Mohamed Safa presenta "Gaza, un genocidio televisado" en el Museo Etnográfico del Oriente de Asturias de Porrúa
Salón lleno para escuchar la conferencia de Mohamed Safa. / María Terente Nicieza
María Terente Nicieza | La Nueva España
Cangas de Onís | 24 ENE 2026 13:42
El doctor Mohamed Safa, oftalmólogo y activista palestino, pronunció ayer una conferencia magistral en el Museo Etnográfico del Oriente de Asturias de Porrúa. En la conferencia, “Gaza, un genocidio televisado” que lleva el mismo nombre de su libro recién publicado, desentrañó la paradoja de vivir un conflicto de magnitud catastrófica en tiempo real, a través de las pantallas del mundo entero, mientras la comunidad internacional permanece cómplice en su inacción. Ante un auditorio repleto, Safa expuso con rotundidad que estamos ante un "declive moral internacional" sin precedentes en la historia contemporánea.
"Cuando antes creíamos que el genocidio es huérfano, sucedía en poco tiempo, a oscuras, ahora mismo se hace a plena luz del día, se transmite en directo. Poca gente puede decir que no lo sabía", afirmó el oftalmólogo, nacido en Cisjordania en 1956 y exiliado en España hace casi cinco décadas, durante los albores de la Transición democrática.
La complicidad internacional
El doctor Safa no dudó en señalar a los actores políticos que respaldan la acción de Israel. Según datos de la relatora de las Naciones Unidas que citó durante la conferencia, 63 países han financiado y armado al Estado de Israel en su operación contra Gaza. De mayor gravedad aún es el bloqueo estadounidense: "Estados Unidos utilizó seis veces en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas su veto para evitar un alto del fuego", recordó Safa, subrayando cómo "había un consentimiento, había un respaldo y había una asunción de la acción israelí contra una población, que es la población palestina".
Esta realidad ha provocado, en sus palabras, "una cierta frustración" y ha puesto de manifiesto una ruptura fundamental: "Todos estos esquemas mentales sobre el genocidio se han roto". Lo que diferencia este conflicto de todos los precedentes históricos es, precisamente, su visibilidad total. A diferencia del Holocausto, donde los prisioneros del gueto de Varsovia "tenían el miedo de que iban a ser asesinados y nadie se enteraba de lo que les iba a pasar", los palestinos "eran conscientes de que iban a ser asesinados en la Franja de Gaza y al mismo tiempo saben que todo el mundo lo sabe".
La injusticia epistémica
Un concepto central en la disertación de Safa fue el de "injusticia epistémica", que definió como una "estructura que tiene un único relato, a los oprimidos se les hace callar la voz y no se les permite contar su relato". Para el doctor, la deshumanización de los palestinos no procede de la sociedad civil, que ha "mostrado una inmensa comprensión y empatía", sino de la élite política, que "Israel lo aprovecha, ejerce y practica".
Con una perspectiva que trasciende lo inmediatamente político, Safa enfatizó que "la resistencia de un pueblo palestino es una forma de rehumanizarlo y es una forma de desintoxicar todo este relato injusto sobre el conflicto. Mantenerse en Palestina, es la mayor de las resistencias para frenar la limpieza étnica que sigue ejecutando Israel". Su activismo, lejos de ser sectario, se abre a cualquiera que comparta el compromiso con los valores de la libertad y la igualdad. "Yo no busco un palestino que esté al lado mío en la misma trinchera, ni busco un árabe, ni busco un musulmán. Busco todos aquellos que adquieren el compromiso con los valores de la libertad, la igualdad", explicó.
La identidad del emigrante que no renuncia
Safa ofreció una reflexión profunda sobre la identidad del emigrante: "Soy un palestino emigrante, pero yo emigré y Palestina emigró conmigo. Yo nunca he renunciado a la palestinidad del compromiso". Sin embargo, reconoce su identidad múltiple, adquirida a lo largo de la vida. "Yo soy un palestino y he nacido en una Palestina ocupada. El segundo elemento es que soy árabe, de cultura árabe, de lengua árabe. Y el tercer elemento, yo llegué a España y me integré hablando su idioma, su cultura, y tengo mis vinculaciones emocionales en Asturias", subrayó, recordando que en Oviedo realizó su especialidad en Oftalmología.
La doble moral ante el sufrimiento
Safa abordó la aparente contradicción entre pueblos que han sufrido exterminio en el pasado y que hoy aplican ese mismo sufrimiento a otros. Citó el ejemplo de Sudáfrica como paradigma de gestión correcta de la memoria histórica: "Sudáfrica gestionó su dolor, su historia. No privatizaron su dolor, no encerraron su propia experiencia, sino aprendieron las caras del dolor y pronunciaron los lenguajes del dolor de los demás pueblos". Por ello, "se alegró muchísimo" de que fuera Sudáfrica quien denunciara a Israel ante el Tribunal Penal Internacional.
Por el contrario, lamentó que "otros gestionan la memoria de su historia pasada como una licencia para matar".
La responsabilidad de la sociedad civil
El doctor Safa concluyó su intervención con un llamamiento a la responsabilidad individual y colectiva. "Primero, escuchar la voz del dolor, escuchar la voz de los nativos. Dos, adquirir el compromiso, convertirse en la palestinidad no del nacimiento, sino la palestinidad del compromiso con esta causa justa", planteó. Enfatizó que los gobiernos no cambian por un "despertar moral" espontáneo, sino por la presión ciudadana: "Los gobiernos no se levantan por la mañana y dicen Dios, no podemos seguir cometiendo esta inmoralidad. No hay un despertar moral, sino hay un despertar por una presión que responde al sentir general de tu propia sociedad".
En su valoración de la sociedad española, el oftalmólogo fue explícitamente positivo. "La sociedad española ha mostrado una inmensa comprensión y empatía con el sufrimiento del pueblo palestino. Son ellos los que salieron a la calle desde el primer día. Por eso, me alineo con la voz del pueblo, con las sociedades occidentales en general, que salieron frente a sus gobiernos que han demostrado una gran indecencia".
Safa, concluyó la conferencia abierto a la esperanza. A pesar de los pesimistas pronósticos sobre la situación palestina mantiene vivo el sueño de regresar a un Palestina libre: “Yo siempre seguiré soñando con volver a una Palestina libre".
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PRESENTACIÓN DE "GAZA: POEMAS CONTRA EL GENOCIDIO" EN ZAMORA
La presentación de la antología poética "Gaza, poemas contra el genocidio", integrada por una treintena de textos de poetas palestinos (algunos de ellos muertos bajo los bombardeos del ejército israelí), abrió el miércoles el ciclo de charlas sobre Palestina.
La actividad, efectuada en el salón de actos de la Alhóndiga, contó con la presencia, entre otros, del autor Ignacio Gutiérrez de Terán, profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid, traductor y autor de ensayos y artículos sobre Palestina y los procesos de transformación de Oriente Medio; y del editor Fernando García Burillo, responsable de Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.
Artículo completo en La Opinión de Zamora
En el transcurso del acto se leyeron poemas de Dareen Tatur, Nasser Rabah, Hind Joudah, Yusuf Al Qidra y Maya Abu Alhayyat.
Diccionari lúdic de les cultures africanes
Els escriptors Alain Mabanckou i Abdourahman Waberi escriuen una obra a la recerca de l’energia magnètica visible i invisible del continent africà
Xavier Montanyà | VilaWeb
“Quan els blancs van arribar a l’Àfrica, nosaltres teníem les terres i ells, la Bíblia. Ens van ensenyar a pregar amb els ulls tancats; quan els vam tornar a obrir, els blancs tenien les terres i nosaltres, la Bíblia.”
El llibre comença amb aquesta cita, les paraules sàvies i precises del cap de la independència de Kenya, Jomo Kenyatta. Una resplendent declaració d’intencions i un pensament agut, definitori, que ens obre les portes a un recorregut d’aventura i coneixement per les cultures africanes de tots els temps. És un concepte que desperta la intel·ligència, ben visible, amb un punt d’ironia, i situa la religió i l’espoliació com a pilars bàsics de la colonització i l’imperialisme devastador, la pitjor desgràcia, juntament amb l’esclavatge, que han patit els pobles africans negres en la seva història.
