No es fácil ser palestino: versos sobre los escombros para mantener la identidad de un pueblo, por José A. Cano en El Salto

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“Los días era largos/hacíamos de todo/y nunca se acababan./Brillaba el amor/y corría/como el agua en las veredas/y en los caños […] No sé cómo el dolor/se ha metido en mi corazón,/porque yo no he abierto la boca/para nada,/salvo para reír”.

Así empieza y acaba “Los días eran largos” de la poeta Amina Abu Safat, nacida y residente en Nablus, desde donde el pasado 17 de mayo escribía: “La guerra, con su crueldad, ha destruido mi fe en la palabra como algo útil para los hambrientos, los enfermos, los oprimidos y la gente sin un techo”.

Luz Gómez ha traducido y recopilado Maneras de ser palestina. Antología de nuevas poetas (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2025), donde pide a las diferentes autoras una pequeña poética en la que expliquen qué significa para ellas escribir en estos momentos concretos, del que hemos extraído el poema y los pensamientos de Safat. “La mayoría de las autoras insisten en que existe una lógica sistemática de Israel, una voluntad de aniquilar al pueblo palestino, que no se puede comprender de manera aislada y como un hecho excepcional”, explica Gómez. “Para ellas es un fenómeno que viene desde la Nakba en 1948 y por eso el poema ‘Si he de morir’, de Refaat Alareer, que murió en diciembre de 2023 en un bombardeo, se comparte como si fuese escrito pocas semanas semanas, cuando en realidad es de 2011”.

Mona Musaddar, nacida en Gaza en 1998, vive y trabaja como traductora en Doha, Catar. Su poema “Los adioses”, incluido en la antología de Gómez, arranca con los versos: “Lo de las balas es como una broma/hasta que te aciertan y no hay mano/de herrero que las doblegue”. Contesta a nuestras preguntas por correo y en inglés para valorar que no se atreve a definir la idea de “poesía palestina” en un marco concreto —ya existieron poetas palestinos críticos con el Mandato Británico o los asentamientos sionistas antes de la Segunda Guerra Mundial, como Ibrahim Touqan y Abedalrahem Alkarmi— o unas temáticas relacionadas con la guerra. “La poesía palestina es una literatura viva que funciona no solo como un acto creativo, sino también como un medio para documentar el dolor, el amor, la pérdida y los esfuerzos por vivir y sobrevivir”, añade.

Por eso, explica, “es diversa y no puede limitarse a un solo tema o estilo. Incluye poesía  en árabe estándar y en árabe coloquial, o poesía compuesta originalmente en inglés por poetas palestinos como Suhair Hammad y Mosab Abu Toha, o en francés, como Karim Kattan, entre otros”.

Poesía de escombros y despojos

“Se tiende a separar la poesía del exilio palestino de la de quienes permanecen en Gaza o Cisjordania, pero esa diferencia no existe para las autoras”, afirma Ignacio Gutiérrez de Terán, traductor y compilador de Gaza. Poemas contra el genocidio (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2025), otra antología en la línea de la de Gómez, pero que ha primado obras posteriores al 7 de octubre de 2023 y la actual guerra.

La dificultad de transmitir la rítmica árabe al castellano implica “plasmar el sentido del ritmo interno, en el que no hay rima, ni hay ningún tipo de medición de versos, ni nada por el estilo, sino que se busca, sobre todo, dentro de la estética poética actual, el impacto visual más que otro tipo de cosas”, explica. “Muchas veces son poemas compuestos por imágenes, son ideas, se juega mucho con la paradoja, con lo que no se dice, con lo que se da a entender”. En su opinión, en muchas ocasiones se trata de poemas hechos desde el dolor, el sufrimiento y la incertidumbre, donde aparecen de forma insistente las palabras “desplazamiento” o “muerte”. “Hay una palabra que me llamó la atención cuánto se repetía: ‘baqaya’ (بقايا), que se puede traducir como despojos, muñones, restos humanos… es un tipo de imagen que se nota que ha quedado grabada en la mente o el corazón de muchos poetas”.

Otra idea recurrente es relacionar “la familia, la tierra, el cielo, el agua... es decir, como un intento de aferrarse a lo que les queda, que en algunos casos no era mucho”, reflexiona el traductor. “‘Hutam’ (حطام), escombros, es otra palabra que aparece con profusión. La guerra del régimen de Tel Aviv ha dejado poco espacio a los poemas de amor, creo yo”.

Luz Gómez, por su parte, explica cómo las redes sociales, sobre todo Facebook pero no solo, se han convertido en una vía fundamental de comunicación entre los autores y para la difusión de su poesía. “Maya Abu Al-Hayat, que nació de padres exiliados y ahora vive entre Jerusalén y Ramala, tiene un poema que se titula ‘No es fácil ser palestino’. Las redes han sido fundamentales en mantener esa identidad y suplen esa infraestructura editorial o de revistas que permita la difusión de una obra”, aclara. Para la traductora, “todas las autoras tienen la conciencia de que, desde su experiencia individual, contribuyen a la resistencia y el arraigo de los palestinos para no desaparecer como pueblo”.

