No es fácil ser palestino: versos sobre los escombros para mantener la identidad de un pueblo, por José A. Cano en El Salto
“Los días era largos/hacíamos de todo/y nunca se acababan./Brillaba el amor/y corría/como el agua en las veredas/y en los caños […] No sé cómo el dolor/se ha metido en mi corazón,/porque yo no he abierto la boca/para nada,/salvo para reír”.
Así empieza y acaba “Los días eran largos” de la poeta Amina Abu Safat, nacida y residente en Nablus, desde donde el pasado 17 de mayo escribía: “La guerra, con su crueldad, ha destruido mi fe en la palabra como algo útil para los hambrientos, los enfermos, los oprimidos y la gente sin un techo”.
Luz Gómez ha traducido y recopilado Maneras de ser palestina. Antología de nuevas poetas (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2025), donde pide a las diferentes autoras una pequeña poética en la que expliquen qué significa para ellas escribir en estos momentos concretos, del que hemos extraído el poema y los pensamientos de Safat. “La mayoría de las autoras insisten en que existe una lógica sistemática de Israel, una voluntad de aniquilar al pueblo palestino, que no se puede comprender de manera aislada y como un hecho excepcional”, explica Gómez. “Para ellas es un fenómeno que viene desde la Nakba en 1948 y por eso el poema ‘Si he de morir’, de Refaat Alareer, que murió en diciembre de 2023 en un bombardeo, se comparte como si fuese escrito pocas semanas semanas, cuando en realidad es de 2011”.
Mona Musaddar, nacida en Gaza en 1998, vive y trabaja como traductora en Doha, Catar. Su poema “Los adioses”, incluido en la antología de Gómez, arranca con los versos: “Lo de las balas es como una broma/hasta que te aciertan y no hay mano/de herrero que las doblegue”. Contesta a nuestras preguntas por correo y en inglés para valorar que no se atreve a definir la idea de “poesía palestina” en un marco concreto —ya existieron poetas palestinos críticos con el Mandato Británico o los asentamientos sionistas antes de la Segunda Guerra Mundial, como Ibrahim Touqan y Abedalrahem Alkarmi— o unas temáticas relacionadas con la guerra. “La poesía palestina es una literatura viva que funciona no solo como un acto creativo, sino también como un medio para documentar el dolor, el amor, la pérdida y los esfuerzos por vivir y sobrevivir”, añade.
Por eso, explica, “es diversa y no puede limitarse a un solo tema o estilo. Incluye poesía en árabe estándar y en árabe coloquial, o poesía compuesta originalmente en inglés por poetas palestinos como Suhair Hammad y Mosab Abu Toha, o en francés, como Karim Kattan, entre otros”.
Poesía de escombros y despojos
“Se tiende a separar la poesía del exilio palestino de la de quienes permanecen en Gaza o Cisjordania, pero esa diferencia no existe para las autoras”, afirma Ignacio Gutiérrez de Terán, traductor y compilador de Gaza. Poemas contra el genocidio (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2025), otra antología en la línea de la de Gómez, pero que ha primado obras posteriores al 7 de octubre de 2023 y la actual guerra.
La dificultad de transmitir la rítmica árabe al castellano implica “plasmar el sentido del ritmo interno, en el que no hay rima, ni hay ningún tipo de medición de versos, ni nada por el estilo, sino que se busca, sobre todo, dentro de la estética poética actual, el impacto visual más que otro tipo de cosas”, explica. “Muchas veces son poemas compuestos por imágenes, son ideas, se juega mucho con la paradoja, con lo que no se dice, con lo que se da a entender”. En su opinión, en muchas ocasiones se trata de poemas hechos desde el dolor, el sufrimiento y la incertidumbre, donde aparecen de forma insistente las palabras “desplazamiento” o “muerte”. “Hay una palabra que me llamó la atención cuánto se repetía: ‘baqaya’ (بقايا), que se puede traducir como despojos, muñones, restos humanos… es un tipo de imagen que se nota que ha quedado grabada en la mente o el corazón de muchos poetas”.
