"El Libro negro de Gaza" da voz a los jóvenes palestinos

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David Gallardo @davidgallardo78 | InfoLibre 2 de abril de 2026

Nasser Rabah, Jaled Al Qershali, Ohood Mohammed Nassar, Yara Abed, Nur Ahmed Abed, Taqwa Al Wavi, Nadera Mushtha, Deema Fayyad, Heba Almaqadma. Nombres anónimos que dejarán inicialmente indiferente al lector, que cambiará su percepción al caer en la cuenta de que detrás de todos ellos hay personas de carne y hueso que nos cuentan en primera persona su experiencia desde una Gaza destruida que se aferra a la vida de todas las maneras posibles.

La literatura es una de ellas y así queda escrito en El libro negro de Gaza. Testimonio de un genocidio (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2026), un proyecto grupal coordinado por el periodista y editor independiente Gonzalo Delgado, quien habla de "diario colectivo, generacional y multidimensional de los chavales de Gaza" porque, tal y como destaca a infoLibre, todos los participantes son palestinos y "bastante jóvenes". "Autores que viven allí. Bueno, dos han conseguido salir, pero después de haber escrito sus textos, con lo que todo está escrito desde Gaza", añade.

"Son estudiantes de literatura, de farmacia, de medicina, de diferentes partes de la franja", continúa Delgado, que fue contactado con todos ellos uno a uno a través de las redes sociales y creando una red de confianza con los que se iban apuntando y hablando del proyecto a sus conocidos. Así se fue haciendo realidad este Libro negro de Gaza, que reúne cerca de cincuenta relatos breves y poemas escritos en tiempo real por 17 jóvenes autores y autoras palestinos —9 mujeres y 8 hombres, en su mayoría de entre 19 y 30 años— que de alguna manera encontraron en la literatura un refugio contra las bombas, una forma de supervivencia.

"Ellos reivindican mucho en los textos esa idea de escribir como forma de resistencia", subraya el editor, poniendo el énfasis en que todos estos jóvenes son "de lo más normal del mundo", lo cual genera una cercanía testimonial muy potente: "Cuando lees todas estas historias, que están en diferentes ciudades y situaciones, te da la sensación de haber estado acompañándoles a ellos, de haber estado en su familia. Es como si estuvieras allí siendo un testigo silencioso, conociendo su experiencia desde el punto más real, de sus espacios y su intimidad".

Y es que, concebido como un libro de literatura, un compendio de textos independientes, El libro negro de Gaza propone una aproximación profundamente humana y emocional a la realidad vivida en el territorio. A través de historias personales, el lector se adentra en la vida cotidiana bajo asedio y bombardeos, los desplazamientos forzados y las pérdidas familiares, pero también en dimensiones universales como el amor, la memoria, la amistad, la maternidad y la esperanza que sostiene la vida incluso en las circunstancias más extremas.

De ahí títulos en estos relatos y poemas como Una tortura insufrible, El desafío de estudiar durante un genocidio, Diez minutos para huir de la muerte, Antes de derrumbarse el tejado, Una vida entregada a una causa justa o Agarré a mi hermana por la camiseta hasta que se precipitó. Historias narradas con toda la honestidad de quien solo busca que alguien al otro lado las lea para que se conviertan en reales. Para que no se olviden, para que dejen testimonio en un momento en el que la comunidad internacional cada vez habla menos de lo que pasa en Gaza.

Porque, según advierte Delgado, él sigue hablando mucho con todos los chavales del equipo, que siguen allí en su mayoría y "notan que se está hablando menos de ellos". Se convierte así este libro en una llamada no ya por la memoria, sino contra el olvido en tiempo presente. Ese es el motor de este proyecto, el que impulsó al editor a ponerse en marcha desde la nada, para "dar voz" a lo que está pasando, porque "tampoco está habiendo tanta creación literaria como en otros conflictos, como pudo ser el asedio de Sarajevo". "Había que cubrir ese vacío", apostilla.

