Francisco Carrión entrevista en El Independiente al poeta Mosab Abu Toha
El poeta de la muerte en Gaza: “Intento que al menos sobrevivan las historias de los asesinados”
Francisco Carrión @fcarrionmolina El Independiente 23/07/2025
“Nos merecemos una muerte mejor/ Nuestros cuerpos están desfigurados y retorcidos,/ bordados con balas y metralla./ Nuestros nombres se pronuncian mal/en la radio y televisión...”, escribe Mosab Abu Toha, el gazatí que zurce el dolor y la rabia a golpe de poemas. Sus versos son directos y punzantes. Como los proyectiles israelíes que matan a diario desde octubre de 2023 a decenas de palestinos. Pero, a diferencia de la metralla que llueve sin cesar sobre la Franja, los dardos de Abu Toha son inofensivamente pacíficos. Solo sacuden la conciencia de quienes los leen.
“Por desgracia, la realidad hoy resulta peor que lo que cuenta ese poema”, advierte en conversación con El Independiente Abu Toha. “Lo escribí sobre nuestro pueblo, sobre cómo nuestros miembros fueron descuartizados por los ataques aéreos y sus nombres no se pronunciaban correctamente en la televisión. Pero el 7 de octubre, después de que Israel iniciara su genocidio contra el pueblo, la muerte se ha cobrado cientos de miles de vidas. 60.000 de ellas por ataques aéreos y balas. El resto murió porque no hay medicinas, ni combustible, ni ambulancias, ni atención médica. Así que, si tuviera que volver a escribir el poema, también añadiría el hecho de que muchas familias quedaron sepultadas bajo los escombros de sus casas durante meses. Ya no son solo personas desmembradas y desfiguradas por los bombardeos, sino también personas que quedaron bajo los escombros”.

En su cuenta de X, desafiando la censura que impone la corrección política que trata de evitarnos ver la cruda realidad de cuerpos mutilados, despedazados o ensangrentados, Abu Toha -afincado en Estados Unidos tras su salida de Gaza vía El Cairo- comparte las historias de los asesinados. Les concede el nombre y una biografía que una contienda sin fin les niega. “Hace unos meses vi el vídeo de una niña que quedó aplastada bajo el techo de un aula donde se había refugiado con su familia. La mitad de su cuerpo estaba sepultada bajo el techo y la otra mitad colgaba. Nos merecemos un día mejor. Esto no es la guerra. Esto no es la muerte. Espero que no sea la muerte en absoluto”, desliza el autor de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído, publicado en castellano por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.
Desde los primeros bombardeos hace 21 meses, Abu Toha ha perdido en Gaza a decenas de parientes, amigos y vecinos. El domingo a la lista de muertos se añadió Ali. “Mi primo Ali ha muerto hoy mientras esperaba comida. Tenía 34 años y era padre de cuatro hijos. Mirad cómo el hambre le había demacrado el rostro y agotado el cuerpo”, escribió tras recibir la noticia. “Hoy ha sido un día de pérdidas insoportables. Mi primo ha sido asesinado, el hermano de mi esposa y otro primo han resultado heridos, y muchos de mis amigos del barrio han regresado con miembros amputados. Eran hombres jóvenes, hijos, padres, que habían salido desesperados para traer aunque fuera un poco de comida a sus familias. Sus frágiles cuerpos apenas podían soportar el viaje de más de 10 kilómetros, pero ¿qué otra opción tenían? ¿Cómo puede alguien quedarse en una tienda de campaña mientras sus hijos y sus padres ancianos se retuercen de hambre? Lo que está haciendo Israel es monstruoso, y debe rendir cuentas”, relata.
Abu Toha -galardonado este año con el Premio Pulitzer por una serie de ensayos publicados en The New Yorker que narran la vida en Gaza- salió de Gaza a finales de noviembre de 2023 tras ser secuestrado durante tres días por las fuerzas israelíes. “Los israelíes me lo robaron todo: el pasaporte, mi familia, mi dinero, mis tarjetas de débito y crédito, mi ropa, mis zapatos, todo lo que tenía, incluso mi reloj. Cuando llegamos a Egipto, me obligaron a solicitar un visado para Estados Unidos”, admite. Desde entonces, observa el exterminio de los suyos desde lejos. Van cayendo uno a uno. Sin tregua, entre rumores de un alto el fuego que llevan semanas negociando Hamás e Israel en Qatar y que nunca llega.
“Lo estoy perdiendo todo. No puedo detenerlo. Veo cómo me arrebatan todo, las vidas de algunos de mis amigos y algunos de mis alumnos. He pasado el último año y medio viendo cómo lo perdía todo, viendo cómo me arrebataban para siempre las cosas que amo”, maldice.
“La casa bombardeada. Todos han muerto:/ los niños, los padres, los juguetes, los actores de televisión,/ los personajes de las novelas y los libros de poesía,/ «yo», «él» y «ella». No quedan pronombres. Ni siquiera/ para los niños cuando aprendan las oraciones/ el próximo año. La metralla vuela en la oscuridad,/ busca las risas de la familia,/ ocultas tras montones de muros desfigurados y marcos sangrantes. La radio/ ya no habla. Se han quemado las pilas,/ la antena está rota./ Hasta el locutor sintió dolor cuando la radio/ fue alcanzada. Hasta nosotros, al oír la bomba/ mientras caía, nos arrojamos/ al suelo,/ cada uno contando a los de alrededor./ Estábamos a salvo, pero el corazón nos duele todavía.”
“Sigo escribiendo poemas, pero como estoy viajando y también sigo las noticias, traduzco y publico en mis redes sociales, no dedico tanto tiempo a escribir poesía como antes. Ni siquiera puedo sentarme a pensar en escribir un poema. Escribo poemas de vez en cuando, pero no como antes”, reconoce Abu Toha. En los ratos en los que deja de informar del reguero interminable de muertes, el poeta regresa a los versos. “Gaza se ha convertido en un gran funeral” es el título de uno de los poemas que ha logrado pergeñar en los últimos meses.
Sostiene que, a pesar de la carnicería que sobrevuela Gaza, no ha pensado jamás en rendirse. Su salvavidas es la poesía. Estrofas que, como balas, cruzan el espacio y rompen el silencio y la indiferencia, cuando no la complicidad, con los que los despachos en Occidente tratan con la operación militar israelí. “Los poemas que escribo no tratan sobre matar a otras personas. No incito a la gente a matar a otras personas como hacen los israelíes con nuestro pueblo en Gaza, en el Líbano y también en Siria. Pero lo único que puedo hacer con mi poesía es resistir el borrado, el acto de olvidar las historias de las personas que fueron asesinadas por las fuerzas israelíes. Me resisto al borrado, al olvido de estas historias. Llevo estas historias a las personas que no saben nada sobre Gaza. Me resisto al genocidio israelí compartiendo las historias de cada uno de mis alumnos, de mi pueblo, de los niños, los padres y las madres y de todos”.
De viaje en viaje, Abu Toha -que pasó por Madrid el pasado noviembre- reconoce que la reacción internacional al sufrimiento en Gaza -donde el hambre deja su marca en cuerpos esqueléticos- le ha hecho perder parte de la esperanza. “Todo el mundo ha estado viendo lo que está pasando en Gaza. Mucha gente en todo el mundo ha pedido un alto el fuego, un embargo de armas. Solo hay que esperar. Los gobiernos del mundo han ignorado todo esto. La gente en Estados Unidos y Europa ha pedido a sus gobiernos que dejen de enviar armas a Israel. Ningún político en todo el mundo ha dicho que el pueblo palestino tiene derecho a defenderse bajo la ocupación. Nadie ha hablado de ningún derecho que tenga el pueblo palestino por vivir bajo la ocupación. Pero Israel tiene derecho a todo. Tiene derecho a defenderse matando a los niños y a sus padres. Tienen derecho de destruir casas, de volar casas en Cisjordania y también en Gaza...”.
Y frente a los densos silencios, Abu Toha apuesta por “la educación”. “La gente necesita aprender, leer, escuchar al pueblo palestino, sus historias y sus esperanzas. Occidente, en general, no ha sabido escuchar al pueblo palestino, no ha sabido proteger sus derechos humanos, sus derechos básicos a existir en su propia tierra, a obtener lo que todo el mundo obtiene como ser humano”, comenta.
