35 años después del asesinato del dibujante palestino Nayi Al-Ali, Handala sigue vivo

El 22 de julio de 1987, Nayi Al-Ali, el creador de Handala, sufrió en Londres, donde vivía exiliado, un atentado que acabó con su vida días después.

Nayi al-Ali había nacido en 1938 en Al-Shajara, una aldea palestina de Galilea, destruida en 1948 durante la Nakba. La familia tuvo que huir y refugiarse en Líbano. Con el apoyo del escritor palestino Ghassan Kanafani, también exiliado en Líbano, donde el Mossad  acabaría también con su vida en julio de 1972, Nayi al-Ali comenzó a colaborar con sus viñetas en la prensa árabe en los diferentes países en que vivió exiliado, desde Líbano a Kuwait.

Naji-con-su-mujer-y-sus-tres-hijos
Nayi al-Ali con su mujer y sus tres hijos en una foto cedida por Khalid Nayi al-Ali.

Sus dibujos reflejaban la situación colonial y de sometimiento de su pueblo y de los países árabes. Como expresa Antonio Altarriba en «El niño que da la espalda», el prólogo en el que introduce los dibujos de Nayi al-Ali incluidos en Palestina. Arte y resistencia en Nayi Al-Ali,

Al-Ali se acoge a unos cuantos campos simbólicos que declina con maestría. Uno de los más importantes, como no podía ser de otra manera, es el del encierro. Muros que secuestran el horizonte, alambradas que desgarran el cielo, barrotes que estrangulan la luz… Los personajes de al-Ali viven en un mundo cerrado, mejor dicho, en una prisión que, con el tiempo, refuerza su hermetismo y destruye, con silenciosa eficacia, la capacidad de resistencia de quienes, desde hace setenta años, solo aspiran a moverse libremente en su propio país.

Nayi-al-Ali-Palestina-Arte-y-resistencia
Publicado en Al-Talia, Kuwait, el 21 de febrero de 1968.

Como si fuera una derivada del encierro, surge la simbología de la esterilidad o, para ser más exactos, de la fertilidad imposible. Nada puede germinar en un territorio arado por las bombas y regado por la sangre. La más desoladora sequía infecta una tierra resquebrajada, partida por las vallas. La flor deja de ser planta, preludio natural del fruto, para percibirse como esperanza del color, síntoma de apertura, al menos de fisura penetrada por la luz. Ni el arraigo vegetal ni el arraigo humano encuentran acomodo en un país literalmente desarbolado. La espiga solo crece como posibilidad remota del espino, pero del espino que crece en las alambradas. No brota de la siembra sino de la nostalgia de un pasado feraz. Tampoco puede cosecharse para hacer pan. La espiga de al-Ali solo sirve para alimentar la ilusión de supervivencia. Y la aridez desecadora no se limita a la flor y al fruto. También se apodera de los humanos y les deja impotentes para la paternidad. Solo existe el hijo ensangrentado, truncado, sacrificado en aras de una libertad insistentemente negada… Tras tantos años de represión hasta el futuro ha muerto.

Nayi-al-Ali-As-Safir-Líbano-8-abril-1980
Viñeta de Nayi al-Ali publicada en el periódico As-Safir de Líbano el 8 de abril de 1980

Teresa Aranguren en «Nayi – Handala», su presentación del dibujante en Palestina. Arte y resistencia en Nayi Al-Ali escribe:

Lleva la cabeza gacha y las manos entrelazadas a la espalda en postura de pensador peripatético pero no es un sabio sino un niño; tiene entre diez y once años, la edad que tenía su autor cuando salió de Palestina. Porque Handala, así se llama, es una viñeta creada por Nayi al-Ali o quizás por el niño que vivía en el adulto Nayi al-Ali y que siempre tuvo entre diez y once años, los que tenía cuando fue expulsado de su pueblo, su vida, los paisajes de su infancia…Y se convirtió en refugiado. Un niño de Palestina.
«Soy Handala, del campamento de Ain al-Hilweh y prometo solemnemente mantenerme fiel a la causa». Así se definía el autor de la viñeta que iba a convertirse en símbolo de la resistencia palestina. […]

La familia al-Ali vivía en la localidad de Ash-Shayara, en la región de Galilea, distrito de Tiberiades, una zona de suaves colinas, huertos, campos de árboles frutales y paisajes bucólicos. En árabe, Ash-Shayara significa El Árbol y, dice la leyenda, que el nombre de la aldea proviene del frondoso árbol que había en el lugar y bajo cuya sombra, Jesús, el Galileo, encontró cobijo y frescor durante una de sus sofocantes caminatas de predicador en esas tierras.
La aldea de Ash-Shayara fue atacada por tropas del Haganah, la principal milicia sionista y embrión del futuro ejército israelí, el 1 de mayo de 1948; todos sus habitantes fueron expulsados, después dinamitaron las viviendas, y el terreno fue allanado con excavadoras. El nombre de Ash-Shayara ya no figura en los mapas israelíes.

Handala-lucha-con-su-pluma-contra-los-medios
Handala lucha con su pluma contra los medios, viñeta publicada en Al Qabas, Kuwait, 30 de abril de 1987..

Naji-al-Ali-principio-años-60
Nayi-al-Ali-fotografiado-en-Kuwait-a-principios-de-los-años-sesenta

Sin embargo, a pesar de la Nakba continuada desde 1948, Handala y los deseos de libertad e independencia del pueblo palestino siguen vivos, contando con la solidaridad de los pueblos del mundo, como el desafío al bloqueo de la franja de Gaza protagonizado por los navegantes del Handala, el barco botado el 13 de julio de 2025 en Siracusa que llevará ayuda humanitaria que salva vidas y un mensaje de solidaridad de personas de todo el mundo que se niegan a permanecer en silencio mientras Gaza está hambrienta, bombardeada y enterrada bajo escombros.

flotilla-por-la-libertad-julio-2025
El Handala, el barco de la Flotilla por la Libertad, que lleva ayuda humanitaria y la solidaridad de los pueblos del mundo a Gaza.


