‘¡Oíd, humanos!’: el místico de la poesía iraní, una voz de la civilización que Trump amenaza con destruir

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Qué decir de los legendarios Omar Jayyam, el autor de las célebres Rubayat; del místico Rumi, que compuso el monumental Masnavi; y del también poeta místico Attar, autor de El lenguaje de los pájaros. Ya en el siglo XX, el mito más reciente de la poesía iraní es Forugh Farrojzad, muerta en 1967 de forma trágica. Precisamente ella consideraba a Nima Yushij, el poeta que ahora se traduce al castellano por primera vez, un inspirador a la altura de Hafez, al entender la poesía como un lugar de perfeccionamiento de lo humano.

 

La vida de Nima Yushij (1897-1960) coincide con la radical transformación de Irán. En 1905, una fallida revolución constitucionalista dio pie a una época de convulsiones y modernización, hasta el punto de que en 1935 la antigua Persia pasó a llamarse oficialmente Irán. En 1953, un golpe de Estado planeado por la CIA liquidó el proyecto altermundista del primer ministro Mosaddeq, hecho que se ha traído a colación últimamente con motivo de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Yushij fue encarcelado por sus simpatías comunistas, y a su muerte apenas gozaba de reconocimiento. Veinte años después, en un Irán ya en plena efervescencia revolucionaria, se había convertido en el “santo” de la poesía iraní contemporánea, un clásico indiscutible. A Yushij le siguieron poetas que en Occidente, paradójicamente, son más conocidos que él, como Sohrab Sepehrí o Ahmad Shamlu. Pero en Irán la genealogía está clara.

 

La poesía de Nima Yushij ve la existencia de una manera trágica. Una tragedia que se desarrolla en una naturaleza sabia. La fuerza de la naturaleza lo puede todo. Irán es un país de una naturaleza grandiosa: en la poesía de Yushij hablan los ríos, los lagos, las arboledas, la fauna, las estepas. El hombre, marcado por el conflicto histórico (el mundo es una “hospedería asesina de huéspedes”), busca en la naturaleza el sentido y la unión. Y lo encuentra en la noche y en la soledad.

 

Los poemas de Yushij rezuman un esplendor místico. El ser humano aparece poco, hay pocos personajes en sus versos, todo lo más figuras solitarias que son un trasunto del propio poeta. Lo cual no quiere decir que su poesía no contemple a los demás y no se dirija a ellos y tenga hasta cierto carácter político, dada la amplitud de su simbolismo: “Claro es para vosotros el propósito de mi palabra: / una mano sola carece de voz, / mi mano pide auxilio a vuestras manos”. Un simbolismo enraizado, por otra parte, en una cosmovisión chií de la vida, que aguarda la llegada del mahdi, el imam oculto que redimirá los tiempos: “Es hora de que el fin de los tiempos lance un bramido”, dice el poema que cierra esta antología. De momento, el bramido es el de la guerra.

 

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"Libro negro de Gaza: un viaje en directo a la vida y la muerte de los jóvenes palestinos", por Beatriz Lecumberri (El País, 2/3/26)

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Beatriz Lecumberri escribe en El País del 2 de marzo de 2026 sobre "El libro negro de Gaza", los "Testimonios de un genocidio" recogidos por el periodista Gonzalo Delgado.

 

Libro negro de Gaza: un viaje en directo a la vida y la muerte de los jóvenes palestinos

Los relatos de estudiantes, músicos, periodistas y médicos trasladan al lector a una realidad cruda y desnuda donde la vida intenta salir a flote

Beatriz Lecumberri Madrid | El País | 02 MAR 2026

 

“Se habla mucho de Gaza, pero rara vez se la escucha. El mundo ve cifras, destrucción y titulares, pero no a los jóvenes que padecen todo esto. Nuestras voces importan”. Nour Ahmed Abed responde a las preguntas de este periódico desde un café con conexión a internet en Deir el Balah, en el centro de la Franja, donde nació hace 28 años. Su voz es una de las que componen El libro negro de Gaza (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), publicado en febrero, en el que 17 jóvenes desmenuzan su forma de ver la vida en este pequeño territorio devastado por más de dos años de bombardeos israelíes que han dejado más de 70.000 muertos palestinos.

 

Cómo se huye de un hogar en cinco minutos porque lo van a bombardear, por qué seguir estudiando cuando no hay futuro a la vista, de qué sirve enamorarse en Gaza, qué se come cuando no hay absolutamente nada, quién explica a las niñas huérfanas qué es la regla, por qué la música es un refugio entre las ruinas, cómo suenan los drones israelíes sobre la tienda de campaña noche tras noche, por dónde se empieza a reconstruir, física y anímicamente una vida. Todo contado en primera persona.

 

“No somos simplemente víctimas. Somos pensadores, soñadores, escritores, amantes, estudiantes... Nuestras historias no solo hablan de muerte sino de una vida que insiste en salir adelante”, dice Ahmed.

Sus textos y respuestas en esta entrevista denotan un fuerte compromiso humanitario y una especial preocupación por el futuro de las niñas de Gaza. “Me niego a reducir mi existencia a la mera supervivencia. Ser humano es buscar un sentido, ayudar, conservar tu identidad... Recuerdo que hace unos meses fui a un punto de internet a descargar la película favorita de mis sobrinas. La vimos escuchando las bombas israelíes y subí el volumen para alejarlas de la realidad”, recuerda en la entrevista.

 

Gonzalo Delgado, periodista y editor de este libro, comenzó a contactar a jóvenes gazatíes buscando relatos cortos, escritos casi en tiempo real, con el fin de “proteger la memoria” y trasladar al lector a ese lugar y momento concretos, como ya ocurrió con crónicas escritas por ejemplo desde Sarajevo en los años noventa. “Los primeros autores trajeron a otros jóvenes estudiantes, profesores, médicos o músicos y el libro fue tomando forma”, cuenta a este periódico. “Son relatos que emergen de las ruinas, como la gente. Y nos traen la realidad al desnudo. La fuerza del libro es que es un diario real desde Gaza”, agrega.

"Son relatos que emergen de las ruinas, como la gente. Y nos traen la realidad al desnudo. La fuerza del libro es que es un diario real desde Gaza" (Gonzalo Delgado, editor).

 

“Un deber nacional”

Además de desgranar sus propias vivencias, estos jóvenes autores se convierten en narradores de las vidas de sus vecinos, amigos o de desconocidos: “En cuestión de segundos, el edificio de cinco plantas desapareció. Vi cómo Huda se precipitaba por un profundo agujero bajo mis pies. La agarré de la camiseta, tratando de rescatarla, pero se me escurrió entra las manos”, contó Hala, una chica de 18 años, a la periodista Assem al Jerjawi, recordando la muerte de su hermana.

“Malak se estremece cada vez que se cierra de golpe la puerta de un armario. Ha dejado de correr. Ya no pinta soles ni casas”, narra Ibrahim Yaghi, estudiante de Literatura inglesa en la Universidad islámica de Gaza, en un texto consagrado a la salud mental infantil.

Para Nasser Rabah, veterano poeta gazatí que sigue escribiendo desde la Franja, la escritura “ha pasado de ser un acto personal a ser un deber nacional” y estos relatos “defienden una humanidad negada y una dignidad pisoteada", considera en el prólogo del libro.