Una tarea para que el poeta que retrata la muerte en Gaza aún estamos a tiempo. “Nunca es demasiado tarde. No tiene sentido dejar de hablar de lo que está pasando. Porque eso es lo que quiere Israel. Eso es lo que quieren los genocidas que quieren matar a todo el mundo en Gaza, en Palestina, y robarles la tierra. Eso es lo que quieren. Así que no debemos hacer lo que ellos quieren”, replica. “¿Agotado? Sí, me siento agotado, por supuesto. Soy un ser humano. Pero no puedo quejarme porque mi gente en Gaza está siendo torturada”.
Abu Toha prefiere decir que la poesía “no es su arma sino una herramienta de supervivencia". “Porque cuando doy voz a mi pueblo, que no tiene voz, a mis alumnos que fueron asesinados, intento que sobrevivan. Aunque ellos no sobrevivan, al menos sus historias sobrevivirán”, murmura. Gaza lleva sitiada desde 2007. Siempre hay drones, F-16, y en el mar hay buques de guerra y cañoneras. Nunca ha habido paz en Gaza. La paz llegará cuando Palestina sea libre y cuando el pueblo palestino tenga derecho a vivir en su propia tierra con dignidad y sin ocupación”, concluye.
A pesar de la metralla que ha desfigurado la Franja, reducido a escombros su geografía y convertido en nómadas perpetuos a su menguante población, el poeta sueña con retornar a lo que queda de casa. “Me encantaría ir a Gaza ahora, después de terminar mi llamada contigo. Espero poder volver pronto para reconstruir y ver a mi familia. No veo a mi padre desde hace más de un año. Tampoco a mi madre. No veo a mis hermanos ni a sus hijos. Mi hermana dio a luz hace meses y es el primer bebé que no he visto, al que no he besado, al que no he cogido en brazos, al que no he acunado...”.
Artículo completo en El Independiente
Mosab Abu Toha, autor de "Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído" recibe el premio Pulitzer
Es un honor para mí recibir hoy el Premio Pulitzer. Muchísimas gracias al jurado y a los miembros de la junta directiva por honrarme.
Dedico este éxito a mi familia, amigos, profesores y estudiantes de Gaza.
Bendiciones a los 31 miembros de mi familia que murieron en un ataque aéreo en 2023.
Bendiciones a las almas de mis cuatro primos hermanos, dos de los cuales murieron junto con sus cónyuges e hijos. Bendiciones al alma de mi tía abuela, Fátima, cuyo «cadáver» permanece bajo los escombros de su casa desde octubre de 2024. Bendiciones a las tumbas de mis abuelos, a quienes nunca encontraré.
Bendiciones a las almas de mis alumnos que murieron buscando comida o leña. A la escuela donde estudié y enseñé, a la biblioteca que fundé y a la que añadí un libro de poesía antes de 2023.
Bendiciones a muchos más. ¡Estoy orando por un alto el fuego inmediato y permanente y por JUSTICIA y PAZ!
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EL HORROR EN LAS PEQUEÑAS COSAS, por Ana Rossetti
EL HORROR EN LAS PEQUEÑAS COSAS

No cabe duda de que la realidad que transcurre por entre las páginas de este poemario de Mosab Abu Toha, es terrible y desoladora, pero quizás lo que acentúa esa constancia es la delicadeza con que lo cuenta; su mesura. O mejor, su dignidad. No se ceba en la rabia, la venganza o la morbosa descripción de los crímenes que ocurren a cualquier hora cada día, pero levanta el acta. Él interpela, cuenta, expone serenamente sin pretender compasión ni complicidad; tan solo que escuchemos lo que tienen que decirnos los que están al otro lado. Que escuchemos de una vez por todas. Y eso es lo que conmueve. Esa manera de describir la vida diaria de niños jugando en las plazas, escolares yendo a clase, de agua hirviendo para el café, de las fresas madurando y los bebés naciendo, con los drones pendiendo de un hilo sobre los simulacros de normalidad. una rutina normal. Él desgrana las tareas de quienes no quieren dejar de ser seres humanos, que se levantan cada día para cumplir sus obligaciones; que llevan los relojes a arreglar, o leen los periódicos y se obstinan en cumplimentar la rutina mientras la metralla perfora los cristales, los edificios se derrumban y van quedando, cada vez, menos cosas que sobrevivan a sus dueños. Y menos dueños que sobrevivan a las cosas. Mosab sabe lo que es la aniquilación, sabe de cuerpos despedazados y de explosiones rompiendo tímpanos y acelerando el bombeo de la sangre, de críos que no saben distinguir una nube de vapor de agua de una de polvo; en Palestina, el olor a pólvora no significa fiesta sino un puñado de nombres tachados de la lista. A medida que el poemario avanza va dando detalles, poco a poco amplía la información. No oculta la herida, pero va desprendiendo la gasa con cuidado. Cuando nos queremos dar cuenta, el horror está ahí; nos ha ido introduciendo en él suavemente, sin empujar. Él nos lo muestra, pero no insiste. No insiste más de lo preciso porque lo que también sabe es que su realidad está al otro lado del mundo. Del mundo que lo ha expulsado y no se quita las gafas de sol para no ver el color verdadero de la sangre. El mundo del “vive y deja morir” encogiéndose de hombros porque no tenemos por qué inmiscuirnos en la vida de nadie. El mundo que hace una transferencia a la Cruz Roja con la mano derecha para paliar en algo las fechorías que perpetran sus envíos de armas con la mano izquierda. Cada uno en su casa y Dios o Alá o quien sea, en la de todos. Porque, mientras estamos aquí para escuchar el sobrecogedor don de la poesía, ¿qué nueva desgracia se estará cerniendo sobre los suyos? ¿cuántos hospitales quedarán de pie cuando terminemos esta reunión? ¿podrán nuestros aplausos imponerse al estruendo de las bombas? Al llegar a este punto soy consciente de que me voy a meter en aguas pantanosas. No quisiera traspasar ciertas líneas de seguridad que controlan la estabilidad de mi espíritu, pero es inevitable volver a cuestionarme una vez más, qué sentido tiene que la poesía nos emocione sentimentalmente y no sacuda nuestras conciencias para hacer que nos arremanguemos. Tanto poeta como hay en el mundo, tanto intelectual, tanto artista bienintencionado, ¿no podríamos servir como una cámara acorazada que mantuviera a raya las injusticias y la destrucción?
Cuando íbamos a dar los conciertos en los campamentos del Sáhara, en el campo de refugiados de Damasco o en la Plaza del pesebre de Belén, recibíamos esta clase de comentarios, con escepticismo, o con censura y, aunque yo no he encontrado respuesta convincente y ni tampoco me he desanimado del todo por ello, me ha dado suficiente combustible para agitar y hacer funcionar mis cavilaciones.
Pero si Mosab en medio del espanto, mientras retumban las paredes y el suelo en cualquier momento puede convertirse en un volcán, es capaz de sentarse en un supuesto columpio para enhebrar palabras y construir imágenes de una novedad y una fuerza sorprendentes, me siento absuelta de culpa por hacer lo que soy incapaz de dejar de hacer: intentar utilizar las palabras como aldabones.
Porque no sé cuántas cosas podemos hallar en el oído de Mosab, aparte del rumor de las caracolas y alguna de las historias de las que él dice que le contó su abuelo, pero él sí sabe hallar cosas impensadas. Él ha hecho unas asociaciones, envidiables, que son otros tantos hallazgos que enriquecen su poesía. Si las perlas son el resultado de la herida de una ostra, este poemario cumple el requisito.
El libro contiene fotografías. Pero el libro no es un álbum. Las fotografías son otros tantos poemas como fogonazos que hieren más por lo que significan que por lo que muestran. Un espejo roto, ¿qué puede tener de siniestro si no es porque el pedazo que falta ha hecho añicos la imagen del poeta? No, no son fotos mudas. No son reflejos, son reflexiones. Como la foto de la soga. La soga que se estrecha y estrangula, la que va reduciendo inexorablemente el mapa de Palestina que antes ocupaba una hoja entera de mi cuaderno de Historia Sagrada en mis años escolares. ¿Qué mapa se dibujará ahora en los colegios palestinos? aunque... ¿quedará todavía algún colegio? ¿seguirán los pupitres alineados y las pizarras no se habrán desprendido de las alcayatas que las fijan a las paredes? ¿quedarán paredes?
He salido del libro como si emergiera a la superficie, después de una extraña travesía, sin haber recuperado aún el equilibro sobre la tierra firme. Y con una imagen fija delante de mí, la primera que abre el libro y siento una inexplicable desazón. Lo mismo es miedo. Miedo al ver que una manzana, espontáneamente, rueda hasta alcanzar el borde de la mesa, antes de que estalle la explosión.
