"El Libro negro de Gaza" da voz a los jóvenes palestinos

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David Gallardo @davidgallardo78 | InfoLibre 2 de abril de 2026

Nasser Rabah, Jaled Al Qershali, Ohood Mohammed Nassar, Yara Abed, Nur Ahmed Abed, Taqwa Al Wavi, Nadera Mushtha, Deema Fayyad, Heba Almaqadma. Nombres anónimos que dejarán inicialmente indiferente al lector, que cambiará su percepción al caer en la cuenta de que detrás de todos ellos hay personas de carne y hueso que nos cuentan en primera persona su experiencia desde una Gaza destruida que se aferra a la vida de todas las maneras posibles.

La literatura es una de ellas y así queda escrito en El libro negro de Gaza. Testimonio de un genocidio (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2026), un proyecto grupal coordinado por el periodista y editor independiente Gonzalo Delgado, quien habla de "diario colectivo, generacional y multidimensional de los chavales de Gaza" porque, tal y como destaca a infoLibre, todos los participantes son palestinos y "bastante jóvenes". "Autores que viven allí. Bueno, dos han conseguido salir, pero después de haber escrito sus textos, con lo que todo está escrito desde Gaza", añade.

"Son estudiantes de literatura, de farmacia, de medicina, de diferentes partes de la franja", continúa Delgado, que fue contactado con todos ellos uno a uno a través de las redes sociales y creando una red de confianza con los que se iban apuntando y hablando del proyecto a sus conocidos. Así se fue haciendo realidad este Libro negro de Gaza, que reúne cerca de cincuenta relatos breves y poemas escritos en tiempo real por 17 jóvenes autores y autoras palestinos —9 mujeres y 8 hombres, en su mayoría de entre 19 y 30 años— que de alguna manera encontraron en la literatura un refugio contra las bombas, una forma de supervivencia.

"Ellos reivindican mucho en los textos esa idea de escribir como forma de resistencia", subraya el editor, poniendo el énfasis en que todos estos jóvenes son "de lo más normal del mundo", lo cual genera una cercanía testimonial muy potente: "Cuando lees todas estas historias, que están en diferentes ciudades y situaciones, te da la sensación de haber estado acompañándoles a ellos, de haber estado en su familia. Es como si estuvieras allí siendo un testigo silencioso, conociendo su experiencia desde el punto más real, de sus espacios y su intimidad".

Y es que, concebido como un libro de literatura, un compendio de textos independientes, El libro negro de Gaza propone una aproximación profundamente humana y emocional a la realidad vivida en el territorio. A través de historias personales, el lector se adentra en la vida cotidiana bajo asedio y bombardeos, los desplazamientos forzados y las pérdidas familiares, pero también en dimensiones universales como el amor, la memoria, la amistad, la maternidad y la esperanza que sostiene la vida incluso en las circunstancias más extremas.

De ahí títulos en estos relatos y poemas como Una tortura insufrible, El desafío de estudiar durante un genocidio, Diez minutos para huir de la muerte, Antes de derrumbarse el tejado, Una vida entregada a una causa justa o Agarré a mi hermana por la camiseta hasta que se precipitó. Historias narradas con toda la honestidad de quien solo busca que alguien al otro lado las lea para que se conviertan en reales. Para que no se olviden, para que dejen testimonio en un momento en el que la comunidad internacional cada vez habla menos de lo que pasa en Gaza.

Porque, según advierte Delgado, él sigue hablando mucho con todos los chavales del equipo, que siguen allí en su mayoría y "notan que se está hablando menos de ellos". Se convierte así este libro en una llamada no ya por la memoria, sino contra el olvido en tiempo presente. Ese es el motor de este proyecto, el que impulsó al editor a ponerse en marcha desde la nada, para "dar voz" a lo que está pasando, porque "tampoco está habiendo tanta creación literaria como en otros conflictos, como pudo ser el asedio de Sarajevo". "Había que cubrir ese vacío", apostilla.

De alguna manera, este libro se convierte en esa flor que nace en un desierto, donde parece que es imposible que nazca nada. Porque, por mucho que Israel se empeñe, en Gaza todavía hay un pueblo creando y defendiendo su identidad con todas las herramientas a su alcance, entre ellas, la escritura. "Así es como defienden su identidad y la determinación de vivir en su tierra, que al final es lo que exigen: poder vivir con libertad y dignidad en su tierra", remarca Delgado.