Otra idea recurrente es relacionar “la familia, la tierra, el cielo, el agua... es decir, como un intento de aferrarse a lo que les queda, que en algunos casos no era mucho”, reflexiona el traductor. “‘Hutam’ (حطام), escombros, es otra palabra que aparece con profusión. La guerra del régimen de Tel Aviv ha dejado poco espacio a los poemas de amor, creo yo”.
Luz Gómez, por su parte, explica cómo las redes sociales, sobre todo Facebook pero no solo, se han convertido en una vía fundamental de comunicación entre los autores y para la difusión de su poesía. “Maya Abu Al-Hayat, que nació de padres exiliados y ahora vive entre Jerusalén y Ramala, tiene un poema que se titula ‘No es fácil ser palestino’. Las redes han sido fundamentales en mantener esa identidad y suplen esa infraestructura editorial o de revistas que permita la difusión de una obra”, aclara. Para la traductora, “todas las autoras tienen la conciencia de que, desde su experiencia individual, contribuyen a la resistencia y el arraigo de los palestinos para no desaparecer como pueblo”.
“Hasta 2021 no había escrito del genocidio”
Musaddar explica que su salida de Gaza a finales de 2021 tiñó su poesía del “anhelo del hogar. Anhelo calles que ya no existen, amigos que fueron asesinados, el rostro y el alma de la ciudad que conocí y sentí. Creo que mientras continúe la ocupación, cada palestino, así como su poesía, se enfrentará al exilio de una forma u otra”. Ella confiesa que antes no escribía sobre Palestina sino que trataba de humanizar la experiencia palestina como seres humanos sin guerra. “Me centraba más en humanizarme a mí misma, mi experiencia y la experiencia de mi pueblo como personas normales, sin ser héroes, mitos ni estar etiquetados con la guerra cada vez que nos conoces y nos presentas”.
En 2014 escribió por primera vez sobre la guerra: correr bajo los bombardeos, casas temblando, personas heridas, tanques y desplazamiento a escuelas de la UNRWA. Más tarde, en 2020, firmó crónicas periodísticas. Pero la agresión actual ha sucedido mientras no estaba en Gaza: “Empecé a escribir mientras veía todo lo que conocía y amaba en un genocidio transmitido en directo. Una parte de mí estaba en un mundo paralelo mientras la otra parte estaba en Gaza”.
Musaddar reconoce que el exilio y el genocidio han afectado profundamente a su poesía, convirtiéndola en un acto de testimonio, “no solo sobre la vida cotidiana de personas normales bajo una ocupación brutal, sino también sobre alzar la voz contra el dolor, la pérdida, la matanza masiva, el borrado de nuestra existencia y muchos otros actos de violencia sistemática”. Y admite que su único deseo es “permanecer fiel a los palestinos como un ser humano normal que sigue enfrentándose al terror brutal, la violencia sistemática y la limpieza étnica”.
Tanto la antología de Gómez como la de Gutiérrez de Terán incluyen poemas de Dareen Tatour, poeta y fotógrafa que fue encarcelada en 2018 por las autoridades israelíes acusada de incitar a la violencia con un vídeo de una lectura de uno de sus poemas en redes sociales. Maneras de ser palestina presenta su poema “Una poeta entre rejas” donde reflexiona sobre esa experiencia y las personas a las que conoció en prisión. Gaza. Poemas contra el genocidio incluye otro titulado “No moriré”: “Seguiré soñando mientras viva/tanto como quiera y pueda./Así es como he de vivir./Los muertos, esos sí que no sueñan./Pero yo nunca dejaré de soñar/y por eso permaneceré./No moriré jamás”.
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Presentación de "Gaza: poemas contra el genocidio"
El pasado 5 de noviembre se presentó en Casa Árabe el cuarto volumen de nuestra colección POESÍA NECESARIA, Gaza: poemas contra el genocidio, una antología preparada por el profesor Ignacio Gutiérrez de Terán que reúne las voces de treinta poetas palestinos. En el acto participaron los poetas Mona Musaddar, Doha Al Kahlut, Fatena al Ghorra y Mohamed Wadah Abujami, el traductor y antólogo de la obra, Ignacio Gutiérrez de Terán, el coordinador de cultura de Casa Árabe, Karim Hauser, y contó, además, con la colaboración de Irene Maquieira, Covadonga Murias, José F. Ramos y Diego Vara, que recitaron en español los poemas leídos en árabe por sus autores.



