PREMIOS REALES / 2

Una mirada disonante: Zajar Prilepin comenta el Limónov de Carrère

 

Emmanuel Carrère ha escrito un libro muy incisivo y, en su conjunto, atractivo.
La parte más interesante : la propia voz de Carrère, sus observaciones personales al margen de Limónov.
De ahí que la Introducción, es decir, las primeras 30 páginas, sean las más interesantes.
A partir de ahí, pasa a exponer, casi al pie de la letra, los libros del propio Limónov (al principio con todo detalle, y luego de forma cada vez más precipitada), lo que a los lectores de Limónov resultará, evidentemente, un tanto pesado.
Carrère insiste en llamar a su libro “novela”, pese a que, por su forma, se trata de una biografía en toda regla: en él no hay nada quwe recuerde a una novela.
No es difícil comprender por qué lo hace Carrère, pues, al componer su libro no hace ninguna distinción entre el protagonista lírico de los libros de ficción del escritor Limónov y el hombre concreto llamado Eduard Savenko.
Sin cuestionarse nada, Carrère rellena su relato con episodios de las novelas de Limónov, haciéndolos pasar, de una u otra manera, por acontecimientos reales.
Para no cargar con la responsabilidad, es preciso llamar al libro “novela” y asunto resuelto. […]
Carrère habría podido entrevistar a los amigos franceses de Limónov y describir, al menos, su época parisina comparando la prosa de ficción con la realidad.
¡En París, decenas, por no decir cientos, de personas recuerdan perfectamente a Limónov y a Natalia Medvedeva, su compañera de entonces!
¿Por qué haber dejado pasar tal oportunidad de trabajar mínimamente con las fuentes originales?
No obstante, la principal objeción no es esa.
Carrère ha optado por la facilidad, exponiendo a su manera los temas más llamativos de los libros verdaderamente sugerentes de Limónov.
Hay que admitir que el ensordecedor éxito de su libro está relacionado, precisamente, con el hecho de haber escrito un libro ligero e, incluso, no me asusta la expresión, sin rigor.
Hay algo más que me desconsuela: la superficialidad de muchas de las representaciones de Carrère sobre Rusia.
El pobre Carrère especifica trescientas veces en su libro, especialmente para su lector europeo, que Limónov es un “vil fascista”, y después de eso, otras trescientas veces, con la más absoluta sinceridad, trata de explicar que a pesar de su “vil fascismo”, Limónov es un buen hombre: compasivo, honesto y valiente.
Otro ejemplo extraído del libro:
Carrère cuenta que enseñó una fotografía (de un grupo de Natsbols con Limónov en Asia Central) a uno de sus amigos. Precisemos que se trataba de ese período heroico, a mediados de la década de 1990, en que Limónov con un grupo de sus camaradas se había instalado en las aldeas cosacas, un poco como Razine y Pougatchev [jefes cosacos que durante los siglos XVII y XVIII se habían puesto al frente de las insurrecciones campesinas]. Una aventura apasionante que les supuso serios problemas con los servicios especiales. Al contemplar la fotografía de los Natsbol desnudos hasta la cintura, en pleno verano, el amigo de Carrère exclama: “¡Una banda de maricones, que se han largado lejos de Moscú para darse por culo y que nadie les vea!”
Al relatar este episodio en su libro, Carrère no se muestra demasiado de acuerdo con su amigo, pero añade: “Y, sin embargo, ¿quién sabe?”.
Emmanuel, ¡puah !
Usted ha pasado bastantes días con los representantes de un partido del que trescientos miembros han pasado por la cárcel, seis al menos han muerto en circunstancias trágicas, un millar ha sido arrestado alguna vez y cientos han sufrido tortura o palizas y usted escribe semejante bajeza.
Su amigo es o un bromista sin gracia o un imbécil, entonces, ¿por qué citarlo?
La sorpresa más dolorosa  me esperaba al final de la obra, cuando Carrère explica con aplomo que Putin y Limónov son prácticamente lo mismo.
La base para tal conclusión es sorprendentemente simple: Putin había afirmado que solo un cabrón podía no lamentar el hundimiento de la URSS. ¡Y Limónov lamenta la muerte de la URSS! ¿Lo ve usted? ¡Todo encaja!
¡Ah, sí! Putin, como Limónov, posó una vez en una fotografía en porreta y con un cuchillo. Para un europeo sensato, que condena toda clase de violencia (eso es al menos lo que a él le gusta pensar de sí mismo), se trata de un espectáculo detestable.
¡Eso es todo!
¿Comprenden ustedes?
Para el más inteligente, más sutil y más informado de los europeos preocupados por Rusia, cualquier opinión nuestra sobre el tema del hundimiento del país es un diagnóstico unívoco. Es más, un diagnóstico aterrador, definitivo.
El hecho de que Putin, que tanto se parece a Limónov, posea, según diversas fuentes, un patrimonio de cuarenta mil  millones de dólares, y Limónov nada de nada, no es más que un detalle sin importancia
Que Putin, a comienzos de la década de 1990 haya abandonado los servicios secretos, traicionando su juramento, para  conchabarse con el alcalde de San Petersburgo, Sobtchak, mientras Limónov, por el contrario, tratara porfiadamente de impedir el hundimiento del país durante el sangriento “Golpe de Estado” de Yeltsin de octubre de 1993, participando en cientos de mítines o en Transnitria, no es más que un simple detalle.
Que, en definitiva, Limónov sea un hombre de cultura humanista y un gran escritor, mientras que Putin, en muchos sentidos, sea su polo opuesto, tampoco importa.
Lo esencial es que ambos añoran la URSS
…Sin embargo, pensándolo bien, ¿qué es lo que podía esperar de Carrère?
¿Acaso ha sido él quien ha decretado que el hundimiento de la URSS era una gran bendición, que la historia soviética fue una marea de crueldades y de porquerías sin fin, que el intento de plantearse los acontecimientos de Yugoslavia de forma diferente a la comunidad occidental era un primer paso hacia el fascismo y que Putin era un teniente diplomado en la KGB, el restaurador del Imperio y un peligroso militarista entronado?
Me pregunto si ha sido él.
Pero entre nosotros, todos nuestros maravillosos tribunos liberales (los nuestros, los hermanos, los que enseñan al pueblo desde hace lustros la actitud correcta con respecto a nosotros mismos y al país) piensan lo mismo.

