‘¡Oíd, humanos!’: el místico de la poesía iraní, una voz de la civilización que Trump amenaza con destruir
Qué decir de los legendarios Omar Jayyam, el autor de las célebres Rubayat; del místico Rumi, que compuso el monumental Masnavi; y del también poeta místico Attar, autor de El lenguaje de los pájaros. Ya en el siglo XX, el mito más reciente de la poesía iraní es Forugh Farrojzad, muerta en 1967 de forma trágica. Precisamente ella consideraba a Nima Yushij, el poeta que ahora se traduce al castellano por primera vez, un inspirador a la altura de Hafez, al entender la poesía como un lugar de perfeccionamiento de lo humano.
La vida de Nima Yushij (1897-1960) coincide con la radical transformación de Irán. En 1905, una fallida revolución constitucionalista dio pie a una época de convulsiones y modernización, hasta el punto de que en 1935 la antigua Persia pasó a llamarse oficialmente Irán. En 1953, un golpe de Estado planeado por la CIA liquidó el proyecto altermundista del primer ministro Mosaddeq, hecho que se ha traído a colación últimamente con motivo de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Yushij fue encarcelado por sus simpatías comunistas, y a su muerte apenas gozaba de reconocimiento. Veinte años después, en un Irán ya en plena efervescencia revolucionaria, se había convertido en el “santo” de la poesía iraní contemporánea, un clásico indiscutible. A Yushij le siguieron poetas que en Occidente, paradójicamente, son más conocidos que él, como Sohrab Sepehrí o Ahmad Shamlu. Pero en Irán la genealogía está clara.
La poesía de Nima Yushij ve la existencia de una manera trágica. Una tragedia que se desarrolla en una naturaleza sabia. La fuerza de la naturaleza lo puede todo. Irán es un país de una naturaleza grandiosa: en la poesía de Yushij hablan los ríos, los lagos, las arboledas, la fauna, las estepas. El hombre, marcado por el conflicto histórico (el mundo es una “hospedería asesina de huéspedes”), busca en la naturaleza el sentido y la unión. Y lo encuentra en la noche y en la soledad.
Los poemas de Yushij rezuman un esplendor místico. El ser humano aparece poco, hay pocos personajes en sus versos, todo lo más figuras solitarias que son un trasunto del propio poeta. Lo cual no quiere decir que su poesía no contemple a los demás y no se dirija a ellos y tenga hasta cierto carácter político, dada la amplitud de su simbolismo: “Claro es para vosotros el propósito de mi palabra: / una mano sola carece de voz, / mi mano pide auxilio a vuestras manos”. Un simbolismo enraizado, por otra parte, en una cosmovisión chií de la vida, que aguarda la llegada del mahdi, el imam oculto que redimirá los tiempos: “Es hora de que el fin de los tiempos lance un bramido”, dice el poema que cierra esta antología. De momento, el bramido es el de la guerra.
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"Libro negro de Gaza: un viaje en directo a la vida y la muerte de los jóvenes palestinos", por Beatriz Lecumberri (El País, 2/3/26)

Libro negro de Gaza: un viaje en directo a la vida y la muerte de los jóvenes palestinos
Los relatos de estudiantes, músicos, periodistas y médicos trasladan al lector a una realidad cruda y desnuda donde la vida intenta salir a flote
Beatriz Lecumberri Madrid | El País | 02 MAR 2026
“Se habla mucho de Gaza, pero rara vez se la escucha. El mundo ve cifras, destrucción y titulares, pero no a los jóvenes que padecen todo esto. Nuestras voces importan”. Nour Ahmed Abed responde a las preguntas de este periódico desde un café con conexión a internet en Deir el Balah, en el centro de la Franja, donde nació hace 28 años. Su voz es una de las que componen El libro negro de Gaza (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), publicado en febrero, en el que 17 jóvenes desmenuzan su forma de ver la vida en este pequeño territorio devastado por más de dos años de bombardeos israelíes que han dejado más de 70.000 muertos palestinos.
Cómo se huye de un hogar en cinco minutos porque lo van a bombardear, por qué seguir estudiando cuando no hay futuro a la vista, de qué sirve enamorarse en Gaza, qué se come cuando no hay absolutamente nada, quién explica a las niñas huérfanas qué es la regla, por qué la música es un refugio entre las ruinas, cómo suenan los drones israelíes sobre la tienda de campaña noche tras noche, por dónde se empieza a reconstruir, física y anímicamente una vida. Todo contado en primera persona.
“No somos simplemente víctimas. Somos pensadores, soñadores, escritores, amantes, estudiantes... Nuestras historias no solo hablan de muerte sino de una vida que insiste en salir adelante”, dice Ahmed.
Sus textos y respuestas en esta entrevista denotan un fuerte compromiso humanitario y una especial preocupación por el futuro de las niñas de Gaza. “Me niego a reducir mi existencia a la mera supervivencia. Ser humano es buscar un sentido, ayudar, conservar tu identidad... Recuerdo que hace unos meses fui a un punto de internet a descargar la película favorita de mis sobrinas. La vimos escuchando las bombas israelíes y subí el volumen para alejarlas de la realidad”, recuerda en la entrevista.
Gonzalo Delgado, periodista y editor de este libro, comenzó a contactar a jóvenes gazatíes buscando relatos cortos, escritos casi en tiempo real, con el fin de “proteger la memoria” y trasladar al lector a ese lugar y momento concretos, como ya ocurrió con crónicas escritas por ejemplo desde Sarajevo en los años noventa. “Los primeros autores trajeron a otros jóvenes estudiantes, profesores, médicos o músicos y el libro fue tomando forma”, cuenta a este periódico. “Son relatos que emergen de las ruinas, como la gente. Y nos traen la realidad al desnudo. La fuerza del libro es que es un diario real desde Gaza”, agrega.
"Son relatos que emergen de las ruinas, como la gente. Y nos traen la realidad al desnudo. La fuerza del libro es que es un diario real desde Gaza" (Gonzalo Delgado, editor).
“Un deber nacional”
Además de desgranar sus propias vivencias, estos jóvenes autores se convierten en narradores de las vidas de sus vecinos, amigos o de desconocidos: “En cuestión de segundos, el edificio de cinco plantas desapareció. Vi cómo Huda se precipitaba por un profundo agujero bajo mis pies. La agarré de la camiseta, tratando de rescatarla, pero se me escurrió entra las manos”, contó Hala, una chica de 18 años, a la periodista Assem al Jerjawi, recordando la muerte de su hermana.
“Malak se estremece cada vez que se cierra de golpe la puerta de un armario. Ha dejado de correr. Ya no pinta soles ni casas”, narra Ibrahim Yaghi, estudiante de Literatura inglesa en la Universidad islámica de Gaza, en un texto consagrado a la salud mental infantil.
Para Nasser Rabah, veterano poeta gazatí que sigue escribiendo desde la Franja, la escritura “ha pasado de ser un acto personal a ser un deber nacional” y estos relatos “defienden una humanidad negada y una dignidad pisoteada", considera en el prólogo del libro.
“La vida en Gaza es una realidad agotadora e implacable, a la que no he tenido más remedio que adaptarme en contra de mi voluntad”, detalla en uno de los textos Ahmed Sbaih, de 22 años, desde Ciudad de Gaza. “Escribo estas palabras sin haber probado bocado en tres días. En mi boca no entra otra cosa que agua amarga. El hambre se ha convertido en un ser que vive en mí, me devora lentamente, sin piedad”, escribe Ghaydaa al Abadsa, de 24 años, desde Jan Yunis.