A partir d’aquí, des dels cafès dels suburbis de les grans ciutats africanes fins a les boîtes de París, passant per revistes, discs, modes, tendències, gastronomia, idees, pensament polític, revolucions i revolucionaris, poetes, creences ancestrals, filosofia moderna, religió, colonialisme, esclavatge o l’afecció dels africans pel cub Maggi i dels europeus pels zoos humans, els escriptors Alain Mabanckou i Abdourahman Waberi seleccionen i disseccionen subjectivament segles i segles de cultures africanes al continent i a la diàspora.
El resultat és el Diccionario lúdico de las culturas africanas, publicat per la Biblioteca Afro Americana de Madrid (BAAM) d’Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, dirigida per Mireia Sentís.
Alain Mabanckou (República del Congo, 1966) és autor de novel·la, assaig i poesia, i entre les seves obres destaquen Les cigognes sont immortelles (“Les cigonyes són immortals”), Le sanglot de l’homme noir (“El plor de l’home negre”) o Mémoires de porc-épic (“Memòries de porc espí”). Abdourahman Waberi (Yibuti, 1965) ha conreat els mateixos gèneres que el seu amic, i ha destacat amb obres com Cahier nomade (“Quadern nòmada”), Mon nom est aube (“Anomenant l’aurora”) o Passage des larmes (“Passatge de llàgrimes”). Ambdós han estat traduïts a més de deu idiomes.
L’Àfrica es troba al món, i el món, a l’Àfrica
L’Àfrica i la diàspora són una manera d’estar en el món que ha sofert la història i, a la vegada, l’ha construïda, des dels més ínfims i invisibles detalls de la petita història quotidiana, cultural i social, fins els fets històrics més importants de la història amb majúscules, com el colonialisme, l’esclavatge i les independències dels anys seixanta, amb les consegüents lluites d’idees i cultures que han convulsionat el panorama internacional.
Al mateix temps, aquesta energia cultural i de caràcter dels africans ha influït en el món sencer i podria ser que ho tornés a fer en un futur, en un moment en què se la torna a anomenar poc, cosa que per a molts sembla un ressorgiment mundial dels comportaments imperialistes i totalitaris que, de fet, no havien desaparegut mai.
Mabanckou i Waberi, escriptors reconeguts i professors a universitats americanes, són amics d’ençà dels anys noranta del segle passat, quan eren estudiants a França. Allà van viure l’alliberament de Nelson Mandela, la fi de l’apartheid, el genocidi del poble tutsi a Ruanda, les guerres civils de Sierra Leone i Libèria, el conflicte entre Somàlia i Eritrea, la caiguda de Gaddafi a Líbia, i més esdeveniments de primer ordre.
Malgrat les grans qüestions polítiques que sacsejaven el continent i el món, els autors es neguen a acceptar l’Àfrica que s’explica habitualment en els grans mitjans, com un immens catàleg de penalitats sense fi. Hi ha subjacent, i també ben visible, una interessant explosió d’idees i revoltes juvenils, d’iniciatives musicals, artístiques, literàries i de vida quotidiana que, tant al continent com a la diàspora, revolucionaven i influïen en totes les cultures del món.
Conscients de la seva africanitat internacional, i profundament arrelats en les seves respectives cultures, la de la Banya d’Àfrica per a Waberi i la de l’Àfrica central per a Mabanckou, tots dos són conscients que l’Àfrica es troba en el món i el món, a l’Àfrica. Per això, després de molts anys de converses, s’han decidit a fer aquest diccionari lúdic i, a la vegada, ben profund, que estableix un alfabet particular, el que utilitzen ells i les generacions més avançades del continent o de la diàspora. És un llibre que funciona com una síntesi de cultures i d’història i, a la vegada, com una amena i sorprenent caixa d’eines de coneixement per a prendre i sentir el pols d’un continent immens amb un potencial cultural extraordinari.
La veu i la importància de l’Àfrica en els afers mundials, encara que en el passat foren minimitzades, avui són inqüestionables. Afirmen els autors que l’Àfrica es troba en procés d’imposar una marca, un estil, una manera de ser en el món i de relacionar-se amb unes altres poblacions. Entre tots dos fan una tria de conceptes tan variats i extensos com sorprenents per definir-los a la seva manera literària, i inserir-los en la història del món, de la humanitat i de les idees.
És com si els dos amics es disposessin a narrar-nos un gran film-collage fet de molts instants tràgics i, alguns, alegres, amb paraules, idees, sons i músiques molt ben combinats espontàniament, per sorprendre i aportar coneixement al lector poc informat, i delectar el més coneixedor desplegant davant seu un immens panorama cultural, fort i enèrgic, amb múltiples connexions amb la mateixa mitografia de les seves respectives cultures africanes sumada a les relacions que les diàspores han establert amb els països d’adopció.
És una obra carregada d’intel·ligència, humor, emocions i veritats que defuig la nostàlgia i el paternalisme per descriure una realitat important i, sense dubte, incita a explorar per entendre millor el nostre món i les nostres cultures, el passat, el present i el futur. Més que un diccionari, com diuen ells, és una guia intel·lectual, un quadern de bitàcola, una enciclopèdia subjectiva i lliure que, concepte a concepte, estableix un món de connexions en xarxa que configura un univers important, sòlid i explosiu que s’ha anat configurant al llarg dels segles, amb saviesa i tragèdia, enginy i poesia, però, sobretot, una energia humana imparable i innovadora. Novament, l’obra em fa pensar que, quan deien allò de “un altre món és possible”, l’altre món possible ja existia: la llavor era a l’Àfrica i a les cultures i societats africanes de la diàspora.
La història real i oculta de l’Àfrica
“Durant molt de temps, mites i prejudicis de tota mena han ocultat al món la història real d’Àfrica. Les societats africanes es consideraven societats incapaces de tenir història […] Mentre que la Ilíada i l’Odissea eren considerades amb raó fonts essencials de la història de l’antiga Grècia, es negava qualsevol valor a la tradició oral africana, aquesta memòria dels pobles que aporta la trama de tants esdeveniments que han marcat les seves vides. La història de l’Àfrica s’escrivia limitant-se a fonts externes del continent, tot donant una visió no pas del que podia ser el curs dels pobles, sinó del que havia de ser…”
Són paraules de Mahtar M’Bow, ex-director general de la UNESCO, per al pròleg de la “Història general de l’Àfrica” (Publicacions UNESCO, 1986), una obra en onze volums, publicada (el 1986!) per combatre la ignorància generalitzada entorn el passat de l’Àfrica, la seva resistència al tràfic negrer i la colonització, inscrivint així, de passada, el seu destí en la història de la humanitat. Les publica el diccionari lúdic en l’entrada “escriptura (de la història)”.
Precisament per això, els dos escriptors han posat fil a l’agulla per oferir-nos un bon compendi de conceptes, fets i idees que ens obren els ulls i ens afinen l’instint per submergir-nos i guiar-nos en la nostra aventura intel·lectual africana particular. És un diccionari anàrquic i subjectiu, creatiu i sorprenent, que ens posa en òrbita en l’immens univers africà. No és en va que cada entrada, com les nines russes, ens obre la porta a més conceptes i obres literàries, filosòfiques, cinematogràfiques o musicals.
Aprenem què va succeir a la batalla d’Adua, on els etíops van derrotar el 1896 les tropes colonials italianes, fet que els convertí en l’únic país africà que va frenar el colonialisme. Amb tot el que això significa, ahir i avui. Però també ens informen i enumeren totes les intervencions militars de França des de les independències fins els nostres dies. O del maltractament rebut pels tiralleurs senegalesos, i africans en general, que van ser utilitzats com a força de xoc a favor de França en els camps de batalla de la Primera i la Segona Guerra Mundials, fins que, finalment, els qui van sobreviure als camps nazis van ser massacrats al Senegal per l’exèrcit francès.
Els autors ens acosten a les vides i el pensament dels grans dirigents que han fet història: Thomas Sankara, Kwame Nkrumah o Patrice Lumumba, de qui publiquen la carta que va escriure a la seva dona Pauline abans de ser assassinat. Sense oblidar de ressenyar els darrers moviments juvenils de lluita política contra les dictadures actuals. Com el Balai Citoyen (“Escombra ciutadana”) a Burkina Faso, i el Y’en a Marre (“N’estem farts”) al Senegal. El rol dels blocaires en les protestes modernes o la “Carta a la joventut” d’Amadou Hampâte Bá, autor, també, del segon pensament, després del de Jomo Kenyata, que encapçala el llibre: “Si penses com jo, ets el meu germà. Si no penses com jo, ets doblement el meu germà, perquè m’obres un altre món.”