                                                              ZAJAR PRILEPIN

[traducido a partir de la versión francesa publicada en http://www.tout-sur-limonov.fr/222318798]

 

 

 


PREMIOS REALES

Tal vez, como afirmó en su momento el poeta griego Dinos Cristianópulos, "es hora de que el Estado deje ya de utilizar a los artistas". Llama la atención cómo desde aquel ya lejano 1980 en que el periodista asturiano Graciano García, con ayuda del general Sabino Fernández Campos, también asturiano y a la sazón secretario general de Juan Carlos de Borbón, consiguió culminar su carrera de periodista y emprendedor con la creación de los premios Príncipe de Asturias, estos han perseguido darse a conocer siguiendo tres principios: una importante dotación económica, la obligatoriedad de viajar hasta Oviedo para recibir el premio y, por último, premiando a figuras mediáticas que dieran visibilidad a esta pequeña ciudad de provincias. No se trataba tanto de estimular las artes y las ciencias descubriendo a valores jóvenes o poco conocidos, como de convocar a famosos que prestigiaran el premio. Así hemos visto desfilar por Vetusta a Leonard Cohen, Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Woody Allen, Norman Foster, Pau y Marc Gasol, la selección española de fútbol,  Carlos Sainz, Rafael Nadal, Google...

Este año queremos detenernos en la concesión del premio de las letras a Emmanuel Carrère, un personaje de la jet society francesa, famoso por sus aventuras sentimentales expuestas a plena luz del día, un escritor a nuestro juicio sobrevalorado, como escribimos ya hace unos años a raíz de la publicación de su éxito de ventas, Limónov:

El Limónov de Carrère se ha convertido en un best-seller de alcance mundial, y también en nuestro país. Los elogios han sido casi unánimes y escasísimas las reservas.

De igual modo, la aceptación de las insinuaciones de Carrère ("Limónov es un fascista raro", "si lo miramos despacio, El Asad y Gadafi son lo mismo") se aceptan acríticamente aun sin conocer la obra de Limónov ni tampoco su auténtica biografía —no en vano Carrère se guarda las espaldas calificando su engendro de novela— e incluso se acentúa desde el desconocimiento la maldad del protagonista, como hace Sabino Méndez, parafraseando a Carrère, en La Razón: "Es un pobre artista, un totalitario que, como rareza inducida por sus circunstancias, está con los débiles; lo cual no evita para nada su totalitarismo. [...] Lo cierto es que Limonov es un pobre totalitario, un aficionado a la mística violenta de las armas, que se acerca a ellas como si fueran «gadgets» políticos, algo bastante indeseable".

Cabría preguntarse, sin embargo, ¿cuál es la razón de que la copia, la imitación, consigan imponerse al original? Pues el libro de Carrère, salvo algunos párrafos de su cosecha, no es sino una vulgar y anodina copia resumida de los muchos libros publicados por Limónov. Carrère se ha aprovechado de la prosa brillante, incisiva, cortante, provocadora y agresiva de Limónov —considerado hoy en Rusia, incluso por sus enemigos, como el mejor escritor ruso actual— y la ha pulverizado, la ha tamizado para eliminar todo lo que contradecía sus tesis de partida, la ha aguado a voluntad y nos ha servido una papilla sin la gracia y el colorido de los ingredientes originales, pero, eso sí, adaptada a las demandas cada vez menos exigentes de los lectores occidentales.

Los primeros capítulos de la ¿novela?, ¿biografía?, ¿novela biográfica? de Carrère son una auténtica impostura. En ellos no hay la más mínima investigación sobre su personaje, sino que se limita a entresacar los aspectos que más le convienen para su imagen preconcebida del protagonista de sus novelas Edichka, La gran época, Diario de un fracasado, El adolescente Savenko, Historia de un servidor e Historia de un granuja. A nadie se le ocurriría hacer una biografía de Henri Miller a partir, solamente, de sus novelas, pues cualquier crítico literario sabe que las novelas, por muy autobiográficas que sean, solo pueden ser consideradas como fuentes secundarias y que el autor recrea en ellas su propia experiencia vital. Si Limónov se presenta a sí mismo, provocativamente, como "un granuja", para Carrère es, efectivamente, un granuja y así se lo hace saber a sus lectores, quienes, si se conforman con esta adulterada píldora, se perderán todo el fascinante retrato de la sociedad soviética brezneviana y de esa juventud desnortada que rechazaba lo que el régimen les presentaba como "sociedad comunista", de la que ellos preferían situarse al margen, que son Edichka, La gran época, El adolescente Savenko e Historia de un granuja.

El método de Carrère se desvela ya en las primeras páginas, cuando se refiere al padre de Limónov, militar de baja graduación, como un "chequista subalterno" [págs. 98-99 de la edición francesa (Paris: P.O.L., 2011), que tomaré en adelante como referencia]. En Historia de un granuja Limónov narra sus primeros pasos bohemios de poeta underground en Moscú, la emprende con no poco humor, con el stablishment, el oficial y el disidente, actitud que mantendrá, tras su exilio en Nueva York, con los Andy Warhol, Allen Ginsberg, Ferlinghetti... lo que dará pie a Carrère, sin entender al personaje creado por Limónov —un escritor joven que pugna por abrirse paso derribando a los ídolos que ocupan la escena—, a afirmar, con el conveniente distanciamiento y tomándose al pie de la letra toda la ironía que Limónov vierte sobre sí mismo: "Esta mezcla de desprecio y envidia no hace muy simpático a mi personaje" [ibíd., p. 119]. En fin los ejemplos no faltan: "Escribir nunca fue para él un fin en sí mismo, sino el único medio de que disponía para alcanzar su verdadero objetivo, hacerse rico y célebre, sobre todo célebre [íbid., p. 237]... Pero cuando las artimañas de Carrère se muestran más al desnudo es en su Epílogo, en el que compara a Limónov con Putin: "si estuviera en su lugar, no me cabe duda de que diría y haría todo lo que dice y hace Putin [íbid. págs. 479-480]. Decir tal cosa de alguien que, bajo el régimen de Putin, ha sufrido graves palizas de advertencia en la via pública, 15 meses en régimen de aislamiento en la cárcel de Lefortovo, bajo la acusación de terrorismo, sin derecho a abogado ni a recibir visitas, antes de ser condenado a 14 años y transferido a un campo de trabajo y rehabilitación, que es detenido sistemáticamente los días 31 de cada mes por encabezar las manifestaciones en favor del derecho de manifestación recogido en el artículo 31 de la Constitución rusa... no parece, precisamente, un ejercicio de objetividad.

