El genocidio sí tiene quien le escriba
Gara | Kepa Arrizu | 22 de febrero de 2026
El arte ha demostrado a lo largo de los años que es capaz de arraigar hasta en el terreno menos óptimo para su floración. Del mismo modo, su expresión no puede, y diríamos que tampoco debe, sentirse ajena al paisaje que le rodea. Por eso, Palestina, uno de los epicentros del sufrimiento continuado durante las últimas décadas, no es solo un símbolo de resistencia, es también, a pesar del constante ruido de la hoz sionista intentando cercenar su vida, el elogiable origen de voces poéticas que, inevitablemente, nacen bajo versos de carácter trágico pero igualmente enuncian un intento por deslegitimar la rima de las bombas.
ESCRIBIR FRENTE A LA MUERTE
Publicados prácticamente en paralelo, y por lo tanto ejerciendo de amplia radiografía, “Gaza: poemas contra el genocidio” y “Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas”, son artefactos de valor artístico en sí mismos pero todavía resultan más estimables por su trascendencia humana. Sus páginas, al margen del contenido creativo, caleidoscópica herencia de una tradición que abarca de Mahmud Darwish a Fadwa Tuqan, significan la heroica determinación por exhibir un arte que se niega a esperar al futuro para que dicte sentencia; sus protagonistas escriben en presente y les va la vida en cada palabra.
Caprichosamente instalados por la aleatoria pirueta del destino en un lugar y un tiempo funesto, la firma de muchos de ellos quedará para la posteridad pero su descendencia literaria actual ha sido interrumpida por los colmillos de un gigante sionista que les ha arrebatado la vida. Son los casos, por ejemplo, de Salem Al-Naffar, reconocido escritor matado junto a su mujer, o Hiba Abu Nada, que conocer su fatal desenlace convierte los versos “te protejo/ con la sonrisa de los niños./ Saben cómo desviar su trayectoria,/ la del misil,/ antes de que caiga” en una estremecedora paradoja. Listado de desaparecidos a los que hay sumar el no menos extenso número de represaliados, incluyendo el paso por las cárceles del intelectual Al-Mutawakkil Taha, el paradero desconocido en el que se encuentra desde los años noventa Ghada Shafii o la desgarradora historia de Alaa Al Qatrawi, quien tuvo que esperar varios días hasta que los escombros revelaran un botín sangriento, el de sus cuatro hijos. Un mapa hecho de palabras silenciadas, cuerpos inertes o vidas enjauladas que sin embargo nunca guardarán silencio mientras haya interesados en conocer su legado.
Bajo este desolador paisaje la inspiración está llamada a crecer amamantada por el estruendo de las balas y los llantos, un escenario donde las mortajas y las despedidas eternas toman el protagonismo que otros rapsodas han cedido a sus ensoñaciones románticas o al bohemio existencialismo. Aquí no hay metáforas ni simbolismos, por lo que cuando Doha Kahlout escribe “La guerra se ha convertido en parte esencial de nuestras vidas, un fuego que lejos de consumirse, crepita, tozudo, en nuestro interior”, representa la realidad, al igual que la elegía funeraria de Amal Abu Assi, “llevamos nuestra patria a hombros,/ corriendo por caminos en busca de nuevos cementerios”. Palabras que no necesitan traducción ni encomendarse a ninfas o figuras retóricas, su fuerza radica precisamente en significar el lírico testimonio de una existencia en constante riesgo.
RETRATO DEL «AQUÍ» Y EL «AHORA»