“Hasta 2021 no había escrito del genocidio”

Musaddar explica que su salida de Gaza a finales de 2021 tiñó su poesía del “anhelo del hogar. Anhelo calles que ya no existen, amigos que fueron asesinados, el rostro y el alma de la ciudad que conocí y sentí. Creo que mientras continúe la ocupación, cada palestino, así como su poesía, se enfrentará al exilio de una forma u otra”. Ella confiesa que antes no escribía sobre Palestina sino que trataba de humanizar la experiencia palestina como seres humanos sin guerra. “Me centraba más en humanizarme a mí misma, mi experiencia y la experiencia de mi pueblo como personas normales, sin ser héroes, mitos ni estar etiquetados con la guerra cada vez que nos conoces y nos presentas”.

En 2014 escribió por primera vez sobre la guerra: correr bajo los bombardeos, casas temblando, personas heridas, tanques y desplazamiento a escuelas de la UNRWA. Más tarde, en 2020, firmó crónicas periodísticas. Pero la agresión actual ha sucedido mientras no estaba en Gaza: “Empecé a escribir mientras veía todo lo que conocía y amaba en un genocidio transmitido en directo. Una parte de mí estaba en un mundo paralelo mientras la otra parte estaba en Gaza”.

Musaddar reconoce que el exilio y el genocidio han afectado profundamente a su poesía, convirtiéndola en un acto de testimonio, “no solo sobre la vida cotidiana de personas normales bajo una ocupación brutal, sino también sobre alzar la voz contra el dolor, la pérdida, la matanza masiva, el borrado de nuestra existencia y muchos otros actos de violencia sistemática”. Y admite que su único deseo es “permanecer fiel a los palestinos como un ser humano normal que sigue enfrentándose al terror brutal, la violencia sistemática y la limpieza étnica”.

Tanto la antología de Gómez como la de Gutiérrez de Terán incluyen poemas de Dareen Tatour, poeta y fotógrafa que fue encarcelada en 2018 por las autoridades israelíes acusada de incitar a la violencia con un vídeo de una lectura de uno de sus poemas en redes sociales. Maneras de ser palestina presenta su poema “Una poeta entre rejas” donde reflexiona sobre esa experiencia y las personas a las que conoció en prisión. Gaza. Poemas contra el genocidio incluye otro titulado “No moriré”: “Seguiré soñando mientras viva/tanto como quiera y pueda./Así es como he de vivir./Los muertos, esos sí que no sueñan./Pero yo nunca dejaré de soñar/y por eso permaneceré./No moriré jamás”.

Artículo completo en El Salto

 


‘¡Oíd, humanos!’: el místico de la poesía iraní, una voz de la civilización que Trump amenaza con destruir

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Qué decir de los legendarios Omar Jayyam, el autor de las célebres Rubayat; del místico Rumi, que compuso el monumental Masnavi; y del también poeta místico Attar, autor de El lenguaje de los pájaros. Ya en el siglo XX, el mito más reciente de la poesía iraní es Forugh Farrojzad, muerta en 1967 de forma trágica. Precisamente ella consideraba a Nima Yushij, el poeta que ahora se traduce al castellano por primera vez, un inspirador a la altura de Hafez, al entender la poesía como un lugar de perfeccionamiento de lo humano.

 

La vida de Nima Yushij (1897-1960) coincide con la radical transformación de Irán. En 1905, una fallida revolución constitucionalista dio pie a una época de convulsiones y modernización, hasta el punto de que en 1935 la antigua Persia pasó a llamarse oficialmente Irán. En 1953, un golpe de Estado planeado por la CIA liquidó el proyecto altermundista del primer ministro Mosaddeq, hecho que se ha traído a colación últimamente con motivo de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Yushij fue encarcelado por sus simpatías comunistas, y a su muerte apenas gozaba de reconocimiento. Veinte años después, en un Irán ya en plena efervescencia revolucionaria, se había convertido en el “santo” de la poesía iraní contemporánea, un clásico indiscutible. A Yushij le siguieron poetas que en Occidente, paradójicamente, son más conocidos que él, como Sohrab Sepehrí o Ahmad Shamlu. Pero en Irán la genealogía está clara.

 

La poesía de Nima Yushij ve la existencia de una manera trágica. Una tragedia que se desarrolla en una naturaleza sabia. La fuerza de la naturaleza lo puede todo. Irán es un país de una naturaleza grandiosa: en la poesía de Yushij hablan los ríos, los lagos, las arboledas, la fauna, las estepas. El hombre, marcado por el conflicto histórico (el mundo es una “hospedería asesina de huéspedes”), busca en la naturaleza el sentido y la unión. Y lo encuentra en la noche y en la soledad.

