Nayi al-Ali: la mirada del artista

Teresa Aranguren
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  • La ingente obra del creador de Handala apenas es conocida en Europa. Ediciones de Oriente y el Mediterráneo saca ahora a la luz una amplia selección sus viñetas
  • El artista árabe, uno de los grandes del siglo pasado, murió de un disparo en la nuca en un atentado nunca reivindicado, nunca esclarecido, en Londres. Lejos de Palestina

 

La figura de un niño con la cabeza gacha, las manos entrelazadas a la espalda y cuatro pelos tiesos en lo alto de su cocorota asoma entre los escombros de las casas demolidas, atraviesa las alambradas, trepa por el muro de cemento que rodea barrios, pueblos, vidas. Es, como la kufiya de cuadros blancos y negros, el símbolo más internacional de Palestina. O más exactamente de la resistencia palestina.

Se llama Handala, que es el nombre de una planta dura y resistente que crece en lucha contra las inclemencias del tiempo. Tiene diez años, la edad que tenía su creador cuando, junto a su familia, los vecinos de su pueblo y tantos de sus paisanos, fue expulsado de su tierra, perdió su mundo, los paisajes de su infancia y se convirtió en refugiado. Nayi al-Ali nació en el norte de Palestina, en la región de Galilea, en una aldea de nombre Asshayara, que en árabe significa el árbol, porque dice la leyenda que Jesús, el galileo, en una de sus caminatas de predicador por esas tierras, buscó cobijo a la sombra del frondoso árbol que dio nombre a la aldea. Pero ya no hay aldea con ese nombre. Asshayara ya no figura en los mapas israelíes.

Nayi al-Ali creció en el campamento de refugiados de Ain el-Helwe, en el sur de Líbano. Allí se hizo hombre y se definió como artista. Sus primeros dibujos los hizo en los muros del campamento. "Handala siempre tendrá diez años, no crecerá hasta que no pueda volver a Palestina", dijo en una entrevista a finales de los setenta, cuando ya era un dibujante famoso en todo el mundo árabe y su viñeta de Handala empezaba a convertirse en símbolo.

Un niño cabizbajo y con los pies descalzos nos da la espalda, casi como un reproche, quizá porque no miramos lo que él mira, porque no vemos lo que él ve. Y lo que el niño Handala ve, es lo que el artista Nayi al-Ali dibuja: el paisaje de una Palestina despojada y resistente. Campos erizados de espinas, ciudades bombardeadas, padres que cargan en sus brazos el cuerpo inerte del hijo, una maceta que crece entre los barrotes de la cárcel, una mujer que acoge en su regazo al fedai herido… Como la imagen de una pietà.

Hay muchos símbolos cristianos en la obra de Nayi al-Ali: Cristo con la kufiya o con la llave del retorno al cuello, el crucificado que desclava una pierna para asestar una patada al soldado israelí, dos mujeres abrazadas, una con una cruz, la otra con un pequeño Corán, como colgantes. Casi siempre, allí donde aparece una cruz asoma también la media luna islámica. Son símbolos religiosos, pero su sentido, aunque parezca contradictorio, es laico, lo cristiano forma parte de la identidad pluriconfesional de la sociedad palestina y hacerlo visible recalca el carácter nacional, no confesional, no islamista, de su lucha.

Lo propio de un artista no es inventar sino mirar más hondo y más largo. Y ver. Ver aquello que estaba ahí esperando ser visto, ser expresado, dicho, cantado, tallado, dibujado. Y nombrado al fin. El artista pone nombre a lo innombrado y nos lo muestra, nos obliga a mirar. Como las viñetas de Nayi al-Ali nos obligan a mirar lo que ocurre en Palestina. Sin excusas, directamente, a pecho descubierto.

Nayi al-Ali, uno de los grandes artistas árabes del siglo pasado, murió de un disparo en la nuca en un atentado nunca reivindicado, nunca esclarecido, en Londres. Lejos de Palestina. Era el año 1987. Desde entonces el influjo de su obra ha ido creciendo hasta convertirse en referente fundamental de la lucha por la justicia en todo el mundo árabe. Y creo que no hay familia palestina que no tenga en algún rincón de su casa un llavero, un cartel, un colgante, una camiseta, un muñeco con la imagen de Handala.

Aun así, la ingente obra de Nayi al-Ali, más allá de su viñeta del niño Handala, apenas es conocida en Europa y particularmente en España. Por eso es muy de agradecer que los responsables de Ediciones de Oriente y el Mediterráneo, siempre atentos a lo que ocurre al otro lado del mar que llamamos nuestro, haya sacado a la luz una amplia selección de las más de 12.000 viñetas que el artista dibujó a lo largo de su vida. El libro Palestina. Arte y resistencia en Nayi al-Ali es una bellísima y estremecedora muestra de la obra de un artista comprometido hasta la médula con su pueblo. Sus dibujos nos obligan a mirar la atroz realidad que sufrió y sufre Palestina. Nos obligan a mirar. Y a ver.