En agosto de 2025, la ONU declaró la hambruna en Ciudad de Gaza y concluyó que toda la población de la Franja, más de dos millones de personas, estaba pasando hambre.
“Creo que el resultado es tan gráfico que te da la sensación de haber estado ahí y de ser un testigo invisible en el momento en que tienen que desplazarse, tienen el estómago vacío, miran al mar o hablan con los niños”, agrega Delgado.
La reconstrucción no solo significa levantar edificios sino sanar traumas, restaurar la dignidad y la confianza en el futuro. Si reparamos los muros sin reparar las almas, seguiremos rotos Nour Ahmed, abogada gazatí.
Poner fin a la deshumanización
Los jóvenes también escriben para lamentar el silencio del mundo y criticar el doble rasero que, según ellos, se usa para medir el sufrimiento de israelíes y palestinos: “Dicen que Gaza está gobernada por Hamás. Como si eso bastara para condenar a todo niño que nace allí”, dice Yaghi, lamentando, con un tono visiblemente hastiado, que cuando “representantes israelíes lanzan informaciones imposibles de verificar, el mundo las reproduce sin cuestionarlas”.
Nour Ahmed también se detiene en las complicaciones añadidas a las que se enfrentan las mujeres de la Franja. “Recuerdo que había que hacer cola y pagar para usar un baño. Durante un mes solo me bañé una vez y sin jabón. Me corté el pelo para gastar menos agua y aún conservo ese mechón. Me duele el corazón al contarte esto”, cuenta. En sus textos habla sin tabú de una niña que ha perdido a su madre y que piensa que se va a morir cuando tiene su primera menstruación porque nadie le ha explicado nada. “La muerte y el desplazamiento hace que haya niñas que se enfrenten a estos cambios solas, sin referentes y sin material higiénico. Romper este silencio también es un acto de protección”, explica.
En El libro negro de Gaza también se subraya la importancia de la educación, “una forma de supervivencia”, de “orden en medio del caos”, de “proteger a los niños recordándoles que su futuro es más amplio que esta guerra”. “Sin educación, corremos el riesgo de crear una generación moldeada solo por el trauma y la ausencia de ética y valores”, dice Ahmed.
Dicen que Gaza está gobernada por Hamás. Como si eso bastara para condenar a todo niño que nace allí (Ibrahim Yaghi, estudiante de Gaza).
Amira Hass, periodista y escritora israelí que ha vivido durante años en los territorios palestinos, escribe el epílogo de El libro negro de Gaza y asegura que los textos son “un testimonio de resiliencia e inventiva bajo las condiciones más terroríficas que puedan imaginarse”. “Cada relato nos muestra personas concretas, no generalizaciones o imágenes borrosas. Además, cada texto cuestiona otro cliché: el de la ‘deshumanización de los palestinos”, asegura.
La entrevista con Ahmed termina hablando del futuro y la reconstrucción. ¿Es posible? “Tengo que pensar antes de responder. ¿Puede volver la Gaza que conozco y que me conoce a mí? La reconstrucción no solo significa levantar edificios sino sanar traumas, restaurar la dignidad y la confianza en el futuro. Si reparamos los muros sin reparar las almas, seguiremos rotos. La reconstrucción debe incluir la salud mental, la educación, el empoderamiento de las mujeres y la justicia", concluye esta abogada.
Artículo completo en El País
CHEMA CABALLERO SE HACE ECO DE LA PUBLICACIÓN DE "ESE MARRUECOS QUE FUE EL MÍO"

#HayQueLeer 'ESE MARRUECOS QUE FUE EL MÍO', de Jocelyne Laâbi (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2025. Traducción del francés de Antonio Álvarez de la Rosa).
En los años 70, durante los llamados ‘años de plomo’ de Hassan II, intelectuales y militantes de izquierda fueron detenidos y encarcelados durante años en Marruecos. Tras su liberación, algunos contaron sus experiencias en varios libros.
Pero no había una voz que contase, directamente y en primera persona, cómo las familias (mujeres, hijos, madres o hermanos) vivieron aquellos años. Ahora, Jocelyne Laâbi lo hace en esta obra. En la primera parte cuenta su infancia en Maquínez y el descubrimiento del pasado fascista de su padre. Luego salta al arresto de su marido, Abdellatif Laâbi, y cómo ha de vivir desde ese momento con sus tres hijos, la búsqueda del detenido, las visitas a las cárceles, las humillaciones pasadas, la lucha de las familias, la resiliencia de las mujeres… Un testimonio en primera persona que arroja luz sobre aquellos años oscuros y muestra el camino recorrido por las familias para no perder el cariño y el contacto con los suyos.

Beatriz Lecumberri entrevista en El País a la poeta palestina Hind Joudah, una de las autoras recogidas en la antología "Maneras de ser Palestina"

Hind Joudah se detiene con gesto sorprendido ante una bandera palestina desgarrada que ondea en la puerta de una cafetería en el centro de Madrid. El dueño le explica que alguien la ha rasgado esa noche, pero que así queda incluso más auténtica y no la piensa quitar. Esta poeta palestina de 42 años, que pudo salir de la Franja de Gaza meses después del inicio de los bombardeos israelíes y vive en Egipto, afirma que la solidaridad que transmiten esos detalles la reconforta desde hace meses. Desde octubre de 2023, siente que la poesía es como lanzar al mar un mensaje en una botella. “Un mensaje enviado desde una tierra aislada y en llamas, que llega hasta personas que están lejos, como ha ocurrido aquí en España, pero también en Italia o en Francia”, explica, en una entrevista con este periódico.
Sus versos están recogidos en la recién publicada antología Maneras de ser palestina (Ediciones del oriente y del mediterráneo), en la que Luz Gómez, catedrática de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid, ha reunido a 15 autoras palestinas menores de 50 años de Gaza, Cisjordania, Jerusalén, Israel y la diáspora.
La poesía de Joudah y del resto de autoras sorprende, conmueve e interpela: “El futuro está preso, y cada vez que levanta la cabeza, una guerra lo mata”, escribe Neama Hassan, desde Gaza. “Para ser una madre palestina, tienes que aprender a contar cuentos de hadas en las noches eternas de los bombardeos”, relata desde Jerusalén Maya Abu Al Hayat. “Las balas no me dieron tiempo a abrazar el corazón de mi amado”, solloza en sus versos Mona Musaddar, palestina que vive Doha.
Pregunta. ¿Por qué siente que escribir poesía es como lanzar al mar un mensaje en una botella?
Respuesta. Primero porque Gaza está a orillas del mar y segundo, porque la gente ve la masacre contra mi pueblo a través de una pantalla y mis poemas permiten decir cómo me siento realmente y recogen mi verdad. Son un mensaje enviado desde una tierra aislada y en llamas, que llega hasta personas están lejos, como ha ocurrido aquí en España, pero también en Italia o en Francia.
P. Uno de sus poemas dice: “Soplaré las heridas de Gaza y le cantaré para que se duerma. Le taparé los oídos para que no oiga el rugido de los aviones”.
R. Son los versos de una madre, que escribe poesía desde una Gaza en guerra, un lugar lleno de personas que necesitan protección y cuidado, como nuestros hijos cuando son pequeños. Es mi vida hecha palabras.