Ana Rossetti
"En conversación con Mosab Abu Toha", por Joselyn Michelle Almeida

FUNDACIÓN ESPACIO PÚBLICO
10 diciembre 2024
Mosab Abu Toha es un poeta, ensayista y periodista palestino. Su ópera prima, Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído: poemas desde Gaza (ediciones del oriente y del mediterráneo, 2024; en inglés Things You May Find Hidden in My Ear, City Lights, 2022), obtuvo el Premio del Libro Americano 2022, el Premio del Libro de Palestina 2022, el Premio de Poesía Derek Walcott 2022, y fue nombrado finalista del Premio Nacional del Círculo de la Crítica en Poesía. Forest of Noise [Bosque de ruido] (Knopf, 2024), su segundo libro, fue publicado en octubre.
Esta entrevista se llevó a cabo el 1 de diciembre, después de que Abu Toha terminara su gira por Francia y España, donde estuvo en Madrid y Barcelona.
Gracias por hablar conmigo hoy mientras te preparas para una nueva gira de conferencias por varias ciudades de los EE. UU. Para mí fue un gran privilegio y una profunda alegría recibirte en la Ciudad de Cibeles y dialogar hoy sobre Palestina, Gaza y tu poesía.
Empecemos con la poesía si te parece. Una de las cosas que más me inspira de tu obra es cómo el poder lírico y elegíaco de tu poesía también se nutre de su relación con la historia. Pienso en poemas como «Qué es hogar», «Mi abuelo y el hogar» o «La metralla busca la risa» de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído, y «Cuaderno de Gaza 2021-2023» o «De rodillas» de Bosque de ruido. ¿Qué relación hay entre tu poesía y la historia de Palestina?
Muchas gracias por el tiempo que pasamos juntos, aunque fue muy poco. Espero que la próxima vez tengamos más tiempo; me gustaría hacer un recorrido por Madrid, una visita de verdad porque tuve, ya sabes, un tiempo muy limitado en la ciudad. Tuve entrevistas con los periódicos y el evento, así que la próxima vez espero poder hacer una visita adecuada.
Como poeta palestino, no puedo separar mi poética de la historia en la que nací. No creo que nadie pueda separar su propia vida de las circunstancias en las que nace. En mi caso, nací de padres que nacieron en campos de refugiados, y cuyos padres también fueron refugiados desde 1948. Así que toda mi poesía es sobre nuestro destierro y nuestra patria, nuestra tragedia como personas que han experimentado el trauma y la muerte y la pérdida ininterrumpidamente. No recuerdo un solo día sin amenaza de muerte en Gaza, donde nací en 1992. No recuerdo un año en el que no haya perdido algo; cuando no fui capaz de hacer algo; cuando me privaron de mis derechos humanos básicos, de viajar, de encontrarme con amigos y familiares de afuera o incluso cercanos, quiero decir. Es imposible no pensar en la historia de Palestina.
Somos personas conscientes y somos también conscientes de la historia de esta catastrófica ocupación que empezó incluso mucho antes de 1948, durante el Mandato Británico con la promesa que hizo Arthur James Balfour en 1917 a los sionistas de darles la tierra de Palestina para crear su propia patria en la patria de un pueblo que ya existía desde hacía siglos. Y que tenían sus vidas, su vida cultural, su vida social, su vida económica— teníamos muchas ciudades que exportaban productos al mundo exterior. Pero sabemos que el momento presente que estamos viviendo es el resultado de esta historia, de estos años que fueron testigos de la entrega de nuestra patria a extranjeros, a personas que nos son foráneas. Todavía estamos sufriendo las secuelas de toda esta historia.
¿Qué se siente al volver a Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído en Francia y en España para presentar las traducciones al francés y al español del mismo?
Creo que ha sido una experiencia muy importante para mí ver cómo la gente reacciona a mi poesía en inglés y también en español y francés. Me di cuenta de que la recepción de mi poesía en otros idiomas es igual que en inglés. Y esto significa que la poesía en sí misma es un lenguaje, independientemente del idioma en el que esté escrita. Y también me encantó escuchar mis poemas recitados en un idioma diferente que no entiendo, ya que solo hablo inglés y árabe. Sí, fue importante ver cómo se perciben los poemas en otra lengua, pero también me puso de relieve que la poesía en sí misma es un lenguaje que se puede sentir independientemente del idioma que estemos usando para traducirla.
¿Hay escritores del mundo iberoamericano que hayan entrado en tu lista de lecturas?
Lorca, por ejemplo, y Pablo Neruda.
Pablo Neruda respondió a Walt Whitman, algo que has hecho en tu obra, cuando respondes a voces como la de Whitman, la de Allen Ginsberg, la de Audrey Lorde…
… También Edward Said, Adorno …
… Entonces, cuando respondes a estos escritores canónicos de la literatura angloamericana y mundial, ¿qué estás haciendo? Pienso que es un momento importante en tu obra.
Sí, como ser humano estoy en conversación, en contacto con esas personas que vivieron décadas antes. Tengo un poema inédito que escribí hace años que se llama «Una respuesta desde Gaza al soneto 18». Estoy en conversación con estos autores. Soy un artista que vive en una época distinta y en un lugar diferente y hago las cosas de otro modo porque he vivido una vida diferente.
El tipo de generación que Ginsberg describió es distinto a mi propia generación. Mi generación nunca ha podido salir de Gaza. Han perdido a muchos familiares. Han vivido en tiendas de campaña. Han pasado semanas y meses buscando agua, comida, pañales y medicinas para sus hijos, o para sus madres, o sus familiares enfermos.
¿Dirías que esta conversación es un correctivo del Sur Global, especialmente en ese poema a Ginsberg, donde reescribes el conocido verso de Aullido, «Vi las mejores mentes de mi generación»?
Sí, creo que vivimos en diferentes partes del mundo, el tipo de cosas con las que estamos luchando… Hay ironía.
Das una lectura irónica a ese texto. De algún modo, estás empoderando a los lectores para que realmente cuestionen las premisas… Despiertas la duda de que tal vez Ginsberg no vio lo suficiente.
No solo él, sino también las personas que lo leen. Sé que Ginsberg es alguien que viajó por diferentes partes del mundo, pero sin incluir Gaza. Él vivía en su propio mundo, pero yo he vivido en su mundo y también en mi propio mundo. Desgraciadamente, su mundo —no él en particular— sino su mundo, que es Occidente, hablando de América, es responsable del tipo de mundo en el que estoy viviendo. Quiero decir, en Gaza, en Palestina. No influí en su generación. No traje nada malo a su país.
No me refiero sólo a mi generación, sino también la generación de mi padre, la generación de mi abuelo y también la generación de mi bisabuelo, que también murió en un campo de refugiados.
Has sugerido que la poesía es su propio idioma. ¿Cómo contrarresta la narrativa hegemónica difundida por los principales medios de comunicación y otros actores? ¿Cómo resiste la poesía?
Creo que la poesía revela la narrativa hegemónica que se pronuncia diariamente por parte de las entidades políticas, los países, los gobiernos, las personas racistas… La poesía expone la verdad sobre lo que está sucediendo después de que se construyen tales narrativas. La poesía revela que conoces la verdad de lo que significa estar en el poder. Aquí hablo del poder militar y del poder político. Así que destapa la atrocidad, lo que hay detrás de estas narrativas hegemónicas que destruyen no solo a las personas sino también el lugar, la geografía de las personas, y las desplazan e incluso borran todo lo que les pertenecía. La poesía muestra que lo que la gente en el poder dice tiene como consecuencia la destrucción de tierras y personas.
La poesía pone de relieve lo que está sucediendo, porque los medios simplemente no están haciendo su trabajo, no solo porque muchos medios son parciales, sino también porque Israel está impidiendo que los periodistas vayan a Gaza y cubran lo que está sucediendo. Así que la poesía está haciendo esto para mí.
Has señalado que hay continuidades importantes entre Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído y Bosque de ruido. ¿Qué continuidades y diferencias importantes hay?
Creo que los poemas de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído tratan sobre lo que sucedía en Gaza y siguió sucediendo incluso después de que se publicara el libro; mientras que los poemas de Bosque de ruido tratan sobre algunas de las cosas nuevas que Israel cometió después del 7 de octubre, por ejemplo: la destrucción, no solo de casas sino también de barrios enteros, el bombardeo masivo de las ciudades, el enterramiento de familias bajo los escombros durante meses, el hecho de que tantos cadáveres fueran devorados por perros y gatos hambrientos.
