No es fácil ser palestino: versos sobre los escombros para mantener la identidad de un pueblo, por José A. Cano en El Salto

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“Los días era largos/hacíamos de todo/y nunca se acababan./Brillaba el amor/y corría/como el agua en las veredas/y en los caños […] No sé cómo el dolor/se ha metido en mi corazón,/porque yo no he abierto la boca/para nada,/salvo para reír”.

Así empieza y acaba “Los días eran largos” de la poeta Amina Abu Safat, nacida y residente en Nablus, desde donde el pasado 17 de mayo escribía: “La guerra, con su crueldad, ha destruido mi fe en la palabra como algo útil para los hambrientos, los enfermos, los oprimidos y la gente sin un techo”.

Luz Gómez ha traducido y recopilado Maneras de ser palestina. Antología de nuevas poetas (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2025), donde pide a las diferentes autoras una pequeña poética en la que expliquen qué significa para ellas escribir en estos momentos concretos, del que hemos extraído el poema y los pensamientos de Safat. “La mayoría de las autoras insisten en que existe una lógica sistemática de Israel, una voluntad de aniquilar al pueblo palestino, que no se puede comprender de manera aislada y como un hecho excepcional”, explica Gómez. “Para ellas es un fenómeno que viene desde la Nakba en 1948 y por eso el poema ‘Si he de morir’, de Refaat Alareer, que murió en diciembre de 2023 en un bombardeo, se comparte como si fuese escrito pocas semanas semanas, cuando en realidad es de 2011”.

Mona Musaddar, nacida en Gaza en 1998, vive y trabaja como traductora en Doha, Catar. Su poema “Los adioses”, incluido en la antología de Gómez, arranca con los versos: “Lo de las balas es como una broma/hasta que te aciertan y no hay mano/de herrero que las doblegue”. Contesta a nuestras preguntas por correo y en inglés para valorar que no se atreve a definir la idea de “poesía palestina” en un marco concreto —ya existieron poetas palestinos críticos con el Mandato Británico o los asentamientos sionistas antes de la Segunda Guerra Mundial, como Ibrahim Touqan y Abedalrahem Alkarmi— o unas temáticas relacionadas con la guerra. “La poesía palestina es una literatura viva que funciona no solo como un acto creativo, sino también como un medio para documentar el dolor, el amor, la pérdida y los esfuerzos por vivir y sobrevivir”, añade.

Por eso, explica, “es diversa y no puede limitarse a un solo tema o estilo. Incluye poesía  en árabe estándar y en árabe coloquial, o poesía compuesta originalmente en inglés por poetas palestinos como Suhair Hammad y Mosab Abu Toha, o en francés, como Karim Kattan, entre otros”.

Poesía de escombros y despojos

“Se tiende a separar la poesía del exilio palestino de la de quienes permanecen en Gaza o Cisjordania, pero esa diferencia no existe para las autoras”, afirma Ignacio Gutiérrez de Terán, traductor y compilador de Gaza. Poemas contra el genocidio (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2025), otra antología en la línea de la de Gómez, pero que ha primado obras posteriores al 7 de octubre de 2023 y la actual guerra.

La dificultad de transmitir la rítmica árabe al castellano implica “plasmar el sentido del ritmo interno, en el que no hay rima, ni hay ningún tipo de medición de versos, ni nada por el estilo, sino que se busca, sobre todo, dentro de la estética poética actual, el impacto visual más que otro tipo de cosas”, explica. “Muchas veces son poemas compuestos por imágenes, son ideas, se juega mucho con la paradoja, con lo que no se dice, con lo que se da a entender”. En su opinión, en muchas ocasiones se trata de poemas hechos desde el dolor, el sufrimiento y la incertidumbre, donde aparecen de forma insistente las palabras “desplazamiento” o “muerte”. “Hay una palabra que me llamó la atención cuánto se repetía: ‘baqaya’ (بقايا), que se puede traducir como despojos, muñones, restos humanos… es un tipo de imagen que se nota que ha quedado grabada en la mente o el corazón de muchos poetas”.

Otra idea recurrente es relacionar “la familia, la tierra, el cielo, el agua... es decir, como un intento de aferrarse a lo que les queda, que en algunos casos no era mucho”, reflexiona el traductor. “‘Hutam’ (حطام), escombros, es otra palabra que aparece con profusión. La guerra del régimen de Tel Aviv ha dejado poco espacio a los poemas de amor, creo yo”.

Luz Gómez, por su parte, explica cómo las redes sociales, sobre todo Facebook pero no solo, se han convertido en una vía fundamental de comunicación entre los autores y para la difusión de su poesía. “Maya Abu Al-Hayat, que nació de padres exiliados y ahora vive entre Jerusalén y Ramala, tiene un poema que se titula ‘No es fácil ser palestino’. Las redes han sido fundamentales en mantener esa identidad y suplen esa infraestructura editorial o de revistas que permita la difusión de una obra”, aclara. Para la traductora, “todas las autoras tienen la conciencia de que, desde su experiencia individual, contribuyen a la resistencia y el arraigo de los palestinos para no desaparecer como pueblo”.

“Hasta 2021 no había escrito del genocidio”

Musaddar explica que su salida de Gaza a finales de 2021 tiñó su poesía del “anhelo del hogar. Anhelo calles que ya no existen, amigos que fueron asesinados, el rostro y el alma de la ciudad que conocí y sentí. Creo que mientras continúe la ocupación, cada palestino, así como su poesía, se enfrentará al exilio de una forma u otra”. Ella confiesa que antes no escribía sobre Palestina sino que trataba de humanizar la experiencia palestina como seres humanos sin guerra. “Me centraba más en humanizarme a mí misma, mi experiencia y la experiencia de mi pueblo como personas normales, sin ser héroes, mitos ni estar etiquetados con la guerra cada vez que nos conoces y nos presentas”.

