Para saber más de Marruecos (1)
Una selección de los libros publicados por nuestra editorial sobre nuestro país vecino.

Tazmamart, de Ahmed Marzouki (2026)
Traducido del francés por Juan Vivanco Gefaell
Presentación de Gonzalo Fernández Parrilla
Puede que los años de plomo acabaran en 1999, con la muerte de Hasán II, pero no así «su impacto en la gente». Torturas, desapariciones, prisiones secretas y ejecuciones extrajudiciales son algunas de las heridas todavía abiertas de esos años. En 2004 se creó la Instancia Equidad y Reconciliación, organismo oficial cuyo cometido era investigar las violaciones de los derechos humanos y los casos de violencia perpetrada por el Estado con el fin de rehabilitar e indemnizar a los afectados y sus familias. Para algunos, se trata de un lavado de cara más del régimen, pues no obligaba a rendir cuentas a quienes ejercieron la represión. En 2020 se lanzó un proyecto para reconvertir Tazmamart en un lugar de memoria. Gestos que nunca serán suficientes ante pérdidas irremediables y realidades excesivamente dolorosas. Desde los atentados de Casablanca de 2003, los disidentes más reprimidos han sido los islamistas, y los activistas rifeños y saharauis, además de los periodistas. La última frase del libro es: «¿Cambiaremos algún día este país?»
(de «Para que no se olvide», de Gonzalo Fernández Parrilla)
Ese Marruecos que fue el mío, de Jocelyne Laâbi (2025)
Preliminar de Miguel Ángel Moreta Lara
Traducido del francés por Antonio Álvarez de la Rosa
Narración de una vida, una lucha, una pasión a través de la que se dibuja el retrato de una mujer comprometida con la verdad y la justicia, y el de un país, Marruecos, al que quiso con pasión hacer suyo. Narra su infancia y adolescencia en Marruecos, la vida de una mujer de preso político, su toma de conciencia del racismo y de las secuelas del orden colonial. Casada con el poeta Abdellatif Laâbi, juntos afrontaron y superaron los años duros de la represión política del régimen marroquí en los llamados años de plomo bajo el reinado de Hasan II. La novela ha sido llevada a la gran pantalla por el director Abdelkader Lagtaa, con el título 
Las señoras de la fresa. La invisibilidad de las temporeras marroquíes en España, de Chadia Arab (2020)
Presentación de Belén Luján y Jesús Díaz Formoso, posfacio de Houria Alami Mchichi y traducción del francés de Ana García Jiménez
Esta emigración de supervivencia ofrece a las señoras de la fresa oportunidades de emancipación y autonomía. Es útil a España y Marruecos por medio de un deal que puede parecer inaceptable y plantea una cuestión ética: mujeres contra fresas. ¿Las mujeres españolas habrían aceptado esas condiciones para recolectar las fresas? ¡No! ¿Habrían aceptado separarse de sus hijos durante tres meses o más? ¡No! Se buscó, por tanto, no muy lejos, obreras dóciles, con criterios muy estrictos para que estas indeseadas no permanecieran en territorio español. ¿Puede imaginarse siquiera a miles de mujeres españolas trabajando en los invernaderos de fresas por un salario miserable en una región que se enriquece gracias a la comercialización del oro rojo? Enseguida habrían aparecido denuncias contra las condiciones de trabajo y alojamiento, contra la dureza del trabajo, y reivindicaciones salariales. ¿Qué otro trabajo impone a los adultos una vida en colectividad sin el más elemental respeto al derecho a la intimidad? Los procesos de emancipación no deben hacernos olvidar la precariedad y las condiciones de reclutamiento de estas mujeres, elegidas entre las más frágiles, desde un punto de vista social, de su país. Todos estos factores persiguen evitar la menor rebelión, la menor reivindicación, por pequeña que sea.
Chadia Arab
A la mujer y a la mula vara dura. Las olvidadas del Marruecos profundo (2017)
Traducción del francés de Ana García Jiménez.
Este libro, publicado en Casablanca en 2015, constituye un acto de atrevimiento porque sacude y desvela. Representa una forma de periodismo ciudadano comprometido con el cambio y la justicia porque no solo toca un tema incómodo, sino que da un empujón a un tabú, el silencio sobre las injusticias cometidas por muchos contra las mujeres pobres, exponiendo de manera irrefutable una realidad. Y porque entre sus líneas se lee continuamente un ¿qué hacen las autoridades?
Al igual que hicieron algunos escritores marroquíes en décadas pasadas, con la pobreza, la emigración o con la violencia política, hoy este periodismo rompe con la imagen del Marruecos exótico que se ofrece a los turistas, el Marruecos moderno que se vende a los inversores y el Marruecos encarrilado en la senda del desarrollo humano y del progreso social que se hace valer ante aliados y vecinos. Es también un llamamiento a la sociedad para que reaccione, y a las autoridades para que presten atención y actúen. Y finalmente da un espaldarazo a la valiosa labor de sindicatos, asociaciones de mujeres y defensores de los derechos humanos, heroicos militantes de la justicia social, pero que siguen siendo los eternos sospechosos.
(de la Presentación de Isaías Barreñada)

A la sombra de lala Chafia, de Dris Bouissef Rekab (2004)
Presentación de Gilles Perrault
Traducido del francés por Encarna Cabello
Este relato autobiográfico, escrito a la sombra… de una celda de la cárcel de Kenitra, donde el autor pasó más de trece años, nos conduce por una infancia tetuaní en la que brilla con especial intensidad la cálida figura de su madre, una mujer española casada con un marroquí, antiguo combatiente de la guerra civil española y afiliado a la Falange. Nos desvela sus años de aprendizaje, el despertar de su cuerpo, las tristezas y alegrías de una vida rayana siempre en la pobreza. Con él asistimos a ese otro «mayo» marroquí del 68: su época de estudiante y de militancia política, su detención y «desaparición» durante siete largos meses en el centro de detención y tortura clandestino Derb Moulay Cherif, y su posterior encarcelamiento tras una mascarada de juicio. Todo ello escrito en una prosa clara y sobria, incluso cuando pone palabras a lo indecible.
«No hay duda alguna de que en 1968, los camaradas de Dris, tan fanáticos ellos, hubieran echado pestes de su libro por considerarlo subjetivo y pequeñoburgués, lleno de una lamentable sensiblería y, en definitiva, ajeno a la crítica marxista-leninista.
»Sin embargo, hoy vemos que este libro, además de ser una obra muy personal, no deja de lado la política, pues, con su testimonio, susurrado en un tono confidencial y escrito con una gran honestidad intelectual, Driss Bouissef ha redactado la más terrible y convincente de las acusaciones contra el régimen marroquí».
De la Presentación de Gilles Perrault
Diario de un ilegal, de Rachid Nini (2002)
Presentación y traducción del árabe de Gonzalo Fernández Parrilla y Malika Embarek López
Diario de un ilegal, que apareció inicialmente publicado en forma de crónica semanal en el diario Al Alam, es el primer testimonio escrito en lengua árabe sobre la experiencia de los inmigrantes marroquíes en España.
«Diario de un ilegal acaba de ver la luz en España como el puñetazo que es: un testimonio incómodo, brillante, vigoroso y sin florituras del calvario de los que sí llegan. Los que no llegan mueren en las pateras. Patera es la sexta palabra del libro de Rachid, hoy periodista en la televisión marroquí y columnista de prensa diaria».
Borja Hermoso, El Mundo, 12/6/2002
«Hombres sin dientes ni mantas ni posibilidad de conseguir ninguna de las dos cosas; mujeres que desayunan whisky con café; tascas miserables que ponen películas porno a las siete de la mañana para atraer a clientes; licenciados en Química o Literatura recogiendo naranjas de sol a sol; gente de todo el mundo tratando de sobrevivir a la explotación, el racismo y la nostalgia. Todo eso y más, narrado por un sutil poeta marroquí que llegó en autobús desde Rabat a Benidorm con un visado de un mes y se quedó a vivir tres años en España como inmigrante sin papeles. Es Diario de un ilegal, el testimonio a medias lírico y desgarrado sobre la España que no va bien del ex inmigrante Rachid Nini: hoy vive en Rabat, es periodista en la televisión marroquí y tiene una hija de dos años con una mujer española».
Miguel Mora, «Un repaso a la España clandestina», El País, 14/6/2002