“La vida en Gaza es una realidad agotadora e implacable, a la que no he tenido más remedio que adaptarme en contra de mi voluntad”, detalla en uno de los textos Ahmed Sbaih, de 22 años, desde Ciudad de Gaza. “Escribo estas palabras sin haber probado bocado en tres días. En mi boca no entra otra cosa que agua amarga. El hambre se ha convertido en un ser que vive en mí, me devora lentamente, sin piedad”, escribe Ghaydaa al Abadsa, de 24 años, desde Jan Yunis.

En agosto de 2025, la ONU declaró la hambruna en Ciudad de Gaza y concluyó que toda la población de la Franja, más de dos millones de personas, estaba pasando hambre.

“Creo que el resultado es tan gráfico que te da la sensación de haber estado ahí y de ser un testigo invisible en el momento en que tienen que desplazarse, tienen el estómago vacío, miran al mar o hablan con los niños”, agrega Delgado.

La reconstrucción no solo significa levantar edificios sino sanar traumas, restaurar la dignidad y la confianza en el futuro. Si reparamos los muros sin reparar las almas, seguiremos rotos Nour Ahmed, abogada gazatí.

 

Poner fin a la deshumanización

 

Los jóvenes también escriben para lamentar el silencio del mundo y criticar el doble rasero que, según ellos, se usa para medir el sufrimiento de israelíes y palestinos: “Dicen que Gaza está gobernada por Hamás. Como si eso bastara para condenar a todo niño que nace allí”, dice Yaghi, lamentando, con un tono visiblemente hastiado, que cuando “representantes israelíes lanzan informaciones imposibles de verificar, el mundo las reproduce sin cuestionarlas”.

Nour Ahmed también se detiene en las complicaciones añadidas a las que se enfrentan las mujeres de la Franja. “Recuerdo que había que hacer cola y pagar para usar un baño. Durante un mes solo me bañé una vez y sin jabón. Me corté el pelo para gastar menos agua y aún conservo ese mechón. Me duele el corazón al contarte esto”, cuenta. En sus textos habla sin tabú de una niña que ha perdido a su madre y que piensa que se va a morir cuando tiene su primera menstruación porque nadie le ha explicado nada. “La muerte y el desplazamiento hace que haya niñas que se enfrenten a estos cambios solas, sin referentes y sin material higiénico. Romper este silencio también es un acto de protección”, explica.

En El libro negro de Gaza también se subraya la importancia de la educación, “una forma de supervivencia”, de “orden en medio del caos”, de “proteger a los niños recordándoles que su futuro es más amplio que esta guerra”. “Sin educación, corremos el riesgo de crear una generación moldeada solo por el trauma y la ausencia de ética y valores”, dice Ahmed.

Dicen que Gaza está gobernada por Hamás. Como si eso bastara para condenar a todo niño que nace allí (Ibrahim Yaghi, estudiante de Gaza).

 

Amira Hass, periodista y escritora israelí que ha vivido durante años en los territorios palestinos, escribe el epílogo de El libro negro de Gaza y asegura que los textos son “un testimonio de resiliencia e inventiva bajo las condiciones más terroríficas que puedan imaginarse”. “Cada relato nos muestra personas concretas, no generalizaciones o imágenes borrosas. Además, cada texto cuestiona otro cliché: el de la ‘deshumanización de los palestinos”, asegura.

La entrevista con Ahmed termina hablando del futuro y la reconstrucción. ¿Es posible? “Tengo que pensar antes de responder. ¿Puede volver la Gaza que conozco y que me conoce a mí? La reconstrucción no solo significa levantar edificios sino sanar traumas, restaurar la dignidad y la confianza en el futuro. Si reparamos los muros sin reparar las almas, seguiremos rotos. La reconstrucción debe incluir la salud mental, la educación, el empoderamiento de las mujeres y la justicia", concluye esta abogada.

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Beatriz Lecumberri entrevista en El País a la poeta palestina Hind Joudah, una de las autoras recogidas en la antología "Maneras de ser Palestina"

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Beatriz Lecumberri entrevista en El País a Hind Joudah, una de las quince poetas reunidas por Luz Gómez en la antología "Maneras de ser Palestina".

Hind Joudah se detiene con gesto sorprendido ante una bandera palestina desgarrada que ondea en la puerta de una cafetería en el centro de Madrid. El dueño le explica que alguien la ha rasgado esa noche, pero que así queda incluso más auténtica y no la piensa quitar. Esta poeta palestina de 42 años, que pudo salir de la Franja de Gaza meses después del inicio de los bombardeos israelíes y vive en Egipto, afirma que la solidaridad que transmiten esos detalles la reconforta desde hace meses. Desde octubre de 2023, siente que la poesía es como lanzar al mar un mensaje en una botella. “Un mensaje enviado desde una tierra aislada y en llamas, que llega hasta personas que están lejos, como ha ocurrido aquí en España, pero también en Italia o en Francia”, explica, en una entrevista con este periódico.

Sus versos están recogidos en la recién publicada antología Maneras de ser palestina (Ediciones del oriente y del mediterráneo), en la que Luz Gómez, catedrática de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid, ha reunido a 15 autoras palestinas menores de 50 años de Gaza, Cisjordania, Jerusalén, Israel y la diáspora.

La poesía de Joudah y del resto de autoras sorprende, conmueve e interpela: “El futuro está preso, y cada vez que levanta la cabeza, una guerra lo mata”, escribe Neama Hassan, desde Gaza. “Para ser una madre palestina, tienes que aprender a contar cuentos de hadas en las noches eternas de los bombardeos”, relata desde Jerusalén Maya Abu Al Hayat. “Las balas no me dieron tiempo a abrazar el corazón de mi amado”, solloza en sus versos Mona Musaddar, palestina que vive Doha.

 

Pregunta. ¿Por qué siente que escribir poesía es como lanzar al mar un mensaje en una botella?

Respuesta. Primero porque Gaza está a orillas del mar y segundo, porque la gente ve la masacre contra mi pueblo a través de una pantalla y mis poemas permiten decir cómo me siento realmente y recogen mi verdad. Son un mensaje enviado desde una tierra aislada y en llamas, que llega hasta personas están lejos, como ha ocurrido aquí en España, pero también en Italia o en Francia.

 

P. Uno de sus poemas dice: “Soplaré las heridas de Gaza y le cantaré para que se duerma. Le taparé los oídos para que no oiga el rugido de los aviones”.

R. Son los versos de una madre, que escribe poesía desde una Gaza en guerra, un lugar lleno de personas que necesitan protección y cuidado, como nuestros hijos cuando son pequeños. Es mi vida hecha palabras.

 

P. ¿Qué hace única a la poesía escrita por mujeres palestinas recogida en esta antología?

R. El poema que acabo de mencionar solo lo puede escribir una mujer. Es totalmente femenino. En esta guerra, las mujeres lograron contar y el mundo nos escuchó y nos dio un espacio. Mis poemas se han traducido a 15 lenguas y eso es muy importante. No soy un caso único, pero ha tenido que ocurrir algo tan terrible para que nuestra voz se oiga. Y esta antología termina de hacernos justicia, porque reúne las voces de 15 poetas.