De alguna manera, este libro se convierte en esa flor que nace en un desierto, donde parece que es imposible que nazca nada. Porque, por mucho que Israel se empeñe, en Gaza todavía hay un pueblo creando y defendiendo su identidad con todas las herramientas a su alcance, entre ellas, la escritura. "Así es como defienden su identidad y la determinación de vivir en su tierra, que al final es lo que exigen: poder vivir con libertad y dignidad en su tierra", remarca Delgado.

Y continúa: "Es que Israel les dice 'mira, si queréis vivir, marcharos y yo no os mato’. No entienden que están dispuestos a pasar ese nivel de penurias por estar en su tierra. Porque, además, ya hay un ejercicio de ingeniería social con el que se han convencido de que no hay una identidad palestina en Israel, que eso es un invento para tocarles las narices. Y se lo han creído hasta el punto de que no comprenden que los palestinos quieran sentirse palestinos en su tierra, en Palestina".

Por eso, afirma, este libro es también incluso una forma de que los palestinos puedan "mantenerse cohesionados vivan donde vivan", pues muchos de ellos están repartidos por el mundo. Una situación que compara el editor con los judíos sefardíes, por ejemplo, capaces de "mantener sus costumbres, sus canciones, sus recetas de comida, su lengua incluso". "Es un poco lo mismo, porque hay una vinculación geográfica, en ese caso Sefarad, pero también cultural, como ocurre con Palestina", apostilla.

Destaca en este punto Delgado la respuesta "positiva" que está provocando el libro entre los lectores, puesto que "quien lo lee se da cuenta de que deja mucho poso". "Es un libro muy fuerte que cubre un vacío y les da voz a los jóvenes palestinos. A nivel interno a uno le deja muy tocado precisamente por la verdad que transmite", explica. "Yo creo que una de las cosas que más te engancha de este libro es que es excesivamente humano, o mejor dicho, extremadamente humano, porque le pone nombre a las imágenes que tanto hemos visto. Es como estar con ellos, ves que le están haciendo daño a alguien que tiene aspiraciones y sueños", resalta.

Son jóvenes escritores que siguen luchando por su vida, en definitiva. "Todos están intentando salir, encontrar alguna beca para estudiar en alguna universidad de Europa", cuenta Delgado, a quien de hecho le piden ayuda, contactos o cartas de recomendación. "Hay un par que han salido ya y están en Irlanda", añade orgulloso de estos palestinos con los que sigue en contacto y a su disposición para ayudar en lo que le sea posible.

"Ahora se nota el alto el fuego. Antes hablaba más con ellos porque estaban más encerrados en los refugios o donde fuera y hacían menos vida comunitaria. Ahora están recuperando eso y hablamos menos porque están teniendo la vida que tienen que tener y salen más a la calle", continúa el editor, satisfecho de tener todos estos testimonios que, sin duda, apelan directamente a nuestra empatía como seres humanos: "De hecho, mientras trabajaba en esto compartí algún relato con alguien de mi entorno que es bastante conservador y pude ver que le rompía un poquito".

 

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"Palestina. La existencia negada" de Teresa Aranguren en los medios

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Teresa Aranguren interviene en el programa la Noche en 24 horas sobre el genocidio en Gaza a raíz de la publicación de su libro "Palestina. La existencia negada".

 

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infolibre se hace eco de la publicación de "Palestina. La existencia negada" con la prepublicación de la Introducción de Teresa Aranguren.

 


"El racismo en Estados Unidos, una enfermedad crónica", por Juan José Tamayo

El racismo en Estados Unidos, una enfermedad crónica

 

infoLibre Juan José Tamayo 28 de octubre de 2024

 

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Raza contrarreloj. La política de una Norteamérica en vías de oscurecerse

 En vísperas de las elecciones en Estados Unidos estoy leyendo Raza contrarreloj. La política de una Norteamérica en vías de oscurecerse, que acaba de publicar Ediciones del Oriente y del Mediterráneo. Su autor es el escritor Keith Boykin, comentarista político para el canal de noticias de CNN, que ha trabajado en varias campañas editoriales y ha recibido el premio Lambda, otorgado a obras sobre la temática LGTB+. En él ofrece su visión de la cuestión racial en Estados Unidos desde la vivencia personal de hombre negro y gay a través de la política como asistente de la Administración Clinton, de la docencia en varias universidades nacionales y de su colaboración en los medios de comunicación. Y todo ello bajo la inspiración e influencia de Malcolm X, Martin Luther King jr. y del pastor Jesse Jackson.

