Mohamed Safa: “Lo que ocurre en Gaza no es solo una tragedia, es el mayor derrumbe moral de nuestro tiempo”
Mohamed Safa: “Lo que ocurre en Gaza no es solo una tragedia, es el mayor derrumbe moral de nuestro tiempo”
ENTREVISTA
El oftalmólogo palestino, afincado en Galicia, es analista político y una de las voces más firmes en la defensa de los derechos del pueblo palestino
Almudena Iglesias | La Región | 2 de febrero de 2026
Nacido en Nablus en 1956 y formado en la Universidad de Santiago de Compostela, Mohamed Safa ha sido delegado del Frente de Liberación Palestina y autor de numerosos ensayos. Desde una mirada profundamente humanista, reflexiona para La Región Internacional sobre identidad, inmigración, ciudadanía, Gaza, el derecho internacional y la responsabilidad de una comunidad internacional que asiste en directo al sufrimiento de un pueblo.
Usted se define como palestino de nacimiento, árabe de cultura y gallego de vida. ¿Cómo se construye una identidad así?
Yo siempre digo que las identidades no son compartimentos estancos ni algo que uno elige una vez y ya está. Las identidades se van formando a lo largo de la vida biológica. Vamos adquiriendo elementos. Yo soy palestino de nacimiento, soy árabe de cultura y de lengua, pero también soy asturiano y soy gallego, porque vine aquí muy joven, aprendí vuestra cultura, vuestras lenguas, me integré y formo parte de esta sociedad. Muchas veces me preguntan: ‘¿con cuál te quedas?’. Yo no voy a renunciar a ninguno de los elementos de identidad que he ido adquiriendo. Al contrario, uno va aprendiendo, se va enriqueciendo y va formando parte de la sociedad en la que vive.
En Europa avanzan discursos xenófobos que criminalizan la inmigración. ¿Qué le preocupa especialmente de ese clima?
Me preocupa muchísimo porque es un discurso profundamente injusto y además falso. Hay una ola de extrema derecha que no es consciente de que las sociedades que más han crecido, que más se han desarrollado, son precisamente las que han sabido acoger a los emigrantes. Aquí hay una necesidad mutua. Muchas veces se habla solo de la necesidad del emigrante, pero no se habla de la necesidad de la sociedad receptora. Ninguna sociedad se empobreció ni entró en crisis por culpa de la inmigración. Al contrario, las sociedades que integraron crecieron económica, cultural y humanamente.
¿Dónde cree que está el fallo cuando la integración no funciona?
La clave es la ciudadanía. La ciudadanía no es un papel, es una condición. Significa que tienes derechos, pero también deberes, independientemente de dónde naciste o de la religión que practiques. Yo cuando llegué a España lo que más me obsesionó fue formar parte de esta sociedad, ser uno más. Sin renunciar a mi condición palestina, pero siendo ciudadano. Hoy lo que tenemos que enseñar a nuestros hijos no son banderas ni himnos, sino valores. La esencia del ciudadano es la igualdad, la libertad y la solidaridad.
Usted habla de ‘genocidio televisado’ para referirse a Gaza ¿Por qué utiliza ese término?
Porque lo que ha pasado en la Franja de Gaza ha roto todos los esquemas mentales que teníamos. Siempre se pensó que los crímenes masivos se cometían en la oscuridad, en poco tiempo, intentando ocultarlos. Aquí ocurre todo lo contrario. Estamos viendo un genocidio que dura años, que se retransmite todos los días y que el ejecutor no disimula. Nos ha dejado una franja completamente arrasada. Y lo más grave es que no es un genocidio huérfano.
¿Qué quiere decir con ‘no huérfano’?
Que no solo hay un ejecutor directo, sino muchos responsables indirectos. Hay países que han financiado, armado y respaldado políticamente este crimen. Hay empresas que han hecho el mayor negocio de su historia suministrando armas. Mientras la sociedad civil pedía boicot, las exportaciones crecían. Esto no tiene precedentes.
¿Qué impacto tiene que todo esto sea visible para todo el mundo?
Antes pensábamos que visibilizar un crimen era una protección moral, que al verlo reaccionaríamos. Hoy sabemos que no. El ciudadano de Gaza sabe que va a ser asesinado, sabe que todo el mundo lo está viendo y sabe que no se va a evitar. Eso es devastador. Es un cambio brutal. Para mí es un derrumbe moral de toda la humanidad.
¿Cree que nos hemos acostumbrado al horror?
Sí. Hemos pasado de preguntarnos ‘¿cómo pudo pasar aquello?’ a convertirnos en una sociedad de espectadores. Vemos el crimen, lo consumimos como una noticia más y seguimos adelante. Eso es lo que más me preocupa, no solo como palestino, sino como ciudadano del mundo.
¿Qué papel juega hoy el derecho internacional?
El derecho internacional está en declive. Se habla mucho de él, pero en la práctica está vinculado a la fuerza, no a la justicia. Hoy el mundo no está dividido por ideologías, está dividido entre fuertes y débiles. El derecho internacional protege al fuerte. Hay un refrán británico que dice ‘might is right’, la fuerza es la razón, y eso es exactamente lo que está pasando.
¿Estamos ante un nuevo orden mundial?
Sí, y es muy peligroso. Se rompe la soberanía de los Estados, se actúa al margen de los organismos internacionales y se normaliza la imposición por la fuerza. Esto no afecta solo a Palestina. Marca el mundo que viene.
Ante treguas y planes de reconstrucción, ¿existe una salida real para Gaza?
Ahora mismo lo único prioritario para los palestinos es no ser asesinados y mantenerse en su tierra. El mayor sacrificio hoy de un palestino es quedarse en Palestina. La mayor resistencia es permanecer. Se ha querido convertir una causa de liberación nacional en una simple crisis de estabilidad, y eso es una forma de borrar nuestros derechos.
¿Gaza seguirá siendo Palestina?
Si observo el panorama político soy pesimista, porque la fuerza está en contra nuestra. Pero soy optimista porque milito en una causa justa. Las causas justas no se pierden, tardan. Los pueblos que no pierden la memoria pueden tardar décadas, pero acaban recuperando sus derechos.
La memoria es central en su discurso ¿Por qué?
Porque la memoria es derecho, es historia y es dignidad. Un pueblo sin memoria desaparece. Nosotros conservamos la memoria como una llave. Esa llave simboliza que no renunciamos a volver, que no renunciamos a la justicia. Los pueblos que no pierden la memoria pueden sufrir mucho, pero no desaparecen.
Para terminar, ¿qué mensaje lanza a quien observa este conflicto desde la distancia?
Que no es solo una tragedia palestina. Es una prueba moral para toda la humanidad. Lo que hoy se acepta con normalidad marcará el mundo en el que viviremos mañana. Si aceptamos que unas vidas valen menos que otras, todos estamos en peligro.
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Mohamed Safa presenta "Gaza, un genocidio televisado" en el Museo Etnográfico del Oriente de Asturias de Porrúa
Salón lleno para escuchar la conferencia de Mohamed Safa. / María Terente Nicieza
María Terente Nicieza | La Nueva España
Cangas de Onís | 24 ENE 2026 13:42
El doctor Mohamed Safa, oftalmólogo y activista palestino, pronunció ayer una conferencia magistral en el Museo Etnográfico del Oriente de Asturias de Porrúa. En la conferencia, “Gaza, un genocidio televisado” que lleva el mismo nombre de su libro recién publicado, desentrañó la paradoja de vivir un conflicto de magnitud catastrófica en tiempo real, a través de las pantallas del mundo entero, mientras la comunidad internacional permanece cómplice en su inacción. Ante un auditorio repleto, Safa expuso con rotundidad que estamos ante un "declive moral internacional" sin precedentes en la historia contemporánea.
"Cuando antes creíamos que el genocidio es huérfano, sucedía en poco tiempo, a oscuras, ahora mismo se hace a plena luz del día, se transmite en directo. Poca gente puede decir que no lo sabía", afirmó el oftalmólogo, nacido en Cisjordania en 1956 y exiliado en España hace casi cinco décadas, durante los albores de la Transición democrática.
La complicidad internacional
El doctor Safa no dudó en señalar a los actores políticos que respaldan la acción de Israel. Según datos de la relatora de las Naciones Unidas que citó durante la conferencia, 63 países han financiado y armado al Estado de Israel en su operación contra Gaza. De mayor gravedad aún es el bloqueo estadounidense: "Estados Unidos utilizó seis veces en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas su veto para evitar un alto del fuego", recordó Safa, subrayando cómo "había un consentimiento, había un respaldo y había una asunción de la acción israelí contra una población, que es la población palestina".
Esta realidad ha provocado, en sus palabras, "una cierta frustración" y ha puesto de manifiesto una ruptura fundamental: "Todos estos esquemas mentales sobre el genocidio se han roto". Lo que diferencia este conflicto de todos los precedentes históricos es, precisamente, su visibilidad total. A diferencia del Holocausto, donde los prisioneros del gueto de Varsovia "tenían el miedo de que iban a ser asesinados y nadie se enteraba de lo que les iba a pasar", los palestinos "eran conscientes de que iban a ser asesinados en la Franja de Gaza y al mismo tiempo saben que todo el mundo lo sabe".