P. ¿Qué hace única a la poesía escrita por mujeres palestinas recogida en esta antología?
R. El poema que acabo de mencionar solo lo puede escribir una mujer. Es totalmente femenino. En esta guerra, las mujeres lograron contar y el mundo nos escuchó y nos dio un espacio. Mis poemas se han traducido a 15 lenguas y eso es muy importante. No soy un caso único, pero ha tenido que ocurrir algo tan terrible para que nuestra voz se oiga. Y esta antología termina de hacernos justicia, porque reúne las voces de 15 poetas.
P. ¿Escribió mucho durante los meses de guerra que vivió en Gaza?
R. Mucho. Era una necesidad. La poesía es mi vida, mi manera de existir. Cuando Israel comenzó a bombardear, empecé a escribir sobre todo aquello y a publicarlo online. Tenía mucho miedo a morir y sentía esa urgencia de plasmar ciertas cosas antes, por si acaso. Para que mis sentimientos y los de la gente a mi alrededor se quedarán ahí reflejados.
P. Hace un tiempo entrevistamos a otro poeta gazatí, Nasser Rabah, y decía que la poesía era un deber patriótico.
R. Estoy de acuerdo. La poesía se convirtió en una manera más de documentar el horror de Gaza. Mis palabras llegan al mundo y quiero pensar que sirven de algo. Los versos de estos dos años no tienen muchos artificios, son una foto de la realidad contada de manera subjetiva, con mucho sentimiento y sobre todo dolor. Mis versos hablan de la falta de pan y de azúcar, de las ruinas, del miedo y del sonido de los drones israelíes.
P. En uno de sus poemas dice que se siente avergonzada por tener ropa limpia y no pasar frío.
R. Ese poema lo escribí desde la zona central de la Franja, cuando Israel bombardeaba sobre todo el norte y el sur. Dentro del horror, me sentía mucho más segura que otros familiares o amigos y eso me hacía sentir mal. Pero los momentos de culpa más fuertes los he sentido después. Hace un tiempo me invitaron a París a leer mis poemas. Y llegué allá, a una ciudad preciosa, tan a salvo... y me dije ‘¿qué hago yo aquí mientras mi familia está en Gaza?’ Me derrumbé.
P. ¿Dónde está en este momento su familia?
R. En el centro de Gaza, en la zona de Al Zawaidah, en la casa de mi padre, donde hay unas 40 personas de la familia desplazadas. No hay ventanas y hay un gran agujero en el salón debido a un proyectil, pero todavía es una casa. El ejército israelí no llegó a entrar en el pueblo en estos dos años. Y los vecinos se ayudaron mucho unos a otros, consiguieron sembrar algún pepino y tomate y fueron sobreviviendo.
P. ¿El alto el fuego la hace respirar y tener más esperanza?
R. Creo que lo más cierto que se ha dicho sobre el alto el fuego es que Donald Trump está tratando de salvar a Israel de sí mismo. Yo no logro estar del todo tranquila y confiar. Espero que no vuelva a haber masacres y bombardeos, porque Gaza necesita un periodo de calma hasta que se pueda llegar a hablar de una solución más definitiva.
P. Entonces, sigue siendo difícil proyectarse en el futuro.
R. Yo no tengo ningún plan. Me da miedo que no podamos volver y que haya mucha gente que se vea obligada a salir. Mi abuelo tuvo que marcharse de Ashdod, hoy en territorio israelí, hace más de 70 años y arrastramos esa pena desde entonces. No queremos que nuestros hijos sufran un nuevo exilio, una nueva Nakba. Yo siento que puedo afrontar la pérdida de mis padres, pero no podría nunca aceptar la pérdida de Gaza.
P. ¿Cómo recibe Egipto a familias gazatíes como la suya?
R. Las autoridades egipcias no nos lo ponen fácil. Mis tres hijos, por ejemplo, no tienen derecho a ir a la escuela pública en El Cairo. Así que, como ocurre con todos los niños gazatíes que viven en el país, estudian online con profesores de Cisjordania. En el fondo, quieren que nos marchemos. Bueno, entonces, creen las condiciones, abran la puerta y volveremos a Gaza.
P. ¿Cómo es escribir desde el exilio?
R. Más complicado. No se pueden sentir las cosas igual. He escrito mucho sobre el dolor y sufrimiento de Gaza y ahora, la pregunta que planea en mis versos es: ¿por qué el mundo no ha hecho nada? Aunque sé que aquí en España hay manifestaciones importantes, he podido incluso ver una y he enviado fotos a mi familia en Gaza para se sientan menos solos.
P. En esta antología hay otra autora gazatí, Batool Abu Akleen, que escribe sobre la tumba que quiere para ella sola. Tiene solo 20 años. ¿Qué le provoca leer esos versos?
R. En Gaza ha habido tantos muertos que no se ha podido enterrar a la gente individualmente. Hay tumbas colectivas. Los versos de esta mujer tan joven nos golpean y nos chocan. Ella debería estar pensando en bailar y amar, pero esa es nuestra vida.
P. ¿Cuál fue su último poema?
R. Habla sobre mi barrio, Tel al Hawa, en Ciudad de Gaza, que está totalmente destruido. Dice algo así: “Me acuerdo de sus árboles, de cómo suena el viento en sus ventanas, conozco el olor del mar y el reflejo del amanecer en cada rincón. ¿Esto es de verdad? La ciudad se escapa, se mezcla con las piedras y parece que todo huye, mientras los corazones están bajo las ruinas de las casas. ¡Ay, Gaza! A la vista de todos estás a punto de desaparecer". Es tan doloroso que ni siquiera he querido compartirlo con mi familia.
Artículo completo en El País
Luna Miguel en Babelia / El País: "También hubo trovadoras: poetas que sufrían, elegían y eran las adoradoras"

Se trata Albores de una recopilación de las únicas trovadoras conocidas hasta la fecha, mujeres de clase alta de los siglos XII y XIII, cuya lectura, estudio y reconocimiento no empezó a producirse hasta finales del siglo XIX. Sus nombres no son más de veinte, frente al alrededor de los cuatrocientos que conforman las listas de trovadores masculinos; y las historias de sus vidas, a menudo difusas e inaccesibles, pueden desentrañarse en las investigaciones de autoras como Marirí Martinengo o Magda Bogin, citada esta última por Janés para destacar sus ideas alrededor de la ampliación del significado del amor cortés que hay en todas ellas. Es sabido que este tipo de poesía en lengua occitana nació para ser cantada y entretener a la vez que remover conciencias, a través de la sublimación del amor erótico, a menudo prohibido y ajeno a la norma matrimonial. A pesar de su intención rompedora, como señala Clara Janés, esta poesía también caía en el retrato de la mujer como un ser pasivo, siempre servil y sumiso, apenas sintiente, y es esa la razón por la que la voz de las autoras de Albores es aún más única y radical, pues aquí “son ellas las amadoras, las que eligen, las que sufren, también”, y “de adoradas pasan a ser adoradoras”.