Sobre lo que entiende Carrère por objetividad resulta sumamente instructivo el atroz y autocomplaciente diálogo que sobre el final que convendría a su Limónov mantiene con su hijo:

"No me gusta este final y creo que a él tampoco le gustaría. Creo también que quienes se arriesgan a juzgar el karma de otro, o incluso el suyo propio, pueden estar seguros de equivocarse. Una tarde confié mis dudas a mi hijo mayor, Gabriel. Es montador, acabamos de escribir juntos dos guiones para la televisión y me gusta mantener con él conversaciones de guionistas: esta escena, vale; esa otra, no.
—En el fondo —me dice— lo que te molesta es presentarlo como un loser.
Lo acepto.
—¿Y por qué te molesta? ¿Porque temes herirlo?
—En realidad, no. Bueno, en parte, pero sobre todo me parece que no es un final satisfactorio. Que es decepcionante para el lector.
—Eso es distinto —observa Gabriel y me cita unos cuantos libros y películas fundamentales cuyos protagonistas acaban mal—. Raging Bull, por ejemplo, y su última escena en la que aparece el boxeador interpretado por De Niro en una situación límite, completamente abatido. Ya no le queda nada, ni mujer, ni amigos, ni casa, se ha abandonado y se gana la vida actuando en un número cómico en un local miserable. Está esperando que lo llamen para entrar en escena sentado frente el espejo de su camerino. Lo llaman. Se levanta pesadamente de la butaca y, justo antes de salir del encuadre, se mira en el espejo, se balancea, hace como que boxea y se le escucha farfullar, en voz baja, solo para él: "I'm the boss. I'm the boss. I'm the boss".
Es patético y magnífico.
—Mil veces mejor —añade Gabriel— que si hubiera aparecido victorioso sobre un podio. Acabar con Limónov, después de todas sus aventuras, comprobando en Facebook si tiene más amigos que Kasparov, eso puede funcionar.
Tiene razón; sin embargo, hay algo que sigue incomodándome.
—Bien, abordemos el problema de otra manera —prosigue—. ¿Cuál sería para ti el final preferible? O sea, si fueras tú el que decidieras. ¿Que tomara el poder?
Niego con la cabeza: demasiado inverosímil. Sin embargo, en su programa de vida hay algo que aún no ha hecho: fundar una religión. Lo que haría falta es que abandonara la política, donde, la verdad, no tiene futuro, que volviera a los montes Altái y que se convirtiera en un gurú de una comunidad de iluminados, como el barón Ungern von Sternberg, o, aún mejor, en un auténtico sabio. Directamente una especie de santo.
Ahora es Gabriel el que tuerce el gesto:
—Creo que ya sé el final que te gustaría: que lo asesinaran. Para él, estaría en consonancia con el resto de su vida, sería heroico y le evitaría morir como uno cualquiera de un cáncer de próstata. Tu libro se vendería diez veces más. Y si lo envenenan con polonio, como a Litvinenko, ya no es que se venda diez veces más, sino cien veces más en todo el mundo. Deberías decirle a tu madre* que se lo comente a Putin".

* La madre de Emmanuel Carrère, de soltera Hélène Zourabichvili, descendiente de una familia de aristócratas rusos que abandonaron el país tras la revolución de 1917, mantiene buenas relaciones con el poder actual ruso, se ha entrevistado con Putin y suele aparecer en las cadenas de televisión afines al presidente. En una de estas apariciones se expresó con menos comedimiento del que suele emplear en Francia e hizo los siguientes comentarios, calificados por algunos de racistas, sobre la presencia de africanos en Francia:

"Durante años el gobierno ni siquiera se atrevía a calificarlos de hooligans. [...] Estas gentes vienen directamente desde sus poblados africanos. Ahora bien, París y las demás ciudades europeas no son poblados africanos. Todo el mundo se sorprende, por ejemplo, de ver niños africanos en la calle en vez de en la escuela. Uno se pregunta por qué sus padres no son capaces de retenerlos en su casa. Sin embargo, es evidente, existe una verdadera tragedia, la poligamia. Muchos de estos africanos son polígamos. Pueden tener tres o cuatro mujeres y veinticinco niños en el mismo piso. Esos pisos están tan atestados que han dejado de ser un verdadero domicilio, ¡no se sabe ni lo que es! Esa es la razón de que los niños estén en la calle". [entrevistada por la cadena rusa NTV el 13 de noviembre de 2005]. En otra ocasión, entrevistada por el semanario ruso Moskovskie Novosti, declaró que en Francia "tenemos leyes [...] que habrían podido ser ideadas por Stalin, [que pueden enviar a uno a la cárcel] si sostiene que hay cinco judíos o diez negros en la televisión". [consulta en línea 5/5/2013: http://www.lutte-ouvriere-journal.org/?act=artl&num=1948&id=16]

 

 


EL OTRO LADO

Alguien de Grecia que visita hoy en día Aivalí recibe un bombardeo de impresiones contradictorias. Encuentra edificios que le recuerdan al mundo social de sus parientes lejanos y la forma abrupta en la que ese mundo llegó a su fin. El visitante puede incluso escuchar su propio idioma, pero en una anticuada forma cretense. Las caras parecen familiares, reflejando el hecho de que, a ambos lados del mar Egeo, el material genético es similar. Pero la bandera turca y la imagen de Kemal Atatürk se ven por todas partes, incluso más que en la mayoría de las ciudades pequeñas de Turquía. Y las historias que un visitante escuchará en el Aivalí actual no son historias del sufrimiento de la ortodoxia griega. Son historias que reflejan el dolor de los musulmanes, especialmente de Creta, que también se vieron obligados a abandonar tierras, formas de vida y relaciones a las que estaban profundamente apegados.