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Y hoy, domingo 17 de enero, en el programa Mediterráneo que conduce Pilar Sampietro, entrevista con Teresa Aranguren sobre la figura de Nayi al-Ali y las claves para comprender a Handala: Handala en Palestina. Arte y Resistencia


El artista palestino que dibujó un niño para dibujar la humanidad

Un libro reúne centenares de dibujos del artista palestino Nayi al-Ali, asesinado en Londres en 1987 y creador de Handala, un niño de 10 años símbolo de la resistencia palestina.

 

Olga Rodríguez

El célebre autor de cómics Joe Sacco dice de Nayi Al-Ali que "sigue siendo un héroe en el mundo árabe, en particular para los palestinos, que pronuncian su nombre con la misma ternura con la que mencionan a sus grandes poetas". Ahora el libro Palestina. Arte y resistencia en Nayi Al-Ali, publicado en España por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, recoge sus viñetas más célebres, sus pensamientos y su historia, interrumpida violentamente por su asesinato en 1987.

"Me enfrentaba a ejércitos con caricaturas y dibujos de flores, esperanza y balas", dijo Nayi Al-Ali en una ocasión sobre su trabajo como dibujante. Nacido en la aldea palestina de Ash-Shayara en 1936 y expulsado de ella por la ocupación israelí cuando aún era un niño, Al-Ali supo bien lo que significa ser un refugiado de por vida.

 

Creció en un campo de refugiados en Líbano, donde pintaba en muros y paredes, hasta que el escritor Ghassan Kanafani, figura de renombre en el campo literario y en el activismo político, lo descubrió en una visita al campo para dar una conferencia. Desde entonces Al-Ali dibujó para diferentes periódicos árabes, pasó por varios países y terminó instalándose en Londres, donde alcanzó celebridad sin abandonar nunca su voluntad de visibilizar las injusticias a través de sus dibujos.

Posiblemente no hay nadie en Oriente Próximo que no sepa quién es Al-Ali y que no conozca su creación más célebre, Handala, un niño de 10 años representado casi siempre de espaldas, observando lo que ocurre en la viñeta, invitando a los lectores a mirar, a no permanecer indiferentes. Handala es hoy en día una figura tatuada en miles de pieles de jóvenes árabes, grafiti en muros y paredes, dibujo en libros y pósteres, manteniendo viva la memoria de su autor, asesinado en Londres en 1987.

"Nayi Al-Ali representa el sentimiento de dolor, impotencia e injusticia que creo que todo palestino lleva en su interior, el sentimiento de que el mundo les ha abandonado, de que no les escucha", relata a elDiario.es la periodista Teresa Aranguren, experta en Palestina, quien ha escrito un capítulo del libro Palestina. Arte y resistencia en Nayi Al-Ali.

Al-Ali es conocido en el mundo árabe por sus viñetas ácidas y por su crítica no solo a la ocupación israelí, sino también a los jeques del petróleo aliados de Washington, a los regímenes árabes, los poderes económicos, la burguesía palestina y la corrupción de algunos dirigentes palestinos, incluidos funcionarios de la Organización para la Liberación de Palestina.

"Fue capaz de dibujar el sentimiento de dolor del pueblo palestino, a veces también de ira, de rabia e indignación", explica Aranguren. "Con los años su niño Handala se convirtió, sin que su creador lo buscara, en un símbolo de la resistencia. No hay apenas nadie en el mundo árabe que no sepa quién es ese niño que todo lo ve".

"Handala mira el inagotable sufrimiento, sobre todo de las personas refugiadas palestinas. Hay que recordar que su autor fue un refugiado desde que tuvo que exiliarse de su tierra, expulsado de su propia aldea", rememora Aranguren.

El mismo Al-Ali contó que creó a Handala en la época en la que vivía en Kuwait como una defensa contra aquella sociedad consumista en la que vivía, y lo definió como "un niño que no es guapo, con el pelo como un erizo, a sabiendas de que el erizo usa sus púas como arma. No es un niño gordo, mimado y acomodado. Es uno de esos niños descalzos del campamento, que me protege de los excesos y de los errores".

En alguna ocasión explicó que había elegido a un niño porque la infancia es el símbolo de la sinceridad, de la inocencia y la verdad: "Es la conciencia que no está dispuesta a ceder. No pierde nada porque es pobre, trabajador y desposeído". El nombre de Handala procede de handal, una planta trepadora con propiedades purgantes que crece en el desierto. Ese niño de diez años, tan solo un poco más pequeño que su autor cuando tuvo que exiliarse, es su alter ego y representa la resiliencia, la conciencia de la verdad, la innegociable dignidad de un pueblo que sufre la ocupación y la discriminación. Al-Ali siempre decía que Handala solo crecería cuando regresase a su tierra.