 

P. ¿Escribió mucho durante los meses de guerra que vivió en Gaza?

R. Mucho. Era una necesidad. La poesía es mi vida, mi manera de existir. Cuando Israel comenzó a bombardear, empecé a escribir sobre todo aquello y a publicarlo online. Tenía mucho miedo a morir y sentía esa urgencia de plasmar ciertas cosas antes, por si acaso. Para que mis sentimientos y los de la gente a mi alrededor se quedarán ahí reflejados.

 

P. Hace un tiempo entrevistamos a otro poeta gazatí, Nasser Rabah, y decía que la poesía era un deber patriótico.

R. Estoy de acuerdo. La poesía se convirtió en una manera más de documentar el horror de Gaza. Mis palabras llegan al mundo y quiero pensar que sirven de algo. Los versos de estos dos años no tienen muchos artificios, son una foto de la realidad contada de manera subjetiva, con mucho sentimiento y sobre todo dolor. Mis versos hablan de la falta de pan y de azúcar, de las ruinas, del miedo y del sonido de los drones israelíes.

 

P. En uno de sus poemas dice que se siente avergonzada por tener ropa limpia y no pasar frío.

R. Ese poema lo escribí desde la zona central de la Franja, cuando Israel bombardeaba sobre todo el norte y el sur. Dentro del horror, me sentía mucho más segura que otros familiares o amigos y eso me hacía sentir mal. Pero los momentos de culpa más fuertes los he sentido después. Hace un tiempo me invitaron a París a leer mis poemas. Y llegué allá, a una ciudad preciosa, tan a salvo... y me dije ‘¿qué hago yo aquí mientras mi familia está en Gaza?’ Me derrumbé.

 

P. ¿Dónde está en este momento su familia?

R. En el centro de Gaza, en la zona de Al Zawaidah, en la casa de mi padre, donde hay unas 40 personas de la familia desplazadas. No hay ventanas y hay un gran agujero en el salón debido a un proyectil, pero todavía es una casa. El ejército israelí no llegó a entrar en el pueblo en estos dos años. Y los vecinos se ayudaron mucho unos a otros, consiguieron sembrar algún pepino y tomate y fueron sobreviviendo.

 

P. ¿El alto el fuego la hace respirar y tener más esperanza?

R. Creo que lo más cierto que se ha dicho sobre el alto el fuego es que Donald Trump está tratando de salvar a Israel de sí mismo. Yo no logro estar del todo tranquila y confiar. Espero que no vuelva a haber masacres y bombardeos, porque Gaza necesita un periodo de calma hasta que se pueda llegar a hablar de una solución más definitiva.

 

P. Entonces, sigue siendo difícil proyectarse en el futuro.

R. Yo no tengo ningún plan. Me da miedo que no podamos volver y que haya mucha gente que se vea obligada a salir. Mi abuelo tuvo que marcharse de Ashdod, hoy en territorio israelí, hace más de 70 años y arrastramos esa pena desde entonces. No queremos que nuestros hijos sufran un nuevo exilio, una nueva Nakba. Yo siento que puedo afrontar la pérdida de mis padres, pero no podría nunca aceptar la pérdida de Gaza.

 

P. ¿Cómo recibe Egipto a familias gazatíes como la suya?

R. Las autoridades egipcias no nos lo ponen fácil. Mis tres hijos, por ejemplo, no tienen derecho a ir a la escuela pública en El Cairo. Así que, como ocurre con todos los niños gazatíes que viven en el país, estudian online con profesores de Cisjordania. En el fondo, quieren que nos marchemos. Bueno, entonces, creen las condiciones, abran la puerta y volveremos a Gaza.

 

P. ¿Cómo es escribir desde el exilio?

R. Más complicado. No se pueden sentir las cosas igual. He escrito mucho sobre el dolor y sufrimiento de Gaza y ahora, la pregunta que planea en mis versos es: ¿por qué el mundo no ha hecho nada? Aunque sé que aquí en España hay manifestaciones importantes, he podido incluso ver una y he enviado fotos a mi familia en Gaza para se sientan menos solos.

 

P. En esta antología hay otra autora gazatí, Batool Abu Akleen, que escribe sobre la tumba que quiere para ella sola. Tiene solo 20 años. ¿Qué le provoca leer esos versos?

R. En Gaza ha habido tantos muertos que no se ha podido enterrar a la gente individualmente. Hay tumbas colectivas. Los versos de esta mujer tan joven nos golpean y nos chocan. Ella debería estar pensando en bailar y amar, pero esa es nuestra vida.

 

P. ¿Cuál fue su último poema?

R. Habla sobre mi barrio, Tel al Hawa, en Ciudad de Gaza, que está totalmente destruido. Dice algo así: “Me acuerdo de sus árboles, de cómo suena el viento en sus ventanas, conozco el olor del mar y el reflejo del amanecer en cada rincón. ¿Esto es de verdad? La ciudad se escapa, se mezcla con las piedras y parece que todo huye, mientras los corazones están bajo las ruinas de las casas. ¡Ay, Gaza! A la vista de todos estás a punto de desaparecer". Es tan doloroso que ni siquiera he querido compartirlo con mi familia.

Artículo completo en El País


Luna Miguel en Babelia / El País: "También hubo trovadoras: poetas que sufrían, elegían y eran las adoradoras"

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Luna Miguel comenta "Albores o el rostro sin velo de las trovadoras", la antología de mujeres trovadoras editada y traducida por Clara Janés, en Babelia / El País el 8 de marzo de 2025.

 

Se trata Albores de una recopilación de las únicas trovadoras conocidas hasta la fecha, mujeres de clase alta de los siglos XII y XIII, cuya lectura, estudio y reconocimiento no empezó a producirse hasta finales del siglo XIX. Sus nombres no son más de veinte, frente al alrededor de los cuatrocientos que conforman las listas de trovadores masculinos; y las historias de sus vidas, a menudo difusas e inaccesibles, pueden desentrañarse en las investigaciones de autoras como Marirí Martinengo o Magda Bogin, citada esta última por Janés para destacar sus ideas alrededor de la ampliación del significado del amor cortés que hay en todas ellas. Es sabido que este tipo de poesía en lengua occitana nació para ser cantada y entretener a la vez que remover conciencias, a través de la sublimación del amor erótico, a menudo prohibido y ajeno a la norma matrimonial. A pesar de su intención rompedora, como señala Clara Janés, esta poesía también caía en el retrato de la mujer como un ser pasivo, siempre servil y sumiso, apenas sintiente, y es esa la razón por la que la voz de las autoras de Albores es aún más única y radical, pues aquí “son ellas las amadoras, las que eligen, las que sufren, también”, y “de adoradas pasan a ser adoradoras”.

¿Sus nombres? Entre otras, La Comtessa de Dia, Azalaïs d’Altier, Bieiris de Romans, Guilherma de Rosers o la misteriosa Constanza, Reina de Mallorca, autora, a mi juicio del poema más hermoso entre los aquí contenidos: “Amo al que es bueno y es bello, Y alegre soy como el pájaro blanco / Que, por amor, emite su canción. / Y yo soy señora y reino, / Y que aquel al que amo no se lo reproche, / Pues, sobre todas, soy la mejor amante, / Y he elegido al más digno, / Al mejor; y lo amo tanto / Que creo verlo con el pensamiento”. Indudable la marca sáfica en esta filosofía interna, según la cual, si algo es bueno es porque es bello y viceversa, pero sobre todo así lo propone nuestra imaginación. El ser amado visto como espíritu fantasioso y libre, y no tanto como una posesión coleccionable. Si por las místicas aprendimos que los poemas son objetos de fe, junto a las trobairitz descubrimos que con la lírica amorosa podemos invocar cualquier anhelo, ya que, por medio del poema se hará verdadero. Rebelde humana, ¿escribe y canta lo que deseas y amas?