En 2014 escribió por primera vez sobre la guerra: correr bajo los bombardeos, casas temblando, personas heridas, tanques y desplazamiento a escuelas de la UNRWA. Más tarde, en 2020, firmó crónicas periodísticas. Pero la agresión actual ha sucedido mientras no estaba en Gaza: “Empecé a escribir mientras veía todo lo que conocía y amaba en un genocidio transmitido en directo. Una parte de mí estaba en un mundo paralelo mientras la otra parte estaba en Gaza”.

Musaddar reconoce que el exilio y el genocidio han afectado profundamente a su poesía, convirtiéndola en un acto de testimonio, “no solo sobre la vida cotidiana de personas normales bajo una ocupación brutal, sino también sobre alzar la voz contra el dolor, la pérdida, la matanza masiva, el borrado de nuestra existencia y muchos otros actos de violencia sistemática”. Y admite que su único deseo es “permanecer fiel a los palestinos como un ser humano normal que sigue enfrentándose al terror brutal, la violencia sistemática y la limpieza étnica”.

Tanto la antología de Gómez como la de Gutiérrez de Terán incluyen poemas de Dareen Tatour, poeta y fotógrafa que fue encarcelada en 2018 por las autoridades israelíes acusada de incitar a la violencia con un vídeo de una lectura de uno de sus poemas en redes sociales. Maneras de ser palestina presenta su poema “Una poeta entre rejas” donde reflexiona sobre esa experiencia y las personas a las que conoció en prisión. Gaza. Poemas contra el genocidio incluye otro titulado “No moriré”: “Seguiré soñando mientras viva/tanto como quiera y pueda./Así es como he de vivir./Los muertos, esos sí que no sueñan./Pero yo nunca dejaré de soñar/y por eso permaneceré./No moriré jamás”.

Artículo completo en El Salto

 


"El Libro negro de Gaza" da voz a los jóvenes palestinos

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David Gallardo @davidgallardo78 | InfoLibre 2 de abril de 2026

Nasser Rabah, Jaled Al Qershali, Ohood Mohammed Nassar, Yara Abed, Nur Ahmed Abed, Taqwa Al Wavi, Nadera Mushtha, Deema Fayyad, Heba Almaqadma. Nombres anónimos que dejarán inicialmente indiferente al lector, que cambiará su percepción al caer en la cuenta de que detrás de todos ellos hay personas de carne y hueso que nos cuentan en primera persona su experiencia desde una Gaza destruida que se aferra a la vida de todas las maneras posibles.

La literatura es una de ellas y así queda escrito en El libro negro de Gaza. Testimonio de un genocidio (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2026), un proyecto grupal coordinado por el periodista y editor independiente Gonzalo Delgado, quien habla de "diario colectivo, generacional y multidimensional de los chavales de Gaza" porque, tal y como destaca a infoLibre, todos los participantes son palestinos y "bastante jóvenes". "Autores que viven allí. Bueno, dos han conseguido salir, pero después de haber escrito sus textos, con lo que todo está escrito desde Gaza", añade.

"Son estudiantes de literatura, de farmacia, de medicina, de diferentes partes de la franja", continúa Delgado, que fue contactado con todos ellos uno a uno a través de las redes sociales y creando una red de confianza con los que se iban apuntando y hablando del proyecto a sus conocidos. Así se fue haciendo realidad este Libro negro de Gaza, que reúne cerca de cincuenta relatos breves y poemas escritos en tiempo real por 17 jóvenes autores y autoras palestinos —9 mujeres y 8 hombres, en su mayoría de entre 19 y 30 años— que de alguna manera encontraron en la literatura un refugio contra las bombas, una forma de supervivencia.

"Ellos reivindican mucho en los textos esa idea de escribir como forma de resistencia", subraya el editor, poniendo el énfasis en que todos estos jóvenes son "de lo más normal del mundo", lo cual genera una cercanía testimonial muy potente: "Cuando lees todas estas historias, que están en diferentes ciudades y situaciones, te da la sensación de haber estado acompañándoles a ellos, de haber estado en su familia. Es como si estuvieras allí siendo un testigo silencioso, conociendo su experiencia desde el punto más real, de sus espacios y su intimidad".

Y es que, concebido como un libro de literatura, un compendio de textos independientes, El libro negro de Gaza propone una aproximación profundamente humana y emocional a la realidad vivida en el territorio. A través de historias personales, el lector se adentra en la vida cotidiana bajo asedio y bombardeos, los desplazamientos forzados y las pérdidas familiares, pero también en dimensiones universales como el amor, la memoria, la amistad, la maternidad y la esperanza que sostiene la vida incluso en las circunstancias más extremas.

De ahí títulos en estos relatos y poemas como Una tortura insufrible, El desafío de estudiar durante un genocidio, Diez minutos para huir de la muerte, Antes de derrumbarse el tejado, Una vida entregada a una causa justa o Agarré a mi hermana por la camiseta hasta que se precipitó. Historias narradas con toda la honestidad de quien solo busca que alguien al otro lado las lea para que se conviertan en reales. Para que no se olviden, para que dejen testimonio en un momento en el que la comunidad internacional cada vez habla menos de lo que pasa en Gaza.

Porque, según advierte Delgado, él sigue hablando mucho con todos los chavales del equipo, que siguen allí en su mayoría y "notan que se está hablando menos de ellos". Se convierte así este libro en una llamada no ya por la memoria, sino contra el olvido en tiempo presente. Ese es el motor de este proyecto, el que impulsó al editor a ponerse en marcha desde la nada, para "dar voz" a lo que está pasando, porque "tampoco está habiendo tanta creación literaria como en otros conflictos, como pudo ser el asedio de Sarajevo". "Había que cubrir ese vacío", apostilla.

De alguna manera, este libro se convierte en esa flor que nace en un desierto, donde parece que es imposible que nazca nada. Porque, por mucho que Israel se empeñe, en Gaza todavía hay un pueblo creando y defendiendo su identidad con todas las herramientas a su alcance, entre ellas, la escritura. "Así es como defienden su identidad y la determinación de vivir en su tierra, que al final es lo que exigen: poder vivir con libertad y dignidad en su tierra", remarca Delgado.