El camino de las ordalías, de Abdellatif Laâbi (1995)
Traducida del francés por Víctor Luis Gómez Salvador
El autor relata en esta obra su experiencia de preso político: entre cuatro paredes, la literatura no es un pasatiempo voluptuoso y halagador para el que escribe, como sucede en tiempos de bonanza histórica, sino que deviene acto solemne y peligroso.
«Laâbi, indesmayable luchador, viejo lobo carcelario, poeta y hombre de letras, ofrece, desde su visión personal asentada en el penar personal (reflejo y denuncia), la visión de una realidad hoy ocultada por doble vía. Por un lado, la que viene desde el exterior –Marruecos, paraíso de exotismo dictado por el turismo–; por otro, la mordaza del autoritarismo… Sin excusas, léase».
Ramón Acín, «Desde pequeñas editoriales», Heraldo de Aragón, 16/3/1995
«El autor asume ahora –como un “trágico privilegio”– la herencia de Sherezade, la condena de sentirse obligado a relatar las más de mil y una noches de su aventura carcelaria, exponiendo las pruebas a las que fue sometido para demostrar su inocencia (tal era el significado de “ordalía” en la Edad Media) ante los “Guardianes de la Prosperidad”».
P. C., abc Literario, 21/4/1995
El pasado simple, de Dris Chraibi (1994)
Traducida del francés por Inmaculada Jiménez Morell y Leonor Merino
Dris Chraibi escribe esta novela que marcará a varias generaciones magrebíes «en nombre del padre»: acto de rebeldía, denuncia de la hipocresía, el inmovilismo, la tradición petrificada y el orden mutilador de la ley patriarcal.
«Obra de violenta denuncia de los males de la tribu en palabras aprendidas al otro, al extranjero… Pero El pasado simple es también crítica acerba a Occidente, que fue en un primer instante instrumento de liberación y objeto de admiración por parte del narrador adolescente».
Leonor Merino, «La palabra herida», El País /Babelia, 21/1/1995
«Una novela intensa, furiosa, rebelde; una primera novela que su autor lanzó como una pedrada contra un mundo demasiado cerrado y asfixiante, y, de paso, contra la limitada visión europea de la sociedad marroquí».
Ángel Vivas, «Los escritores magrebíes de hoy», Época, nº 521, 20/2/1995
«Desbordante, locuaz, irónico, Chraibi es una extraña mezcla de escritor vocacional, impulsivo, y de escritor que se impone a sí mismo el oficio. Si hemos de creerle, comenzó a escribir a los 26 ó 27 años porque pensó que era lo mejor que podía hacer dadas sus circunstancias de “protegido”: medio francés, medio marroquí, ni carne ni pescado. Y porque había un par de cosas que le rondaban por la cabeza. De ahí salieron dos novelas en las que una crítica feroz se repartía por igual entre su sociedad natal y su sociedad adoptiva o adoptada. Dos hitos fundamentales en la naciente literatura magrebí de expresión francesa. Y, metido ya en harina, ha acabado por escribir catorce novelas –trece publicadas y una inédita–, con sus despiadadas disecciones, su socarronería.
»–Usted fue considerado por la crítica de los años cincuenta como uno de los primeros escritores magrebíes que defendieron la necesidad de hacer literatura inconformista. Dice usted que era “preferible exiliarse que perderse”.
»–Yo salí de un medio muy acomodado, con una gran cultura árabe, y recorrí un camino normalmente inverso, elegí ser pobre. Pero no se puede, no se puede en absoluto hacer eso. Cuando escribí ese libro que han llamado “libro monumento”, Le passé simple [El pasado simple], no tenía ni idea de lo que acababa de hacer, pero fue una verdadera bomba. Ahora bien, en ese libro publicado en 1954, mi primera novela, no se trataba solamente de la sociedad marroquí, sino de la sociedad arabo-musulmana en su conjunto. Y tenía también una segunda parte, que era la crítica de Occidente… Es cierto, hay que exiliarse para ser uno mismo. Hay que mantener una cierta distancia con respecto a un país para poder hablar de él. E, igualmente, la distancia con respecto a uno mismo. Creo que lo más beneficioso que le puede ocurrir a un ser humano es superarse y superar su propia cultura y sus orígenes. Porque así se va hacia el otro…
»Hace año y medio que he terminado otro libro. Un libro magnífico. Pero podría ser una bomba y no sé si quiero publicarlo. Está en un cajón. El título es L’Homme du Livre [El hombre del Libro]. Es una novela concreta sobre un hombre concreto, el profeta Mahoma como ser humano, antes de la Revelación».
Fragmentos de la entrevista con Federico Arbós, El Mundo/La Esfera, 28/3/1992

Marruecos a través de sus mujeres, de Fátima Mernissi (1989 [1ª])
Traducido del francés por Inmaculada Jiménez Morell
La condición social de la mujer marroquí desvelada por esta conocida socióloga y feminista.
«Fátima Mernissi, que en varias ocasiones ha manifestado que el problema de la situación de la mujer en el islam es más político que religioso, ofrece una serie de entrevistas que, afirma, pretenden responder a la “captación de la realidad”…
»Y lo real es, a decir de todas las entrevistadas, excepto una, perteneciente al harén de una rica familia, de una dureza que sobrecoge. Los problemas a los que estas mujeres han tenido que enfrentarse desde niñas… giran en torno a dos puntos principales, uno relacionado con su sexo y el otro con el mundo exterior, y van desde la lucha por liberarse de un matrimonio impuesto durante la infancia a la necesidad de trabajar, por degradantes que sean las condiciones, para combatir la miseria».
Clara Janés, «Detrás del velo», El País, 17/2/1991
«La vida supera a la imaginación literaria. El enfoque sociológico se torna literatura a pesar de su cruda realidad. La obra no tiene desperdicio».
Ramón Acín, «A través de la mujer», Heraldo de Aragón, 28/2/1991
El miedo a la modernidad. Islam y democracia, de Fátima Mernissi (1992 [1ª])
Traducido del francés por Inmaculada Jiménez Morell
Una aportación de la pensadora marroquí al análisis del conflicto entre Islam y democracia, y el miedo a Occidente, al individualismo, a la libertad de opinión… todo ello en el marco del nuevo orden mundial establecido por la primera Guerra del Golfo.
«Aun sin contemporizar, sino todo lo contrario, con la brutalidad y estulticia de Occidente al tratar lo islámico (desde la incomprensión al bombardeo), plantea el meollo del actual desgarro musulmán: aceptar el individualismo, los derechos humanos, la democracia, o reprimirlo todo en nombre de Dios. Mernissi recalca en todo momento la relación inconsciente entre lenguaje y represión, entre raíces semánticas y miedo a lo imponderable, a la contradicción: sobre todo, miedo a la mujer, ese enemigo».
Miguel Bayón, «La mujer, ese enemigo», El País/Babelia, 18/7/1992
«La marroquí Fátima Mernissi es de las que creen que las libertades no llegarán al mundo árabe y musulmán en la punta de los rifles, cañones y misiles de un Estados Unidos desacreditado por su belicismo, su doble rasero y su desprecio por los derechos humanos de terceros. En estos momentos las dos ocupaciones ilegales de tierras árabes –la de Irak por Estados Unidos y la de los territorios palestinos por Israel– solo alimentan el odio y la desesperación, contribuyendo a dar consistencia a los argumentos de los islamistas más radicales y a ampliar su cantera de reclutas. Mernissi, por el contrario, piensa que las libertades solo pueden germinar en el mundo árabe y musulmán desde dentro, y que el papel de Occidente en ese proceso debería consistir en apoyar de modo comprometido a las sociedades civiles que emergen en su seno. De lo que tiene sed la gran mayoría de musulmanes no es de sangre, sino de libertad, justicia, dignidad y paz.
»Por último, Mernissi intenta, en Islam y democracia, desmontar la tesis que proclama la incompatibilidad entre esa religión y el menos malo de los sistemas políticos inventados por la humanidad».
Javier Valenzuela, «Un mundo sin miedos ni fronteras», El País/Babelia, 18/10/2003

Fez es un espejo, de Abdellatif Laâbi (2004)
Traducido del francés por Inmaculada Jiménez Morell
La medina de Fez, sus usos y costumbres, personajes de otro tiempo que aún pueblan el intrincado dédalo de sus callejuelas, el mundo de la infancia y la primera adolescencia, la escuela, el despertar de la lucha anticolonialista… narrados con ironía y humor en un delicioso relato autobiográfico del gran poeta marroquí.
«Laâbi es uno de los más grandes poetas vivos de Marruecos y como ciudadano pertenece a la multitud de compatriotas que no han tenido una vida fácil bajo el régimen de Hasan ii: su compromiso democrático le llevó a ser encarcelado en 1972… Con tales antecedentes, lo lógico habría sido una autobiografía de ceño fruncido. Pero Laâbi opta por todo lo contrario: un libro transparente, enamorado de los multicolores cielos de Fez, libro repleto de niños y grandes que juegan, se gastan bromas, aplican trucos para ir tirando. Y, más que nada, libro enamorado de una vida familiar que fue feliz gracias a unos padres cariñosos y listos. Laâbi los retrata con ternura, pero nunca con sentimentalismo: al revés, echa mano de la comedia para trazar sobre todo un personaje impar, el de Guita, su madre, rezongona con razón contra todas las obligaciones que le caen, espíritu libre ante los abusos de la autoridad, doméstica o política. Hablando de política: la narración de las luchas por la independencia y la pasión por el rey legítimo (Mohamed v) exilado por los franceses es vívida y verosímil; y lo es precisamente por el humor, por recordar detalles como que la vox populi sabía que el exilado estaba confinado en Madame Cascar (Madagascar)… La lectura de esta autobiografía viene a demostrar lo cercano de las infancias vividas en esos años a uno y otro lado del Estrecho».
Miguel Bayón, «Mosquito en la Medina», El País/ Babelia, 31/12/2004
El hombre del Libro, de Dris Chraibi (1997)
Traducido del francés por Inmaculada Jiménez Morell
Un día en la vida del «hombre del Libro», que no es otro que el profeta de los musulmanes, Mahoma, de la pluma del más universal de los autores marroquíes contemporáneos.
«Con una prosa poética en la que los límites borrosos del sueño y la vigilia transmiten un ambiente misterioso a la pequeña joya literaria, el autor trata de enseñarnos a otro Mahoma, al no mitificado por sus seguidores, sino al humano, al demasiado humano».
I. Urdanibia, «En vísperas de la revelación», Igandegin, 31/5/1998
«El hombre del Libro es seguramente uno de los relatos más hermosos nunca escritos sobre “ese personaje considerable”: el profeta Mahoma».
Fethi Ben Slama, Qantara, revista del Institut du Monde Arabe, París
«Literalmente “hastiado de la caricatura del Islam que hacen tanto en Occidente como los fundamentalistas” Chraibi ha hecho de Mahoma el héroe de su última obra El hombre del libro: la experiencia profética en el momento de la revelación. “Mi miedo era no ser íntegro conmigo mismo. Creo que en este libro sí lo he sido”».
Lola Infante, «Mahoma, último héroe del “escritor francés de expresión marroquí”», Diario 16, 1/2/1995

