Mohamed Safa

 

Lo que ocurre allí no es solo un conflicto; es una tragedia en curso, un proceso sistemático de destrucción, desplazamiento y aniquilación. Llamarlo por su nombre —genocidio— es una exigencia ética.

 

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La barbarie ya no se oculta: se emite en directo.
Desde el inicio del conflicto, sentí la tentación de escribir, pero comprendí que ciertos acontecimientos exigen distancia para ser comprendidos. Hegel hablaba de la lechuza de Minerva, que solo alza el vuelo al anochecer: significa que los acontecimientos históricos solo pueden ser comprendidos en el momento en que han terminado, solo cuando los hechos han concluido puede emerger la verdadera comprensión histórica.
Pero Gaza no permite ese lujo. Lo que ocurre allí no es solo un conflicto; es una tragedia en curso, un proceso sistemático de destrucción, desplazamiento y aniquilación. Llamarlo por su nombre —genocidio— es una exigencia ética.
Este libro nace de la negativa a permanecer en silencio. Inspirado en la advertencia de Mary Fulbrook sobre las «sociedades de espectadores», esa masa pasiva que presencia el horror sin actuar. La política del gobierno israelí apunta con claridad a la expulsión sistemática del pueblo palestino de Gaza. Y ante eso, escribir no es un gesto intelectual: es un acto de conciencia.

Mohamed Safa

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«Gaza, un genocidio televisado» en M’Sur, por Ilya U. Topper (16 de febrero de 2026).

Encendemos el televisor. En la pantalla hay ruinas, escombros, coches destrozados, polvo, fango. En medio algunas chozas, niños de aspecto perdido, gente que no tiene a dónde ir. Esperando algún envío de ayuda humanitaria para comer un día más. Es posible que incluso veamos al fondo derrumbarse otro edificio bajo una bomba lanzada desde un caza o un tanque. Más escombros. Cifras de muertos. Apagamos el televisor.

Un genocidio televisado es el subtítulo del breve ensayo de Mohamed Safa (Nablus, Cisjordania, 1956), oftalmólogo formado en Santiago de Compostela y residente en Galicia. Y es efectivamente esto: nos muestran, día tras día, la lenta pero sistemática, abierta, públicamente proclamada erradicación del pueblo palestino, la vemos con sus consecuencias (en Gaza) y sus causas (en Washington y Jerusalén), y no hacemos nada. Tal vez no podamos hacer nada.

Pero podemos informarnos. En Gaza. Un genocidio televisado, recién publicado en Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Safa describe con precisión los otros mecanismos de esta erradicación sistemática: los del lenguaje, la forma de dar las noticias (algo mucho más evidente en la prensa fuera de España), la tergiversación de nuestra propia historia, empezando por el holocausto, para ponerla al servicio de Israel. Y si bien parece difícil hacer algo contra un cazabombardero, sí podemos asumir una postura en el frente de la batalla por el concepto. Aunque sea, como dijo Valle-Inclán, y recoge Safa, por decoro.

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Estamos con Palestina por decoro, querida marquesa

 

La responsabilidad debería caer sobre las fuerzas de ocupación, no sobre los pueblos que resisten, la resistencia es un derecho y una obligación moral.

Por

Marta González

29 agosto 2026

 

En los poemas atribuidos a Homero aparece la figura del poeta de dos maneras muy diferentes, pero que miran a un mismo fin. Encontramos a aedos, cantores como Demódoco y Femio en la Odisea, que nos ayudan a imaginar cómo sería la vida y el trabajo del propio Homero, y nos encontramos con Helena en la Ilíada, tejiendo un manto de púrpura “con las hazañas de los troyanos y los aqueos”, dice Homero. Helena borda las mismas historias que canta el poeta.

 

En el libro Gaza. Un genocidio televisado, Madrid, 2025, del médico palestino Mohamed Safa (gracias a Gemma Arbesú, que conoce al doctor Safa, por regalármelo) se habla del bordado palestino, que, explica Safa, es una memoria viva, “los hilos bordados por mujeres palestinas son testimonios de resistencia silenciosa frente a la ocupación y el exilio”. Esos hilos tienen voz como el bordado de Helena de Troya. “Se habla de los palestinos, pero no se les escucha”, se lee también en el libro de Mohamed Safa. Tiene razón, escuchémoslo un rato porque su libro deja una enorme sensación de injusticia, pero también de esperanza, la de que los palestinos sigan contando su historia, cantando su tierra y tejiendo su memoria frente a los sionistas y sus brutales intentos de arrasar con todo. Frente al negocio del genocidio, frente a la más sofisticada y obscena tecnología militar, Gaza resiste.

