Día de Acción Mundial en recuerdo del poeta palestino Refaat Alareer: Lunes 15 de enero 2024

El 15 de enero de 2024, cuarenta días después de que el poeta, editor y educador palestino Refaat Alareer muriera bajo los bombardeos israelíes, convocamos un Día Mundial de Acción, seguido de una semana de actos, en los que leeremos su poesía en público y nos negaremos a seguir como hasta ahora, exigiendo el fin del genocidio y la Ocupación.
A finales de noviembre y principios de diciembre, durante la Semana Leer Palestina, Editores por Palestina hizo un llamamiento a la gente de todo el mundo para que leyera obras sobre Palestina y de escritorxs palestinxs. Ahora, pedimos a todo el mundo que salga a la calle y haga de la lectura un acto de protesta.
El 15 de enero, lectorxs de todo el mundo rendirán homenaje a la vida, obra y resistencia de Refaat Alareer (1979-2023) y otrxs escritorxs palestinxs silenciadxs y asesinados por Israel. Cuarenta días después de la muerte de Refaat, personas de todo el mundo recitarán en público uno de sus poemas. La lectura puede ser en tu lugar de trabajo, en tu colegio, en el centro comercial, en el autobús o en la calle. Lee en grupo o en manifestación. Interrumpe la actividad habitual. Graba y comparte tu lectura en las redes sociales. Amplifica las voces palestinas mientras trabajamos para acabar con el genocidio, poner fin a la Ocupación y liberar Palestina. Niégate a que te silencien. #LeePorRefaat, #LeePalestina, #LeeYResiste, #LetItBeATale, #librosconpalestina y #libroscontralaguerra
¿Quién era Refaat Alareer?
Refaat Alareer (1979-2023) fue un poeta, profesor y activista palestino que murió en un bombardeo israelí el 6 diciembre de 2023. Su poema "Si he de morir" se ha traducido a decenas de idiomas y se ha leído en todo el mundo para conmemorar su vida y su memoria y como acto de indignación y resistencia contra el intento de extinguir la vida palestina. Su poesía y su amor por el lenguaje nos imploran que sigamos luchando por una Palestina libre.
Si tengo que morir,
tú tienes que vivir
para contar mi historia
para vender mis cosas
y comprar un pedazo de tela
y algunos hilos
(que sea blanca y con una larga cola)
para que un niño, en algún lugar de Gaza
mientras mira al cielo
esperando a su padre,
que se fue en una explosión
–y no se despidió de nadie
ni siquiera de su carne
ni siquiera de sí mismo–
vea la cometa, la cometa que hiciste,
volando allá arriba
y piense por un momento que es un ángel,
un ángel que le trae amor.
Si tengo que morir
que eso traiga esperanza
que se convierta en un cuento.
El enjambre ardiente de Yamen Manai en el programa Mediterráneo de Radio 3
El domingo 14 de enero de 2024, Pilar Sampietro dedicó el programa Mediterráneo al libro El enjambre ardiente, del escritor tunecino Yamen Manai, que acabamos de publicar.
A su pregunta
¿Se puede explicar la crisis política, social y medioambiental que vivimos por lo que le pasa a un apicultor y a sus abejas?
Yamen Manai respondió:
No sé si la historia del enjambre ardiente es suficiente para explicar una crisis de dimensiones tan intrincadas como la que estamos viviendo, pero es una variación, una descripción, una faceta. Tenía la ambición de describir cómo los acontecimientos que ocurren en lo alto de los serrallos, a menudo motivados por una codicia sin fondo y sed de poder, impactan en la vida de estos grandes ausentes del decorado, este decorado moderno que nos rodea y donde se desarrolla ante nuestros ojos cada día la comedia política, contada por medios cada vez menos independientes y redes sociales cada vez más escindidas.
Como ausentes del decorado no me refiero solo a la persona del apicultor, sino también a una parte de la vida con la que ya no estamos acostumbrados a encontrarnos: las abejas.