Esta tragedia múltiple compone el trasfondo de una narrativa múltiple, expuesta de manera vívida y sensible en un libro maravilloso. Como talentoso narrador y dibujante, Soloúp nos demuestra que ninguna serie de acontecimientos es demasiado compleja para ser explicada con simples dibujos. De hecho, los dibujos son a menudo la mejor manera de retratar la complejidad y la paradoja. En cierto sentido, estos «simples dibujos» son la forma en la que experimentamos la vida.

Soloúp logra entrelazar una historia contemporánea sobre un hombre griego que toma el ferri desde Mitilene a Aivalí con varios relatos del pasado.

[Bruce Clark | Fragmento del prólogo]

Texto reproducido en MSur acompañado de una selección de las viñetas de Soloúp


Per què és tan difícil per als blancs de parlar de racisme?

 

Per què és tan difícil per als blancs de parlar de racisme?

Del llibre 'Fragilidad blanca', de Robin DiAngelo, a la sèrie 'Extermineu tots els salvatges', de Raoul Peck i Sven Lindqvist

Per: Xavier Montanyà – VilaWeb 30.05.2021

 

Es compleix un any de l’assassinat per asfíxia del ciutadà negre George Floyd a mans d’un agent de policia blanc a Minneapolis. Un any de les manifestacions més grans dels últims temps pels drets dels afroamericans i contra la brutalitat racista policíaca. L’agent ha estat condemnat a quaranta anys de presó, però els afroamericans saben que aquesta sentència no aturarà el racisme sistèmic arrelat al moll de l’os de la societat nord-americana.

Prou que ho sap Robin DiAngelo, doctora en educació multicultural i professora de la Universitat de Washington. Ho viu en detall i des de la primera línia del debat. Fa vint anys que organitza tallers i conferències per fer comprendre el racisme que impregna les empreses, el sistema polític i la cultura. El seu llibre Fragilidad blanca (BAAM) ha esdevingut un dels nous puntals del debat públic i acadèmic sobre el racisme als EUA, juntament amb Com ser antiracista, d’Ibram X. Kendi, de qui ja vam parlar en aquesta secció.

Què és la fragilitat blanca?

“El millor truc del diable és convèncer-nos que no existeix”, va dir Charles Baudelaire, una idea que reprèn l’alter ego del personatge Keyser Söze al film Sospitosos habituals. La metàfora ara l’adopta el professor Michael Eric Dyson al prefaci de Fragilidad blanca per aplicar-la al racisme.

“Racista, jo?”, solen respondre ofesos la majoria de blancs quan se senten atacats. És una constatació que després de molts anys d’experiència com a educadora multicultural va incitar Robin DiAngelo a elaborar un assaig que dissecciona l’esperit i les maneres de la blancor fusionada amb la identitat nacional nord-americana.

El concepte de fragilitat blanca, segons Robin DiAngelo, parteix de l’endèmica actitud defensiva dels blancs nord-americans quan es tracta de reconèixer el racisme sistèmic, motor i essència del racisme individual. El racisme, diu ella, no és tan sols l’actitud extrema de la “gent dolenta”, és quelcom d’inherent al sistema polític i a la cultura. Negant-lo l’invisibilitzem, potser ens convencem que no existeix, però aquesta ceguesa impostada no soluciona el problema. Ans al contrari, contribueix a perpetuar-lo i condemna un debat internacional urgent i necessari, que hauria de ser permanent, a perdre’s en un carreró sense sortida.

DiAngelo dóna un cop de timó al debat sobre el racisme als EUA, apel·lant a la consciència i l’actitud individual dels blancs. El text fa pensar i genera l’autocrítica en el lector, que pot no sentir-se còmode en més d’una ocasió. Amb valentia, l’autora desmunta totes les excuses, algunes inconscients, que els blancs empren per a negar els seus tics racistes, una negació que contribueix a perpetuar el funcionament racista del sistema. L’autora demostra amb estadístiques i exemples que l’exclusió, la desigualtat, la injustícia racial i la segregació social, laboral, sanitària, escolar i cultural, continuen existint i són ucaracterístiques essencials del sistema.

Els blancs tenen poder social i institucional sobre els negres. Als EUA, els blancs viuen en una societat desigual i dividida per la raça i ells en són els beneficiaris en el passat i en el present. El sistema fa que els blancs siguin superiors als negres, que tinguin més possibilitats que els negres i les altres ètnies de fer una vida plena i prosperar en tots els àmbits. El color de la pell condiciona l’habitatge, l’escola, l’accés al món laboral i legal, a la cultura. Tot i que ella estudia el cas nord-americà, sosté que el fenomen és equiparable al Canadà, Europa, Austràlia i Sud-àfrica.

El començament de la seva reflexió em sembla inapel·lable: “Els EUA es van fundar sobre el principi que totes les persones neixen iguals. Però la nació es va estrenar amb l’intent de genocidi dels pobles indígenes i el robatori de les seves terres. La riquesa nord-americana es va construir amb la mà d’obra d’africans segrestats, esclavitzats, i els seus descendents. A les dones blanques els van negar el dret de vot fins el 1920. I a les dones negres, fins el 1965. El terme ‘política identitària’ se centra en les barreres contra les quals certs grups específics xoquen en la lluita per la igualtat. Encara no hem assolit el nostre principi fundacional, però qualsevol assoliment fins avui ha estat gràcies a la política identitària.”