¿Sus nombres? Entre otras, La Comtessa de Dia, Azalaïs d’Altier, Bieiris de Romans, Guilherma de Rosers o la misteriosa Constanza, Reina de Mallorca, autora, a mi juicio del poema más hermoso entre los aquí contenidos: “Amo al que es bueno y es bello, Y alegre soy como el pájaro blanco / Que, por amor, emite su canción. / Y yo soy señora y reino, / Y que aquel al que amo no se lo reproche, / Pues, sobre todas, soy la mejor amante, / Y he elegido al más digno, / Al mejor; y lo amo tanto / Que creo verlo con el pensamiento”. Indudable la marca sáfica en esta filosofía interna, según la cual, si algo es bueno es porque es bello y viceversa, pero sobre todo así lo propone nuestra imaginación. El ser amado visto como espíritu fantasioso y libre, y no tanto como una posesión coleccionable. Si por las místicas aprendimos que los poemas son objetos de fe, junto a las trobairitz descubrimos que con la lírica amorosa podemos invocar cualquier anhelo, ya que, por medio del poema se hará verdadero. Rebelde humana, ¿escribe y canta lo que deseas y amas?
Artículo completo en Babelia / El País 8 de marzo de 2025

Cinco libros sobre Siria




"En conversación con Mosab Abu Toha", por Joselyn Michelle Almeida

FUNDACIÓN ESPACIO PÚBLICO
10 diciembre 2024
Mosab Abu Toha es un poeta, ensayista y periodista palestino. Su ópera prima, Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído: poemas desde Gaza (ediciones del oriente y del mediterráneo, 2024; en inglés Things You May Find Hidden in My Ear, City Lights, 2022), obtuvo el Premio del Libro Americano 2022, el Premio del Libro de Palestina 2022, el Premio de Poesía Derek Walcott 2022, y fue nombrado finalista del Premio Nacional del Círculo de la Crítica en Poesía. Forest of Noise [Bosque de ruido] (Knopf, 2024), su segundo libro, fue publicado en octubre.
Esta entrevista se llevó a cabo el 1 de diciembre, después de que Abu Toha terminara su gira por Francia y España, donde estuvo en Madrid y Barcelona.
Gracias por hablar conmigo hoy mientras te preparas para una nueva gira de conferencias por varias ciudades de los EE. UU. Para mí fue un gran privilegio y una profunda alegría recibirte en la Ciudad de Cibeles y dialogar hoy sobre Palestina, Gaza y tu poesía.
Empecemos con la poesía si te parece. Una de las cosas que más me inspira de tu obra es cómo el poder lírico y elegíaco de tu poesía también se nutre de su relación con la historia. Pienso en poemas como «Qué es hogar», «Mi abuelo y el hogar» o «La metralla busca la risa» de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído, y «Cuaderno de Gaza 2021-2023» o «De rodillas» de Bosque de ruido. ¿Qué relación hay entre tu poesía y la historia de Palestina?
Muchas gracias por el tiempo que pasamos juntos, aunque fue muy poco. Espero que la próxima vez tengamos más tiempo; me gustaría hacer un recorrido por Madrid, una visita de verdad porque tuve, ya sabes, un tiempo muy limitado en la ciudad. Tuve entrevistas con los periódicos y el evento, así que la próxima vez espero poder hacer una visita adecuada.
Como poeta palestino, no puedo separar mi poética de la historia en la que nací. No creo que nadie pueda separar su propia vida de las circunstancias en las que nace. En mi caso, nací de padres que nacieron en campos de refugiados, y cuyos padres también fueron refugiados desde 1948. Así que toda mi poesía es sobre nuestro destierro y nuestra patria, nuestra tragedia como personas que han experimentado el trauma y la muerte y la pérdida ininterrumpidamente. No recuerdo un solo día sin amenaza de muerte en Gaza, donde nací en 1992. No recuerdo un año en el que no haya perdido algo; cuando no fui capaz de hacer algo; cuando me privaron de mis derechos humanos básicos, de viajar, de encontrarme con amigos y familiares de afuera o incluso cercanos, quiero decir. Es imposible no pensar en la historia de Palestina.
Somos personas conscientes y somos también conscientes de la historia de esta catastrófica ocupación que empezó incluso mucho antes de 1948, durante el Mandato Británico con la promesa que hizo Arthur James Balfour en 1917 a los sionistas de darles la tierra de Palestina para crear su propia patria en la patria de un pueblo que ya existía desde hacía siglos. Y que tenían sus vidas, su vida cultural, su vida social, su vida económica— teníamos muchas ciudades que exportaban productos al mundo exterior. Pero sabemos que el momento presente que estamos viviendo es el resultado de esta historia, de estos años que fueron testigos de la entrega de nuestra patria a extranjeros, a personas que nos son foráneas. Todavía estamos sufriendo las secuelas de toda esta historia.
¿Qué se siente al volver a Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído en Francia y en España para presentar las traducciones al francés y al español del mismo?
Creo que ha sido una experiencia muy importante para mí ver cómo la gente reacciona a mi poesía en inglés y también en español y francés. Me di cuenta de que la recepción de mi poesía en otros idiomas es igual que en inglés. Y esto significa que la poesía en sí misma es un lenguaje, independientemente del idioma en el que esté escrita. Y también me encantó escuchar mis poemas recitados en un idioma diferente que no entiendo, ya que solo hablo inglés y árabe. Sí, fue importante ver cómo se perciben los poemas en otra lengua, pero también me puso de relieve que la poesía en sí misma es un lenguaje que se puede sentir independientemente del idioma que estemos usando para traducirla.
¿Hay escritores del mundo iberoamericano que hayan entrado en tu lista de lecturas?
Lorca, por ejemplo, y Pablo Neruda.
Pablo Neruda respondió a Walt Whitman, algo que has hecho en tu obra, cuando respondes a voces como la de Whitman, la de Allen Ginsberg, la de Audrey Lorde…
… También Edward Said, Adorno …
… Entonces, cuando respondes a estos escritores canónicos de la literatura angloamericana y mundial, ¿qué estás haciendo? Pienso que es un momento importante en tu obra.
Sí, como ser humano estoy en conversación, en contacto con esas personas que vivieron décadas antes. Tengo un poema inédito que escribí hace años que se llama «Una respuesta desde Gaza al soneto 18». Estoy en conversación con estos autores. Soy un artista que vive en una época distinta y en un lugar diferente y hago las cosas de otro modo porque he vivido una vida diferente.
El tipo de generación que Ginsberg describió es distinto a mi propia generación. Mi generación nunca ha podido salir de Gaza. Han perdido a muchos familiares. Han vivido en tiendas de campaña. Han pasado semanas y meses buscando agua, comida, pañales y medicinas para sus hijos, o para sus madres, o sus familiares enfermos.
¿Dirías que esta conversación es un correctivo del Sur Global, especialmente en ese poema a Ginsberg, donde reescribes el conocido verso de Aullido, «Vi las mejores mentes de mi generación»?
Sí, creo que vivimos en diferentes partes del mundo, el tipo de cosas con las que estamos luchando… Hay ironía.
Das una lectura irónica a ese texto. De algún modo, estás empoderando a los lectores para que realmente cuestionen las premisas… Despiertas la duda de que tal vez Ginsberg no vio lo suficiente.
No solo él, sino también las personas que lo leen. Sé que Ginsberg es alguien que viajó por diferentes partes del mundo, pero sin incluir Gaza. Él vivía en su propio mundo, pero yo he vivido en su mundo y también en mi propio mundo. Desgraciadamente, su mundo —no él en particular— sino su mundo, que es Occidente, hablando de América, es responsable del tipo de mundo en el que estoy viviendo. Quiero decir, en Gaza, en Palestina. No influí en su generación. No traje nada malo a su país.
No me refiero sólo a mi generación, sino también la generación de mi padre, la generación de mi abuelo y también la generación de mi bisabuelo, que también murió en un campo de refugiados.