Mil años, un día, de Edmond Amran El Maleh (2011)
Traducida del francés por Malika Embarek López
«El relato de Nessim, nieto de judíos oriundos de Palestina en la época del Imperio Otomano, oscila entre el remoto pasado familiar en Beirut y el Cairo con las noticias de la matanza perpetrada por las Falanges Libanesas encuadradas por Sharon. La evocación de unos tiempos borrados, de la casa familiar abandonada y vacía, del cementerio marítimo de una comunidad extinta acompaña su recorrido solitario del espacio en el que transcurrió su niñez (...) La visita de Nessim a la tierra de sus ancestros palestinos, en plena guerra de Líbano y tras el horror de Sabra y Chatila, le hará apurar hasta la hez la copa de la amargura: la cruel reiteración de la historia. Los recuerdos se yuxtaponen, los espacios se mezclan, su discurso febril es el de un exiliado por partida doble, de alguien privado de la dimensión milenaria que daba sentido a su vida. De ahí el epígrafe de uno de los capítulos del libro que da su título a la novela: “Si es cierto que mil años pueden transcurrir como un día, nada impide que un día transcurra como mil años”».
Del «Preliminar» de Juan Goytisolo
Los chivos, de Dris Chraibi (2008)
Traducción del francés y Nota preliminar de Inmaculada Jiménez Morell
«… Después de cincuenta años de la publicación de este texto desgarrador y difícil de olvidar, continúan removiéndose en nosotros los brutales interrogantes de ayer, tanta es la fuerza de esta obra que sigue interpelando a las conciencias. Sobre todo cuando el autor se la dedica “a los inmigrantes, a los extranjeros en su propio país: los palestinos de la Intifada”».
Leonor Merino, «Los chivos», El País-Babelia, 29/03/2008
«Los Chivos constituye el primer retrato, nada complaciente, de la dura experiencia de la emigración norteafricana a Europa, cuyo planteamiento sigue vigente medio siglo después de su publicación.
»Los inmigrantes argelinos que van cobrando vida en unas páginas de una dureza –«atroz», dice el propio autor en la “advertencia final” a la edición de 1989– casi insostenible en algunos momentos, son fruto de la realidad –“¿Conoció usted el Nanterre de los años 50?”, pregunta Chraibi a Abdellatif Laâbi en una entrevista en la revista Souffles (5-1967). “Yo viví con ellos. No de testigo, sino como uno más. Había que hacerlo. Tenías que ayunar, un Ramadán eterno… ¿Que por qué lo hice? Pues voy a decírselo: en 10 u 11 años en Francia yo había visto. Constatado. Nuestras almas sangraban en el país de la igualdad, la libertad y la fraternidad. Y digo más: vivo en Aubervilliers. ¿Conoce Aubervilliers, la calle de la Nouvelle France? ‘Los chivos’ siguen allí todavía en 1967”–. Una realidad pasada por el tamiz de la provocación y la irreverencia de la pluma de nuestro autor.
»Decir que las condiciones inhumanas de vida de los norteafricanos en Francia –en este caso, argelinos–, el feroz desarraigo y el racismo son los elementos que componen la trama de esta novela, es casi como si no dijera nada, porque lo esencial de ella, lo que la convierte en un texto mayor, a pesar de su brevedad, es cómo lo dice. Es esa escritura «perturbada», en palabras del mencionado Abdellatif Laâbi. Perturbación que no se limita a fragmentar la lengua en frases cortas, brevísimas en algunos casos, lo que confiere un ritmo sincopado a la lectura y permite al autor crear una atmósfera expectante, sino que disloca el texto hasta tal punto que la última página de la novela en «buena lógica» narrativa sería la primera, pues en ella da comienzo la historia de su protagonista, el cabileño Yalann Waldik…».
Gonzalo Fernández Parrilla e Inmaculada Jiménez Morell, «Dris Chraibi. Provocación e innovación en la literatura marroquí», Awraq, vol. xxv, 2008

Vino, de Mohammed Bennís (2015)
Preliminar y traducción del árabe de Federico Arbós
Segundo poemario publicado en esta misma colección de Mohámmed Bennís, el escritor marroquí del que su traductor dice: «no es solo uno de los mejores poetas marroquíes actuales, sino también todo un referente crítico para los movimientos intelectuales y culturales de su país a partir de los años setenta del siglo xx».
Entre la voz sola que se pierde en el silencio y la embriaguez de la palabra encarnada, entre la oscuridad de la noche y las primeras luces del alba, entre copas y tabernas metafóricas y reales se mueve este libro, Vino, celebración escandida y escanciada de ese licor alegre o triste, generoso siempre, que con el trabajo de sus manos el hombre hace brotar de los racimos de uva, de la vid que alza de la tierra su tronco sarmentoso. Celebración hermética también, en casi todos los significados del adjetivo.
del Preliminar de Federico Arbós
El don del vacío, de Mohammed Bennís (2006)
Frontispicio de Antonio Gamoneda
Traducido del árabe por Luis Miguel Pérez Cañada
El don del vacío es el primer diván de Mohammed Bennis vertido al castellano. En 1993 obtuvo el Premio del Libro Marroquí y es paradigma de la modernidad de la poesía marroquí en lengua árabe.
«Mohammed Bennís es un poeta moderno, que no sigue –o no parece seguir– ni un rumbo único ni el derivado de una sola y única tradición: es un innovador dentro de la suya… El don del vacío lo demuestra: es un libro de economía lingüística máxima, que recuerda los modos del minimalismo y los temas de la poética del silencio, dentro de la que se podría, no sin algún matiz, clasificar.
»Luis Miguel Cañada ha sabido encontrarle el tono –que es, más que la peculiaridad de su gramática, lo verdaderamente difícil en una traducción– y lo ha vertido en un discurso lírico excelente… Excelente y rigurosa poesía la de Mohammed Bennís, un poeta marroquí que representa hoy una de las más sobresalientes líneas de la lírica árabe».
Jaime Siles, «Celosías», abcd Las Letras y las Artes, 20/1/2007
Gaza toma la palabra