La injusticia epistémica
Un concepto central en la disertación de Safa fue el de "injusticia epistémica", que definió como una "estructura que tiene un único relato, a los oprimidos se les hace callar la voz y no se les permite contar su relato". Para el doctor, la deshumanización de los palestinos no procede de la sociedad civil, que ha "mostrado una inmensa comprensión y empatía", sino de la élite política, que "Israel lo aprovecha, ejerce y practica".
Con una perspectiva que trasciende lo inmediatamente político, Safa enfatizó que "la resistencia de un pueblo palestino es una forma de rehumanizarlo y es una forma de desintoxicar todo este relato injusto sobre el conflicto. Mantenerse en Palestina, es la mayor de las resistencias para frenar la limpieza étnica que sigue ejecutando Israel". Su activismo, lejos de ser sectario, se abre a cualquiera que comparta el compromiso con los valores de la libertad y la igualdad. "Yo no busco un palestino que esté al lado mío en la misma trinchera, ni busco un árabe, ni busco un musulmán. Busco todos aquellos que adquieren el compromiso con los valores de la libertad, la igualdad", explicó.
La identidad del emigrante que no renuncia
Safa ofreció una reflexión profunda sobre la identidad del emigrante: "Soy un palestino emigrante, pero yo emigré y Palestina emigró conmigo. Yo nunca he renunciado a la palestinidad del compromiso". Sin embargo, reconoce su identidad múltiple, adquirida a lo largo de la vida. "Yo soy un palestino y he nacido en una Palestina ocupada. El segundo elemento es que soy árabe, de cultura árabe, de lengua árabe. Y el tercer elemento, yo llegué a España y me integré hablando su idioma, su cultura, y tengo mis vinculaciones emocionales en Asturias", subrayó, recordando que en Oviedo realizó su especialidad en Oftalmología.
La doble moral ante el sufrimiento
Safa abordó la aparente contradicción entre pueblos que han sufrido exterminio en el pasado y que hoy aplican ese mismo sufrimiento a otros. Citó el ejemplo de Sudáfrica como paradigma de gestión correcta de la memoria histórica: "Sudáfrica gestionó su dolor, su historia. No privatizaron su dolor, no encerraron su propia experiencia, sino aprendieron las caras del dolor y pronunciaron los lenguajes del dolor de los demás pueblos". Por ello, "se alegró muchísimo" de que fuera Sudáfrica quien denunciara a Israel ante el Tribunal Penal Internacional.
Por el contrario, lamentó que "otros gestionan la memoria de su historia pasada como una licencia para matar".
La responsabilidad de la sociedad civil
El doctor Safa concluyó su intervención con un llamamiento a la responsabilidad individual y colectiva. "Primero, escuchar la voz del dolor, escuchar la voz de los nativos. Dos, adquirir el compromiso, convertirse en la palestinidad no del nacimiento, sino la palestinidad del compromiso con esta causa justa", planteó. Enfatizó que los gobiernos no cambian por un "despertar moral" espontáneo, sino por la presión ciudadana: "Los gobiernos no se levantan por la mañana y dicen Dios, no podemos seguir cometiendo esta inmoralidad. No hay un despertar moral, sino hay un despertar por una presión que responde al sentir general de tu propia sociedad".
En su valoración de la sociedad española, el oftalmólogo fue explícitamente positivo. "La sociedad española ha mostrado una inmensa comprensión y empatía con el sufrimiento del pueblo palestino. Son ellos los que salieron a la calle desde el primer día. Por eso, me alineo con la voz del pueblo, con las sociedades occidentales en general, que salieron frente a sus gobiernos que han demostrado una gran indecencia".
Safa, concluyó la conferencia abierto a la esperanza. A pesar de los pesimistas pronósticos sobre la situación palestina mantiene vivo el sueño de regresar a un Palestina libre: “Yo siempre seguiré soñando con volver a una Palestina libre".
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Diccionari lúdic de les cultures africanes
Els escriptors Alain Mabanckou i Abdourahman Waberi escriuen una obra a la recerca de l’energia magnètica visible i invisible del continent africà
Xavier Montanyà | VilaWeb
“Quan els blancs van arribar a l’Àfrica, nosaltres teníem les terres i ells, la Bíblia. Ens van ensenyar a pregar amb els ulls tancats; quan els vam tornar a obrir, els blancs tenien les terres i nosaltres, la Bíblia.”
El llibre comença amb aquesta cita, les paraules sàvies i precises del cap de la independència de Kenya, Jomo Kenyatta. Una resplendent declaració d’intencions i un pensament agut, definitori, que ens obre les portes a un recorregut d’aventura i coneixement per les cultures africanes de tots els temps. És un concepte que desperta la intel·ligència, ben visible, amb un punt d’ironia, i situa la religió i l’espoliació com a pilars bàsics de la colonització i l’imperialisme devastador, la pitjor desgràcia, juntament amb l’esclavatge, que han patit els pobles africans negres en la seva història.
A partir d’aquí, des dels cafès dels suburbis de les grans ciutats africanes fins a les boîtes de París, passant per revistes, discs, modes, tendències, gastronomia, idees, pensament polític, revolucions i revolucionaris, poetes, creences ancestrals, filosofia moderna, religió, colonialisme, esclavatge o l’afecció dels africans pel cub Maggi i dels europeus pels zoos humans, els escriptors Alain Mabanckou i Abdourahman Waberi seleccionen i disseccionen subjectivament segles i segles de cultures africanes al continent i a la diàspora.
El resultat és el Diccionario lúdico de las culturas africanas, publicat per la Biblioteca Afro Americana de Madrid (BAAM) d’Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, dirigida per Mireia Sentís.
Alain Mabanckou (República del Congo, 1966) és autor de novel·la, assaig i poesia, i entre les seves obres destaquen Les cigognes sont immortelles (“Les cigonyes són immortals”), Le sanglot de l’homme noir (“El plor de l’home negre”) o Mémoires de porc-épic (“Memòries de porc espí”). Abdourahman Waberi (Yibuti, 1965) ha conreat els mateixos gèneres que el seu amic, i ha destacat amb obres com Cahier nomade (“Quadern nòmada”), Mon nom est aube (“Anomenant l’aurora”) o Passage des larmes (“Passatge de llàgrimes”). Ambdós han estat traduïts a més de deu idiomes.
L’Àfrica es troba al món, i el món, a l’Àfrica
L’Àfrica i la diàspora són una manera d’estar en el món que ha sofert la història i, a la vegada, l’ha construïda, des dels més ínfims i invisibles detalls de la petita història quotidiana, cultural i social, fins els fets històrics més importants de la història amb majúscules, com el colonialisme, l’esclavatge i les independències dels anys seixanta, amb les consegüents lluites d’idees i cultures que han convulsionat el panorama internacional.
Al mateix temps, aquesta energia cultural i de caràcter dels africans ha influït en el món sencer i podria ser que ho tornés a fer en un futur, en un moment en què se la torna a anomenar poc, cosa que per a molts sembla un ressorgiment mundial dels comportaments imperialistes i totalitaris que, de fet, no havien desaparegut mai.
Mabanckou i Waberi, escriptors reconeguts i professors a universitats americanes, són amics d’ençà dels anys noranta del segle passat, quan eren estudiants a França. Allà van viure l’alliberament de Nelson Mandela, la fi de l’apartheid, el genocidi del poble tutsi a Ruanda, les guerres civils de Sierra Leone i Libèria, el conflicte entre Somàlia i Eritrea, la caiguda de Gaddafi a Líbia, i més esdeveniments de primer ordre.
Malgrat les grans qüestions polítiques que sacsejaven el continent i el món, els autors es neguen a acceptar l’Àfrica que s’explica habitualment en els grans mitjans, com un immens catàleg de penalitats sense fi. Hi ha subjacent, i també ben visible, una interessant explosió d’idees i revoltes juvenils, d’iniciatives musicals, artístiques, literàries i de vida quotidiana que, tant al continent com a la diàspora, revolucionaven i influïen en totes les cultures del món.
Conscients de la seva africanitat internacional, i profundament arrelats en les seves respectives cultures, la de la Banya d’Àfrica per a Waberi i la de l’Àfrica central per a Mabanckou, tots dos són conscients que l’Àfrica es troba en el món i el món, a l’Àfrica. Per això, després de molts anys de converses, s’han decidit a fer aquest diccionari lúdic i, a la vegada, ben profund, que estableix un alfabet particular, el que utilitzen ells i les generacions més avançades del continent o de la diàspora. És un llibre que funciona com una síntesi de cultures i d’història i, a la vegada, com una amena i sorprenent caixa d’eines de coneixement per a prendre i sentir el pols d’un continent immens amb un potencial cultural extraordinari.
La veu i la importància de l’Àfrica en els afers mundials, encara que en el passat foren minimitzades, avui són inqüestionables. Afirmen els autors que l’Àfrica es troba en procés d’imposar una marca, un estil, una manera de ser en el món i de relacionar-se amb unes altres poblacions. Entre tots dos fan una tria de conceptes tan variats i extensos com sorprenents per definir-los a la seva manera literària, i inserir-los en la història del món, de la humanitat i de les idees.