Has sugerido que la poesía es su propio idioma. ¿Cómo contrarresta la narrativa hegemónica difundida por los principales medios de comunicación y otros actores? ¿Cómo resiste la poesía?
Creo que la poesía revela la narrativa hegemónica que se pronuncia diariamente por parte de las entidades políticas, los países, los gobiernos, las personas racistas… La poesía expone la verdad sobre lo que está sucediendo después de que se construyen tales narrativas. La poesía revela que conoces la verdad de lo que significa estar en el poder. Aquí hablo del poder militar y del poder político. Así que destapa la atrocidad, lo que hay detrás de estas narrativas hegemónicas que destruyen no solo a las personas sino también el lugar, la geografía de las personas, y las desplazan e incluso borran todo lo que les pertenecía. La poesía muestra que lo que la gente en el poder dice tiene como consecuencia la destrucción de tierras y personas.
La poesía pone de relieve lo que está sucediendo, porque los medios simplemente no están haciendo su trabajo, no solo porque muchos medios son parciales, sino también porque Israel está impidiendo que los periodistas vayan a Gaza y cubran lo que está sucediendo. Así que la poesía está haciendo esto para mí.
Has señalado que hay continuidades importantes entre Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído y Bosque de ruido. ¿Qué continuidades y diferencias importantes hay?
Creo que los poemas de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído tratan sobre lo que sucedía en Gaza y siguió sucediendo incluso después de que se publicara el libro; mientras que los poemas de Bosque de ruido tratan sobre algunas de las cosas nuevas que Israel cometió después del 7 de octubre, por ejemplo: la destrucción, no solo de casas sino también de barrios enteros, el bombardeo masivo de las ciudades, el enterramiento de familias bajo los escombros durante meses, el hecho de que tantos cadáveres fueran devorados por perros y gatos hambrientos.
Nunca vi estas cosas cuando estaba escribiendo Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído y nunca he vivido un asalto militar de estas dimensiones (el más largo que viví fue en 2014, que duró unos 51 días), pero con este estamos hablando de 423 días, sin cesar. Hambruna. Cortar la luz, el agua, el combustible, las medicinas, perder a tantos miembros de mi familia, perder a algunos de mis alumnos, el bombardeo de la escuela donde enseñaba, el bombardeo de mi casa y todo lo que tenía. Este es el tipo de diferencias… como mi experiencia al ser secuestrado por el ejército israelí.
En resumidas cuentas, lo que recogen los poemas de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído volvió a suceder en 2022, 2023 y ahora en 2024 a mayor escala.
Para enlazar esto con lo que dijiste sobre el presente continuo de la historia palestina y la tragedia y catástrofe de Palestina…
Sí… Me refiero al hecho de que escribo un poema y sé que no es un poema sobre algo que sucedió, sino sobre algo que sucederá una y otra vez… así que esto es lo que hace que mis poemas y los poemas de otros autores palestinos sean diferentes de otra poesía. No digo que seamos las únicas personas que realmente estamos experimentando aquello sobre lo que escribimos, quiero decir que no estamos escribiendo sobre algo que sucedió y que terminó. Escribí un poema sobre una niña y su padre, y sé que hay muchas otras niñas, padres, niños y madres asesinados de la misma manera, y sé que volverá a suceder.
Hace un año y dos semanas, la FDI te secuestró cuando te dirigías al paso de Rafah mientras tú y tu familia intentabais salir de Gaza. Lo describes en un artículo en The New Yorker y en el poema «De rodillas» de Bosque de ruido. Este evento traumático subraya cómo Israel ha atacado en Gaza a otros intelectuales y escritores, médicos, abogados…
El objetivo de cualquier ocupación es hacer la vida lo más miserable posible, y esto se puede hacer mediante el asesinato de médicos, periodistas, escritores y profesores universitarios con su familia. Esto es un crimen en sí mismo. Me refiero al hecho de que nosotros en Gaza, nosotros en Palestina, ya no tendremos a nadie como esta persona que fue asesinada. Imagina cuánto tiempo le tomó a esta persona ser quien es, ya sea un médico, un cirujano, un profesor universitario, un poeta, un artista o un ingeniero. Imagina cuánto tiempo le llevó estudiar y adquirir más y más experiencia, convertirse en un experto en su campo. Imagina cuánto tiempo nos llevará reemplazarlo. Esto es un doble crimen de guerra. No solo porque mataste a alguien, sino porque privaste a su comunidad, a su gente, de lo que podía ofrecerles, ya sabes, antes de que lo mataran, antes de que el genocidio llegara a su fin. Así que este es un hecho devastador del que todo el mundo debería ser testigo.
Entre las grandes pérdidas que el mundo llora contigo está la de tu profesor y amigo poeta Refaat Alareer, cuya obra completa, Si debo morir: poesía y prosa, llevabas contigo cuando llegaste a Madrid. ¿Podrías hablarnos un poco sobre cómo te influyen su amistad y su trabajo?
Creo que la influencia de Refaat ha tocado a todos los que lo conocieron o incluso a personas que nunca lo conocieron, porque Refaat no solo fue un artista de la palabra, sino también un profesor de literatura comparada y escritura creativa. Así que fue mentor de muchos escritores jóvenes. No mío directamente, pero su presencia, sus palabras, su propia escritura influyeron en mí y en todos los que llegaron a conocerlo o a leer su trabajo. Nos dejó un mensaje muy, muy fuerte, su poema más famoso «Si debo morir». Él nos hizo… sabes… luchar por seguir con vida porque hay mucho que hacer. Y para ello debemos mantenernos vivos.
«Si tengo que morir, tú debes vivir para contar mi historia». La historia que Refaat nos sigue pidiendo que contemos no es solo su historia personal, porque lo personal en Palestina es lo colectivo. La historia de Refaat, que perdió a su hermano Hamad en 2014, que perdió su casa, que con su esposa perdieron alrededor de 100 parientes —y estoy seguro de que muchos más fueron asesinados después del 7 de octubre— es la historia de la pérdida, es la historia del desplazamiento. Es la historia de la educación, no solo de la educación de su pueblo, sino de la gente que vive fuera, que nunca ha podido ser testigo en Gaza.
Lo que estábamos intentando como escritores era proyectar las historias hacia afuera y también atraer a la gente a nuestra historia: traer la gente a Gaza, traer la gente a Palestina, traer la gente a Yaffa, la ciudad de mis abuelos.
¿Cómo consideras tu obra en relación con otros escritores palestinos, tanto los conocidos como Mahmoud Darwish y Fadwa Tuqan, o voces más contemporáneas, como Dareen Tatour y Dalia Taha, o Samer Abu Hawwash y Marwan Makhoul?
Creo que mi trabajo complementa el trabajo de otros escritores, desde Mahmoud Darwish e incluso antes hasta las voces contemporáneas, como, también podemos agregar aquí a Refaat Alareer. Cada experiencia palestina es distinta, aunque sea similar, pero también en muchos aspectos es distinta de otras experiencias. Mahmoud Darwish, que nació pocos años antes de la Nakba, que vivió en el exilio durante muchos años de su vida y que murió en Palestina (murió en Estados Unidos, pero vivía en Ramala, en Cisjordania). También está Fadwa Tuqan, que vivía en Cisjordania. Tenemos a Dareen Tatour, que vive en Reineh, una ciudad árabe de Galilea que desde 1948 forma parte del Estado de Israel, y luego a gente como Samer, que vive en el exilio. Hay tantas historias diferentes, a pesar de que somos el mismo pueblo palestino, vivimos en Palestina, pero vivimos en diferentes partes de Palestina, en circunstancias diferentes. Incluso la experiencia de Refaat es diferente de la mía: Refaat perdió a un hermano, yo no perdí a un hermano y espero no perder a ninguno. Fui secuestrado por las fuerzas israelíes; Refaat no lo fue.