Artículo completo en Babelia / El País 8 de marzo de 2025

 

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Luna Miguel comenta "Albores o el rostro sin velo de las trovadoras", la antología de mujeres trovadoras editada y traducida por Clara Janés, en Babelia / El País el 8 de marzo de 2025.

Cinco libros sobre Siria

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Tres libros sobre Siria recomendados por Babelia - El País
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Tres libros sobre Siria recomendados por Babelia - El País

 

 

 

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Tres libros sobre Siria recomendados por Babelia - El País

 

 

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Dos libros sobre Siria recomendados por nuestra editorial: "Dos trayectos", de Salim Barakat. Narración de su infancia en una aldes del Kurdistán sirio, y "Un autobús verde sale de Alepo", de Jan Dost. Como dice el autor en la introducción a la edición española: "En las guerras uno se convierte en víctima, ya sea de un bando o de otro. El fuego de la guerra no distingue entre un árbol seco y otro verde: es un fuego ciego que incendia todo el bosque".

Beatriz Lecumberri entrevista en El País a Mosab Abu Toha

 

 

Beatriz Lecumberri entrevista a Mosab Abu Toha
Beatriz Lecumberri entrevista en El País a Mosab Abu Toha con motivo de la publicación de su libro "Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído. Poemas desde Gaza".

Mosab Abu Toha, poeta del sufrimiento de Gaza: “Cargo sobre mis hombros el peso de los escombros de mi casa y de mis libros convertidos en cenizas”

El escritor, que ha presentado en Madrid la traducción en español de su poemario, galardonado en Estados Unidos, lamenta la pasividad mundial ante la crisis humanitaria en la Franja, que hace que los palestinos estén perdiendo la esperanza

Beatriz Lecumberri
Madrid - 29 NOV 2024 - El País - Planeta futuro

Mosab Abu Toha (Gaza, 32 añ

Mosab Abu Toha (Gaza, 32 años) habla rápido, con la misma urgencia que escribe sus poemas, en los que atrapa detalles e imágenes que transportan al miedo, al hambre, a la pérdida y a la muerte que viven diariamente los palestinos de la Franja. Un gato comiendo entre los cadáveres putrefactos, la mochila escolar de un niño que carga lo que han podido salvar de la casa familiar antes de huir, el polvo de los escombros que lo invade todo, un funeral sin gente.

Su libro Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído, (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2024) que ha presentado esta semana en Madrid y ha sido galardonado en Estados Unidos, recuerda a la antipoesía del chileno Nicanor Parra o a los versos de guerra de Miguel Hernández. “Mis ojos están programados para ver las cosas desde el punto de vista de un palestino de Gaza. No puedo escribir de otra cosa o de otra manera”, explica, en una entrevista con este diario en Casa Árabe, en Madrid.

Abu Toha, que creó en 2017 la biblioteca pública Edward Said, la primera en inglés en Gaza, fue arrestado y llevado a una prisión israelí durante tres días cuando intentaba salir de la Franja con su familia hace un año. Está convencido de que fue liberado gracias a sus contactos en universidades y publicaciones de Estados Unidos y hoy vive en el Estado de Nueva York. Allí se ha convertido en una especie de reportero en verso del sufrimiento de los palestinos de la Franja, recogido en buena parte en su segundo libro, “Forest of noise”, por ahora solo en inglés. “Yo sigo estando en Gaza. Me fui, pero parte de mí sigue allá”, asegura.

Coincidiendo con el Día Internacional de Solidaridad con el pueblo palestino, que se celebra este viernes, Abu Toha lamenta que el mundo esté olvidando a Gaza. “Cuando veo unos padres que entierran a su hijo, siento que yo podría estar en su lugar. Creo que sería bueno que las personas fuera de Gaza también vieran nuestra tragedia de esta manera, especialmente en los países occidentales”.

En sus versos, también queda lugar a veces para una esperanza que, según él, los gazatíes están perdiendo: “Pero llegará la primavera y ellos, los que nos bombardean, no encontrarán flores entre las bombas. Estaremos entre los árboles, la luz del sol nos bañará junto a los nidos de los gorriones. Ellos, los que nos bombardean, no tendrán sol, ni lugar donde descansar, ni piernas para correr”, dice uno de sus poemas más recientes.

Pregunta. ¿Nunca ha escrito versos que no hablen de Palestina?

Respuesta. Palestina es el único lugar que conozco de verdad.

P. ¿No podría escribir hoy una poesía sobre las calles o los parques de Madrid?

R. Mis ojos están programados para ver las cosas desde el punto de vista de un palestino de Gaza. No puedo escribir de otra cosa o de otra manera. Por ejemplo, si hago un poema sobre una casa que veo hoy en Madrid, no podré dejar de pensar en la casa que dejé en mi ciudad, en Beit Lahia.

P. ¿Qué es para usted la poesía hoy?

R. Una obligación, una urgencia... Escribo unos versos y los publico. Donde sea. En redes sociales, en páginas de centros académicos o de medios de comunicación. No espero. Mis poemas son también noticias de Gaza que no salen en los medios de comunicación.

P. ¿Cómo ha sido este año fuera de Palestina para usted y su familia?

R. No es fácil ser palestino y vivir en Estados Unidos. Salimos de Gaza gracias a mi hijo, que nació en EE UU y tiene pasaporte. Mi vida tuvo algo de valor por eso, no porque soy un ser humano con derechos. Aun así, fui secuestrado, porque no encuentro otra palabra mejor para definir lo que me pasó. Cuando intentábamos salir de Gaza, en noviembre de 2023, los soldados israelíes me arrestaron en un retén. Me esposaron, me taparon los ojos y me golpearon. Me robaron todo, hasta los pasaportes de toda la familia y la ropa. Fui liberado tres días después sin ninguna explicación, supongo que gracias a que mi esposa se había puesto en contacto con mis editores en Estados Unidos y ellos hicieron presión. Si no, hoy estaría probablemente muerto. Salimos de Gaza el 2 de diciembre de 2023. Pasamos seis meses en Egipto rehaciendo pasaportes y visados y fuimos a Estados Unidos, donde había un grupo de personas que nos recibió.

P. ¿Su manera de hacer poesía ha cambiado desde el 7 de octubre de 2023?

R. No creo que haya cambiado, pero sí estoy usando las palabras de manera diferente y creo que su peso es mayor. Hablo de la misma gente y del mismo opresor, Israel. Nuestro sufrimiento no empezó ese 7 de octubre, me enfada que haya gente que así lo crea. En 1948, mi abuelo tuvo que dejar su casa en Jaffa y murió en un campo de refugiados de Gaza. Era muy joven, ni siquiera le conocí. La ONU habla de nuestro derecho al retorno desde hace décadas, pero estamos en 2024 y nadie ha regresado, más bien al contrario. Las cosas sobre las que yo escribo llevan años pasando. Pero desde octubre de 2023 el nivel de muerte y destrucción es inimaginable.