És com si els dos amics es disposessin a narrar-nos un gran film-collage fet de molts instants tràgics i, alguns, alegres, amb paraules, idees, sons i músiques molt ben combinats espontàniament, per sorprendre i aportar coneixement al lector poc informat, i delectar el més coneixedor desplegant davant seu un immens panorama cultural, fort i enèrgic, amb múltiples connexions amb la mateixa mitografia de les seves respectives cultures africanes sumada a les relacions que les diàspores han establert amb els països d’adopció.
És una obra carregada d’intel·ligència, humor, emocions i veritats que defuig la nostàlgia i el paternalisme per descriure una realitat important i, sense dubte, incita a explorar per entendre millor el nostre món i les nostres cultures, el passat, el present i el futur. Més que un diccionari, com diuen ells, és una guia intel·lectual, un quadern de bitàcola, una enciclopèdia subjectiva i lliure que, concepte a concepte, estableix un món de connexions en xarxa que configura un univers important, sòlid i explosiu que s’ha anat configurant al llarg dels segles, amb saviesa i tragèdia, enginy i poesia, però, sobretot, una energia humana imparable i innovadora. Novament, l’obra em fa pensar que, quan deien allò de “un altre món és possible”, l’altre món possible ja existia: la llavor era a l’Àfrica i a les cultures i societats africanes de la diàspora.
La història real i oculta de l’Àfrica
“Durant molt de temps, mites i prejudicis de tota mena han ocultat al món la història real d’Àfrica. Les societats africanes es consideraven societats incapaces de tenir història […] Mentre que la Ilíada i l’Odissea eren considerades amb raó fonts essencials de la història de l’antiga Grècia, es negava qualsevol valor a la tradició oral africana, aquesta memòria dels pobles que aporta la trama de tants esdeveniments que han marcat les seves vides. La història de l’Àfrica s’escrivia limitant-se a fonts externes del continent, tot donant una visió no pas del que podia ser el curs dels pobles, sinó del que havia de ser…”
Són paraules de Mahtar M’Bow, ex-director general de la UNESCO, per al pròleg de la “Història general de l’Àfrica” (Publicacions UNESCO, 1986), una obra en onze volums, publicada (el 1986!) per combatre la ignorància generalitzada entorn el passat de l’Àfrica, la seva resistència al tràfic negrer i la colonització, inscrivint així, de passada, el seu destí en la història de la humanitat. Les publica el diccionari lúdic en l’entrada “escriptura (de la història)”.
Precisament per això, els dos escriptors han posat fil a l’agulla per oferir-nos un bon compendi de conceptes, fets i idees que ens obren els ulls i ens afinen l’instint per submergir-nos i guiar-nos en la nostra aventura intel·lectual africana particular. És un diccionari anàrquic i subjectiu, creatiu i sorprenent, que ens posa en òrbita en l’immens univers africà. No és en va que cada entrada, com les nines russes, ens obre la porta a més conceptes i obres literàries, filosòfiques, cinematogràfiques o musicals.
Aprenem què va succeir a la batalla d’Adua, on els etíops van derrotar el 1896 les tropes colonials italianes, fet que els convertí en l’únic país africà que va frenar el colonialisme. Amb tot el que això significa, ahir i avui. Però també ens informen i enumeren totes les intervencions militars de França des de les independències fins els nostres dies. O del maltractament rebut pels tiralleurs senegalesos, i africans en general, que van ser utilitzats com a força de xoc a favor de França en els camps de batalla de la Primera i la Segona Guerra Mundials, fins que, finalment, els qui van sobreviure als camps nazis van ser massacrats al Senegal per l’exèrcit francès.
Els autors ens acosten a les vides i el pensament dels grans dirigents que han fet història: Thomas Sankara, Kwame Nkrumah o Patrice Lumumba, de qui publiquen la carta que va escriure a la seva dona Pauline abans de ser assassinat. Sense oblidar de ressenyar els darrers moviments juvenils de lluita política contra les dictadures actuals. Com el Balai Citoyen (“Escombra ciutadana”) a Burkina Faso, i el Y’en a Marre (“N’estem farts”) al Senegal. El rol dels blocaires en les protestes modernes o la “Carta a la joventut” d’Amadou Hampâte Bá, autor, també, del segon pensament, després del de Jomo Kenyata, que encapçala el llibre: “Si penses com jo, ets el meu germà. Si no penses com jo, ets doblement el meu germà, perquè m’obres un altre món.”
Pel llibre desfilen pensadors com Samir Amin o Achille Mbembe, personatges populars com Muhammad Ali o Salif Keïta, productes autòctons com el cafè o l’urani del Níger, símbols com el baobab i el cub Maggi, o les teles Wax. El pentinat afro, que el va posar de moda gent tan dispar com Angela Davis, Wole Soyinka o els Jackson 5, Miriam Makeba o Nina Simone. I la personalitat de dones com Winnie Mandela o Cesária Évora.
I tampoc no manquen mil detalls de la petita història de la vida quotidiana. La moda dels sappeurs del Congo, personatges de còmic com Zembla o Tintín. La Venus Hotentot, Barack Obama, els barris de Little Etiòpia a Los Angeles o el bar afrocubà de París Jip’s Café. Tot plegat, sota l’atenta mirada i protecció de Mami Wata i els orixàs, J.M. Coetze i André Gide, Kylian Mbappé i Michael Jackson. I sempre, sempre, amb el so de
fons de “Indépendance Cha Cha“, composta per Josheph Kabasele, conegut com a Grand Kallé, un dels fundadors de la rumba congolesa. “Indépendance Cha Cha” és la cançó que va esdevenir l’himne de l’emancipació dels països del continent negre als anys seixanta del segle passat.
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La obra de Nasser Rabah en los medios
Ana Tenías propone el 13 de diciembre de 2025 en eldiario.es Gaza: el poema hizo su parte, de Nasser Rabah, entre su elección de 20 libros de poesía
Poesía entre los escombros: Gaza: el poema hizo su parte de Nasser Rabah
Crecen rosas en los cascotes. Y desde una Gaza devastada por el genocidio nos llegan los diamantes poéticos de Nasser Rabah, destellos de la fuerza de vida de una sociedad palestina que vencerá a la muerte.
3 agosto, 2025 | Joan Arnau | De Verdad digital
Nasser Rabah es otro más de los hombres y mujeres palestinos que luchan por sobrevivir y proteger a su familia. Una existencia amenazada por un criminal genocidio que sacude la conciencia de todo el planeta.
Pero Nasser Rabah es también, y sobre todo, poeta. Debajo de las bombas, viviendo en casas destruidas, sin apenas comida, no puede dejar de escribir. Sus versos se elevan al cielo porque surgen desde el fondo del infierno. Miran el horror transformado ya en tragedia cotidiana, y lo retratan desde un dolor infinito, inabarcable. Pero sus poemas se alimentan de la fuerza de un pueblo indoblegable, al que el poeta da voz. Tal y como el mismo Nasser nos plantea: “mis poemas son tristes, hablan de la herida que nos causa esta guerra, pero también de la supervivencia, de la fuerza de la gente y de su humanidad, que resiste pese a que Israel la intenta pisotear”.
Rabah sabe que un poema no puede capturar la magnitud de lo que se sufre en Gaza. Pero tal y como nos recuerda “la poesía no está para hacer el trabajo de la prensa o la televisión, sino para retratar lo que la cámara no puede ver: los sentimientos, el silencio y el dolor”.
Ediciones del Oriente y del Mediterráneo acaba de publicar “Gaza: el poema hizo su parte”, un compendio de los versos más actuales de Nasser Rabah. Su lectura nos impacta y nos conmueve. Sus versos son de una belleza trágica, y surgen de una voz poética arrasadora.
Muchos poetas han sido asesinados en Gaza. Hiba Abu Nada o Refaat Alareer siguieron escribiendo hasta el mismo día en que las bombas del ejército israelí les arrebataron la vida.
Pero los poetas siguen escribiendo en Gaza. Y Nasser Rabah es quizá el más grande de ellos. En permanente diálogo con la gran tradición poética palestina, representada por Mahmud Darwish. Y que hoy siguen enarbolando muchos jóvenes poetas palestinos que reconocen a Nasser Rabah como una referencia.
Rabah sabe, vive, el papel imprescindible de la poesía, incluso en los momentos más extremos: “Los poemas del genocidio no son el resultado de una experiencia o una visión meramente personal: el dolor es más que nunca colectivo y precisa encontrar en la poesía un cauce de expresión. El poema es como la cometa de un niño que ondula en el aire, tiene vida propia y está a merced de lo imponderable”.
Buscar, encontrar la poesía, es una tarea primordial: “en tiempos de guerra, veo la poesía casi como un deber patriótico, una misión nacional para documentar el desastre histórico y expresar las preocupaciones de la gente sometida a bombardeos y desplazamientos. Mi misión sigue siendo encontrar poesía entre los escombros de Gaza”.
“Mi misión sigue siendo encontrar poesía entre los escombros de Gaza” (Nasser Rabah)
Patria fuera de servicio
El gimnasio está fuera de servicio.
¿A quién le importa? No tengo tiempo para cuidar mi cuerpo
frente a espejos hechos añicos:
¡Para qué! No hay cafés para lucirse un jueves, ni balcones
para una tarde de domingo.
La luz se va por todas partes.
Las bibliotecas se buscan a sí mismas entre las cenizas.
No importa… Ningún libro conmueve mi corazón tras el libro
de los tanques.
La vida y yo:
un ciego de rodillas entrega un anillo de luz a una ciega.