Nunca vi estas cosas cuando estaba escribiendo Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído y nunca he vivido un asalto militar de estas dimensiones (el más largo que viví fue en 2014, que duró unos 51 días), pero con este estamos hablando de 423 días, sin cesar. Hambruna. Cortar la luz, el agua, el combustible, las medicinas, perder a tantos miembros de mi familia, perder a algunos de mis alumnos, el bombardeo de la escuela donde enseñaba, el bombardeo de mi casa y todo lo que tenía. Este es el tipo de diferencias… como mi experiencia al ser secuestrado por el ejército israelí.
En resumidas cuentas, lo que recogen los poemas de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído volvió a suceder en 2022, 2023 y ahora en 2024 a mayor escala.
Para enlazar esto con lo que dijiste sobre el presente continuo de la historia palestina y la tragedia y catástrofe de Palestina…
Sí… Me refiero al hecho de que escribo un poema y sé que no es un poema sobre algo que sucedió, sino sobre algo que sucederá una y otra vez… así que esto es lo que hace que mis poemas y los poemas de otros autores palestinos sean diferentes de otra poesía. No digo que seamos las únicas personas que realmente estamos experimentando aquello sobre lo que escribimos, quiero decir que no estamos escribiendo sobre algo que sucedió y que terminó. Escribí un poema sobre una niña y su padre, y sé que hay muchas otras niñas, padres, niños y madres asesinados de la misma manera, y sé que volverá a suceder.
Hace un año y dos semanas, la FDI te secuestró cuando te dirigías al paso de Rafah mientras tú y tu familia intentabais salir de Gaza. Lo describes en un artículo en The New Yorker y en el poema «De rodillas» de Bosque de ruido. Este evento traumático subraya cómo Israel ha atacado en Gaza a otros intelectuales y escritores, médicos, abogados…
El objetivo de cualquier ocupación es hacer la vida lo más miserable posible, y esto se puede hacer mediante el asesinato de médicos, periodistas, escritores y profesores universitarios con su familia. Esto es un crimen en sí mismo. Me refiero al hecho de que nosotros en Gaza, nosotros en Palestina, ya no tendremos a nadie como esta persona que fue asesinada. Imagina cuánto tiempo le tomó a esta persona ser quien es, ya sea un médico, un cirujano, un profesor universitario, un poeta, un artista o un ingeniero. Imagina cuánto tiempo le llevó estudiar y adquirir más y más experiencia, convertirse en un experto en su campo. Imagina cuánto tiempo nos llevará reemplazarlo. Esto es un doble crimen de guerra. No solo porque mataste a alguien, sino porque privaste a su comunidad, a su gente, de lo que podía ofrecerles, ya sabes, antes de que lo mataran, antes de que el genocidio llegara a su fin. Así que este es un hecho devastador del que todo el mundo debería ser testigo.
Entre las grandes pérdidas que el mundo llora contigo está la de tu profesor y amigo poeta Refaat Alareer, cuya obra completa, Si debo morir: poesía y prosa, llevabas contigo cuando llegaste a Madrid. ¿Podrías hablarnos un poco sobre cómo te influyen su amistad y su trabajo?
Creo que la influencia de Refaat ha tocado a todos los que lo conocieron o incluso a personas que nunca lo conocieron, porque Refaat no solo fue un artista de la palabra, sino también un profesor de literatura comparada y escritura creativa. Así que fue mentor de muchos escritores jóvenes. No mío directamente, pero su presencia, sus palabras, su propia escritura influyeron en mí y en todos los que llegaron a conocerlo o a leer su trabajo. Nos dejó un mensaje muy, muy fuerte, su poema más famoso «Si debo morir». Él nos hizo… sabes… luchar por seguir con vida porque hay mucho que hacer. Y para ello debemos mantenernos vivos.
«Si tengo que morir, tú debes vivir para contar mi historia». La historia que Refaat nos sigue pidiendo que contemos no es solo su historia personal, porque lo personal en Palestina es lo colectivo. La historia de Refaat, que perdió a su hermano Hamad en 2014, que perdió su casa, que con su esposa perdieron alrededor de 100 parientes —y estoy seguro de que muchos más fueron asesinados después del 7 de octubre— es la historia de la pérdida, es la historia del desplazamiento. Es la historia de la educación, no solo de la educación de su pueblo, sino de la gente que vive fuera, que nunca ha podido ser testigo en Gaza.
Lo que estábamos intentando como escritores era proyectar las historias hacia afuera y también atraer a la gente a nuestra historia: traer la gente a Gaza, traer la gente a Palestina, traer la gente a Yaffa, la ciudad de mis abuelos.
¿Cómo consideras tu obra en relación con otros escritores palestinos, tanto los conocidos como Mahmoud Darwish y Fadwa Tuqan, o voces más contemporáneas, como Dareen Tatour y Dalia Taha, o Samer Abu Hawwash y Marwan Makhoul?
Creo que mi trabajo complementa el trabajo de otros escritores, desde Mahmoud Darwish e incluso antes hasta las voces contemporáneas, como, también podemos agregar aquí a Refaat Alareer. Cada experiencia palestina es distinta, aunque sea similar, pero también en muchos aspectos es distinta de otras experiencias. Mahmoud Darwish, que nació pocos años antes de la Nakba, que vivió en el exilio durante muchos años de su vida y que murió en Palestina (murió en Estados Unidos, pero vivía en Ramala, en Cisjordania). También está Fadwa Tuqan, que vivía en Cisjordania. Tenemos a Dareen Tatour, que vive en Reineh, una ciudad árabe de Galilea que desde 1948 forma parte del Estado de Israel, y luego a gente como Samer, que vive en el exilio. Hay tantas historias diferentes, a pesar de que somos el mismo pueblo palestino, vivimos en Palestina, pero vivimos en diferentes partes de Palestina, en circunstancias diferentes. Incluso la experiencia de Refaat es diferente de la mía: Refaat perdió a un hermano, yo no perdí a un hermano y espero no perder a ninguno. Fui secuestrado por las fuerzas israelíes; Refaat no lo fue.
Sus historias son diferentes a la mía, pero seguimos hablando de la misma ocupación, estamos hablando del mismo asesino, del mismo opresor. Y estamos hablando de las mismas personas que están siendo oprimidas. Y estamos hablando de diferentes fases de la ocupación, ya sea la ocupación militar, ya sea los puestos de control, ya sea la invasión militar, ya sea el asedio, ya sea la vida en el exilio y no poder regresar a tu patria. Nosotros, como poetas y escritores palestinos, describimos el mismo paisaje desde distintos puntos de vista. Tenemos diferentes experiencias al respecto. Nunca he estado en otras partes de Palestina. Mahmoud Darwish tuvo que vivir en el exilio durante años. Y muchos de estos escritores nunca han podido ir a Gaza debido al asedio y la ocupación.
En estos momentos, Israel sigue llevando a cabo una destrucción en Gaza que, como ha dictaminado la CIJ, es un crimen de guerra y de lesa humanidad, especialmente en el norte de Gaza, donde has perdido a treinta y un familiares —el más reciente, tu tío Said Abu Toha—, y tu familia inmediata y la familia de tu esposa siguen en situación de peligro. ¿Cómo crees que la esfera mediática internacional está respondiendo a esta emergencia y a la aplicación por parte de Israel de lo que se ha denominado «el plan del general»?
Creo que el mundo le ha fallado al pueblo palestino al seguir apoyando a Israel incondicionalmente, pero también al abandonar al pueblo palestino frente a ese Estado bárbaro. Imagina cuánto le cuesta al mundo enviar un camión de medicinas o un camión de alimentos o un camión de mantas a la población de Gaza que se enfrenta a este invierno, un invierno muy duro, en tiendas de campaña. Y es muy, muy lamentable ver que Estados Unidos, cada vez que los medios de comunicación preguntan al Departamento de Estado sobre el «plan del general», responde: «Hablamos con nuestros socios israelíes, y dijeron que no, que no están llevando a cabo este plan». Eso fue hace dos meses. Y ahora estamos viendo lo que está pasando, y lo están haciendo, y no tenemos ninguna respuesta de esta Administración. Por lo tanto, no solo son cómplices, sino que son socios del genocidio. Y los medios de comunicación que guardan silencio sobre estas cosas también son socios del genocidio.
Percy Shelley dijo que «los poetas son los legisladores no reconocidos del mundo» y cualquier lector encontrará que esto es especialmente cierto en tu obra, testimonio del genocidio que está ocurriendo en Gaza mientras hablamos. ¿Qué significa, en tu opinión, que la poesía atestigüe? ¿Cómo puede un lector atestiguar?