Nasser Rabah, poeta de Gaza: “Nuestras emociones están como muertas. Vamos a los funerales mecánicamente, como si fuéramos al mercado”

Nasser-Rabah_-Beatriz-Lecumberri-El-País-Planeta-Futuro
Nasser Rabah, autor de "Gaza: el poema hizo su parte", entrevistado por Beatriz Lecumberri en El País / Planeta Futuro.

Nasser Rabah, poeta de Gaza: “Nuestras emociones están como muertas. Vamos a los funerales mecánicamente, como si fuéramos al mercado”

El escritor, que acaba de publicar en España un libro escrito en parte durante esta guerra, considera que sus versos son un “deber patriótico” para documentar la tragedia humanitaria

Beatriz Lecumberri

Madrid - 13 JUN 2025 – EL PAÍS / PLANETA FUTURO

La voz y las palabras de Nasser Rabah llegan desde su casa parcialmente destruida por los bombardeos israelíes en el campo de refugiados de Al Maghazi, en el centro de la franja de Gaza, donde nació en 1963 y donde permanece hasta hoy, rodeado de ruinas y del sonido, demasiado cercano, de los disparos y bombardeos. La entrevista con este periódico se extiende durante semanas, porque las preguntas se quedan sin respuesta a veces durante días, hasta que, de repente, el poeta reaparece y la conversación se retoma.

“Mis nuevas preocupaciones cotidianas representan una carga inesperada: proteger a mis hijos en la medida de lo posible de la metralla y las balas perdidas, buscar comida, mantener un mínimo de higiene, conseguir leña...”, enumera, casi disculpándose.

Nasser Rabah es uno de los principales poetas palestinos actuales y ha publicado varios libros de poemas en árabe, español, inglés y francés, entre otros. Su voz ha cobrado fuerza desde que estalló esta guerra, en octubre de 2023, y en España acaba de editarse Gaza: el poema hizo su parte (Ediciones del oriente y del mediterráneo), escrito en buena parte en los últimos meses.

“Rabah posee una voz singular, espiritual, profunda y universal, que se alza por encima de las vicisitudes de su pueblo”, explica a este diario Inmaculada Jiménez Morell, directora de publicaciones en Ediciones de Oriente y del Mediterráneo.

En sus versos hay casas en ruinas, pájaros que huyen, muertos, mutilados, polvo, vacío, tristeza y miedo. También un atisbo de esperanza. Su obra se ha liberado de artificios para convertirse en una tabla diaria de salvación. La belleza de su poesía, de la que Rabah reconoce no ser del todo consciente, radica en esa simpleza arrasadora e innovadora, capaz de describir, en un fogonazo, la supervivencia y el sufrimiento de los gazatíes.

“En tiempos de guerra, veo la poesía casi como un deber patriótico, una misión nacional para documentar el desastre”, asegura.

Pregunta. ¿Cómo se escribe poesía en medio de la guerra, de la huida y del hambre?

Respuesta. Mi ritmo de escritura se ha acelerado, ya que la adrenalina fluye todo el tiempo y las escenas de tristeza, dolor y horror se derraman ante mis ojos y ante mi corazón. Mis dedos tienen prisa por expresarse y gritar, a pesar de mis nuevas preocupaciones cotidianas, que representan una carga inesperada, como proteger a mis hijos en la medida de lo posible de la metralla y las balas perdidas, buscar comida, mantener un mínimo de higiene o conseguir leña...

Es sin duda otro tipo de poesía

Sí. En la guerra, no nos preocupamos tanto por la calidad, la estructura del poema, la musicalidad del lenguaje o las metáforas. Escribimos lo que sucede, lo que vemos, de forma simple. Los textos se vuelven más realistas. Pero, sorprendentemente, vistos desde fuera, estos versos pueden parecer estéticamente buenos y alcanzan incluso un nivel de fantasía cinematográfica, porque la realidad en Gaza realmente parece una ficción. Escribimos, por ejemplo, frases como esta: “Entrenamos nuestros ojos para contar mal los miembros que nos faltan”. Una afirmación periodística y hasta poética.

¿Qué ha querido expresar con esa frase?

Me refiero a las personas, especialmente los niños, a las que se les han amputado miembros, a veces incluso sin anestesia. Cada día vemos a gente a la que le falta un brazo o una pierna y ya nos parece algo normal. Yo a veces pienso que intentamos superar la tristeza y el dolor viéndolos enteros, con sus dos brazos y sus dos piernas, por eso es como si entrenáramos nuestros ojos para no contar los miembros que les faltan.

Hace unos meses usted también escribió este verso: “En la guerra el corazón se asfixia, arden sus palabras, los pájaros se funden en él como un rojo rocío, revolotea sobre un gran mástil al que llaman patria”.

Sí, en tiempos de guerra, veo la poesía casi como un deber patriótico, una misión nacional para documentar el desastre histórico y expresar las preocupaciones de la gente sometida a bombardeos y desplazamientos. Mi misión sigue siendo encontrar poesía entre los escombros de Gaza.

GAZA-EL-POEMA-HIZO-SU-PARTE-NASSER-RABAH¿Cuándo y cómo escribe?

Después de que termino los quehaceres indispensables para que mi familia y yo podamos sobrevivir, me siento exhausto y deprimido. Además, casi todos los días hay noticias de amigos o vecinos que resultan heridos o mueren. Pero escribo en la pantalla de mi teléfono móvil tantos poemas y textos como puedo. Escribo con el alma cansada, pero escribo porque siento que me libera de alguna manera de la opresión y es mi forma de aguantar hasta que termine la guerra.

Usted y su familia siguen viviendo en su casa.