Lo que queda es la imaginación,
un músculo incansable.
La imaginación es el café de los extraños, los espejos
del inconsciente, las bibliotecas de los cautivos.
La imaginación es lo que nos queda para hacer una patria
de la nada.
(Nasser Rabah, poeta de Gaza. 26 de junio de 2024)
El poema hizo su parte
El poema hizo su parte y se marchó. Ya no hay fiesta ni celebración de nacimiento. No hay flauta que guíe a quienes acuden a la oración del encuentro. No hay nubes con las que intercambiar elogios, ni árboles que me llamen con hermosos nombres o extiendan mi sombra. Rezo a una ventana: su raíz está en mi corazón, y tiende sus ramas sobre mi nostalgia.
Los poetas
En el pasado, los poetas tenían un sexto dedo en cada mano, para que la mano pudiera soportar el dolor de escribir. Tenían tres sentidos adicionales: leer lo invisible, comprender el lenguaje de las abejas y los árboles y curar a los amantes.
No tenían nada en lugar del corazón, para poder pasar por el dolor de la vida hasta el final sin una muerte prematura.
Cuando morimos
Cuántos murieron, ya no importa, cuántos hemos muerto, no hay memoria para contar. La guerra es un cielo feo, música de fondo para un holocausto repetido. Cuántos murieron, ya no importa, las manos quemadas no saben contar.
Artículo completo en De Verdad digital https://deverdaddigital.com/poesia-entre-los-escombros/
Versos que lloran a los escombros de Gaza
03.08.25 - Vitoria-Gasteiz, España - Ali Salem Iselmu Abderrahaman - Pressenza
POESÍA
Al poeta palestino Nasser Rabah lo conocí a través del poeta argentino David Wapner, de allí nació la idea de traducir su libro “Caminantes con vestidos ligeros”. Cuando me llegaron los poemas, al principio no los podía descifrar en mi ordenador, eran símbolos

ilegibles. Después me llegó un documento PDF el cual me permitió conocer la obra de Nasser.
Yo había leído poemas de Mahmud Darwish, de Semih El-kasim y algún relato del escritor Ghassan kanafani, esa era mi experiencia en la literatura del exilio y refugio de Palestina.
Gracias a David Wapner autor del prologo de “Caminantes con vestidos ligeros” los poemas de Nasser atravesaron el atlántico, llegaron a las manos del editor mexicano Antonio Revilla y el poemario se publicó a finales de junio de este año después de un arduo trabajo.
A medida que me adentraba en los poemas sentía que eran míos. El exilio, la nostalgia y la tristeza estaban en cada verso, en cada palabra. Gaza estaba delante de mis ojos, la recorría en el corazón y en la memoria de un poeta.
Con cada verso lloraba en silencio al ver la destrucción ante mis ojos. Hojeaba una página después otra, me encontraba a medida que avanzaba en la traducción con poemas como “Tu vieja melodía” que me dejaban mudo, cuando describían el dolor de una ciudad:
«Es tu tiempo en la ciudad muerta
debajo de cada alegría que ha perecido
es el tiempo que has de cargar con mis hombros
con el saco de harina
llevar los días de un destierro a otro
completar tu vieja melodía».
La obra de Nasser me recordaba poemas míos como “Limpiaré mis lágrimas” o “Somos apátridas del cielo”. De pequeño vi las bombas caer sobre los campamentos saharauis en plena huida a la hammada de Tinduf en Argelia, yo tenía nueva años, me escondía detrás de mis padres para no ver el fuego de la metralla atravesar el cielo.
Cuando veía las imágenes de los bombardeos en televisión, la muerte de cada gazatí en busca de comida. Volvía a mi mente el horror de la infancia, la muerte de niños por hambre y desnutrición. Una deshumanización contraria a cualquier ética o moral. Nasser describe ese dolor en un canto que nace entre la mole de escombros:
Gaza, Gaza.
Eran testigos el muro, la hierba y el árbol
cuando vieron el cráter que dejó la explosión,
escucharon su boca abierta gritar:
“devuélvanme mi cuerpo”.
Hoy la Universidad Autónoma de Nuevo León de México, Monterrey, ha editado el libro “Caminantes con vestidos ligeros”. Los versos de Nasser vuelan por encima de los muros, del bloqueo y el asedio, llaman a cada uno de nosotros, nos interpelan y nos interrogan cada vez que observamos el ocaso o el amanecer.
Nos hablan en la soledad de cada página, entre cada silencio. Nos llevan de vuelta a Gaza para recordarnos aquella franja de tierra convertida hoy en un nuevo monumento, quizás otro Auschwitz, cuando el poeta vuelve a clamar:
Era tierra.
Yo era tierra como otra,
sencilla, ajena al tiempo
a la distancia, a los viajeros.
Una piedra rodeada todo el tiempo por una pared ciega
en la que cada día se cuenta por las tristes heridas
de los cautivos del silencio y el frío,
de los muertos que partirán
los que vendrán a mí.
Creo firmemente en la poesía, en el poder de la palabra. Observo la humedad de la mañana, los rayos de sol, la lluvia de diminutas gotas. Me acuerdo cuando fui expulsado de mi ciudad, de la península de Dajla, bajo el fuego de las balas. He allí donde nacen mis lágrimas en los versos de Nasser, en los niños de Gaza. Entonces me acuerdo del Sahara y los saharauis en cada grano arena, en cada palabra, en estos versos:
Somos apátridas
que lloramos a la lluvia
a la nube que se precipita
a la montaña que guarda nuestra voz,
somos aquellos errantes
un pueblo que siembra una raíz,
al que expulsaron de los pastos
del océano de arenas blancas.
Gaza necesita volver a vivir, a surgir del hambre, de la muerte y curar sus heridas. En los versos de Nasser Rabah hay una esperanza perdida, un deseo de libertad, una lágrima en los ojos de cada niño que yace debajo de los escombros.
Artículo completo en pressenza y No te olvides del Sahara Occidental
NASSER RABAH | (Gaza, 1963)
El poeta Nasser Rabah nació en Gaza en el campo de refugiados de Magazi, en los que la UNRWA situó a familias expulsadas por Israel de pueblos del centro y sur de Palestina. Vive en Gaza, negándose a abandonar la Franja, padeciendo con tenaz resistencia y justa rebeldía las últimas cinco guerras de Israel contra la Franja (2008 – 2021), además del genocidio en curso.
SALIENDO HACIA MI ASOMBRO
I
Saliendo hacia mi asombro, la prisión me dijo:
“Llévate mi olor contigo”.
Le contesté yo:
“Me desnudaré en la puerta”.
Y la prisión respondió:
“Mi aroma es óxido que trepa a los recuerdos;
saldrás de mí, pero yo quedaré en ti prisionera.
Permaneceremos juntos
hasta que tu memoria se desgrane:
reirás sin felicidad, llorarás sin dolor,
te quedarás mirando tu eterno vacío”.
La prisión dijo:
“Soy tu silencio,
preocupado por la distancia y el alcance,
soy el espíritu que derramaste en mí,
tus rasgos que poco a poco toman forman
de pequeña habitación vacía”.
II
La prisión no quebró su espíritu,
sólo destapó su esencia.
El espíritu se evaporó en el patio cercado,
y su hez se pudrió en la oscuridad de la espera.
III
En los muros de la prisión dejamos nuestras uñas,
crecen en la oscuridad como una zarza maldita.
El rencor se apodera sobre ella …
cada vez que olvidamos.
IV
Huyendo de la azulada prisión,
el azul saltó de su cuadro hacia el mar.
V
Las flores no crecen en la prisión …
el aire es salado
y la tierra ensangrentada.
VI
El prisionero volvió a su casa …
pero no la encontró,
volvió a su vida …
pero no la encontró,
no encontró más que su desconcierto
como una escalera
y trepó por ella hasta mi corazón.
Encontramos este poema en el libro “Gaza: el poema hizo su parte” de Nasser Rabah (Traducción del árabe de Alberto Benjamín López Oliva – Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2025)
La Campana, 9 de septiembre de 2025
Nasser Rabah lee su poema “Nadie quiere ver”
Este video fue armado y publicado a principios de noviembre por David Wapner (quien también tradujo el poema al castellano) con registros grabados por el propio Nasser Rabah, poeta de Gaza, con su teléfono: una travesía por la destruida y masacrada Khan Yunis, un ataque a un comercio del campo de refugiados Maghazi, la elaboración de aceite de oliva con aceitunas cosechadas del único árbol sobreviviente de su olivar, una foto de sus dátiles que prepara para Ramadán. En la parte final del video Nasser Rabah lee su poema “Nadie quiere ver” en su lengua original.
***
https://comunizar.com.ar/wp-content/uploads/ocho.webm
NADIE QUIERE VER
Hace un año que no escucho una canción en la calle,
casi nadie baila en una boda,
el autobús escolar ni entra ni sale
y nadie compra una rosa para nadie.
Desde hace un año repartimos el asqueroso pastel de la guerra,
sin olvidarnos de un niño, de un jardín, de un libro, de un deseo.
Durante el día entrenamos nuestros ojos para que naden en sangre,
para que no se mojen,
y cometan un error al contar nuestros miembros perdidos,
lo practicamos por la noche para iluminar el dolor,
y encender un fuego en la leña que espera.