Pero estos grandes ausentes son la vida misma, su verdadera sustancia, su miel. Son los seres más frágiles los que deben estar en el centro de nuestra atención, porque su fragilidad desempeña un papel esencial en nuestra propia supervivencia. Las abejas polinizan dos tercios de lo que comemos. Su desaparición conducirá a la nuestra.
El poeta francés Paul Valéry decía: “La política es el arte de distraer a la gente de lo que realmente les interesa. Yo añadiría que la literatura es el arte de conseguir que la gente se interese por lo que realmente les interesa.
Añadimos el enlace al programa: El enjambre ardiente. Túnez a través de las abejas
NAVIDAD PARA TODOS
¿Qué Navidad queremos? ¿Podemos transmitir buenos deseos de paz y felicidad dando la espalda al genocidio que está produciéndose en Gaza, al acoso y el apartheid al que están sometidos los palestinos de Cisjordania y del Estado de Israel? Nuestra respuesta es no, y consideramos que esta Navidad debería reunir a todos los pueblos del mundo en un movimiento solidario con los que están perdiéndolo todo.

En 1948, al producirse la Nakba o Catástrofe, la expulsión de cientos de miles de palestinos de sus tierras, los edificios de la escuela se habilitaron para acoger a los desplazados y hubo que cerrar los dos internados, de chicos y chicas, debido a la imposibilidad de desplazarse bajo el régimen de la ocupación militar. En septiembre de 2000, al estallar la Segunda Intifada, la escuela sufrió los ataques de la artillería israelí y, como consecuencia, perdió a una parte de su alumnado, cuyas familias emigraron fuera del país, pero tras la retirada de Israel en 2003 de Ramala y El Bireh, la escuela retomó sus actividades convirtiéndose de nuevo en un referente educacional en Oriente Medio.



Fuego profético negro o "De cómo Obama falló a los negros de Estados Unidos"

Salónica bajo la bota nacionalsocialista
Salónica bajo la bota nacionalsocialista
Publicado en kaosenlared.net el 30 de noviembre de 2023 / Por Iñaki Urdanibia
La verdad es que con la que está cayendo sobre Gaza, me resulta francamente incómodo escribir sobre este tema, o afines en cierto sentido. Me ronda la cabeza aquello que dijese Edgar Morin en un artículo de opinión en el vespertino Le Monde, por lo que fue denunciado por antisemitismo y llevado ante los tribunales, que lo condenaron en primera instancia para ser absuelto en la segunda vista; la tesis que mantenía es que no comprendía cómo un pueblo que ha sufrido tanto pueda hacer sufrir tanto a sus vecinos (dejo de lado lo adecuado o inadecuado de la utilización, para el caso, del término “pueblo”, que enfrenta a diferentes tendencias, representadas, a modo de ejemplo y en lo que alcanzo, por Shlomo Sand y por Rashid Khalidi). Con Morin, de antepasados sefardíes, se solidarizaron, entre otros, Daniel Bensaïd y Pierre Vidal-Naquet.; los tres nombrados judíos, universales… Añadiré en estas notas iniciales que no se ha de confundir a los judíos con los sionistas, ni se ha de pensar que el Estado de Israel reúna a todos los judíos que en el mundo son, ya que en él solamente vive un tercio de la totalidad, además de que no todos los judíos defienden la política colonialista del estado de Israel, que con su comportamiento se convierte en verdadero enemigo de los judíos. Pero bueno, el tono justificativo, no quita para poner por delante la necesidad de denunciar y condenar todos los crímenes contra la humanidad, evitando, eso sí, establecer un hit-parade o posibles comparaciones de la ignominia.