El dibujante palestino se definía a sí mismo como un "realista alineado con los pobres". Su tierra y su pueblo estuvieron en el centro de sus viñetas, pero con sus denuncias pretendía visibilizar todas las injusticias del planeta. Tuvo la voluntad de ser azote de las clases dirigentes y voz de las personas oprimidas. Para ello denunció la ocupación, el sectarismo religioso, la corrupción, los abusos contra los derechos humanos y el expolio de los recursos naturales. La revista Time dijo de él que "dibuja con huesos humanos", y el diario japonés Asahi lo definió como un artista que "dibuja con ácido sulfúrico".

Sufrió no solo la expulsión de su tierra y la destrucción de la aldea en la que nació -que ya no existe, fue derribada el 1 de mayo de 1948 por fuerzas de la Haganah, milicia sionista y embrión del ejército israelí- sino también la pérdida de personas muy queridas, como su propio mentor y descubridor, el escritor Kanafani, quien murió en 1972 en un atentado con coche bomba perpetrado y reivindicado por los servicios secretos israelíes. En el ataque también murió la sobrina de Kanafani, con 17 años.

El mismo Al-Ali tenía demasiados enemigos "para un artista armado tan solo con un lápiz y un cuaderno". "Nunca fue hombre de partido y, aunque simpatizaba con el Frente de Liberación de Palestina, el grupo marxista y panarabista fundado por el médico cristiano George Habash en 1967, nunca se sometió a disciplina alguna de partido. Quería simplemente expresar el dolor, la amargura, la valentía, el desamparo de los suyos. Y su inquebrantable fortaleza", señala Aranguren.

El 22 de julio de 1987, en Londres, un hombre se le acercó por detrás y le disparó a bocajarro en la cabeza. Ocurrió a las puertas del diario Al-Qabas International, en el que trabajaba. Tras casi cinco semanas en coma, murió el 29 de agosto de ese año en un hospital de la capital británica. La policía inglesa arrestó a Ismail Sowan, quien confesó que había estado trabajando tanto para la OLP como para el servicio de espionaje israelí Mossad. Fue acusado de posesión de armas y explosivos pero no de asesinato, porque no se encontraron pruebas contra él.

Un segundo sospechoso arrestado por Scotland Yard también confesó ser un agente doble. En 2017, 30 años después del asesinato, la policía de Reino Unido reabrió la investigación y desveló que Al-Ali había recibido varias amenazas de muerte en los años que precedieron a su asesinato. [...]

Artículo completo en diario.es


Homenaje internacional al poeta Adonis y sus nueve décadas de lucidez y visión

Adonis fotografiado por Inma Flores en enero de 2019 en Casa Árabe

El escritor sirio cumple este 1 de enero 91 años y 150 personalidades de todo el mundo lo celebran enviándole sentidos mensajes por vídeo

Silvia Ayuso El País, 12 de enero de 2021

Adonis, el poeta sirio de mirada universal, recibió el que acabó siendo un infausto 2020 celebrando sus 90 años, lo que no le impidió los últimos 12 meses seguir analizando con su mirada de poeta el mundo que lleva diseccionando toda su vida. Y no le ha faltado en qué reflexionar: laico convencido, vio cómo en el año recién terminado volvían a aflorar incluso en Francia, el país que ha hecho suyo desde que tuviera que exiliarse en 1985 huyendo primero de su Siria natal y de la guerra civil en Líbano después, los extremismos que siempre ha combatido. También tuvo tiempo para diseccionar la aparición de una amenaza invisible e inesperada, el coronavirus, que ponía una vez más patas arriba un mundo que él ha visto convulsionarse con anterioridad durante su larga vida.

El año 2021 permitirá a muchos pasar página. A los amigos y admiradores del autor de Epitafio para Nueva York —artistas, intelectuales, activistas y personalidades de todo el mundo— les ha proporcionado una excusa para, con motivo de su 91 cumpleaños, que el poeta celebra este 1 de enero, realizarle un homenaje único: desde los Nobel de Literatura Peter Handke o Mo Yan, el escritor angloindio Salman Rushdie, el artista chino Ai Weiwei o el español Miquel Barceló, todos han querido enviar un vídeo personal para celebrar, como dice su sobrino-nieto y traductor, Yafaar Aluni, “la energía que tiene la voz poética de Adonis”.

Son en total 150 personalidades e instituciones de todo el planeta. Una muestra más, si hiciera falta, de la universalidad de un poeta que, como dicen los cerebros detrás de la idea, su hija Arwad Esber y el filósofo y crítico de arte francés Donatien Grau, permite reflexionar sobre “la función de la poesía, la confianza en la humanidad en su máxima expresión, el papel del pasado y de la modernidad”.

“Lo que me ha impactado es el nivel de implicación de todos, hay una forma de compromiso muy fuerte y eso se debe a Adonis, que es una figura de poeta como no existe ya hoy en día, es una persona que ha transformado vidas en todo el mundo”, explicó Grau en conversación telefónica el jueves 31, el mismo día en que se lanzó la página Adonis a los 90. Allí están todos los vídeos que el propio Alí Ahmad Said Esber, nombre real del poeta nacido el 1 de enero de 1930 en la localidad siria de Qasabin, pudo ver por primera vez a lo largo de la última jornada de 2020, según contó su hija a EL PAÍS.