Y continúa: "Es que Israel les dice 'mira, si queréis vivir, marcharos y yo no os mato’. No entienden que están dispuestos a pasar ese nivel de penurias por estar en su tierra. Porque, además, ya hay un ejercicio de ingeniería social con el que se han convencido de que no hay una identidad palestina en Israel, que eso es un invento para tocarles las narices. Y se lo han creído hasta el punto de que no comprenden que los palestinos quieran sentirse palestinos en su tierra, en Palestina".

Por eso, afirma, este libro es también incluso una forma de que los palestinos puedan "mantenerse cohesionados vivan donde vivan", pues muchos de ellos están repartidos por el mundo. Una situación que compara el editor con los judíos sefardíes, por ejemplo, capaces de "mantener sus costumbres, sus canciones, sus recetas de comida, su lengua incluso". "Es un poco lo mismo, porque hay una vinculación geográfica, en ese caso Sefarad, pero también cultural, como ocurre con Palestina", apostilla.

Destaca en este punto Delgado la respuesta "positiva" que está provocando el libro entre los lectores, puesto que "quien lo lee se da cuenta de que deja mucho poso". "Es un libro muy fuerte que cubre un vacío y les da voz a los jóvenes palestinos. A nivel interno a uno le deja muy tocado precisamente por la verdad que transmite", explica. "Yo creo que una de las cosas que más te engancha de este libro es que es excesivamente humano, o mejor dicho, extremadamente humano, porque le pone nombre a las imágenes que tanto hemos visto. Es como estar con ellos, ves que le están haciendo daño a alguien que tiene aspiraciones y sueños", resalta.

Son jóvenes escritores que siguen luchando por su vida, en definitiva. "Todos están intentando salir, encontrar alguna beca para estudiar en alguna universidad de Europa", cuenta Delgado, a quien de hecho le piden ayuda, contactos o cartas de recomendación. "Hay un par que han salido ya y están en Irlanda", añade orgulloso de estos palestinos con los que sigue en contacto y a su disposición para ayudar en lo que le sea posible.

"Ahora se nota el alto el fuego. Antes hablaba más con ellos porque estaban más encerrados en los refugios o donde fuera y hacían menos vida comunitaria. Ahora están recuperando eso y hablamos menos porque están teniendo la vida que tienen que tener y salen más a la calle", continúa el editor, satisfecho de tener todos estos testimonios que, sin duda, apelan directamente a nuestra empatía como seres humanos: "De hecho, mientras trabajaba en esto compartí algún relato con alguien de mi entorno que es bastante conservador y pude ver que le rompía un poquito".

 

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Mohamed Safa presenta "Gaza, un genocidio televisado" en el Museo Etnográfico del Oriente de Asturias de Porrúa

Mohamed-Safa-presenta-Gaza-un-genocidio-televisado-en-Museo-del-Oriente-de-AsturiasSalón lleno para escuchar la conferencia de Mohamed Safa. / María Terente Nicieza

María Terente Nicieza | La Nueva España

Cangas de Onís | 24 ENE 2026 13:42

El doctor Mohamed Safa, oftalmólogo y activista palestino, pronunció ayer una conferencia magistral en el Museo Etnográfico del Oriente de Asturias de Porrúa. En la conferencia, “Gaza, un genocidio televisado” que lleva el mismo nombre de su libro recién publicado, desentrañó la paradoja de vivir un conflicto de magnitud catastrófica en tiempo real, a través de las pantallas del mundo entero, mientras la comunidad internacional permanece cómplice en su inacción. Ante un auditorio repleto, Safa expuso con rotundidad que estamos ante un "declive moral internacional" sin precedentes en la historia contemporánea.

"Cuando antes creíamos que el genocidio es huérfano, sucedía en poco tiempo, a oscuras, ahora mismo se hace a plena luz del día, se transmite en directo. Poca gente puede decir que no lo sabía", afirmó el oftalmólogo, nacido en Cisjordania en 1956 y exiliado en España hace casi cinco décadas, durante los albores de la Transición democrática.

La complicidad internacional

El doctor Safa no dudó en señalar a los actores políticos que respaldan la acción de Israel. Según datos de la relatora de las Naciones Unidas que citó durante la conferencia, 63 países han financiado y armado al Estado de Israel en su operación contra Gaza. De mayor gravedad aún es el bloqueo estadounidense: "Estados Unidos utilizó seis veces en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas su veto para evitar un alto del fuego", recordó Safa, subrayando cómo "había un consentimiento, había un respaldo y había una asunción de la acción israelí contra una población, que es la población palestina".

Esta realidad ha provocado, en sus palabras, "una cierta frustración" y ha puesto de manifiesto una ruptura fundamental: "Todos estos esquemas mentales sobre el genocidio se han roto". Lo que diferencia este conflicto de todos los precedentes históricos es, precisamente, su visibilidad total. A diferencia del Holocausto, donde los prisioneros del gueto de Varsovia "tenían el miedo de que iban a ser asesinados y nadie se enteraba de lo que les iba a pasar", los palestinos "eran conscientes de que iban a ser asesinados en la Franja de Gaza y al mismo tiempo saben que todo el mundo lo sabe".

La injusticia epistémica

Un concepto central en la disertación de Safa fue el de "injusticia epistémica", que definió como una "estructura que tiene un único relato, a los oprimidos se les hace callar la voz y no se les permite contar su relato". Para el doctor, la deshumanización de los palestinos no procede de la sociedad civil, que ha "mostrado una inmensa comprensión y empatía", sino de la élite política, que "Israel lo aprovecha, ejerce y practica".