Rossina Asser Pardo (Salónica, 1933) tardó unos cuantos años en pasar a limpio lo que había escrito en su juventud, estuvo escondida, entre abril de 1943 y octubre de 1944, para evitar los zarpazos de la bestia parda. A la sazón, teniendo diez años, comenzó a escribir sus experiencias bajo el nombre de Rula Caracotsu, para evitar que si se hallaban sus notas fuera descubierta su autora. Tardó, como digo, unos cuantos años, para en 1999 dar a luz su 548 días bajo un nombre falso. Un diario sefardí del Holocausto, traducido y publicado ahora en Ediciones del Oriente y del Mediterráneo. No supone lo dicho que tras su salida del escondite guardase silencio sobre los sucedido, sino que sus charlas y conferencias en diferentes foros le sirvieron para dar cuenta de las tropelías cometidas en tierras helenas por los señores de la raza pura y sus epígonos locales. Ha de tenerse en cuenta que el 96% de la población judía de Salónica fue deportada al campo de Auschwitz-Birkeneau. Sus padres con sus tres hijas se escondieron en casa de unos conocidos cristianos; ha de tenerse en cuenta que en el lugar no se daba un antisemitismo que marginase a los judíos, pudiendo estos ejercer sus oficios sin cortapisas, lo que iba acompañado —según señala la autora— de muestras de apoyo y simpatía por parte de los ciudadanos de Salónica, de la que el 25% de la población estaba compuesta por judíos sefardíes. Al final de la guerra solamente se contabilizaron setenta supervivientes judíos. Entre los motivos que le impulsaron a publicar sus diarios no juega un papel menor el escuchar palabras como las que venían a decir que «debían haber hecho más jabón con vosotros», frases como esta o similares que todavía hoy se escuchan al decir que los nazis se quedaron cortos. ¡Abominables afirmaciones que lo mezclan y confunden todo!

El diario va entregando las piezas que en su unión suponen el cuadro total de lo que sucedía a la joven, a su familia y, por extensión, a todos los judíos. Se da cuenta de la entrada de los nazis en la ciudad, las exigencias de llevar la estrella amarilla, la obligación de acudir a las citas a los israelitas de 18 a 45 años, a lo que se sumaba la prohibición de que los judíos realizasen ciertos trabajos u ocupasen ciertos puestos. El maltrato era moneda corriente. Su padre, que tenía asignado el número 5917, no se presentó, lo que suponía que debido a desobedecer las órdenes en vigor pudiese pesar la pena de muerte sobre él. La fatídica fecha fue el 11 de julio de 1942. Las leyes que asignaban a los judíos la reclusión en el gueto se pusieron en marcha.
Se imponían los registros, y los ocupantes requisaban los bienes de los judíos que por su parte organizaban fondos de ayuda a los componentes de la comunidad. La familia se quedó sin la tienda que tenían, mientras las deportaciones eran descritas por sus autores como la promesa de una utopía ofrecida a los transportados para empezar una nueva vida. La familia, viendo el cerco que cada vez era más estrecho y amenazante, optó por esconderse…
Las informaciones entregadas por Rosina Asser Pardo son completadas por tres entrevistas, realizadas en 1981 en las que las mujeres relatan sus respectivas experiencias padecidas. El calvario presentado se acompaña con diferentes ilustraciones que van desde fotos de la joven y su familia a la reproducción facsímil del cuaderno, su portada y algunas de las páginas manuscritas. No sería justo, en esta cuidada edición en todos los aspectos (formato, reproducciones fotográficas y otras, etc.), ignorar el Postfacio de Álvaro García Marín, "El cuaderno rojo de Rosina Pardo frente al Holocausto", en el que se ofrece un detallado análisis, setenta páginas repletas de rigor e información, sobre la presencia de los sefardíes, judíos españoles, en tierras de Salónica y los Balcanes, ofreciéndose la historia de dicha presencia e instalación. Se presta atención a los tiempos de la segunda guerra mundial, y la práctica de la pretendida solución final efectuada por los nazis, Se detiene igualmente Álvaro García Martín en los años posteriores a la guerra, y en el despertar de la memoria judía en Grecia, prestando una honda atención al diario publicado y a otros ejemplos del género, subrayando la singularidad de los diarios debidos a sefardíes, considerándolos formas de memoria y resistencia, performatividad imperando (decir y al tiempo hacer; hacer cosas con palabras que decía el otro) al denunciar la infamia. No falta la mención del diario de Anna Frank, en sus coincidencias y diferencias con respecto al texto presentado: ambas jóvenes, viviendo en un país que en principio no era el suyo, abarcando, no obstante, el retrato ahora publicado una ampliación que de la experiencia personal se desliza al de una comunidad en su totalidad; por otra parte, los años siguientes a la escritura fueron realmente distintos: Frank asesinada en Auschwitz, Pardo habiendo sobrevivido y siendo dueña, en todo momento y sin posibles tergiversaciones, de sus páginas escritas.