Un campo de batalla cotidiano reiteradamente aludido y también señalado en cuanto a la procedencia de su naturaleza, porque lejos de designios divinos o cháchara geopolítica, Ali Al Ameri convierte sus versos en juicio rotundo hacia los instigadores: “La Casa Blanca está llena de hollines de guerra/ y condecoraciones ciegas”. Revelaciones de culpas internacionales que sin embargo siempre desembocan en ese mismo lugar que irónicamente alude Maya Abu Al-Hayat: “¿Conocéis un camino que no acabe en un asentamiento/ de colonos?”. Un relato histórico interesado que ya extiende durante demasiadas décadas su manto mortuorio sobre un territorio que resiste, también, a través de la palabra escrita, como la contenida en la clarividente rebeldía de Al-Mutawakkil Taha, que transforma su poética en sentencia: “Solo los ignorantes/ o los mercenarios de la verdad/ se abstienen de revisar con atención/ el confuso texto de la supuesta revelación”.
Al igual que el grito popular contra la masacre israelí se ha escuchado en ciudades de todo el mundo, son muchas también las firmas que, sin eludir su compromiso particular, han logrado que su verbo se internacionalice. Mosab Abu Toha, quien ha logrado incluso el entorchado del premio Pulitzer, y Maryam Qawsh han recogido reconocimientos artísticos desde múltiples lugares del mapa, mientras que la obra de Nasser Rabah ha podido ser degustada en variados idiomas. Logros que más allá de servir como regocijo profesional, suponen que sus instantáneas de un territorio asediado golpeen en la conciencia lejos de sus fronteras.
VIVIR EL PRESENTE; SOÑAR EL FUTURO
Si importante es la labor de los involuntarios notarios poéticos del presente, papel a veces supeditado al comprensible y dramático enquistamiento creativo que ha reconocido sufrir Samar Abd Al-Jaber, incapaz de trasladar lo observado a papel, tampoco es desdeñable quienes alargan su mirada al día después, a la huella de un genocidio sobre el que Mona Musaddar recapitulará: “Le pediré a mi padre que cuente los olivos que han salvado/ de las excavadoras de la desolación”. Un horizonte repleto en la actualidad de humo que la activista multidisciplinar Dareen Tatour está dispuesta a atravesar: “Seguiré soñando mientras viva/ tanto como quiera y pueda”.
Y es que el futuro siempre termina siendo una conjugación del presente, por eso conviene ponderar como se merece a quienes, al ejercicio de supervivencia en el que se ha convertido la existencia en Palestina, añaden la necesidad de exportar esa situación al ámbito literario. Son voces que, recogidas encomiablemente en este par de libros, suman a su condición de sufridores habitantes la de “reporteros líricos” del asfixiante entorno padecido. Una tarea sobre la que Hind Joudah exclama, “Ay, Señor,/ no quiero ser poeta en tiempo de guerra”, porque al igual que a otras tantas, nadie les preguntó si querían nacer entre las fauces de una insaciable fiera ni pudieron escoger otro destino que no fuera traducir a palabras la barbarie. Por eso, aunque tampoco lo hayamos elegido, debemos aceptar la responsabilidad de ser lectores en tiempo de guerra, olvidar nuestra condición de testigos mudos y proceder a salvar a la Historia.
VOCES
Palestina no es solo un símbolo de resistencia; es el elogiable origen de voces poéticas.
REALIDAD
Aquí no hay metáforas ni simbolismos, por lo que cuando Doha Kahlout escribe «La guerra se ha convertido en parte esencial de nuestras vidas, un fuego que lejos de consumirse, crepita, tozudo, en nuestro interior», representa la realidad.
Presentación de "Gaza: poemas contra el genocidio"
El pasado 5 de noviembre se presentó en Casa Árabe el cuarto volumen de nuestra colección POESÍA NECESARIA, Gaza: poemas contra el genocidio, una antología preparada por el profesor Ignacio Gutiérrez de Terán que reúne las voces de treinta poetas palestinos. En el acto participaron los poetas Mona Musaddar, Doha Al Kahlut, Fatena al Ghorra y Mohamed Wadah Abujami, el traductor y antólogo de la obra, Ignacio Gutiérrez de Terán, el coordinador de cultura de Casa Árabe, Karim Hauser, y contó, además, con la colaboración de Irene Maquieira, Covadonga Murias, José F. Ramos y Diego Vara, que recitaron en español los poemas leídos en árabe por sus autores.