P. ¿Las palabras se quedan cortas para describir lo que está pasando en Gaza?

R. Por eso escribo poesía. Porque redefine las palabras que estamos usando cada día cientos de veces: masacre, bombardeo e incluso genocidio. ¿Qué es un genocidio? ¿Qué es una masacre? Han perdido su significado y su profundidad, de tanto usarlas. Yo escribo un poema sobre la madre que ha perdido a su bebé o sobre un hijo que llora a su padre e intento describir la historia que hay detrás. Mis versos tienen emociones que las noticias no logran captar.

P. ¿Es difícil atrapar esas emociones cuando se está lejos de Gaza, como es su caso ahora?

R. Yo sigo estando en Gaza. Me fui, pero parte de mí sigue allá. Viví los primeros meses de esta guerra, fui herido en un bombardeo hace unos años. Llevo cicatrices en mi cuerpo y en mi corazón, cargo sobre mis hombros el peso de los escombros de mi casa y de mis libros convertidos en cenizas. Cuando veo unos padres que entierran a su hijo, siento que yo podría estar en su lugar, que ese niño es el hijo de todos nosotros. Sería bueno que las personas fuera de Gaza también vieran nuestra tragedia de esta manera, especialmente en los países occidentales. Se llama humanidad, empatía, solidaridad y no la están practicando.

P. ¿Qué palabra le viene al pensamiento para describir la situación actual de Gaza?

R. Gritos. Los gazatíes gritan porque tienen hambre y miedo, porque lo han perdido todo. Me produce mucho dolor decir esto, pero también están perdiendo la esperanza. Porque el mundo no hace nada para poner fin a este desastre.

P. ¿Qué ha perdido en este año?

R. Decenas de familiares, amigos, alumnos... A mi abuelo, que murió por falta de atención médica en Gaza y no pude besarle la frente antes de que fuera enterrado. También he perdido la vida que hubiera podido tener con mi familia y los momentos que podría haber pasado con mis amigos, yendo en bicicleta a la playa o recogiendo fresas, especialmente con Refaat Alareer, poeta y amigo fallecido en un bombardeo. Y creo que también hemos perdido el lenguaje del miedo.

P. ¿Qué significa eso?

R. Los gazatíes están dejando de expresarse porque llevan 14 meses hablando de lo mismo: bombardeos, muerte, hambre, miedo... Nada de lo que digan describe lo que sufren y además, el futuro puede ser aún peor. Entonces la gente calla y sigue adelante. Además, ven a su lado a otros que están sufriendo aún más y piensan que no tienen derecho a quejarse.

P. ¿Qué le queda de su casa en Beit Lahia?

R. Mi casa estaba al norte, desde mi ventana veía la frontera con Israel. Tuvimos que salir de ahí rápidamente. Cuando fui por última vez, en octubre de 2023, solo me llevé conmigo una copia de este libro que presento en Madrid, otro libro de oraciones y ropa. Dos semanas después fue bombardeada.

P. ¿Cuándo escribió su último poema?

R. La semana pasada. Es una poesía que habla de Gaza como un funeral gigante, pero sin gente y sin sillas, para que las personas que acuden a dar el pésame puedan sentarse, como hacemos los palestinos. Nadie va a ese funeral y en el ataúd solo hay pedazos de ropa, porque el cuerpo estaba pulverizado.

P. ¿Escribe en inglés o en árabe?

R. En las dos. Cuando escribo en inglés, lo hago para el mundo, como un refugiado, un palestino víctima de la ocupación israelí. Cuando escribo en árabe, soy solo un ser humano hablando de cosas más universales.

P. ¿Sigue creyendo que su futuro está en Gaza?

R. Espero, pero no sé si habrá un lugar al que volver. Israel no está dejando nada en pie. ¿Hasta cuando durará esto? No lo sé. Soy solo un poeta escribiendo sobre la pérdida y el dolor.

(artículo completo en El País)


"El harén político": La mirada lúcida de Fátima Mernissi por Olivia Muñoz-Rojas

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"El harén político", la mirada lúcida de Fátima Mernissi por Olivia Muñoz-Rojas (fotografía de Basso Cannarsa).

El harén político

La mirada lúcida de Fátima Mernissi y su habilidad para transitar con fluidez entre Occidente y el universo musulmán cobran especial sentido en el clima político europeo actual

Olivia Muñoz-Rojas
23 OCT 2024 El País

En un momento en el que numerosos europeos parecen inquietarse por la inmigración y se preguntan, más concretamente, por la compatibilidad entre los valores occidentales y musulmanes, merece la pena volver sobre el legado intelectual de la autora de El harén político. El profeta y las mujeres y Premio Príncipe de Asturias en 2003. La mirada lúcida de Fátima Mernissi (1940-2015), su habilidad para transitar con fluidez entre Occidente y el universo musulmán, su denuncia del patriarcado en uno y otro mundo, cobran especial sentido en el clima político europeo actual. A través de su prolífica obra, Mernissi nos invita a considerar un horizonte común de emancipación a partir de un reconocimiento de las deficiencias culturales de ambos mundos y una reconstitución del pasado.

Mernissi comenzó su formación intelectual en la escuela coránica, se licenció por la Universidad Mohamed V de Rabat y amplió sus estudios en la Sorbona de París. Se doctoró en Sociología en la Universidad de Brandeis en Massachussetts con una tesis pionera sobre el impacto de la modernización en las relaciones de género en el mundo islámico. En 1987, publicó El harén político, que fue inmediatamente prohibido en Marruecos. En él indaga en las circunstancias sociopolíticas que llevaron a la imposición de una rígida interpretación patriarcal, incluso misógina, de las enseñanzas de Mahoma. Su objetivo: desmontar esta interpretación a través de una relectura sociológica de la vida del profeta y las mujeres de su entorno y un minucioso desgrane de los textos islámicos originales y posteriores que narran las acciones y los dichos de Mahoma.

Mernissi argumenta que la voluntad de Mahoma de reconocer y tratar a las mujeres como iguales, tanto de palabra como en los hechos, se vio truncada rápidamente por la realidad social y política de Medina en los años fundacionales del islam. Algunos miembros de la primera comunidad musulmana que Mahoma estableció en la ciudad (los Hipócritas) se oponían a respetarlas como iguales y, además de inventar rumores sobre las esposas del profeta, las importunaban en el espacio público. La intransigencia de sus oponentes propició un clima de guerra civil que, de acuerdo con Mernissi, terminó por convencer a Mahoma de que era necesario que las musulmanas salieran cubiertas a la calle por su seguridad.

Desde entonces, explica la autora, una mayoría de eruditos del islam se ha esforzado por magnificar el papel del hiyab —”que los integristas de hoy reivindican como la esencia misma de la identidad musulmana”— y empequeñecer el papel de Umm Salama y Aisha, esposas de Mahoma, o borrar de la historia a Sakina, su bisnieta, que encarnaron un modelo de mujer emancipada que podría haber sido el referente principal de las mujeres musulmanas.