 

Los poemas de Yushij rezuman un esplendor místico. El ser humano aparece poco, hay pocos personajes en sus versos, todo lo más figuras solitarias que son un trasunto del propio poeta. Lo cual no quiere decir que su poesía no contemple a los demás y no se dirija a ellos y tenga hasta cierto carácter político, dada la amplitud de su simbolismo: “Claro es para vosotros el propósito de mi palabra: / una mano sola carece de voz, / mi mano pide auxilio a vuestras manos”. Un simbolismo enraizado, por otra parte, en una cosmovisión chií de la vida, que aguarda la llegada del mahdi, el imam oculto que redimirá los tiempos: “Es hora de que el fin de los tiempos lance un bramido”, dice el poema que cierra esta antología. De momento, el bramido es el de la guerra.

 

Artículo completo en Babelia/El País


EDICIONES DEL ORIENTE Y DEL MEDITERRÁNEO "PREMIO AMISTAD 2025 DE CASA ÁRABE"

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Agradecemos la concesión por parte del jurado del Premio Amistad 2025 de Casa Árabe y apreciamos enormemente su valoración de nuestra editorial en la justificación del premio:

"El jurado ha valorado su destacada labor en favor del conocimiento y la difusión de la cultura árabe en España, mediante la traducción y publicación de relevantes obras de autores de Oriente Medio y África del Norte, así como de reconocidos especialistas españoles y europeos en la materia, en géneros que incluyen poesía, narrativa y ensayo. Desde 1989, la editorial ha desarrollado un esfuerzo sostenido y riguroso que ha contribuido de manera significativa al fortalecimiento del entendimiento mutuo y al diálogo intercultural".


Beatriz Lecumberri entrevista en El País a la poeta palestina Hind Joudah, una de las autoras recogidas en la antología "Maneras de ser Palestina"

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Beatriz Lecumberri entrevista en El País a Hind Joudah, una de las quince poetas reunidas por Luz Gómez en la antología "Maneras de ser Palestina".

Hind Joudah se detiene con gesto sorprendido ante una bandera palestina desgarrada que ondea en la puerta de una cafetería en el centro de Madrid. El dueño le explica que alguien la ha rasgado esa noche, pero que así queda incluso más auténtica y no la piensa quitar. Esta poeta palestina de 42 años, que pudo salir de la Franja de Gaza meses después del inicio de los bombardeos israelíes y vive en Egipto, afirma que la solidaridad que transmiten esos detalles la reconforta desde hace meses. Desde octubre de 2023, siente que la poesía es como lanzar al mar un mensaje en una botella. “Un mensaje enviado desde una tierra aislada y en llamas, que llega hasta personas que están lejos, como ha ocurrido aquí en España, pero también en Italia o en Francia”, explica, en una entrevista con este periódico.

Sus versos están recogidos en la recién publicada antología Maneras de ser palestina (Ediciones del oriente y del mediterráneo), en la que Luz Gómez, catedrática de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid, ha reunido a 15 autoras palestinas menores de 50 años de Gaza, Cisjordania, Jerusalén, Israel y la diáspora.

La poesía de Joudah y del resto de autoras sorprende, conmueve e interpela: “El futuro está preso, y cada vez que levanta la cabeza, una guerra lo mata”, escribe Neama Hassan, desde Gaza. “Para ser una madre palestina, tienes que aprender a contar cuentos de hadas en las noches eternas de los bombardeos”, relata desde Jerusalén Maya Abu Al Hayat. “Las balas no me dieron tiempo a abrazar el corazón de mi amado”, solloza en sus versos Mona Musaddar, palestina que vive Doha.

 

Pregunta. ¿Por qué siente que escribir poesía es como lanzar al mar un mensaje en una botella?

Respuesta. Primero porque Gaza está a orillas del mar y segundo, porque la gente ve la masacre contra mi pueblo a través de una pantalla y mis poemas permiten decir cómo me siento realmente y recogen mi verdad. Son un mensaje enviado desde una tierra aislada y en llamas, que llega hasta personas están lejos, como ha ocurrido aquí en España, pero también en Italia o en Francia.

 

P. Uno de sus poemas dice: “Soplaré las heridas de Gaza y le cantaré para que se duerma. Le taparé los oídos para que no oiga el rugido de los aviones”.

R. Son los versos de una madre, que escribe poesía desde una Gaza en guerra, un lugar lleno de personas que necesitan protección y cuidado, como nuestros hijos cuando son pequeños. Es mi vida hecha palabras.

 

P. ¿Qué hace única a la poesía escrita por mujeres palestinas recogida en esta antología?

R. El poema que acabo de mencionar solo lo puede escribir una mujer. Es totalmente femenino. En esta guerra, las mujeres lograron contar y el mundo nos escuchó y nos dio un espacio. Mis poemas se han traducido a 15 lenguas y eso es muy importante. No soy un caso único, pero ha tenido que ocurrir algo tan terrible para que nuestra voz se oiga. Y esta antología termina de hacernos justicia, porque reúne las voces de 15 poetas.