Nos fuimos 40 días, en enero de 2024, y nos refugiamos en otra vivienda y luego en una tienda de campaña, pero regresamos. Parte de nuestra casa estaba destrozada, pero limpiamos los escombros, reparamos alguna pared y aquí seguimos, sobreviviendo. Pero son días duros, los bombardeos no cesan, y nosotros estamos muy cerca de la frontera con Israel, como a un kilómetro, y el peligro está omnipresente. A eso se añade la falta de comida y de dinero.

Su biblioteca personal fue destruida por los tanques israelíes.

Sí, mi casa y otras casas vecinas fueron blanco de los tanques del ejército israelí durante la invasión del campo de Al Maghazi. Y yo tengo el sentimiento no confirmado de que la biblioteca fue bombardeada deliberadamente... Las otras dos habitaciones de la casa que fueron destruidas tenían una orientación directa hacia los tanques, pero bombardear la biblioteca requería un ángulo de visión muy estrecho para que el proyectil la alcanzara.

En esta guerra han muerto escritores, profesores, artistas y han sido bombardeados centros culturales, educativos o históricos. ¿Qué lectura hace usted de estas pérdidas humanas y materiales?

Creo que el objetivo de Israel es eliminar cualquier posibilidad de que exista una entidad política palestina, es decir un Estado palestino, en el futuro, por lo que destruye viviendas, hospitales, escuelas, mezquitas, instituciones culturales y lugares arqueológicos, además de aniquilar al mayor número posible de civiles. Además, mata de hambre a la población para que la opción de marcharse de Gaza en cuanto sea posible cobre fuerza en la mente de la gente.

¿Cuál es el último poema que ha escrito?

Se titula Cómo morimos, lo terminé hace dos días. Dice algo así: “Cuántos murieron, ya no importa, cuántos hemos muerto, no hay memoria para contar. La guerra es un cielo feo, música de fondo para un holocausto repetido. Cuántos murieron, ya no importa, las manos quemadas no saben contar”.

Son poemas de una inmensa tristeza

Son un reflejo de nuestra vida. A veces pienso que somos tan infelices en Gaza que nuestras emociones están como muertas. Vamos a los funerales mecánicamente, como si fuéramos al mercado, nuestros niños saben distinguir los sonidos de los disparos, de los misiles y la muerte es una sombra que nos acompaña siempre. Mis poemas son tristes, hablan de la herida que nos causa esta guerra, pero también de la supervivencia, de la fuerza de la gente y de su humanidad, que resiste pese a que Israel la intenta pisotear.

Artículo completo en: https://elpais.com/planeta-futuro/2025-06-13/nasser-rabah-poeta-de-gaza-nuestras-emociones-estan-como-muertas-vamos-a-los-funerales-mecanicamente-como-si-fueramos-al-mercado.html


"Palestina. La existencia negada" de Teresa Aranguren en los medios

Palestina-La-existencia-negada-Teresa-Aranguren
Teresa Aranguren interviene en el programa la Noche en 24 horas sobre el genocidio en Gaza a raíz de la publicación de su libro "Palestina. La existencia negada".

 

Palestina-La-existencia-negada-Teresa-Aranguren-infolibre
infolibre se hace eco de la publicación de "Palestina. La existencia negada" con la prepublicación de la Introducción de Teresa Aranguren.

 


Mosab Abu Toha, autor de "Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído" recibe el premio Pulitzer

Es un honor para mí recibir hoy el Premio Pulitzer. Muchísimas gracias al jurado y a los miembros de la junta directiva por honrarme.
Dedico este éxito a mi familia, amigos, profesores y estudiantes de Gaza.
Bendiciones a los 31 miembros de mi familia que murieron en un ataque aéreo en 2023.
Bendiciones a las almas de mis cuatro primos hermanos, dos de los cuales murieron junto con sus cónyuges e hijos. Bendiciones al alma de mi tía abuela, Fátima, cuyo «cadáver» permanece bajo los escombros de su casa desde octubre de 2024. Bendiciones a las tumbas de mis abuelos, a quienes nunca encontraré.
Bendiciones a las almas de mis alumnos que murieron buscando comida o leña. A la escuela donde estudié y enseñé, a la biblioteca que fundé y a la que añadí un libro de poesía antes de 2023.
Bendiciones a muchos más. ¡Estoy orando por un alto el fuego inmediato y permanente y por JUSTICIA y PAZ!
#mosababutoha #Palestina #Gaza #poesía #poemasdesdeGaza #thepulitzerprizes #cosasquetalvezhallesocultasenmioído

 

 

 


Gaza: el poema hizo su parte, de Nasser Rabah

GAZA-EL-POEMA-HIZO-SU-PARTE-NASSER-RABAH

El poema hizo su parte y se marchó. Ya no hay fiesta ni celebración de nacimiento. No hay flauta que guíe a quienes acuden a la oración del encuentro. No hay nubes con las que intercambiar elogios, ni árboles que me llamen con hermosos nombres o extiendan mi sombra. Rezo a una ventana: su raíz está en mi corazón, y tiende sus ramas sobre mi nostalgia.
El poema hizo su parte y se marchó. En cuanto al verbo, quedó para los desdichados que labran un jardín, con sus rosas, sus cipreses y vino que inspira a las espigas de las canciones. Pero lo dejaron todo y siguieron el rastro del poema hasta el alba. En cuanto al significado, aquel espejismo que me seguía, y yo a él, era blanco flotando sobre aguas estancadas. Le dije: «Sé», pero no fue. Le dije: «No seas», y fue blanco flotando sobre aguas estancadas. En su orilla yo miraba mi reflejo y lo negaba, miraba mi reflejo y lo negaba, mientras que a mis espaldas cantaban mil gallos...