Creo que el poeta, en mi caso, es el que experimenta de primera o segunda mano las atrocidades que él y su pueblo están viviendo. Porque viví en Gaza toda mi vida y me fui en diciembre del año pasado, lo que significa que no viví ni experimenté lo que estaba sucediendo después del 2 de diciembre. Ha pasado un año para mí desde que estuve en Gaza; mañana es el aniversario. Pero esto no significa que yo, como poeta, como alguien que experimentó tantas cosas, no pueda describir los sentimientos de lo que significa vivir algo que vi o leí. Tengo la habilidad, tengo la capacidad de escribir sobre cosas que les pasaban a mis padres o a mis abuelos, o a mis hermanos y sus hijos, o a mis primos. Así que soy testigo, no solo porque viví esto, sino porque lo viví antes, y sé lo que significa vivirlo una y otra vez.
Y los lectores pueden atestiguar como seres humanos. Porque creo que parte de nuestra humanidad es nuestra capacidad de empatizar con las personas. Ese es el reto. Sé que la gente en Occidente, quiero decir, el 90% o tal vez el 95% —no sé cuántos— el 90% de la gente nunca ha vivido la guerra, y esto no es algo malo, es algo bueno, y espero que este sea nuestro destino también. Pero creo que es responsabilidad de la gente de Occidente, cuyos gobiernos contribuyen al genocidio de mi pueblo y a la ocupación de mi país, dar testimonio siguiendo nuestros medios de comunicación, siguiendo nuestras historias, leyendo nuestro trabajo, amplificando nuestras voces. No es suficiente atestiguar, sino que también es importante atraer a otras personas para que atestigüen contigo. La empatía en términos de que la gente se dé cuenta de que ellos pudieron ser los que nacieron en Gaza, los que nacieron en Palestina, los que nacieron en Siria, o el Líbano, o Yemen, o Libia o en Ucrania también.
El modo elegíaco en tu obra no solo lamenta la pérdida, sino que también recuerda. ¿Dirías que tu énfasis en la memoria abre una puerta inesperada hacia el futuro más allá del horror inconcebible del presente?
Cuando hablamos de pérdida, hablamos de la pérdida del pasado y del presente, y no solemos hablar de la pérdida del futuro, de los recuerdos que pudimos tener con las personas que perdimos o los lugares que perdimos. Así que el duelo por la pérdida no trata solo de recordar tus experiencias pasadas, tus momentos pasados con lo perdido, ya sean personas o cosas o lugares, sino también el duelo por la pérdida del tipo de vida que hubieras tenido con estas personas o cosas. Y también la pérdida de la noción del tiempo. Tras 14 meses qué tipo de recuerdos podríamos tener. La gente de Gaza solo puede preocuparse por el próximo minuto, los próximos dos minutos, el tipo de noticias de última hora que van a recibir.
Como poeta, creo que durante 435 días no hemos podido crear un solo grato recuerdo. No tenemos ningún control sobre lo que vamos a hacer en los siguientes minutos. No podemos proteger los recuerdos que teníamos porque Israel está destruyendo personas, casas y lugares, y no podemos crear recuerdos que nos encantaría tener con personas que podemos perder en cualquier momento. Pero creo que el papel de la poesía es tratar de crear los recuerdos que podríamos tener y honrar la memoria de las personas que ya no están con nosotros.
Notas:
Joselyn Michelle Almeida es autora de Condiciones para el vuelo (2019) y Los ejes del astro (2024) y traductora de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído: poemas desde Gaza del poeta palestino Mosab Abu Toha, así como ensayos sobre literatura árabe traducida y libros sobre literatura anglo-hispánica. Es miembro del consejo editorial de la Revista Banipal de literatura árabe moderna y de la asociación de investigadores científicos National Council of Independent Scholars. Contacto: @jma9.bsky.social
Espacio Público damos las gracias a Agustín Martín Francés por la cesión de las fotografías que ilustran este artículo.
artículo completo en Espacio Público
Beatriz Lecumberri entrevista en El País a Mosab Abu Toha

Mosab Abu Toha, poeta del sufrimiento de Gaza: “Cargo sobre mis hombros el peso de los escombros de mi casa y de mis libros convertidos en cenizas”
El escritor, que ha presentado en Madrid la traducción en español de su poemario, galardonado en Estados Unidos, lamenta la pasividad mundial ante la crisis humanitaria en la Franja, que hace que los palestinos estén perdiendo la esperanza
Beatriz Lecumberri
Madrid - 29 NOV 2024 - El País - Planeta futuro
Mosab Abu Toha (Gaza, 32 añ
Mosab Abu Toha (Gaza, 32 años) habla rápido, con la misma urgencia que escribe sus poemas, en los que atrapa detalles e imágenes que transportan al miedo, al hambre, a la pérdida y a la muerte que viven diariamente los palestinos de la Franja. Un gato comiendo entre los cadáveres putrefactos, la mochila escolar de un niño que carga lo que han podido salvar de la casa familiar antes de huir, el polvo de los escombros que lo invade todo, un funeral sin gente.
Su libro Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído, (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2024) que ha presentado esta semana en Madrid y ha sido galardonado en Estados Unidos, recuerda a la antipoesía del chileno Nicanor Parra o a los versos de guerra de Miguel Hernández. “Mis ojos están programados para ver las cosas desde el punto de vista de un palestino de Gaza. No puedo escribir de otra cosa o de otra manera”, explica, en una entrevista con este diario en Casa Árabe, en Madrid.
Abu Toha, que creó en 2017 la biblioteca pública Edward Said, la primera en inglés en Gaza, fue arrestado y llevado a una prisión israelí durante tres días cuando intentaba salir de la Franja con su familia hace un año. Está convencido de que fue liberado gracias a sus contactos en universidades y publicaciones de Estados Unidos y hoy vive en el Estado de Nueva York. Allí se ha convertido en una especie de reportero en verso del sufrimiento de los palestinos de la Franja, recogido en buena parte en su segundo libro, “Forest of noise”, por ahora solo en inglés. “Yo sigo estando en Gaza. Me fui, pero parte de mí sigue allá”, asegura.
Coincidiendo con el Día Internacional de Solidaridad con el pueblo palestino, que se celebra este viernes, Abu Toha lamenta que el mundo esté olvidando a Gaza. “Cuando veo unos padres que entierran a su hijo, siento que yo podría estar en su lugar. Creo que sería bueno que las personas fuera de Gaza también vieran nuestra tragedia de esta manera, especialmente en los países occidentales”.
En sus versos, también queda lugar a veces para una esperanza que, según él, los gazatíes están perdiendo: “Pero llegará la primavera y ellos, los que nos bombardean, no encontrarán flores entre las bombas. Estaremos entre los árboles, la luz del sol nos bañará junto a los nidos de los gorriones. Ellos, los que nos bombardean, no tendrán sol, ni lugar donde descansar, ni piernas para correr”, dice uno de sus poemas más recientes.
Pregunta. ¿Nunca ha escrito versos que no hablen de Palestina?
Respuesta. Palestina es el único lugar que conozco de verdad.
P. ¿No podría escribir hoy una poesía sobre las calles o los parques de Madrid?
R. Mis ojos están programados para ver las cosas desde el punto de vista de un palestino de Gaza. No puedo escribir de otra cosa o de otra manera. Por ejemplo, si hago un poema sobre una casa que veo hoy en Madrid, no podré dejar de pensar en la casa que dejé en mi ciudad, en Beit Lahia.
P. ¿Qué es para usted la poesía hoy?
R. Una obligación, una urgencia... Escribo unos versos y los publico. Donde sea. En redes sociales, en páginas de centros académicos o de medios de comunicación. No espero. Mis poemas son también noticias de Gaza que no salen en los medios de comunicación.
P. ¿Cómo ha sido este año fuera de Palestina para usted y su familia?
R. No es fácil ser palestino y vivir en Estados Unidos. Salimos de Gaza gracias a mi hijo, que nació en EE UU y tiene pasaporte. Mi vida tuvo algo de valor por eso, no porque soy un ser humano con derechos. Aun así, fui secuestrado, porque no encuentro otra palabra mejor para definir lo que me pasó. Cuando intentábamos salir de Gaza, en noviembre de 2023, los soldados israelíes me arrestaron en un retén. Me esposaron, me taparon los ojos y me golpearon. Me robaron todo, hasta los pasaportes de toda la familia y la ropa. Fui liberado tres días después sin ninguna explicación, supongo que gracias a que mi esposa se había puesto en contacto con mis editores en Estados Unidos y ellos hicieron presión. Si no, hoy estaría probablemente muerto. Salimos de Gaza el 2 de diciembre de 2023. Pasamos seis meses en Egipto rehaciendo pasaportes y visados y fuimos a Estados Unidos, donde había un grupo de personas que nos recibió.