Hay mensajes sencillos de felicitación, pero también coreografías, lectura de poemas —propios o ajenos— o hasta una pintura dedicada, como la que le ofrece Barceló. “Eso es lo asombroso de Adonis, es alguien que tiene una presencia mundial, está en China —ahí está el Nobel de Literatura MoYan o Ai Weiwei—, está en el mundo árabe, en América Latina, en Oceanía… lo asombroso es ver su presencia en todo el mundo”, se maravilla Grau, que rechaza la idea de homenaje y prefiere hablar de una celebración. “Un homenaje es marcar algo que ha acabado. Y esto no es eso para nada, lo que todos los participantes hacen es manifestar la vida, la importancia en la vida de la obra de Adonis y del propio Adonis, su presencia entre nosotros”, subraya. “La idea sobre todo es decir gracias a Adonis por esa trayectoria poética a lo largo de 60 años de creación y decir que la poesía lo vale todo, que la palabra poética es capaz de vencer todas las barbaridades que vivimos. Hoy en día, en este mundo tan separado que vivimos, hace falta valorar algo divino como la poesía”, coincide el sobrino-nieto del poeta, promotor en España de Banipal, “la revista de literatura árabe moderna”.

Mon cher Adonis”, le dice un emocionado Salman Rushdie en su mensaje. “Tantos de nosotros hemos admirado la brillantez de tu poesía, tus principios, tu valor. Sigue haciéndolo, amigo”, le anima. “Eres un poeta extraordinario y un hombre de integridad y calidad excepcional”, le dice por su parte el filósofo francés Edgar Morin. El escritor y director franco-chileno Alejandro Jodorowsky celebra por su parte la “gota pura que limpia todo el océano” de la humanidad que supone la poesía de Adonis en este “periodo oscuro de la historia humana”. “Gracias por todo lo que nos has dado todos estos años, con tu poesía (…) y con tu vida y tu valor. Gracias por la verdad que nos has dado todos los días”, agradece la cubana Zoé Valdés, mientras que un casi tímido Ai Weiwei se presenta: “Soy un artista chino, puede que no me conozcas y estés recibiendo una felicitación de un extraño (…) pero mi padre es poeta, por lo que siempre he pensado que todos los poetas del mundo pertenecen a una misma nación de belleza e ideología, una nación sin fronteras”, le cuenta. [...]

Artículo completo en El País, 12 de enero de 2021


BAAM: Biblioteca Afro Americana Madrid

Hoy os presentamos la colección BAAM (Biblioteca Afro Americana Madrid) dirigida por José Luis Gallero y Mireia Sentís. Los cuatro primeros títulos fueron publicados por La Oficina, pero desde 2014 acogimos la colección en nuestra editorial.
Los títulos publicados son: 1, James Yeates, De Misisipi a Madrid: Memorias de un afroamericano de la Brigada Lincoln, con una Introducción de Mireia Sentís y traducido por Dídac Larriaga (2011); 2, Langston Hughes, Escritos sobre España (1937-1956), con un Prólogo y notas de Maribel Cruzado Soria y traducido por Javier Lucini (2011); 3, June Jordan, Dificultades técnicas: Ensayos políticos (1986-1992), con un Prólogo de Angela Y. Davis y traducido por Juana María Furió y Mireia Sentís (2012); 4, Ishmael Reed, Trapos sucios, con Introducción de Mireia Sentís y traducido por Javier Lucini (2012); 5, Jean Toomer, Caña, con una Presentación de Darwin T. Turner y Epílogo, notas y traducción de Maribel Cruzado Soria (2014); 6, David Levering Lewis, Cuando Harlem estaba de moda, traducido por Javier Lucini (2014); 7, Elaine Brown, Una cata de poder, traducido por Javier Lucini (2015); 8, Angela Davis, Una historia de la conciencia: Ensayos escogidos, Selección e Introducción de Mireia Sentís, traducción de Inga Pellisa (2016); 9, William Wells Brown, Clotel o la hija del Presidente: Relato de la vida en esclavitud en los Estados Unidos de América, Prólogo de Mireia Sentís, traducción y notas de Pilar Vázquez (2017); 10, Mireia Sentís (ed.), Cuerpo político negro, traducido por María Enguix y Malika Embarek y publicado en coedición con el Centro de Arte 2 de mayo, CA2M (2017); 11, Debra J. Dickerson, El final de la negritud, traducido por Isabela Herranz (2018); 12, Toni Morrison, Jugando en la oscuridad: El punto de vista blanco en la imaginación literaria, Traducción y Notas de Pilar Vázquez (2019); 13, Jesmyn Ward (ed.), Esta vez el fuego: Una nueva generación habla de la raza, traducido por María Enguix (2020).