 

Recomiendo vivamente la lectura de este ensayo por muchos motivos. Lo que parece una obviedad suena con crudeza desgarradora si lo escribe quien lo sufre: “Gaza es un gueto del siglo XXI: cercado, bloqueado, castigado. La diferencia es que quienes resisten ahora son etiquetados como terroristas, mientras los verdugos son presentados como víctimas”. Efectivamente, como señala repetidamente Mohamed Safa, si comparamos a los palestinos con los judíos víctimas del holocausto nazi, los palestinos no solo pierden, sino que su resistencia es considerada un acto terrorista y su sufrimiento echa por tierra la creencia de que lo que ocurrió en los campos de concentración levantados por los nazis pudo suceder porque el mundo no lo sabía. No es cierto, lo que pasa en los campos de concentración sionistas el mundo lo sabe y, sin embargo, lo permite y lo facilita. La responsabilidad debería caer sobre las fuerzas de ocupación, no sobre los pueblos que resisten, la resistencia es un derecho y una obligación moral, leemos en este libro.

 

 

Sabemos que el negacionismo del Holocausto está castigado por ley, que se promueve su recuerdo en museos, archivos, documentales y libros. Lo que yo no sabía es que el Parlamento israelí aprobó en 2011 una ley que prohíbe conmemorar públicamente el aniversario de la Nakba, la expulsión de los palestinos de su tierra. Leyendo el libro de Mohamed Safa algo que impresiona es su ecuanimidad, su sentido de la justicia, como cuando afirma que “La solución no puede ser la competencia de memorias (…) recordar el Holocausto es un imperativo moral. Pero invisibilizar Deir Yassin, Tantura o Lydda es una forma de complicidad”. Estos lugares quizá no les digan nada, tampoco a mí me resultan familiares, pero si buscan información encontrarán que son antiguas ciudades palestinas masacradas y objeto de limpieza étnica por los sionistas en 1948. Recordarlas es, para Israel, un delito.

 

La memoria que los sionistas están queriendo borrar abarca todo. Y no empezó el borrado genocida en octubre del 2023. Recuerda Safa cómo ya en los años cincuenta del siglo pasado el estado de Israel comenzó a arrancar olivos y plantar pinos en las tierras robadas a sus legítimos ocupantes, consiguiendo, tanto cambiar el paisaje tradicional palestino, como ocultar las pruebas del crimen y negar la existencia de vida con anterioridad a la llegada del “pueblo elegido”. Arrancar olivos y asesinar bebés, puede estar orgulloso el estado de Israel de la historia que está escribiendo.

 

Esta semana vimos imágenes de un colono, cobarde y criminal como todos, golpeando a un hombre mayor en Cisjordania, un hombre al que le faltaba una pierna después de que, en un ataque anterior, otro colono le hubiera disparado. Hazañas del ejército más moral del mundo.

 

Israel es un estado colonial, pero en Gaza. Un genocidio televisado se argumenta además que estamos ante un tipo especial de colonialismo, un colonialismo de asentamiento, “una forma de dominación que se distingue del colonialismo de ocupación por su objetivo último: no la integración ni la explotación de la población nativa, sino su reemplazo”. En menos palabras: una limpieza étnica.

 

Defendamos a Palestina por humanidad, por justicia y por decoro. Ha venido Mohamed Safa a enseñarme, entre otras muchas cosas, que Valle Inclán, en un diálogo en La corte de los milagros, ponía en boca del protagonista las palabras “Soy revolucionario por decoro” como respuesta a la pregunta, “Y tú, ¿por qué eres revolucionario?”. La frase completa es “Soy revolucionario por decoro, querida marquesa”. Nunca antes se me había pasado por la cabeza presentarme en ninguna lista electoral, pero ahora suspiro por poder subirme a la tribuna del Congreso y, ante cualquier pregunta sobre por qué defender a Palestina, o a Cuba, o a los saharauis, o por qué luchar por las pensiones, por la justicia contra las mujeres maltratadas, por la memoria histórica, por los derechos en general, ante cualquier inquietud de esas que plantea la señora marquesa, esa que ustedes saben y que si no espabilamos será ministra en unos meses, poder responder “por decoro, querida marquesa, por decoro”.