En las páginas de este libro aparecen estudiantes, sanitarios y jóvenes escritores que convierten su experiencia inmediata en narración. No cuentan lo que ocurre desde la distancia, sino casi en tiempo real, como si fuera una crónica emitida en directo.
Porque este libro no es únicamente un libro sobre Gaza. Es un libro escrito desde Gaza, con la voz de Gaza. Y esa diferencia lo cambia todo. No estamos ante un ensayo elaborado con la distancia del tiempo, ni ante un reportaje construido tras regresar del terreno. Estamos ante palabras que brotan mientras todo alrededor se derrumba.
Los libros no detienen conflictos, pero ayudan a dar voz a quienes los sufren. Y escuchar siempre es un buen comienzo.
Alexis Vicente Berronodo, Gaza toma la palabra, artículo completo en FronteraD, 16/04/2026
Hablar de Palestina por decoro, por Ilya Topper
ILYA U. TOPPER | —Esta última canción tuya, Javier, ¿no tiene un tono político como evidente, casi panfletario? —pregunté a mi cantautor favorito, mientras íbamos hacia el Café de Levante. En la puerta había un gran cartel con la frase No a la guerra, el lema del recital.
—Mira —me respondió—, a mí me encantan las canciones de amor líricas y la pureza de la poesía, no contaminada por cosas tan sucias como la política, pero si los de arriba —era 2003 y José María Aznar, a la sazón primer ministro de España, se acababa de reunir con George W. Bush para decidir bombardear Irak juntos— se ponen así, no nos dejan otra opción. ¡Tendrán panfleto, panfleto y panfleto!
No sabíamos entonces que el trío de los Azores era un coro de niños de primera comunión comparado con el dúo Trump-Netanyahu que hoy día toca los tambores de guerra. Qué tiempos son estos, diría uno con Bertolt Brecht, en los que es casi un crimen conversar de árboles, porque implica callar tanta injusticia. Y podemos recuperar el sentido en el que Brecht utilizaba la palabra panfleto: no en el difamatorio que hoy incluye una acepción del diccionario, sino en el de una obra literaria rotundamente política, de denuncia sin ambages, de andanada verbal directa contra el adversario, sin florituras, con precisión en el disparo.
La precisión y el estilo conciso son características de Gaza. El genocidio televisado, un ensayo de Mohamed Safa (Nablús, 1956), médico oftalmólogo nacido en Cisjordania y afincado en Galicia desde hace décadas. El planteamiento es claro: con la masacre de Gaza presente en las pantallas de televisión, día tras día, durante dos años, ¿por qué el mundo no hizo nada para ponerle fin? Gaza no es un conflicto olvidado, nadie puede decir que no sabía qué ocurre allí. Todos lo hemos visto, tenemos las cifras, las imágenes, los datos, los nombres de los responsables, sus justificaciones o pretextos —porque negar no niegan sus actos: los exhiben orgullosamente y los reivindican— y aún así, nadie ha hecho nada.
Mohamed Safa se embarca en una gira de reflexiones para hallar la respuesta. En primer lugar señala la táctica israelí de presentar la última ronda de la guerra, aquella desencadenada por el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, como causada por aquel ataque. Lo que convierte a Hamas en culpable de todo lo que ocurrió después. Pero en una guerra contra un ocupante militar o colonial, sea Argelia, sean las tropas alemanas en Francia, la Resistencia, aunque cometa barbaridades —y toda Resistencia comete alguna barbaridad—, no tiene la culpa del conflicto: es su consecuencia, no su causa.
A la táctica de presentar la resistencia, no la ocupación, como la causa primigenia del conflicto contribuye el esfuerzo de Israel de borrar la palabra Palestina de la historia (es espantoso con qué ligereza cuentas de propaganda israelí en Twitter afirman que este territorio jamás se ha llamado Palestina, cuando el propio movimiento sionista durante exactamente medio siglo, desde su primer congreso en 1897 hasta la proclamación de la independencia de Israel en 1948, nunca utilizó otro nombre que el de «Palestina» para las tierras que colonizó). Y este afán negacionista se complementa con la presentación de Israel como «pueblo» perseguido y principal víctima de la historia mundial a través del holocausto. «Cuestionar el Estado de Israel, entonces, es percibido como una amenaza a la memoria de los muertos en el Holocausto. Como si toda denuncia del colonialismo en Palestina fuera, en realidad, una reedición del odio antijudío», lo resume con acierto Safa.
Para cimentar su discurso, Safa cita sobre todo a autores israelíes, muchos, si bien no todos, de la izquierda que conocemos: Ilan Pappe, Shlomo Sand, Meir Margalit, pero también a numerosos otros autores y norteamericanos, judíos en parte, para ilustrar el marco ético en el que se mueve la cuestión de Palestina. Porque aquí no hay tribalismo, no se trata de escribir desde Palestina contra un mundo hostil sino de aplicar a Palestina precisamente los conceptos, leyes y pautas que la civilización que se llama humanista se ha dado y que consideramos, universales.
Y así lo refleja uno de los párrafos más sucintos del libro, el que citando a Valle-Inclán recuerda a aquel tertuliano que afirmó haberse hecho revolucionario «por decoro». Es decir, por decencia, por rectitud. Que es el motivo, hoy, de ser lo que desde el otro bando llaman «propalestino».
Mohamed Safa escribe este libro, intuimos, por decoro, no por ser palestino de Nablús; de hecho, si no fuera por su nombre y apellido, no adivinaríamos que nació en algún lugar fuera de España. No se transmite experiencia propia y ni siquiera cercanía personal a los hechos en esta reflexión humanista, ética e histórica.
Y tampoco hay una intención de ir más allá de esta reflexión, que presenta al pueblo palestino como un conjunto frente o bajo las políticas de otro conjunto, el Estado israelí. No analiza las dinámicas internas de la sociedad israelí, ni menos las de las sociedad palestina. Hamás es, simplemente, el factor político-militar que representa a Gaza y que como tal es sujeto a los ataques. Qué piensa la sociedad palestina de Hamás, cuál es la efecto de la imposición del islamismo radical de Hamás a toda la sociedad que domina, no interesa aquí, no es el cometido de este libro. El autor, que fue alguna vez delegado del Frente de Liberación Palestina, un grupo laico y marxista, parece cerrar filas con Hamás, porque cierra filas con el movimiento de resistencia popular palestino, y este movimiento en Gaza actualmente se expresa a través de un grupo armado, y por añadidura islamista. Lamentablemente, pensaremos muchos, pero ¿eso cambia algo?
Si en lugar de Hamás, Gaza estuviera bajo dominio del Frente de Liberación Palestina, los guerrilleros llevarían cintas rojas en lugar de verdes en la frente, y en verano veríamos a chicas en pantalón corto compartir una cerveza en las playas de Gaza. Eso sí. Pero el misil israelí las destrozaría igual que ahora destroza los cuerpos de niños que juegan a la pelota en la arena o intentan huir de un bombardeo. No habría diferencia en la opresión, la ocupación, la guerra.
Quizás habría una diferencia, y es que las imágenes de lo que podrían ser veraneantes en Alicante destrozadas por los bombardeos quizás impactarían aún más en la opinión pública europea que las de señoras en embozo negro llorando por sus hijos. Pero ¿haríamos algo? ¿podríamos hacer algo? ¿qué podemos hacer? A esa pregunta tampoco responde Safa.
Podemos leer este libro. No es mucho. Y podemos, esto es un consejo de mi parte, dejar de retuitear a cuentas que difunden propaganda israelí que niegan la humanidad a sus víctimas y, por falsarias, no alcanzan ni el nivel de panfleto. Eso sí lo podemos hacer. Por decoro.
Artículo completo en Estado Crítico
"Libro negro de Gaza: un viaje en directo a la vida y la muerte de los jóvenes palestinos", por Beatriz Lecumberri (El País, 2/3/26)