 

P. ¿Escribió mucho durante los meses de guerra que vivió en Gaza?

R. Mucho. Era una necesidad. La poesía es mi vida, mi manera de existir. Cuando Israel comenzó a bombardear, empecé a escribir sobre todo aquello y a publicarlo online. Tenía mucho miedo a morir y sentía esa urgencia de plasmar ciertas cosas antes, por si acaso. Para que mis sentimientos y los de la gente a mi alrededor se quedarán ahí reflejados.

 

P. Hace un tiempo entrevistamos a otro poeta gazatí, Nasser Rabah, y decía que la poesía era un deber patriótico.

R. Estoy de acuerdo. La poesía se convirtió en una manera más de documentar el horror de Gaza. Mis palabras llegan al mundo y quiero pensar que sirven de algo. Los versos de estos dos años no tienen muchos artificios, son una foto de la realidad contada de manera subjetiva, con mucho sentimiento y sobre todo dolor. Mis versos hablan de la falta de pan y de azúcar, de las ruinas, del miedo y del sonido de los drones israelíes.

 

P. En uno de sus poemas dice que se siente avergonzada por tener ropa limpia y no pasar frío.

R. Ese poema lo escribí desde la zona central de la Franja, cuando Israel bombardeaba sobre todo el norte y el sur. Dentro del horror, me sentía mucho más segura que otros familiares o amigos y eso me hacía sentir mal. Pero los momentos de culpa más fuertes los he sentido después. Hace un tiempo me invitaron a París a leer mis poemas. Y llegué allá, a una ciudad preciosa, tan a salvo... y me dije ‘¿qué hago yo aquí mientras mi familia está en Gaza?’ Me derrumbé.

 

P. ¿Dónde está en este momento su familia?

R. En el centro de Gaza, en la zona de Al Zawaidah, en la casa de mi padre, donde hay unas 40 personas de la familia desplazadas. No hay ventanas y hay un gran agujero en el salón debido a un proyectil, pero todavía es una casa. El ejército israelí no llegó a entrar en el pueblo en estos dos años. Y los vecinos se ayudaron mucho unos a otros, consiguieron sembrar algún pepino y tomate y fueron sobreviviendo.

 

P. ¿El alto el fuego la hace respirar y tener más esperanza?

R. Creo que lo más cierto que se ha dicho sobre el alto el fuego es que Donald Trump está tratando de salvar a Israel de sí mismo. Yo no logro estar del todo tranquila y confiar. Espero que no vuelva a haber masacres y bombardeos, porque Gaza necesita un periodo de calma hasta que se pueda llegar a hablar de una solución más definitiva.

 

P. Entonces, sigue siendo difícil proyectarse en el futuro.

R. Yo no tengo ningún plan. Me da miedo que no podamos volver y que haya mucha gente que se vea obligada a salir. Mi abuelo tuvo que marcharse de Ashdod, hoy en territorio israelí, hace más de 70 años y arrastramos esa pena desde entonces. No queremos que nuestros hijos sufran un nuevo exilio, una nueva Nakba. Yo siento que puedo afrontar la pérdida de mis padres, pero no podría nunca aceptar la pérdida de Gaza.

 

P. ¿Cómo recibe Egipto a familias gazatíes como la suya?

R. Las autoridades egipcias no nos lo ponen fácil. Mis tres hijos, por ejemplo, no tienen derecho a ir a la escuela pública en El Cairo. Así que, como ocurre con todos los niños gazatíes que viven en el país, estudian online con profesores de Cisjordania. En el fondo, quieren que nos marchemos. Bueno, entonces, creen las condiciones, abran la puerta y volveremos a Gaza.

 

P. ¿Cómo es escribir desde el exilio?

R. Más complicado. No se pueden sentir las cosas igual. He escrito mucho sobre el dolor y sufrimiento de Gaza y ahora, la pregunta que planea en mis versos es: ¿por qué el mundo no ha hecho nada? Aunque sé que aquí en España hay manifestaciones importantes, he podido incluso ver una y he enviado fotos a mi familia en Gaza para se sientan menos solos.

 

P. En esta antología hay otra autora gazatí, Batool Abu Akleen, que escribe sobre la tumba que quiere para ella sola. Tiene solo 20 años. ¿Qué le provoca leer esos versos?

R. En Gaza ha habido tantos muertos que no se ha podido enterrar a la gente individualmente. Hay tumbas colectivas. Los versos de esta mujer tan joven nos golpean y nos chocan. Ella debería estar pensando en bailar y amar, pero esa es nuestra vida.