En el 90 cumpleaños de Adonis (2)

En el 90 cumpleaños de Adonis, presentamos los libros publicados por nuestra editorial y a sus traductores: Pedro Martínez Montávez y Rosa Isabel Martínez Lillo, de Canciones de Mihyar el de Damasco; Carmen Ruiz-Bravo Villasante, de Poesía y poética árabes; José Miguel Puerta Vílchez, de Sufismo y surrealismo; Federico Arbós, de Libro de las huidas y mudanzas por los climas del día y la noche, El Libro (I) y El Libro (II), estos dos últimos, en colaboración con la Escuela de Traductores de Toledo @Escueladetraduc

ANTONIO GAMONEDA FELICITA A ADONIS EN ESTE DÍA DE AÑO NUEVO DE 2021


En el 90 cumpleaños de Adonis (1)

En vísperas del nuevo año, queremos compartir con nuestros amigos y lectores la preciosa felicitación que más de un centenar de poetas, escritores, traductores y personalidades del mundo de la cultura han enviado a Adonis.

Adonis, flanqueado por su editora, la poeta y académica Clara Janés, y el profesor Federico Arbós, traductor de El Libro (II), durante el homenaje que le tributó Casa Árabe de Madrid en 2019.

LE MYTHE QU'IL A CHOISI

FEDERICO ARBÓS, TRADUCTOR DE "LIBRO DE LAS HUIDAS Y MUDANZAS POR LOS CLIMAS DEL DÍA Y LA NOCHE", "EL LIBRO (I)" y "EL LIBRO (II)" FELICITA A ADONIS EN SU 90 CUMPLEAÑOS


Handala, un niño palestino

La expulsión de los palestinos y la usurpación de sus tierras, fue realizada en una brutal política de tierra quemada, que no dejaba ni resto de la presencia palestina.

 

 

Iñaki Urdanibia / kaosenlared.net / 14 de diciembre de 2020

«Handala nació con diez años y siempre tendrá diez años. Esta es la edad que yo tenía cuando dejé mi país. Handala solo crecerá cuando retorne a Palestina».

El libro al que dedico este artículo puede considerarse como tres en uno y me explico. En «Palestina. Arte y resistencia en Nayi Al-Ali», editado por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo en su colección Azulejos, se da a conocer al personaje con el que titulo este comentario, se presenta a su creador y de paso se dan unas certeras pinceladas acerca de la situación de Palestina y de la génesis y desarrollo del conflicto.
El niño nació de la pluma de Nayi Al-Ali en 1969 en el periódico As-Siyasa de Kuwait, adoptando el nombre de una planta amarga del desierto con profundas raíces; allá hubo de refugiarse Al-Ali, tras haber sido expulsado de Palestina a Líbano a la edad de once años. El niño, con el pelo de un erizo, que usa las púas como defensa, es un niño refugiado, pobre, vestido con petachos y descalzo, típico retrato de los niños de los campos de refugiados, y con los brazos cruzados atrás observa lo que sucede frente a él; los hechos le harán cambiar de postura lo que no quita para que el muchacho no nos mire, pero nos interpele sin remedio. A pesar de su falta de guapura -que dice su creador– su presencia ha sido adoptada como símbolo de denuncia y resistencia no solamente en Palestina, sino también en otros países árabes y de fuera de ellos, ya que Handalas hay allá en donde existe la opresión, y sabido es que ésta provoca resistencia; su figura adorna las paredes de Gaza y Cisjordania, luce en llaveros , camisetas y otros objetos. Tal es la potencia simbólica del personaje que el movimiento BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) lo ha hecho suyo. La mano de Nayi Al-Ali (as-Saraya, Galilea, 1936-Londres, 1987)ha dado presencia a otras figuras simbólicas que pueblan sus dibujos: Fátima como símbolo de la memoria colectiva, Zalama, un refugiado de mediana edad, además de otros personajes (Jesús, los fedayin, oligarcas locales y de fuera, soldados luciendo la cruz de David, etc.) y otros objetos con poder simbólico, como las margaritas, figura de la lucha y de resiliencia, el trigo, como signo de la privación y el hambre a que son sometidos los palestinos, los árboles, y más en concreto los olivos, como signos de apego de la población con la tierra, a los que han de sumar los barrotes, las alambradas y los muros que dan cuenta de la bota ocupante israelí, de la leopardización a que somete a la tierra palestina, ninguneada, y convertida en una gran cárcel a cielo abierto, en la que malviven quienes han sido sometidos al apartheid del Estado de Israel.
Fue en 1948 cuando la familia de Nayi Al-Ali, junto a otras muchas familias, fueron expulsadas, sus casas destruidas, los enclaves y sus toponimias borradas de los mapas que se elaboraban al gusto del colonizador; fueron a parar a un campo de refugiados en el Líbano que fue en donde a su temprana edad, Nayi Al-Ali, comenzó a plasmar su vena artística con sus dibujos en los muros del campo. Más tarde lo haría en Kuwait en diferentes revistas que fue en donde nacieron sus personajes; expulsado del país, volvió a Líbano y más tarde acabó en su refugio londinense, en donde fue tiroteado a bocajarro, en 1987, falleciendo tras permanecer casi un mes en coma. No cabe duda de que su producción le llevó a ser considerado como el dibujante palestino más destacado, ampliando su fama y sus obras más allá de las fronteras, en especial al resto de países árabes; el éxito vino refrendado por varios premios como el Golden Pen of Freedom de la Federación Internacional de Editores, otorgado a título póstumo.