Marta González es traductora y profesora de Filología Griega en la Universidad de Málaga. Asturiana a distancia.

Artículo completo en Nortes

 

 

 

Mohamed-Safa-presenta-Gaza-un-genocidio-televisado-en-Museo-del-Oriente-de-Asturias

 

Salón lleno para escuchar la conferencia de Mohamed Safa. / María Terente Nicieza

 

María Terente Nicieza | La Nueva España

Cangas de Onís | 24 ENE 2026 13:42

El doctor Mohamed Safa, oftalmólogo y activista palestino, pronunció ayer una conferencia magistral en el Museo Etnográfico del Oriente de Asturias de Porrúa. En la conferencia, “Gaza, un genocidio televisado” que lleva el mismo nombre de su libro recién publicado, desentrañó la paradoja de vivir un conflicto de magnitud catastrófica en tiempo real, a través de las pantallas del mundo entero, mientras la comunidad internacional permanece cómplice en su inacción. Ante un auditorio repleto, Safa expuso con rotundidad que estamos ante un «declive moral internacional» sin precedentes en la historia contemporánea.

«Cuando antes creíamos que el genocidio es huérfano, sucedía en poco tiempo, a oscuras, ahora mismo se hace a plena luz del día, se transmite en directo. Poca gente puede decir que no lo sabía», afirmó el oftalmólogo, nacido en Cisjordania en 1956 y exiliado en España hace casi cinco décadas, durante los albores de la Transición democrática.

La complicidad internacional

El doctor Safa no dudó en señalar a los actores políticos que respaldan la acción de Israel. Según datos de la relatora de las Naciones Unidas que citó durante la conferencia, 63 países han financiado y armado al Estado de Israel en su operación contra Gaza. De mayor gravedad aún es el bloqueo estadounidense: «Estados Unidos utilizó seis veces en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas su veto para evitar un alto del fuego», recordó Safa, subrayando cómo «había un consentimiento, había un respaldo y había una asunción de la acción israelí contra una población, que es la población palestina».

Esta realidad ha provocado, en sus palabras, «una cierta frustración» y ha puesto de manifiesto una ruptura fundamental: «Todos estos esquemas mentales sobre el genocidio se han roto». Lo que diferencia este conflicto de todos los precedentes históricos es, precisamente, su visibilidad total. A diferencia del Holocausto, donde los prisioneros del gueto de Varsovia «tenían el miedo de que iban a ser asesinados y nadie se enteraba de lo que les iba a pasar», los palestinos «eran conscientes de que iban a ser asesinados en la Franja de Gaza y al mismo tiempo saben que todo el mundo lo sabe».

La injusticia epistémica

Un concepto central en la disertación de Safa fue el de «injusticia epistémica», que definió como una «estructura que tiene un único relato, a los oprimidos se les hace callar la voz y no se les permite contar su relato». Para el doctor, la deshumanización de los palestinos no procede de la sociedad civil, que ha «mostrado una inmensa comprensión y empatía», sino de la élite política, que «Israel lo aprovecha, ejerce y practica».

Con una perspectiva que trasciende lo inmediatamente político, Safa enfatizó que «la resistencia de un pueblo palestino es una forma de rehumanizarlo y es una forma de desintoxicar todo este relato injusto sobre el conflicto. Mantenerse en Palestina, es la mayor de las resistencias para frenar la limpieza étnica que sigue ejecutando Israel». Su activismo, lejos de ser sectario, se abre a cualquiera que comparta el compromiso con los valores de la libertad y la igualdad. «Yo no busco un palestino que esté al lado mío en la misma trinchera, ni busco un árabe, ni busco un musulmán. Busco todos aquellos que adquieren el compromiso con los valores de la libertad, la igualdad», explicó.

La identidad del emigrante que no renuncia

Safa ofreció una reflexión profunda sobre la identidad del emigrante: «Soy un palestino emigrante, pero yo emigré y Palestina emigró conmigo. Yo nunca he renunciado a la palestinidad del compromiso». Sin embargo, reconoce su identidad múltiple, adquirida a lo largo de la vida. «Yo soy un palestino y he nacido en una Palestina ocupada. El segundo elemento es que soy árabe, de cultura árabe, de lengua árabe. Y el tercer elemento, yo llegué a España y me integré hablando su idioma, su cultura, y tengo mis vinculaciones emocionales en Asturias», subrayó, recordando que en Oviedo realizó su especialidad en Oftalmología.