Sus historias son diferentes a la mía, pero seguimos hablando de la misma ocupación, estamos hablando del mismo asesino, del mismo opresor. Y estamos hablando de las mismas personas que están siendo oprimidas. Y estamos hablando de diferentes fases de la ocupación, ya sea la ocupación militar, ya sea los puestos de control, ya sea la invasión militar, ya sea el asedio, ya sea la vida en el exilio y no poder regresar a tu patria. Nosotros, como poetas y escritores palestinos, describimos el mismo paisaje desde distintos puntos de vista. Tenemos diferentes experiencias al respecto. Nunca he estado en otras partes de Palestina. Mahmoud Darwish tuvo que vivir en el exilio durante años. Y muchos de estos escritores nunca han podido ir a Gaza debido al asedio y la ocupación.
En estos momentos, Israel sigue llevando a cabo una destrucción en Gaza que, como ha dictaminado la CIJ, es un crimen de guerra y de lesa humanidad, especialmente en el norte de Gaza, donde has perdido a treinta y un familiares —el más reciente, tu tío Said Abu Toha—, y tu familia inmediata y la familia de tu esposa siguen en situación de peligro. ¿Cómo crees que la esfera mediática internacional está respondiendo a esta emergencia y a la aplicación por parte de Israel de lo que se ha denominado «el plan del general»?
Creo que el mundo le ha fallado al pueblo palestino al seguir apoyando a Israel incondicionalmente, pero también al abandonar al pueblo palestino frente a ese Estado bárbaro. Imagina cuánto le cuesta al mundo enviar un camión de medicinas o un camión de alimentos o un camión de mantas a la población de Gaza que se enfrenta a este invierno, un invierno muy duro, en tiendas de campaña. Y es muy, muy lamentable ver que Estados Unidos, cada vez que los medios de comunicación preguntan al Departamento de Estado sobre el «plan del general», responde: «Hablamos con nuestros socios israelíes, y dijeron que no, que no están llevando a cabo este plan». Eso fue hace dos meses. Y ahora estamos viendo lo que está pasando, y lo están haciendo, y no tenemos ninguna respuesta de esta Administración. Por lo tanto, no solo son cómplices, sino que son socios del genocidio. Y los medios de comunicación que guardan silencio sobre estas cosas también son socios del genocidio.
Percy Shelley dijo que «los poetas son los legisladores no reconocidos del mundo» y cualquier lector encontrará que esto es especialmente cierto en tu obra, testimonio del genocidio que está ocurriendo en Gaza mientras hablamos. ¿Qué significa, en tu opinión, que la poesía atestigüe? ¿Cómo puede un lector atestiguar?
Creo que el poeta, en mi caso, es el que experimenta de primera o segunda mano las atrocidades que él y su pueblo están viviendo. Porque viví en Gaza toda mi vida y me fui en diciembre del año pasado, lo que significa que no viví ni experimenté lo que estaba sucediendo después del 2 de diciembre. Ha pasado un año para mí desde que estuve en Gaza; mañana es el aniversario. Pero esto no significa que yo, como poeta, como alguien que experimentó tantas cosas, no pueda describir los sentimientos de lo que significa vivir algo que vi o leí. Tengo la habilidad, tengo la capacidad de escribir sobre cosas que les pasaban a mis padres o a mis abuelos, o a mis hermanos y sus hijos, o a mis primos. Así que soy testigo, no solo porque viví esto, sino porque lo viví antes, y sé lo que significa vivirlo una y otra vez.
Y los lectores pueden atestiguar como seres humanos. Porque creo que parte de nuestra humanidad es nuestra capacidad de empatizar con las personas. Ese es el reto. Sé que la gente en Occidente, quiero decir, el 90% o tal vez el 95% —no sé cuántos— el 90% de la gente nunca ha vivido la guerra, y esto no es algo malo, es algo bueno, y espero que este sea nuestro destino también. Pero creo que es responsabilidad de la gente de Occidente, cuyos gobiernos contribuyen al genocidio de mi pueblo y a la ocupación de mi país, dar testimonio siguiendo nuestros medios de comunicación, siguiendo nuestras historias, leyendo nuestro trabajo, amplificando nuestras voces. No es suficiente atestiguar, sino que también es importante atraer a otras personas para que atestigüen contigo. La empatía en términos de que la gente se dé cuenta de que ellos pudieron ser los que nacieron en Gaza, los que nacieron en Palestina, los que nacieron en Siria, o el Líbano, o Yemen, o Libia o en Ucrania también.
El modo elegíaco en tu obra no solo lamenta la pérdida, sino que también recuerda. ¿Dirías que tu énfasis en la memoria abre una puerta inesperada hacia el futuro más allá del horror inconcebible del presente?
Cuando hablamos de pérdida, hablamos de la pérdida del pasado y del presente, y no solemos hablar de la pérdida del futuro, de los recuerdos que pudimos tener con las personas que perdimos o los lugares que perdimos. Así que el duelo por la pérdida no trata solo de recordar tus experiencias pasadas, tus momentos pasados con lo perdido, ya sean personas o cosas o lugares, sino también el duelo por la pérdida del tipo de vida que hubieras tenido con estas personas o cosas. Y también la pérdida de la noción del tiempo. Tras 14 meses qué tipo de recuerdos podríamos tener. La gente de Gaza solo puede preocuparse por el próximo minuto, los próximos dos minutos, el tipo de noticias de última hora que van a recibir.
Como poeta, creo que durante 435 días no hemos podido crear un solo grato recuerdo. No tenemos ningún control sobre lo que vamos a hacer en los siguientes minutos. No podemos proteger los recuerdos que teníamos porque Israel está destruyendo personas, casas y lugares, y no podemos crear recuerdos que nos encantaría tener con personas que podemos perder en cualquier momento. Pero creo que el papel de la poesía es tratar de crear los recuerdos que podríamos tener y honrar la memoria de las personas que ya no están con nosotros.
Notas:
Joselyn Michelle Almeida es autora de Condiciones para el vuelo (2019) y Los ejes del astro (2024) y traductora de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído: poemas desde Gaza del poeta palestino Mosab Abu Toha, así como ensayos sobre literatura árabe traducida y libros sobre literatura anglo-hispánica. Es miembro del consejo editorial de la Revista Banipal de literatura árabe moderna y de la asociación de investigadores científicos National Council of Independent Scholars. Contacto: @jma9.bsky.social
Espacio Público damos las gracias a Agustín Martín Francés por la cesión de las fotografías que ilustran este artículo.