Con una perspectiva que trasciende lo inmediatamente político, Safa enfatizó que "la resistencia de un pueblo palestino es una forma de rehumanizarlo y es una forma de desintoxicar todo este relato injusto sobre el conflicto. Mantenerse en Palestina, es la mayor de las resistencias para frenar la limpieza étnica que sigue ejecutando Israel". Su activismo, lejos de ser sectario, se abre a cualquiera que comparta el compromiso con los valores de la libertad y la igualdad. "Yo no busco un palestino que esté al lado mío en la misma trinchera, ni busco un árabe, ni busco un musulmán. Busco todos aquellos que adquieren el compromiso con los valores de la libertad, la igualdad", explicó.

La identidad del emigrante que no renuncia

Safa ofreció una reflexión profunda sobre la identidad del emigrante: "Soy un palestino emigrante, pero yo emigré y Palestina emigró conmigo. Yo nunca he renunciado a la palestinidad del compromiso". Sin embargo, reconoce su identidad múltiple, adquirida a lo largo de la vida. "Yo soy un palestino y he nacido en una Palestina ocupada. El segundo elemento es que soy árabe, de cultura árabe, de lengua árabe. Y el tercer elemento, yo llegué a España y me integré hablando su idioma, su cultura, y tengo mis vinculaciones emocionales en Asturias", subrayó, recordando que en Oviedo realizó su especialidad en Oftalmología.

La doble moral ante el sufrimiento

Safa abordó la aparente contradicción entre pueblos que han sufrido exterminio en el pasado y que hoy aplican ese mismo sufrimiento a otros. Citó el ejemplo de Sudáfrica como paradigma de gestión correcta de la memoria histórica: "Sudáfrica gestionó su dolor, su historia. No privatizaron su dolor, no encerraron su propia experiencia, sino aprendieron las caras del dolor y pronunciaron los lenguajes del dolor de los demás pueblos". Por ello, "se alegró muchísimo" de que fuera Sudáfrica quien denunciara a Israel ante el Tribunal Penal Internacional.

Por el contrario, lamentó que "otros gestionan la memoria de su historia pasada como una licencia para matar".

La responsabilidad de la sociedad civil

El doctor Safa concluyó su intervención con un llamamiento a la responsabilidad individual y colectiva. "Primero, escuchar la voz del dolor, escuchar la voz de los nativos. Dos, adquirir el compromiso, convertirse en la palestinidad no del nacimiento, sino la palestinidad del compromiso con esta causa justa", planteó. Enfatizó que los gobiernos no cambian por un "despertar moral" espontáneo, sino por la presión ciudadana: "Los gobiernos no se levantan por la mañana y dicen Dios, no podemos seguir cometiendo esta inmoralidad. No hay un despertar moral, sino hay un despertar por una presión que responde al sentir general de tu propia sociedad".

En su valoración de la sociedad española, el oftalmólogo fue explícitamente positivo. "La sociedad española ha mostrado una inmensa comprensión y empatía con el sufrimiento del pueblo palestino. Son ellos los que salieron a la calle desde el primer día. Por eso, me alineo con la voz del pueblo, con las sociedades occidentales en general, que salieron frente a sus gobiernos que han demostrado una gran indecencia".

Safa, concluyó la conferencia abierto a la esperanza. A pesar de los pesimistas pronósticos sobre la situación palestina mantiene vivo el sueño de regresar a un Palestina libre: “Yo siempre seguiré soñando con volver a una Palestina libre".

Artículo completo en La Nueva España


Beatriz Lecumberri entrevista en El País a la poeta palestina Hind Joudah, una de las autoras recogidas en la antología "Maneras de ser Palestina"

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Beatriz Lecumberri entrevista en El País a Hind Joudah, una de las quince poetas reunidas por Luz Gómez en la antología "Maneras de ser Palestina".

Hind Joudah se detiene con gesto sorprendido ante una bandera palestina desgarrada que ondea en la puerta de una cafetería en el centro de Madrid. El dueño le explica que alguien la ha rasgado esa noche, pero que así queda incluso más auténtica y no la piensa quitar. Esta poeta palestina de 42 años, que pudo salir de la Franja de Gaza meses después del inicio de los bombardeos israelíes y vive en Egipto, afirma que la solidaridad que transmiten esos detalles la reconforta desde hace meses. Desde octubre de 2023, siente que la poesía es como lanzar al mar un mensaje en una botella. “Un mensaje enviado desde una tierra aislada y en llamas, que llega hasta personas que están lejos, como ha ocurrido aquí en España, pero también en Italia o en Francia”, explica, en una entrevista con este periódico.

Sus versos están recogidos en la recién publicada antología Maneras de ser palestina (Ediciones del oriente y del mediterráneo), en la que Luz Gómez, catedrática de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid, ha reunido a 15 autoras palestinas menores de 50 años de Gaza, Cisjordania, Jerusalén, Israel y la diáspora.

La poesía de Joudah y del resto de autoras sorprende, conmueve e interpela: “El futuro está preso, y cada vez que levanta la cabeza, una guerra lo mata”, escribe Neama Hassan, desde Gaza. “Para ser una madre palestina, tienes que aprender a contar cuentos de hadas en las noches eternas de los bombardeos”, relata desde Jerusalén Maya Abu Al Hayat. “Las balas no me dieron tiempo a abrazar el corazón de mi amado”, solloza en sus versos Mona Musaddar, palestina que vive Doha.

 

Pregunta. ¿Por qué siente que escribir poesía es como lanzar al mar un mensaje en una botella?

Respuesta. Primero porque Gaza está a orillas del mar y segundo, porque la gente ve la masacre contra mi pueblo a través de una pantalla y mis poemas permiten decir cómo me siento realmente y recogen mi verdad. Son un mensaje enviado desde una tierra aislada y en llamas, que llega hasta personas están lejos, como ha ocurrido aquí en España, pero también en Italia o en Francia.

 

P. Uno de sus poemas dice: “Soplaré las heridas de Gaza y le cantaré para que se duerma. Le taparé los oídos para que no oiga el rugido de los aviones”.

R. Son los versos de una madre, que escribe poesía desde una Gaza en guerra, un lugar lleno de personas que necesitan protección y cuidado, como nuestros hijos cuando son pequeños. Es mi vida hecha palabras.