Pel llibre desfilen pensadors com Samir Amin o Achille Mbembe, personatges populars com Muhammad Ali o Salif Keïta, productes autòctons com el cafè o l’urani del Níger, símbols com el baobab i el cub Maggi, o les teles Wax. El pentinat afro, que el va posar de moda gent tan dispar com Angela Davis, Wole Soyinka o els Jackson 5, Miriam Makeba o Nina Simone. I la personalitat de dones com Winnie Mandela o Cesária Évora.
I tampoc no manquen mil detalls de la petita història de la vida quotidiana. La moda dels sappeurs del Congo, personatges de còmic com Zembla o Tintín. La Venus Hotentot, Barack Obama, els barris de Little Etiòpia a Los Angeles o el bar afrocubà de París Jip’s Café. Tot plegat, sota l’atenta mirada i protecció de Mami Wata i els orixàs, J.M. Coetze i André Gide, Kylian Mbappé i Michael Jackson. I sempre, sempre, amb el so de
fons de “Indépendance Cha Cha“, composta per Josheph Kabasele, conegut com a Grand Kallé, un dels fundadors de la rumba congolesa. “Indépendance Cha Cha” és la cançó que va esdevenir l’himne de l’emancipació dels països del continent negre als anys seixanta del segle passat.
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CHEMA CABALLERO SE HACE ECO DE LA PUBLICACIÓN DE "ESE MARRUECOS QUE FUE EL MÍO"

#HayQueLeer 'ESE MARRUECOS QUE FUE EL MÍO', de Jocelyne Laâbi (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2025. Traducción del francés de Antonio Álvarez de la Rosa).
En los años 70, durante los llamados ‘años de plomo’ de Hassan II, intelectuales y militantes de izquierda fueron detenidos y encarcelados durante años en Marruecos. Tras su liberación, algunos contaron sus experiencias en varios libros.
Pero no había una voz que contase, directamente y en primera persona, cómo las familias (mujeres, hijos, madres o hermanos) vivieron aquellos años. Ahora, Jocelyne Laâbi lo hace en esta obra. En la primera parte cuenta su infancia en Maquínez y el descubrimiento del pasado fascista de su padre. Luego salta al arresto de su marido, Abdellatif Laâbi, y cómo ha de vivir desde ese momento con sus tres hijos, la búsqueda del detenido, las visitas a las cárceles, las humillaciones pasadas, la lucha de las familias, la resiliencia de las mujeres… Un testimonio en primera persona que arroja luz sobre aquellos años oscuros y muestra el camino recorrido por las familias para no perder el cariño y el contacto con los suyos.

Historia, literatura y feminismo en torno a Jocelyne y Abdellatif Laâbi
PROGRAMA
18:30h -19:30h | Mesa redonda | Marta Cerezales Laforet, Ana González Navarro, Salvador Peña Martín y Juan de Dios Segura Baena.
19:30h – 20:30h | Diálogo en torno a la edición en español del libro de Jocelyne Laâbi El Marruecos que fue mi país (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo) entre Antonio Álvarez de la Rosa, traductor de la obra, y Miguel A. Moreta-Lara.
«Narración de una vida, una lucha, una pasión a través de la que se dibuja el retrato de una mujer comprometida con la verdad y la justicia, y el de un país, Marruecos, al que quiso con pasión hacer suyo. Narra su infancia y adolescencia en Marruecos, la vida de una mujer de preso político, su toma de conciencia del racismo y de las secuelas del orden colonial. Casada con el poeta Abdellatif Laâbi, juntos afrontaron y superaron los años duros de la represión política del régimen marroquí en los llamados años de plomo bajo el reinado de Hasan II. La novela ha sido llevada a la gran pantalla por el director Abdelkader Lagtaa, con el título La Moitié du ciel.»
Jocelyne Laâbi nació en Francia en 1943, pero a los siete años se fue a vivir con su familia a Marruecos, donde hizo sus estudios, se casó con Abedallatif Laâbi y tuvo tres hijos, el último poco después del encarcelamiento de su marido. En 1985, regresó a Francia, donde colabora en prensa y edición. Ha publicado la novela Hérétiques (2013), reeditada con el título de Le Rêve des Qarmates (2024) y diversas recopilaciones de cuentos tradicionales marroquíes: El lirio y la albahaca (1989), El paseo de la perdiz (2006), Adivinanzas (2006) y El río se llevó mi cuento (2007). Luncha la gacela, publicado en la colección de cuentos de esta misma editorial (1993) es uno de ellos. También ha traducido del árabe con Abdellatif Laâbi Regreso a Haifa (de Ghassan Kanafani) y una selección de cuentos palestinos, Los pájaros del regreso; y con Leila el-Masri, El primer pozo, de Yabra Ibrahim Yabra.
Presentación de "Gaza: poemas contra el genocidio"
El pasado 5 de noviembre se presentó en Casa Árabe el cuarto volumen de nuestra colección POESÍA NECESARIA, Gaza: poemas contra el genocidio, una antología preparada por el profesor Ignacio Gutiérrez de Terán que reúne las voces de treinta poetas palestinos. En el acto participaron los poetas Mona Musaddar, Doha Al Kahlut, Fatena al Ghorra y Mohamed Wadah Abujami, el traductor y antólogo de la obra, Ignacio Gutiérrez de Terán, el coordinador de cultura de Casa Árabe, Karim Hauser, y contó, además, con la colaboración de Irene Maquieira, Covadonga Murias, José F. Ramos y Diego Vara, que recitaron en español los poemas leídos en árabe por sus autores.



Los poetas palestinos que dan voz a quien sufre el genocidio en Gaza: “Es un grito que sale de debajo de los escombros”
eldiario.es | Francisco Gámiz | 8 de noviembre de 2025 | fotografías de Marta Jara
Muchas han sido las veces que se ha reflexionado sobre para qué sirve la poesía, un dilema que toma más importancia cuando uno mira a su alrededor: ante el genocidio que Israel comete en Gaza, ¿qué pueden hacer los versos? ¿Cuán relevantes son las palabras ante las balas y la destrucción? Son preguntas a las que intentan dar respuesta los poetas palestinos que, incluso en medio de la devastación, reivindican la necesidad de contar, de dejar registro y de nombrar el dolor a través del arte. Así lo constata la escritora Mona Almsaddar (Gaza, 1995) a elDiario.es: “Sabemos que un poema no va a hacer que no haya este genocidio ni que sigamos sufriendo esta injusticia, pero es una forma de expresar lo que sentimos”.

Con el fin de hacer llegar la voz gazatí al resto del planeta, Almsaddar ha sido una de las encargadas fundamentales de dar vida al libro Gaza. Poemas contra el genocidio (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), una antología que reúne a una treintena de poetas que reflejan la lucha, el sufrimiento y la esperanza de quienes sufren el genocidio. Se trata de una obra que en España traduce Ignacio Gutiérrez de Terán, experto en Estudios Árabes e Islámicos, y que se ha presentado a través de recitales en la madrileña Casa Árabe. “Nuestra poesía es un grito que sale de debajo de los escombros a lo que ha sido convertido Gaza”, explica Mona Almsaddar, que ha servido de intermediaria con los participantes del poemario.
Entre los autores, además de Almsaddar, también se encuentra Fatena Al Ghorra (1974), referente en el feminismo palestino. Regresó a Gaza a visitar a su familia el 4 de octubre de 2023, tras quince años de estancia en Bruselas como refugiada, y obtuvo la nacionalidad en el país en 2016. Tras ser desplazada desde la ciudad de Gaza a diversas localidades dentro de la Franja con sus padres, logró salir con ellos rumbo a Bruselas, evacuados por la diplomacia belga. Como periodista de profesión, la artista alerta que “ha habido una intención clara desde el principio de evitar la entrada de periodistas extranjeros, sobre todo occidentales”.
La poeta Mona Almsaddar

“La poesía sirve para hablar de estos asuntos y, sobre todo, para desenmascarar el objetivo de toda esta política”, señala Fatena Al Ghorra, que indica que en la Franja “no solo te impiden informar, sino que dan una imagen falsa de lo que es la realidad que ellos mismos han contribuido a crear”. “Hacen que, cuando los periodistas entren o se asomen, aunque sea desde el exterior, vean una realidad que no es la de Gaza”, indica a este periódico. Ella lo ejemplifica con la “imagen de que la gente ahora mismo come en Gaza”: “Están dando cosas como alimentos ricos en grasas para que la gente de fuera crea que se está comiendo algo, pero lo que la gente necesita son proteínas, vitaminas, verduras, frutas”.