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"El racismo en Estados Unidos, una enfermedad crónica", por Juan José Tamayo
El racismo en Estados Unidos, una enfermedad crónica
infoLibre Juan José Tamayo 28 de octubre de 2024

En vísperas de las elecciones en Estados Unidos estoy leyendo Raza contrarreloj. La política de una Norteamérica en vías de oscurecerse, que acaba de publicar Ediciones del Oriente y del Mediterráneo. Su autor es el escritor Keith Boykin, comentarista político para el canal de noticias de CNN, que ha trabajado en varias campañas editoriales y ha recibido el premio Lambda, otorgado a obras sobre la temática LGTB+. En él ofrece su visión de la cuestión racial en Estados Unidos desde la vivencia personal de hombre negro y gay a través de la política como asistente de la Administración Clinton, de la docencia en varias universidades nacionales y de su colaboración en los medios de comunicación. Y todo ello bajo la inspiración e influencia de Malcolm X, Martin Luther King jr. y del pastor Jesse Jackson.
Recuerda el título de uno de los libros de Luther King jr, que planteaba la siguiente pregunta: Adónde vamos. ¿Caos o continuidad? y el discurso pronunciado en Atlanta, donde recorrió los logros del movimiento por los derechos civiles, habló de las tareas pendientes e hizo el siguiente diagnóstico de la discriminación racial en Estados Unidos:
“De las cosas buenas de la vida, el negro tiene aproximadamente la mitad que el blanco. De las cosas malas, el doble. Además, la mitad de los negros se alojan en infraviviendas y gana la mitad que los blancos. En cuanto a las experiencias negativas de la vida, el negro tiene doble ración en comparación con el blanco, doble desempleo, doble mortalidad infantil y, en proporción a su población, doble bajas en Vietnam”.
La pregunta y el diagnóstico son tan pertinentes hoy como hace sesenta años, ya que perviven abismales desigualdades raciales entre personas y colectivos blancos y negros. He aquí algunos ejemplos. Las personas negras de a pie sufren las disparidades raciales antes de nacer e incluso después de morir. Las probabilidades de morir antes de un año de vida es el doble en un infante negro que en otro blanco. En las ceremonias de graduación suele haber más estudiantes blancos que negros. Los jóvenes negros que no asisten a clase tienen más probabilidades de terminar en la cárcel que los blancos. Las personas adultas negras tienen menos probabilidades de encontrar trabajo que las blancas. La probabilidad de que los estudiantes negros obtengan una licenciatura es menor que la de los blancos. Las personas licenciadas negras ganan menos que las blancas sin estudios. El desempleo entre la población negra es superior a la blanca. La tasa de encarcelamiento en la población negra en prisiones del Estado es cinco veces superior a la blanca. Las probabilidades de que los fiscales pidan la pena de muerte son mayores cuando el asesinado es blanco que si es negro.
La disparidad se aprecia también en el patrimonio. Según el Boston Globe, en 2017 el patrimonio medio neto de las personas negras de Boston era de 8 dólares –la noticia insistía: “no se trata de un error tipográfico”–, mientras que el de las personas negras ascendía a 247.500 dólares.
El libro analiza cómo se construye el racismo estructural en Estados Unidos, cómo se perpetúa la injusticia racial y cómo ha fracasado todo intento de compaginar y armonizar el binomio igualdad y libertad. El racismo no es una mera enfermedad pasajera, sino crónica. Buena parte de los problemas de Estados Unidos pasa por la cuestión racial. Lo que demuestra el pasado de este país es que el racismo en la política estadounidense va más allá de que gobierne un partido o un dirigente u otro, afirma Boykin, y no va a resolverlo una Administración, ya que tanto el Partido Republicano como el Democrático han defraudado a la comunidad negra, y lo seguirán haciendo gobierne Donald Trump o Kamala Harris.
Tampoco va a resolverse con panaceas ni con fórmulas mágicas. La respuesta está en la afirmación, realmente profética, del escritor y activista de los derechos civiles estadounidense James Balwin en 1955: “El mundo ya no es blanco, ni volverá a serlo”. Por eso, un Estados Unidos en proceso de diversificación y transformación debe poner fin al supremacismo blanco. Para ello es necesario que la Norteamérica blanca expíe el legado del racismo y de la esclavitud, todavía vigente y actuante hoy, y que la Norteamérica negra exija que los partidos políticos dominantes respondan a las necesidades de la comunidad negra. Tras su análisis Boykin concluye: “Norteamérica debería mostrarse agradecida por el hecho de que los afroamericanos aspiren a la igualdad, no a la venganza”.
Muy poca gente sabe que uno de los candidatos a las elecciones estadounidenses es Cornel West, filósofo, teólogo de la liberación, prestigioso intelectual negro, activista de los derechos humanos, profesor de Filosofía y Estudios Afrodescendientes en el Union Theological Seminary y participante en el Coloquio “El poder de la religión en la esfera pública” junto con Judith Butler, Jürgen Habermas y Charles Taylor. El desconocimiento no se debe a que haya renunciado a hacer campaña electoral –todo lo contrario, la está haciendo y de manera muy activa y concientizadora contra el racismo estadounidense–, sino por la invisibilidad a la que le someten los medios de comunicación. Recientemente ha escrito dos libros: Partir pan. Vida intelectual negra insurgente, en diálogo con la intelectual feminista bell hooks, y Fuego profético negro, en diálogo con la investigadora alemana Christa Buschendorf. Ambas están publicadas por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo. Su objetivo al presentarse a las elecciones es resucitar y mantener vivo el fuego profético, moral y revolucionario negro, que es, a juicio de Christa Buschendorf, “la levadura en la hogaza democrática norteamericana”. Es el candidato que podría contribuir a resolver la cuestión racial. Por eso no será el ganador.
Juan José Tamayo es teólogo de la liberación y autor, entre otros ensayos, de Teologías del Sur. El giro descolonizador (Trotta, 2024, 2ª ed.).
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"El harén político": La mirada lúcida de Fátima Mernissi por Olivia Muñoz-Rojas

El harén político
La mirada lúcida de Fátima Mernissi y su habilidad para transitar con fluidez entre Occidente y el universo musulmán cobran especial sentido en el clima político europeo actual
Olivia Muñoz-Rojas
23 OCT 2024 El País
En un momento en el que numerosos europeos parecen inquietarse por la inmigración y se preguntan, más concretamente, por la compatibilidad entre los valores occidentales y musulmanes, merece la pena volver sobre el legado intelectual de la autora de El harén político. El profeta y las mujeres y Premio Príncipe de Asturias en 2003. La mirada lúcida de Fátima Mernissi (1940-2015), su habilidad para transitar con fluidez entre Occidente y el universo musulmán, su denuncia del patriarcado en uno y otro mundo, cobran especial sentido en el clima político europeo actual. A través de su prolífica obra, Mernissi nos invita a considerar un horizonte común de emancipación a partir de un reconocimiento de las deficiencias culturales de ambos mundos y una reconstitución del pasado.
Mernissi comenzó su formación intelectual en la escuela coránica, se licenció por la Universidad Mohamed V de Rabat y amplió sus estudios en la Sorbona de París. Se doctoró en Sociología en la Universidad de Brandeis en Massachussetts con una tesis pionera sobre el impacto de la modernización en las relaciones de género en el mundo islámico. En 1987, publicó El harén político, que fue inmediatamente prohibido en Marruecos. En él indaga en las circunstancias sociopolíticas que llevaron a la imposición de una rígida interpretación patriarcal, incluso misógina, de las enseñanzas de Mahoma. Su objetivo: desmontar esta interpretación a través de una relectura sociológica de la vida del profeta y las mujeres de su entorno y un minucioso desgrane de los textos islámicos originales y posteriores que narran las acciones y los dichos de Mahoma.