Mernissi denuncia esta “amnesia” y “deformación de la historia”, que hallamos en otras religiones monoteístas, y nos recuerda, al mismo tiempo, que el islam es en origen una religión eminentemente práctica y favorecedora del diálogo. Mahoma buscaba apaciguar y regular las relaciones entre las tribus árabes. De ahí la importancia de sus dichos y conversaciones, los hadices, que aportaban normas comunes en los aspectos más cotidianos de la vida de las tribus. En el prefacio a la edición en inglés, la autora concluye: “Si los derechos de las mujeres son un problema para algunos hombres musulmanes modernos, no es ni por el Corán, ni por el Profeta, ni por la tradición islámica, sino simplemente porque esos derechos entran en conflicto con los intereses de una élite masculina”.

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El harén político. El profeta y las mujeres, de Fátima Mernissi

No es de extrañar que Mernissi recibiera críticas de esta élite, tanto por cuestionar la lectura tradicional de los textos coránicos como por importar acríticamente categorías epistemológicas occidentales presuntamente ajenas a la experiencia islámica. Mernissi consideraba, por su parte, que era lo “suficientemente inteligente como para ser crítica con Occidente y tomar lo que necesito y rechazar lo que es malo para mí”. (Es notorio, por ejemplo, su cuestionamiento del ideal de belleza occidental, el cual, sostenía, excluye la posibilidad de ser guapa e inteligente a la vez y niega cualquier atractivo a las mujeres mayores).

El análisis sociológico de Mernissi de la evolución del islam, enfatizando su dimensión práctica y su larga historia de diálogo intercultural, contribuye a desafiar el imaginario dominante en Europa de este sistema ético y religioso como particularmente impermeable al cambio y la adaptación. Su llamado a movilizar una “memoria-libertad”, donde las mujeres son coprotagonistas del pasado como paso necesario para serlo en el presente, nos interpela a todos.

De manera provocativa, en una entrevista de 1996, Mernissi definió el harén como un “espacio monosexo”, afirmando que el Senado francés, con menos de un 4% de mujeres entonces, era, en definitiva, un harén. Aunque hoy un tercio del Senado francés son mujeres, no podemos sino preguntarnos qué diría Mernissi de la composición de las Reales Academias españolas, por ejemplo, y su papel en la reproducción de las élites masculinas y el sesgo patriarcal de nuestro conocimiento del pasado.

Artículo completo en https://elpais.com/babelia/2024-10-23/el-haren-politico.html


"Fuego profético negro", la victoria en la derrota de Cornel West por Juan José Tamayo

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                                     Juan José Tamayo sobre Fuego profético negro en Babelia - El País 19/10/2024

 

Fuego profético negro, la victoria en la derrota de Cornel West

Juan José Tamayo

 

Desde el asesinato de Martin Luther King Jr. en Memphis en 1968, parecía que en Estados Unidos se hubiera apagado el fuego profético y revolucionario que inspiró la lucha por los derechos civiles para la comunidad afroestadounidense. Resucitarlo es el objetivo de este libro, que recoge una hermosa y profunda conversación de la investigadora alemana Christa Buschendorf con el filósofo y teólogo Cornel West, uno de los intelectuales más relevantes de su país y candidato a la presidencia de Estados Unidos por el Partido Verde, que está siendo invisibilizado por los medios de comunicación. West se presenta a sí mismo como testigo de la esperanza y de la resistencia en momentos de derrota, desilusión y desazón. Se sitúa en la senda de Arthur Schopenhauer, con quien comparte el sentido trágico de la existencia, donde anida un profundo sentido del mal, la sensibilidad hacia el sufrimiento, la compasión por todos los seres vivos y la simpatía con las personas sometidas. Expresa su admiración por figuras como los profetas de Israel/Palestina, Buda, Sócrates, Jesús de Nazaret, Shakespeare, que, afirma, “conforman un grupo ejemplar y ecuménico de vidas virtuosas y ejemplos de belleza, calidad de vida, coraje y libertad”.

 

El diálogo de Buschendorf con West gira en torno a seis hombres y mujeres, brillantes intelectuales orgánicos y activistas, incansables luchadores por la libertad y contra la institucionalización esclavista estadounidense, todos ellos figuras proféticas negras que se enfrentaron a las asimetrías de poder y a las desigualdades sociales y étnicas: Frederik Douglass, W. E. B. du Bois, Martin Luther King, Ella Baker, Malcolm X e Ida B. Wells. West destaca su convicción moral de la igualdad de todos los seres humanos, su crítica al supremacismo blanco, al Estado imperialista y racista de EE UU y al terrorismo estatal como fenómeno fundamental en el mantenimiento del experimento democrático estadounidense.

 

Estos intelectuales no son solo líderes carismáticos, sino que están vinculados a los movimientos sociales: Douglas al movimiento abolicionista, Du Bois al panafricanismo, al movimiento obrero internacionalista y al de la liberación negra, Luther King al movimiento internacionalista y a los derechos civiles y laborales, Ella Baker al movimiento contra la segregación racial, Ida Wells al movimiento antiterrorista norteamericano, Malcolm X al movimiento nacionalista negro. West presenta a Malcolm X como “el profeta de la rabia negra” y el representante del ala revolucionaria de la tradición profética negra.

 

Cornel West define a Martin Luther King como el intelectual orgánico más exitoso de la historia norteamericana, que logró unir la espiritualidad y el cambio social con gran eficacia política y convicción moral

 

La figura más relevante de dicha tradición es Martin Luther King, a quien define como el intelectual orgánico más exitoso de la historia norteamericana, que se identificó con las personas pobres y desvalidas y logró unir la espiritualidad y el cambio social con gran eficacia política y convicción moral. En el sermón del del 28 de agosto de 1966 en la Iglesia bautista Ebenezer sobre El Buen Samaritano afirmó: “He decidido identificarme con los desvalidos y los pobres, entregar mi vida a los hambrientos y a quienes viven a la sombra de radiantes oportunidades”.

 

West ha publicado recientemente una edición de los Textos y discursos radicales, de Luther King (Editorial Tinta y Limón) en los que desentierra al King radical y “su testimonio visionario, encarnado en sentimientos antiimperialistas, anticoloniales y antirracistas y en el socialismo democrático”.

 

Durante su campaña electoral, Cornel West ha vuelto a resucitar el fuego profético, moral y revolucionario negro. No será elegido presidente de los Estados Unidos, pero habrá contribuido a despertar la conciencia pacifista, antirracista, intercultural, interreligiosa e interétnica en la ciudadanía norteamericana. Y eso ya es una victoria.

artículo completo en Babelia - El País

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Escribir para conjugar la nostalgia de Egipto

En ‘Estaciones’, el escritor egipcio Tarek Eltayeb abre las entrañas del país norteafricano a través de sus memorias

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Tarek Eltayeb, autor de Estaciones. Una autobiografía, traducido del árabe al español por Luz Comendador, en Madrid durante la entrevista con Chema Caballero para El País.

Chema Caballero

Madrid - 07 may 2023 – El País – Planeta Futuro

La infancia de Tarek Eltayeb (El Cairo, 1959) son recuerdos del barrio de Ayn Shams, en la capital egipcia. A él se redujo su mundo durante muchos años. A sus calles llenas de arena y polvo, al olor a estiércol de los palmerales y sembrados y al calor ardiente. Allí estaban los patios donde crecían los árboles cuajados de mangos o guayabas, o los huertos claros donde maduraban los tomates que él y sus amigos robaban. Luego vino la escuela coránica en la que aprendió a leer las letras del alfabeto árabe. Y eso le llenó de orgullo. Leyó sin parar los carteles que encontraba o las inscripciones de los cucuruchos de pipas o cacahuetes y luego los libros que descubrió en la biblioteca de su padre. Él no entendía aquel idioma tan distinto al dialecto cairota que todos a su alrededor utilizaban. Su madre, que nunca había ido a la escuela, le traducía aquellas palabras para que él se las apropiase.