Uno de los poemas de Fatena Al Ghorra, El narrador, él lo contó, reza lo siguiente: “Escribe con trazos rojos en las piedras menos rugosas para que, quien venga tras de ti, aprenda a leer”. La autora, activista feminista, insiste en el poder generacional de los versos: “Esto es una cadena continua. Yo hablo para quien viene después, porque yo a su vez vine después de alguien que me dejó escrito algo sirviéndome de gran utilidad”. Además, la poeta afirma que, en el genocidio en Gaza, “no hay duda de que es la mujer quien sostiene la resistencia”. “En muchas sociedades se distribuye el papel de que quienes luchan son los hombres y las mujeres están en la retaguardia, pero Gaza ha resistido gracias a las mujeres”, dice.
La poeta Fatena Al Ghorra

“Las mujeres han sido las que han adoptado el papel de sostener los núcleos familiares, de soportar toda la carga, de buscar alimentación, de mantener a la familia y a todos sus congéneres con vida y también de apoyar de todas las formas posibles esa lucha de la resiliencia día a día, de apoyar a la gente que está luchando”, explica Fatena Al Ghorra. La artista alude a todos los prejuicios que hay en torno a las mujeres palestinas, cuando el machismo es una lacra que afecta a todos los países sin excepción. “No todas las culturas son iguales. ¿Por qué hay esa tendencia a ver lo que tiene que hacer el resto en función del prototipo que ha creado Occidente, en concreto una sociedad capitalista?”, cuestiona la poeta.
Por su parte, el también escritor Waddah M. Abujami, originario del campamento de Jan Yunis, reclama la necesidad de la obra después de que la voz palestina haya sido silenciada durante décadas. “Es una manera de romper ese silencio y esa omisión que se ha hecho sistemáticamente de la identidad cultural palestina y de desmitificar la versión sionista tradicional de que los palestinos no tienen una cultura ni tienen un ánimo poético ni un gran espíritu literario”, apunta el autor, defendiendo así “una cultura muy dada a crear cultura a través de las palabras”. “Se ha convertido en un refugio el que aislarse frente a los bombardeos, los desplazamientos y el genocidio”, cuenta a este periódico.
El poeta Waddah M. Abujami

Cuando alguien escucha a los artistas recitar sus poemas, o incluso con la mera lectura de los mismos, se percibe también el deseo de que un futuro mejor es posible, de que no todo está perdido. “La resistencia o la capacidad de hacer frente a todo lo que está pasando no es una cuestión de elección. No tenemos otro remedio”, explica Waddah M. Abujami. “No solo al ciudadano gazatí, pues al propio poeta de Gaza no le queda otra que resistir porque es la única forma de mantenerse con vida. Estamos ante una guerra de exterminio”, destaca. Asimismo, como persona que hace arte, el escritor declara que “cualquier persona, ya sea un artista o no, debería pensar que es lícito posicionarse del lado de esta gente que está sufriendo”.
Recientemente, figuras de gran importancia en la cultura nacional como Rosalía han sido acusadas de no utilizar su plataforma para condenar el genocidio que comete Israel. Waddah M. Abujami indica que, “si uno analiza lo que es la cuestión palestina, se dará cuenta de que hay un pueblo que está sufriendo una persecución y a quien se le está arrebatando su vida, su tierra y su cultura”: “Lo que yo le digo a esta gente, que siendo artistas o creadores se supone que deberían tener un sentimiento humano especial, y que no adopta ninguna postura o que se ponen de perfil, es que lo hacen desde un punto de vista de la cobardía. Están en la zona gris de la realidad”.
La poeta Doha Alkahlout

“Cuando te posicionas a favor de un asunto justo pero que, a la vez, es polémico porque va en contra de la corriente de pensamiento general y, sobre todo, del gran poder, muchas veces no lo haces por falta de convicciones, sino por miedo”, agrega el poeta, “porque piensas que puedes perder tu trabajo, tu público, tu influencia, que no te van a volver a llamar para una exposición, un concierto o un recital, que te van a dejar de publicar...”. “Eso significa que valoras mucho más unos aspectos muy concretos y, al mismo tiempo reducidos, que este gran objetivo que es el de estar con la gente que sufre. Todos somos parte de la misma humanidad”, reivindica Waddah M. Abujami.
Por otro lado, la artista palestina Doha Alkahlout, quien también está presente en el poemario, es profesora de lengua árabe y tiene 28 años. Su familia es originaria de la aldea de Naalia, destruida en las razias de las milicias sionistas en 1948. En su poema La voz de la guerra escribe: “Qué bien se desmorona la memoria, qué bien se llora en las capitales del mundo”. “Comprendo que es muy difícil para alguien que está fuera [de Gaza] comprender todo el dolor, el desgarro y la destrucción que estamos sufriendo”, dice la autora al respecto. “Es imaginable porque ni nosotros mismos en algunos momentos podemos asumir todo esto que estamos padeciendo”, añade.
No obstante, Alkahlout celebra que exista gente que trate de solidarizarse con la situación: “Hay gente que llora de verdad y que siente el padecimiento”. Para ella, la literatura logra mantener vivos los nombres de quienes ya no están o de quienes sufren. “Hay que nombrar a las personas, decir su nombre y su apellido completo. Somos mucho más que los números y la estadística”, sentencia. En alusión a este mismo punto, Waddah M. Abujami celebra el legado del arte: “Cierto es que la poesía no ha parado el genocidio, ni siquiera lo que está ocurriendo hoy en día, porque el genocidio no se ha detenido, pero te hace sentir, como gazatí, que hay alguien a quien le importas y que lee las circunstancias terribles por las que estás pasando”.

Sin la fuerza de las mujeres gazatíes nuestro pueblo no habría sobrevivido
Beatriz Lecumberri entrevista en El País a la poeta palestina Hind Joudah, una de las autoras recogidas en la antología "Maneras de ser Palestina"

Hind Joudah se detiene con gesto sorprendido ante una bandera palestina desgarrada que ondea en la puerta de una cafetería en el centro de Madrid. El dueño le explica que alguien la ha rasgado esa noche, pero que así queda incluso más auténtica y no la piensa quitar. Esta poeta palestina de 42 años, que pudo salir de la Franja de Gaza meses después del inicio de los bombardeos israelíes y vive en Egipto, afirma que la solidaridad que transmiten esos detalles la reconforta desde hace meses. Desde octubre de 2023, siente que la poesía es como lanzar al mar un mensaje en una botella. “Un mensaje enviado desde una tierra aislada y en llamas, que llega hasta personas que están lejos, como ha ocurrido aquí en España, pero también en Italia o en Francia”, explica, en una entrevista con este periódico.
Sus versos están recogidos en la recién publicada antología Maneras de ser palestina (Ediciones del oriente y del mediterráneo), en la que Luz Gómez, catedrática de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid, ha reunido a 15 autoras palestinas menores de 50 años de Gaza, Cisjordania, Jerusalén, Israel y la diáspora.
La poesía de Joudah y del resto de autoras sorprende, conmueve e interpela: “El futuro está preso, y cada vez que levanta la cabeza, una guerra lo mata”, escribe Neama Hassan, desde Gaza. “Para ser una madre palestina, tienes que aprender a contar cuentos de hadas en las noches eternas de los bombardeos”, relata desde Jerusalén Maya Abu Al Hayat. “Las balas no me dieron tiempo a abrazar el corazón de mi amado”, solloza en sus versos Mona Musaddar, palestina que vive Doha.
Pregunta. ¿Por qué siente que escribir poesía es como lanzar al mar un mensaje en una botella?
Respuesta. Primero porque Gaza está a orillas del mar y segundo, porque la gente ve la masacre contra mi pueblo a través de una pantalla y mis poemas permiten decir cómo me siento realmente y recogen mi verdad. Son un mensaje enviado desde una tierra aislada y en llamas, que llega hasta personas están lejos, como ha ocurrido aquí en España, pero también en Italia o en Francia.
P. Uno de sus poemas dice: “Soplaré las heridas de Gaza y le cantaré para que se duerma. Le taparé los oídos para que no oiga el rugido de los aviones”.
R. Son los versos de una madre, que escribe poesía desde una Gaza en guerra, un lugar lleno de personas que necesitan protección y cuidado, como nuestros hijos cuando son pequeños. Es mi vida hecha palabras.