Artículo completo en kaosenlared.net
#LibrosContraLaGuerra
Presentación de la colección "Shakespeare en el Mediterráneo" con motivo de la publicación de "Coriolano"

Carta de Rachel Corrie a su madre el 27 de febrero de 2003: "estoy siendo testigo de un genocidio insidioso y crónico".

CARTA DE RACHEL CORRIE* A SU MADRE
27 de febrero de 2003
Te quiero. Te echo mucho de menos.
He tenido pesadillas con los tanques y las excavadoras rondando nuestra casa, y tú y yo estábamos dentro. Durante semanas la adrenalina actúa como un anestésico, pero de repente, una tarde o una noche, la realidad te golpea de nuevo. Estoy realmente asustada por lo que le pueda pasar a esta gente.
Ayer vi a un padre con sus dos hijos pequeños agarrados de la mano tratando de alejarse de su casa, a la vista de los tanques, de la torreta de francotiradores, de las excavadoras y de los jeeps, porque pensó que su casa iba a ser explosionada. Jenny y yo permanecimos dentro de la casa con otras mujeres y dos niños pequeños. Fue un error nuestro de traducción lo que le hizo creer que su casa iba ser demolida. En realidad, el ejército israelí quería detonar un explosivo que al parecer había sido colocado en las cercanías por la resistencia palestina.
En esta misma zona, el pasado domingo, cerca de ciento cincuenta personas fueron acorraladas y mantenidas a tiro limpio fuera del asentamiento mientras las excavadoras destrozaban veinticinco invernaderos: el medio de vida de trescientas personas. El explosivo estaba colocado frente a los invernaderos, justo en el punto por donde los tanques entrarían de nuevo en caso de regresar.
Me aterroriza pensar que este hombre creyera menos peligroso caminar con los niños a la vista de los tanques que permanecer en su casa. Me asusté y pensé que los iban a disparar a todos, así que me interpusé entre ellos y el tanque. Esto pasa todos los días, pero este hombre con los dos niños, que parecían muy tristes, me llamó particularmente la atención, seguramente porque creía que fue nuestro error en la traducción lo que le hizo abandonar la casa.
He pensado mucho en lo que me dijiste por teléfono acerca de que la violencia de los palestinos no ayuda a mejorar la situación. Hace dos años, sesenta mil habitantes de Rafa se desplazaban todos los días a trabajar a Israel, ahora, solamente seiscientos pueden hacerlo, de los cuales, la mayoría se han tenido que mudar porque los tres puestos de control que hay desde Rafa a Ashkelon (la ciudad israelí más cercana) han transformado lo que solía ser un trayecto de cuarenta minutos en una ruta imposible de doce horas.
Y lo que es más, todo lo que en 1999 Rafa identificó como fuentes de crecimiento económico ha sido destruido: el aeropuerto internacional de Gaza (las pistas destruidas y el aeropuerto cerrado por completo), la frontera comercial con Egipto (una gigantesca torreta de francotiradores se levanta en mitad del cruce), el acceso al mar (cortado por completo en los dos últimos años por un puesto de control y por el asentamiento de Gush Katif).
El número de hogares destrozados en Rafa desde el comienzo de la Segunda Intifada supera los seiscientos, gente que en la mayor parte de los casos no tiene ninguna relación con la resistencia, simplemente vivían en la frontera. Me parece que ya es oficial que Rafa es el lugar más pobre del planeta. No hace mucho, aquí solía haber una clase media.