Nasser Rabah nació en 1963 en uno de los campamentos gazatíes de refugiados, el de Magazi, levantado por la UNRWA en 1949 para acoger a familias expulsadas por Israel de los pueblos del centro y sur de Palestina. Pasó parte de su infancia en El Cairo y allí estudió ingeniería agrícola. En Magazi vive y tiene su casa, que se ha resistido a abandonar durante la reciente guerra de exterminio pese a haber sido parcialmente destruida. Rabah no ha podido salir de Gaza en los últimos doce años. Su biblioteca personal ha sido asolada, una pérdida incalculable para un escritor atrapado en un lugar que Israel lleva décadas buscando convertir en un erial intelectual: en Gaza, Israel ha «testado» con especial saña todos los medios de aniquilación de la cultura y el conocimiento palestinos: ha abatido a los individuos —escritores, artistas, profesores— y ha arrasado las instituciones —bibliotecas, teatros, centros culturales, universidades, archivos—. La magnitud de la devastación es tal que en uno de sus últimos poemas, fechado el 26 de junio de 2024, Rabah llega a decir:

Las bibliotecas se buscan a sí mismas entre las cenizas.

No importa… Ningún libro conmueve mi corazón

tras el libro de los tanques.

Nasser Rabah se aferra a su móvil, que se ha convertido en vínculo con el mundo y consigo mismo, un móvil biblioteca, ordenador, teléfono y cámara con que documentar el genocidio: «Escribir notas en el teléfono … es un medicamento para tratar los síntomas de la guerra. Es lo que me sostiene para que no me hunda». En esto, en las formas de resistencia/resiliencia, en el intraducible sumud palestino, también ha introducido cambios el 7 de octubre de 2023. No solo en Gaza, en Palestina en su conjunto. Y cómo no, en el quehacer poético, que nunca ha dejado de ser una forma de sumud.

(de la Introducción de Luz Gómez a Gaza: el poema hizo su parte, de Nasser Rabah, traducido del árabe por Alberto Benjamín López Oliva, la ilustración de la cubierta es de Ana Camusso)

La actriz Natalia Erice recita los poemas "Sin correo desde hace años" y "Patria fuera de servicio".


Kaoutar Harchi, escritora y socióloga: “Las personas son mucho más importantes que los personajes que pueda inventar en mis libros”

Kaoutar Harchi, escritora y socióloga: “Las personas son mucho más importantes que los personajes que pueda inventar en mis libros”

La autora encarna una literatura comprometida y política que huye de la ficción para encarar cuestiones que duelen a la sociedad de Francia, en la que sí celebra la creciente presencia de las mujeres en movimientos antirracistas

Beatriz Lecumberri

El País – Planeta Futuro Madrid – 08 ABR 2025

Kaoutar-Harchi-Tal-como-existimosKaoutar Harchi (Estrasburgo, Francia, 1987) recuerda perfectamente el día en que una profesora que tenía unas manos preciosas le regaló un libro con una dedicatoria: “A mi pequeña árabe, que debe conocer su historia”. Nunca se lo contó a sus padres, de origen marroquí, a los que también ocultó que la maestra la llevó después a una clase para que hablara a los alumnos de su cultura, religión y “lengua materna”. “Fue una agresión y fue más fuerte que yo. Yo era pequeña, no supe qué hacer, qué decir, y no hice ni dije nada”, recuerda la escritora y socióloga en su libro autobiográfico Tal como existimos (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), traducido recientemente al español.

Tras publicar varias obras de ficción, Harchi afirma sentirse liberada hablando de personas reales en sus libros, en los que atrae la mirada hacia cuestiones dolorosas, silenciadas o deformadas. “Vista la situación que vivimos en Francia y en el mundo no puede ser de otra manera”, afirma, en una entrevista con este periódico a su paso por Madrid. El racismo, la radicalización del Estado, el compromiso de la literatura, el poscolonialismo, la violencia contra las minorías, a veces invisible y acallada, y el papel creciente de las mujeres en la lucha social, impregnan su literatura. “Todo lo que yo cuento es verdad, ha sido vivido por mis padres, por mi entorno, por mí. Cuando decimos que todo es verdad, que es sincero, el pacto con el lector es una fuerza mucho más cautivadora que la ficción”, opina.

 

Pregunta. Tal como existimos describe su vida entre los ocho y los 20 años. Además de un relato íntimo y autobiográfico, es también un retrato de su generación, una foto colectiva. ¿Era esa su intención?

Respuesta. Era muy importante desarrollar una escritura que dejara aparentar las contradicciones, los sentimientos y las dificultades, dejando claro que los individuos son personas que forman parte de estructuras sociales: la escuela, la migración, la mirada sobre uno, la religión, y que todo eso estructura su vida. Es decir, lo íntimo está atravesado por cuestiones políticas muy importantes.

¿Nunca pensó en recurrir a la ficción para describir todo esto?

Antes de este libro había publicado tres obras de ficción y no me interesaba más la experiencia. Cuando se habla de racismo, de violencia de género o de clases, es muy importante buscar todo eso en la propia vida y tratarlo de forma directa. Todo lo que yo cuento es verdad, ha sido vivido por mis padres, por mi entorno, por mí. Las personas son mucho más importantes que los personajes que pueda inventar en mis libros. Cuando decimos que todo es verdad, que es sincero, el pacto con el lector es una fuerza mucho más cautivadora que la ficción.

En su libro escribe: “la violencia nos despojó de nosotros mismos, nos obligó a mirarnos y a mirar nuestra vida de forma diferente”. Esa violencia, personal y colectiva, por momentos silenciosa y, según usted, acallada, ¿marcó a su generación?

Sí. En torno a la década del 2000 hay un punto de inflexión en Francia. Hasta ese momento vivíamos en una negación, responsabilizando de todo lo que ocurría a la población migrante. Pero en esa época empezamos a entender que todo es más profundo, que es una cuestión de Estado, de política, de desigualdad social, del trato que se reserva a la población musulmana en Francia. Es un paso importante y se articula en torno a la muerte de dos jóvenes en Clichy-sous-Bois, que murieron electrocutados en 2005 al esconderse en un transformador durante una persecución policial. Nuestra generación se politiza porque ve que las desigualdades se perpetúan y que si no se pide justicia al Estado, todo va a empeorar.

Los jóvenes que hoy tienen 14 o 15 años en los mismos barrios franceses, ¿viven una situación mejor o peor?