P. ¿Qué hace única a la poesía escrita por mujeres palestinas recogida en esta antología?
R. El poema que acabo de mencionar solo lo puede escribir una mujer. Es totalmente femenino. En esta guerra, las mujeres lograron contar y el mundo nos escuchó y nos dio un espacio. Mis poemas se han traducido a 15 lenguas y eso es muy importante. No soy un caso único, pero ha tenido que ocurrir algo tan terrible para que nuestra voz se oiga. Y esta antología termina de hacernos justicia, porque reúne las voces de 15 poetas.
P. ¿Escribió mucho durante los meses de guerra que vivió en Gaza?
R. Mucho. Era una necesidad. La poesía es mi vida, mi manera de existir. Cuando Israel comenzó a bombardear, empecé a escribir sobre todo aquello y a publicarlo online. Tenía mucho miedo a morir y sentía esa urgencia de plasmar ciertas cosas antes, por si acaso. Para que mis sentimientos y los de la gente a mi alrededor se quedarán ahí reflejados.
P. Hace un tiempo entrevistamos a otro poeta gazatí, Nasser Rabah, y decía que la poesía era un deber patriótico.
R. Estoy de acuerdo. La poesía se convirtió en una manera más de documentar el horror de Gaza. Mis palabras llegan al mundo y quiero pensar que sirven de algo. Los versos de estos dos años no tienen muchos artificios, son una foto de la realidad contada de manera subjetiva, con mucho sentimiento y sobre todo dolor. Mis versos hablan de la falta de pan y de azúcar, de las ruinas, del miedo y del sonido de los drones israelíes.
P. En uno de sus poemas dice que se siente avergonzada por tener ropa limpia y no pasar frío.
R. Ese poema lo escribí desde la zona central de la Franja, cuando Israel bombardeaba sobre todo el norte y el sur. Dentro del horror, me sentía mucho más segura que otros familiares o amigos y eso me hacía sentir mal. Pero los momentos de culpa más fuertes los he sentido después. Hace un tiempo me invitaron a París a leer mis poemas. Y llegué allá, a una ciudad preciosa, tan a salvo... y me dije ‘¿qué hago yo aquí mientras mi familia está en Gaza?’ Me derrumbé.
P. ¿Dónde está en este momento su familia?
R. En el centro de Gaza, en la zona de Al Zawaidah, en la casa de mi padre, donde hay unas 40 personas de la familia desplazadas. No hay ventanas y hay un gran agujero en el salón debido a un proyectil, pero todavía es una casa. El ejército israelí no llegó a entrar en el pueblo en estos dos años. Y los vecinos se ayudaron mucho unos a otros, consiguieron sembrar algún pepino y tomate y fueron sobreviviendo.
P. ¿El alto el fuego la hace respirar y tener más esperanza?
R. Creo que lo más cierto que se ha dicho sobre el alto el fuego es que Donald Trump está tratando de salvar a Israel de sí mismo. Yo no logro estar del todo tranquila y confiar. Espero que no vuelva a haber masacres y bombardeos, porque Gaza necesita un periodo de calma hasta que se pueda llegar a hablar de una solución más definitiva.
P. Entonces, sigue siendo difícil proyectarse en el futuro.
R. Yo no tengo ningún plan. Me da miedo que no podamos volver y que haya mucha gente que se vea obligada a salir. Mi abuelo tuvo que marcharse de Ashdod, hoy en territorio israelí, hace más de 70 años y arrastramos esa pena desde entonces. No queremos que nuestros hijos sufran un nuevo exilio, una nueva Nakba. Yo siento que puedo afrontar la pérdida de mis padres, pero no podría nunca aceptar la pérdida de Gaza.
P. ¿Cómo recibe Egipto a familias gazatíes como la suya?
R. Las autoridades egipcias no nos lo ponen fácil. Mis tres hijos, por ejemplo, no tienen derecho a ir a la escuela pública en El Cairo. Así que, como ocurre con todos los niños gazatíes que viven en el país, estudian online con profesores de Cisjordania. En el fondo, quieren que nos marchemos. Bueno, entonces, creen las condiciones, abran la puerta y volveremos a Gaza.
P. ¿Cómo es escribir desde el exilio?
R. Más complicado. No se pueden sentir las cosas igual. He escrito mucho sobre el dolor y sufrimiento de Gaza y ahora, la pregunta que planea en mis versos es: ¿por qué el mundo no ha hecho nada? Aunque sé que aquí en España hay manifestaciones importantes, he podido incluso ver una y he enviado fotos a mi familia en Gaza para se sientan menos solos.
P. En esta antología hay otra autora gazatí, Batool Abu Akleen, que escribe sobre la tumba que quiere para ella sola. Tiene solo 20 años. ¿Qué le provoca leer esos versos?
R. En Gaza ha habido tantos muertos que no se ha podido enterrar a la gente individualmente. Hay tumbas colectivas. Los versos de esta mujer tan joven nos golpean y nos chocan. Ella debería estar pensando en bailar y amar, pero esa es nuestra vida.
P. ¿Cuál fue su último poema?
R. Habla sobre mi barrio, Tel al Hawa, en Ciudad de Gaza, que está totalmente destruido. Dice algo así: “Me acuerdo de sus árboles, de cómo suena el viento en sus ventanas, conozco el olor del mar y el reflejo del amanecer en cada rincón. ¿Esto es de verdad? La ciudad se escapa, se mezcla con las piedras y parece que todo huye, mientras los corazones están bajo las ruinas de las casas. ¡Ay, Gaza! A la vista de todos estás a punto de desaparecer". Es tan doloroso que ni siquiera he querido compartirlo con mi familia.
Artículo completo en El País
"Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas" con Hind Joudah, Luz Gómez y Natalia Erice en el Círculo de Bellas Artes

El próximo viernes, 3 de octubre, en el Círculo de Bellas Artes de madrid:
Presentación de "Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas", a cargo de Luz Gómez, autora de la selección, edición y traducción de los poemas de quince autoras palestinas nacidas después de 1977.
Luz Gómez es catedrática de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid, Premio Nacional de Traducción y traductora de poesía árabe.
La autora estará acompañada por Hind Joudah, nacida en 1983 en el campamento de al-Buraij, en Gaza. Es autora de las siguientes colecciones de poesía: "Siempre hay alguien que se marcha" (2013), "No queda azúcar en la ciudad" (2016) y "Un dedo que logró salvarse" (2024).
Natalia Erice es actriz de teatro, cine y televisión, y como periodista cultural ha sido responsable durante siete años de On Madrid y colaborado con el Centro de Documentación Teatral y otras publicaciones .
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La obra de Nasser Rabah en los medios
Ana Tenías propone el 13 de diciembre de 2025 en eldiario.es Gaza: el poema hizo su parte, de Nasser Rabah, entre su elección de 20 libros de poesía
Poesía entre los escombros: Gaza: el poema hizo su parte de Nasser Rabah
Crecen rosas en los cascotes. Y desde una Gaza devastada por el genocidio nos llegan los diamantes poéticos de Nasser Rabah, destellos de la fuerza de vida de una sociedad palestina que vencerá a la muerte.
3 agosto, 2025 | Joan Arnau | De Verdad digital
Nasser Rabah es otro más de los hombres y mujeres palestinos que luchan por sobrevivir y proteger a su familia. Una existencia amenazada por un criminal genocidio que sacude la conciencia de todo el planeta.
Pero Nasser Rabah es también, y sobre todo, poeta. Debajo de las bombas, viviendo en casas destruidas, sin apenas comida, no puede dejar de escribir. Sus versos se elevan al cielo porque surgen desde el fondo del infierno. Miran el horror transformado ya en tragedia cotidiana, y lo retratan desde un dolor infinito, inabarcable. Pero sus poemas se alimentan de la fuerza de un pueblo indoblegable, al que el poeta da voz. Tal y como el mismo Nasser nos plantea: “mis poemas son tristes, hablan de la herida que nos causa esta guerra, pero también de la supervivencia, de la fuerza de la gente y de su humanidad, que resiste pese a que Israel la intenta pisotear”.
Rabah sabe que un poema no puede capturar la magnitud de lo que se sufre en Gaza. Pero tal y como nos recuerda “la poesía no está para hacer el trabajo de la prensa o la televisión, sino para retratar lo que la cámara no puede ver: los sentimientos, el silencio y el dolor”.
Ediciones del Oriente y del Mediterráneo acaba de publicar “Gaza: el poema hizo su parte”, un compendio de los versos más actuales de Nasser Rabah. Su lectura nos impacta y nos conmueve. Sus versos son de una belleza trágica, y surgen de una voz poética arrasadora.