 

Recuerda el título de uno de los libros de Luther King jr, que planteaba la siguiente pregunta: Adónde vamos. ¿Caos o continuidad? y el discurso pronunciado en Atlanta, donde recorrió los logros del movimiento por los derechos civiles, habló de las tareas pendientes e hizo el siguiente diagnóstico de la discriminación racial en Estados Unidos:

 

 “De las cosas buenas de la vida, el negro tiene aproximadamente la mitad que el blanco. De las cosas malas, el doble. Además, la mitad de los negros se alojan en infraviviendas y gana la mitad que los blancos. En cuanto a las experiencias negativas de la vida, el negro tiene doble ración en comparación con el blanco, doble desempleo, doble mortalidad infantil y, en proporción a su población, doble bajas en Vietnam”.

 

La pregunta y el diagnóstico son tan pertinentes hoy como hace sesenta años, ya que perviven abismales desigualdades raciales entre personas y colectivos blancos y negros. He aquí algunos ejemplos. Las personas negras de a pie sufren las disparidades raciales antes de nacer e incluso después de morir. Las probabilidades de morir antes de un año de vida es el doble en un infante negro que en otro blanco. En las ceremonias de graduación suele haber más estudiantes blancos que negros. Los jóvenes negros que no asisten a clase tienen más probabilidades de terminar en la cárcel que los blancos. Las personas adultas negras tienen menos probabilidades de encontrar trabajo que las blancas. La probabilidad de que los estudiantes negros obtengan una licenciatura es menor que la de los blancos. Las personas licenciadas negras ganan menos que las blancas sin estudios. El desempleo entre la población negra es superior a la blanca. La tasa de encarcelamiento en la población negra en prisiones del Estado es cinco veces superior a la blanca. Las probabilidades de que los fiscales pidan la pena de muerte son mayores cuando el asesinado es blanco que si es negro.

 

La disparidad se aprecia también en el patrimonio. Según el Boston Globe, en 2017 el patrimonio medio neto de las personas negras de Boston era de 8 dólares –la noticia insistía: “no se trata de un error tipográfico”–, mientras que el de las personas negras ascendía a 247.500 dólares.

 

Keith-Boykin-Raza-contrarrelojEl libro analiza cómo se construye el racismo estructural en Estados Unidos, cómo se perpetúa la injusticia racial y cómo ha fracasado todo intento de compaginar y armonizar el binomio igualdad y libertad. El racismo no es una mera enfermedad pasajera, sino crónica. Buena parte de los problemas de Estados Unidos pasa por la cuestión racial. Lo que demuestra el pasado de este país es que el racismo en la política estadounidense va más allá de que gobierne un partido o un dirigente u otro, afirma Boykin, y no va a resolverlo una Administración, ya que tanto el Partido Republicano como el Democrático han defraudado a la comunidad negra, y lo seguirán haciendo gobierne Donald Trump o Kamala Harris.

 

Tampoco va a resolverse con panaceas ni con fórmulas mágicas. La respuesta está en la afirmación, realmente profética, del escritor y activista de los derechos civiles estadounidense James Balwin en 1955: “El mundo ya no es blanco, ni volverá a serlo”. Por eso, un Estados Unidos en proceso de diversificación y transformación debe poner fin al supremacismo blanco. Para ello es necesario que la Norteamérica blanca expíe el legado del racismo y de la esclavitud, todavía vigente y actuante hoy, y que la Norteamérica negra exija que los partidos políticos dominantes respondan a las necesidades de la comunidad negra. Tras su análisis Boykin concluye: “Norteamérica debería mostrarse agradecida por el hecho de que los afroamericanos aspiren a la igualdad, no a la venganza”.