Es una generación que ya ha crecido con estas cuestiones incorporadas: racismo, discriminación… Ellos saben muy bien que el Estado no ha cumplido sus promesas, es decir, no se hacen tantas ilusiones como nos las hacíamos nosotros. Es una generación más madura respecto a todo esto, consciente de que hay una violencia estructural por parte del Estado y eso les resulta insoportable, por momentos.

¿Ha habido algún cambio positivo?

Sí. Hay mujeres árabes, negras, asiáticas… que han decidido luchar por sus hijos, por sus hermanos. Por ejemplo, Assa Traoré, cuyo hermano murió en 2016 en una comisaría tras haber sido detenido, o Amal Bentounsi, cuyo hermano Amine murió al recibir una bala en la espalda de un policía en 2012, por citar dos ejemplos. Esto en torno al año 2000 no existía. En ese momento, las familias que eran víctimas de un crimen racista se eclipsaban y hoy tienen un rol mediático, especialmente las mujeres. En Francia las comparamos con Antígona. El duelo ya no se vive en el espacio privado, es público. Y el poder de un duelo es enorme.

¿Sus libros sirven para que los franceses miren de frente una realidad que esquivan?

El público nacional estaba acostumbrado a relatos que reconocían en cierta manera el papel de Francia. Eso se acabó. Estamos en una situación de confrontación política. Pero posiciones como la mía son frágiles desde el punto de vista literario, frente a medios de comunicación que son aparatos de propaganda en manos de grupos muy poderosos que justifican el destino que se reserva a una parte de la población y giran siempre en torno a las mismas preguntas: la verdadera identidad francesa, las minorías… Yo tengo otro discurso y no sé si es eficaz frente a este gran sistema. Mi trabajo literario se enmarca en la fidelidad hacia poblaciones que necesitan realmente un apoyo. La situación política en Francia es difícil, es violenta, pero queremos tener esperanza y hay que seguir actuando.

Sus padres fueron migrantes en la antigua potencia colonial. La descolonización y el poscolonialismo laten en su escritura.

Es un tema muy presente en Francia, esa idea de volver sobre el discurso oficial, lleno de mentiras y de expolio, que invisibiliza a otra parte de la historia. Yo quiero además que la cuestión racial entre en la literatura. Es una manera de descolonizarla, de politizarla.

Su literatura se puede calificar entonces de política.

Vista la situación que vivimos en Francia y en el mundo no puede ser de otra manera. De hecho, he escrito un libro con Joseph Andras, que se titula Literatura y revolución (Littérature et révolution, Éditions Divergences). En Francia hay libreros que reciben cartas pidiéndoles que retiren algunos libros de sus estanterías y hay una especie de caza contra los militantes. Todo está ligado: Palestina, Argelia… A la izquierda francesa se le acusa de ser cercana a Hamás, la extrema derecha se sitúa ahora contra el antisemitismo. Tengo colegas que piensan mucho antes de escribir, que piden consejo a abogados para saber si hay algo en sus textos que podría ocasionarles problemas legales. Porque en Francia, después de los atentados de París de 2015, hay un aparato legislativo que se ha ampliado y que hace que muchos actos puedan considerarse apología del terrorismo.

En su último libro, Ainsi l’animal et nous (Editorial Actes Sud), que en español sería algo así como “el animal y nosotros mismos”, trata estos temas desde la óptica de la animalización.

La idea es que desde hace siglos, de Cristóbal Colón a Gaza, todas las personas que son masacradas u obligadas a pasar hambre son animalizadas. Es una constatación. Desde Descartes, el mundo animal ha sido descrito como algo inferior y parece que lo que nos salva es que no somos como los animales. Pero animalizamos a la población negra, a las mujeres, al enemigo… La cuestión animal es un punto central en la dominación, en el colonialismo, el feminismo, el capitalismo… Por ejemplo, el constructor de automóviles Henry Ford se inspiró de los mataderos de Chicago a principios del siglo XX para trazar las cadenas de montaje de los coches.

Entonces, para usted está claro que la ficción se terminó

Totalmente. La situación es demasiado difícil y hay que ir a lo esencial, tener una escritura más documentada, más periodística. Ser escritor no es solo ir a los festivales, es también seguir la actualidad, intentar apoyar a los militantes, escribiendo un texto cuando lo necesitan, e intentar hacer avanzar las cosas.

 

artículo completo en PLANETA FUTURO – EL PAÍS


Trobada amb Kaoutar Harchi

Kaoutar-Harchi-Sylvia-Oussedik-Institut-Français-Barcelona-26marzo25

 

Trobada amb Kaoutar Harchi

La setmana passada l’escriptora Kaoutar Harchi ha estat presentant el seu llibre Tal como existimos a diferents indrets de la geografia espanyola, mantenint trobades i responent a preguntes de periodistes i del públic en general. Nosaltres vam poder conversar amb ella durant la seva estada a Barcelona.

Kaoutar Harchi va créixer a Estrasburg de pares obrers d’origen marroquí. Gràcies a l’esforç desmesurat de la seva família, va aconseguir realitzar estudis de secundària en un col·legi catòlic privat, l’experiència del qual resulta central a Tal como existimos. Posteriorment, la lectura del sociòleg algerià Abdelmalek Sayad, i en particular els seus llibres sobre la immigració, considerada «un fet social total», la van conduir a estudiar sociologia i a doctorar-se amb una tesi sobre els escriptors algerians d’expressió francesa Kamel Daoud, Rachid Boudjedra, Boualem Sansal, Kateb Yacine i Assia Djebar, publicada l’any 2016 sota el títol Solo tengo una lengua y no es la mía.