Hace un año que no pasó nada.
y nada dejó de pasar.
Ven y abre tus ojos hasta el fin, oh muerte:
somos la eterna víctima imposible,
llora en silencio, sí, y grita hasta rasgar el vestido del cielo.
Somos la herida que abrió el Minarete,
cuya sangre dejó en el camino al Gólgota,
quien, a diferencia de todas las víctimas, no ve al asesino de sus hijos.
No lo ves en las lágrimas,
no lo ves en el poema,
no lo ves:
no lo ves:
Nadie puede ver la plaga.
***
Publicación completa en COMUNIZAR, REVISTA CRÍTICA ANTICAPITALISTA
Nasser Rabah - La Realitat

Nasser Rabah va néixer a Gaza en 1963 on continua vivint.
És un poeta i novel·lista, resident d’un camp de refugiats. Es tracta d’un dels escriptors contemporanis en llengua àrab més innovadors. Va obtenir la seva llicenciatura en Ciències Agrícoles en 1985, abans de treballar com a director del Departament de Comunicació del Ministeri d’Agricultura. És membre de la Unió d’Escriptors i Autors Palestins i ha publicat cinc col·leccions de poesia: Running After Dead Gazelles (2003); Uno de nadie (2010);Transeúntes con ropa invisible (2013); Agua, sed de Agua (2016); Elogio del Robin (2020) i una novel·la, Desde aproximadamente una hora (2018).
UN BALCÓN SUSPENDIDO EN EL CIELO
No soy un soldado, pero me he visto en la guerra con uniforme
militar cuando compro el pan, duermo o resucito
tras la última noticia. Dispongo la pólvora a ambos lados
del camino al cementerio, y siembro todos los fragmentos
de metralla que puedo por los campos del recuerdo, cada
vez que el olvido cosecha perdón y amigos. Cada vez que
me cortan un brazo, alzo la inquebrantable bandera del
hastío. Reúno a los hijos con sus padres y a los pobres
con los pobres. Paso una a una las cuentas del rosario de
lágrimas de las madres de esta historia.
Ilumino la penumbra del corazón con la vela del miedo, y
cuando estalla el bombardeo, unto las paredes con su cera
verso a verso. Recompongo lo que se ha caído del muro
del tiempo, recojo lo que ha florecido de las balas de mis
enemigos, enseño a los niños, por si crecieran, cuándo
orar por la tierra.
No soy un soldado, pero me he visto en la guerra como el
balcón del edificio al que han alcanzado, suspendido en
el cielo, observando a los vecinos correr hacia playas asfaltadas,
antes de la nueva oleada de bombardeos. He visto
casas sobrevivir a los impactos gracias al error de un joven
piloto. La destreza del fotógrafo que llevó al hospital la
foto. La casualidad de encontrar a un médico especialista
en heridas de casas. La ambulancia que espera en el umbral del dolor como
una mujer embarazada, exhausta y
mareada por el sol de agosto.
No soy un soldado, pero me he visto en la guerra como
ángeles que aplauden a soldados, como una madre que
lava sudarios, como una casa que sostiene la ropa de sus
inquilinos, que siempre regresan para que se quede tranquila.
Me he visto confiando a mi bolsillo la carta de una
bomba que luego arrugaré como el recibo de la luz, guardándoles
la pelota a los niños por si tras la guerra vuelven
sin piernas. Espero el llanto que no llega, pues como yo,
en la guerra ha perdido su reloj y su sombra, quedándose
sin amigos.
¿Quién elevará a los niños hacia Dios antes de que los
crucifiquen? ¿Quién dejará que los vivos ronden sin parar
en torno al noticiero desde el abismo del mito? ¿Quién
le dará a la ciudad su derecho a pan antes de dormir, su
derecho a un puerto para que camine lentamente, como
cualquier otra, sobre el agua de la vida?
¿Quién sacará al civil del uniforme del soldado, al soldado
del uniforme del político, al político del uniforme del
religioso, y al religioso del uniforme de los necios? ¿Quién
sacará a la ciudad de la hipocresía de los trajes?
No soy soldado, pero me he visto en la guerra preparando
la escena final de mi muerte para que los vivos festejen
mi partida.
Artículo completo en Realitat.
Francisco Carrión entrevista en El Independiente al poeta Mosab Abu Toha
El poeta de la muerte en Gaza: “Intento que al menos sobrevivan las historias de los asesinados”
Francisco Carrión @fcarrionmolina El Independiente 23/07/2025
“Nos merecemos una muerte mejor/ Nuestros cuerpos están desfigurados y retorcidos,/ bordados con balas y metralla./ Nuestros nombres se pronuncian mal/en la radio y televisión...”, escribe Mosab Abu Toha, el gazatí que zurce el dolor y la rabia a golpe de poemas. Sus versos son directos y punzantes. Como los proyectiles israelíes que matan a diario desde octubre de 2023 a decenas de palestinos. Pero, a diferencia de la metralla que llueve sin cesar sobre la Franja, los dardos de Abu Toha son inofensivamente pacíficos. Solo sacuden la conciencia de quienes los leen.
“Por desgracia, la realidad hoy resulta peor que lo que cuenta ese poema”, advierte en conversación con El Independiente Abu Toha. “Lo escribí sobre nuestro pueblo, sobre cómo nuestros miembros fueron descuartizados por los ataques aéreos y sus nombres no se pronunciaban correctamente en la televisión. Pero el 7 de octubre, después de que Israel iniciara su genocidio contra el pueblo, la muerte se ha cobrado cientos de miles de vidas. 60.000 de ellas por ataques aéreos y balas. El resto murió porque no hay medicinas, ni combustible, ni ambulancias, ni atención médica. Así que, si tuviera que volver a escribir el poema, también añadiría el hecho de que muchas familias quedaron sepultadas bajo los escombros de sus casas durante meses. Ya no son solo personas desmembradas y desfiguradas por los bombardeos, sino también personas que quedaron bajo los escombros”.

En su cuenta de X, desafiando la censura que impone la corrección política que trata de evitarnos ver la cruda realidad de cuerpos mutilados, despedazados o ensangrentados, Abu Toha -afincado en Estados Unidos tras su salida de Gaza vía El Cairo- comparte las historias de los asesinados. Les concede el nombre y una biografía que una contienda sin fin les niega. “Hace unos meses vi el vídeo de una niña que quedó aplastada bajo el techo de un aula donde se había refugiado con su familia. La mitad de su cuerpo estaba sepultada bajo el techo y la otra mitad colgaba. Nos merecemos un día mejor. Esto no es la guerra. Esto no es la muerte. Espero que no sea la muerte en absoluto”, desliza el autor de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído, publicado en castellano por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.
Desde los primeros bombardeos hace 21 meses, Abu Toha ha perdido en Gaza a decenas de parientes, amigos y vecinos. El domingo a la lista de muertos se añadió Ali. “Mi primo Ali ha muerto hoy mientras esperaba comida. Tenía 34 años y era padre de cuatro hijos. Mirad cómo el hambre le había demacrado el rostro y agotado el cuerpo”, escribió tras recibir la noticia. “Hoy ha sido un día de pérdidas insoportables. Mi primo ha sido asesinado, el hermano de mi esposa y otro primo han resultado heridos, y muchos de mis amigos del barrio han regresado con miembros amputados. Eran hombres jóvenes, hijos, padres, que habían salido desesperados para traer aunque fuera un poco de comida a sus familias. Sus frágiles cuerpos apenas podían soportar el viaje de más de 10 kilómetros, pero ¿qué otra opción tenían? ¿Cómo puede alguien quedarse en una tienda de campaña mientras sus hijos y sus padres ancianos se retuercen de hambre? Lo que está haciendo Israel es monstruoso, y debe rendir cuentas”, relata.
Abu Toha -galardonado este año con el Premio Pulitzer por una serie de ensayos publicados en The New Yorker que narran la vida en Gaza- salió de Gaza a finales de noviembre de 2023 tras ser secuestrado durante tres días por las fuerzas israelíes. “Los israelíes me lo robaron todo: el pasaporte, mi familia, mi dinero, mis tarjetas de débito y crédito, mi ropa, mis zapatos, todo lo que tenía, incluso mi reloj. Cuando llegamos a Egipto, me obligaron a solicitar un visado para Estados Unidos”, admite. Desde entonces, observa el exterminio de los suyos desde lejos. Van cayendo uno a uno. Sin tregua, entre rumores de un alto el fuego que llevan semanas negociando Hamás e Israel en Qatar y que nunca llega.
“Lo estoy perdiendo todo. No puedo detenerlo. Veo cómo me arrebatan todo, las vidas de algunos de mis amigos y algunos de mis alumnos. He pasado el último año y medio viendo cómo lo perdía todo, viendo cómo me arrebataban para siempre las cosas que amo”, maldice.
“La casa bombardeada. Todos han muerto:/ los niños, los padres, los juguetes, los actores de televisión,/ los personajes de las novelas y los libros de poesía,/ «yo», «él» y «ella». No quedan pronombres. Ni siquiera/ para los niños cuando aprendan las oraciones/ el próximo año. La metralla vuela en la oscuridad,/ busca las risas de la familia,/ ocultas tras montones de muros desfigurados y marcos sangrantes. La radio/ ya no habla. Se han quemado las pilas,/ la antena está rota./ Hasta el locutor sintió dolor cuando la radio/ fue alcanzada. Hasta nosotros, al oír la bomba/ mientras caía, nos arrojamos/ al suelo,/ cada uno contando a los de alrededor./ Estábamos a salvo, pero el corazón nos duele todavía.”