La doble moral ante el sufrimiento

Safa abordó la aparente contradicción entre pueblos que han sufrido exterminio en el pasado y que hoy aplican ese mismo sufrimiento a otros. Citó el ejemplo de Sudáfrica como paradigma de gestión correcta de la memoria histórica: «Sudáfrica gestionó su dolor, su historia. No privatizaron su dolor, no encerraron su propia experiencia, sino aprendieron las caras del dolor y pronunciaron los lenguajes del dolor de los demás pueblos». Por ello, «se alegró muchísimo» de que fuera Sudáfrica quien denunciara a Israel ante el Tribunal Penal Internacional.

Por el contrario, lamentó que «otros gestionan la memoria de su historia pasada como una licencia para matar».

La responsabilidad de la sociedad civil

El doctor Safa concluyó su intervención con un llamamiento a la responsabilidad individual y colectiva. «Primero, escuchar la voz del dolor, escuchar la voz de los nativos. Dos, adquirir el compromiso, convertirse en la palestinidad no del nacimiento, sino la palestinidad del compromiso con esta causa justa», planteó. Enfatizó que los gobiernos no cambian por un «despertar moral» espontáneo, sino por la presión ciudadana: «Los gobiernos no se levantan por la mañana y dicen Dios, no podemos seguir cometiendo esta inmoralidad. No hay un despertar moral, sino hay un despertar por una presión que responde al sentir general de tu propia sociedad».

En su valoración de la sociedad española, el oftalmólogo fue explícitamente positivo. «La sociedad española ha mostrado una inmensa comprensión y empatía con el sufrimiento del pueblo palestino. Son ellos los que salieron a la calle desde el primer día. Por eso, me alineo con la voz del pueblo, con las sociedades occidentales en general, que salieron frente a sus gobiernos que han demostrado una gran indecencia».

Safa, concluyó la conferencia abierto a la esperanza. A pesar de los pesimistas pronósticos sobre la situación palestina mantiene vivo el sueño de regresar a un Palestina libre: “Yo siempre seguiré soñando con volver a una Palestina libre».

Artículo completo en La Nueva España

 

Per molt que hàgim llegit sobre la història de Palestina, assistit a conferències o ens hàgim documentat de mil maneres; encara hi ha preguntes que ens fem. A vegades no ens atrevim a plantejar-les en veu alta o expressem tímidament els nostres dubtes:

Com pot un estat que va emergir del trauma històric de l’holocaust, construir la seva identitat sobre la repetició d’aquest mateix trauma?

Com viuen els jueus establerts fora d’Israel el que es fa, suposadament en el seu nom, a Pròxim Orient?

Des de les primeres pàgines del seu llibre GAZA un genocidi televisat, Mohamed Safa, ens interpel·la directament a nosaltres, als que escoltem les notícies, veiem diàriament imatges de Gaza i d’altres conflictes al voltant del món. Tracta de la dissolució de la nostra consciència, de com enfront de l’horror ens hem adaptat a l’intolerable. És veritat que fa temps que veiem les fams que assolen el Tercer Món, els nens desnodrits jaient en braços de les seves mares i que hem assistit a atemptats i bombardejos en directe, tot això no és recent. Però ara hem fet un pas més, el poble palestí mor sota la mirada indiferent, impotent, escèptica de milions de persones. Ells saben que són observats i que no, per això el seu martiri és pròxim a acabar, la repetició de l’horror senzillament no escandalitza.

Diu Safa:

“A diferencia de otros genocidios del pasado, en los que los verdugos intentaron ocultar o negar sus crímenes —como ocurrió con los nazis—, hoy los perpetradores, los exhiben abiertamente. En el caso de Palestina, los soldados israelíes documentan con orgullo sus acciones y las difunden en redes sociales….. No hay cámaras ocultas: hay transmisiones en vivo. No hay silencio ni vergüenza: hay espectáculo.”