Muchos poetas han sido asesinados en Gaza. Hiba Abu Nada o Refaat Alareer siguieron escribiendo hasta el mismo día en que las bombas del ejército israelí les arrebataron la vida.
Pero los poetas siguen escribiendo en Gaza. Y Nasser Rabah es quizá el más grande de ellos. En permanente diálogo con la gran tradición poética palestina, representada por Mahmud Darwish. Y que hoy siguen enarbolando muchos jóvenes poetas palestinos que reconocen a Nasser Rabah como una referencia.
Rabah sabe, vive, el papel imprescindible de la poesía, incluso en los momentos más extremos: “Los poemas del genocidio no son el resultado de una experiencia o una visión meramente personal: el dolor es más que nunca colectivo y precisa encontrar en la poesía un cauce de expresión. El poema es como la cometa de un niño que ondula en el aire, tiene vida propia y está a merced de lo imponderable”.
Buscar, encontrar la poesía, es una tarea primordial: “en tiempos de guerra, veo la poesía casi como un deber patriótico, una misión nacional para documentar el desastre histórico y expresar las preocupaciones de la gente sometida a bombardeos y desplazamientos. Mi misión sigue siendo encontrar poesía entre los escombros de Gaza”.
“Mi misión sigue siendo encontrar poesía entre los escombros de Gaza” (Nasser Rabah)
Patria fuera de servicio
El gimnasio está fuera de servicio.
¿A quién le importa? No tengo tiempo para cuidar mi cuerpo
frente a espejos hechos añicos:
¡Para qué! No hay cafés para lucirse un jueves, ni balcones
para una tarde de domingo.
La luz se va por todas partes.
Las bibliotecas se buscan a sí mismas entre las cenizas.
No importa… Ningún libro conmueve mi corazón tras el libro
de los tanques.
La vida y yo:
un ciego de rodillas entrega un anillo de luz a una ciega.
Lo que queda es la imaginación,
un músculo incansable.
La imaginación es el café de los extraños, los espejos
del inconsciente, las bibliotecas de los cautivos.
La imaginación es lo que nos queda para hacer una patria
de la nada.
(Nasser Rabah, poeta de Gaza. 26 de junio de 2024)
El poema hizo su parte
El poema hizo su parte y se marchó. Ya no hay fiesta ni celebración de nacimiento. No hay flauta que guíe a quienes acuden a la oración del encuentro. No hay nubes con las que intercambiar elogios, ni árboles que me llamen con hermosos nombres o extiendan mi sombra. Rezo a una ventana: su raíz está en mi corazón, y tiende sus ramas sobre mi nostalgia.
Los poetas
En el pasado, los poetas tenían un sexto dedo en cada mano, para que la mano pudiera soportar el dolor de escribir. Tenían tres sentidos adicionales: leer lo invisible, comprender el lenguaje de las abejas y los árboles y curar a los amantes.
No tenían nada en lugar del corazón, para poder pasar por el dolor de la vida hasta el final sin una muerte prematura.
Cuando morimos
Cuántos murieron, ya no importa, cuántos hemos muerto, no hay memoria para contar. La guerra es un cielo feo, música de fondo para un holocausto repetido. Cuántos murieron, ya no importa, las manos quemadas no saben contar.
Artículo completo en De Verdad digital https://deverdaddigital.com/poesia-entre-los-escombros/
Versos que lloran a los escombros de Gaza
03.08.25 - Vitoria-Gasteiz, España - Ali Salem Iselmu Abderrahaman - Pressenza
POESÍA
Al poeta palestino Nasser Rabah lo conocí a través del poeta argentino David Wapner, de allí nació la idea de traducir su libro “Caminantes con vestidos ligeros”. Cuando me llegaron los poemas, al principio no los podía descifrar en mi ordenador, eran símbolos

ilegibles. Después me llegó un documento PDF el cual me permitió conocer la obra de Nasser.
Yo había leído poemas de Mahmud Darwish, de Semih El-kasim y algún relato del escritor Ghassan kanafani, esa era mi experiencia en la literatura del exilio y refugio de Palestina.
Gracias a David Wapner autor del prologo de “Caminantes con vestidos ligeros” los poemas de Nasser atravesaron el atlántico, llegaron a las manos del editor mexicano Antonio Revilla y el poemario se publicó a finales de junio de este año después de un arduo trabajo.
A medida que me adentraba en los poemas sentía que eran míos. El exilio, la nostalgia y la tristeza estaban en cada verso, en cada palabra. Gaza estaba delante de mis ojos, la recorría en el corazón y en la memoria de un poeta.
Con cada verso lloraba en silencio al ver la destrucción ante mis ojos. Hojeaba una página después otra, me encontraba a medida que avanzaba en la traducción con poemas como “Tu vieja melodía” que me dejaban mudo, cuando describían el dolor de una ciudad:
«Es tu tiempo en la ciudad muerta
debajo de cada alegría que ha perecido
es el tiempo que has de cargar con mis hombros
con el saco de harina
llevar los días de un destierro a otro
completar tu vieja melodía».
La obra de Nasser me recordaba poemas míos como “Limpiaré mis lágrimas” o “Somos apátridas del cielo”. De pequeño vi las bombas caer sobre los campamentos saharauis en plena huida a la hammada de Tinduf en Argelia, yo tenía nueva años, me escondía detrás de mis padres para no ver el fuego de la metralla atravesar el cielo.
Cuando veía las imágenes de los bombardeos en televisión, la muerte de cada gazatí en busca de comida. Volvía a mi mente el horror de la infancia, la muerte de niños por hambre y desnutrición. Una deshumanización contraria a cualquier ética o moral. Nasser describe ese dolor en un canto que nace entre la mole de escombros:
Gaza, Gaza.
Eran testigos el muro, la hierba y el árbol
cuando vieron el cráter que dejó la explosión,
escucharon su boca abierta gritar:
“devuélvanme mi cuerpo”.
Hoy la Universidad Autónoma de Nuevo León de México, Monterrey, ha editado el libro “Caminantes con vestidos ligeros”. Los versos de Nasser vuelan por encima de los muros, del bloqueo y el asedio, llaman a cada uno de nosotros, nos interpelan y nos interrogan cada vez que observamos el ocaso o el amanecer.
Nos hablan en la soledad de cada página, entre cada silencio. Nos llevan de vuelta a Gaza para recordarnos aquella franja de tierra convertida hoy en un nuevo monumento, quizás otro Auschwitz, cuando el poeta vuelve a clamar:
Era tierra.
Yo era tierra como otra,
sencilla, ajena al tiempo
a la distancia, a los viajeros.
Una piedra rodeada todo el tiempo por una pared ciega
en la que cada día se cuenta por las tristes heridas
de los cautivos del silencio y el frío,
de los muertos que partirán
los que vendrán a mí.
Creo firmemente en la poesía, en el poder de la palabra. Observo la humedad de la mañana, los rayos de sol, la lluvia de diminutas gotas. Me acuerdo cuando fui expulsado de mi ciudad, de la península de Dajla, bajo el fuego de las balas. He allí donde nacen mis lágrimas en los versos de Nasser, en los niños de Gaza. Entonces me acuerdo del Sahara y los saharauis en cada grano arena, en cada palabra, en estos versos:
Somos apátridas
que lloramos a la lluvia
a la nube que se precipita
a la montaña que guarda nuestra voz,
somos aquellos errantes
un pueblo que siembra una raíz,
al que expulsaron de los pastos
del océano de arenas blancas.
Gaza necesita volver a vivir, a surgir del hambre, de la muerte y curar sus heridas. En los versos de Nasser Rabah hay una esperanza perdida, un deseo de libertad, una lágrima en los ojos de cada niño que yace debajo de los escombros.
Artículo completo en pressenza y No te olvides del Sahara Occidental
NASSER RABAH | (Gaza, 1963)
El poeta Nasser Rabah nació en Gaza en el campo de refugiados de Magazi, en los que la UNRWA situó a familias expulsadas por Israel de pueblos del centro y sur de Palestina. Vive en Gaza, negándose a abandonar la Franja, padeciendo con tenaz resistencia y justa rebeldía las últimas cinco guerras de Israel contra la Franja (2008 – 2021), además del genocidio en curso.
SALIENDO HACIA MI ASOMBRO
I
Saliendo hacia mi asombro, la prisión me dijo:
“Llévate mi olor contigo”.
Le contesté yo:
“Me desnudaré en la puerta”.