La expulsión de los palestinos y la usurpación de sus tierras, fue realizada en una brutal política de tierra quemada, que no dejaba ni resto de la presencia palestina. La ampliación del territorio desde 1948, ya antes habían ejercido su violencia los nuevos inquilinos del lugar convertidos en dominadores despiadados, y las posteriores conquistas, como la de la guerra de los Seis Días en 1967 (más de 300.000 personas desplazadas), e incursiones posteriores, supusieron la expulsión de numerosos palestinos (el 85% de la población cifrada en casi un millón de personas), la destrucción de sus viviendas (más de 400 pueblos y ciudades fueron arrasados por el ejército sionista, y el destructor trabajo de los bulldozer arrancando los olivos y otros árboles, para dar la impresión de que allá antes que ellos nada había habido. La brutal expulsión, vendida como si de una compra a los antiguos habitantes se hubiese tratado, convirtió la llave como símbolo de la vuelta y la recuperación de sus destruidas viviendas… Las repetidas decisiones de la ONU (resolución 242), reclamando la vuelta de los refugiados se han chocado, y siguen chocando, con el muro de la sordera (como una tapia). Tal negativa a aceptar las decisiones nombradas, tienen descarados apoyos tanto por parte de los USA, como la mirada para otro lado de los países europeos, y la colaboración de los poderosos árabes, gobernantes y propietarios del petróleo, cuya única patria es el parné.

No me atendré de manera rotunda a la validez de que una imagen vale más que mil palabras, ya que éstas últimas también cobran necesaria importancia (tanto las del propio dibujante que explica la trayectoria de su quehacer, como las de Antonio Altarriba y Teresa Aranguren que completan el acercamiento, y contextualización de las imágenes parlantes). Los dibujos, unos doscientos, van presentando de manera realmente explícita, hasta el grito y la lágrima, y por medio de ellos vamos viendo , compartiendo los ojos de Handala / Nayi, el transcurso en movimiento de la infamia y los cambios que ello va suponiendo en el propio Handala que no se ciñe al simple observador, en especial a partir de la guerra árabe-israelí de 1973, sino que se implica posicionándose con claridad a favor de los diferentes modos de lucha como la Intifada, como respuesta a las tropelías sufridas, y Handala se suma a quienes arrojan piedras.

artículo completo en kaosenlared


"Palestina. Arte y resistencia en Nayi al-Ali" en La Noche de los Libros de Casa Árabe

"Palestina. Arte y resistencia en Nayi al-Ali"

 

13 de noviembre de 2020 17:00 horas.
ONLINE
Canal de Casa Árabe en Youtube. 17:00 horas.
En español.

En el marco de La Noche de los Libros, que se celebra el 13 de noviembre en Madrid, Casa Árabe y Ediciones del Oriente y del Mediterráneo presentan esta obra sobre el dibujante palestino. El evento se emitirá en nuestro canal en Youtube.

Esta novedad editorial pretende reivindicar la figura del dibujante palestino y artista universal Nayi al-Ali, dando a conocer al público hispanohablante la importancia de su obra y el impacto de su pensamiento. Además de los textos introductorios de Teresa Aranguren y Antonio Altarriba, el volumen ofrece un recorrido por la vida de Nayi al-Ali (1936-1987), así como una amplísima selección de sus viñetas.

Creador de uno de los iconos más reconocibles de la resistencia palestina, el niño Handala, al-Ali puso su talento artístico al servicio de un mensaje: denunciar la injusticia contra Palestina, cuyo núcleo son las personas refugiadas. Al-Ali fue brutalmente asesinado en Londres solo cuatro meses antes de que estallase la Primera Intifada. Aunque en el trigésimo aniversario de su muerte, Scotland Yard reabrió la investigación, hasta la fecha la autoría del homicidio no ha sido esclarecida.

Para hablar sobre su obra y legado, Casa Árabe dialogará con la periodista Teresa Aranguren y el escritor y crítico de historietas Antonio Altarriba, así como con el hijo del autor, Khalid al-Ali.
"Palestina. Arte y resistencia en Nayi al-Ali"