Mohamed Safa aborda molts temes com: el dret a l’autodefensa esgrimida per Israel, que al seu torn nega aquest dret al poble palestí. El relat del victimisme etern per part d’amplis sectors sionistes que reafirmar una vegada i una altra la seva condició de màrtirs úniques de l’holocaust oblidant als gitanos, els comunistes, els discapacitats, els homosexuals o els presoners de guerra que no formen part dels seus museus, ni ocupen les pantalles. Exigeixen el blindatge moral que porta a invocar la història per a justificar el present, exigeixen solidaritat sense matisos i acusant d’antisemitisme a tota crítica que posi en dubte el que s’està duent a terme. No, puntualitzem, antisionisme no és antisemitisme. Esgrimir la puresa fundacional i la legitimitat com a part del procés colonial és justificar l’injustificable.

Safa tampoc accepta que s’esgrimeixi com a argument enfront de la barbàrie, que es tracta de danys col·laterals. Com diu, són normes d’actuació adoptades de forma totalment conscient per a delmar directament la població civil. Lamentar els morts, condemnar la violència, sense nomenar l’agressor, revela de la hipocresia i és encobrir el crim. No, els palestins no es van morir, els van matar.

La naturalesa del conflicte i el seu origen remot s’oblida quan ens limitem a preguntar enfront d’esdeveniments puntuals o l’ultimo atac que s’ha dut a terme, qui va disparar primer, o quants ferits i morts s’ha ocasionat. La realitat és que davant cada nova ronda de violència el que es produeix és la consolidació de noves realitats sobre el terreny.

La guerra és una estratègia deliberada de la qual no sols es nodreixen les indústries armamentístiques que recomanen armament provat i perfeccionat sobre el terreny, sent els països de la Unió Europea els clients majoritaris als quals van dirigits aquests materials recomanats, sinó també indústries tecnològiques que desenvolupen sistemes de vigilància i control de la població civil, i en això estem tots en el punt de mira. Així mateix, un altre tipus d’indústries, de la construcció, per exemple, han instal·lat un sistema pervers que després de la destrucció procedeixen a la reconstrucció i així successivament. Si, la guerra és font de prosperitat, els interessos capitalistes es nodreixen de la destrucció, no hi ha dubte d’això quan veiem com les cotitzacions d’unes certes indústries pugen en borsa després de les intervencions militars.

Un altre aspecte important que aborda Safa és el de la cultura com a instrument per a l’esborrament o l’apropiació cultural. Posa exemples molt concrets, com el de l’humus, el falàfel o el mansaf, presentats com a part de la cuina israeliana, o el cas del zaatar, una mescla d’herbes la recol·lecció de les quals va prohibir Israel i avui comercialitza al marge del poble palestí. La kufiya, el mocador tradicional palestí, símbol de la seva lluita, es reconverteix en accessori de luxe, apareix en desfilades de dissenyadors o en la sèrie Sexe a Nova York, despullat del seu significat original. Pintar muntanyes sense llogarets, sense pagesos, pujols desforestats, sense olivars, plantar pins on va haver-hi llogarets, els exemples són tants que no acabaríem. Totes elles constitueixen eines estratègiques dins d’un projecte per a ocupar no sols el territori, sinó també el relat i l’imaginari.

Safa comenta, així mateix, l’evolució de l’extrema dreta europea i mundial, antisemita a l’origen, cap a posicions que la porta a veure a Israel, un ideal, un model, un referent a seguir. Per tant, lluitar contra la ultradreta i el feixisme forma part de la nostra oposició al genocidi.

Tal vegada podem estar d’acord amb l’afirmació que diu que els esdeveniments històrics només poden entendre’s una vegada conclosos, però un genocidi cal detenir-lo, no esperar a les anàlisis a posteriori, i en el cas de Gaza, en què la barbàrie ja no s’oculta i s’emet en directe, romandre en silenci no té perdó, alçar-se d’espatlles i dir jo no puc fer-hi res, tampoc ens eximeix de culpa.

Llavors, què podem o què hem de fer? Continuar informant-nos, aprendre, negar-nos a ser simples espectadors, no tolerar discursos falsos o reduccionistes, frases acomodatícies de l’estil: Una terra sense poble per a un poble sense terra.

Com diu Safa en un cert moment: a Gaza és més fàcil omplir una ampolla amb sang que amb aigua potable.

Sylvia Oussedik, artículo completo en Realitat

Información adicional
Peso 0,381 kg
Dimensiones 21 × 12,5 × 1,7 cm
Colección

Encuentros, 16

ISBN

979-13-990404-5-6

Año

2026

Páginas

176

Tamaño

21×12,5 cm

Peso

230 g

Precio de venta sin IVA

11,54 €