 

P. ¿Qué hace única a la poesía escrita por mujeres palestinas recogida en esta antología?

R. El poema que acabo de mencionar solo lo puede escribir una mujer. Es totalmente femenino. En esta guerra, las mujeres lograron contar y el mundo nos escuchó y nos dio un espacio. Mis poemas se han traducido a 15 lenguas y eso es muy importante. No soy un caso único, pero ha tenido que ocurrir algo tan terrible para que nuestra voz se oiga. Y esta antología termina de hacernos justicia, porque reúne las voces de 15 poetas.

 

P. ¿Escribió mucho durante los meses de guerra que vivió en Gaza?

R. Mucho. Era una necesidad. La poesía es mi vida, mi manera de existir. Cuando Israel comenzó a bombardear, empecé a escribir sobre todo aquello y a publicarlo online. Tenía mucho miedo a morir y sentía esa urgencia de plasmar ciertas cosas antes, por si acaso. Para que mis sentimientos y los de la gente a mi alrededor se quedarán ahí reflejados.

 

P. Hace un tiempo entrevistamos a otro poeta gazatí, Nasser Rabah, y decía que la poesía era un deber patriótico.

R. Estoy de acuerdo. La poesía se convirtió en una manera más de documentar el horror de Gaza. Mis palabras llegan al mundo y quiero pensar que sirven de algo. Los versos de estos dos años no tienen muchos artificios, son una foto de la realidad contada de manera subjetiva, con mucho sentimiento y sobre todo dolor. Mis versos hablan de la falta de pan y de azúcar, de las ruinas, del miedo y del sonido de los drones israelíes.

 

P. En uno de sus poemas dice que se siente avergonzada por tener ropa limpia y no pasar frío.

R. Ese poema lo escribí desde la zona central de la Franja, cuando Israel bombardeaba sobre todo el norte y el sur. Dentro del horror, me sentía mucho más segura que otros familiares o amigos y eso me hacía sentir mal. Pero los momentos de culpa más fuertes los he sentido después. Hace un tiempo me invitaron a París a leer mis poemas. Y llegué allá, a una ciudad preciosa, tan a salvo... y me dije ‘¿qué hago yo aquí mientras mi familia está en Gaza?’ Me derrumbé.

 

P. ¿Dónde está en este momento su familia?

R. En el centro de Gaza, en la zona de Al Zawaidah, en la casa de mi padre, donde hay unas 40 personas de la familia desplazadas. No hay ventanas y hay un gran agujero en el salón debido a un proyectil, pero todavía es una casa. El ejército israelí no llegó a entrar en el pueblo en estos dos años. Y los vecinos se ayudaron mucho unos a otros, consiguieron sembrar algún pepino y tomate y fueron sobreviviendo.

 

P. ¿El alto el fuego la hace respirar y tener más esperanza?

R. Creo que lo más cierto que se ha dicho sobre el alto el fuego es que Donald Trump está tratando de salvar a Israel de sí mismo. Yo no logro estar del todo tranquila y confiar. Espero que no vuelva a haber masacres y bombardeos, porque Gaza necesita un periodo de calma hasta que se pueda llegar a hablar de una solución más definitiva.

 

P. Entonces, sigue siendo difícil proyectarse en el futuro.

R. Yo no tengo ningún plan. Me da miedo que no podamos volver y que haya mucha gente que se vea obligada a salir. Mi abuelo tuvo que marcharse de Ashdod, hoy en territorio israelí, hace más de 70 años y arrastramos esa pena desde entonces. No queremos que nuestros hijos sufran un nuevo exilio, una nueva Nakba. Yo siento que puedo afrontar la pérdida de mis padres, pero no podría nunca aceptar la pérdida de Gaza.

 

P. ¿Cómo recibe Egipto a familias gazatíes como la suya?

R. Las autoridades egipcias no nos lo ponen fácil. Mis tres hijos, por ejemplo, no tienen derecho a ir a la escuela pública en El Cairo. Así que, como ocurre con todos los niños gazatíes que viven en el país, estudian online con profesores de Cisjordania. En el fondo, quieren que nos marchemos. Bueno, entonces, creen las condiciones, abran la puerta y volveremos a Gaza.

 

P. ¿Cómo es escribir desde el exilio?

R. Más complicado. No se pueden sentir las cosas igual. He escrito mucho sobre el dolor y sufrimiento de Gaza y ahora, la pregunta que planea en mis versos es: ¿por qué el mundo no ha hecho nada? Aunque sé que aquí en España hay manifestaciones importantes, he podido incluso ver una y he enviado fotos a mi familia en Gaza para se sientan menos solos.

 

P. En esta antología hay otra autora gazatí, Batool Abu Akleen, que escribe sobre la tumba que quiere para ella sola. Tiene solo 20 años. ¿Qué le provoca leer esos versos?

R. En Gaza ha habido tantos muertos que no se ha podido enterrar a la gente individualmente. Hay tumbas colectivas. Los versos de esta mujer tan joven nos golpean y nos chocan. Ella debería estar pensando en bailar y amar, pero esa es nuestra vida.

 

P. ¿Cuál fue su último poema?

R. Habla sobre mi barrio, Tel al Hawa, en Ciudad de Gaza, que está totalmente destruido. Dice algo así: “Me acuerdo de sus árboles, de cómo suena el viento en sus ventanas, conozco el olor del mar y el reflejo del amanecer en cada rincón. ¿Esto es de verdad? La ciudad se escapa, se mezcla con las piedras y parece que todo huye, mientras los corazones están bajo las ruinas de las casas. ¡Ay, Gaza! A la vista de todos estás a punto de desaparecer". Es tan doloroso que ni siquiera he querido compartirlo con mi familia.