Libro negro de Gaza: un viaje en directo a la vida y la muerte de los jóvenes palestinos
Los relatos de estudiantes, músicos, periodistas y médicos trasladan al lector a una realidad cruda y desnuda donde la vida intenta salir a flote
Beatriz Lecumberri Madrid | El País | 02 MAR 2026
“Se habla mucho de Gaza, pero rara vez se la escucha. El mundo ve cifras, destrucción y titulares, pero no a los jóvenes que padecen todo esto. Nuestras voces importan”. Nour Ahmed Abed responde a las preguntas de este periódico desde un café con conexión a internet en Deir el Balah, en el centro de la Franja, donde nació hace 28 años. Su voz es una de las que componen El libro negro de Gaza (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), publicado en febrero, en el que 17 jóvenes desmenuzan su forma de ver la vida en este pequeño territorio devastado por más de dos años de bombardeos israelíes que han dejado más de 70.000 muertos palestinos.
Cómo se huye de un hogar en cinco minutos porque lo van a bombardear, por qué seguir estudiando cuando no hay futuro a la vista, de qué sirve enamorarse en Gaza, qué se come cuando no hay absolutamente nada, quién explica a las niñas huérfanas qué es la regla, por qué la música es un refugio entre las ruinas, cómo suenan los drones israelíes sobre la tienda de campaña noche tras noche, por dónde se empieza a reconstruir, física y anímicamente una vida. Todo contado en primera persona.
“No somos simplemente víctimas. Somos pensadores, soñadores, escritores, amantes, estudiantes... Nuestras historias no solo hablan de muerte sino de una vida que insiste en salir adelante”, dice Ahmed.
Sus textos y respuestas en esta entrevista denotan un fuerte compromiso humanitario y una especial preocupación por el futuro de las niñas de Gaza. “Me niego a reducir mi existencia a la mera supervivencia. Ser humano es buscar un sentido, ayudar, conservar tu identidad... Recuerdo que hace unos meses fui a un punto de internet a descargar la película favorita de mis sobrinas. La vimos escuchando las bombas israelíes y subí el volumen para alejarlas de la realidad”, recuerda en la entrevista.
Gonzalo Delgado, periodista y editor de este libro, comenzó a contactar a jóvenes gazatíes buscando relatos cortos, escritos casi en tiempo real, con el fin de “proteger la memoria” y trasladar al lector a ese lugar y momento concretos, como ya ocurrió con crónicas escritas por ejemplo desde Sarajevo en los años noventa. “Los primeros autores trajeron a otros jóvenes estudiantes, profesores, médicos o músicos y el libro fue tomando forma”, cuenta a este periódico. “Son relatos que emergen de las ruinas, como la gente. Y nos traen la realidad al desnudo. La fuerza del libro es que es un diario real desde Gaza”, agrega.
"Son relatos que emergen de las ruinas, como la gente. Y nos traen la realidad al desnudo. La fuerza del libro es que es un diario real desde Gaza" (Gonzalo Delgado, editor).
“Un deber nacional”
Además de desgranar sus propias vivencias, estos jóvenes autores se convierten en narradores de las vidas de sus vecinos, amigos o de desconocidos: “En cuestión de segundos, el edificio de cinco plantas desapareció. Vi cómo Huda se precipitaba por un profundo agujero bajo mis pies. La agarré de la camiseta, tratando de rescatarla, pero se me escurrió entra las manos”, contó Hala, una chica de 18 años, a la periodista Assem al Jerjawi, recordando la muerte de su hermana.
“Malak se estremece cada vez que se cierra de golpe la puerta de un armario. Ha dejado de correr. Ya no pinta soles ni casas”, narra Ibrahim Yaghi, estudiante de Literatura inglesa en la Universidad islámica de Gaza, en un texto consagrado a la salud mental infantil.
Para Nasser Rabah, veterano poeta gazatí que sigue escribiendo desde la Franja, la escritura “ha pasado de ser un acto personal a ser un deber nacional” y estos relatos “defienden una humanidad negada y una dignidad pisoteada", considera en el prólogo del libro.
“La vida en Gaza es una realidad agotadora e implacable, a la que no he tenido más remedio que adaptarme en contra de mi voluntad”, detalla en uno de los textos Ahmed Sbaih, de 22 años, desde Ciudad de Gaza. “Escribo estas palabras sin haber probado bocado en tres días. En mi boca no entra otra cosa que agua amarga. El hambre se ha convertido en un ser que vive en mí, me devora lentamente, sin piedad”, escribe Ghaydaa al Abadsa, de 24 años, desde Jan Yunis.
En agosto de 2025, la ONU declaró la hambruna en Ciudad de Gaza y concluyó que toda la población de la Franja, más de dos millones de personas, estaba pasando hambre.
“Creo que el resultado es tan gráfico que te da la sensación de haber estado ahí y de ser un testigo invisible en el momento en que tienen que desplazarse, tienen el estómago vacío, miran al mar o hablan con los niños”, agrega Delgado.
La reconstrucción no solo significa levantar edificios sino sanar traumas, restaurar la dignidad y la confianza en el futuro. Si reparamos los muros sin reparar las almas, seguiremos rotos Nour Ahmed, abogada gazatí.
Poner fin a la deshumanización
Los jóvenes también escriben para lamentar el silencio del mundo y criticar el doble rasero que, según ellos, se usa para medir el sufrimiento de israelíes y palestinos: “Dicen que Gaza está gobernada por Hamás. Como si eso bastara para condenar a todo niño que nace allí”, dice Yaghi, lamentando, con un tono visiblemente hastiado, que cuando “representantes israelíes lanzan informaciones imposibles de verificar, el mundo las reproduce sin cuestionarlas”.
Nour Ahmed también se detiene en las complicaciones añadidas a las que se enfrentan las mujeres de la Franja. “Recuerdo que había que hacer cola y pagar para usar un baño. Durante un mes solo me bañé una vez y sin jabón. Me corté el pelo para gastar menos agua y aún conservo ese mechón. Me duele el corazón al contarte esto”, cuenta. En sus textos habla sin tabú de una niña que ha perdido a su madre y que piensa que se va a morir cuando tiene su primera menstruación porque nadie le ha explicado nada. “La muerte y el desplazamiento hace que haya niñas que se enfrenten a estos cambios solas, sin referentes y sin material higiénico. Romper este silencio también es un acto de protección”, explica.
En El libro negro de Gaza también se subraya la importancia de la educación, “una forma de supervivencia”, de “orden en medio del caos”, de “proteger a los niños recordándoles que su futuro es más amplio que esta guerra”. “Sin educación, corremos el riesgo de crear una generación moldeada solo por el trauma y la ausencia de ética y valores”, dice Ahmed.
Dicen que Gaza está gobernada por Hamás. Como si eso bastara para condenar a todo niño que nace allí (Ibrahim Yaghi, estudiante de Gaza).
Amira Hass, periodista y escritora israelí que ha vivido durante años en los territorios palestinos, escribe el epílogo de El libro negro de Gaza y asegura que los textos son “un testimonio de resiliencia e inventiva bajo las condiciones más terroríficas que puedan imaginarse”. “Cada relato nos muestra personas concretas, no generalizaciones o imágenes borrosas. Además, cada texto cuestiona otro cliché: el de la ‘deshumanización de los palestinos”, asegura.
La entrevista con Ahmed termina hablando del futuro y la reconstrucción. ¿Es posible? “Tengo que pensar antes de responder. ¿Puede volver la Gaza que conozco y que me conoce a mí? La reconstrucción no solo significa levantar edificios sino sanar traumas, restaurar la dignidad y la confianza en el futuro. Si reparamos los muros sin reparar las almas, seguiremos rotos. La reconstrucción debe incluir la salud mental, la educación, el empoderamiento de las mujeres y la justicia", concluye esta abogada.
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‘¡Oíd, humanos!’: el místico de la poesía iraní, una voz de la civilización que Trump amenaza con destruir
Qué decir de los legendarios Omar Jayyam, el autor de las célebres Rubayat; del místico Rumi, que compuso el monumental Masnavi; y del también poeta místico Attar, autor de El lenguaje de los pájaros. Ya en el siglo XX, el mito más reciente de la poesía iraní es Forugh Farrojzad, muerta en 1967 de forma trágica. Precisamente ella consideraba a Nima Yushij, el poeta que ahora se traduce al castellano por primera vez, un inspirador a la altura de Hafez, al entender la poesía como un lugar de perfeccionamiento de lo humano.
La vida de Nima Yushij (1897-1960) coincide con la radical transformación de Irán. En 1905, una fallida revolución constitucionalista dio pie a una época de convulsiones y modernización, hasta el punto de que en 1935 la antigua Persia pasó a llamarse oficialmente Irán. En 1953, un golpe de Estado planeado por la CIA liquidó el proyecto altermundista del primer ministro Mosaddeq, hecho que se ha traído a colación últimamente con motivo de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Yushij fue encarcelado por sus simpatías comunistas, y a su muerte apenas gozaba de reconocimiento. Veinte años después, en un Irán ya en plena efervescencia revolucionaria, se había convertido en el “santo” de la poesía iraní contemporánea, un clásico indiscutible. A Yushij le siguieron poetas que en Occidente, paradójicamente, son más conocidos que él, como Sohrab Sepehrí o Ahmad Shamlu. Pero en Irán la genealogía está clara.
La poesía de Nima Yushij ve la existencia de una manera trágica. Una tragedia que se desarrolla en una naturaleza sabia. La fuerza de la naturaleza lo puede todo. Irán es un país de una naturaleza grandiosa: en la poesía de Yushij hablan los ríos, los lagos, las arboledas, la fauna, las estepas. El hombre, marcado por el conflicto histórico (el mundo es una “hospedería asesina de huéspedes”), busca en la naturaleza el sentido y la unión. Y lo encuentra en la noche y en la soledad.
Los poemas de Yushij rezuman un esplendor místico. El ser humano aparece poco, hay pocos personajes en sus versos, todo lo más figuras solitarias que son un trasunto del propio poeta. Lo cual no quiere decir que su poesía no contemple a los demás y no se dirija a ellos y tenga hasta cierto carácter político, dada la amplitud de su simbolismo: “Claro es para vosotros el propósito de mi palabra: / una mano sola carece de voz, / mi mano pide auxilio a vuestras manos”. Un simbolismo enraizado, por otra parte, en una cosmovisión chií de la vida, que aguarda la llegada del mahdi, el imam oculto que redimirá los tiempos: “Es hora de que el fin de los tiempos lance un bramido”, dice el poema que cierra esta antología. De momento, el bramido es el de la guerra.
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CHEMA CABALLERO SE HACE ECO DE LA PUBLICACIÓN DE "ESE MARRUECOS QUE FUE EL MÍO"

#HayQueLeer 'ESE MARRUECOS QUE FUE EL MÍO', de Jocelyne Laâbi (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2025. Traducción del francés de Antonio Álvarez de la Rosa).
En los años 70, durante los llamados ‘años de plomo’ de Hassan II, intelectuales y militantes de izquierda fueron detenidos y encarcelados durante años en Marruecos. Tras su liberación, algunos contaron sus experiencias en varios libros.
Pero no había una voz que contase, directamente y en primera persona, cómo las familias (mujeres, hijos, madres o hermanos) vivieron aquellos años. Ahora, Jocelyne Laâbi lo hace en esta obra. En la primera parte cuenta su infancia en Maquínez y el descubrimiento del pasado fascista de su padre. Luego salta al arresto de su marido, Abdellatif Laâbi, y cómo ha de vivir desde ese momento con sus tres hijos, la búsqueda del detenido, las visitas a las cárceles, las humillaciones pasadas, la lucha de las familias, la resiliencia de las mujeres… Un testimonio en primera persona que arroja luz sobre aquellos años oscuros y muestra el camino recorrido por las familias para no perder el cariño y el contacto con los suyos.

Beatriz Lecumberri entrevista en El País a la poeta palestina Hind Joudah, una de las autoras recogidas en la antología "Maneras de ser Palestina"