 

P. ¿Cuál fue su último poema?

R. Habla sobre mi barrio, Tel al Hawa, en Ciudad de Gaza, que está totalmente destruido. Dice algo así: “Me acuerdo de sus árboles, de cómo suena el viento en sus ventanas, conozco el olor del mar y el reflejo del amanecer en cada rincón. ¿Esto es de verdad? La ciudad se escapa, se mezcla con las piedras y parece que todo huye, mientras los corazones están bajo las ruinas de las casas. ¡Ay, Gaza! A la vista de todos estás a punto de desaparecer". Es tan doloroso que ni siquiera he querido compartirlo con mi familia.

Artículo completo en El País


"Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas" con Hind Joudah, Luz Gómez y Natalia Erice en el Círculo de Bellas Artes

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El próximo viernes, 3 de octubre, en el Círculo de Bellas Artes de madrid:

Presentación de "Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas", a cargo de Luz Gómez, autora de la selección, edición y traducción de los poemas de quince autoras palestinas nacidas después de 1977.

Luz Gómez es catedrática de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid, Premio Nacional de Traducción y traductora de poesía árabe.

La autora estará acompañada por Hind Joudah, nacida en 1983 en el campamento de al-Buraij, en Gaza. Es autora de las siguientes colecciones de poesía: "Siempre hay alguien que se marcha" (2013), "No queda azúcar en la ciudad" (2016) y "Un dedo que logró salvarse" (2024).

Natalia Erice es actriz de teatro, cine y televisión, y como periodista cultural ha sido responsable durante siete años de On Madrid y colaborado con el Centro de Documentación Teatral y otras publicaciones .

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Gaza: el poema hizo su parte, de Nasser Rabah

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El poema hizo su parte y se marchó. Ya no hay fiesta ni celebración de nacimiento. No hay flauta que guíe a quienes acuden a la oración del encuentro. No hay nubes con las que intercambiar elogios, ni árboles que me llamen con hermosos nombres o extiendan mi sombra. Rezo a una ventana: su raíz está en mi corazón, y tiende sus ramas sobre mi nostalgia.
El poema hizo su parte y se marchó. En cuanto al verbo, quedó para los desdichados que labran un jardín, con sus rosas, sus cipreses y vino que inspira a las espigas de las canciones. Pero lo dejaron todo y siguieron el rastro del poema hasta el alba. En cuanto al significado, aquel espejismo que me seguía, y yo a él, era blanco flotando sobre aguas estancadas. Le dije: «Sé», pero no fue. Le dije: «No seas», y fue blanco flotando sobre aguas estancadas. En su orilla yo miraba mi reflejo y lo negaba, miraba mi reflejo y lo negaba, mientras que a mis espaldas cantaban mil gallos...

Nasser Rabah nació en 1963 en uno de los campamentos gazatíes de refugiados, el de Magazi, levantado por la UNRWA en 1949 para acoger a familias expulsadas por Israel de los pueblos del centro y sur de Palestina. Pasó parte de su infancia en El Cairo y allí estudió ingeniería agrícola. En Magazi vive y tiene su casa, que se ha resistido a abandonar durante la reciente guerra de exterminio pese a haber sido parcialmente destruida. Rabah no ha podido salir de Gaza en los últimos doce años. Su biblioteca personal ha sido asolada, una pérdida incalculable para un escritor atrapado en un lugar que Israel lleva décadas buscando convertir en un erial intelectual: en Gaza, Israel ha «testado» con especial saña todos los medios de aniquilación de la cultura y el conocimiento palestinos: ha abatido a los individuos —escritores, artistas, profesores— y ha arrasado las instituciones —bibliotecas, teatros, centros culturales, universidades, archivos—. La magnitud de la devastación es tal que en uno de sus últimos poemas, fechado el 26 de junio de 2024, Rabah llega a decir:

Las bibliotecas se buscan a sí mismas entre las cenizas.

No importa… Ningún libro conmueve mi corazón

tras el libro de los tanques.

Nasser Rabah se aferra a su móvil, que se ha convertido en vínculo con el mundo y consigo mismo, un móvil biblioteca, ordenador, teléfono y cámara con que documentar el genocidio: «Escribir notas en el teléfono … es un medicamento para tratar los síntomas de la guerra. Es lo que me sostiene para que no me hunda». En esto, en las formas de resistencia/resiliencia, en el intraducible sumud palestino, también ha introducido cambios el 7 de octubre de 2023. No solo en Gaza, en Palestina en su conjunto. Y cómo no, en el quehacer poético, que nunca ha dejado de ser una forma de sumud.

(de la Introducción de Luz Gómez a Gaza: el poema hizo su parte, de Nasser Rabah, traducido del árabe por Alberto Benjamín López Oliva, la ilustración de la cubierta es de Ana Camusso)

La actriz Natalia Erice recita los poemas "Sin correo desde hace años" y "Patria fuera de servicio".