Los poetas palestinos que dan voz a quien sufre el genocidio en Gaza: “Es un grito que sale de debajo de los escombros”
eldiario.es | Francisco Gámiz | 8 de noviembre de 2025 | fotografías de Marta Jara
Muchas han sido las veces que se ha reflexionado sobre para qué sirve la poesía, un dilema que toma más importancia cuando uno mira a su alrededor: ante el genocidio que Israel comete en Gaza, ¿qué pueden hacer los versos? ¿Cuán relevantes son las palabras ante las balas y la destrucción? Son preguntas a las que intentan dar respuesta los poetas palestinos que, incluso en medio de la devastación, reivindican la necesidad de contar, de dejar registro y de nombrar el dolor a través del arte. Así lo constata la escritora Mona Almsaddar (Gaza, 1995) a elDiario.es: “Sabemos que un poema no va a hacer que no haya este genocidio ni que sigamos sufriendo esta injusticia, pero es una forma de expresar lo que sentimos”.

Con el fin de hacer llegar la voz gazatí al resto del planeta, Almsaddar ha sido una de las encargadas fundamentales de dar vida al libro Gaza. Poemas contra el genocidio (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), una antología que reúne a una treintena de poetas que reflejan la lucha, el sufrimiento y la esperanza de quienes sufren el genocidio. Se trata de una obra que en España traduce Ignacio Gutiérrez de Terán, experto en Estudios Árabes e Islámicos, y que se ha presentado a través de recitales en la madrileña Casa Árabe. “Nuestra poesía es un grito que sale de debajo de los escombros a lo que ha sido convertido Gaza”, explica Mona Almsaddar, que ha servido de intermediaria con los participantes del poemario.
Entre los autores, además de Almsaddar, también se encuentra Fatena Al Ghorra (1974), referente en el feminismo palestino. Regresó a Gaza a visitar a su familia el 4 de octubre de 2023, tras quince años de estancia en Bruselas como refugiada, y obtuvo la nacionalidad en el país en 2016. Tras ser desplazada desde la ciudad de Gaza a diversas localidades dentro de la Franja con sus padres, logró salir con ellos rumbo a Bruselas, evacuados por la diplomacia belga. Como periodista de profesión, la artista alerta que “ha habido una intención clara desde el principio de evitar la entrada de periodistas extranjeros, sobre todo occidentales”.
La poeta Mona Almsaddar

“La poesía sirve para hablar de estos asuntos y, sobre todo, para desenmascarar el objetivo de toda esta política”, señala Fatena Al Ghorra, que indica que en la Franja “no solo te impiden informar, sino que dan una imagen falsa de lo que es la realidad que ellos mismos han contribuido a crear”. “Hacen que, cuando los periodistas entren o se asomen, aunque sea desde el exterior, vean una realidad que no es la de Gaza”, indica a este periódico. Ella lo ejemplifica con la “imagen de que la gente ahora mismo come en Gaza”: “Están dando cosas como alimentos ricos en grasas para que la gente de fuera crea que se está comiendo algo, pero lo que la gente necesita son proteínas, vitaminas, verduras, frutas”.
Uno de los poemas de Fatena Al Ghorra, El narrador, él lo contó, reza lo siguiente: “Escribe con trazos rojos en las piedras menos rugosas para que, quien venga tras de ti, aprenda a leer”. La autora, activista feminista, insiste en el poder generacional de los versos: “Esto es una cadena continua. Yo hablo para quien viene después, porque yo a su vez vine después de alguien que me dejó escrito algo sirviéndome de gran utilidad”. Además, la poeta afirma que, en el genocidio en Gaza, “no hay duda de que es la mujer quien sostiene la resistencia”. “En muchas sociedades se distribuye el papel de que quienes luchan son los hombres y las mujeres están en la retaguardia, pero Gaza ha resistido gracias a las mujeres”, dice.
La poeta Fatena Al Ghorra

“Las mujeres han sido las que han adoptado el papel de sostener los núcleos familiares, de soportar toda la carga, de buscar alimentación, de mantener a la familia y a todos sus congéneres con vida y también de apoyar de todas las formas posibles esa lucha de la resiliencia día a día, de apoyar a la gente que está luchando”, explica Fatena Al Ghorra. La artista alude a todos los prejuicios que hay en torno a las mujeres palestinas, cuando el machismo es una lacra que afecta a todos los países sin excepción. “No todas las culturas son iguales. ¿Por qué hay esa tendencia a ver lo que tiene que hacer el resto en función del prototipo que ha creado Occidente, en concreto una sociedad capitalista?”, cuestiona la poeta.
Por su parte, el también escritor Waddah M. Abujami, originario del campamento de Jan Yunis, reclama la necesidad de la obra después de que la voz palestina haya sido silenciada durante décadas. “Es una manera de romper ese silencio y esa omisión que se ha hecho sistemáticamente de la identidad cultural palestina y de desmitificar la versión sionista tradicional de que los palestinos no tienen una cultura ni tienen un ánimo poético ni un gran espíritu literario”, apunta el autor, defendiendo así “una cultura muy dada a crear cultura a través de las palabras”. “Se ha convertido en un refugio el que aislarse frente a los bombardeos, los desplazamientos y el genocidio”, cuenta a este periódico.
El poeta Waddah M. Abujami