Artículo completo en El País


"Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas" con Hind Joudah, Luz Gómez y Natalia Erice en el Círculo de Bellas Artes

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El próximo viernes, 3 de octubre, en el Círculo de Bellas Artes de madrid:

Presentación de "Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas", a cargo de Luz Gómez, autora de la selección, edición y traducción de los poemas de quince autoras palestinas nacidas después de 1977.

Luz Gómez es catedrática de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid, Premio Nacional de Traducción y traductora de poesía árabe.

La autora estará acompañada por Hind Joudah, nacida en 1983 en el campamento de al-Buraij, en Gaza. Es autora de las siguientes colecciones de poesía: "Siempre hay alguien que se marcha" (2013), "No queda azúcar en la ciudad" (2016) y "Un dedo que logró salvarse" (2024).

Natalia Erice es actriz de teatro, cine y televisión, y como periodista cultural ha sido responsable durante siete años de On Madrid y colaborado con el Centro de Documentación Teatral y otras publicaciones .

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Francisco Carrión entrevista en El Independiente al poeta Mosab Abu Toha

El poeta de la muerte en Gaza: “Intento que al menos sobrevivan las historias de los asesinados”

Francisco Carrión @fcarrionmolina El Independiente 23/07/2025

“Nos merecemos una muerte mejor/ Nuestros cuerpos están desfigurados y retorcidos,/ bordados con balas y metralla./ Nuestros nombres se pronuncian mal/en la radio y televisión...”, escribe Mosab Abu Toha, el gazatí que zurce el dolor y la rabia a golpe de poemas. Sus versos son directos y punzantes. Como los proyectiles israelíes que matan a diario desde octubre de 2023 a decenas de palestinos. Pero, a diferencia de la metralla que llueve sin cesar sobre la Franja, los dardos de Abu Toha son inofensivamente pacíficos. Solo sacuden la conciencia de quienes los leen.

 

“Por desgracia, la realidad hoy resulta peor que lo que cuenta ese poema”, advierte en conversación con El Independiente Abu Toha. “Lo escribí sobre nuestro pueblo, sobre cómo nuestros miembros fueron descuartizados por los ataques aéreos y sus nombres no se pronunciaban correctamente en la televisión. Pero el 7 de octubre, después de que Israel iniciara su genocidio contra el pueblo, la muerte se ha cobrado cientos de miles de vidas. 60.000 de ellas por ataques aéreos y balas. El resto murió porque no hay medicinas, ni combustible, ni ambulancias, ni atención médica. Así que, si tuviera que volver a escribir el poema, también añadiría el hecho de que muchas familias quedaron sepultadas bajo los escombros de sus casas durante meses. Ya no son solo personas desmembradas y desfiguradas por los bombardeos, sino también personas que quedaron bajo los escombros”.

Mosab-Abu-Toha-en-la-presentacion-de-Cosas-que-tal-vez-halles-ocultas-en-mi-oido-en-Casa-Arabe-de-Madrid
Mosab Abu Toha en la presentación de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído en Casa Árabe de Madrid.

En su cuenta de X, desafiando la censura que impone la corrección política que trata de evitarnos ver la cruda realidad de cuerpos mutilados, despedazados o ensangrentados, Abu Toha -afincado en Estados Unidos tras su salida de Gaza vía El Cairo- comparte las historias de los asesinados. Les concede el nombre y una biografía que una contienda sin fin les niega.  “Hace unos meses vi el vídeo de una niña que quedó aplastada bajo el techo de un aula donde se había refugiado con su familia. La mitad de su cuerpo estaba sepultada bajo el techo y la otra mitad colgaba. Nos merecemos un día mejor. Esto no es la guerra. Esto no es la muerte. Espero que no sea la muerte en absoluto”, desliza el autor de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído, publicado en castellano por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.

Desde los primeros bombardeos hace 21 meses, Abu Toha ha perdido en Gaza a decenas de parientes, amigos y vecinos. El domingo a la lista de muertos se añadió Ali. “Mi primo Ali ha muerto hoy mientras esperaba comida. Tenía 34 años y era padre de cuatro hijos. Mirad cómo el hambre le había demacrado el rostro y agotado el cuerpo”, escribió tras recibir la noticia. “Hoy ha sido un día de pérdidas insoportables. Mi primo ha sido asesinado, el hermano de mi esposa y otro primo han resultado heridos, y muchos de mis amigos del barrio han regresado con miembros amputados. Eran hombres jóvenes, hijos, padres, que habían salido desesperados para traer aunque fuera un poco de comida a sus familias. Sus frágiles cuerpos apenas podían soportar el viaje de más de 10 kilómetros, pero ¿qué otra opción tenían? ¿Cómo puede alguien quedarse en una tienda de campaña mientras sus hijos y sus padres ancianos se retuercen de hambre? Lo que está haciendo Israel es monstruoso, y debe rendir cuentas”, relata.

Abu Toha -galardonado este año con el Premio Pulitzer por una serie de ensayos publicados en The New Yorker que narran la vida en Gaza- salió de Gaza a finales de noviembre de 2023 tras ser secuestrado durante tres días por las fuerzas israelíes. “Los israelíes me lo robaron todo: el pasaporte, mi familia, mi dinero, mis tarjetas de débito y crédito, mi ropa, mis zapatos, todo lo que tenía, incluso mi reloj. Cuando llegamos a Egipto, me obligaron a solicitar un visado para Estados Unidos”, admite. Desde entonces, observa el exterminio de los suyos desde lejos. Van cayendo uno a uno. Sin tregua, entre rumores de un alto el fuego que llevan semanas negociando Hamás e Israel en Qatar y que nunca llega.

“Lo estoy perdiendo todo. No puedo detenerlo. Veo cómo me arrebatan todo, las vidas de algunos de mis amigos y algunos de mis alumnos. He pasado el último año y medio viendo cómo lo perdía todo, viendo cómo me arrebataban para siempre las cosas que amo”, maldice.