Y continúa: "Es que Israel les dice 'mira, si queréis vivir, marcharos y yo no os mato’. No entienden que están dispuestos a pasar ese nivel de penurias por estar en su tierra. Porque, además, ya hay un ejercicio de ingeniería social con el que se han convencido de que no hay una identidad palestina en Israel, que eso es un invento para tocarles las narices. Y se lo han creído hasta el punto de que no comprenden que los palestinos quieran sentirse palestinos en su tierra, en Palestina".

Por eso, afirma, este libro es también incluso una forma de que los palestinos puedan "mantenerse cohesionados vivan donde vivan", pues muchos de ellos están repartidos por el mundo. Una situación que compara el editor con los judíos sefardíes, por ejemplo, capaces de "mantener sus costumbres, sus canciones, sus recetas de comida, su lengua incluso". "Es un poco lo mismo, porque hay una vinculación geográfica, en ese caso Sefarad, pero también cultural, como ocurre con Palestina", apostilla.

Destaca en este punto Delgado la respuesta "positiva" que está provocando el libro entre los lectores, puesto que "quien lo lee se da cuenta de que deja mucho poso". "Es un libro muy fuerte que cubre un vacío y les da voz a los jóvenes palestinos. A nivel interno a uno le deja muy tocado precisamente por la verdad que transmite", explica. "Yo creo que una de las cosas que más te engancha de este libro es que es excesivamente humano, o mejor dicho, extremadamente humano, porque le pone nombre a las imágenes que tanto hemos visto. Es como estar con ellos, ves que le están haciendo daño a alguien que tiene aspiraciones y sueños", resalta.

Son jóvenes escritores que siguen luchando por su vida, en definitiva. "Todos están intentando salir, encontrar alguna beca para estudiar en alguna universidad de Europa", cuenta Delgado, a quien de hecho le piden ayuda, contactos o cartas de recomendación. "Hay un par que han salido ya y están en Irlanda", añade orgulloso de estos palestinos con los que sigue en contacto y a su disposición para ayudar en lo que le sea posible.

"Ahora se nota el alto el fuego. Antes hablaba más con ellos porque estaban más encerrados en los refugios o donde fuera y hacían menos vida comunitaria. Ahora están recuperando eso y hablamos menos porque están teniendo la vida que tienen que tener y salen más a la calle", continúa el editor, satisfecho de tener todos estos testimonios que, sin duda, apelan directamente a nuestra empatía como seres humanos: "De hecho, mientras trabajaba en esto compartí algún relato con alguien de mi entorno que es bastante conservador y pude ver que le rompía un poquito".

 

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La prensa se hace eco de la presentación de "El Libro negro de Gaza. Testimonios de un genocidio" en Zamora

Zamora escucha la voz de Gaza con 17 jóvenes que relatan su miedo y rutina diaria en un libro

Gonzalo Delgado presentó ayer en el Palacio de la Alhóndiga "El libro negro de Gaza", un diario desde dentro de la franja que muestra cómo la vida persiste en medio del genocidio. Entre los testimonios, impacta especialmente la historia de una niña que recibe su primera menstruación huérfana de madre: su padre no sabe cómo explicarle lo que le sucede, y ella teme que su sangre sea un efecto de la guerra. Este instante resume la rutina en Gaza: sobrevivir, amar, cuidar y crecer en medio del conflicto

Silvia Fernández | Zamora News | 13/mar/26

En un punto sin determinar de Gaza, una niña recibe su primera menstruación. No hay madre a quien acudir: la ha perdido en la guerra. Su padre, desconcertado, no sabe cómo explicarle lo que está ocurriendo, y ella cree que su sangrado tiene que ver con los bombardeos que sacuden su ciudad, no con su propio cuerpo. Este instante —intimidad y trauma entrelazados— resume la cotidianidad de la franja: un día a día donde lo normal y lo extraordinario conviven a cada instante.

El Libro negro en La Alhóndiga de Zamora en Zamora News
El Libro negro en La Alhóndiga de Zamora.

Ayer, en el Palacio de la Alhóndiga de Zamora, Gonzalo Delgado presentó El libro negro de Gaza, editado por Inmaculada Jiménez Morell de Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, con la colaboración de la librería Robespierre de Pozoantiguo. La obra reúne los testimonios de 17 jóvenes palestinos de entre 19 y 31 años que relatan su vida diaria en medio del genocidio: cómo desayunan lo que pueden, lavan ropa con agua limitada, juegan con sus hermanos, se enamoran y sobreviven a los bombardeos. Cada gesto cotidiano es, en Gaza, un acto de resistencia.