 

Muy poca gente sabe que uno de los candidatos a las elecciones estadounidenses es Cornel West, filósofo, teólogo de la liberación, prestigioso intelectual negro, activista de los derechos humanos, profesor de Filosofía y Estudios Afrodescendientes en el Union Theological Seminary y participante en el Coloquio “El poder de la religión en la esfera pública” junto con Judith Butler, Jürgen Habermas y Charles Taylor. El desconocimiento no se debe a que haya renunciado a hacer campaña electoral –todo lo contrario, la está haciendo y de manera muy activa y concientizadora contra el racismo estadounidense–, sino por la invisibilidad a la que le someten los medios de comunicación. Recientemente ha escrito dos libros: Partir pan. Vida intelectual negra insurgente, en diálogo con la intelectual feminista bell hooks, y Fuego profético negro, en diálogo con la investigadora alemana Christa Buschendorf. Ambas están publicadas por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo. Su objetivo al presentarse a las elecciones es resucitar y mantener vivo el fuego profético, moral y revolucionario negro, que es, a juicio de Christa Buschendorf, “la levadura en la hogaza democrática norteamericana”. Es el candidato que podría contribuir a resolver la cuestión racial. Por eso no será el ganador.

Juan José Tamayo es teólogo de la liberación y autor, entre otros ensayos, de Teologías del Sur. El giro descolonizador (Trotta, 2024, 2ª ed.).

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Plaza Pública: "Las cocinas de Gaza" por Teresa Aranguren

 

 

Plaza Pública

Las cocinas de Gaza

Teresa Aranguren

4 de enero de 2022

 

 

Este no es un libro de cocina sino de cocinas, esos espacios íntimos y familiares donde, entre cazos, guisos  y cuentos mil veces contados, ocurre la vida. Este libro habla del gusto de vivir pese a todo y frente a todo. Habla de las gentes de Gaza.

 

“Quizás sean los carteles de colores brillantes que cuelgan de la pared o el patio primorosamente rastrillado y repleto de todo tipo de hierbas aromáticas. Quizá las caras impacientes de las seis niñas que salen a saludarnos y suben corriendo las escaleras con sus largas trenzas negras y brillantes. Sea cual sea la razón, salta a la vista que la casa de Um Hana en Beit Lahia es un lugar alegre”.

 

Extraña descripción de un lugar que los informes de Naciones Unidas han calificado de “inhabitable”. En el excelente prólogo de este libro, Raquel Martí, directora de UNRWA-España (Agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos) ofrece los datos de la catástrofe que el bloqueo israelí impone sobre la población de Gaza: cortes de electricidad diarios de más de ocho horas de duración, el 96% de las aguas del acuífero están  contaminadas, el agua potable tiene que ser traída en camiones y su precio resulta inasequible para la mayoría de la gente, el paro alcanza al 48% de la población y en el caso de los jóvenes al 65%, los hospitales padecen una constante falta de material sanitario y se sostienen al borde del colapso,  gran parte de las infraestructuras, desde las depuradoras de agua y el sistema de alcantarillado hasta viviendas, edificios administrativos, cultivos y granjas han sido destruidas por las bombas.

 

Sí, Gaza es un territorio inhabitable o, más exactamente, sería un territorio inhabitable si no fuera porque su gente, sobre todo sus mujeres, se empeñan en hacerlo habitable.

 

No se trata de dulcificar lo insoportable ni de ocultar el sufrimiento cotidiano de la vida en Gaza, este libro no habla de héroes con superpoderes sino de seres humanos que resisten la adversidad, se apoyan mutuamente y cocinan entre risas y cotilleos como se hacía en las cocinas de la aldea de la que fueron expulsados y cuyo nombre ya no figura en los mapas. Las mujeres de Gaza cocinan para preservar la vida. Y la memoria.

 

Um Ibrahim nació en la localidad de Beit Tima al sur de Yafa, a sus más de 90 años mantiene vivos sus recuerdos de infancia y juventud y “le brillan los ojos cuando describe con detalle las verduras silvestres y las hermosas calabazas de su pueblo natal”. También recuerda con precisión lo que ocurrió en el otoño de 1948 cuando, tras buscar refugio en una aldea cercana porque las milicias sionistas llegaban a su pueblo, su familia decidió regresar días después a Beit Tima para recoger la cosecha de grano que tenían almacenada en la casa, “encontramos a muchos de nuestros vecinos muertos, con disparos en la frente y miembros amputados…”.  Um Ibrahim huyó con su familia y sus vecinos a Gaza. Vive en el campo de refugiados de Deir Al Belah. Nunca ha vuelto a ver su pueblo ni los paisajes de su infancia, pero conserva el legado de sabores y olores de aquella Palestina que fue y pervive en las recetas que aprendió de niña en Beit Tima. La que Um Ibrahim nos ofrece en este libro es la de “Bamia ua adas”, un guiso de lentejas y verdura típico no solo de esta región sino de toda Palestina.