Y la prisión respondió:
“Mi aroma es óxido que trepa a los recuerdos;
saldrás de mí, pero yo quedaré en ti prisionera.
Permaneceremos juntos
hasta que tu memoria se desgrane:
reirás sin felicidad, llorarás sin dolor,
te quedarás mirando tu eterno vacío”.
La prisión dijo:
“Soy tu silencio,
preocupado por la distancia y el alcance,
soy el espíritu que derramaste en mí,
tus rasgos que poco a poco toman forman
de pequeña habitación vacía”.
II
La prisión no quebró su espíritu,
sólo destapó su esencia.
El espíritu se evaporó en el patio cercado,
y su hez se pudrió en la oscuridad de la espera.
III
En los muros de la prisión dejamos nuestras uñas,
crecen en la oscuridad como una zarza maldita.
El rencor se apodera sobre ella …
cada vez que olvidamos.
IV
Huyendo de la azulada prisión,
el azul saltó de su cuadro hacia el mar.
V
Las flores no crecen en la prisión …
el aire es salado
y la tierra ensangrentada.
VI
El prisionero volvió a su casa …
pero no la encontró,
volvió a su vida …
pero no la encontró,
no encontró más que su desconcierto
como una escalera
y trepó por ella hasta mi corazón.
Encontramos este poema en el libro “Gaza: el poema hizo su parte” de Nasser Rabah (Traducción del árabe de Alberto Benjamín López Oliva – Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2025)
La Campana, 9 de septiembre de 2025
Nasser Rabah lee su poema “Nadie quiere ver”
Este video fue armado y publicado a principios de noviembre por David Wapner (quien también tradujo el poema al castellano) con registros grabados por el propio Nasser Rabah, poeta de Gaza, con su teléfono: una travesía por la destruida y masacrada Khan Yunis, un ataque a un comercio del campo de refugiados Maghazi, la elaboración de aceite de oliva con aceitunas cosechadas del único árbol sobreviviente de su olivar, una foto de sus dátiles que prepara para Ramadán. En la parte final del video Nasser Rabah lee su poema “Nadie quiere ver” en su lengua original.
***
https://comunizar.com.ar/wp-content/uploads/ocho.webm
NADIE QUIERE VER
Hace un año que no escucho una canción en la calle,
casi nadie baila en una boda,
el autobús escolar ni entra ni sale
y nadie compra una rosa para nadie.
Desde hace un año repartimos el asqueroso pastel de la guerra,
sin olvidarnos de un niño, de un jardín, de un libro, de un deseo.
Durante el día entrenamos nuestros ojos para que naden en sangre,
para que no se mojen,
y cometan un error al contar nuestros miembros perdidos,
lo practicamos por la noche para iluminar el dolor,
y encender un fuego en la leña que espera.
Hace un año que no pasó nada.
y nada dejó de pasar.
Ven y abre tus ojos hasta el fin, oh muerte:
somos la eterna víctima imposible,
llora en silencio, sí, y grita hasta rasgar el vestido del cielo.
Somos la herida que abrió el Minarete,
cuya sangre dejó en el camino al Gólgota,
quien, a diferencia de todas las víctimas, no ve al asesino de sus hijos.
No lo ves en las lágrimas,
no lo ves en el poema,
no lo ves:
no lo ves:
Nadie puede ver la plaga.
***
Publicación completa en COMUNIZAR, REVISTA CRÍTICA ANTICAPITALISTA
Nasser Rabah - La Realitat

Nasser Rabah va néixer a Gaza en 1963 on continua vivint.
És un poeta i novel·lista, resident d’un camp de refugiats. Es tracta d’un dels escriptors contemporanis en llengua àrab més innovadors. Va obtenir la seva llicenciatura en Ciències Agrícoles en 1985, abans de treballar com a director del Departament de Comunicació del Ministeri d’Agricultura. És membre de la Unió d’Escriptors i Autors Palestins i ha publicat cinc col·leccions de poesia: Running After Dead Gazelles (2003); Uno de nadie (2010);Transeúntes con ropa invisible (2013); Agua, sed de Agua (2016); Elogio del Robin (2020) i una novel·la, Desde aproximadamente una hora (2018).
UN BALCÓN SUSPENDIDO EN EL CIELO
No soy un soldado, pero me he visto en la guerra con uniforme
militar cuando compro el pan, duermo o resucito
tras la última noticia. Dispongo la pólvora a ambos lados
del camino al cementerio, y siembro todos los fragmentos
de metralla que puedo por los campos del recuerdo, cada
vez que el olvido cosecha perdón y amigos. Cada vez que
me cortan un brazo, alzo la inquebrantable bandera del
hastío. Reúno a los hijos con sus padres y a los pobres
con los pobres. Paso una a una las cuentas del rosario de
lágrimas de las madres de esta historia.
Ilumino la penumbra del corazón con la vela del miedo, y
cuando estalla el bombardeo, unto las paredes con su cera
verso a verso. Recompongo lo que se ha caído del muro
del tiempo, recojo lo que ha florecido de las balas de mis
enemigos, enseño a los niños, por si crecieran, cuándo
orar por la tierra.
No soy un soldado, pero me he visto en la guerra como el
balcón del edificio al que han alcanzado, suspendido en
el cielo, observando a los vecinos correr hacia playas asfaltadas,
antes de la nueva oleada de bombardeos. He visto
casas sobrevivir a los impactos gracias al error de un joven
piloto. La destreza del fotógrafo que llevó al hospital la
foto. La casualidad de encontrar a un médico especialista
en heridas de casas. La ambulancia que espera en el umbral del dolor como
una mujer embarazada, exhausta y
mareada por el sol de agosto.
No soy un soldado, pero me he visto en la guerra como
ángeles que aplauden a soldados, como una madre que
lava sudarios, como una casa que sostiene la ropa de sus
inquilinos, que siempre regresan para que se quede tranquila.
Me he visto confiando a mi bolsillo la carta de una
bomba que luego arrugaré como el recibo de la luz, guardándoles
la pelota a los niños por si tras la guerra vuelven
sin piernas. Espero el llanto que no llega, pues como yo,
en la guerra ha perdido su reloj y su sombra, quedándose
sin amigos.
¿Quién elevará a los niños hacia Dios antes de que los
crucifiquen? ¿Quién dejará que los vivos ronden sin parar
en torno al noticiero desde el abismo del mito? ¿Quién
le dará a la ciudad su derecho a pan antes de dormir, su
derecho a un puerto para que camine lentamente, como
cualquier otra, sobre el agua de la vida?
¿Quién sacará al civil del uniforme del soldado, al soldado
del uniforme del político, al político del uniforme del
religioso, y al religioso del uniforme de los necios? ¿Quién
sacará a la ciudad de la hipocresía de los trajes?
No soy soldado, pero me he visto en la guerra preparando
la escena final de mi muerte para que los vivos festejen
mi partida.
Artículo completo en Realitat.
Francisco Carrión entrevista en El Independiente al poeta Mosab Abu Toha
El poeta de la muerte en Gaza: “Intento que al menos sobrevivan las historias de los asesinados”
Francisco Carrión @fcarrionmolina El Independiente 23/07/2025
“Nos merecemos una muerte mejor/ Nuestros cuerpos están desfigurados y retorcidos,/ bordados con balas y metralla./ Nuestros nombres se pronuncian mal/en la radio y televisión...”, escribe Mosab Abu Toha, el gazatí que zurce el dolor y la rabia a golpe de poemas. Sus versos son directos y punzantes. Como los proyectiles israelíes que matan a diario desde octubre de 2023 a decenas de palestinos. Pero, a diferencia de la metralla que llueve sin cesar sobre la Franja, los dardos de Abu Toha son inofensivamente pacíficos. Solo sacuden la conciencia de quienes los leen.
“Por desgracia, la realidad hoy resulta peor que lo que cuenta ese poema”, advierte en conversación con El Independiente Abu Toha. “Lo escribí sobre nuestro pueblo, sobre cómo nuestros miembros fueron descuartizados por los ataques aéreos y sus nombres no se pronunciaban correctamente en la televisión. Pero el 7 de octubre, después de que Israel iniciara su genocidio contra el pueblo, la muerte se ha cobrado cientos de miles de vidas. 60.000 de ellas por ataques aéreos y balas. El resto murió porque no hay medicinas, ni combustible, ni ambulancias, ni atención médica. Así que, si tuviera que volver a escribir el poema, también añadiría el hecho de que muchas familias quedaron sepultadas bajo los escombros de sus casas durante meses. Ya no son solo personas desmembradas y desfiguradas por los bombardeos, sino también personas que quedaron bajo los escombros”.