Mernissi argumenta que la voluntad de Mahoma de reconocer y tratar a las mujeres como iguales, tanto de palabra como en los hechos, se vio truncada rápidamente por la realidad social y política de Medina en los años fundacionales del islam. Algunos miembros de la primera comunidad musulmana que Mahoma estableció en la ciudad (los Hipócritas) se oponían a respetarlas como iguales y, además de inventar rumores sobre las esposas del profeta, las importunaban en el espacio público. La intransigencia de sus oponentes propició un clima de guerra civil que, de acuerdo con Mernissi, terminó por convencer a Mahoma de que era necesario que las musulmanas salieran cubiertas a la calle por su seguridad.
Desde entonces, explica la autora, una mayoría de eruditos del islam se ha esforzado por magnificar el papel del hiyab —”que los integristas de hoy reivindican como la esencia misma de la identidad musulmana”— y empequeñecer el papel de Umm Salama y Aisha, esposas de Mahoma, o borrar de la historia a Sakina, su bisnieta, que encarnaron un modelo de mujer emancipada que podría haber sido el referente principal de las mujeres musulmanas.
Mernissi denuncia esta “amnesia” y “deformación de la historia”, que hallamos en otras religiones monoteístas, y nos recuerda, al mismo tiempo, que el islam es en origen una religión eminentemente práctica y favorecedora del diálogo. Mahoma buscaba apaciguar y regular las relaciones entre las tribus árabes. De ahí la importancia de sus dichos y conversaciones, los hadices, que aportaban normas comunes en los aspectos más cotidianos de la vida de las tribus. En el prefacio a la edición en inglés, la autora concluye: “Si los derechos de las mujeres son un problema para algunos hombres musulmanes modernos, no es ni por el Corán, ni por el Profeta, ni por la tradición islámica, sino simplemente porque esos derechos entran en conflicto con los intereses de una élite masculina”.

No es de extrañar que Mernissi recibiera críticas de esta élite, tanto por cuestionar la lectura tradicional de los textos coránicos como por importar acríticamente categorías epistemológicas occidentales presuntamente ajenas a la experiencia islámica. Mernissi consideraba, por su parte, que era lo “suficientemente inteligente como para ser crítica con Occidente y tomar lo que necesito y rechazar lo que es malo para mí”. (Es notorio, por ejemplo, su cuestionamiento del ideal de belleza occidental, el cual, sostenía, excluye la posibilidad de ser guapa e inteligente a la vez y niega cualquier atractivo a las mujeres mayores).
El análisis sociológico de Mernissi de la evolución del islam, enfatizando su dimensión práctica y su larga historia de diálogo intercultural, contribuye a desafiar el imaginario dominante en Europa de este sistema ético y religioso como particularmente impermeable al cambio y la adaptación. Su llamado a movilizar una “memoria-libertad”, donde las mujeres son coprotagonistas del pasado como paso necesario para serlo en el presente, nos interpela a todos.
De manera provocativa, en una entrevista de 1996, Mernissi definió el harén como un “espacio monosexo”, afirmando que el Senado francés, con menos de un 4% de mujeres entonces, era, en definitiva, un harén. Aunque hoy un tercio del Senado francés son mujeres, no podemos sino preguntarnos qué diría Mernissi de la composición de las Reales Academias españolas, por ejemplo, y su papel en la reproducción de las élites masculinas y el sesgo patriarcal de nuestro conocimiento del pasado.
Artículo completo en https://elpais.com/babelia/2024-10-23/el-haren-politico.html
"Fuego profético negro", la victoria en la derrota de Cornel West por Juan José Tamayo

Fuego profético negro, la victoria en la derrota de Cornel West
Juan José Tamayo
Desde el asesinato de Martin Luther King Jr. en Memphis en 1968, parecía que en Estados Unidos se hubiera apagado el fuego profético y revolucionario que inspiró la lucha por los derechos civiles para la comunidad afroestadounidense. Resucitarlo es el objetivo de este libro, que recoge una hermosa y profunda conversación de la investigadora alemana Christa Buschendorf con el filósofo y teólogo Cornel West, uno de los intelectuales más relevantes de su país y candidato a la presidencia de Estados Unidos por el Partido Verde, que está siendo invisibilizado por los medios de comunicación. West se presenta a sí mismo como testigo de la esperanza y de la resistencia en momentos de derrota, desilusión y desazón. Se sitúa en la senda de Arthur Schopenhauer, con quien comparte el sentido trágico de la existencia, donde anida un profundo sentido del mal, la sensibilidad hacia el sufrimiento, la compasión por todos los seres vivos y la simpatía con las personas sometidas. Expresa su admiración por figuras como los profetas de Israel/Palestina, Buda, Sócrates, Jesús de Nazaret, Shakespeare, que, afirma, “conforman un grupo ejemplar y ecuménico de vidas virtuosas y ejemplos de belleza, calidad de vida, coraje y libertad”.
El diálogo de Buschendorf con West gira en torno a seis hombres y mujeres, brillantes intelectuales orgánicos y activistas, incansables luchadores por la libertad y contra la institucionalización esclavista estadounidense, todos ellos figuras proféticas negras que se enfrentaron a las asimetrías de poder y a las desigualdades sociales y étnicas: Frederik Douglass, W. E. B. du Bois, Martin Luther King, Ella Baker, Malcolm X e Ida B. Wells. West destaca su convicción moral de la igualdad de todos los seres humanos, su crítica al supremacismo blanco, al Estado imperialista y racista de EE UU y al terrorismo estatal como fenómeno fundamental en el mantenimiento del experimento democrático estadounidense.
Estos intelectuales no son solo líderes carismáticos, sino que están vinculados a los movimientos sociales: Douglas al movimiento abolicionista, Du Bois al panafricanismo, al movimiento obrero internacionalista y al de la liberación negra, Luther King al movimiento internacionalista y a los derechos civiles y laborales, Ella Baker al movimiento contra la segregación racial, Ida Wells al movimiento antiterrorista norteamericano, Malcolm X al movimiento nacionalista negro. West presenta a Malcolm X como “el profeta de la rabia negra” y el representante del ala revolucionaria de la tradición profética negra.
Cornel West define a Martin Luther King como el intelectual orgánico más exitoso de la historia norteamericana, que logró unir la espiritualidad y el cambio social con gran eficacia política y convicción moral
La figura más relevante de dicha tradición es Martin Luther King, a quien define como el intelectual orgánico más exitoso de la historia norteamericana, que se identificó con las personas pobres y desvalidas y logró unir la espiritualidad y el cambio social con gran eficacia política y convicción moral. En el sermón del del 28 de agosto de 1966 en la Iglesia bautista Ebenezer sobre El Buen Samaritano afirmó: “He decidido identificarme con los desvalidos y los pobres, entregar mi vida a los hambrientos y a quienes viven a la sombra de radiantes oportunidades”.
West ha publicado recientemente una edición de los Textos y discursos radicales, de Luther King (Editorial Tinta y Limón) en los que desentierra al King radical y “su testimonio visionario, encarnado en sentimientos antiimperialistas, anticoloniales y antirracistas y en el socialismo democrático”.
Durante su campaña electoral, Cornel West ha vuelto a resucitar el fuego profético, moral y revolucionario negro. No será elegido presidente de los Estados Unidos, pero habrá contribuido a despertar la conciencia pacifista, antirracista, intercultural, interreligiosa e interétnica en la ciudadanía norteamericana. Y eso ya es una victoria.
artículo completo en Babelia - El País