Durante la presentación se proyectaron dos vídeos que profundizan en esta realidad. Uno de ellos, realizado por una estudiante de medicina, muestra la vida de quienes intentan mantenerse sanos en un entorno asediado; el otro, grabado por un joven gazatí que trabaja con músicos adolescentes, y que refleja los esfuerzos de la comunidad para sostener la educación, el ocio y la creatividad en medio de la violencia. Ambos vídeos contaron con voz en castellano del propio autor, que acompañaba los relatos con un tono cercano y emotivo, multiplicando la sensación de inmersión en la franja.

 

Entre los relatos más conmovedores se encuentran historias de maternidad y esperanza. Mujeres que deciden traer vida al mundo pese al hambre, pese a la escasez de medicinas y alimentos, pese a saber que su entorno amenaza la supervivencia de sus hijos. Para ellos, la existencia es un acto de reivindicación: dar vida en Gaza es resistir.

La privación es constante. Muchos viven con hortalizas cultivadas en pequeños patios o azoteas, y con la ayuda mínima que logran recibir de organizaciones internacionales. En los meses más duros, algunos autores relatan haber sobrevivido únicamente con lentejas, la ración mínima que les permite mantenerse con vida mientras las bombas caen sobre sus calles.

El libro también da voz a la juventud que, a pesar de la presión y el miedo, conserva capacidad de asombro, amor y amistad. Se leen cartas de despedida a una amiga fallecida en un bombardeo, historias de enamoramientos robados entre ataques y conversaciones sobre esperanzas imposibles, pero necesarias. No hay odio en sus palabras, sino rabia y desamparo frente a un mundo que mira hacia otro lado.

 

Cada página de El libro negro de Gaza permite acompañar a estos jóvenes en su rutina: levantarse con la incertidumbre de si ese será el último día, caminar por calles devastadas, descubrir la primera menstruación, sentir el primer amor, atender a un hermano pequeño. Es una mirada 360 grados a la vida en guerra, donde lo banal y lo terrible coexisten, donde cada gesto cotidiano es una hazaña silenciosa.

El proyecto forma parte de un ciclo de conferencias sobre Palestina, con libros que buscan acercar la realidad de Gaza desde dentro, no desde la distancia de los titulares. Con relatos que mezclan la violencia, la esperanza y la vida diaria, este diario colectivo genera empatía y permite al lector sentir la guerra como la sienten quienes la viven: con miedo, con fuerza, con humanidad.

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Gonzalo Delgado, escritor y periodista: "Mucha gente se enfrenta a cierta quiebra moral tras leer testimonios de gazatíes"

El periodista Gonzalo Delgado Meana explora en su libro la fusión del relato y el periodismo a través de las historias de jóvenes gazatíes, creando un diario del genocidio con perspectiva subjetiva

Alejandra Bonel García | La Opinión El Correo de Zamora | 14 MAR 2026

El periodista Gonzalo Delgado durante el acto celebrado en Zamora - VÍCTOR GARRIDO
El periodista Gonzalo Delgado durante el acto celebrado en Zamora - VÍCTOR GARRIDO

Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense, Gonzalo Delgado Meana trabaja actualmente como consultor de comunicación, una profesión que compagina con un proyecto independiente de exploración de la región de Oriente Próximo: "He estado en Egipto, en Palestina, en Siria, en Irak, en el Líbano, en el norte de África, etc. Lugares en los que he tenido mucha conexión tanto física como literaria, y en los que he podido profundizar mucho en la disincronía literaria de cada país", detalla.

Como parte de su proyecto ha participado dentro del ciclo de conferencias sobre Palestina en el salón de actos de La Alhóndiga, en Zamora. A través de su intervención, el periodista presentó su libro "El libro negro de Gaza", subtitulado como "Testimonios de un genocidio", a través del cual incluye narraciones creadas por jóvenes gazatíes que expresan "la barbarie a la que está sometida la población".

En su libro habla de Gaza a través de testimonios de jóvenes gazatíes. ¿Esta es una forma de renunciar a la voz del periodista o de reconocer sus límites?