P. ¿Su manera de hacer poesía ha cambiado desde el 7 de octubre de 2023?
R. No creo que haya cambiado, pero sí estoy usando las palabras de manera diferente y creo que su peso es mayor. Hablo de la misma gente y del mismo opresor, Israel. Nuestro sufrimiento no empezó ese 7 de octubre, me enfada que haya gente que así lo crea. En 1948, mi abuelo tuvo que dejar su casa en Jaffa y murió en un campo de refugiados de Gaza. Era muy joven, ni siquiera le conocí. La ONU habla de nuestro derecho al retorno desde hace décadas, pero estamos en 2024 y nadie ha regresado, más bien al contrario. Las cosas sobre las que yo escribo llevan años pasando. Pero desde octubre de 2023 el nivel de muerte y destrucción es inimaginable.
P. ¿Las palabras se quedan cortas para describir lo que está pasando en Gaza?
R. Por eso escribo poesía. Porque redefine las palabras que estamos usando cada día cientos de veces: masacre, bombardeo e incluso genocidio. ¿Qué es un genocidio? ¿Qué es una masacre? Han perdido su significado y su profundidad, de tanto usarlas. Yo escribo un poema sobre la madre que ha perdido a su bebé o sobre un hijo que llora a su padre e intento describir la historia que hay detrás. Mis versos tienen emociones que las noticias no logran captar.
P. ¿Es difícil atrapar esas emociones cuando se está lejos de Gaza, como es su caso ahora?
R. Yo sigo estando en Gaza. Me fui, pero parte de mí sigue allá. Viví los primeros meses de esta guerra, fui herido en un bombardeo hace unos años. Llevo cicatrices en mi cuerpo y en mi corazón, cargo sobre mis hombros el peso de los escombros de mi casa y de mis libros convertidos en cenizas. Cuando veo unos padres que entierran a su hijo, siento que yo podría estar en su lugar, que ese niño es el hijo de todos nosotros. Sería bueno que las personas fuera de Gaza también vieran nuestra tragedia de esta manera, especialmente en los países occidentales. Se llama humanidad, empatía, solidaridad y no la están practicando.
P. ¿Qué palabra le viene al pensamiento para describir la situación actual de Gaza?
R. Gritos. Los gazatíes gritan porque tienen hambre y miedo, porque lo han perdido todo. Me produce mucho dolor decir esto, pero también están perdiendo la esperanza. Porque el mundo no hace nada para poner fin a este desastre.
P. ¿Qué ha perdido en este año?
R. Decenas de familiares, amigos, alumnos... A mi abuelo, que murió por falta de atención médica en Gaza y no pude besarle la frente antes de que fuera enterrado. También he perdido la vida que hubiera podido tener con mi familia y los momentos que podría haber pasado con mis amigos, yendo en bicicleta a la playa o recogiendo fresas, especialmente con Refaat Alareer, poeta y amigo fallecido en un bombardeo. Y creo que también hemos perdido el lenguaje del miedo.
P. ¿Qué significa eso?
R. Los gazatíes están dejando de expresarse porque llevan 14 meses hablando de lo mismo: bombardeos, muerte, hambre, miedo... Nada de lo que digan describe lo que sufren y además, el futuro puede ser aún peor. Entonces la gente calla y sigue adelante. Además, ven a su lado a otros que están sufriendo aún más y piensan que no tienen derecho a quejarse.
P. ¿Qué le queda de su casa en Beit Lahia?
R. Mi casa estaba al norte, desde mi ventana veía la frontera con Israel. Tuvimos que salir de ahí rápidamente. Cuando fui por última vez, en octubre de 2023, solo me llevé conmigo una copia de este libro que presento en Madrid, otro libro de oraciones y ropa. Dos semanas después fue bombardeada.
P. ¿Cuándo escribió su último poema?
R. La semana pasada. Es una poesía que habla de Gaza como un funeral gigante, pero sin gente y sin sillas, para que las personas que acuden a dar el pésame puedan sentarse, como hacemos los palestinos. Nadie va a ese funeral y en el ataúd solo hay pedazos de ropa, porque el cuerpo estaba pulverizado.
P. ¿Escribe en inglés o en árabe?
R. En las dos. Cuando escribo en inglés, lo hago para el mundo, como un refugiado, un palestino víctima de la ocupación israelí. Cuando escribo en árabe, soy solo un ser humano hablando de cosas más universales.
P. ¿Sigue creyendo que su futuro está en Gaza?
R. Espero, pero no sé si habrá un lugar al que volver. Israel no está dejando nada en pie. ¿Hasta cuando durará esto? No lo sé. Soy solo un poeta escribiendo sobre la pérdida y el dolor.
(artículo completo en El País)
Olga Rodríguez entrevista al autor de "Cosas que tal vez halles en mi oído. Poemas desde Gaza"

Ganador del American Book Award, la presión de editores internacionales logró su puesta en libertad tras su arresto en Gaza hace un año: “No hay ningún poema o idioma que pueda expresar el horror del genocidio contra mi pueblo”
Allí fue interrogado: “Me golpearon en la cara y en el estómago. Después me trasladaron a un centro en el desierto del Neguev, una cárcel donde mantienen secuestrados a cientos de palestinos”.
Tras horas de espera sin recibir información sobre el paradero de Mosab, su esposa decidió proseguir su trayecto hacia el sur de la Franja de Gaza, con los tres niños. Una vez refugiados en una escuela, ella contactó de forma inmediata con editores y amigos de Estados Unidos. De ese modo, el arresto de Mosab se convirtió en noticia en medios internacionales.
“Si no hubiera sido por eso, si yo no publicara en revistas literarias extranjeras, si no tuviera un libro de poesía premiado en EEUU, probablemente ahora estaría muerto o pudriéndome en alguna prisión israelí, torturado”, confiesa en conversación con elDiario.es en la Casa Árabe de Madrid, donde acaba de presentar la traducción al castellano de su primer libro, “Cosas que tal vez halles en mi oído. Poemas desde Gaza”.
Pregunta: ¿Cómo vivió el momento en el que las tropas israelíes le impidieron el paso y le separaron de su familia?
Respuesta: Supe que iba a ser víctima de un secuestro. Y digo secuestro porque de forma sistemática el Ejército israelí lleva años privando de libertad a gente palestina, sin presentar cargos ni celebrar juicio. Yo era un simple escritor, padre de familia, al que acusaban de ser de Hamás, como a tantos otros. Me interrogaron, me golpearon en la cara y en el estómago.
Si mi esposa no hubiera reaccionado de forma tan eficaz, si no se hubieran movilizado editores y organizaciones de escritores, quizá habría engrosado la cifra de muertos y desaparecidos en Gaza. Esa es la realidad. Tres días después me pusieron en libertad. Soy un privilegiado y puedo contarlo. Muchos otros, no.
¿Cómo es su vida ahora?
Pudimos salir de Gaza, muy pocos han podido hacerlo. Nos hemos instalado en EEUU. Pero nuestro vecinos y amigos siguen allí dentro, sin acceso a medicinas, alimentos, ropa.
Es muy doloroso saber que las matanzas continúan. Catorce meses después este horror sigue ocurriendo. No puedo pensar en otra cosa, me siento inútil porque no puedo proteger a nadie, ni a mis estudiantes, ni a mis vecinos. He perdido a 31 familiares en un año, todas las semanas me entero de una nueva muerte de algún vecino o amigo.
Era amigo de Refaat Alareeer, profesor de Literatura Inglesa y poeta...
Refaat fue asesinado por el Ejército israelí en diciembre del año pasado. Fue cofundador de We Are Not Numbers, un proyecto que nos animaba a escribir y a contactar con editores extranjeros. Todavía recuerdo cómo en el verano de 2023 habíamos ido a recoger fruta juntos. Me ofreció dar clases en su departamento. Nunca pudo ser.
¿Cómo vive en Estados Unidos siendo un palestino que ha podido huir de Gaza?