Puede consultarse un avance de la presentación en El mundo desde las Casas

Y el video completo de la conferencia en el canal youtube de Casa Árabe:

https://youtu.be/cWk_OpvDZQk


EL ADOLESCENTE SAVENKO: AUTORRETRATO DE UN BANDIDO ADOLESCENTE

EL ADOLESCENTE SAVENKO: AUTORRETRATO DE UN BANDIDO ADOLESCENTE

por Eduardo Nabal

Eduard Limonov, verso suelto donde los haya en la historia de la Unión Soviética, nos cuenta en su libro, recién reeditado, tal vez con ocasión de su reciente fallecimiento, “Autorretrato de un bandido adolescente”, su turbulenta adolescencia en Járkov, localidad ferroviaria ucraniana, donde se inició en un periplo marcado por una personalidad única, contradictoria, atormentada y a la vez impregnada de un desbordante talento. Allí el muchacho se codea con otros chicos de clase obrera, de diferente posición y aspiraciones vitales, y hace amigos y enemigos en pandillas en diferentes zonas de la ciudad aunque le cuesta, al contrario que a otros de sus colegas, abrirse, al principio, a las relaciones sexuales con chicas jóvenes, muchas de ellas todavía maltratadas por el machismo imperante, un masculinismo y una falocracia casi “einsesteniana” que contagia las fantasías del propio autor en muchas de sus obras. Limonov, al principio tímido, y siempre dubitativo sobre su identidad sexual, no escatima detalles a la hora de contar su vida sexual, su solapado antisemitismo o sus impulsos violentos, haciéndose un personaje a la vez realista y poco simpático para muchos lectores. 

Es en la Rusia pos-estalinista donde el joven Eduard Limonov descubre que ha de defenderse de la violencia, real y simbólica, que le acecha en todos los rincones y callejuelas, en todas las bibliotecas y escuelas, donde lee vorazmente libros de viajes, aventuras e ingeniería, de Julio Verne a los ensayistas rusos, donde se inicia como ladrón de poca monta, bebedor compulsivo y resistente a la ingesta desmedida de vodka, joven a la vez ególatra e inseguro (incapaz de llevar gafas por simple coquetería) y donde debuta como prometedor poeta ante un numeroso auditorio público de su localidad. 

Contada con una agilidad narrativa envidiable y sin cortapisas en el uso del habla cotidiana, su historia de iniciación se acerca a otras historias de apertura al mundo en entornos desfavorecidos, envilecidos y condicionados por el entorno social y por el devenir de la historia y sus dictados. La sombra de un egocentrismo en ocasiones cálido y en otras rayano en la paranoia aparece ya en algunos pasajes de su primera aproximación a la literatura como válvula de escape a una áspera cotidianidad, donde trata de abrirse un camino entre las sombras. Entre Genet y Dostoyevski, la prosa de Limonov, con su ritmo irrefrenable, sus ráfagas de lirismo introspectivo y su descarada sinceridad, hace perdonar las sombras de un hombre que surge nadando entre contradicciones vitales y cicatrices sin cerrar. [...]

Artículo completo en jackerouack.blogspot.com

Adonis: “¿No es hacer pasar hambre a todo un pueblo más peligroso que el virus?”

Juan Cruz, El País, 26 de octubre de 2020

Adonis (Al Qassabin, Siria, 90 años), poeta, ensayista, exiliado casi toda su vida, catedrático en Beirut. Autor de Epitafio para Nueva York (editado por Hiperión, Alianza y Nórdica) o El libro (Ediciones del oriente y del mediterráneo) acaba de publicar Principio del cuerpo, final del mar (Vaso Roto). Ante el estremecimiento que el virus hace padecer a la tierra muestra su perplejidad laica, su susto civil. Desde hace tiempo su último exilio es en París. Lo entrevistamos a través del correo electrónico. Su nieto Jaafar al Aluni, promotor de Banipal, “revista de literatura árabe moderna” recién nacida en España, tradujo del árabe sus respuestas.

Pregunta. ¿Cómo ha vivido este tiempo?

Respuesta. Meditando, leyendo y escribiendo. Aquel que siente la necesidad de decir algo esencialmente requiere soledad. Me sorprendió que haya que replantearse preguntas como: ¿porta el mal elementos del bien? El virus, instalado en un rincón y el mundo entero en el opuesto, ha planteado esta cuestión: ¿por qué no infecta a los niños, a la vez que hay seres humanos que disfrutan asesinándolos? El virus ha abierto un horizonte para pensar en las relaciones entre las personas. ¿No es hacer pasar hambre a todo un pueblo, con plena conciencia, más peligroso que un virus ignorante y ciego? ¿Por qué el mundo, que dice ser libre, guarda silencio ante el país que más practica la política del hambre, el gobierno de los Estados Unidos? ¿No es moral y humanamente más peligroso que cualquier virus? Este virus requiere considerar al ser humano como un virus latente siempre dispuesto a actuar.

P. ¿Sirve la poesía para afrontar un drama de esta naturaleza?

R. Sirve en el sentido de reconsiderar el mundo para llegar a uno mejor, pero no en el sentido literal de la palabra. La poesía amplía los límites e incluso los elimina. Abre el horizonte a cuestiones que nadie más plantea: es el conocimiento superior, la suprema intuición cognitiva del hombre entendido como la savia en la que convergen la experiencia, la mente y el espíritu, y como el extremo que abre la puerta del infinito.
Dios y el silencio