Hind Joudah se detiene con gesto sorprendido ante una bandera palestina desgarrada que ondea en la puerta de una cafetería en el centro de Madrid. El dueño le explica que alguien la ha rasgado esa noche, pero que así queda incluso más auténtica y no la piensa quitar. Esta poeta palestina de 42 años, que pudo salir de la Franja de Gaza meses después del inicio de los bombardeos israelíes y vive en Egipto, afirma que la solidaridad que transmiten esos detalles la reconforta desde hace meses. Desde octubre de 2023, siente que la poesía es como lanzar al mar un mensaje en una botella. “Un mensaje enviado desde una tierra aislada y en llamas, que llega hasta personas que están lejos, como ha ocurrido aquí en España, pero también en Italia o en Francia”, explica, en una entrevista con este periódico.
Sus versos están recogidos en la recién publicada antología Maneras de ser palestina (Ediciones del oriente y del mediterráneo), en la que Luz Gómez, catedrática de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid, ha reunido a 15 autoras palestinas menores de 50 años de Gaza, Cisjordania, Jerusalén, Israel y la diáspora.
La poesía de Joudah y del resto de autoras sorprende, conmueve e interpela: “El futuro está preso, y cada vez que levanta la cabeza, una guerra lo mata”, escribe Neama Hassan, desde Gaza. “Para ser una madre palestina, tienes que aprender a contar cuentos de hadas en las noches eternas de los bombardeos”, relata desde Jerusalén Maya Abu Al Hayat. “Las balas no me dieron tiempo a abrazar el corazón de mi amado”, solloza en sus versos Mona Musaddar, palestina que vive Doha.
Pregunta. ¿Por qué siente que escribir poesía es como lanzar al mar un mensaje en una botella?
Respuesta. Primero porque Gaza está a orillas del mar y segundo, porque la gente ve la masacre contra mi pueblo a través de una pantalla y mis poemas permiten decir cómo me siento realmente y recogen mi verdad. Son un mensaje enviado desde una tierra aislada y en llamas, que llega hasta personas están lejos, como ha ocurrido aquí en España, pero también en Italia o en Francia.
P. Uno de sus poemas dice: “Soplaré las heridas de Gaza y le cantaré para que se duerma. Le taparé los oídos para que no oiga el rugido de los aviones”.
R. Son los versos de una madre, que escribe poesía desde una Gaza en guerra, un lugar lleno de personas que necesitan protección y cuidado, como nuestros hijos cuando son pequeños. Es mi vida hecha palabras.
P. ¿Qué hace única a la poesía escrita por mujeres palestinas recogida en esta antología?
R. El poema que acabo de mencionar solo lo puede escribir una mujer. Es totalmente femenino. En esta guerra, las mujeres lograron contar y el mundo nos escuchó y nos dio un espacio. Mis poemas se han traducido a 15 lenguas y eso es muy importante. No soy un caso único, pero ha tenido que ocurrir algo tan terrible para que nuestra voz se oiga. Y esta antología termina de hacernos justicia, porque reúne las voces de 15 poetas.
P. ¿Escribió mucho durante los meses de guerra que vivió en Gaza?
R. Mucho. Era una necesidad. La poesía es mi vida, mi manera de existir. Cuando Israel comenzó a bombardear, empecé a escribir sobre todo aquello y a publicarlo online. Tenía mucho miedo a morir y sentía esa urgencia de plasmar ciertas cosas antes, por si acaso. Para que mis sentimientos y los de la gente a mi alrededor se quedarán ahí reflejados.
P. Hace un tiempo entrevistamos a otro poeta gazatí, Nasser Rabah, y decía que la poesía era un deber patriótico.
R. Estoy de acuerdo. La poesía se convirtió en una manera más de documentar el horror de Gaza. Mis palabras llegan al mundo y quiero pensar que sirven de algo. Los versos de estos dos años no tienen muchos artificios, son una foto de la realidad contada de manera subjetiva, con mucho sentimiento y sobre todo dolor. Mis versos hablan de la falta de pan y de azúcar, de las ruinas, del miedo y del sonido de los drones israelíes.
P. En uno de sus poemas dice que se siente avergonzada por tener ropa limpia y no pasar frío.
R. Ese poema lo escribí desde la zona central de la Franja, cuando Israel bombardeaba sobre todo el norte y el sur. Dentro del horror, me sentía mucho más segura que otros familiares o amigos y eso me hacía sentir mal. Pero los momentos de culpa más fuertes los he sentido después. Hace un tiempo me invitaron a París a leer mis poemas. Y llegué allá, a una ciudad preciosa, tan a salvo... y me dije ‘¿qué hago yo aquí mientras mi familia está en Gaza?’ Me derrumbé.
P. ¿Dónde está en este momento su familia?
R. En el centro de Gaza, en la zona de Al Zawaidah, en la casa de mi padre, donde hay unas 40 personas de la familia desplazadas. No hay ventanas y hay un gran agujero en el salón debido a un proyectil, pero todavía es una casa. El ejército israelí no llegó a entrar en el pueblo en estos dos años. Y los vecinos se ayudaron mucho unos a otros, consiguieron sembrar algún pepino y tomate y fueron sobreviviendo.
P. ¿El alto el fuego la hace respirar y tener más esperanza?
R. Creo que lo más cierto que se ha dicho sobre el alto el fuego es que Donald Trump está tratando de salvar a Israel de sí mismo. Yo no logro estar del todo tranquila y confiar. Espero que no vuelva a haber masacres y bombardeos, porque Gaza necesita un periodo de calma hasta que se pueda llegar a hablar de una solución más definitiva.
P. Entonces, sigue siendo difícil proyectarse en el futuro.
R. Yo no tengo ningún plan. Me da miedo que no podamos volver y que haya mucha gente que se vea obligada a salir. Mi abuelo tuvo que marcharse de Ashdod, hoy en territorio israelí, hace más de 70 años y arrastramos esa pena desde entonces. No queremos que nuestros hijos sufran un nuevo exilio, una nueva Nakba. Yo siento que puedo afrontar la pérdida de mis padres, pero no podría nunca aceptar la pérdida de Gaza.
P. ¿Cómo recibe Egipto a familias gazatíes como la suya?
R. Las autoridades egipcias no nos lo ponen fácil. Mis tres hijos, por ejemplo, no tienen derecho a ir a la escuela pública en El Cairo. Así que, como ocurre con todos los niños gazatíes que viven en el país, estudian online con profesores de Cisjordania. En el fondo, quieren que nos marchemos. Bueno, entonces, creen las condiciones, abran la puerta y volveremos a Gaza.
P. ¿Cómo es escribir desde el exilio?
R. Más complicado. No se pueden sentir las cosas igual. He escrito mucho sobre el dolor y sufrimiento de Gaza y ahora, la pregunta que planea en mis versos es: ¿por qué el mundo no ha hecho nada? Aunque sé que aquí en España hay manifestaciones importantes, he podido incluso ver una y he enviado fotos a mi familia en Gaza para se sientan menos solos.
P. En esta antología hay otra autora gazatí, Batool Abu Akleen, que escribe sobre la tumba que quiere para ella sola. Tiene solo 20 años. ¿Qué le provoca leer esos versos?
R. En Gaza ha habido tantos muertos que no se ha podido enterrar a la gente individualmente. Hay tumbas colectivas. Los versos de esta mujer tan joven nos golpean y nos chocan. Ella debería estar pensando en bailar y amar, pero esa es nuestra vida.
P. ¿Cuál fue su último poema?
R. Habla sobre mi barrio, Tel al Hawa, en Ciudad de Gaza, que está totalmente destruido. Dice algo así: “Me acuerdo de sus árboles, de cómo suena el viento en sus ventanas, conozco el olor del mar y el reflejo del amanecer en cada rincón. ¿Esto es de verdad? La ciudad se escapa, se mezcla con las piedras y parece que todo huye, mientras los corazones están bajo las ruinas de las casas. ¡Ay, Gaza! A la vista de todos estás a punto de desaparecer". Es tan doloroso que ni siquiera he querido compartirlo con mi familia.
Artículo completo en El País
Luna Miguel en Babelia / El País: "También hubo trovadoras: poetas que sufrían, elegían y eran las adoradoras"

Se trata Albores de una recopilación de las únicas trovadoras conocidas hasta la fecha, mujeres de clase alta de los siglos XII y XIII, cuya lectura, estudio y reconocimiento no empezó a producirse hasta finales del siglo XIX. Sus nombres no son más de veinte, frente al alrededor de los cuatrocientos que conforman las listas de trovadores masculinos; y las historias de sus vidas, a menudo difusas e inaccesibles, pueden desentrañarse en las investigaciones de autoras como Marirí Martinengo o Magda Bogin, citada esta última por Janés para destacar sus ideas alrededor de la ampliación del significado del amor cortés que hay en todas ellas. Es sabido que este tipo de poesía en lengua occitana nació para ser cantada y entretener a la vez que remover conciencias, a través de la sublimación del amor erótico, a menudo prohibido y ajeno a la norma matrimonial. A pesar de su intención rompedora, como señala Clara Janés, esta poesía también caía en el retrato de la mujer como un ser pasivo, siempre servil y sumiso, apenas sintiente, y es esa la razón por la que la voz de las autoras de Albores es aún más única y radical, pues aquí “son ellas las amadoras, las que eligen, las que sufren, también”, y “de adoradas pasan a ser adoradoras”.
¿Sus nombres? Entre otras, La Comtessa de Dia, Azalaïs d’Altier, Bieiris de Romans, Guilherma de Rosers o la misteriosa Constanza, Reina de Mallorca, autora, a mi juicio del poema más hermoso entre los aquí contenidos: “Amo al que es bueno y es bello, Y alegre soy como el pájaro blanco / Que, por amor, emite su canción. / Y yo soy señora y reino, / Y que aquel al que amo no se lo reproche, / Pues, sobre todas, soy la mejor amante, / Y he elegido al más digno, / Al mejor; y lo amo tanto / Que creo verlo con el pensamiento”. Indudable la marca sáfica en esta filosofía interna, según la cual, si algo es bueno es porque es bello y viceversa, pero sobre todo así lo propone nuestra imaginación. El ser amado visto como espíritu fantasioso y libre, y no tanto como una posesión coleccionable. Si por las místicas aprendimos que los poemas son objetos de fe, junto a las trobairitz descubrimos que con la lírica amorosa podemos invocar cualquier anhelo, ya que, por medio del poema se hará verdadero. Rebelde humana, ¿escribe y canta lo que deseas y amas?
Artículo completo en Babelia / El País 8 de marzo de 2025