También tenemos informes que dicen que en el pasado los cargamentos de flores de Gaza a Europa eran retenidos por razones de seguridad durante dos semanas en el paso fronterizo de Erez. Ya te puedes imaginar el valor de las flores dos semanas después de ser cortadas; de manera que ese mercado también se «secó». Y luego vienen las excavadoras y arrasan los huertos. ¿Qué le queda a la gente? Dime si se te ocurre algo. A mí no. Si a cualquiera de nosotros le estrangularan su medio de vida, si le obligaran a vivir con sus hijos en unos espacios cada vez más reducidos, sabiendo además por pasadas experiencias, que en cualquier momento pueden venir a por él los soldados y las excavadoras, y destruir los huertos que ha estado cultivando ¿durante cuánto tiempo?, y hacer todo esto al tiempo que le golpean y le retienen durante horas junto con ciento cuarenta y nueve personas más; ¿no crees que debería recurrir a algún tipo de violencia para intentar retener lo poco que le quede?
Pienso sobre todo en ello cuando veo destruidos los huertos, los invernaderos y los árboles frutales: años de cuidados y cultivos. Me acuerdo de ti, y de cuánto se tarda en hacer que las cosas crezcan, y de cuánto amor requiere. Sinceramente, pienso que en una situación parecida la mayoría de las personas se defenderían lo mejor que supieran. Creo que el tío Craig lo haría, y probablemente la abuela. Yo creo que también.
Me preguntas acerca de la resistencia pacífica. Cuando detonaron el explosivo el otro día, todos los cristales de la casa saltaron en pedazos. Yo estaba a punto de tomarme un té y de empezar a jugar con los dos pequeños. Ahora mismo me siento fatal. Me pone enferma del estómago ser tan mimada, tratada con tanta dulzura, por personas que encaran una fatalidad.
Ya sé que desde los EE. UU. todo esto suena hiperbólico. Honestamente, la mayor parte del tiempo la pura amabilidad de la gente junto con la evidencia abrumadora de que esto es una destrucción premeditada de sus vidas, hace que todo me parezca irreal.
No puedo creer que algo así este pasando de verdad y que el mundo no proteste más alto.
Realmente me duele, como me ha dolido en el pasado, ser testigo de hasta que punto consentimos hacer del mundo un lugar horrible.
Después de hablar contigo he pensado que no me creías del todo, y me parece muy bien que sea así, porque, sobre todas las cosas, yo creo en la importancia del pensamiento crítico independiente. También me he dado cuenta de que contigo soy menos cuidadosa de lo normal al tratar de documentar cada afirmación que hago. La explicación de esto es porque yo sé que tú tienes tu propia opinión. Pero me preocupa tu incredulidad, dado el trabajo que desarrollo aquí. Toda la situación que he intentando describir hasta el momento —y muchas otras cosas— constituyen un intento gradual —a veces a escondidas, pero siempre masivo— de destruir las posibilidades de supervivencia de un grupo de personas.
Eso es lo que estoy viendo aquí. Los asesinatos, los ataques con misiles y los disparos a niños son atrocidades; pero si me centro exclusivamente en ellas temo no ver el contexto. La mayor parte de la población —incluso si tuvieran los medios económicos para escapar, o si, sencillamente, renunciaran a su tierra y a la resistencia (lo que parece ser el menos perverso de todos los objetivos de Sharon)— no podría marcharse; ni siquiera pueden ir a Israel a solicitar visados para otros países, y estos posibles países de destino (nuestros países y los árabes) no les dejarían entrar. Cuando todos los medios para subsistir en un «redil» como es Gaza, del que la gente no puede salir, son amputados, creo que a eso se le puede llamar genocidio. Incluso en el caso de que pudieran salir creo que seguiría siéndolo.
A lo mejor puedes mirar la definición de genocidio según el derecho internacional, yo no me acuerdo ahora mismo. Tengo que mejorar la manera de argumentar este punto, eso espero al menos. No me gusta usar palabras tan cargadas de significado, tú me conoces, sabes que valoro las palabras y que intento exponer y dejar que cada uno saque sus propias conclusiones.