 

Laila Al Haddad y Maggie Schmitt recorrieron las cocinas de Gaza en busca de recetas tradicionales, pero sobre todo de relatos, retazos de vida que las mujeres van desgranando en su charla mientras majan en el mortero un poco de comino, sésamo, albahaca y aceite o desgranan los rubíes de una granada. La mayoría de las personas que aparecen en este libro son mujeres, pero  también hay algún hombre, como Abdel Munin, que gestiona una pequeña finca de cultivo ecológico en Beit Hanun o Mohamed Ahmed, que antes del bloqueo solía exportar fruta a Europa y ahora, con sus árboles arrancados porque sus tierras quedaban cerca de la frontera, depende de la ayuda alimentaria de UNRWA. En Gaza la alimentación es tarea de mujeres cuando se realiza en casa, si es negocio es cosa sobre todo de hombres. Pero esto no ocurre solo en Gaza.

 

Uno de los grandes atractivos de este libro son las excelentes fotografías que acompañan cada una de las recetas, cada una de las historias, imágenes de los platos cocinados y de los rostros de quienes los muestran. Y es conmovedora la alegría de vivir que desprenden esos rostros.

 

Las cocinas de Gaza, editado con el esmero con el que Ediciones de Oriente y el Mediterráneo realiza siempre su trabajo, es un libro bellísimo. Una manera original e inteligente de mostrar el drama y la fortaleza de las gentes de Gaza.

 

Teresa Aranguren es periodista y escritora.

Artículo completo en infolibre

 


POLÍTICA EXTERIOR Y DERECHOS HUMANOS

Este blog lo dedicamos, fundamentalmente, a hablar sobre nuestro libros, autores y traductores, y muy raramente haremos uso de él para tratar otros temas, pero tampoco lo excluimos. Viene esta reflexión a cuento de un reciente tweet del nuevo ministro de Asuntos Exteriores español (@jmalbares "Trabajo por l@s español@s en Europa y el mundo") en el que se vanagloria: "Llamo a consultas a nuestra embajadora ante los ataques a España y por la violación sistemática de derechos fundamentales del pueblo de Nicaragua". Nos hemos preguntado si esa contundencia y esa preocupación por los derechos humanos se ejerce solo en el caso de las antiguas colonias españolas y si no debería ejercerse también en el caso de la cooperante española Juana Ruiz, detenida desde hace ya cuatro meses por tropas israelíes en los territorios ocupados de Palestina, en el distrito de Belén, en condiciones que constituyen una afrenta a los derechos humanos y a los principios jurídicos más elementales.

 

Fotografía publicada en El País / EFE mientras Juana es conducida a declarar esposada de pies y manos.

 

Reproducimos a continuación el artículo de Teresa Aranguren publicado en InfoLibre en el que denuncia el secuestro de la cooperante española.

La detención de Juana

Teresa Aranguren @TereAranguren Publicada el 09/08/2021 a las 14:07

Si no hay un nuevo aplazamiento, que ya van tres, Juana Ruiz irá a juicio este 10 de agosto. Ante un tribunal militar israelí. Al igual que a toda la población palestina de los territorios ocupados, a Juana se le aplica la legislación militar, no así a los colonos para los que rige la justicia ordinaria. Es una de las manifestaciones del régimen de apartheid que Israel ha impuesto en territorio palestino. Y conviene recordar que las colonias, todas, son una violación flagrante de la legislación internacional y, según los términos de la Convención de Ginebra, al ser acciones que buscan “trasformar la demografía” del territorio ocupado en beneficio de la potencia ocupante, pueden ser consideradas “crímenes de guerra”. Pero esa es otra historia o quizá no.