Tal como existimos és, efectivament, un llibre autobiogràfic, però és molt més que això. Té una dimensió sociològica molt important, és una recerca autobiogràfica per a captar i transcriure el més fidelment possible aquest estat de despertar, por i excitació, provocat, diu l’autora, pel descobriment que “nosaltres, noies i nois joves, identificats com a musulmans, ho fóssim o no en realitat, érem percebuts als anys 2000-2020 com a un problema” i, puntualitza, “això continua avui sent així tant a França com a tot el món occidental”. És també el despertar de la consciència política d’una nena que veu com la discriminació a vegades ferotge i altres subtil, envaeix els carrers, els mitjans de comunicació, les institucions. Ni la policia, ni les administracions o l’ensenyament públic queden al marge de les seves denúncies.

Kaoutar Harchi va més enllà dels tòpics benintencionats sobre la qüestió de la raça i de la mirada dels altres, com ara els debats cíclics sobre el vel, que no deixen de ser una cortina de fum per amagar els veritables prejudicis. Subratlla l’autora que “les discriminacions van més enllà de la pertinença a una raça” i recalca que “el gènere i la classe social són les autèntiques barreres que mantenen la gent en guetos”.


En preguntar-li, que va representar per ella escriure, l’autora comentà que el fet de publicar va fer que alguns l’assenyalessin com una trànsfuga de la seva classe, però segons ella el que li semblava injust és que només fos la veu dels homes, dels blancs i dels burgesos la que se sentís i volia capgirar tot això. El fet d’escriure li va permetre aixecar el silenci i dir el que estava prohibit, però publicar era també imprescindible per no romandre silenciada.

Tal como existimos és un llibre ple d’amor i respecte cap a la seva mare i el seu pare, escrit amb un llenguatge fort, poètic i amb molta pudor. L’autora afirma: “tot el que dic és veritat, no hi ha personatges de ficció, però, efectivament, no ho explico tot”.

Actualment, Kaoutar Harchi és professora de sociologia a Ginebra, i col·labora amb Joseph Andras, pensador, escriptor i col·laborador habitual de l’esquerra radical, amb qui comparteix molts punts de vista. L’any 2024 van publicar conjuntament Litérature et Revolution (Literatura i Revolució). En el seu últim llibre Ainsi l’animal et nous, publicat el 2024 a França i pendent de publicació a Espanya, Harchi estudia la relació dels humans amb el món animal i com en decretar que són inferiors a nosaltres fem que siguin susceptibles de ser matats sense mala consciència.

article complet a realitat

Kaoutar Harchi, Tal como existimos, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2024 #kaoutarharchi #talcomoexistimos #ifbarcelona @larealitat #sylviaoussedik


En marzo: próximos actos en que participa nuestra editorial

El 21 de marzo, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid: «La voz revelada. Literatura palestina y traducción»

LA-VOZ-REVELADA-LITERATURA-PALESTINA-Y-TRADUCCIONlibros-sobre-Palestina-oriente-y-mediterráneoAUDIO DE LA VOZ REVELADA

El 24 de marzo, en el Institut Français de Madrid: «Encuentro literario con Kaoutar Harchi, la autora de Tal como existimos»

Kaoutar-Harchi-Tal-como-existimos-en el IFM

El 25 de marzo: Kaoutar Harchi presentará su libro en Sevilla, en la Fundación Tres Culturas

Tal-como-existimos-Kaoutar-Harchi-en-Fundación-Tres-CulturasEl 26 de marzo: Kaoutar Harchi en el Institut Français de Barcelona

Kaoutar-Harchi-en-el-Instituf-Français-de-Barcelona


Luna Miguel en Babelia / El País: "También hubo trovadoras: poetas que sufrían, elegían y eran las adoradoras"

Luna-Miguel-Albores-Clara-Janés-Babelia-El-País-8-marzo-2025
Luna Miguel comenta "Albores o el rostro sin velo de las trovadoras", la antología de mujeres trovadoras editada y traducida por Clara Janés, en Babelia / El País el 8 de marzo de 2025.

 

Se trata Albores de una recopilación de las únicas trovadoras conocidas hasta la fecha, mujeres de clase alta de los siglos XII y XIII, cuya lectura, estudio y reconocimiento no empezó a producirse hasta finales del siglo XIX. Sus nombres no son más de veinte, frente al alrededor de los cuatrocientos que conforman las listas de trovadores masculinos; y las historias de sus vidas, a menudo difusas e inaccesibles, pueden desentrañarse en las investigaciones de autoras como Marirí Martinengo o Magda Bogin, citada esta última por Janés para destacar sus ideas alrededor de la ampliación del significado del amor cortés que hay en todas ellas. Es sabido que este tipo de poesía en lengua occitana nació para ser cantada y entretener a la vez que remover conciencias, a través de la sublimación del amor erótico, a menudo prohibido y ajeno a la norma matrimonial. A pesar de su intención rompedora, como señala Clara Janés, esta poesía también caía en el retrato de la mujer como un ser pasivo, siempre servil y sumiso, apenas sintiente, y es esa la razón por la que la voz de las autoras de Albores es aún más única y radical, pues aquí “son ellas las amadoras, las que eligen, las que sufren, también”, y “de adoradas pasan a ser adoradoras”.

¿Sus nombres? Entre otras, La Comtessa de Dia, Azalaïs d’Altier, Bieiris de Romans, Guilherma de Rosers o la misteriosa Constanza, Reina de Mallorca, autora, a mi juicio del poema más hermoso entre los aquí contenidos: “Amo al que es bueno y es bello, Y alegre soy como el pájaro blanco / Que, por amor, emite su canción. / Y yo soy señora y reino, / Y que aquel al que amo no se lo reproche, / Pues, sobre todas, soy la mejor amante, / Y he elegido al más digno, / Al mejor; y lo amo tanto / Que creo verlo con el pensamiento”. Indudable la marca sáfica en esta filosofía interna, según la cual, si algo es bueno es porque es bello y viceversa, pero sobre todo así lo propone nuestra imaginación. El ser amado visto como espíritu fantasioso y libre, y no tanto como una posesión coleccionable. Si por las místicas aprendimos que los poemas son objetos de fe, junto a las trobairitz descubrimos que con la lírica amorosa podemos invocar cualquier anhelo, ya que, por medio del poema se hará verdadero. Rebelde humana, ¿escribe y canta lo que deseas y amas?