“Sigo escribiendo poemas, pero como estoy viajando y también sigo las noticias, traduzco y publico en mis redes sociales, no dedico tanto tiempo a escribir poesía como antes. Ni siquiera puedo sentarme a pensar en escribir un poema. Escribo poemas de vez en cuando, pero no como antes”, reconoce Abu Toha. En los ratos en los que deja de informar del reguero interminable de muertes, el poeta regresa a los versos. “Gaza se ha convertido en un gran funeral” es el título de uno de los poemas que ha logrado pergeñar en los últimos meses.
Sostiene que, a pesar de la carnicería que sobrevuela Gaza, no ha pensado jamás en rendirse. Su salvavidas es la poesía. Estrofas que, como balas, cruzan el espacio y rompen el silencio y la indiferencia, cuando no la complicidad, con los que los despachos en Occidente tratan con la operación militar israelí. “Los poemas que escribo no tratan sobre matar a otras personas. No incito a la gente a matar a otras personas como hacen los israelíes con nuestro pueblo en Gaza, en el Líbano y también en Siria. Pero lo único que puedo hacer con mi poesía es resistir el borrado, el acto de olvidar las historias de las personas que fueron asesinadas por las fuerzas israelíes. Me resisto al borrado, al olvido de estas historias. Llevo estas historias a las personas que no saben nada sobre Gaza. Me resisto al genocidio israelí compartiendo las historias de cada uno de mis alumnos, de mi pueblo, de los niños, los padres y las madres y de todos”.
De viaje en viaje, Abu Toha -que pasó por Madrid el pasado noviembre- reconoce que la reacción internacional al sufrimiento en Gaza -donde el hambre deja su marca en cuerpos esqueléticos- le ha hecho perder parte de la esperanza. “Todo el mundo ha estado viendo lo que está pasando en Gaza. Mucha gente en todo el mundo ha pedido un alto el fuego, un embargo de armas. Solo hay que esperar. Los gobiernos del mundo han ignorado todo esto. La gente en Estados Unidos y Europa ha pedido a sus gobiernos que dejen de enviar armas a Israel. Ningún político en todo el mundo ha dicho que el pueblo palestino tiene derecho a defenderse bajo la ocupación. Nadie ha hablado de ningún derecho que tenga el pueblo palestino por vivir bajo la ocupación. Pero Israel tiene derecho a todo. Tiene derecho a defenderse matando a los niños y a sus padres. Tienen derecho de destruir casas, de volar casas en Cisjordania y también en Gaza...”.
Y frente a los densos silencios, Abu Toha apuesta por “la educación”. “La gente necesita aprender, leer, escuchar al pueblo palestino, sus historias y sus esperanzas. Occidente, en general, no ha sabido escuchar al pueblo palestino, no ha sabido proteger sus derechos humanos, sus derechos básicos a existir en su propia tierra, a obtener lo que todo el mundo obtiene como ser humano”, comenta.
Una tarea para que el poeta que retrata la muerte en Gaza aún estamos a tiempo. “Nunca es demasiado tarde. No tiene sentido dejar de hablar de lo que está pasando. Porque eso es lo que quiere Israel. Eso es lo que quieren los genocidas que quieren matar a todo el mundo en Gaza, en Palestina, y robarles la tierra. Eso es lo que quieren. Así que no debemos hacer lo que ellos quieren”, replica. “¿Agotado? Sí, me siento agotado, por supuesto. Soy un ser humano. Pero no puedo quejarme porque mi gente en Gaza está siendo torturada”.
Abu Toha prefiere decir que la poesía “no es su arma sino una herramienta de supervivencia". “Porque cuando doy voz a mi pueblo, que no tiene voz, a mis alumnos que fueron asesinados, intento que sobrevivan. Aunque ellos no sobrevivan, al menos sus historias sobrevivirán”, murmura. Gaza lleva sitiada desde 2007. Siempre hay drones, F-16, y en el mar hay buques de guerra y cañoneras. Nunca ha habido paz en Gaza. La paz llegará cuando Palestina sea libre y cuando el pueblo palestino tenga derecho a vivir en su propia tierra con dignidad y sin ocupación”, concluye.
A pesar de la metralla que ha desfigurado la Franja, reducido a escombros su geografía y convertido en nómadas perpetuos a su menguante población, el poeta sueña con retornar a lo que queda de casa. “Me encantaría ir a Gaza ahora, después de terminar mi llamada contigo. Espero poder volver pronto para reconstruir y ver a mi familia. No veo a mi padre desde hace más de un año. Tampoco a mi madre. No veo a mis hermanos ni a sus hijos. Mi hermana dio a luz hace meses y es el primer bebé que no he visto, al que no he besado, al que no he cogido en brazos, al que no he acunado...”.
Artículo completo en El Independiente
Nasser Rabah, poeta de Gaza: “Nuestras emociones están como muertas. Vamos a los funerales mecánicamente, como si fuéramos al mercado”

Nasser Rabah, poeta de Gaza: “Nuestras emociones están como muertas. Vamos a los funerales mecánicamente, como si fuéramos al mercado”
El escritor, que acaba de publicar en España un libro escrito en parte durante esta guerra, considera que sus versos son un “deber patriótico” para documentar la tragedia humanitaria
Beatriz Lecumberri
Madrid - 13 JUN 2025 – EL PAÍS / PLANETA FUTURO
La voz y las palabras de Nasser Rabah llegan desde su casa parcialmente destruida por los bombardeos israelíes en el campo de refugiados de Al Maghazi, en el centro de la franja de Gaza, donde nació en 1963 y donde permanece hasta hoy, rodeado de ruinas y del sonido, demasiado cercano, de los disparos y bombardeos. La entrevista con este periódico se extiende durante semanas, porque las preguntas se quedan sin respuesta a veces durante días, hasta que, de repente, el poeta reaparece y la conversación se retoma.
“Mis nuevas preocupaciones cotidianas representan una carga inesperada: proteger a mis hijos en la medida de lo posible de la metralla y las balas perdidas, buscar comida, mantener un mínimo de higiene, conseguir leña...”, enumera, casi disculpándose.
Nasser Rabah es uno de los principales poetas palestinos actuales y ha publicado varios libros de poemas en árabe, español, inglés y francés, entre otros. Su voz ha cobrado fuerza desde que estalló esta guerra, en octubre de 2023, y en España acaba de editarse Gaza: el poema hizo su parte (Ediciones del oriente y del mediterráneo), escrito en buena parte en los últimos meses.
“Rabah posee una voz singular, espiritual, profunda y universal, que se alza por encima de las vicisitudes de su pueblo”, explica a este diario Inmaculada Jiménez Morell, directora de publicaciones en Ediciones de Oriente y del Mediterráneo.
En sus versos hay casas en ruinas, pájaros que huyen, muertos, mutilados, polvo, vacío, tristeza y miedo. También un atisbo de esperanza. Su obra se ha liberado de artificios para convertirse en una tabla diaria de salvación. La belleza de su poesía, de la que Rabah reconoce no ser del todo consciente, radica en esa simpleza arrasadora e innovadora, capaz de describir, en un fogonazo, la supervivencia y el sufrimiento de los gazatíes.
“En tiempos de guerra, veo la poesía casi como un deber patriótico, una misión nacional para documentar el desastre”, asegura.
Pregunta. ¿Cómo se escribe poesía en medio de la guerra, de la huida y del hambre?
Respuesta. Mi ritmo de escritura se ha acelerado, ya que la adrenalina fluye todo el tiempo y las escenas de tristeza, dolor y horror se derraman ante mis ojos y ante mi corazón. Mis dedos tienen prisa por expresarse y gritar, a pesar de mis nuevas preocupaciones cotidianas, que representan una carga inesperada, como proteger a mis hijos en la medida de lo posible de la metralla y las balas perdidas, buscar comida, mantener un mínimo de higiene o conseguir leña...
Es sin duda otro tipo de poesía
Sí. En la guerra, no nos preocupamos tanto por la calidad, la estructura del poema, la musicalidad del lenguaje o las metáforas. Escribimos lo que sucede, lo que vemos, de forma simple. Los textos se vuelven más realistas. Pero, sorprendentemente, vistos desde fuera, estos versos pueden parecer estéticamente buenos y alcanzan incluso un nivel de fantasía cinematográfica, porque la realidad en Gaza realmente parece una ficción. Escribimos, por ejemplo, frases como esta: “Entrenamos nuestros ojos para contar mal los miembros que nos faltan”. Una afirmación periodística y hasta poética.
¿Qué ha querido expresar con esa frase?
Me refiero a las personas, especialmente los niños, a las que se les han amputado miembros, a veces incluso sin anestesia. Cada día vemos a gente a la que le falta un brazo o una pierna y ya nos parece algo normal. Yo a veces pienso que intentamos superar la tristeza y el dolor viéndolos enteros, con sus dos brazos y sus dos piernas, por eso es como si entrenáramos nuestros ojos para no contar los miembros que les faltan.