 

A Juana la detuvieron bajo una figura supuestamente legal: “Detención con propósito de interrogatorio” por la que se puede arrestar a una persona sin comunicarle los cargos de los que se le acusa durante un periodo máximo de 75 días, lo cual es ya una aberración jurídica aunque no tan escandalosa como la fórmula de la detención administrativa que Israel aplica a la población palestina bajo ocupación militar y que supone una detención sin cargos prorrogable de seis en seis meses, indefinidamente. Hay casos en que esta prórroga ha durado años.

 

De cualquier modo, de lo que se trata es de dar envoltura legal a lo que es un atropello de los derechos humanos y una presunta justificación jurídica a las prácticas atroces de la ocupación. Hay todo un entramado legislativo diseñado para justificar lo injustificable, desde la tortura hasta el robo de la tierra. Por poner un ejemplo recordaré la llamada “ley de la propiedad de los dueños ausentes” dictada al poco de la creación de Israel que permitió al nuevo Estado quedarse con las propiedades de todo palestino que estuviera fuera de su vivienda en la fecha en la que se proclamó el Estado, 15 de mayo de 1948. Esto afectó a los bienes de todos aquellos que habían sido expulsados de sus hogares en las operaciones de “vaciado de población palestina” llevadas a cabo por milicias sionistas, luego ejército israelí, en los meses previos y posteriores a la creación del Estado de Israel y a quienes, sin salir de Palestina, huyeron de las zonas de combate hacia lugares más seguros en casas de parientes o en una segunda residencia en el campo. Desde humildes labranzas a grandes mansiones, todo pasó a manos del recién creado Israel. Sus dueños nunca han podido recuperarlas. La ley de la propiedad de los dueños ausentes nunca ha sido derogada. Una ley para cubrir la limpieza étnica y el robo de la tierra.

 

De entonces hasta ahora los métodos quizás se han refinado, pero el objetivo sustancialmente sigue siendo el mismo: eliminar o cuando menos reducir al mínimo la presencia palestina, la del pasado y la del presente, la que existió y la que existe y resiste en tierra palestina.

 

La detención de Juana tuvo lugar en la madrugada del 13 de abril. 20 soldados israelíes armados hasta los dientes irrumpieron en su casa en Beit Sahur en el distrito de Belén y se la llevaron. Ni siquiera tuvo tiempo de recoger sus gafas. Durante tres semanas estuvo detenida sin cargos y sin que nadie de su familia pudiera visitarla. Su marido, Elías Rismawi, médico palestino de Belén, se presentó cada día a las puertas de todas las prisiones en las que estuvo detenida sin saber aún de qué se le acusaba.

 

Finalmente, ya en mayo, se formalizaron los cargos: tener vínculos con una organización ilegal y desvío de fondos para financiar dicha organización. Se trata del Frente Popular para la liberación de Palestina (FPLP), un partido político de raíz marxista fundado por el médico cristiano George Habash en los años 60, cuando la lucha armada para recuperar la tierra de la que habían sido expulsados formaba parte sustancial de la estrategia de las organizaciones palestinas. El Frente, así se le conoce popularmente, es, junto a FATAH, la formación política más antigua de la resistencia palestina y tuvo entre sus filas figuras tan relevantes como el gran escritor Gassan Kanafani asesinado por el Mossad en Beirut en 1972. En la actualidad, el FPLP que, al igual que el resto de partidos políticos palestinos, ha ido evolucionando con el tiempo, es una formación de izquierdas con representación parlamentaria más bien escasa pero con un notable prestigio social. El hecho de que, a instancias de Israel, Estados Unidos y la Unión Europea hayan incluido al FPLP en su listado de organizaciones terroristas, lo ha convertido en excusa perfecta para criminalizar toda actividad social, humanitaria, asistencial o política de carácter progresista.