"Palestina/48. Poemas del Interior" y "Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído. Poemas desde Gaza" en los medios

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Luz Gómez presenta "Palestina/48. Poemas del Interior" en el programa Mediterráneo de Radio 3

Iñaki-Urdanibia-Voces gazatíes-Mosab Abu Toha-Poemas desde Gaza

La voz de un poeta 

«La identidad, es lo que nosotros legamos, no lo que heredamos, es lo que inventamos, no lo que recordamos» 

                                                       Mahmoud Darwish 

«En Gaza, algunos no podemos morir completamente. Cada vez que cae una bomba, cada vez que la metralla golpea nuestras tumbas, cada vez que los escombros se amontonan sobre nuestras cabezas, despertamos de nuestra muerte provisional» 

                                                       Mosab Abu Toha 

 

El autor del libro que presento, Mosab Abu Toha (Gaza, 1992), es considerado como uno de los exponentes principales de la poesía palestina de su generación; además de poeta, es ensayista, periodista, fundador y director de la Biblioteca Edward Said de Gaza. El libro que presento es «Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído», publicado por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo. En él se presentan los poemas escritos durante los asedios que Gaza ha sufrido desde 2001 (2008, 2012, 2014, 2021) y los poemas que escribió durante una beca en Harvard y sus estudios en la universidad de Siracusa; esta, su primera obra, recibió varios premios de los más sonados del mundo literario. No está de más señalar que el título se refiere a su oído, que fue dañado gravemente, a sus dieciséis años, a resultas de un bombardeo israelí, de ahí que la dedicatoria del libro vaya dirigida a la otorrinolaringóloga que le atendió, y de ahí resalta la importancia de «los silencios de los muertos, la voz y el paisaje sonoro, las voces de sus seres queridos y el trino de los pájaros que hacen contrapunto a los cazas, los drones y las bombas que aniquilan y siembran la muerte» que destaca con sobrada razón Joselyn Michelle Almeida en la Presentación

«En Gaza, no sabes de qué eres culpable. Es como vivir en una novela de Kafka» dice el escritor en una de las entradas del texto que abre el volumen: Palestina de la A a la Z. Si la panorámica abecedaria que ofrece es, obviamente en prosa, al igual que la entrevista final realizada por Ammiel Alcalay. Tout le reste c´est de la poésie. 52 poemas en los que las lágrimas, la muerte, el humo, las calles en ruinas, los cuerpos mutilados, la pobreza al por mayor, y el único certificado de ciudadanía es el que consta en el carnet de identidad. Versos desgranados en el corazón de las tinieblas, la electricidad cortada cada dos por tres, la muerte provocada de familiares, de niños de los que solamente se halla el biberón tras el bombardeo y los drones que sobrevuelan las ruinas y las solitarias casas que aún quedan en pie, y que en su boquetes dan fe de los impactos (la portada del libro da muestra de uno), como el de su propio despacho, la pared agrietada, el tic tac del reloj parado y los anaqueles con los libros que han volado al suelo. Y su padre, su abuelo, sus conocidos dejan ver su presencia en los sintientes versos que retratan la ciudad estrangulada y desnudada por sus saqueadores. Del mismo modo que quedan homenajeados sus seres queridos, elogia a su inspirador el poeta Mahmoud Darwish y los apoyos de Edward Said, Noam Chomsky, et allii , a los que hace pasear por las polvorientas calles de la tierra mutilada.  

Las preguntas recurrentes de a dónde ir y si no será mejor morir, que hacerlo en vida… y la lluvia de bombas de clavos, lanzadas por los F-16, por los omnipresentes drones, y las continuas explosiones convirtiendo la tierra palestina en un infierno (Dante no los había mencionado), con la gente derretida de miedo, y 

Corrimos a la radio, esa vieja caja sucia 

que a menudo vomita 

sangre y cuerpos despedazados en nuestros oídos, 

hospitales llenos de heridas y quemaduras, 

gemidos, un cadáver, y una niña que ha perdido una pierna 

tirada sobre un catre 

o sobre el suelo ensangrentado. 

Y los muertos a miles. «Y más de dos millones de personas / temiendo por sus vidas», y los habitantes convertidos en anónimos números para la morgue.  

Y una voz de abajo que «…me pide que deje de escribir poemas tan duros, / poemas con bombas y cadáveres, / casas destruidas y calles cubiertas de metralla, no sea que las palabras tropiecen y caigan en charcos sangrientos…» y el rojo de la sangre que todo lo invade hasta los propios cabellos del poeta que no clama a la desesperanza sino que toma la rosa como ejemplo de resistencia: «Nunca te sorprendas / si ves una rosa que resiste / entre las ruinas de la casa; / Así es como sobrevivimos.»…en algún luminoso verso presentaba una flor que brotaba de los restos de un misil, esperanza que igualmente transmite en la entrevista, en la que subraya, a pesar de los pesares, la belleza del mundo con sus mares, sus arenas, sus aguas, sus flores, sus frutos, las higueras… la esperanza de un pueblo y del futuro humano, y resuena, una vez más, la voz del poeta Mahmoud Darwish: «Tenemos en esta tierra lo que hace que la vida valga la pena»… y me resuena en la mente aquella admonición del solar Albert Camus cuando incidía que no eran tiempos apropiados para hablar de flores, o el dramaturgo alemán Bertolt Brecht que señalaba que eran malos tiempos para la lírica... más si cabe la poesía cuando esta es, como decía Gabriel Celaya, un arma cargada de futuro, y de presente… pero dejo de pisar el jardín.  