En su cuenta de X, desafiando la censura que impone la corrección política que trata de evitarnos ver la cruda realidad de cuerpos mutilados, despedazados o ensangrentados, Abu Toha -afincado en Estados Unidos tras su salida de Gaza vía El Cairo- comparte las historias de los asesinados. Les concede el nombre y una biografía que una contienda sin fin les niega. “Hace unos meses vi el vídeo de una niña que quedó aplastada bajo el techo de un aula donde se había refugiado con su familia. La mitad de su cuerpo estaba sepultada bajo el techo y la otra mitad colgaba. Nos merecemos un día mejor. Esto no es la guerra. Esto no es la muerte. Espero que no sea la muerte en absoluto”, desliza el autor de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído, publicado en castellano por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.
Desde los primeros bombardeos hace 21 meses, Abu Toha ha perdido en Gaza a decenas de parientes, amigos y vecinos. El domingo a la lista de muertos se añadió Ali. “Mi primo Ali ha muerto hoy mientras esperaba comida. Tenía 34 años y era padre de cuatro hijos. Mirad cómo el hambre le había demacrado el rostro y agotado el cuerpo”, escribió tras recibir la noticia. “Hoy ha sido un día de pérdidas insoportables. Mi primo ha sido asesinado, el hermano de mi esposa y otro primo han resultado heridos, y muchos de mis amigos del barrio han regresado con miembros amputados. Eran hombres jóvenes, hijos, padres, que habían salido desesperados para traer aunque fuera un poco de comida a sus familias. Sus frágiles cuerpos apenas podían soportar el viaje de más de 10 kilómetros, pero ¿qué otra opción tenían? ¿Cómo puede alguien quedarse en una tienda de campaña mientras sus hijos y sus padres ancianos se retuercen de hambre? Lo que está haciendo Israel es monstruoso, y debe rendir cuentas”, relata.
Abu Toha -galardonado este año con el Premio Pulitzer por una serie de ensayos publicados en The New Yorker que narran la vida en Gaza- salió de Gaza a finales de noviembre de 2023 tras ser secuestrado durante tres días por las fuerzas israelíes. “Los israelíes me lo robaron todo: el pasaporte, mi familia, mi dinero, mis tarjetas de débito y crédito, mi ropa, mis zapatos, todo lo que tenía, incluso mi reloj. Cuando llegamos a Egipto, me obligaron a solicitar un visado para Estados Unidos”, admite. Desde entonces, observa el exterminio de los suyos desde lejos. Van cayendo uno a uno. Sin tregua, entre rumores de un alto el fuego que llevan semanas negociando Hamás e Israel en Qatar y que nunca llega.
“Lo estoy perdiendo todo. No puedo detenerlo. Veo cómo me arrebatan todo, las vidas de algunos de mis amigos y algunos de mis alumnos. He pasado el último año y medio viendo cómo lo perdía todo, viendo cómo me arrebataban para siempre las cosas que amo”, maldice.
“La casa bombardeada. Todos han muerto:/ los niños, los padres, los juguetes, los actores de televisión,/ los personajes de las novelas y los libros de poesía,/ «yo», «él» y «ella». No quedan pronombres. Ni siquiera/ para los niños cuando aprendan las oraciones/ el próximo año. La metralla vuela en la oscuridad,/ busca las risas de la familia,/ ocultas tras montones de muros desfigurados y marcos sangrantes. La radio/ ya no habla. Se han quemado las pilas,/ la antena está rota./ Hasta el locutor sintió dolor cuando la radio/ fue alcanzada. Hasta nosotros, al oír la bomba/ mientras caía, nos arrojamos/ al suelo,/ cada uno contando a los de alrededor./ Estábamos a salvo, pero el corazón nos duele todavía.”
“Sigo escribiendo poemas, pero como estoy viajando y también sigo las noticias, traduzco y publico en mis redes sociales, no dedico tanto tiempo a escribir poesía como antes. Ni siquiera puedo sentarme a pensar en escribir un poema. Escribo poemas de vez en cuando, pero no como antes”, reconoce Abu Toha. En los ratos en los que deja de informar del reguero interminable de muertes, el poeta regresa a los versos. “Gaza se ha convertido en un gran funeral” es el título de uno de los poemas que ha logrado pergeñar en los últimos meses.
Sostiene que, a pesar de la carnicería que sobrevuela Gaza, no ha pensado jamás en rendirse. Su salvavidas es la poesía. Estrofas que, como balas, cruzan el espacio y rompen el silencio y la indiferencia, cuando no la complicidad, con los que los despachos en Occidente tratan con la operación militar israelí. “Los poemas que escribo no tratan sobre matar a otras personas. No incito a la gente a matar a otras personas como hacen los israelíes con nuestro pueblo en Gaza, en el Líbano y también en Siria. Pero lo único que puedo hacer con mi poesía es resistir el borrado, el acto de olvidar las historias de las personas que fueron asesinadas por las fuerzas israelíes. Me resisto al borrado, al olvido de estas historias. Llevo estas historias a las personas que no saben nada sobre Gaza. Me resisto al genocidio israelí compartiendo las historias de cada uno de mis alumnos, de mi pueblo, de los niños, los padres y las madres y de todos”.
De viaje en viaje, Abu Toha -que pasó por Madrid el pasado noviembre- reconoce que la reacción internacional al sufrimiento en Gaza -donde el hambre deja su marca en cuerpos esqueléticos- le ha hecho perder parte de la esperanza. “Todo el mundo ha estado viendo lo que está pasando en Gaza. Mucha gente en todo el mundo ha pedido un alto el fuego, un embargo de armas. Solo hay que esperar. Los gobiernos del mundo han ignorado todo esto. La gente en Estados Unidos y Europa ha pedido a sus gobiernos que dejen de enviar armas a Israel. Ningún político en todo el mundo ha dicho que el pueblo palestino tiene derecho a defenderse bajo la ocupación. Nadie ha hablado de ningún derecho que tenga el pueblo palestino por vivir bajo la ocupación. Pero Israel tiene derecho a todo. Tiene derecho a defenderse matando a los niños y a sus padres. Tienen derecho de destruir casas, de volar casas en Cisjordania y también en Gaza...”.
Y frente a los densos silencios, Abu Toha apuesta por “la educación”. “La gente necesita aprender, leer, escuchar al pueblo palestino, sus historias y sus esperanzas. Occidente, en general, no ha sabido escuchar al pueblo palestino, no ha sabido proteger sus derechos humanos, sus derechos básicos a existir en su propia tierra, a obtener lo que todo el mundo obtiene como ser humano”, comenta.
Una tarea para que el poeta que retrata la muerte en Gaza aún estamos a tiempo. “Nunca es demasiado tarde. No tiene sentido dejar de hablar de lo que está pasando. Porque eso es lo que quiere Israel. Eso es lo que quieren los genocidas que quieren matar a todo el mundo en Gaza, en Palestina, y robarles la tierra. Eso es lo que quieren. Así que no debemos hacer lo que ellos quieren”, replica. “¿Agotado? Sí, me siento agotado, por supuesto. Soy un ser humano. Pero no puedo quejarme porque mi gente en Gaza está siendo torturada”.
Abu Toha prefiere decir que la poesía “no es su arma sino una herramienta de supervivencia". “Porque cuando doy voz a mi pueblo, que no tiene voz, a mis alumnos que fueron asesinados, intento que sobrevivan. Aunque ellos no sobrevivan, al menos sus historias sobrevivirán”, murmura. Gaza lleva sitiada desde 2007. Siempre hay drones, F-16, y en el mar hay buques de guerra y cañoneras. Nunca ha habido paz en Gaza. La paz llegará cuando Palestina sea libre y cuando el pueblo palestino tenga derecho a vivir en su propia tierra con dignidad y sin ocupación”, concluye.
A pesar de la metralla que ha desfigurado la Franja, reducido a escombros su geografía y convertido en nómadas perpetuos a su menguante población, el poeta sueña con retornar a lo que queda de casa. “Me encantaría ir a Gaza ahora, después de terminar mi llamada contigo. Espero poder volver pronto para reconstruir y ver a mi familia. No veo a mi padre desde hace más de un año. Tampoco a mi madre. No veo a mis hermanos ni a sus hijos. Mi hermana dio a luz hace meses y es el primer bebé que no he visto, al que no he besado, al que no he cogido en brazos, al que no he acunado...”.
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