Yassin Al-Haj Saleh

Presentación: Santiago Alba Rico. Traducido del árabe por Naomí Ramírez Díaz.

Aparece en español una recopilación de los textos que Yassin Al-Haj ha ido publicando sobre la insurrección en Siria desde que esta se inició el 15 de marzo de 2011. Aunque poco conocido aún en España, Yassin Al-Haj es uno de los intelectuales más relevantes de los disidentes sirios.

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Nota a la edición española:

Este libro huye en gran medida de los análisis geopolíticos, tan habituales en la aproximación que se hace a los países de «Oriente Medio» desde los países occidentales, tanto por parte de los gobiernos, como de la derecha nacionalista y la izquierda antiimperialista. Esto se debe a que, en nuestros países, y especialmente en Siria, las diferentes cuestiones no se tratan desde dentro ni desde abajo. Tampoco estos países son considerados como sociedades compuestas y vivas, formadas por hombres y mujeres, ciudades, municipios y pueblos, una burguesía central con un acceso privilegiado a los recursos nacionales, gran parte de la población aniquilada políticamente, pobre materialmente y despreciada culturalmente, unos jóvenes sin futuro que sueñan con emigrar, unos activistas políticos que luchan en condiciones adversas para dotar al país de una vida política, un empobrecimiento político general que ha empujado a amplios sectores de la población a acercarse a la política desde la religión, un sempiterno gobierno dinástico impuesto por medio de la violencia, contra el que se lucha activamente a fin de lograr un cambio y de cara al futuro, y que no deja a los sirios más que el pasado como lugar en el que establecerse, unas mujeres humilladas y violadas en las sedes de los servicios de seguridad y que son rechazadas por la sociedad y su entorno familiar, y una cerrazón del interior nacional que hace del país una gran cárcel dirigida por una élite mafiosa inmensamente rica y completamente impune, que vive como viven los millonarios en Occidente.

Según los análisis que circulan en Occidente y entre nuestras autoridades de facto, nuestras sociedades tienen, más bien, el aspecto de cajones cerrados. Y, en el caso de Siria, hay una persona llamada Bashar al-Asad, que se aferra a las llaves de su cajón privado, la «Siria de Asad», en la que residen seres parecidos entre sí, sin ojos, rostros ni nombres, a los que Bashar alimenta, cría y protege, y que, por su parte, quieren que esta situación dure «para siempre».

El mensaje que este libro pretende transmitir es que en Siria hay una sociedad, que el país no es un cajón sin estructura interna, que los sirios tienen rostros, ojos, rasgos, nombres, una trayectoria vital y una historia; que existen una población, una situación de pobreza y unas demandas políticas; y que tenemos una historia de lucha por ser dueños de la política y de nuestro propio país. El pensamiento geopolítico que habla de capitales, presidentes, posiciones geográficas, guerras y países soberanos no menciona nada importante sobre nuestra vida y nuestra libertad, pero sí dice mucho sobre nuestro aplastamiento y humillación. La geopolítica no explica la realidad en Siria; por el contrario, la estructura de Siria, como Estado y sociedad, en el marco histórico del medio siglo de gobierno de la familia asadiana, sirve para arrojar luz sobre las realidades de Oriente Medio, basadas en el hecho de que los Estados locales despojan a la población de la política y la autodeterminación, y a los propios Estados de la soberanía en el ámbito internacional (muestran una cara soberana hacia el interior, el rostro de la eterna excepción, mortífero, y una cara política solo hacia el exterior poderoso). El cierre del escenario interior en Siria y el uso de campañas disciplinarias similares a las coloniales, son otros de los factores que han privado a los países de Oriente Medio de un interior social y político vivo, y por tanto, los han hecho rebelarse contra la democracia.

Esto no es resultado de la religión y la cultura, como aduce el discurso que, junto con la geopolítica, se usa para explicar la región, y que no es otro que el culturalista que no deja de hablar del islam, el fundamentalismo, las sectas, los chiíes, los suníes, la «mentalidad árabe», la «civilización islámica» y demás basura esencialista y racista. No es nuestra identidad cultural la que determina nuestra realidad histórica, sino que esta realidad es la que determina nuestra identidad histórica, hablando en lenguaje marxista, centrándonos en la mirada en la base social y económica de la población, y no en algo etéreo, como si fuéramos globos de helio. Nuestros países no son excepciones a la democracia porque seamos musulmanes, sino porque la condición colonial, contraria esencialmente a la democracia, sigue estando presente, gracias al apoyo occidental ciego a un Estado racista colonial como Israel, que trata el territorio a su alrededor como un coto de caza al que tiene derecho a acceder y no deja de exterminar a los palestinos políticamente. También se debe al hecho de que las reservas mundiales de petróleo se encuentran en países dominados por clanes familiares y con una población escasa, que han sido parte del sistema de seguridad nacional estadounidense desde finales de la Segunda Guerra Mundial hasta muy recientemente. La excepción a la democracia es lo que ha hecho que nuestros países sean islámicos, y no al contrario. Con esto me refiero a aquello que ha hecho que el islam se convierta en una ideología política y umbral de pobreza política. El Estado asadiano, que se basa esencialmente en la palestinización de los sirios, es la prolongación estructural de Israel en Oriente Medio, y no su enemigo, salvo en el plano de la retórica ideológica barata.

Este libro, la mitad del cual se escribió en Siria antes de que saliera de ella en otoño de 2013, es un documento de lucha, de la que el autor es parte integrante con un claro posicionamiento, aunque haya intentado en la medida de lo posible ofrecer datos y análisis que interpelen a todo lector bienintencionado y abierto de mente, cuyo objetivo sea el conocimiento. No pido al lector en lengua española, ni espero de él, que comulgue con lo que digo, sino simplemente que este libro le sirva de estímulo para ampliar su conocimiento sobre Siria y los sirios, sobre nuestra historia contemporánea y nuestra lucha por la liberación a la que todos han fallado. No tenemos diferencias de base con otros. Tenemos muchos problemas, de los cuales el régimen asadiano podría no haber sido el peor si no hubiera sido porque durante dos generaciones de su historia (que ya supera en más de diez años la del gobierno de Franco) ha impedido que tratáramos nuestros otros problemas, sociales, económicos, políticos, culturales y de derechos. No podíamos tomar la iniciativa de barrer las calles, limpiar un río contaminado, reunirnos en una casa particular para discutir asuntos públicos ni formar un club de lectura, o cualquier otra asociación contra el sectarismo. Naturalmente, no podíamos formar partidos políticos, ni sindicatos de trabajadores de un sector concreto o una asociación de derechos. Éramos esclavos políticos. «La Siria de Asad» y el sistema medio-oriental –Oriente Medio es un sistema internacional subalterno y no una mera región geográfica– se basan en la esclavitud política. Lo primero que hay que hacer para liberarse del colonialismo y luchar contra el imperialismo es romper las cadenas de esta esclavitud. La revolución siria fue una revolución de esclavos por la libertad y la autodeterminación, y ha sido destrozada a manos del régimen local y el régimen medio-oriental, con ayuda de las potencias que lideran el sistema internacional. La liberación siria, por ello, es una causa internacional y una causa para el futuro.

Lo que está claro es que no hay soluciones locales para problemas mundiales, y que no hay soluciones en el pasado para los problemas del futuro. El mundo y el futuro, o el mundo-futuro es un proyecto que nos acerca unos a otros, nos une. La Siria liberada está ahí, en dicho proyecto.

Yassin Al-Haj Saleh

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Autor

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416

Traductor

Naomí Ramírez Díaz

Presentación

Santiago Alba Rico

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