Los poetas palestinos que dan voz a quien sufre el genocidio en Gaza: “Es un grito que sale de debajo de los escombros”
eldiario.es | Francisco Gámiz | 8 de noviembre de 2025 | fotografías de Marta Jara
Muchas han sido las veces que se ha reflexionado sobre para qué sirve la poesía, un dilema que toma más importancia cuando uno mira a su alrededor: ante el genocidio que Israel comete en Gaza, ¿qué pueden hacer los versos? ¿Cuán relevantes son las palabras ante las balas y la destrucción? Son preguntas a las que intentan dar respuesta los poetas palestinos que, incluso en medio de la devastación, reivindican la necesidad de contar, de dejar registro y de nombrar el dolor a través del arte. Así lo constata la escritora Mona Almsaddar (Gaza, 1995) a elDiario.es: “Sabemos que un poema no va a hacer que no haya este genocidio ni que sigamos sufriendo esta injusticia, pero es una forma de expresar lo que sentimos”.

Con el fin de hacer llegar la voz gazatí al resto del planeta, Almsaddar ha sido una de las encargadas fundamentales de dar vida al libro Gaza. Poemas contra el genocidio (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), una antología que reúne a una treintena de poetas que reflejan la lucha, el sufrimiento y la esperanza de quienes sufren el genocidio. Se trata de una obra que en España traduce Ignacio Gutiérrez de Terán, experto en Estudios Árabes e Islámicos, y que se ha presentado a través de recitales en la madrileña Casa Árabe. “Nuestra poesía es un grito que sale de debajo de los escombros a lo que ha sido convertido Gaza”, explica Mona Almsaddar, que ha servido de intermediaria con los participantes del poemario.
Entre los autores, además de Almsaddar, también se encuentra Fatena Al Ghorra (1974), referente en el feminismo palestino. Regresó a Gaza a visitar a su familia el 4 de octubre de 2023, tras quince años de estancia en Bruselas como refugiada, y obtuvo la nacionalidad en el país en 2016. Tras ser desplazada desde la ciudad de Gaza a diversas localidades dentro de la Franja con sus padres, logró salir con ellos rumbo a Bruselas, evacuados por la diplomacia belga. Como periodista de profesión, la artista alerta que “ha habido una intención clara desde el principio de evitar la entrada de periodistas extranjeros, sobre todo occidentales”.
La poeta Mona Almsaddar

“La poesía sirve para hablar de estos asuntos y, sobre todo, para desenmascarar el objetivo de toda esta política”, señala Fatena Al Ghorra, que indica que en la Franja “no solo te impiden informar, sino que dan una imagen falsa de lo que es la realidad que ellos mismos han contribuido a crear”. “Hacen que, cuando los periodistas entren o se asomen, aunque sea desde el exterior, vean una realidad que no es la de Gaza”, indica a este periódico. Ella lo ejemplifica con la “imagen de que la gente ahora mismo come en Gaza”: “Están dando cosas como alimentos ricos en grasas para que la gente de fuera crea que se está comiendo algo, pero lo que la gente necesita son proteínas, vitaminas, verduras, frutas”.
Uno de los poemas de Fatena Al Ghorra, El narrador, él lo contó, reza lo siguiente: “Escribe con trazos rojos en las piedras menos rugosas para que, quien venga tras de ti, aprenda a leer”. La autora, activista feminista, insiste en el poder generacional de los versos: “Esto es una cadena continua. Yo hablo para quien viene después, porque yo a su vez vine después de alguien que me dejó escrito algo sirviéndome de gran utilidad”. Además, la poeta afirma que, en el genocidio en Gaza, “no hay duda de que es la mujer quien sostiene la resistencia”. “En muchas sociedades se distribuye el papel de que quienes luchan son los hombres y las mujeres están en la retaguardia, pero Gaza ha resistido gracias a las mujeres”, dice.
La poeta Fatena Al Ghorra

“Las mujeres han sido las que han adoptado el papel de sostener los núcleos familiares, de soportar toda la carga, de buscar alimentación, de mantener a la familia y a todos sus congéneres con vida y también de apoyar de todas las formas posibles esa lucha de la resiliencia día a día, de apoyar a la gente que está luchando”, explica Fatena Al Ghorra. La artista alude a todos los prejuicios que hay en torno a las mujeres palestinas, cuando el machismo es una lacra que afecta a todos los países sin excepción. “No todas las culturas son iguales. ¿Por qué hay esa tendencia a ver lo que tiene que hacer el resto en función del prototipo que ha creado Occidente, en concreto una sociedad capitalista?”, cuestiona la poeta.
Por su parte, el también escritor Waddah M. Abujami, originario del campamento de Jan Yunis, reclama la necesidad de la obra después de que la voz palestina haya sido silenciada durante décadas. “Es una manera de romper ese silencio y esa omisión que se ha hecho sistemáticamente de la identidad cultural palestina y de desmitificar la versión sionista tradicional de que los palestinos no tienen una cultura ni tienen un ánimo poético ni un gran espíritu literario”, apunta el autor, defendiendo así “una cultura muy dada a crear cultura a través de las palabras”. “Se ha convertido en un refugio el que aislarse frente a los bombardeos, los desplazamientos y el genocidio”, cuenta a este periódico.
El poeta Waddah M. Abujami