Es complejo, porque además, en conversaciones sobre el libro me estoy dando cuenta de que los palestinos han creado un género literario propio. Están fusionando características literarias como el relato, con características periodísticas. El resultado es la creación de historias que se encuentran en el medio de ambos puntos, ya que a través del periodismo se narra una realidad en la que se tienen en cuenta las cifras, pero, por otro lado, se permiten ser más subjetivos al meter un componente emocional. Además, poder contarlo desde una perspectiva subjetiva confiere al libro cierta naturaleza de diario del genocidio.

Cuando se escribe sobre una guerra, ¿dónde está la línea entre dar voz a las víctimas y convertir su sufrimiento en relato?

Creo que es importante no banalizar con el sufrimiento, pero, en este caso son ellos mismos los que abordan el discurso, yo simplemente les coordino.

¿Cómo conoció a estos jóvenes?

Gracias a una persona a la que seguía desde hacía tiempo en redes sociales pude ponerme en contacto con tres de ellos. Conforme fuimos trabajando empezaron a traer a amigos con los que compartían su experiencia y que querían poner su granito de arena al proyecto. Poco a poco se fue creando una comunidad, y cuando eso ocurrió yo también la fui moviendo a través de redes sociales. Eso sí, todo el proyecto hemos tenido que realizarlo telemáticamente, ya que ellos han estado en Gaza durante toda la elaboración del libro.

En su experiencia, ¿qué es más difícil, acceder a la información en un conflicto o hacer que la gente quiera escucharla?

Sin duda, que la gente quiera escucharla. Recabar la información ha sido muy difícil dadas las circunstancias en la que hemos tenido que trabajar: las limitaciones tecnológicas, los cortes de Internet que se les imponen de vez en cuando, la hambruna que hizo que mucha gente dejase de escribir durante una temporada, etc. Pero que la gente quiera escuchar estas historias es lo más complicado.

¿Cree que en Europa el genocidio palestino se ha convertido más en un símbolo político que en una realidad humana concreta?

Sí. Hay una gran parte de la sociedad que lo ve así, como si entrase en un dogma identitario en el que te tienes que posicionar sin llegar a entender muy bien por qué. De hecho, sí que se ve que mucha gente que se encuentra en esa posición, cuando lee o ve testimonios como los del libro, se enfrenta a cierta quiebra moral. En Europa es una cuestión fundamental y los propios palestinos en el libro lo dicen, hay un artículo que habla exactamente sobre eso.

¿Cree que hoy el periodismo sobre conflictos está condicionado más por la geopolítica o por las emociones del público?

La geopolítica. Al final las emociones son una respuesta, una consecuencia. La geopolítica es la causa.

Si mañana se acabara la guerra en Gaza, ¿qué cree que seguiríamos sin entender en Occidente sobre lo que ha pasado allí?

Es una pregunta muy difícil. Pero diría que el hecho de que los palestinos son personas que quieren poder vivir en su tierra con libertad y con dignidad. Eso es lo que todavía no hemos entendido.

¿Cree que la literatura o el periodismo realmente pueden cambiar algo?

Sí. A lo mejor no tendrá un impacto inmediato y material en el presente, pero sí a futuro. Al final, en este caso, son testimonios que han encapsulado una realidad en el tiempo, y al final dentro de diez o de quince años, cuando miremos hacia atrás y veamos el genocidio con la dimensión histórica que le corresponde, esos testimonios seguirán ahí con toda su vigencia y con toda su intensidad emocional. Eso es fundamental de cara a la concienciación, a la educación y a la preservación de la memoria.

Después de escuchar tantos testimonios, ¿hubo algún momento en el que dudó de si debía publicar algunas historias?

Es cierto que algunas han sido muy duras y ha costado mucho escribirlas, pero ninguna se ha quedado fuera por ser demasiado dura.

¿Es capaz de separar su trabajo de tu vida privada? ¿Le ha cambiado personalmente escuchar estas historias?

Aunque ha sido muy difícil, sí. De hecho, cuando empezó la guerra yo acababa de tener un niño que ahora tiene dos años, y tuve una hija hace tres meses. Entonces, el proceso emocional por el que he pasado con todo esto ha sido un poco bipolar, porque, por un lado, tenía toda esta alegría, y por otro lado, tenía toda la tristeza de la situación en Gaza. Es muy complejo encontrar un equilibrio entre los dos polos.