Els blancs progressistes són els pitjors

Els blancs nord-americans, entre els quals hi ha els progressistes que, segons l’autora, són els pitjors, tendeixen a considerar que el racisme és cosa de “gent dolenta”, de fets aïllats, individuals, inconnexes… Un seguit de fets que a l’època de Trump han demostrat, ressuscitant allò que era latent, que potser ja no són tan aïllats ni inconnexes. Per contra, DiAngelo afirma que el racisme és un sistema molt complex i interconnectat. Els blancs tenen por de ser acusats d’haver dit o fet alguna cosa racista. Els progressistes blancs són, segons l’autora, qui provoquen “el més gran perjudici diari a les persones de color”. “Mantenim i perpetuem el racisme, però la nostra actitud defensiva i les nostres certeses –sovint fruit del convenciment més conscient o menys de la nostra superioritat– fan que sigui pràcticament impossible que algú intenti d’explicar-nos-ho.”

Els blancs nord-americans en què ella es basa a l’assaig no es veuen en termes racials, però tenen opinions pròpies sobre el racisme, sovint poc fonamentades, com ella demostra. No entenen la sociabilitat, creuen que tothom té possibilitats d’èxit, un factor que no depèn de les estructures socials i racials, sinó del mateix individu. Però tots sabem que segons la cultura dominant, néixer home és força diferent de néixer dona, com néixer ric o pobre, capacitat o discapacitat, blanc o negre, llatí o oriental.

Sota la pell no hi ha diferències

Les races són una construcció social. Sota el color de la pell no hi ha diferències i la pell o les altres característiques físiques són obra de molts i molts segles d’adaptació a àmbits geogràfics i climàtics diversos. Però les diferències socials s’havien de justificar en un país que proclamava teòricament la llibertat i la igualtat, mentre massacrava indis, esclavitzava africans i s’apropiava de terres mexicanes. La justificació va venir de la mà de la ciència. Els científics, tot seguint les instruccions del president Thomas Jefferson (propietari de centenars d’esclaus), van establir les diferències racials com a argument de dominació i explotació per protegir els privilegis dels blancs.

Així va néixer el racisme que, segons DiAngelo, és exclusiu dels blancs perquè tan sols els blancs tenen poder social i institucional col·lectiu i privilegis sobre els negres, que no tenen ni poder ni privilegis sobre els blancs. Pot haver-hi individus blancs que estiguin “en contra” del racisme, però continuen beneficiant-se d’un sistema que els privilegia com a grup. Els blancs dicten les normes i tenen el poder de fixar les polítiques i les pràctiques que condicionen la vida dels altres. La blancor és una condició impregnada de drets i privilegis legals, socials, econòmics i polítics que són denegats a qui no és considerat blanc i que, en conseqüència, és explotat o marginat.

La supremacia blanca ha nodrit el pensament polític occidental durant segles, però mai no se’n parla, s’invisibilitza, s’ignora, mentre els altres sistemes polítics –socialisme, capitalisme, feixisme– són identificats i estudiats. Els prejudicis racials són profundament inconscients i aquí rau l’envit que presenta Robin DiAngelo, tot exposant la crítica i l’autocrítica necessàries per a començar a desconstruir el monstre del racisme.

De cap a cap del text, l’autora identifica les classes de racisme i els diferents arguments i tòpics negacionistes, individuals i de grup, per passar a rebatre’ls amb arguments obvis i ben documentats. També explica com la raça determina la vida dels blancs, l’accés a l’educació, al treball i a la riquesa, amb una indiscutible aportació de fets, exemples i estadístiques. I intenta descriure els mètodes i els principis que es poden emprar per començar a trencar la invisibilitat profunda del racisme.

Com intentar de posar fi al racisme

Robin DiAngelo afirma que les nostres institucions han estat dissenyades per reproduir la desigualtat racial i ho fan amb eficàcia. I no tenen fi. Tan sols cal que els blancs continuïn essent amables amb els negres sense anar més a fons i que continuïn indignant-se quan algú els suggereix que amb la seva passivitat mantenen el racisme estructural. Aquesta, per a ella, és una de les claus de volta del sistema.

Per a posar fi al racisme, afirma l’autora, caldrà valentia i intencionalitat, autoexigència en la vida quotidiana i saber que és un procés de reflexió i formació personal que no s’acaba mai. Hi ha uns fonaments polítics, socials i culturals establerts de fa segles, interioritzats i assumits per la majoria dels blancs, que cal començar a posar en dubte.

Un exemple ben clar de l’immobilisme del racisme als EUA va ser una intervenció pública de l’escriptor i activista negre James Baldwin. El fet va succeir l’any 1965 al programa de televisió Dick Cavett Show. Ha passat mig segle i no sembla que la polèmica hagi avançat gaire. El cas posa de manifest la ceguesa habitual dels blancs respecte de la desigualtat i la segregació racial.

A la tertúlia, amb la típica actitud defensiva d’aquells qui posen en evidència la fragilitat blanca i, de retruc, fomenten la desigualtat racial, Paul Weiss, professor de filosofia de Yale, va acusar James Baldwin d’esmentar constantment la qüestió del color, sense tenir en compte que hi ha més maneres de connectar els homes.

Baldwin va respondre apassionadament, així:

“No sé quins sentiments tenen la majoria de blancs d’aquest país. Però puc concloure què senten per l’estat de les seves institucions. No sé si els cristians blancs odien els negres o no, però sé que tenim una església cristiana que és blanca i una església cristiana que és negra. Tal com va dir Malcom X, l’hora més segregada de la vida americana és el diumenge a migdia. Això em diu molt sobre una nació cristiana. Vol dir que no puc permetre’m de creure i confiar en la majoria de cristians blancs, ni en l’església cristiana… No sé si els sindicats i els seus caps m’odien… Però sé que no formo part dels sindicats. No sé si el lobby immobiliari està en contra dels negres, però sé que els lobbistes nord-americans no em deixen sortir del gueto. No sé si el Consell d’Educació odia els negres, però sé quins llibres de text fan llegir als meus fills i a quines escoles han d’anar. És així. I vostè vol que jo faci un acte de fe posant-me en risc, jo, la meva dona, la meva germana i els meus fills per no sé quin idealisme que vostè m’assegura que existeix a Amèrica i que jo mai no he vist.”

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Fira Literal 2021 en Barcelona el 22 y 23 de mayo

Como otros años, estaremos en La Fira Literal de Barcelona los próximos 22 y 23 de mayo, compartiendo con Cisma Editorial en el espacio Fabra & Coats la paradeta 76 de la rambla Aleksandra Kollontai. Allí estarán nuestros libros, donde Palestina ocupará un lugar especial.


