar. Eso es devastador. Es un cambio brutal. Para mí es un derrumbe moral de toda la humanidad.

 

¿Cree que nos hemos acostumbrado al horror?

 

Sí. Hemos pasado de preguntarnos ‘¿cómo pudo pasar aquello?’ a convertirnos en una sociedad de espectadores. Vemos el crimen, lo consumimos como una noticia más y seguimos adelante. Eso es lo que más me preocupa, no solo como palestino, sino como ciudadano del mundo.

 

¿Qué papel juega hoy el derecho internacional?

 

El derecho internacional está en declive. Se habla mucho de él, pero en la práctica está vinculado a la fuerza, no a la justicia. Hoy el mundo no está dividido por ideologías, está dividido entre fuertes y débiles. El derecho internacional protege al fuerte. Hay un refrán británico que dice ‘might is right’, la fuerza es la razón, y eso es exactamente lo que está pasando.

 

¿Estamos ante un nuevo orden mundial?

 

Sí, y es muy peligroso. Se rompe la soberanía de los Estados, se actúa al margen de los organismos internacionales y se normaliza la imposición por la fuerza. Esto no afecta solo a Palestina. Marca el mundo que viene.

 

Ante treguas y planes de reconstrucción, ¿existe una salida real para Gaza?

 

Ahora mismo lo único prioritario para los palestinos es no ser asesinados y mantenerse en su tierra. El mayor sacrificio hoy de un palestino es quedarse en Palestina. La mayor resistencia es permanecer. Se ha querido convertir una causa de liberación nacional en una simple crisis de estabilidad, y eso es una forma de borrar nuestros derechos.

 

¿Gaza seguirá siendo Palestina?

 

Si observo el panorama político soy pesimista, porque la fuerza está en contra nuestra. Pero soy optimista porque milito en una causa justa. Las causas justas no se pierden, tardan. Los pueblos que no pierden la memoria pueden tardar décadas, pero acaban recuperando sus derechos.

 

La memoria es central en su discurso ¿Por qué?

 

Porque la memoria es derecho, es historia y es dignidad. Un pueblo sin memoria desaparece. Nosotros conservamos la memoria como una llave. Esa llave simboliza que no renunciamos a volver, que no renunciamos a la justicia. Los pueblos que no pierden la memoria pueden sufrir mucho, pero no desaparecen.

 

Para terminar, ¿qué mensaje lanza a quien observa este conflicto desde la distancia?

 

Que no es solo una tragedia palestina. Es una prueba moral para toda la humanidad. Lo que hoy se acepta con normalidad marcará el mundo en el que viviremos mañana. Si aceptamos que unas vidas valen menos que otras, todos estamos en peligro.

Artículo completo en La Región


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