Cinco libros sobre Siria




"En conversación con Mosab Abu Toha", por Joselyn Michelle Almeida

FUNDACIÓN ESPACIO PÚBLICO
10 diciembre 2024
Mosab Abu Toha es un poeta, ensayista y periodista palestino. Su ópera prima, Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído: poemas desde Gaza (ediciones del oriente y del mediterráneo, 2024; en inglés Things You May Find Hidden in My Ear, City Lights, 2022), obtuvo el Premio del Libro Americano 2022, el Premio del Libro de Palestina 2022, el Premio de Poesía Derek Walcott 2022, y fue nombrado finalista del Premio Nacional del Círculo de la Crítica en Poesía. Forest of Noise [Bosque de ruido] (Knopf, 2024), su segundo libro, fue publicado en octubre.
Esta entrevista se llevó a cabo el 1 de diciembre, después de que Abu Toha terminara su gira por Francia y España, donde estuvo en Madrid y Barcelona.
Gracias por hablar conmigo hoy mientras te preparas para una nueva gira de conferencias por varias ciudades de los EE. UU. Para mí fue un gran privilegio y una profunda alegría recibirte en la Ciudad de Cibeles y dialogar hoy sobre Palestina, Gaza y tu poesía.
Empecemos con la poesía si te parece. Una de las cosas que más me inspira de tu obra es cómo el poder lírico y elegíaco de tu poesía también se nutre de su relación con la historia. Pienso en poemas como «Qué es hogar», «Mi abuelo y el hogar» o «La metralla busca la risa» de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído, y «Cuaderno de Gaza 2021-2023» o «De rodillas» de Bosque de ruido. ¿Qué relación hay entre tu poesía y la historia de Palestina?
Muchas gracias por el tiempo que pasamos juntos, aunque fue muy poco. Espero que la próxima vez tengamos más tiempo; me gustaría hacer un recorrido por Madrid, una visita de verdad porque tuve, ya sabes, un tiempo muy limitado en la ciudad. Tuve entrevistas con los periódicos y el evento, así que la próxima vez espero poder hacer una visita adecuada.
Como poeta palestino, no puedo separar mi poética de la historia en la que nací. No creo que nadie pueda separar su propia vida de las circunstancias en las que nace. En mi caso, nací de padres que nacieron en campos de refugiados, y cuyos padres también fueron refugiados desde 1948. Así que toda mi poesía es sobre nuestro destierro y nuestra patria, nuestra tragedia como personas que han experimentado el trauma y la muerte y la pérdida ininterrumpidamente. No recuerdo un solo día sin amenaza de muerte en Gaza, donde nací en 1992. No recuerdo un año en el que no haya perdido algo; cuando no fui capaz de hacer algo; cuando me privaron de mis derechos humanos básicos, de viajar, de encontrarme con amigos y familiares de afuera o incluso cercanos, quiero decir. Es imposible no pensar en la historia de Palestina.
Somos personas conscientes y somos también conscientes de la historia de esta catastrófica ocupación que empezó incluso mucho antes de 1948, durante el Mandato Británico con la promesa que hizo Arthur James Balfour en 1917 a los sionistas de darles la tierra de Palestina para crear su propia patria en la patria de un pueblo que ya existía desde hacía siglos. Y que tenían sus vidas, su vida cultural, su vida social, su vida económica— teníamos muchas ciudades que exportaban productos al mundo exterior. Pero sabemos que el momento presente que estamos viviendo es el resultado de esta historia, de estos años que fueron testigos de la entrega de nuestra patria a extranjeros, a personas que nos son foráneas. Todavía estamos sufriendo las secuelas de toda esta historia.
¿Qué se siente al volver a Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído en Francia y en España para presentar las traducciones al francés y al español del mismo?
Creo que ha sido una experiencia muy importante para mí ver cómo la gente reacciona a mi poesía en inglés y también en español y francés. Me di cuenta de que la recepción de mi poesía en otros idiomas es igual que en inglés. Y esto significa que la poesía en sí misma es un lenguaje, independientemente del idioma en el que esté escrita. Y también me encantó escuchar mis poemas recitados en un idioma diferente que no entiendo, ya que solo hablo inglés y árabe. Sí, fue importante ver cómo se perciben los poemas en otra lengua, pero también me puso de relieve que la poesía en sí misma es un lenguaje que se puede sentir independientemente del idioma que estemos usando para traducirla.
¿Hay escritores del mundo iberoamericano que hayan entrado en tu lista de lecturas?
Lorca, por ejemplo, y Pablo Neruda.
Pablo Neruda respondió a Walt Whitman, algo que has hecho en tu obra, cuando respondes a voces como la de Whitman, la de Allen Ginsberg, la de Audrey Lorde…
… También Edward Said, Adorno …
… Entonces, cuando respondes a estos escritores canónicos de la literatura angloamericana y mundial, ¿qué estás haciendo? Pienso que es un momento importante en tu obra.
Sí, como ser humano estoy en conversación, en contacto con esas personas que vivieron décadas antes. Tengo un poema inédito que escribí hace años que se llama «Una respuesta desde Gaza al soneto 18». Estoy en conversación con estos autores. Soy un artista que vive en una época distinta y en un lugar diferente y hago las cosas de otro modo porque he vivido una vida diferente.
El tipo de generación que Ginsberg describió es distinto a mi propia generación. Mi generación nunca ha podido salir de Gaza. Han perdido a muchos familiares. Han vivido en tiendas de campaña. Han pasado semanas y meses buscando agua, comida, pañales y medicinas para sus hijos, o para sus madres, o sus familiares enfermos.
¿Dirías que esta conversación es un correctivo del Sur Global, especialmente en ese poema a Ginsberg, donde reescribes el conocido verso de Aullido, «Vi las mejores mentes de mi generación»?
Sí, creo que vivimos en diferentes partes del mundo, el tipo de cosas con las que estamos luchando… Hay ironía.
Das una lectura irónica a ese texto. De algún modo, estás empoderando a los lectores para que realmente cuestionen las premisas… Despiertas la duda de que tal vez Ginsberg no vio lo suficiente.
No solo él, sino también las personas que lo leen. Sé que Ginsberg es alguien que viajó por diferentes partes del mundo, pero sin incluir Gaza. Él vivía en su propio mundo, pero yo he vivido en su mundo y también en mi propio mundo. Desgraciadamente, su mundo —no él en particular— sino su mundo, que es Occidente, hablando de América, es responsable del tipo de mundo en el que estoy viviendo. Quiero decir, en Gaza, en Palestina. No influí en su generación. No traje nada malo a su país.
No me refiero sólo a mi generación, sino también la generación de mi padre, la generación de mi abuelo y también la generación de mi bisabuelo, que también murió en un campo de refugiados.
Has sugerido que la poesía es su propio idioma. ¿Cómo contrarresta la narrativa hegemónica difundida por los principales medios de comunicación y otros actores? ¿Cómo resiste la poesía?
Creo que la poesía revela la narrativa hegemónica que se pronuncia diariamente por parte de las entidades políticas, los países, los gobiernos, las personas racistas… La poesía expone la verdad sobre lo que está sucediendo después de que se construyen tales narrativas. La poesía revela que conoces la verdad de lo que significa estar en el poder. Aquí hablo del poder militar y del poder político. Así que destapa la atrocidad, lo que hay detrás de estas narrativas hegemónicas que destruyen no solo a las personas sino también el lugar, la geografía de las personas, y las desplazan e incluso borran todo lo que les pertenecía. La poesía muestra que lo que la gente en el poder dice tiene como consecuencia la destrucción de tierras y personas.
La poesía pone de relieve lo que está sucediendo, porque los medios simplemente no están haciendo su trabajo, no solo porque muchos medios son parciales, sino también porque Israel está impidiendo que los periodistas vayan a Gaza y cubran lo que está sucediendo. Así que la poesía está haciendo esto para mí.
Has señalado que hay continuidades importantes entre Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído y Bosque de ruido. ¿Qué continuidades y diferencias importantes hay?
Creo que los poemas de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído tratan sobre lo que sucedía en Gaza y siguió sucediendo incluso después de que se publicara el libro; mientras que los poemas de Bosque de ruido tratan sobre algunas de las cosas nuevas que Israel cometió después del 7 de octubre, por ejemplo: la destrucción, no solo de casas sino también de barrios enteros, el bombardeo masivo de las ciudades, el enterramiento de familias bajo los escombros durante meses, el hecho de que tantos cadáveres fueran devorados por perros y gatos hambrientos.
Nunca vi estas cosas cuando estaba escribiendo Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído y nunca he vivido un asalto militar de estas dimensiones (el más largo que viví fue en 2014, que duró unos 51 días), pero con este estamos hablando de 423 días, sin cesar. Hambruna. Cortar la luz, el agua, el combustible, las medicinas, perder a tantos miembros de mi familia, perder a algunos de mis alumnos, el bombardeo de la escuela donde enseñaba, el bombardeo de mi casa y todo lo que tenía. Este es el tipo de diferencias… como mi experiencia al ser secuestrado por el ejército israelí.
En resumidas cuentas, lo que recogen los poemas de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído volvió a suceder en 2022, 2023 y ahora en 2024 a mayor escala.
Para enlazar esto con lo que dijiste sobre el presente continuo de la historia palestina y la tragedia y catástrofe de Palestina…
Sí… Me refiero al hecho de que escribo un poema y sé que no es un poema sobre algo que sucedió, sino sobre algo que sucederá una y otra vez… así que esto es lo que hace que mis poemas y los poemas de otros autores palestinos sean diferentes de otra poesía. No digo que seamos las únicas personas que realmente estamos experimentando aquello sobre lo que escribimos, quiero decir que no estamos escribiendo sobre algo que sucedió y que terminó. Escribí un poema sobre una niña y su padre, y sé que hay muchas otras niñas, padres, niños y madres asesinados de la misma manera, y sé que volverá a suceder.
Hace un año y dos semanas, la FDI te secuestró cuando te dirigías al paso de Rafah mientras tú y tu familia intentabais salir de Gaza. Lo describes en un artículo en The New Yorker y en el poema «De rodillas» de Bosque de ruido. Este evento traumático subraya cómo Israel ha atacado en Gaza a otros intelectuales y escritores, médicos, abogados…