NOVEDAD PRIMAVERA 2021

Un viaje de un día desde Mitilene a Aivalí. Y allí, entre dos orillas, en medio del mar, un viaje por el tiempo. Por la Historia ensangrentada. Por lo que divide a las personas de este pequeño estrecho. Por lo que une a todos los pueblos de la tierra.

El Desastre de Asia Menor. Desarraigo. Patrias perdidas. Tratado de Lausana. El primer intercambio de población a gran escala en la historia contemporánea. Cientos de tragedias, incontables historias de personas perseguidas. La mayoría de estas historias, desconocidas. Otras en cambio, las que los refugiados contaron a sus hijos y a sus nietos, se desdibujan poco a poco. Se hunden en el olvido, se pierden. Muy pocas historias llegaron a llevarse al papel. Muy pocas se salvaron, para erigir la memoria ante los errores humanos que, cuando se olvidan, se repiten.

Allí, en las fronteras marítimas, en el estrecho paso entre la isla de Lesbos y las costas de Asia Menor, se despliegan cuatro de estas historias. Cuatro personas de Aivalí nos narran. Tres griegos y un turco: Fotis Cóndoglu, Ilías Venesis, Agapi Venesi-Moliviati y Ahmet Yorulmaz.

Y cuando vuelves a pisar esta tierra, el presente procura arreglar cuentas
con el pasado. El viaje no ha concluido.

Ficha técnica
Autor del texto y las ilustraciones: Soloúp
Título: Aivalí: Una ciudad grecoturca en 1922
Presentación: Bruce Clark
Traducido del griego por Marta Gámez y María López Villalba
ISBN: 978-84-121662-5-5 - Nº de págs. 432
PVP: 27 €

Puedes escuchar el programa dedicado a Aivalí y la entrevista de Pilar Sampietro a su traductora María López Villalba en Mediterráneo


Palestina, art i resisténcia contra l'apartheid, Xavier Montanyà en VilaWeb*

Ediciones del Oriente y del Mediterráneo ha publicat fa poc un llibre de referència sobre el dibuixant i la seva obra: Palestina, arte y resistencia en Naji al-Ali. És una edició excel·lent, amb un recull significatiu dels seus dibuixos, textos de l’assagista i guionista de còmics Antonio Altarriba i de la periodista especialista en el món àrab Teresa Aranguren. Tot combinat amb fragments d’entrevistes a l’autor emmarcades en el context de la història de Palestina i la seva vida a l’èxode, des del camp de refugiats d’Ain al-Hilweh, fins a l’exili de Londres, passant per Kuwait i Beirut.

Camp de refugiats de Xatila, As-Safir, Líban, 23 setembre de 1982.

Sóc Handala i prometo mantenir-me fidel a la causa

Handala és una icona de la resistència palestina. Un nen de deu anys que va néixer de la mà de Naji al-Ali al camp de refugiats on el dibuixant va viure quan ell i la seva família van ser expulsats de casa seva a Galilea. Ell també tenia deu anys quan les tropes de la Haganà, la principal milícia sionista i embrió del futur exèrcit israelià, van atacar la seva vila d’Ash-Shayara. Era l’1 de maig de 1948, ara fa setanta-tres anys. Tots els habitants van ser expulsats, dinamitaren les cases i aplanaren el terreny amb piconadores. Neteja ètnica. Ash-Shayara ja no figura en el mapa d’Israel.

El nen Naji va ser un més entre les immenses columnes de gent que emprenien el camí de l’èxode carregats amb les poques pertinences que havien pogut salvar dels atacs i la destrossa israeliana. Va créixer al camp d’Ain al-Hilweh, al Líban. Allà es va fer un home i un militant de la causa palestina. Aviat el van empresonar. El seu primer acte de resistència fou convertir les parets de la seva cel·la en un quadern de dibuix: “Vaig començar a dibuixar a les parets el que recordava del meu país i el que veia atrapat en els ulls de la gent… Les parets convertides en teles. Trossos de carbó feien de brotxes i pinzells.”

I així, un dia, va néixer el nen Handala, el nen que ell era, o el que havia deixat de ser quan els israelians van arrasar el seu poble i els van fer fora. Les primeres paraules del seu alter ego dibuixat van ser: “Sóc Handala, del campament d’Ain al-Hilweh, i prometo solemnement mantenir-me fidel a la causa.”

Nayi al-Ali, fotografia d’Saleh Abbas, 1969.

En una entrevista al diari Al-Muwayaha, Naji al-Ali explicava els seus orígens. En tradueixo un fragment llarg pel valor i el significat que té avui: “Sóc del campament d’Ain al-Hilweh, un campament com qualsevol altre. Els fills dels campaments són fills de la terra de Palestina. No eren comerciants ni propietaris: eren agricultors que, quan van perdre la terra, van perdre la vida i se’n van anar als campaments. La gran burgesia no va venir a instal·lar-s’hi. Els fills dels campaments són els que s’hi han exposat a la mort i a tota mena d’humiliacions i situacions d’opressió. Hi ha famílies senceres que han caigut màrtirs en els nostres campaments, i aquests palestins són els que m’importen, fins i tot quan sóc lluny dels campaments per la feina.”

Al principi, Handala parlava, però, amb el temps, a mesura que les atrocitats contra el seu poble augmentaven i el món girava la cara per no veure-les, Handala també es va girar d’esquena al món. Amb aquesta actitud ha esdevingut el gran símbol de la resistència palestina. “Handala va néixer amb deu anys i sempre tindrà deu anys. És l’edat que jo tenia quan vaig deixar el meu país, Handala només creixerà quan torni a Palestina”, deia el dibuixant. “Al principi era un nen palestí, però la seva consciència es va desenvolupar per tenir un horitzó nacional i després global i humà. És un nen simple però dur, i per això la gent el va adoptar sentint que representava la seva consciència.”