P. Ha sobrevivido tragedias como el exilio escribiendo poesía. ¿Es tan potente la palabra?

R. Sobreviví al exilio creado por la tiranía en todos los ámbitos, significados y niveles, especialmente políticos e intelectuales. Pero todavía vivo en el exilio creado por el significado del hombre y del mundo. En este exilio, la palabra no te ayuda a estar a salvo: te ayuda a hundirte más y más en el exilio para descubrir la hondura y la profundidad, descubrir la altura y la trascendencia. La grandeza del hombre radica en su naturaleza de nacer exiliado, en ser el que hace la Historia. El ser humano es el único que escribe su propia historia y la de las cosas, y cuando siente que no está exiliado a cualquier nivel pierde su particularidad humana. La palabra es, entonces, el ser humano, entendida como una relación con su yo, con el otro y con el mundo. En este sentido, el ser humano necesita al otro: es esencialmente dos en uno. En el origen eran dos y no uno. El poeta lee al “otro”, lo escribe, mientras lee y se escribe a sí mismo. El otro es un elemento fundamental en la formación del yo.

P. Usted no cree en Dios, pero, ¿a veces estos horrores no parecen mandados por una voluntad divina o diabólica?

R. ¡Qué sentido tiene Dios si eliminamos al diablo del mundo! Tanto Dios como el diablo son la dualidad universal, cósmica y religiosa creada por el ser humano. La diferencia entre Dios y el diablo es funcional. La visión monoteísta proporcionó al diablo una presencia viva, doctrinal y confesional en este mundo que las visiones anteriores de Sumeria, Babilonia y Grecia no le dieron. Su presencia antes del monoteísmo era meramente simbólica y poética. Los horrores a los que usted se refiere no son divinos ni diabólicos, sino puramente humanos: el ser humano es un dios-diablo envuelto en el mismo traje. La mirada hacia la existencia antes del monoteísmo era la de la revelación cognitiva, sin embargo, con el monoteísmo se convirtió en una visión de posesión e imperio. ¿Cómo se llevó a cabo este cambio y por qué? Ese es el dilema.

P. Usted considera que la verdad no está en el pasado. Pero, ¿a usted qué le dice su propio pasado?

R. La desgracia del pasado consiste en decir que la verdad es “una característica de la religión islámica” que Dios reveló afirmándola como la última verdad sin que haya otra que pueda negarla. Dios mismo, en este sentido, selló su mensaje y no tiene nada más que revelar. La religión de Dios es el islam y la tierra es el reino de esta última religión verdadera. Dicho esto, ¡acaso tengo derecho yo, el ser que no tiene más poder que el del idioma, a usar algunos de sus vocablos y declarar: no quiero este reino! El pasado es estrictamente religioso. Mi pasado, sin embargo, es el de aquellos que rechazaron el pasado religioso, es decir, la poesía, la filosofía, el sufismo —que negó la religión en su forma jurídica y jurisprudencial— y los marginados libres a lo largo de 14 siglos en los diversos campos. Estos fueron los que crearon lo que se llama hoy la civilización árabe-islámica.

P. Dice en Principio del cuerpo, final del mar: “El sueño es el hermano de la muerte; los moradores del Paraíso no duermen”. ¿Tal vez dormir sea una manera de escritura?

R. La cita viene en boca de con quienes el poeta quería dialogar. No hay que olvidar la dualidad del ser humano: Dios y diablo; mente e imaginación; cuerpo y alma; realidad y ficción; absurdo y razón; existencia y nada; sueño y muerte, este largo dormir después del cual no hay despertar. Pienso que la escritura emana de todo esto mientras lo abraza.
El silencio como enfermedad

P. ¿Es el silencio un remedio?

R. El silencio es una enfermedad. No puede ser un remedio. Es, en su estado más agradable y sereno, otra muerte. El remedio, no obstante, se busca en la pregunta, en todo lo que escapa de las respuestas. La respuesta es un tipo de muerte cultural. ¿La muerte con muerte se cura?

P. En su obra hay mucha energía, dominada por una serenidad que no tiene ni su pueblo ni su historia. ¿Es la infancia la que le otorga ese poder de sosiego?

R. Es el poder que no se satisface con las respuestas, sino que las supera; es la búsqueda constante de la parte ausente-presente en el ser, es esta intuición que nunca me abandona: el hombre crea su propia identidad y no la hereda. Tengo la absoluta certeza de que el “otro” diferente es el que integra el yo. A todo esto debe esa energía, sosiego y serenidad. La infancia es la brisa que corre entre todo esto, es su sol.

P. Dijo en 2005: “Occidente debe aprender a poner el corazón al lado de la razón”. ¿Considera que Occidente escucha el corazón? ¿Y qué está diciendo el corazón?

R. El ser humano ve y escucha en la medida en que su corazón ve y escucha. Piensa y entiende en la medida en que su corazón lo hace. El corazón es la fuente de “la libertad libre”, según Rimbaud, no la mente o el intelecto. La mente o el pensamiento solo tienen significado si se cargan con la luz del corazón, y el corazón aquí es la poesía. En esto consiste el sentido del hombre. Siempre recuerdo un verso de un gran poeta árabe evocando su tierra natal, dice: “Desde que se desvaneció la morada/ aparté la mirada y atraje el corazón”.

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