Artículo completo en Babelia / El País 8 de marzo de 2025

 

Luna-Miguel-Albores-Clara-Janés-Babelia-El-País-8-marzo-2025
Luna Miguel comenta "Albores o el rostro sin velo de las trovadoras", la antología de mujeres trovadoras editada y traducida por Clara Janés, en Babelia / El País el 8 de marzo de 2025.

"La partisana", de Nâzim Hikmet, en Paisajes humanos de mi país

Zoya-Kosmodemiánskaya
Cuadro que representa la ejecución por los nazis de la partisana Zoya Kosmodemiánskaya.

Era de Moscú.
Era joven, era partisana.
Amó, comprendió, creyó
y se movilizó.
La niña que colgaba de su fino y largo cuello del extremo de la cuerda
era un ser humano con toda su grandeza.
Como si pasara las páginas de la novela Guerra y paz
las manos de una joven circularon por la nevada oscuridad.
En Petrichevo cortaron los cables del teléfono
y prendieron fuego a un establo con 17 caballos del ejército alemán.
Al día siguiente atraparon a la partisana.
La atraparon frente a su nuevo objetivo
por sorpresa, inmovilizada por detrás.
El cielo estaba lleno de estrellas
el corazón se le aceleró
el pulso le latía fuerte
la botella llena de gasolina
y la cerilla a punto de ser encendida.
Pero no pudo encender la cerilla.
Quiso sacar su pistola.
Se le abalanzaron encima.
Se la llevaron.
La trajeron.
En medio de la habitación la partisana permanecía erguida:
con su mochila al hombro
un gorro de piel en la cabeza, una zamarra sobre los hombros
un pantalón bombacho en las piernas y botas de fieltro.
Los oficiales miraron a la chica de cerca:
era como una almendra en su cáscara
un pimpollo envuelto en piel, fieltro y algodón.
Hierve el samovar sobre la mesa.
Sobre el mantel de cuadros una pistola, cinco correas
y una botella verde de coñac.
En el plato restos de salchicha de cerdo y pan.
Enviaron a los dueños de la casa a la cocina.
La lámpara estaba apagada.
El fuego de la chimenea sumía la cocina en una roja oscuridad.
Y olía a cucarachas aplastadas.
Los de la casa: un niño, una mujer y un viejo
se arrimaron entre sí:
estaban lejos del mundo
en una montaña desierta solos contra las alimañas.
Al lado se oyeron voces:
Preguntan:
—No lo sé —responde.
Preguntan:
—No —responde.
Preguntan:
—No lo voy a decir —responde.
Preguntan:
—No lo sé —responde.
—No —responde.
—No lo voy a decir —responde.
Y la voz que se ha olvidado de todo el mundo menos de estas tres palabras
tersa como la piel de un niño
y recta como el camino más corto entre dos puntos.
Chasqueó una correa al lado:
la partisana no habló.
Gritó la desnuda carne humana.
Chasquearon los correazos uno tras otro.
Las serpientes brincan hacia el sol y silban al caer.
Un joven oficial alemán entró en la cocina.
Se dejó caer en la silla.
Se tapó los oídos con las manos.
Cerró los ojos con fuerza
y permaneció así inmóvil hasta el final del interrogatorio.
Al lado chasqueaban las correazos.
Los dueños de la casa los contaron:
200…
Recomenzaron el interrogatorio:
Preguntan: —No lo sé —responde.
Preguntan: —No —responde.
Preguntan: —No lo voy a decir —responde.
La voz era arrogante
pero ya no era tersa
sino sofocada como un puño ensangrentado.
Sacaron afuera a la partisana.
Ya no llevaba su gorro de piel sobre la cabeza ni la zamarra sobre los hombros
ni sus bombachos de algodón en las piernas
y tampoco sus botas de fieltro.
Solo una camisa y bragas.
Los labios hinchados, de tanto como sus dientes blancos y jóvenes los habían mordido.
Las piernas, el cuello y la frente ensangrentados.
La partisana caminaba
con los brazos atados por detrás con una cuerda
los pies desnudos sobre la nieve
y flanqueada por soldados con bayoneta.
Metieron a la partisana en la isba de Vasili Klulik.
Se sentó en el banco de madera.
Estaba ensimismada y abatida.
Pidió agua.
El centinela no permitió que se la dieran.
Llegaron los soldados alemanes.
Se le echaron encima como insectos
la tiraron al suelo, la zarandearon.
Uno encendió una cerilla tras otra debajo de su barbilla
otro pasó una sierra por su espalda
hasta que el hierro dentado se ensangrentó.
Luego se fueron a dormir.
El centinela sacó a la partisana a la calle a punta de bayoneta.
Un niño está mirando desde la ventana
con sus redondos ojos azules:
la tierra cubierta de hielo
y bajo la nieve la calle desierta
cubierta de estrellas.
Un niño está mirando desde la ventana
con sus redondos ojos azules.
Olvidará lo que está viendo
crecerá, se casará
y una noche de verano
o quizá durante la siesta
de repente se le aparecerán en el sueño
los pies desnudos de una chica pisando las estrellas en la nieve.
Bajo la nieve de uno a otro extremo
bajo la nieve la calle desierta.
Y sobre la nieve la partisana:
con sus pies descalzos
los brazos atados por detrás
en camisa y bragas
camina delante de la bayoneta
yendo y viniendo de un extremo a otro de la calle.
El centinela tuvo frío, volvieron a la isba.
Salieron cuando el centinela se calentó.
Así continuó desde las 22 hasta las dos.
A las dos relevaron al centinela
y la partisana permaneció inmóvil sobre el banco de madera.
La partisana
tenía 18 años.
La partisana
sabía que la iban a matar.
Morir y ser matado:
en el rojo de su rencor no distinguía la diferencia.