Vivir todo esto desde el país que facilita y apoya el genocidio es muy frustrante. Hace tan solo unos días el Gobierno de Washington volvió a vetar un alto el fuego en Naciones Unidas, es la cuarta vez que lo hace. La comunidad internacional occidental afirma que Israel tiene derecho a defenderse, pero ningún gobierno dice nada sobre el derecho del pueblo palestino a defenderse de la ocupación, de la invasión, de las matanzas.
Hay racismo contra los palestinos y un proceso de deshumanización normalizado. Es devastador ver cómo relatan muchos medios. Algunos siguen dando credibilidad a las mentiras sobre bebés israelíes decapitados y metidos en hornos, pero no cuentan los asesinatos de bebés palestinos. No existimos ante su mirada.
¿Qué deberían hacer las naciones occidentales para detener el genocidio en curso y garantizar los derechos de la gente palestina?
Bastaría con que países como EEUU dejaran de facilitar el genocidio, el apartheid, la ocupación. Algunos gobiernos dicen que están preocupados por las muertes de civiles, de niños. ¿Y? ¡Hagan algo! Cuando se trata de Israel no dicen que están preocupados, no. Cuando se trata de Israel actúan, visitan el país, envían armamento, vetan resoluciones, facilitan apoyo.
El mundo tiene que imponer un embargo de armas ya, suspender relaciones comerciales e inversiones, impulsar un boicot contra las universidades y las empresas que apoyan la ocupación israelí. La gente tiene que pedir a sus gobernantes acción, reacción inmediata, presión para que este genocidio se detenga.
¿Qué hizo Occidente cuando un informe de la ONU alertó, hace años, de que si nada cambiaba Gaza sería un lugar inhabitable en 2020? ¿Qué se hizo para evitar más matanzas contra la Franja, las masacres de 2008, de 2014, de 2021? ¿Qué se hizo para poner fin al bloqueo?
Usted cuelga cada día en sus redes sociales informaciones que le llegan desde Gaza. ¿Qué sabe de su familia y su gente más cercana?
Mi abuelo murió recientemente, a los 72 años, en un colchón, en una tienda de refugiados, porque su casa fue bombardeada. No tuvo acceso a las medicinas que necesitaba, no hay doctores ni ambulancias en esa zona. Muchísimos pacientes con cáncer han muerto por no tener acceso al mínimo tratamiento, lo mismo ocurre con la gente que necesita diálisis u otras medicinas.
¿Por qué tantos gobiernos miran hacia otro lado y siguen diciendo que para que Israel se defienda tiene que asesinar a decenas de miles de personas y dejar morir de inanición a decenas de miles más, entre ellas mi abuelo?
Mi prima Sama, una niña, murió en un ataque israelí hace un mes. Y así, todas las semanas.
De hecho usted anunció en sus redes sociales que Sama y sus padres estaban rodeados por el Ejército israelí, había disparos, alertó sobre ello
Y no pasó nada, al rato los mataron. Escribí: “Treinta personas están en esa casa, rodeadas de tanques y soldados, necesitan ser evacuadas”. Si salían, les disparaban. Veinte horas después, la casa fue bombardeada. Puedes pedirle al mundo entero que salve a una familia, que Israel irá y matará a esa familia.
¿Cómo creció y vivió en Gaza hasta su salida hace unos meses?
Más que vivir, diría que sobreviví. Vivir es poder hacer planes, ir a Cisjordania o a Amman [Jordania] a visitar familiares, recibir en tu casa amistades de fuera, viajar por tu propia tierra, algo que no pueden hacer los palestinos de Cisjordania.
Yo no viví mi infancia. La sobreviví, y fue muy corta. Tenía ocho años cuando vi un helicóptero israelí disparando contra el edificio de mis vecinos, a escasos metros de mí. Quedó reducido a escombros. Ocho años.
El 27 de diciembre de 2008 Israel mató a cuatrocientas personas en un solo día. Yo tenía quince años. Escribí un poema sobre ello, está incluido en el libro publicado en España. Se titula “Heridas”. Y cuando tenía 16 resulté herido, en el cuello. Me alcanzó un trozo de metralla de un disparo israelí.
Así que eso no fue una infancia. Tampoco la de mis hijos. Tuvieron que refugiarse en una escuela durante días, su casa fue destruida, vieron cómo apresaban a su padre. Y ahora no tienen posibilidad de regresar a su hogar, aunque solo sea para ver los escombros de lo que fue. Ahora Israel ocupa nuestra ciudad, Bet-Lahia.
¿Cómo se plantea su futuro?
No sabemos si algún día podremos volver. No sabemos si nuestros hijos podrán regresar y reconstruir nuestra casa. El mundo entero nos está fallando.
¿Se imagina que tras los ataques israelíes de 2008 contra Gaza, en los que murieron 1.300 palestinos, el mundo nos hubiera permitido -e incluso alentado a- matar durante catorce meses a civiles israelíes, a mujeres, a más de 17.000 niños israelíes [es la cifra de niños muertos en Gaza], a destruir universidades y a recibir armas occidentales para ello?
¿Qué consecuencias tendrá todo lo que está ocurriendo?
Estamos asistiendo a la imposición de la ley de la selva en el mundo. Esa es la consecuencia. ¿Qué tipo de país puede hacer todo sin ser castigado, sin que nadie le presione realmente para que se detenga?
Israel mató a siete miembros de la ONG internacional World Central Kitchen este año. No eran palestinos y aún así no pasó nada. El Ejército israelí mató a Hind Rajab, la niña que estaba en el coche con su hermana, en Gaza. Abrieron fuego en ella, la niña lo estaba relatando todo por teléfono, en conversación con la Media Luna Roja, está grabado.
Han pasado 300 días de aquel asesinato. EEUU, que envía balas, bombas y vehículos militares a Israel, dice que sigue investigando, mientras deja hacer. ¿Qué tipo de investigación dura 300 días? Tras el 7 de octubre de 2023 nadie dijo que había que esperar a conocer con detalle qué había ocurrido ese día.
Estados Unidos acaba de anunciar otro envío de armamento, mientras seguimos viendo cadáveres de niños entre los escombros. Todo esto es la ley de la selva.
En algunos de sus poemas habla de la Nakba, la expulsión de más de 700.000 palestinos entre 1947 y 1948, entre ellos sus abuelos
Hay similitudes entre aquello ye la actualidad. La diferencia es que en 1948 no había redes sociales ni teléfonos para que la gente pudiera grabarlo y verlo. Se repiten muchas cosas, aunque ahora la magnitud de la matanza es incomparable. Desde el propio Gobierno israelí algunos han llamado a esto Nakba 2.
Al igual que entonces, los soldados que asesinan o violan son bendecidos en su país, son héroes. Hasta se graban vídeos que cuelgan en sus redes, orgullosos.
Nacimos sin derechos. Y no es nuevo, lleva ocurriendo décadas. Hay ocho mil palestinos en cárceles israelíes, muchos sin cargos ni juicios. Israel puede ocupar ilegalmente nuestra tierra y hacernos rehenes en sus prisiones, sin cargos, sin juicio, pero nos afean cuando decimos que eso es un secuestro.
¿Cuál es su relación con la poesía, con las palabras, con la escritura, tras todo lo vivido?
¿Hay suficientes palabras para esto? No creo que haya ningún verso o idioma que pueda expresar el horror del genocidio que está sufriendo mi pueblo. Lo intento, sin más. Uso las palabras que tengo. Intento dibujar diferentes imágenes con las palabras.
¿Recuerda la primera vez que escribió un verso?
Fue en 2014. Intenté expresar la pérdida de tantos amigos, del futuro, del pasado, del presente. Lo hice en árabe y en inglés. Creo que una de las primeras cosas que escribí fue: “Todavía tengo sueños”.
¿Cuál es su idea de una Palestina libre?
Una tierra donde todos puedan vivir en libertad, independientemente de su religión, de su etnia, de su color, de su lengua. Un país donde todas las personas tengan derecho a existir, sean como sean. Que puedan practicar su religión, hablar su lengua, votar por sus representantes, tener aeropuertos y puertos, entrar y salir, visitar y regresar.
Un lugar que no sea ocupado ilegalmente, en el que no haya apartheid, discriminación, bloqueo, bombardeos. Llevamos mucho tiempo gritando y diciendo que esto es injusto e insoportable, pero nadie escuchaba.
(entrevista completa en diario.es)
Contemplar el abismo debajo de mí

El poeta Mosab Abu Toha, una de las voces más importantes de la literatura palestina de su generación, conversa con la escritora Fatima Bhutto en torno a la vida en Gaza y el papel de los poetas en tiempos de injusticia y violencia.