“La casa bombardeada. Todos han muerto:/ los niños, los padres, los juguetes, los actores de televisión,/ los personajes de las novelas y los libros de poesía,/ «yo», «él» y «ella». No quedan pronombres. Ni siquiera/ para los niños cuando aprendan las oraciones/ el próximo año. La metralla vuela en la oscuridad,/ busca las risas de la familia,/ ocultas tras montones de muros desfigurados y marcos sangrantes. La radio/ ya no habla. Se han quemado las pilas,/ la antena está rota./ Hasta el locutor sintió dolor cuando la radio/ fue alcanzada. Hasta nosotros, al oír la bomba/ mientras caía, nos arrojamos/ al suelo,/ cada uno contando a los de alrededor./ Estábamos a salvo, pero el corazón nos duele todavía.”

“Sigo escribiendo poemas, pero como estoy viajando y también sigo las noticias, traduzco y publico en mis redes sociales, no dedico tanto tiempo a escribir poesía como antes. Ni siquiera puedo sentarme a pensar en escribir un poema. Escribo poemas de vez en cuando, pero no como antes”, reconoce Abu Toha. En los ratos en los que deja de informar del reguero interminable de muertes, el poeta regresa a los versos. “Gaza se ha convertido en un gran funeral” es el título de uno de los poemas que ha logrado pergeñar en los últimos meses.

Sostiene que, a pesar de la carnicería que sobrevuela Gaza, no ha pensado jamás en rendirse. Su salvavidas es la poesía. Estrofas que, como balas, cruzan el espacio y rompen el silencio y la indiferencia, cuando no la complicidad, con los que los despachos en Occidente tratan con la operación militar israelí. “Los poemas que escribo no tratan sobre matar a otras personas. No incito a la gente a matar a otras personas como hacen los israelíes con nuestro pueblo en Gaza, en el Líbano y también en Siria. Pero lo único que puedo hacer con mi poesía es resistir el borrado, el acto de olvidar las historias de las personas que fueron asesinadas por las fuerzas israelíes. Me resisto al borrado, al olvido de estas historias. Llevo estas historias a las personas que no saben nada sobre Gaza. Me resisto al genocidio israelí compartiendo las historias de cada uno de mis alumnos, de mi pueblo, de los niños, los padres y las madres y de todos”.

De viaje en viaje, Abu Toha -que pasó por Madrid el pasado noviembre- reconoce que la reacción internacional al sufrimiento en Gaza -donde el hambre deja su marca en cuerpos esqueléticos- le ha hecho perder parte de la esperanza. “Todo el mundo ha estado viendo lo que está pasando en Gaza. Mucha gente en todo el mundo ha pedido un alto el fuego, un embargo de armas. Solo hay que esperar. Los gobiernos del mundo han ignorado todo esto. La gente en Estados Unidos y Europa ha pedido a sus gobiernos que dejen de enviar armas a Israel. Ningún político en todo el mundo ha dicho que el pueblo palestino tiene derecho a defenderse bajo la ocupación. Nadie ha hablado de ningún derecho que tenga el pueblo palestino por vivir bajo la ocupación. Pero Israel tiene derecho a todo. Tiene derecho a defenderse matando a los niños y a sus padres. Tienen derecho de destruir casas, de volar casas en Cisjordania y también en Gaza...”.

Y frente a los densos silencios, Abu Toha apuesta por “la educación”. “La gente necesita aprender, leer, escuchar al pueblo palestino, sus historias y sus esperanzas. Occidente, en general, no ha sabido escuchar al pueblo palestino, no ha sabido proteger sus derechos humanos, sus derechos básicos a existir en su propia tierra, a obtener lo que todo el mundo obtiene como ser humano”, comenta.

Una tarea para que el poeta que retrata la muerte en Gaza aún estamos a tiempo. “Nunca es demasiado tarde. No tiene sentido dejar de hablar de lo que está pasando. Porque eso es lo que quiere Israel. Eso es lo que quieren los genocidas que quieren matar a todo el mundo en Gaza, en Palestina, y robarles la tierra. Eso es lo que quieren. Así que no debemos hacer lo que ellos quieren”, replica. “¿Agotado? Sí, me siento agotado, por supuesto. Soy un ser humano. Pero no puedo quejarme porque mi gente en Gaza está siendo torturada”.

Abu Toha prefiere decir que la poesía “no es su arma sino una herramienta de supervivencia". “Porque cuando doy voz a mi pueblo, que no tiene voz, a mis alumnos que fueron asesinados, intento que sobrevivan. Aunque ellos no sobrevivan, al menos sus historias sobrevivirán”, murmura. Gaza lleva sitiada desde 2007. Siempre hay drones, F-16, y en el mar hay buques de guerra y cañoneras. Nunca ha habido paz en Gaza. La paz llegará cuando Palestina sea libre y cuando el pueblo palestino tenga derecho a vivir en su propia tierra con dignidad y sin ocupación”, concluye.

A pesar de la metralla que ha desfigurado la Franja, reducido a escombros su geografía y convertido en nómadas perpetuos a su menguante población, el poeta sueña con retornar a lo que queda de casa. “Me encantaría ir a Gaza ahora, después de terminar mi llamada contigo. Espero poder volver pronto para reconstruir y ver a mi familia. No veo a mi padre desde hace más de un año. Tampoco a mi madre. No veo a mis hermanos ni a sus hijos. Mi hermana dio a luz hace meses y es el primer bebé que no he visto, al que no he besado, al que no he cogido en brazos, al que no he acunado...”.

Artículo completo en El Independiente


"Palestina. La existencia negada" de Teresa Aranguren en los medios

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Teresa Aranguren interviene en el programa la Noche en 24 horas sobre el genocidio en Gaza a raíz de la publicación de su libro "Palestina. La existencia negada".

 

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infolibre se hace eco de la publicación de "Palestina. La existencia negada" con la prepublicación de la Introducción de Teresa Aranguren.