Hace unos meses usted también escribió este verso: “En la guerra el corazón se asfixia, arden sus palabras, los pájaros se funden en él como un rojo rocío, revolotea sobre un gran mástil al que llaman patria”.
Sí, en tiempos de guerra, veo la poesía casi como un deber patriótico, una misión nacional para documentar el desastre histórico y expresar las preocupaciones de la gente sometida a bombardeos y desplazamientos. Mi misión sigue siendo encontrar poesía entre los escombros de Gaza.
Después de que termino los quehaceres indispensables para que mi familia y yo podamos sobrevivir, me siento exhausto y deprimido. Además, casi todos los días hay noticias de amigos o vecinos que resultan heridos o mueren. Pero escribo en la pantalla de mi teléfono móvil tantos poemas y textos como puedo. Escribo con el alma cansada, pero escribo porque siento que me libera de alguna manera de la opresión y es mi forma de aguantar hasta que termine la guerra.
Usted y su familia siguen viviendo en su casa.
Nos fuimos 40 días, en enero de 2024, y nos refugiamos en otra vivienda y luego en una tienda de campaña, pero regresamos. Parte de nuestra casa estaba destrozada, pero limpiamos los escombros, reparamos alguna pared y aquí seguimos, sobreviviendo. Pero son días duros, los bombardeos no cesan, y nosotros estamos muy cerca de la frontera con Israel, como a un kilómetro, y el peligro está omnipresente. A eso se añade la falta de comida y de dinero.
Su biblioteca personal fue destruida por los tanques israelíes.
Sí, mi casa y otras casas vecinas fueron blanco de los tanques del ejército israelí durante la invasión del campo de Al Maghazi. Y yo tengo el sentimiento no confirmado de que la biblioteca fue bombardeada deliberadamente... Las otras dos habitaciones de la casa que fueron destruidas tenían una orientación directa hacia los tanques, pero bombardear la biblioteca requería un ángulo de visión muy estrecho para que el proyectil la alcanzara.
En esta guerra han muerto escritores, profesores, artistas y han sido bombardeados centros culturales, educativos o históricos. ¿Qué lectura hace usted de estas pérdidas humanas y materiales?
Creo que el objetivo de Israel es eliminar cualquier posibilidad de que exista una entidad política palestina, es decir un Estado palestino, en el futuro, por lo que destruye viviendas, hospitales, escuelas, mezquitas, instituciones culturales y lugares arqueológicos, además de aniquilar al mayor número posible de civiles. Además, mata de hambre a la población para que la opción de marcharse de Gaza en cuanto sea posible cobre fuerza en la mente de la gente.
¿Cuál es el último poema que ha escrito?
Se titula Cómo morimos, lo terminé hace dos días. Dice algo así: “Cuántos murieron, ya no importa, cuántos hemos muerto, no hay memoria para contar. La guerra es un cielo feo, música de fondo para un holocausto repetido. Cuántos murieron, ya no importa, las manos quemadas no saben contar”.
Son poemas de una inmensa tristeza
Son un reflejo de nuestra vida. A veces pienso que somos tan infelices en Gaza que nuestras emociones están como muertas. Vamos a los funerales mecánicamente, como si fuéramos al mercado, nuestros niños saben distinguir los sonidos de los disparos, de los misiles y la muerte es una sombra que nos acompaña siempre. Mis poemas son tristes, hablan de la herida que nos causa esta guerra, pero también de la supervivencia, de la fuerza de la gente y de su humanidad, que resiste pese a que Israel la intenta pisotear.
Artículo completo en: https://elpais.com/planeta-futuro/2025-06-13/nasser-rabah-poeta-de-gaza-nuestras-emociones-estan-como-muertas-vamos-a-los-funerales-mecanicamente-como-si-fueramos-al-mercado.html
"Palestina. La existencia negada" de Teresa Aranguren en los medios


Mosab Abu Toha, autor de "Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído" recibe el premio Pulitzer
Es un honor para mí recibir hoy el Premio Pulitzer. Muchísimas gracias al jurado y a los miembros de la junta directiva por honrarme.
Dedico este éxito a mi familia, amigos, profesores y estudiantes de Gaza.
Bendiciones a los 31 miembros de mi familia que murieron en un ataque aéreo en 2023.
Bendiciones a las almas de mis cuatro primos hermanos, dos de los cuales murieron junto con sus cónyuges e hijos. Bendiciones al alma de mi tía abuela, Fátima, cuyo «cadáver» permanece bajo los escombros de su casa desde octubre de 2024. Bendiciones a las tumbas de mis abuelos, a quienes nunca encontraré.
Bendiciones a las almas de mis alumnos que murieron buscando comida o leña. A la escuela donde estudié y enseñé, a la biblioteca que fundé y a la que añadí un libro de poesía antes de 2023.
Bendiciones a muchos más. ¡Estoy orando por un alto el fuego inmediato y permanente y por JUSTICIA y PAZ!
#mosababutoha #Palestina #Gaza #poesía #poemasdesdeGaza #thepulitzerprizes #cosasquetalvezhallesocultasenmioído
Luna Miguel en Babelia / El País: "También hubo trovadoras: poetas que sufrían, elegían y eran las adoradoras"

Se trata Albores de una recopilación de las únicas trovadoras conocidas hasta la fecha, mujeres de clase alta de los siglos XII y XIII, cuya lectura, estudio y reconocimiento no empezó a producirse hasta finales del siglo XIX. Sus nombres no son más de veinte, frente al alrededor de los cuatrocientos que conforman las listas de trovadores masculinos; y las historias de sus vidas, a menudo difusas e inaccesibles, pueden desentrañarse en las investigaciones de autoras como Marirí Martinengo o Magda Bogin, citada esta última por Janés para destacar sus ideas alrededor de la ampliación del significado del amor cortés que hay en todas ellas. Es sabido que este tipo de poesía en lengua occitana nació para ser cantada y entretener a la vez que remover conciencias, a través de la sublimación del amor erótico, a menudo prohibido y ajeno a la norma matrimonial. A pesar de su intención rompedora, como señala Clara Janés, esta poesía también caía en el retrato de la mujer como un ser pasivo, siempre servil y sumiso, apenas sintiente, y es esa la razón por la que la voz de las autoras de Albores es aún más única y radical, pues aquí “son ellas las amadoras, las que eligen, las que sufren, también”, y “de adoradas pasan a ser adoradoras”.
¿Sus nombres? Entre otras, La Comtessa de Dia, Azalaïs d’Altier, Bieiris de Romans, Guilherma de Rosers o la misteriosa Constanza, Reina de Mallorca, autora, a mi juicio del poema más hermoso entre los aquí contenidos: “Amo al que es bueno y es bello, Y alegre soy como el pájaro blanco / Que, por amor, emite su canción. / Y yo soy señora y reino, / Y que aquel al que amo no se lo reproche, / Pues, sobre todas, soy la mejor amante, / Y he elegido al más digno, / Al mejor; y lo amo tanto / Que creo verlo con el pensamiento”. Indudable la marca sáfica en esta filosofía interna, según la cual, si algo es bueno es porque es bello y viceversa, pero sobre todo así lo propone nuestra imaginación. El ser amado visto como espíritu fantasioso y libre, y no tanto como una posesión coleccionable. Si por las místicas aprendimos que los poemas son objetos de fe, junto a las trobairitz descubrimos que con la lírica amorosa podemos invocar cualquier anhelo, ya que, por medio del poema se hará verdadero. Rebelde humana, ¿escribe y canta lo que deseas y amas?
Artículo completo en Babelia / El País 8 de marzo de 2025

"La partisana", de Nâzim Hikmet, en Paisajes humanos de mi país

Era de Moscú.
Era joven, era partisana.
Amó, comprendió, creyó
y se movilizó.
La niña que colgaba de su fino y largo cuello del extremo de la cuerda
era un ser humano con toda su grandeza.
Como si pasara las páginas de la novela Guerra y paz
las manos de una joven circularon por la nevada oscuridad.
En Petrichevo cortaron los cables del teléfono
y prendieron fuego a un establo con 17 caballos del ejército alemán.
Al día siguiente atraparon a la partisana.
La atraparon frente a su nuevo objetivo
por sorpresa, inmovilizada por detrás.
El cielo estaba lleno de estrellas
el corazón se le aceleró
el pulso le latía fuerte
la botella llena de gasolina
y la cerilla a punto de ser encendida.
Pero no pudo encender la cerilla.
Quiso sacar su pistola.
Se le abalanzaron encima.
Se la llevaron.
La trajeron.
En medio de la habitación la partisana permanecía erguida:
con su mochila al hombro
un gorro de piel en la cabeza, una zamarra sobre los hombros
un pantalón bombacho en las piernas y botas de fieltro.
Los oficiales miraron a la chica de cerca:
era como una almendra en su cáscara
un pimpollo envuelto en piel, fieltro y algodón.
Hierve el samovar sobre la mesa.
Sobre el mantel de cuadros una pistola, cinco correas
y una botella verde de coñac.
En el plato restos de salchicha de cerdo y pan.
Enviaron a los dueños de la casa a la cocina.
La lámpara estaba apagada.
El fuego de la chimenea sumía la cocina en una roja oscuridad.
Y olía a cucarachas aplastadas.
Los de la casa: un niño, una mujer y un viejo
se arrimaron entre sí:
estaban lejos del mundo
en una montaña desierta solos contra las alimañas.