 

Israel siempre ha preferido a las organizaciones islamistas frente a las formaciones tradicionales del movimiento nacional palestino de carácter laico y modernizador; esgrimir la amenaza islámica es un método muy eficaz para acallar críticas, queda mejor decir que se está en guerra contra Hamás que contra una población indefensa y atrapada, mientras una lluvia de bombas cae sobre Gaza. Además los términos político-religiosos están en sintonía con la ideología que sustenta el Estado que se proclama “Estado judío” y cuyas leyes establecen una clara diferencia entre ciudadanos judíos y no judíos porque solo los primeros pueden ser considerados miembros de “la nación judía”.

 

No son las mezquitas lo que inquieta a las autoridades israelíes, sino las asociaciones de mujeres, los centros culturales, las fundaciones que fomentan la investigación, las bibliotecas, los grupos de teatro, los círculos de escritores, los sindicatos de campesinos y pescadores, las agrupaciones de abogados y juristas, las asociaciones de periodistas, las ONG que trabajan en proyectos educativos o sanitarios…En los últimos meses varias organizaciones de carácter humanitario y social han sido intervenidas por el ejército israelí en Cisjordania, entre ellas la Asociación de mujeres de Ramala, la ONG ADAMER que atiende a los presos palestinos en cárceles israelíes, la Unión de Comités de Trabajo Agrícola, el Centro para la Investigación y el Desarrollo de Bisan, la DCI una ONG en Defensa de la Infancia y los Comités de Trabajadores de la Salud (HWC ) donde desde hace décadas trabaja Juana Ruiz. En plena pandemia y en pleno proceso de vacunación, las 14 clínicas que HWC regentaba y que estaban llevando a cabo ese trabajo en Cisjordania han sido cerradas por el ejército israelí. Todo aquello que promueve el desarrollo y la cohesión de la sociedad palestina termina resultando sospechoso para las autoridades israelíes. La estrategia es acabar con todo aquello que permite a la población palestina resistir la atrocidad cotidiana de la ocupación, quebrar las redes de solidaridad interna que, pese a todo y frente a todo, hacen que la sociedad palestina no se hunda en la desesperanza. Y también, minar los vínculos de cooperación entre la sociedad palestina y Europa, ya que los fondos supuestamente desviados por la organización HWC y los de la mayoría de ONG palestinas provienen básicamente de la UE.

 

A este respecto y en respuesta a una pregunta de la europarlamentaria Soraya Rodríguez, el representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, ha afirmado que “no ha encontrado pruebas fundamentadas de uso indebido o desviación de fondos en Palestina”. La respuesta de Borrell, pronunciada apenas tres días antes de la fecha fijada para el juicio, parece echar por tierra las acusaciones israelíes o cuando menos indica que la UE no se las traga. Lo cual es reconfortante en tanto que europeos pero escasamente eficaz a la hora de cambiar la estrategia de la ocupación israelí.

 

Juana Ruiz es ciudadana española y por tanto europea y es de suponer que tanto el Gobierno de España como las instituciones de la UE están realizando gestiones que el lenguaje diplomático suele calificar de discretas, por no decir secretas, ante el Gobierno israelí. No dudo de la buena fe de quienes llevan a cabo esas hipotéticas y discretas gestiones, pero eso no basta. Esta no es una cuestión de soberanía y respeto a las leyes de otro país porque las leyes que Israel aplica en los territorios palestinos ocupados, las que está aplicando en el caso de Juana Ruiz, no son respetables, son leyes coloniales, leyes que avalan el apartheid, el castigo colectivo y en muchos casos el crimen de guerra. Esta es una cuestión de derechos humanos y frente a eso no cabe la discreción ni el silencio.

 

Juana Ruiz está a punto de cumplir 63 años y, desde hace más de 30, vive con su familia en Beit Sahur, en el distrito de Belén, en la Cisjordania ocupada; esta española de Palestina o palestina de España es una persona muy querida por sus vecinos y por todos aquellos, sean cooperantes, periodistas o simples viajeros, que han pasado por Belén y por su casa. Porque su casa, hospitalidad árabe o hispana o ambas a la vez, siempre está abierta al visitante y al amigo.

 

Esta mujer afable y solidaria lleva encarcelada cuatro meses y va a ser juzgada por un tribunal militar israelí en virtud de una legislación colonial diseñada no para impartir justicia, sino para aplastar todo indicio de resistencia a la ocupación militar de Palestina.

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