Si pudiera sentar en una misma mesa a un joven español y a uno de los jóvenes gazatíes que aparecen en el libro, ¿qué cree que descubrirían el uno del otro?

El joven español descubriría que tiene ante sí a una persona igual a él con sus mismas ambiciones y aspiraciones. Lo mismo ocurriría con el palestino. Al final son un espejo el uno del otro.

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"Libro negro de Gaza: un viaje en directo a la vida y la muerte de los jóvenes palestinos", por Beatriz Lecumberri (El País, 2/3/26)

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Beatriz Lecumberri escribe en El País del 2 de marzo de 2026 sobre "El libro negro de Gaza", los "Testimonios de un genocidio" recogidos por el periodista Gonzalo Delgado.

 

Libro negro de Gaza: un viaje en directo a la vida y la muerte de los jóvenes palestinos

Los relatos de estudiantes, músicos, periodistas y médicos trasladan al lector a una realidad cruda y desnuda donde la vida intenta salir a flote

Beatriz Lecumberri Madrid | El País | 02 MAR 2026

 

“Se habla mucho de Gaza, pero rara vez se la escucha. El mundo ve cifras, destrucción y titulares, pero no a los jóvenes que padecen todo esto. Nuestras voces importan”. Nour Ahmed Abed responde a las preguntas de este periódico desde un café con conexión a internet en Deir el Balah, en el centro de la Franja, donde nació hace 28 años. Su voz es una de las que componen El libro negro de Gaza (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), publicado en febrero, en el que 17 jóvenes desmenuzan su forma de ver la vida en este pequeño territorio devastado por más de dos años de bombardeos israelíes que han dejado más de 70.000 muertos palestinos.

 

Cómo se huye de un hogar en cinco minutos porque lo van a bombardear, por qué seguir estudiando cuando no hay futuro a la vista, de qué sirve enamorarse en Gaza, qué se come cuando no hay absolutamente nada, quién explica a las niñas huérfanas qué es la regla, por qué la música es un refugio entre las ruinas, cómo suenan los drones israelíes sobre la tienda de campaña noche tras noche, por dónde se empieza a reconstruir, física y anímicamente una vida. Todo contado en primera persona.

 

“No somos simplemente víctimas. Somos pensadores, soñadores, escritores, amantes, estudiantes... Nuestras historias no solo hablan de muerte sino de una vida que insiste en salir adelante”, dice Ahmed.

Sus textos y respuestas en esta entrevista denotan un fuerte compromiso humanitario y una especial preocupación por el futuro de las niñas de Gaza. “Me niego a reducir mi existencia a la mera supervivencia. Ser humano es buscar un sentido, ayudar, conservar tu identidad... Recuerdo que hace unos meses fui a un punto de internet a descargar la película favorita de mis sobrinas. La vimos escuchando las bombas israelíes y subí el volumen para alejarlas de la realidad”, recuerda en la entrevista.

 

Gonzalo Delgado, periodista y editor de este libro, comenzó a contactar a jóvenes gazatíes buscando relatos cortos, escritos casi en tiempo real, con el fin de “proteger la memoria” y trasladar al lector a ese lugar y momento concretos, como ya ocurrió con crónicas escritas por ejemplo desde Sarajevo en los años noventa. “Los primeros autores trajeron a otros jóvenes estudiantes, profesores, médicos o músicos y el libro fue tomando forma”, cuenta a este periódico. “Son relatos que emergen de las ruinas, como la gente. Y nos traen la realidad al desnudo. La fuerza del libro es que es un diario real desde Gaza”, agrega.

"Son relatos que emergen de las ruinas, como la gente. Y nos traen la realidad al desnudo. La fuerza del libro es que es un diario real desde Gaza" (Gonzalo Delgado, editor).

 

“Un deber nacional”

Además de desgranar sus propias vivencias, estos jóvenes autores se convierten en narradores de las vidas de sus vecinos, amigos o de desconocidos: “En cuestión de segundos, el edificio de cinco plantas desapareció. Vi cómo Huda se precipitaba por un profundo agujero bajo mis pies. La agarré de la camiseta, tratando de rescatarla, pero se me escurrió entra las manos”, contó Hala, una chica de 18 años, a la periodista Assem al Jerjawi, recordando la muerte de su hermana.