 


Mosab Abu Toha, autor de "Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído" recibe el premio Pulitzer

Es un honor para mí recibir hoy el Premio Pulitzer. Muchísimas gracias al jurado y a los miembros de la junta directiva por honrarme.
Dedico este éxito a mi familia, amigos, profesores y estudiantes de Gaza.
Bendiciones a los 31 miembros de mi familia que murieron en un ataque aéreo en 2023.
Bendiciones a las almas de mis cuatro primos hermanos, dos de los cuales murieron junto con sus cónyuges e hijos. Bendiciones al alma de mi tía abuela, Fátima, cuyo «cadáver» permanece bajo los escombros de su casa desde octubre de 2024. Bendiciones a las tumbas de mis abuelos, a quienes nunca encontraré.
Bendiciones a las almas de mis alumnos que murieron buscando comida o leña. A la escuela donde estudié y enseñé, a la biblioteca que fundé y a la que añadí un libro de poesía antes de 2023.
Bendiciones a muchos más. ¡Estoy orando por un alto el fuego inmediato y permanente y por JUSTICIA y PAZ!
#mosababutoha #Palestina #Gaza #poesía #poemasdesdeGaza #thepulitzerprizes #cosasquetalvezhallesocultasenmioído

 

 

 


Gaza: el poema hizo su parte, de Nasser Rabah

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El poema hizo su parte y se marchó. Ya no hay fiesta ni celebración de nacimiento. No hay flauta que guíe a quienes acuden a la oración del encuentro. No hay nubes con las que intercambiar elogios, ni árboles que me llamen con hermosos nombres o extiendan mi sombra. Rezo a una ventana: su raíz está en mi corazón, y tiende sus ramas sobre mi nostalgia.
El poema hizo su parte y se marchó. En cuanto al verbo, quedó para los desdichados que labran un jardín, con sus rosas, sus cipreses y vino que inspira a las espigas de las canciones. Pero lo dejaron todo y siguieron el rastro del poema hasta el alba. En cuanto al significado, aquel espejismo que me seguía, y yo a él, era blanco flotando sobre aguas estancadas. Le dije: «Sé», pero no fue. Le dije: «No seas», y fue blanco flotando sobre aguas estancadas. En su orilla yo miraba mi reflejo y lo negaba, miraba mi reflejo y lo negaba, mientras que a mis espaldas cantaban mil gallos...

Nasser Rabah nació en 1963 en uno de los campamentos gazatíes de refugiados, el de Magazi, levantado por la UNRWA en 1949 para acoger a familias expulsadas por Israel de los pueblos del centro y sur de Palestina. Pasó parte de su infancia en El Cairo y allí estudió ingeniería agrícola. En Magazi vive y tiene su casa, que se ha resistido a abandonar durante la reciente guerra de exterminio pese a haber sido parcialmente destruida. Rabah no ha podido salir de Gaza en los últimos doce años. Su biblioteca personal ha sido asolada, una pérdida incalculable para un escritor atrapado en un lugar que Israel lleva décadas buscando convertir en un erial intelectual: en Gaza, Israel ha «testado» con especial saña todos los medios de aniquilación de la cultura y el conocimiento palestinos: ha abatido a los individuos —escritores, artistas, profesores— y ha arrasado las instituciones —bibliotecas, teatros, centros culturales, universidades, archivos—. La magnitud de la devastación es tal que en uno de sus últimos poemas, fechado el 26 de junio de 2024, Rabah llega a decir:

Las bibliotecas se buscan a sí mismas entre las cenizas.

No importa… Ningún libro conmueve mi corazón

tras el libro de los tanques.

Nasser Rabah se aferra a su móvil, que se ha convertido en vínculo con el mundo y consigo mismo, un móvil biblioteca, ordenador, teléfono y cámara con que documentar el genocidio: «Escribir notas en el teléfono … es un medicamento para tratar los síntomas de la guerra. Es lo que me sostiene para que no me hunda». En esto, en las formas de resistencia/resiliencia, en el intraducible sumud palestino, también ha introducido cambios el 7 de octubre de 2023. No solo en Gaza, en Palestina en su conjunto. Y cómo no, en el quehacer poético, que nunca ha dejado de ser una forma de sumud.

(de la Introducción de Luz Gómez a Gaza: el poema hizo su parte, de Nasser Rabah, traducido del árabe por Alberto Benjamín López Oliva, la ilustración de la cubierta es de Ana Camusso)

La actriz Natalia Erice recita los poemas "Sin correo desde hace años" y "Patria fuera de servicio".


Clara-Janés-El-suicidio-y-el-canto

CITAS CON NUESTROS LECTORES LA SEMANA DEL 14 AL 18 DE ENERO DE 2025

Así comenzamos el nuevo año:

El martes 14 a las 19.00 convocamos a nuestros lectores y amigos en Teatro del Barrio a un acto titulado Reconfiguraciones de Oriente Medio. Politizaciones del desacuerdo con la participación de Teresa Aranguren, escritora y periodista, Ignacio Gutiérrez de Terán, profesor universitario especialista en Oriente Medio y el escritor Santiago Alba Rico (imprescindible reserva previa).

Configuraciones-de-Oriente-Medio
Mesa redonda sobre la situación en Oriente Medio con Teresa Aranguren, Ignacio Gutiérrez de Terán y Santiago Alba Rico.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



El 15 de enero a las 19.30 Clara Janés presentará su edición de El suicidio y el canto: cantos populares de las mujeres pastún de Afganistán en la librería Balqis de Madrid.

Clara-Janés-El-suicidio-y-el-canto
Clara Janés presenta «El suicidio y el canto. Poesía popular de las mujeres pastún de Afganistán».

El 16 de enero, Clara Janés presentará su antología de trobairitz, Albores o el rostro sin velo de las trovadoras en la biblioteca de la Casa de Velázquez de Madrid en un acto dirigido a sus artistas e investigadores residentes.

El 18 de enero a las 12.30, en la Librería Enclave, encuentro en torno a la poesía de Nazim Hikmet con motivo de la publicación de Paisajes humanos de mi país.

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Presentación de Paisajes humanos de mi país, de Nazim Hikmet, en la Librería Enclave.


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