Muchos años después, ante las críticas que recibió su primera obra de teatro, El Ascensor, por estar escrita en dialecto y no en árabe clásico, había de recordar aquellas tardes de lectura y erigirse en claro defensor de su lengua madre, que es la misma que habla el pueblo. Porque hay expresiones que, si no se dicen en ella, mueren. Además, el idioma es un ancla para una persona que se ve obligada a vivir lejos de casa.

Los recuerdos de Eltayeb también abarcan el barrio de Husainiyya, donde vivían la abuela y la bisabuela. Es el lugar de las romerías a las tumbas de los santos y de las fiestas. Es también el sitio en el que se escuchaban los seriales de la radio y las historias y cuentos de la saga familiar. Luego están los traslados a El Arish, en la península del Sinaí. El espacio de la “felicidad sin límites”, donde la familia pasaba los largos meses de verano junto al mar y las palmeras.

Y así, hasta la universidad, cuando un cambio de leyes le considera extranjero y no puede proseguir sus estudios. La razón es que su padre, aunque trabajaba en la policía de fronteras, era sudanés. Había migrado a El Cairo, donde conoció a su mujer. Por consiguiente, él también fue considerado sudanés, aunque visitó el país por primera vez con 20 años. De ahí era el pasaporte que durante tanto tiempo le acompañó y tantos problemas le causó al cruzar las fronteras. Ahora, con documentación austriaca, no los tiene, pero existen otros debido al color de su piel. Las fronteras, ya sean físicas o mentales, fueron creadas para eso. Para marginar a la mayoría de los ciudadanos del mundo.

De esta forma, Eltayeb desgrana las etapas de su vida, como si se tratasen de las paradas de un tren que nunca llega a su destino, en su autobiografía Estaciones (Ediciones del oriente y del Mediterráneo, 2022. Traducción del árabe de M. Luz Comendador Pérez). Una obra que recoge los primeros 25 años del autor, una época llena de colores, olores, sabores y sensaciones bañadas por la luz de El Cairo. Los 25 siguientes, donde se ve obligado a adaptarse al frío de Viena. Y luego, tras años de ausencia, el regreso a la ciudad que le vio crecer y la comprobación de que todo es más pequeño de cómo lo recordaba.

El deseo de continuar sus estudios le hizo migrar. Como ya había hecho su padre. Y siguiendo el curso del Nilo, que al revés del resto de los ríos del mundo, fluye de sur a norte, partió de su país y llego a Viena, a orillas del Danubio. Allí le recibió el silencio, el frío, la falta de sol, de familia y de amigos. Además, se tuvo que enfrentar a la carencia de un idioma con el que comunicar y a los duros trabajos reservados a los últimos que llegan. En medio de aquella soledad, Eltayeb comenzó a escribir sobre las escenas y personajes familiares que empezaban a transitar, debido a la distancia, del mundo del recuerdo al del sueño. “La escritura me salvó de perderme a mí mismo en Austria”, comenta mientras esboza una gran sonrisa, antes de añadir: “Empecé a escribir para hacer que mi familia estuviera conmigo, viniera a mí. Aquí está mi padre, cuando escribo, y aquí está mi hermana y mis hermanos. Como si estuvieran sentados conmigo”. Y recuerda: “Cada semana tenía a una persona de la familia y así sentía que estaba con ellos. Solo en papel... pero era suficiente”.

Con el paso de los años profundizó en aquellos escritos que finalmente han fraguado en esta autobiografía atípica, en la que no se respeta la cronología, sino que se juega con las sensaciones. Donde el autor dialoga consigo mismo y con el lector. Una obra escrita con un lenguaje sencillo que refleja el estilo de los cuentos que el pequeño Eltayeb escuchaba o los que inventaba para sus amigos. Es un libro que derrama evocación y emociones que se entrecruzan como si fueran los picos de un electrocardiograma.

[ artículo completo en El País - Planeta Futuro ]

 


POLÍTICA EXTERIOR Y DERECHOS HUMANOS

Este blog lo dedicamos, fundamentalmente, a hablar sobre nuestro libros, autores y traductores, y muy raramente haremos uso de él para tratar otros temas, pero tampoco lo excluimos. Viene esta reflexión a cuento de un reciente tweet del nuevo ministro de Asuntos Exteriores español (@jmalbares "Trabajo por l@s español@s en Europa y el mundo") en el que se vanagloria: "Llamo a consultas a nuestra embajadora ante los ataques a España y por la violación sistemática de derechos fundamentales del pueblo de Nicaragua". Nos hemos preguntado si esa contundencia y esa preocupación por los derechos humanos se ejerce solo en el caso de las antiguas colonias españolas y si no debería ejercerse también en el caso de la cooperante española Juana Ruiz, detenida desde hace ya cuatro meses por tropas israelíes en los territorios ocupados de Palestina, en el distrito de Belén, en condiciones que constituyen una afrenta a los derechos humanos y a los principios jurídicos más elementales.

 

Fotografía publicada en El País / EFE mientras Juana es conducida a declarar esposada de pies y manos.

 

Reproducimos a continuación el artículo de Teresa Aranguren publicado en InfoLibre en el que denuncia el secuestro de la cooperante española.

La detención de Juana

Teresa Aranguren @TereAranguren Publicada el 09/08/2021 a las 14:07

Si no hay un nuevo aplazamiento, que ya van tres, Juana Ruiz irá a juicio este 10 de agosto. Ante un tribunal militar israelí. Al igual que a toda la población palestina de los territorios ocupados, a Juana se le aplica la legislación militar, no así a los colonos para los que rige la justicia ordinaria. Es una de las manifestaciones del régimen de apartheid que Israel ha impuesto en territorio palestino. Y conviene recordar que las colonias, todas, son una violación flagrante de la legislación internacional y, según los términos de la Convención de Ginebra, al ser acciones que buscan “trasformar la demografía” del territorio ocupado en beneficio de la potencia ocupante, pueden ser consideradas “crímenes de guerra”. Pero esa es otra historia o quizá no.

 

A Juana la detuvieron bajo una figura supuestamente legal: “Detención con propósito de interrogatorio” por la que se puede arrestar a una persona sin comunicarle los cargos de los que se le acusa durante un periodo máximo de 75 días, lo cual es ya una aberración jurídica aunque no tan escandalosa como la fórmula de la detención administrativa que Israel aplica a la población palestina bajo ocupación militar y que supone una detención sin cargos prorrogable de seis en seis meses, indefinidamente. Hay casos en que esta prórroga ha durado años.