“Malak se estremece cada vez que se cierra de golpe la puerta de un armario. Ha dejado de correr. Ya no pinta soles ni casas”, narra Ibrahim Yaghi, estudiante de Literatura inglesa en la Universidad islámica de Gaza, en un texto consagrado a la salud mental infantil.

Para Nasser Rabah, veterano poeta gazatí que sigue escribiendo desde la Franja, la escritura “ha pasado de ser un acto personal a ser un deber nacional” y estos relatos “defienden una humanidad negada y una dignidad pisoteada", considera en el prólogo del libro.

“La vida en Gaza es una realidad agotadora e implacable, a la que no he tenido más remedio que adaptarme en contra de mi voluntad”, detalla en uno de los textos Ahmed Sbaih, de 22 años, desde Ciudad de Gaza. “Escribo estas palabras sin haber probado bocado en tres días. En mi boca no entra otra cosa que agua amarga. El hambre se ha convertido en un ser que vive en mí, me devora lentamente, sin piedad”, escribe Ghaydaa al Abadsa, de 24 años, desde Jan Yunis.

En agosto de 2025, la ONU declaró la hambruna en Ciudad de Gaza y concluyó que toda la población de la Franja, más de dos millones de personas, estaba pasando hambre.

“Creo que el resultado es tan gráfico que te da la sensación de haber estado ahí y de ser un testigo invisible en el momento en que tienen que desplazarse, tienen el estómago vacío, miran al mar o hablan con los niños”, agrega Delgado.

La reconstrucción no solo significa levantar edificios sino sanar traumas, restaurar la dignidad y la confianza en el futuro. Si reparamos los muros sin reparar las almas, seguiremos rotos Nour Ahmed, abogada gazatí.

 

Poner fin a la deshumanización

 

Los jóvenes también escriben para lamentar el silencio del mundo y criticar el doble rasero que, según ellos, se usa para medir el sufrimiento de israelíes y palestinos: “Dicen que Gaza está gobernada por Hamás. Como si eso bastara para condenar a todo niño que nace allí”, dice Yaghi, lamentando, con un tono visiblemente hastiado, que cuando “representantes israelíes lanzan informaciones imposibles de verificar, el mundo las reproduce sin cuestionarlas”.

Nour Ahmed también se detiene en las complicaciones añadidas a las que se enfrentan las mujeres de la Franja. “Recuerdo que había que hacer cola y pagar para usar un baño. Durante un mes solo me bañé una vez y sin jabón. Me corté el pelo para gastar menos agua y aún conservo ese mechón. Me duele el corazón al contarte esto”, cuenta. En sus textos habla sin tabú de una niña que ha perdido a su madre y que piensa que se va a morir cuando tiene su primera menstruación porque nadie le ha explicado nada. “La muerte y el desplazamiento hace que haya niñas que se enfrenten a estos cambios solas, sin referentes y sin material higiénico. Romper este silencio también es un acto de protección”, explica.

En El libro negro de Gaza también se subraya la importancia de la educación, “una forma de supervivencia”, de “orden en medio del caos”, de “proteger a los niños recordándoles que su futuro es más amplio que esta guerra”. “Sin educación, corremos el riesgo de crear una generación moldeada solo por el trauma y la ausencia de ética y valores”, dice Ahmed.

Dicen que Gaza está gobernada por Hamás. Como si eso bastara para condenar a todo niño que nace allí (Ibrahim Yaghi, estudiante de Gaza).

 

Amira Hass, periodista y escritora israelí que ha vivido durante años en los territorios palestinos, escribe el epílogo de El libro negro de Gaza y asegura que los textos son “un testimonio de resiliencia e inventiva bajo las condiciones más terroríficas que puedan imaginarse”. “Cada relato nos muestra personas concretas, no generalizaciones o imágenes borrosas. Además, cada texto cuestiona otro cliché: el de la ‘deshumanización de los palestinos”, asegura.

La entrevista con Ahmed termina hablando del futuro y la reconstrucción. ¿Es posible? “Tengo que pensar antes de responder. ¿Puede volver la Gaza que conozco y que me conoce a mí? La reconstrucción no solo significa levantar edificios sino sanar traumas, restaurar la dignidad y la confianza en el futuro. Si reparamos los muros sin reparar las almas, seguiremos rotos. La reconstrucción debe incluir la salud mental, la educación, el empoderamiento de las mujeres y la justicia", concluye esta abogada.

Artículo completo en El País


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