Y ella era sana y joven como para no temer la muerte
y no apenarse.
Miró sus pies desnudos:
estaban hinchados
amoratados, agrietados y congelados.
Sin embargo, la partisana
no sentía el dolor.
Su propia rabia y su propia fe
la protegían como su propia piel.
Piensa en su madre.
Recuerda sus libros escolares.
Recuerda un cuenco de barro
que estaba delante del retrato de Ilich
con flores de un azul intenso.
Recuerda su infancia
tan cercana que
casi podría palpar
sus vestidos cortos de vivos colores.
Recuerda el primer bombardeo.
Los batallones de obreros que partían al frente
y desfilaban cantando por la calle
mientras los niños corrían detrás.
Recuerda una parada de tranvía
donde se despidió de su madre.
Recuerda una reunión del Komsomol,
tan próxima que
casi podría palpar
el vaso de agua sobre el mantel rojo
y hasta su propia voz que habla atropelladamente.
Recuerda su propia voz:
su voz que se enfrenta sin desfallecer al enemigo
afirmando que no
que no lo va a decir
y para no decir nada cierto al enemigo
le esconde hasta su propio nombre.
Su nombre era zoe,
mi nombre es tanya les dijo.
(Tanya,
en la cárcel de Bursa tu retrato está frente a mí.
En la cárcel de Bursa.
Tal vez ni hayas oído el nombre de Bursa.
Bursa es un lugar verde y agradable.
En la cárcel de Bursa tu retrato está frente a mí.
Ya no es el año 1941
es el año 1945.
Ya no en las puertas de Moscú
sino en las puertas de Berlín luchan los tuyos
los nuestros
los que son de todas las gentes honradas.
Tanya
tal como tú quisiste a tu país
así yo también quiero a mi país.
Tú eres una joven komsomolka comunista,
yo soy un viejo comunista de 42 años
tú eres rusa, yo soy turco
pero los dos somos comunistas.
A ti te ahorcaron por querer a tu país
yo por querer a mi país estoy en la cárcel.
Pero yo estoy vivo
y tú has muerto.
Desde hace mucho tiempo ya no estás en el mundo
qué poco te quedaste aquí:
apenas dieciocho cortos años.
Ni siquiera tuviste tiempo de saciarte del calor del sol.
Tanya
tú, partisana ahorcada
yo, poeta en la cárcel.
Tú, mi hija, tú, mi camarada.
Reclino mi cabeza sobre tu retrato:
tus cejas finísimas
tus ojos como almendras
pero no puedo distinguir su color en la foto.
Aunque en el retrato pone
que eran castaños oscuros.
Ojos de este color también hay muchos en mi país.
Tanya
qué corto llevas el pelo
igual que mi hijo Memet.
Qué ancha es tu frente
como el claro de luna
transmite serenidad y sueños.
Tu rostro fino y ovalado
tus orejas un poco grandes.
Tu cuello todavía de niña:
diríase que todavía ningún hombre lo ha abrazado.
Y algo con flecos pende de tu cuello:
un adorno lleno de gracia, mujercita.
Llamé a los compañeros, están mirando tu retrato:
—Tanya
tengo una hija de tu edad
—Tanya
mi hermana tiene tu edad.
—Tanya
la chica que amo tiene tu edad.
Nuestro país es caluroso
y nuestras chicas maduran pronto.
—Tanya
con chicas de tu edad somos compañeros en la escuela, en la fábrica, en el campo.
—Tanya
has muerto
cuánta gente honrada han matado y siguen matando
pero yo
yo me siento casi avergonzado
pero yo
yo llevo siete años confortablemente en la cárcel
sin poder arriesgar mi vida en la lucha).
Amaneció y vistieron a Tanya
pero sus botas, su gorro, su zamarra no estaban
se los habían quedado.
Le trajeron su mochila:
con las botellas de gasolina, cerillas, balas, sal y azúcar.
Le colgaron al cuello las botellas
y la mochila en la espalda.
Y en su pecho colgaron un cartel:
«partisana»
Levantaron la horca en la plaza del pueblo.
Los jinetes sacaron sus espadas
la infantería hizo un círculo.
Obligaron a los campesinos a asistir.
Dos cajas, una sobre la otra
dos cajas de macarrones.
Sobre las cajas
pende la soga aceitada
con un lazo en el extremo.
Sacaron a la partisana y la auparon al cadalso.
La partisana
con los brazos atados atrás
permaneció erguida al pie de la horca.
Rodearon con la soga su cuello esbelto y grácil.
Un oficial aficionado a la fotografía
con una máquina Kodak en la mano
le va a sacar una foto.
Tanya gritó a los del koljós desde el cadalso:
—Hermanos, no os apenéis.
Ha llegado el día del heroísmo.
No deis respiro a los fascistas
quemadlos, derribadlos, matadlos…
Un alemán golpeó la boca de la partisana
la sangre corrió por su barbilla blanca y suave.
Pero la partisana se volvió hacia los soldados y prosiguió:
—Nosotros somos doscientos millones.
¿Vais a ahorcar a doscientos millones?
Yo puedo irme.
Pero los nuestros vendrán.
Entregaos mientras estéis a tiempo…
Los del koljós lloraban.
El verdugo tiró de la cuerda.
Se ahogaba el cuello fino de cisne.
Pero se irguió sobre las puntas de los pies la partisana
y el ser humano llamó a la vida:
—Camaradas,
adiós.
Camaradas,
luchad hasta el final.
Que ya oigo sus caballos,
¡ya llegan los nuestros!
El verdugo dio una patada a las cajas de macarrones.
Rodaron las cajas.
Y Tanya se balanceó al extremo de la soga.

. Tanya era el nombre de guerra de Zoya (Zoe) Kosmodemiánskaya (1923-1941), alistada en un grupo de reconocimiento y sabotaje dentro de las líneas nazis. Póstumamente se convirtió en la primera mujer declarada Héroe de la Unión Soviética.


Privacy Preference Center