Un dia, l’escriptor palestí Ghassan Kanafani, que més tard va cofundar el Front Popular per l’Alliberament de Palestina (FPAP), va visitar el campament per participar en unes jornades de debat. Ell també havia estat expulsat de Palestina essent un nen, vivia a Beirut i dirigia la revista Al-Hurriya (La Llibertat). Els dibuixos de Naji al-Ali el van captivar i decidí de publicar-ne uns quants a la revista. Eren anys d’efervescència política, es començava a pensar a “recuperar Palestina”. La consciència col·lectiva despertava amb una nova generació, la d’al-Ali, que, pels seus dibuixos i activisme, aviat va ser processat i va passar unes quantes vegades per les presons libaneses.

As-Safir, Líban, 14 juliol de 1980.

L’assassinat de l’escriptor Ghassan Kanafani

El 1963, Naji al-Ali va emigrar a Kuwait i va passar a publicar al setmanari Al-Talia. La seva fama i la d’Handala es van anar estenent per tot el món àrab, en consonància amb els problemes judicials i policials de l’autor, que ja s’hi anava acostumant. Va tornar a Beirut l’any 1974, dos anys després de l’assassinat del seu amic i mentor Ghassan Kanafani a trenta-sis anys. Un escamot del Mossad el va matar amb un cotxe bomba, amb la seva neboda Lamis de disset anys, davant de casa seva a Beirut, el 8 de juliol de 1972.

El 1975, va esclatar la guerra civil libanesa, que durà quinze anys. La resistència armada palestina va ser un factor molt important. L’exèrcit israelià envaí el Líban el 1978 i el 1982. El campament on vivia la família de Naji al-Ali era un dels més combatius. Van oferir una resistència tan titànica que els caps militars israelians no es va atrevir a entrar-hi per terra. Tant els feia. Els van atacar per l’aire, bombardant massivament els estrets carrerons del campament.

Després de dos mesos de durs enfrontaments a tot el país, es va signar un acord de pau, sota els auspicis de Ronald Reagan, i milers de guerrillers de l’Organització per a l’Alliberament de Palestina (OAP) van abandonar el Líban.

Dues setmanes després, les Falanges Libaneses van arrasar els campaments de Sabra i Xatila, a Beirut, on van massacrar entre vuit-centes persones i tres mil cinc-centes. Tenien ordres de netejar de terroristes els campaments. L’exèrcit israelià va ser indirectament responsable d’aquell acte qualificat de genocidi per l’ONU. Ariel Sharon era el ministre de Defensa. Es va veure obligat a dimitir, però continuà al govern com a ministre sense cartera.

As-Safir, Líban, 2 juliol de 1979.

L’èxode etern: Beirut, Kuwait, Londres

Anys a venir, les coses es van anar complicant per als palestins i els dibuixos de Naji al-Ali es tornaren més amargs i corrosius. Les seves crítiques als invasors israelians es van anar ampliant als xeics del petroli aliats de Washington, Henry Kissinger, els règims àrabs, la burgesia palestina, els polítics àrabs, els alts funcionaris de l’OAP, la divisió i el sectarisme als campaments… Al-Ali criticava la retòrica de l’arabitat buida de contingut polític i l’aliança de les oligarquies àrabs amb les potències internacionals que explotaven el petroli i, de retruc, defensaven, militarment i diplomàticament, l’ocupació israeliana de Palestina.

Mentrestant, el nen Handala, d’esquena, encongit d’espatlles, s’ho continuava mirant impertèrrit i tirant en cara al món el seu obscè silenci.

Naji al-Ali era un activista, no va ser mai un home de partit, tot i la seva simpatia pel Front Popular d’Alliberament de Palestina del metge George Habash, marxista i panarabista. El FPAP, junt amb Al-Fatah, són les principals organitzacions de l’OAP. Amb la invasió del Líban, a Naji al-Ali la vida se li va fer més complicada i perillosa. S’exilià novament a Kuwait, d’on va ser expulsat el 1985 i va acabar instal·lant-se, finalment, a Londres. En tots aquests anys, no va deixar mai de publicar, i va esdevenir una veu de la consciència crítica palestina internacional. Tenia seguidors i enemics per tot arreu. El seu delicte era expressar-se lliurement, criticar i dibuixar. La seva arma era el llapis.

As-Safir, Líban, 2 abril de 1982.

El 22 de juliol de 1987, a la porta del diari Al-Qabas International on treballava, un home se li va acostar per l’esquena i li disparà al cap. Naji al-Ali morí en un hospital de Londres després de quatre setmanes en coma. Tenia cinquanta-un anys. Va ser enterrat al cementiri de Brookwood, a Surrey. Ningú no va reivindicar mai l’atemptat. No es va identificar mai l’assassí.

“No tinc cap més alternativa que morir o deixar de dibuixar, que també és morir”, havia dit Naji al-Ali.

Mesos després, el desembre de 1987, els joves de Gaza van començar la Intifada de les pedres contra els militars israelians. El petit Handala va ser un dels símbols d’aquella revolta. És com si Handala hagués estat assenyalant durant anys el camí als nens de les pedres. Com si Handala no hagués pogut més i s’hagués revoltat, atacant l’enemic amb l’única cosa que tenia al seu abast: les pedres. Els joves palestins el dibuixaven als murs, el duien a les samarretes, als clauers. Handala, sempre d’esquena, encongit, callat, pensatiu, va ser un testimoni excepcional de la Intifada i de tot el que ha succeït després al poble palestí. El seu autor, Naji al-Ali, ja no era viu per a veure-ho. El món continuava, i continua, mirant cap a una altra banda.

Coberta del llibre.
* Artículo completo en VilaWeb

Ilya U. Topper en m'sur presenta a Sargon Boulus y su poemario "Otro hueso para el perro de la tribu"

Todo país es el centro del mundo, pero Iraq lo es un poco más que otros. Aquí se cruzan caminos de la historia, conquistas, lenguas, religiones. Y todas ellas están en los versos de Sargon Boulus, iraquí cristiano, asirio, escritor en Líbano, poeta en San Francisco. Emigrado a América a los 25 años, pasó la mayor parte de su vida en Estados Unidos, aunque también vivió cierto tiempo en Grecia y murió en Berlín. Por entonces, su país, al que apenas había vuelto, ya estaba destrozado por una ocupación militar y una cruel guerra civil.