Pero me estoy perdiendo de nuevo. Tan solo quería escribir a mi madre y decirle que estoy siendo testigo de un genocidio insidioso y crónico, que estoy muy asustada y que me estoy cuestionando todas mis convicciones esenciales sobre la bondad de la naturaleza humana. Esto hay que detenerlo. Me parece una buena idea que todos dejemos lo que tengamos entre manos y dediquemos nuestras vidas a parar esto. Ya no pienso como antes que hacer esto sea ser extremista.
Aún quiero bailar con Pat Benatar y tener amigos y dibujar «comics» para los compañeros del trabajo, pero también quiero que esto pare. Lo que siento es incredulidad, horror y decepción.
Me siento decepcionada al ver que esta es la realidad básica de nuestro mundo y que nosotros de hecho participamos en él. Esto no es absoluto lo que yo quería cuando vine al mundo. Esto no es lo que la gente aquí quería cuando vino al mundo. Este no es el mundo que tú y papá queríais para mí cuando decidisteis tenerme. No es esto lo que yo quería decir cuando afirmaba frente al Lago Capital: «Este es el ancho mundo y yo estoy llegando a él». Yo no quería decir que llegaba a un mundo en el que iba a tener una vida confortable y posiblemente, y sin mayor esfuerzo, ignorar por completo mi participación en un genocidio.
Cuando regrese de Palestina probablemente tendré pesadillas y un sentimiento constante de culpabilidad por no estar aquí, pero puedo controlarlo a fuerza de trabajar más. Venir aquí ha sido una de las mejores cosas que he hecho en toda mi vida; así que si pensáis que me he vuelto loca, o si los militares israelíes deciden romper con su tendencia racista de respetar a las personas de raza blanca, por favor, achacarlo sin ninguna duda al hecho de que estoy en medio de un genocidio, del que yo indirectamente también formo parte y del cual mi gobierno es responsable en gran medida.
Os quiero, a ti y a papá. Un hombre extraño que está a mi lado me acaba de dar unos guisantes, así que me los tengo que comer y darle las gracias.
Rachel
* Rachel era voluntaria del grupo Movimiento de Solidaridad Internacional (MSI), creado a raíz de que Israel y Estados Unidos rechazaran una propuesta de la Alta Comisionada de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Mary Robinson, de enviar observadores internacionales de derechos humanos a los territorios ocupados. El MSI se definía como “un movimiento liderado por palestinos comprometido con la resistencia a la ocupación israelí de tierra palestina mediante métodos y principios no violentos y de acción directa”. Israel estaba demoliendo casas y huertos con excavadoras para crear una “zona de contención” en las proximidades de la frontera con Egipto. Rachel Corrie y otros siete activistas del MSI acudieron el 16 de marzo de 2003 a proteger la casa de la familia Nasrallah, amenazada de demolición por dos excavadoras blindadas israelíes.
Cindy Corrie, la madre de Rachel, contó lo sucedido: “La excavadora avanzó hacia Rachel. Ella asumió una posición que dio a entender que no se movería. Tenía puesto su chaleco naranja. Cuando la excavadora continuó avanzando, ella se detuvo sobre el terraplén y un testigo declaró que su cabeza asomaba por encima de la pala de la excavadora, o sea que se la podía ver claramente, pero la excavadora siguió avanzando sobre ella, hasta aplastar su cuerpo. Se detuvo y luego dio marcha atrás, según la declaración del testigo, sin levantar la pala, de manera que retrocedió nuevamente por encima de ella. Sus amigos gritaban todo el tiempo a los conductores de la excavadora que se detuvieran. Corrieron hacia ella rápidamente, y ella les dijo: ‘Creo que me rompí la espalda’. Esas fueron sus últimas palabras”.