 

De cualquier modo, de lo que se trata es de dar envoltura legal a lo que es un atropello de los derechos humanos y una presunta justificación jurídica a las prácticas atroces de la ocupación. Hay todo un entramado legislativo diseñado para justificar lo injustificable, desde la tortura hasta el robo de la tierra. Por poner un ejemplo recordaré la llamada “ley de la propiedad de los dueños ausentes” dictada al poco de la creación de Israel que permitió al nuevo Estado quedarse con las propiedades de todo palestino que estuviera fuera de su vivienda en la fecha en la que se proclamó el Estado, 15 de mayo de 1948. Esto afectó a los bienes de todos aquellos que habían sido expulsados de sus hogares en las operaciones de “vaciado de población palestina” llevadas a cabo por milicias sionistas, luego ejército israelí, en los meses previos y posteriores a la creación del Estado de Israel y a quienes, sin salir de Palestina, huyeron de las zonas de combate hacia lugares más seguros en casas de parientes o en una segunda residencia en el campo. Desde humildes labranzas a grandes mansiones, todo pasó a manos del recién creado Israel. Sus dueños nunca han podido recuperarlas. La ley de la propiedad de los dueños ausentes nunca ha sido derogada. Una ley para cubrir la limpieza étnica y el robo de la tierra.

 

De entonces hasta ahora los métodos quizás se han refinado, pero el objetivo sustancialmente sigue siendo el mismo: eliminar o cuando menos reducir al mínimo la presencia palestina, la del pasado y la del presente, la que existió y la que existe y resiste en tierra palestina.

 

La detención de Juana tuvo lugar en la madrugada del 13 de abril. 20 soldados israelíes armados hasta los dientes irrumpieron en su casa en Beit Sahur en el distrito de Belén y se la llevaron. Ni siquiera tuvo tiempo de recoger sus gafas. Durante tres semanas estuvo detenida sin cargos y sin que nadie de su familia pudiera visitarla. Su marido, Elías Rismawi, médico palestino de Belén, se presentó cada día a las puertas de todas las prisiones en las que estuvo detenida sin saber aún de qué se le acusaba.

 

Finalmente, ya en mayo, se formalizaron los cargos: tener vínculos con una organización ilegal y desvío de fondos para financiar dicha organización. Se trata del Frente Popular para la liberación de Palestina (FPLP), un partido político de raíz marxista fundado por el médico cristiano George Habash en los años 60, cuando la lucha armada para recuperar la tierra de la que habían sido expulsados formaba parte sustancial de la estrategia de las organizaciones palestinas. El Frente, así se le conoce popularmente, es, junto a FATAH, la formación política más antigua de la resistencia palestina y tuvo entre sus filas figuras tan relevantes como el gran escritor Gassan Kanafani asesinado por el Mossad en Beirut en 1972. En la actualidad, el FPLP que, al igual que el resto de partidos políticos palestinos, ha ido evolucionando con el tiempo, es una formación de izquierdas con representación parlamentaria más bien escasa pero con un notable prestigio social. El hecho de que, a instancias de Israel, Estados Unidos y la Unión Europea hayan incluido al FPLP en su listado de organizaciones terroristas, lo ha convertido en excusa perfecta para criminalizar toda actividad social, humanitaria, asistencial o política de carácter progresista.

 

Israel siempre ha preferido a las organizaciones islamistas frente a las formaciones tradicionales del movimiento nacional palestino de carácter laico y modernizador; esgrimir la amenaza islámica es un método muy eficaz para acallar críticas, queda mejor decir que se está en guerra contra Hamás que contra una población indefensa y atrapada, mientras una lluvia de bombas cae sobre Gaza. Además los términos político-religiosos están en sintonía con la ideología que sustenta el Estado que se proclama “Estado judío” y cuyas leyes establecen una clara diferencia entre ciudadanos judíos y no judíos porque solo los primeros pueden ser considerados miembros de “la nación judía”.

 

No son las mezquitas lo que inquieta a las autoridades israelíes, sino las asociaciones de mujeres, los centros culturales, las fundaciones que fomentan la investigación, las bibliotecas, los grupos de teatro, los círculos de escritores, los sindicatos de campesinos y pescadores, las agrupaciones de abogados y juristas, las asociaciones de periodistas, las ONG que trabajan en proyectos educativos o sanitarios…En los últimos meses varias organizaciones de carácter humanitario y social han sido intervenidas por el ejército israelí en Cisjordania, entre ellas la Asociación de mujeres de Ramala, la ONG ADAMER que atiende a los presos palestinos en cárceles israelíes, la Unión de Comités de Trabajo Agrícola, el Centro para la Investigación y el Desarrollo de Bisan, la DCI una ONG en Defensa de la Infancia y los Comités de Trabajadores de la Salud (HWC ) donde desde hace décadas trabaja Juana Ruiz. En plena pandemia y en pleno proceso de vacunación, las 14 clínicas que HWC regentaba y que estaban llevando a cabo ese trabajo en Cisjordania han sido cerradas por el ejército israelí. Todo aquello que promueve el desarrollo y la cohesión de la sociedad palestina termina resultando sospechoso para las autoridades israelíes. La estrategia es acabar con todo aquello que permite a la población palestina resistir la atrocidad cotidiana de la ocupación, quebrar las redes de solidaridad interna que, pese a todo y frente a todo, hacen que la sociedad palestina no se hunda en la desesperanza. Y también, minar los vínculos de cooperación entre la sociedad palestina y Europa, ya que los fondos supuestamente desviados por la organización HWC y los de la mayoría de ONG palestinas provienen básicamente de la UE.

 

A este respecto y en respuesta a una pregunta de la europarlamentaria Soraya Rodríguez, el representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, ha afirmado que “no ha encontrado pruebas fundamentadas de uso indebido o desviación de fondos en Palestina”. La respuesta de Borrell, pronunciada apenas tres días antes de la fecha fijada para el juicio, parece echar por tierra las acusaciones israelíes o cuando menos indica que la UE no se las traga. Lo cual es reconfortante en tanto que europeos pero escasamente eficaz a la hora de cambiar la estrategia de la ocupación israelí.

 

Juana Ruiz es ciudadana española y por tanto europea y es de suponer que tanto el Gobierno de España como las instituciones de la UE están realizando gestiones que el lenguaje diplomático suele calificar de discretas, por no decir secretas, ante el Gobierno israelí. No dudo de la buena fe de quienes llevan a cabo esas hipotéticas y discretas gestiones, pero eso no basta. Esta no es una cuestión de soberanía y respeto a las leyes de otro país porque las leyes que Israel aplica en los territorios palestinos ocupados, las que está aplicando en el caso de Juana Ruiz, no son respetables, son leyes coloniales, leyes que avalan el apartheid, el castigo colectivo y en muchos casos el crimen de guerra. Esta es una cuestión de derechos humanos y frente a eso no cabe la discreción ni el silencio.

 

Juana Ruiz está a punto de cumplir 63 años y, desde hace más de 30, vive con su familia en Beit Sahur, en el distrito de Belén, en la Cisjordania ocupada; esta española de Palestina o palestina de España es una persona muy querida por sus vecinos y por todos aquellos, sean cooperantes, periodistas o simples viajeros, que han pasado por Belén y por su casa. Porque su casa, hospitalidad árabe o hispana o ambas a la vez, siempre está abierta al visitante y al amigo.

 

Esta mujer afable y solidaria lleva encarcelada cuatro meses y va a ser juzgada por un tribunal militar israelí en virtud de una legislación colonial diseñada no para impartir justicia, sino para aplastar todo indicio de resistencia a la ocupación militar de Palestina.

artículo completo en infoLibre

 

 

 

 

 


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