Concluiré diciendo que diez páginas centrales ofrecen significativas fotos del desastre, con pies de foto llenos de lirismo, reflejando la última la esperanza de la que hablo: «a pesar de todo, las fresas no han dejado de madurar». 

 

Artículo completo en kaosenlared


El 16 de mayo de 2024, en Casa Árabe, acto de conmemoración de la Nakba palestina con la presentación de Palestina/48, de Luz Gómez, lectura de poemas y música.

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El 16 de mayo de 2024, en Casa Árabe, acto de conmemoración de la Nakba palestina con la presentación de Palestina/48, de Luz Gómez, lectura de poemas y música.

El jueves 16 de mayo, Casa Árabe organiza en su sede de Madrid este acto de conmemoración de la Nakba en su 76 aniversario, con la presentación de la obra "Palestina/48" de Luz Gómez. El acto incluirá una lectura de poemas en árabe y español, así como un homenaje musical con laúd y voz. Inscríbete para asistir.

Nunca ha sido más pertinente hablar de catástrofe en Palestina. “Catástrofe” es lo que significa Nakba, pero no solo. Como todos los años, Casa Árabe organiza un acto en torno al 15 de mayo de 1948, cuando el Estado de Israel declaró la independencia sobre casi el ochenta por ciento de la Palestina histórica. En el proceso, más de 800 mil palestinos fueron expulsados de sus casas y tierras, mientras que 531 pueblos palestinos fueron borrados del mapa. El trauma que provocó es conocido como la Nakba. Pero los palestinos también se refieren a al-nakba al mustamirra, la “Nakba continua”: más allá de un acontecimiento histórico, es un proceso continuo de desposesión y limpieza étnica. Los últimos siete meses el mundo ha sido testigo del recrudecimiento de este proceso, en niveles de violencia e impunidad insospechados, una nueva nakba sin tapujos en pleno siglo XXI.

Sin embargo, las voces palestinas y de los defensores de su causa no han dejado de escucharse; en las calles de las grandes capitales del mundo y en los campus universitarios continúa la lucha por detener la limpieza étnica en Gaza y visibilizar la cultura palestina. El libro de Luz Gómez Palestina/48. Poemas del Interior, editado por ediciones de oriente y del mediterráneo, ofrece una selección de tres de los principales poetas palestinos del Interior, que tras la Nakba de 1948 se quedaron en el territorio que se convirtió en Israel: Rashid Hussein (1936-1977), Samih al-Qasim (1939-2014) y Taha Muhammad Ali (1931-2011). Las voces de estos poetas despertaron en los palestinos del Interior la conciencia de su identidad y la exigencia de igualdad y reparación. Con el tiempo, dieron cuenta también del fracaso de sus sueños y cantaron la lucha común por Palestina.

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Samih al-Qasim, Taha Muhammad Ali y Rashid Hussein, los tres poetas recogidos en Palestina/48

La presentación del libro a cargo de la autora irá acompañada de una lectura de poemas en árabe y español, realizada por distintas voces para conformar una suerte de coral poética por Palestina. Como colofón y como parte de esta coral, la cantante Linda Al Ahmed y el laudista Hames Bitar se unirán en un breve homenaje musical al pueblo palestino.

El acto podrá seguirse en directo en el canal de Casa Árabe en Youtube

 


El poeta troyano, de Mahmud Darwish, en edición de Luz Gómez, por Mohamed El Morabet

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El poeta troyano. Conversaciones sobre la poesía. la sugestiva antología de conversaciones del gran poeta palestino editada por Luz Gómez.

Leemos a Mahmud Darwish por su poesía y su prosa, por los numerosos artículos, por sus cartas, incluso por el eco de su voz en algunos discursos de Yaser Arafat o por sus letras acompasando el laúd del músico Marcel Jalifa.

Aunque también parece haber una razón esencial que nos empuja a releerlo: su vida condensa los fundamentos del artista que sublima su existencia al arte y a la búsqueda de la belleza en la inmensidad de lo pequeño.

El poeta troyano. Conversaciones sobre la poesía cuidadosamente editado y traducido por Luz Gómez transita por la geografía simbólica y conceptual del imaginario del poeta en su madurez. El libro agrupa cinco entrevistas concedidas entre abril de 1999 y diciembre de 2007, esta última apenas un año antes de su fallecimiento, a los 67 años en un hopsital de Houston.