Cuando alguien escucha a los artistas recitar sus poemas, o incluso con la mera lectura de los mismos, se percibe también el deseo de que un futuro mejor es posible, de que no todo está perdido. “La resistencia o la capacidad de hacer frente a todo lo que está pasando no es una cuestión de elección. No tenemos otro remedio”, explica Waddah M. Abujami. “No solo al ciudadano gazatí, pues al propio poeta de Gaza no le queda otra que resistir porque es la única forma de mantenerse con vida. Estamos ante una guerra de exterminio”, destaca. Asimismo, como persona que hace arte, el escritor declara que “cualquier persona, ya sea un artista o no, debería pensar que es lícito posicionarse del lado de esta gente que está sufriendo”.
Recientemente, figuras de gran importancia en la cultura nacional como Rosalía han sido acusadas de no utilizar su plataforma para condenar el genocidio que comete Israel. Waddah M. Abujami indica que, “si uno analiza lo que es la cuestión palestina, se dará cuenta de que hay un pueblo que está sufriendo una persecución y a quien se le está arrebatando su vida, su tierra y su cultura”: “Lo que yo le digo a esta gente, que siendo artistas o creadores se supone que deberían tener un sentimiento humano especial, y que no adopta ninguna postura o que se ponen de perfil, es que lo hacen desde un punto de vista de la cobardía. Están en la zona gris de la realidad”.
La poeta Doha Alkahlout

“Cuando te posicionas a favor de un asunto justo pero que, a la vez, es polémico porque va en contra de la corriente de pensamiento general y, sobre todo, del gran poder, muchas veces no lo haces por falta de convicciones, sino por miedo”, agrega el poeta, “porque piensas que puedes perder tu trabajo, tu público, tu influencia, que no te van a volver a llamar para una exposición, un concierto o un recital, que te van a dejar de publicar...”. “Eso significa que valoras mucho más unos aspectos muy concretos y, al mismo tiempo reducidos, que este gran objetivo que es el de estar con la gente que sufre. Todos somos parte de la misma humanidad”, reivindica Waddah M. Abujami.
Por otro lado, la artista palestina Doha Alkahlout, quien también está presente en el poemario, es profesora de lengua árabe y tiene 28 años. Su familia es originaria de la aldea de Naalia, destruida en las razias de las milicias sionistas en 1948. En su poema La voz de la guerra escribe: “Qué bien se desmorona la memoria, qué bien se llora en las capitales del mundo”. “Comprendo que es muy difícil para alguien que está fuera [de Gaza] comprender todo el dolor, el desgarro y la destrucción que estamos sufriendo”, dice la autora al respecto. “Es imaginable porque ni nosotros mismos en algunos momentos podemos asumir todo esto que estamos padeciendo”, añade.
No obstante, Alkahlout celebra que exista gente que trate de solidarizarse con la situación: “Hay gente que llora de verdad y que siente el padecimiento”. Para ella, la literatura logra mantener vivos los nombres de quienes ya no están o de quienes sufren. “Hay que nombrar a las personas, decir su nombre y su apellido completo. Somos mucho más que los números y la estadística”, sentencia. En alusión a este mismo punto, Waddah M. Abujami celebra el legado del arte: “Cierto es que la poesía no ha parado el genocidio, ni siquiera lo que está ocurriendo hoy en día, porque el genocidio no se ha detenido, pero te hace sentir, como gazatí, que hay alguien a quien le importas y que lee las circunstancias terribles por las que estás pasando”.

Sin la fuerza de las mujeres gazatíes nuestro pueblo no habría sobrevivido
"Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas" con Hind Joudah, Luz Gómez y Natalia Erice en el Círculo de Bellas Artes

El próximo viernes, 3 de octubre, en el Círculo de Bellas Artes de madrid:
Presentación de "Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas", a cargo de Luz Gómez, autora de la selección, edición y traducción de los poemas de quince autoras palestinas nacidas después de 1977.
Luz Gómez es catedrática de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid, Premio Nacional de Traducción y traductora de poesía árabe.
La autora estará acompañada por Hind Joudah, nacida en 1983 en el campamento de al-Buraij, en Gaza. Es autora de las siguientes colecciones de poesía: "Siempre hay alguien que se marcha" (2013), "No queda azúcar en la ciudad" (2016) y "Un dedo que logró salvarse" (2024).
Natalia Erice es actriz de teatro, cine y televisión, y como periodista cultural ha sido responsable durante siete años de On Madrid y colaborado con el Centro de Documentación Teatral y otras publicaciones .
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