El autor de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2022) conversa con la escritora paquistaní Fatima Bhutto en torno al sentido que puede tener la poesía en medio del horror.CCCB Barcelona 28 noviembre 2024 18.30 -20.00
#mosababutoha #cosasquetalvezhallesocultasenmioído #poemasdesdegaza #cccb #poesia #poesiapalestina #gaza #palestine #palestina
Mosab Abu Toha convierte en poemas el padecimiento palestino «para abrir mentes y oídos»
Mosab Abu Toha convierte en poemas el padecimiento palestino «para abrir mentes y oídos»

Rosa Díaz
Madrid, 27 nov (EFE).- El mundo «ha abandonado a los palestinos», según el escritor gazatí Mosab Abu Toha, pero él no ceja en su empeño de relatar su sufrimiento porque «la única manera de detener este genocidio es penetrar en los corazones de piedra de los gobernantes» y hacerles entender que quienes están muriendo «son seres humanos».
El autor de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído, inspirado en el drama de los gazatíes entre 2001 y 2021, acaba de escribir otro libro, ‘Forest of noise’, que captura la vida y la muerte de sus compatriotas en el último año y con el que espera ayudar a «romper el silencio».
Según afirmó el escritor en una entrevista con EFE en Madrid, «Israel no solo mata a los palestinos, sino que además quiere que no se hable de ello» y el silencio que está imponiendo «es cada vez peor, porque los palestinos nunca han dejado de gritar».
Mosab Abu Toha, nacido en Gaza en 1992, sabe que en el mundo hay personas que «escuchan a los palestinos, que saben de su sufrimiento y que se manifiestan en las calles» pidiendo el fin de la guerra.
Pero los gobernantes «son cobardes y racistas» y «siguen vendiendo armas a Israel porque no dan valor a la vida de los palestinos».
El silencio de Occidente
El escritor lamenta que el silencio se haya impuesto en muchos países de Occidente donde, según dice, los medios de comunicación no dan voz a los palestinos.
«Me cuesta hablar con los medios de comunicación occidentales porque no quieren que hable de política -señala-, pero yo lo único que hago es hablar de mí, de mi familia, de mis estudiantes, de mi esposa, que el mes pasado perdió a su tío y a su esposa, y a tres de sus hijas, una de ellas asesinada junto con su marido y sus cinco hijos».
«Si a los palestinos no nos dejan habla de nosotros mismos, ¿qué podemos hacer», se pregunta.
Mosab Abu Toha logró salir de Gaza a finales del año pasado después de haber sido encarcelado por el ejercito israelí y liberado gracias al clamor internacional de sus colegas del PEN Club Internacional y el activismo digital de sus lectores.
Ahora vive en Estados Unidos, pero su alma está en Gaza y sigue el día a día de sus compatriotas a través de las redes sociales.
«El genocidio ocurre a la luz del día y cualquiera que quiera verlo puede verlo en redes, pero los gobernantes no quieren», denuncia.
Durante los meses que lleva en Estados Unidos, Mosab Abu Toha ha escrito un segundo libro que «se parece al anterior, porque habla de los mismos asesinos, del mismo país, del mismo paisajes, pero en el que hay todavía más cadáveres, más escombros y más gritos».
Cuando alguien escribe un poemario como ‘Things you may find hidden in my ear’, en el que hay tanta guerra y destrucción, desea no tener que volver a hacerlo», pero se ha visto obligado por la guerra de Gaza y acaba de publicar en inglés ‘Forest of noise’.
Los gazatíes están perdiendo la esperanza
Reconoce que es difícil que su pueblo mantengan la esperanza después de «catorce meses muriendo» y sabe que «hay muchas personas que ya la han perdido y solo desean morir» porque «¿de qué les sirve salvarse de un bombardeo si poco después llega otro?».
A él mismo le cuesta seguir esperanzado, aunque de vez en cuando recibe alguna buena noticia, como la orden de arresto de la Corte Penal Internacional contra Netanyahu, que en su opinión «llega tarde» pero «demuestra que Israel es un estado criminal» en el que gobiernan «personas peligrosas que ven a los palestinos como animales».
A pesar de que el drama palestino no parece tener fin, Mosab Abu Toha sigue escribiendo en verso las historias de sus compatriotas porque «la poesía no salva vidas ni cura heridas, pero puede abrir los ojos, la mente y los oídos de quien la escucha».
Los muertos en Palestina «no son números, son personas con historias individuales que no quiero que se pierdan». EFE
Mosab Abu Toha presenta en Casa Árabe de Madrid "Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído. Poemas desde Gaza"

Carta del poeta de Gaza Mosab Abu Toha tras ser excluido del Festival Mundial de Poesía de Atenas 2024

Estimado señor/señora: Soy Mosab Abu Toha y le escribo este correo electrónico al conocer la sorprendente noticia de que mi invitación para participar en el Festival Mundial de Poesía de Atenas 2024 ha sido cancelada. La noticia me ha sido transmitida por Dino [su editor] en Facebook Messenger. Recibí la invitación oficial de Irini Papakyriakou, directora artística del décimo AWPF, en febrero de 2024, antes de que Marie-Laure conociera la logística del viaje y la estancia en Atenas durante el festival. En la carta no se mencionaba la inclusión de un poeta israelí en mi evento. Era impensable que tal cosa pudiera suceder, especialmente durante un momento tan horrible para mí y mi gente. Respeto a Dino como amigo y como editor de mi libro en griego, pero creo que merezco una carta oficial suya como organizador del festival, de la misma manera que recibí una carta oficial invitándome. Mi participación en un festival mundial nunca estará supeditada a la presencia de un invitado israelí conmigo. No tiene lógica traer a un poeta de un país que destruyó mi hogar, me secuestró y torturó, mató a mis amigos y estudiantes, y continúa haciéndolo sin vergüenza. Va en contra de la poesía impedir que un poeta como yo comparta mi historia y la de mi pueblo en tiempos tan oscuros. En lugar de brindar el escenario a poetas que pueden hablar sobre la destrucción de su patria durante 76 años, en lugar de invitar a poetas que escribieron poemas sobre sus heridas y sus experiencias al ser desplazados, secuestrados y finalmente exiliados, están anulando la invitación a una voz que ha estado gritando versos bajo los escombros de su casa, bajo los disparos, con los ojos vendados y esposado, mientras lloraba por sus familiares, amigos y vecinos que sufrieron y sangraron durante más de nueve meses. Usted ha insultado a la poesía. Ha insultado a su festival. Ha insultado a la humanidad.
Mosab Abu Toha

Postdata: Acabo de ver su publicación en Facebook. ¿De modo que la poeta israelí canceló su participación y entonces usted canceló la mía, como si mi poesía no tuviera significado salvo si se lee junto a la de ella? Y otra cosa, ¿sabe usted que ella nació en Yaffa, la ciudad de la que mis cuatro abuelos fueron expulsados en 1948? Yo debería haber nacido allí. Mi padre y mi madre y mis hermanos también. Yo debería haber escrito sobre las naranjas de Yaffa y no sobre los escombros de mi casa en Gaza o sobre mis heridas y mi dolor. Quizá entonces no sería el poeta que el mundo necesita escuchar.
[Esto es realmente sorprendente. Mi invitación para participar en el Festival Mundial de Poesía de Atenas ha sido cancelada, simplemente porque los organizadores planearon, al parecer después de enviarme la invitación, emparejarme con una poeta israelí, pero luego pensaron que podría convertirse en una velada “peligrosa”, debido a la oposición de los antipalestinos, arruinando así el festival. Pero, vamos, ¿quién dijo que debería emparejarme con un poeta israelí? ¿Por qué no se mencionó eso en la invitación que me enviaron en febrero de 2024? ¿Y quién esperaba que yo aceptara algo así? ¿¿¿¿¿¿Yo?????? Esto es vergonzoso y repugnante. A los poetas hay que invitarlos para leer y discutir sus poemas, especialmente en tiempos difíciles como estos. Escribo poesía porque es lo que la gente debe escuchar. Emparejarme con un poeta de un país que destruyó mi hogar, que me secuestró y torturó, que masacró a mis familiares, vecinos, estudiantes y amigos, y que continúa haciéndolo sin vergüenza, es muy peligroso e inaceptable.
PD. Me invitaron a este festival en 2023 y no pude obtener el visado a tiempo debido a la negativa israelí a darme un permiso para acudir a la embajada griega en Jerusalén, por lo que me invitaron al festival de este año. Pero…].