¿Qué es la poesía? Cuestión a la que se enfrenta Darwish en varias ocasiones a lo largo del libro. Su respuesta no es nítida; oscila entre la tenacidad de quien se afana por conseguir un lugar desde donde insuflar intimidad a su quehacer poético y la perplejidad de quien se sabe incapaz de disociar sus poemas de su biografía y de las circunstancias que la enmarcan. “La poesía no expresa la realidad, ni se dedica a describirla. La poesía no es una cámara”, sentencia y arroja así un poco de luz, no para enfocar el cuerpo de la poesía, sino para iluminar la silueta del poeta que es, uno que se toma a pecho su oficio. “Escribir hoy es escribir sobre lo ya escrito”, dice Mahmud Darwish. Y el hoy de la frase es elástico, abarca siglos y generaciones.

Consciente de que publicó tempranamente: Pájaros sin alas apareció en 1960, recién cumplidos los 19 años. Y a partir de 1966, con Enamorado de Palestina, comienza una andadura que remolcará para siempre ciertos apelativos. «Poeta de la resistencia», «Poeta de Palestina» son los más repetidos de muchos que fue adquiriendo.

En medio de esta coyuntura, Darwish vuelve la mirada al pasado para observar con sosiego sus propios pasos y las huellas que dejaron. “El cambio es muy lento, a veces imperceptible, y en muchas ocasiones exige valentía por parte del escritor, que debe rebelarse contra la imagen preestablecida que de él se tiene y provocar un choque”.

Este choque hoy tiene forma de libro y, gracias a la audacia editora de Luz Gómez, se titula El poeta troyano. Tres elementos configuran las reflexiones de Darwish acerca de la rebelión que emprendió en su madurez: estructura, prosodia y sentido. Hoy más que nunca, por favor, recurramos a su voz. Estructura: “La poesía es básicamente una estructura: la articulación de las relaciones entre los elementos del poema; no hay nada gratuito, ni en las imágenes, ni en las metáforas, ni siquiera en el ritmo. (…) lo más difícil es la estructura dramática, especialmente por su carácter narrativo de naturaleza prosística, porque la necesaria relación o diálogo textual entre prosa y poesía no puede darse con un ritmo poético fuerte y ascendente, y se imponen ciertos descansos o silencios en el poema. Hay en ello un trabajo estructural más consciente, más visible. Pero retomando tu pregunta sobre mi aprendizaje, cuantos más conocimientos poéticos tengo, mayor es mi obsesión por la arquitectura del poema”.

Prosodia: “Amo la musicalidad del poema. Me apasiona la belleza de los ritmos de la prosodia árabe clásica. No puedo expresarme poéticamente si no es a través de la poesía con métrica, si bien no con la métrica tradicional. No. Del interior de los metros clásicos podemos extraer ritmos nuevos, una nueva respiración poética que saque a la poesía tanto del automatismo como de una impostación que chirría.» Sentido: “Lo que me gusta de las nuevas voces es que sienten que tienen que escribir sobre su yo más frágil, sobre sus turbaciones, sobre su marginalidad… El sentido que buscan difiere de lo que antes se entendía por sentido.

Antes el sentido precedía al texto, ahora se revela a través de su búsqueda en el propio texto. La auténtica diferencia formal entre la poesía clásica y la moderna está en el lugar que ocupa el sentido. Pero tampoco debemos abalanzarnos y matar el sentido, como si la poesía moderna no pudiera tener más sentido que el de no tenerlo. Rebelarse contra el sentido hasta ese punto es lo mismo que rebelarse contra lo que significa la libertad del hombre, su humanidad y hasta su existencia”. Añade: “Me refiero a que soplan vientos, venidos de fuera, que pretenden forzarnos a aceptar que la poesía moderna es solo la que anuncia la muerte del sentido, y que la muerte del sentido es nada menos que el verdadero significado de la existencia”. Comunión entre vida y lengua, entre escritor político y lector solitario, entre Palestina y exilio, entre derrota y resistencia, entre misiles y lágrimas, entre poesía y muerte.

Darwish flota en estos binomios como si fueran el líquido amniótico de su eterna casa. “Es así como la casa se transforma en verso, y el verso en morada, o en refugio. Por eso celebro el genio de la lengua árabe, que hace que coincidan esos dos significados, ‘casa’ y ‘verso’, en una misma palabra, bait. Es una coincidencia maravillosa”. Entre la herida de Palestina y el latido de Darwish habita un verso indestructible. Mohamed El Morabet, escritor y periodista

Artículo completo en afkar/ideas


Presentación de "Palestina/48. Poemas del Interior" en el Teatro del Barrio

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El 7 de mayo a las 7 de la tarde en Teatro del Barrio presentación de "Palestina/48: Poemas del Interior", de Luz Gómez.

 


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