El objetivo de cualquier ocupación es hacer la vida lo más miserable posible, y esto se puede hacer mediante el asesinato de médicos, periodistas, escritores y profesores universitarios con su familia. Esto es un crimen en sí mismo. Me refiero al hecho de que nosotros en Gaza, nosotros en Palestina, ya no tendremos a nadie como esta persona que fue asesinada. Imagina cuánto tiempo le tomó a esta persona ser quien es, ya sea un médico, un cirujano, un profesor universitario, un poeta, un artista o un ingeniero. Imagina cuánto tiempo le llevó estudiar y adquirir más y más experiencia, convertirse en un experto en su campo. Imagina cuánto tiempo nos llevará reemplazarlo. Esto es un doble crimen de guerra. No solo porque mataste a alguien, sino porque privaste a su comunidad, a su gente, de lo que podía ofrecerles, ya sabes, antes de que lo mataran, antes de que el genocidio llegara a su fin. Así que este es un hecho devastador del que todo el mundo debería ser testigo.
Entre las grandes pérdidas que el mundo llora contigo está la de tu profesor y amigo poeta Refaat Alareer, cuya obra completa, Si debo morir: poesía y prosa, llevabas contigo cuando llegaste a Madrid. ¿Podrías hablarnos un poco sobre cómo te influyen su amistad y su trabajo?
Creo que la influencia de Refaat ha tocado a todos los que lo conocieron o incluso a personas que nunca lo conocieron, porque Refaat no solo fue un artista de la palabra, sino también un profesor de literatura comparada y escritura creativa. Así que fue mentor de muchos escritores jóvenes. No mío directamente, pero su presencia, sus palabras, su propia escritura influyeron en mí y en todos los que llegaron a conocerlo o a leer su trabajo. Nos dejó un mensaje muy, muy fuerte, su poema más famoso «Si debo morir». Él nos hizo… sabes… luchar por seguir con vida porque hay mucho que hacer. Y para ello debemos mantenernos vivos.
«Si tengo que morir, tú debes vivir para contar mi historia». La historia que Refaat nos sigue pidiendo que contemos no es solo su historia personal, porque lo personal en Palestina es lo colectivo. La historia de Refaat, que perdió a su hermano Hamad en 2014, que perdió su casa, que con su esposa perdieron alrededor de 100 parientes —y estoy seguro de que muchos más fueron asesinados después del 7 de octubre— es la historia de la pérdida, es la historia del desplazamiento. Es la historia de la educación, no solo de la educación de su pueblo, sino de la gente que vive fuera, que nunca ha podido ser testigo en Gaza.
Lo que estábamos intentando como escritores era proyectar las historias hacia afuera y también atraer a la gente a nuestra historia: traer la gente a Gaza, traer la gente a Palestina, traer la gente a Yaffa, la ciudad de mis abuelos.
¿Cómo consideras tu obra en relación con otros escritores palestinos, tanto los conocidos como Mahmoud Darwish y Fadwa Tuqan, o voces más contemporáneas, como Dareen Tatour y Dalia Taha, o Samer Abu Hawwash y Marwan Makhoul?
Creo que mi trabajo complementa el trabajo de otros escritores, desde Mahmoud Darwish e incluso antes hasta las voces contemporáneas, como, también podemos agregar aquí a Refaat Alareer. Cada experiencia palestina es distinta, aunque sea similar, pero también en muchos aspectos es distinta de otras experiencias. Mahmoud Darwish, que nació pocos años antes de la Nakba, que vivió en el exilio durante muchos años de su vida y que murió en Palestina (murió en Estados Unidos, pero vivía en Ramala, en Cisjordania). También está Fadwa Tuqan, que vivía en Cisjordania. Tenemos a Dareen Tatour, que vive en Reineh, una ciudad árabe de Galilea que desde 1948 forma parte del Estado de Israel, y luego a gente como Samer, que vive en el exilio. Hay tantas historias diferentes, a pesar de que somos el mismo pueblo palestino, vivimos en Palestina, pero vivimos en diferentes partes de Palestina, en circunstancias diferentes. Incluso la experiencia de Refaat es diferente de la mía: Refaat perdió a un hermano, yo no perdí a un hermano y espero no perder a ninguno. Fui secuestrado por las fuerzas israelíes; Refaat no lo fue.
Sus historias son diferentes a la mía, pero seguimos hablando de la misma ocupación, estamos hablando del mismo asesino, del mismo opresor. Y estamos hablando de las mismas personas que están siendo oprimidas. Y estamos hablando de diferentes fases de la ocupación, ya sea la ocupación militar, ya sea los puestos de control, ya sea la invasión militar, ya sea el asedio, ya sea la vida en el exilio y no poder regresar a tu patria. Nosotros, como poetas y escritores palestinos, describimos el mismo paisaje desde distintos puntos de vista. Tenemos diferentes experiencias al respecto. Nunca he estado en otras partes de Palestina. Mahmoud Darwish tuvo que vivir en el exilio durante años. Y muchos de estos escritores nunca han podido ir a Gaza debido al asedio y la ocupación.
En estos momentos, Israel sigue llevando a cabo una destrucción en Gaza que, como ha dictaminado la CIJ, es un crimen de guerra y de lesa humanidad, especialmente en el norte de Gaza, donde has perdido a treinta y un familiares —el más reciente, tu tío Said Abu Toha—, y tu familia inmediata y la familia de tu esposa siguen en situación de peligro. ¿Cómo crees que la esfera mediática internacional está respondiendo a esta emergencia y a la aplicación por parte de Israel de lo que se ha denominado «el plan del general»?
Creo que el mundo le ha fallado al pueblo palestino al seguir apoyando a Israel incondicionalmente, pero también al abandonar al pueblo palestino frente a ese Estado bárbaro. Imagina cuánto le cuesta al mundo enviar un camión de medicinas o un camión de alimentos o un camión de mantas a la población de Gaza que se enfrenta a este invierno, un invierno muy duro, en tiendas de campaña. Y es muy, muy lamentable ver que Estados Unidos, cada vez que los medios de comunicación preguntan al Departamento de Estado sobre el «plan del general», responde: «Hablamos con nuestros socios israelíes, y dijeron que no, que no están llevando a cabo este plan». Eso fue hace dos meses. Y ahora estamos viendo lo que está pasando, y lo están haciendo, y no tenemos ninguna respuesta de esta Administración. Por lo tanto, no solo son cómplices, sino que son socios del genocidio. Y los medios de comunicación que guardan silencio sobre estas cosas también son socios del genocidio.
Percy Shelley dijo que «los poetas son los legisladores no reconocidos del mundo» y cualquier lector encontrará que esto es especialmente cierto en tu obra, testimonio del genocidio que está ocurriendo en Gaza mientras hablamos. ¿Qué significa, en tu opinión, que la poesía atestigüe? ¿Cómo puede un lector atestiguar?
Creo que el poeta, en mi caso, es el que experimenta de primera o segunda mano las atrocidades que él y su pueblo están viviendo. Porque viví en Gaza toda mi vida y me fui en diciembre del año pasado, lo que significa que no viví ni experimenté lo que estaba sucediendo después del 2 de diciembre. Ha pasado un año para mí desde que estuve en Gaza; mañana es el aniversario. Pero esto no significa que yo, como poeta, como alguien que experimentó tantas cosas, no pueda describir los sentimientos de lo que significa vivir algo que vi o leí. Tengo la habilidad, tengo la capacidad de escribir sobre cosas que les pasaban a mis padres o a mis abuelos, o a mis hermanos y sus hijos, o a mis primos. Así que soy testigo, no solo porque viví esto, sino porque lo viví antes, y sé lo que significa vivirlo una y otra vez.
Y los lectores pueden atestiguar como seres humanos. Porque creo que parte de nuestra humanidad es nuestra capacidad de empatizar con las personas. Ese es el reto. Sé que la gente en Occidente, quiero decir, el 90% o tal vez el 95% —no sé cuántos— el 90% de la gente nunca ha vivido la guerra, y esto no es algo malo, es algo bueno, y espero que este sea nuestro destino también. Pero creo que es responsabilidad de la gente de Occidente, cuyos gobiernos contribuyen al genocidio de mi pueblo y a la ocupación de mi país, dar testimonio siguiendo nuestros medios de comunicación, siguiendo nuestras historias, leyendo nuestro trabajo, amplificando nuestras voces. No es suficiente atestiguar, sino que también es importante atraer a otras personas para que atestigüen contigo. La empatía en términos de que la gente se dé cuenta de que ellos pudieron ser los que nacieron en Gaza, los que nacieron en Palestina, los que nacieron en Siria, o el Líbano, o Yemen, o Libia o en Ucrania también.
El modo elegíaco en tu obra no solo lamenta la pérdida, sino que también recuerda. ¿Dirías que tu énfasis en la memoria abre una puerta inesperada hacia el futuro más allá del horror inconcebible del presente?
Cuando hablamos de pérdida, hablamos de la pérdida del pasado y del presente, y no solemos hablar de la pérdida del futuro, de los recuerdos que pudimos tener con las personas que perdimos o los lugares que perdimos. Así que el duelo por la pérdida no trata solo de recordar tus experiencias pasadas, tus momentos pasados con lo perdido, ya sean personas o cosas o lugares, sino también el duelo por la pérdida del tipo de vida que hubieras tenido con estas personas o cosas. Y también la pérdida de la noción del tiempo. Tras 14 meses qué tipo de recuerdos podríamos tener. La gente de Gaza solo puede preocuparse por el próximo minuto, los próximos dos minutos, el tipo de noticias de última hora que van a recibir.
Como poeta, creo que durante 435 días no hemos podido crear un solo grato recuerdo. No tenemos ningún control sobre lo que vamos a hacer en los siguientes minutos. No podemos proteger los recuerdos que teníamos porque Israel está destruyendo personas, casas y lugares, y no podemos crear recuerdos que nos encantaría tener con personas que podemos perder en cualquier momento. Pero creo que el papel de la poesía es tratar de crear los recuerdos que podríamos tener y honrar la memoria de las personas que ya no están con nosotros.
Notas:
Joselyn Michelle Almeida es autora de Condiciones para el vuelo (2019) y Los ejes del astro (2024) y traductora de Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído: poemas desde Gaza del poeta palestino Mosab Abu Toha, así como ensayos sobre literatura árabe traducida y libros sobre literatura anglo-hispánica. Es miembro del consejo editorial de la Revista Banipal de literatura árabe moderna y de la asociación de investigadores científicos National Council of Independent Scholars. Contacto: @jma9.bsky.social
Espacio Público damos las gracias a Agustín Martín Francés por la cesión de las fotografías que ilustran este artículo.
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