Al lado se oyeron voces:
Preguntan:
—No lo sé —responde.
Preguntan:
—No —responde.
Preguntan:
—No lo voy a decir —responde.
Preguntan:
—No lo sé —responde.
—No —responde.
—No lo voy a decir —responde.
Y la voz que se ha olvidado de todo el mundo menos de estas tres palabras
tersa como la piel de un niño
y recta como el camino más corto entre dos puntos.
Chasqueó una correa al lado:
la partisana no habló.
Gritó la desnuda carne humana.
Chasquearon los correazos uno tras otro.
Las serpientes brincan hacia el sol y silban al caer.
Un joven oficial alemán entró en la cocina.
Se dejó caer en la silla.
Se tapó los oídos con las manos.
Cerró los ojos con fuerza
y permaneció así inmóvil hasta el final del interrogatorio.
Al lado chasqueaban las correazos.
Los dueños de la casa los contaron:
200…
Recomenzaron el interrogatorio:
Preguntan: —No lo sé —responde.
Preguntan: —No —responde.
Preguntan: —No lo voy a decir —responde.
La voz era arrogante
pero ya no era tersa
sino sofocada como un puño ensangrentado.
Sacaron afuera a la partisana.
Ya no llevaba su gorro de piel sobre la cabeza ni la zamarra sobre los hombros
ni sus bombachos de algodón en las piernas
y tampoco sus botas de fieltro.
Solo una camisa y bragas.
Los labios hinchados, de tanto como sus dientes blancos y jóvenes los habían mordido.
Las piernas, el cuello y la frente ensangrentados.
La partisana caminaba
con los brazos atados por detrás con una cuerda
los pies desnudos sobre la nieve
y flanqueada por soldados con bayoneta.
Metieron a la partisana en la isba de Vasili Klulik.
Se sentó en el banco de madera.
Estaba ensimismada y abatida.
Pidió agua.
El centinela no permitió que se la dieran.
Llegaron los soldados alemanes.
Se le echaron encima como insectos
la tiraron al suelo, la zarandearon.
Uno encendió una cerilla tras otra debajo de su barbilla
otro pasó una sierra por su espalda
hasta que el hierro dentado se ensangrentó.
Luego se fueron a dormir.
El centinela sacó a la partisana a la calle a punta de bayoneta.
Un niño está mirando desde la ventana
con sus redondos ojos azules:
la tierra cubierta de hielo
y bajo la nieve la calle desierta
cubierta de estrellas.
Un niño está mirando desde la ventana
con sus redondos ojos azules.
Olvidará lo que está viendo
crecerá, se casará
y una noche de verano
o quizá durante la siesta
de repente se le aparecerán en el sueño
los pies desnudos de una chica pisando las estrellas en la nieve.
Bajo la nieve de uno a otro extremo
bajo la nieve la calle desierta.
Y sobre la nieve la partisana:
con sus pies descalzos
los brazos atados por detrás
en camisa y bragas
camina delante de la bayoneta
yendo y viniendo de un extremo a otro de la calle.
El centinela tuvo frío, volvieron a la isba.
Salieron cuando el centinela se calentó.
Así continuó desde las 22 hasta las dos.
A las dos relevaron al centinela
y la partisana permaneció inmóvil sobre el banco de madera.
La partisana
tenía 18 años.
La partisana
sabía que la iban a matar.
Morir y ser matado:
en el rojo de su rencor no distinguía la diferencia.
Y ella era sana y joven como para no temer la muerte
y no apenarse.
Miró sus pies desnudos:
estaban hinchados
amoratados, agrietados y congelados.
Sin embargo, la partisana
no sentía el dolor.
Su propia rabia y su propia fe
la protegían como su propia piel.
Piensa en su madre.
Recuerda sus libros escolares.
Recuerda un cuenco de barro
que estaba delante del retrato de Ilich
con flores de un azul intenso.
Recuerda su infancia
tan cercana que
casi podría palpar
sus vestidos cortos de vivos colores.
Recuerda el primer bombardeo.
Los batallones de obreros que partían al frente
y desfilaban cantando por la calle
mientras los niños corrían detrás.
Recuerda una parada de tranvía
donde se despidió de su madre.
Recuerda una reunión del Komsomol,
tan próxima que
casi podría palpar
el vaso de agua sobre el mantel rojo
y hasta su propia voz que habla atropelladamente.
Recuerda su propia voz:
su voz que se enfrenta sin desfallecer al enemigo
afirmando que no
que no lo va a decir
y para no decir nada cierto al enemigo
le esconde hasta su propio nombre.
Su nombre era zoe,
mi nombre es tanya les dijo.
(Tanya,
en la cárcel de Bursa tu retrato está frente a mí.
En la cárcel de Bursa.
Tal vez ni hayas oído el nombre de Bursa.
Bursa es un lugar verde y agradable.
En la cárcel de Bursa tu retrato está frente a mí.
Ya no es el año 1941
es el año 1945.
Ya no en las puertas de Moscú
sino en las puertas de Berlín luchan los tuyos
los nuestros
los que son de todas las gentes honradas.
Tanya
tal como tú quisiste a tu país
así yo también quiero a mi país.
Tú eres una joven komsomolka comunista,
yo soy un viejo comunista de 42 años
tú eres rusa, yo soy turco
pero los dos somos comunistas.
A ti te ahorcaron por querer a tu país
yo por querer a mi país estoy en la cárcel.
Pero yo estoy vivo
y tú has muerto.
Desde hace mucho tiempo ya no estás en el mundo
qué poco te quedaste aquí:
apenas dieciocho cortos años.
Ni siquiera tuviste tiempo de saciarte del calor del sol.
Tanya
tú, partisana ahorcada
yo, poeta en la cárcel.
Tú, mi hija, tú, mi camarada.
Reclino mi cabeza sobre tu retrato:
tus cejas finísimas
tus ojos como almendras
pero no puedo distinguir su color en la foto.
Aunque en el retrato pone
que eran castaños oscuros.
Ojos de este color también hay muchos en mi país.
Tanya
qué corto llevas el pelo
igual que mi hijo Memet.
Qué ancha es tu frente
como el claro de luna
transmite serenidad y sueños.
Tu rostro fino y ovalado
tus orejas un poco grandes.
Tu cuello todavía de niña:
diríase que todavía ningún hombre lo ha abrazado.
Y algo con flecos pende de tu cuello:
un adorno lleno de gracia, mujercita.
Llamé a los compañeros, están mirando tu retrato:
—Tanya
tengo una hija de tu edad
—Tanya
mi hermana tiene tu edad.
—Tanya
la chica que amo tiene tu edad.
Nuestro país es caluroso
y nuestras chicas maduran pronto.
—Tanya
con chicas de tu edad somos compañeros en la escuela, en la fábrica, en el campo.
—Tanya
has muerto
cuánta gente honrada han matado y siguen matando
pero yo
yo me siento casi avergonzado
pero yo
yo llevo siete años confortablemente en la cárcel
sin poder arriesgar mi vida en la lucha).
Amaneció y vistieron a Tanya
pero sus botas, su gorro, su zamarra no estaban
se los habían quedado.
Le trajeron su mochila:
con las botellas de gasolina, cerillas, balas, sal y azúcar.
Le colgaron al cuello las botellas
y la mochila en la espalda.
Y en su pecho colgaron un cartel:
«partisana»
Levantaron la horca en la plaza del pueblo.
Los jinetes sacaron sus espadas
la infantería hizo un círculo.
Obligaron a los campesinos a asistir.
Dos cajas, una sobre la otra
dos cajas de macarrones.
Sobre las cajas
pende la soga aceitada
con un lazo en el extremo.
Sacaron a la partisana y la auparon al cadalso.
La partisana
con los brazos atados atrás
permaneció erguida al pie de la horca.
Rodearon con la soga su cuello esbelto y grácil.
Un oficial aficionado a la fotografía
con una máquina Kodak en la mano
le va a sacar una foto.
Tanya gritó a los del koljós desde el cadalso:
—Hermanos, no os apenéis.
Ha llegado el día del heroísmo.
No deis respiro a los fascistas
quemadlos, derribadlos, matadlos…
Un alemán golpeó la boca de la partisana
la sangre corrió por su barbilla blanca y suave.
Pero la partisana se volvió hacia los soldados y prosiguió:
—Nosotros somos doscientos millones.
¿Vais a ahorcar a doscientos millones?
Yo puedo irme.
Pero los nuestros vendrán.
Entregaos mientras estéis a tiempo…
Los del koljós lloraban.
El verdugo tiró de la cuerda.
Se ahogaba el cuello fino de cisne.
Pero se irguió sobre las puntas de los pies la partisana
y el ser humano llamó a la vida:
—Camaradas,
adiós.
Camaradas,
luchad hasta el final.
Que ya oigo sus caballos,
¡ya llegan los nuestros!
El verdugo dio una patada a las cajas de macarrones.
Rodaron las cajas.
Y Tanya se balanceó al extremo de la soga.
. Tanya era el nombre de guerra de Zoya (Zoe) Kosmodemiánskaya (1923-1941), alistada en un grupo de reconocimiento y sabotaje dentro de las líneas nazis. Póstumamente se convirtió en la primera mujer declarada Héroe de la Unión Soviética.