Pero esta vida lejos del Tigris no le impidió a Sargon Boulus (1944 -2007) convertirse en uno de los grandes nombres de la poesía árabe moderna, con cinco poemarios: Llegar a la ciudad de ninguna parte (1985), La vida junto a la Acrópolis (1988); Lo primero y lo que viene después (1992); El que lleva la linterna en la noche de los lobos (1996) y Si estuvieras dormido en el arca de Noé (1998). Otro hueso para el perro de la tribu es su última colección lírica, publicada un año después de su muerte y ahora vertida al castellano por la arabista Luz Gómez para Ediciones del Oriente y el Mediterráneo, que ha cedido un avance a MSur.

( artículo completo en m'sur )


Lola Bañón: "Palestina. Arte y resistencia en Nayi Al-Ali", Le Monde diplomatique, abril 2021

En 1987, Nayi al-Ali, el dibujante árabe más conocido, era asesinado en Knightsbridge Street, Londres, sólo semanas antes del estallido de la primera intifada. La autoría sigue siendo un misterio. Ediciones del Oriente y del Mediterráneo publica ahora Palestina, arte y resistencia en Nayi al-Ali, un trabajo de recopilación de sus dibujos; una investigación que rescata un patrimonio intelectual fundamental para entender la evolución de Oriente Medio en las últimas décadas.

Nayi al-Ali vivió amenazado: era crítico no únicamente con Israel sino también con los líderes palestinos a los que acusó de hacer concesiones. Ponía por delante siempre su condición de refugiado nacido en Galilea y desplazado a Líbano en donde creció en los campos donde malviven miles de palestinos aplastados por el trauma de la desposesión y mantenidos en espíritu por la esperanza de un regreso que nunca se ha dado.

Su legado permanece en la legión de dibujantes palestinos que se inspiran en su obra, pero sobre todo en las calles árabes, donde Handala, el mítico muñeco, el niño refugiado que él creó sin rostro, ni zapatos  y vistiendo ropa remendada, aparece de espalda como patrimonio de resistencia y oposición.

33 años después de la muerte de Nayi Al Ali, pervive la ocupación israelí; se ha evaporado la posibilidad de un Estado palestino, y algunos gobiernos árabes, en línea con lo que profetizó el dibujante, han retirado su compromiso con la causa.

Palestina aparece diluida mediáticamente bajo la pesada capa de las realidades de la pandemia pero por esa pervivencia a veces extraña que tiene el arte, Handala sigue siendo reproducido en los mil rincones del mundo a los que sigue sin llegar ni la justicia ni la primavera real.

El libro contiene también textos de Teresa Aranguren. Antonio Altarriba, Zuhur Dalo y Mohamed Bitari y un especial agradecimiento de Khalid, hijo del artista.

Artículo completo en Le Monde diplomatique en español


Fragilidad blanca y blanquitud: Robin DiAngelo desvela la blanquitud

 

La fragilidad blanca es una idea verdaderamente transformadora; es un concepto indispensable que nos invita a analizar detenidamente la blanquitud tal como la entienden los blancos y sus reacciones defensivas cuando les exigimos responsabilidades por una blanquitud que ha pasado de puntillas por el tema de la raza durante demasiado tiempo. DiAngelo es sabia y fulminante en su implacable ataque contra lo que Langston Hughes llamó «las maneras de los blancos». Pero es clarividente y nada sentimental cuando desenreda los entreverados hilos del destino social y la prescripción política que atan la identidad blanca a la neutralidad moral y la universalidad cultural.
DiAngelo cuestiona valientemente la fusión de la blanquitud con la identidad nacional. Una autoridad como Beyoncé Knowles, nada menos, constató recientemente: «Se ha dicho que el racismo es tan americano que cuando nos quejamos de él algunos dan por hecho que nos quejamos de América». DiAngelo demuestra que Beyoncé está en lo cierto, que el trasvase de identidad blanca a identidad estadounidense —de convicciones racistas a convicciones nacionales— debe encararse de frente, insistiendo a pleno pulmón en que ser estadounidense no significa lo mismo que ser blanco, al menos no exclusivamente, ni siquiera principalmente. (Michael Eric Dyson)

Mireia Sentís conversa con Jordi Bartomeus en betevé sobre Fragilidad blanca. ¿Por qué es tan difícil para los blancos hablar de racismo?

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Le Monde Diplomatique se hace eco de la Publicación de Fragilidad blanca:

Fragilidad blanca

por Manuel S. Jardí, abril de 2021

Estados Unidos se fundó sobre el principio de que todas las personas nacen iguales. Sin embargo, como advierte la autora en su introducción, la nación se estrenó con el intento de genocidio de los pueblos indígenas y el robo de su tierra. “La riqueza americana se construyó con la mano de obra de los africanos secuestrados y esclavizados y sus descendientes. A las mujeres se les negó el derecho a voto hasta 1920 y a las mujeres negras se les negó el acceso a este derecho hasta 1965”. El fallo del sistema actual es la reproducción de la desigualdad racial. “Nuestras instituciones han sido diseñadas para reproducir la desigualdad racial y lo hacen con eficacia. Nuestros centros escolares son especialmente eficaces en esta tarea”. Acaso la forma más perniciosa de presión sobre las personas de color, subraya, sea confabularse con la fragilidad blanca minimizando sus experiencias raciales para acomodarlas a la denegación y el recelo blancos. “En otras palabras, no comparten su dolor con nosotros porque no podemos soportarlo”. La fragilidad blanca, pues, ha funcionado para impedir que las personas de color desafiaran el racismo a cambio de evitar la cólera blanca. “Pero si no desafiamos a las personas blancas por su racismo estaremos manteniendo el orden racial y la posición de los blancos en el mismo”. El libro de DiAngelo es útil para quien quiera comprender cómo se desarrolla la fragilidad blanca, cómo protege la desigualdad y qué se puede hacer para que el diálogo sobre el racismo se convierta en algo fructífero en vez de un camino sin salida.

Artículo completo en Le Monde diplomatique en español