Cuando alguien escucha a los artistas recitar sus poemas, o incluso con la mera lectura de los mismos, se percibe también el deseo de que un futuro mejor es posible, de que no todo está perdido. “La resistencia o la capacidad de hacer frente a todo lo que está pasando no es una cuestión de elección. No tenemos otro remedio”, explica Waddah M. Abujami. “No solo al ciudadano gazatí, pues al propio poeta de Gaza no le queda otra que resistir porque es la única forma de mantenerse con vida. Estamos ante una guerra de exterminio”, destaca. Asimismo, como persona que hace arte, el escritor declara que “cualquier persona, ya sea un artista o no, debería pensar que es lícito posicionarse del lado de esta gente que está sufriendo”.
Recientemente, figuras de gran importancia en la cultura nacional como Rosalía han sido acusadas de no utilizar su plataforma para condenar el genocidio que comete Israel. Waddah M. Abujami indica que, “si uno analiza lo que es la cuestión palestina, se dará cuenta de que hay un pueblo que está sufriendo una persecución y a quien se le está arrebatando su vida, su tierra y su cultura”: “Lo que yo le digo a esta gente, que siendo artistas o creadores se supone que deberían tener un sentimiento humano especial, y que no adopta ninguna postura o que se ponen de perfil, es que lo hacen desde un punto de vista de la cobardía. Están en la zona gris de la realidad”.
La poeta Doha Alkahlout

“Cuando te posicionas a favor de un asunto justo pero que, a la vez, es polémico porque va en contra de la corriente de pensamiento general y, sobre todo, del gran poder, muchas veces no lo haces por falta de convicciones, sino por miedo”, agrega el poeta, “porque piensas que puedes perder tu trabajo, tu público, tu influencia, que no te van a volver a llamar para una exposición, un concierto o un recital, que te van a dejar de publicar...”. “Eso significa que valoras mucho más unos aspectos muy concretos y, al mismo tiempo reducidos, que este gran objetivo que es el de estar con la gente que sufre. Todos somos parte de la misma humanidad”, reivindica Waddah M. Abujami.
Por otro lado, la artista palestina Doha Alkahlout, quien también está presente en el poemario, es profesora de lengua árabe y tiene 28 años. Su familia es originaria de la aldea de Naalia, destruida en las razias de las milicias sionistas en 1948. En su poema La voz de la guerra escribe: “Qué bien se desmorona la memoria, qué bien se llora en las capitales del mundo”. “Comprendo que es muy difícil para alguien que está fuera [de Gaza] comprender todo el dolor, el desgarro y la destrucción que estamos sufriendo”, dice la autora al respecto. “Es imaginable porque ni nosotros mismos en algunos momentos podemos asumir todo esto que estamos padeciendo”, añade.
No obstante, Alkahlout celebra que exista gente que trate de solidarizarse con la situación: “Hay gente que llora de verdad y que siente el padecimiento”. Para ella, la literatura logra mantener vivos los nombres de quienes ya no están o de quienes sufren. “Hay que nombrar a las personas, decir su nombre y su apellido completo. Somos mucho más que los números y la estadística”, sentencia. En alusión a este mismo punto, Waddah M. Abujami celebra el legado del arte: “Cierto es que la poesía no ha parado el genocidio, ni siquiera lo que está ocurriendo hoy en día, porque el genocidio no se ha detenido, pero te hace sentir, como gazatí, que hay alguien a quien le importas y que lee las circunstancias terribles por las que estás pasando”.

Sin la fuerza de las mujeres gazatíes nuestro pueblo no habría sobrevivido