Gaza, seguimos siendo humanos
No es la primera vez que Israel somete a un inhumano castigo colectivo a la población de Gaza
Entre diciembre de 2008 y julio de 2009, el italiano Vittorio Arrigoni, miembro del Movimiento Internacional de Solidaridad, permaneció en la franja durante la operación Plomo Fundido, dando testimonio de las destrucciones producidas por los bombardeos, que causaron 1400 víctimas mortales y miles de heridos. Fue asesinado en la noche del 14 al 15 de abril de 2011 en Gaza. Un grupo salafista reivindicó su muerte. Hasta entonces, fue escribiendo un diario recogido póstumamente bajo el título Seguimos siendo humanos:

Los túneles de Rafah continúan siendo bombardeados esporádicamente, sepultando a los mineros palestinos, mientras los campesinos son a diario blanco de francotiradores en sus tierras cerca de la frontera. Una vez finalizados los bombardeos, Israel declaró como zona militar inaccesible un kilómetro desde su frontera, dentro del territorio palestino. Un límite arbitrario y absolutamente ilegal, imaginad lo que significa un kilómetro para una Franja de tierra como Gaza, que en algunos puntos tiene de ancho, o mejor dicho de estrecho, solo seis kilómetros. Dentro de ese kilómetro viven miles de personas, y si no viven allí al menos cultivan esa tierra para saciar el hambre.
Como si no bastara el plomo de las balas contra esos civiles desarmados, el ejército israelí se deleita con los incendios. Invade la frontera y prende fuego a los campos palestinos, en especial los de cebada y trigo, cuya cosecha es la única fuente de ingresos para cientos de familias.
Cada mañana temprano me despiertan sobresaltado, aquí delante, en el puerto, los disparos de artillería de la marina israelí, que impiden a los rudimentarios pesqueros palestinos alejarse más de tres millas de sus costas. Otro límite ilegal impuesto unilateralmente por Israel como castigo colectivo, contraviniendo el artículo 33 de la Cuarta Convención de Ginebra.
En los últimos meses, una treintena de pescadores fueron secuestrados y llevados a Israel, mientras sus embarcaciones eran confiscadas.
Son ya 25 las víctimas palestinas después del 18 de enero, muchas de las cuales se cuentan precisamente entre los pescadores y agricultores. En este lapso de tiempo, afortunadamente, no se ha registrado ninguna víctima del lado israelí debido al lanzamiento intermitente de «cohetes» Qassam.
Prohibir el cultivo, la pesca, perforar con disparos los pesqueros, destruir los sistemas de riego de los campos, arrancar plantas y destruir decenas de hectáreas de cultivos, disparar y matar con francotiradores a pescadores y campesinos, forma parte de la opresión sistemática israelí contra los palestinos. Una opresión constante que ha estrangulado la economía y empobrecido a la población, hasta obligarla a vivir de la ayuda humanitaria. A veces un joven se cansa de ser asesinado mientras se las arregla para su supervivencia y la de su familia. Tal vez los soldados israelíes le han matado, en el campo o en el mar, al padre o al hermano, por eso se alista en alguna brigada y lanza algunos cohetes de fabricación casera hacia Israel, para demostrar el heroísmo y la capacidad de combate de su pueblo, tal vez más a sí mismo que al enemigo.
Contra el asedio genocida al que se ve sometida Gaza ningún gobierno occidental ha realizado protesta alguna, pero por estos «cohetes», disparados al azar, casi siempre sin daños, desde Europa a Estados Unidos se han apresurado a legitimar una masacre como la que acaba de ocurrir en Gaza. Sabemos muy bien, como lo saben en Tel Aviv, que si a los agricultores y pescadores palestinos se les permitiera vivir y trabajar igual que a sus compañeros israelíes, no habría prácticamente lanzamiento de cohetes Qassam contra Sderot y Ashkelon. Pero los biógrafos con uniforme militar bajo la estrella de David han decidido que el precio del trabajo en Gaza deberá seguir siendo muy alto: vidas humanas y asedio en Gaza, inseguridad dentro de las fronteras de Israel. [...]
Bajo la pátina decrépita de los escombros, Gaza brilla como un icono, y al mismo tiempo como un ultraje.
Para aquellos que como yo han vivido tan íntimamente el destino de sus habitantes, hasta el punto de convertirme yo mismo en ciudadano y por lo tanto en prisionero sin posibilidad de escapatoria, Gaza es el símbolo de la persistente resistencia a una opresión titánica. La honda del pequeño David, que cuelga del cinturón de Ahmed, contra un Goliat que habla hebreo pero prefiere expresarse con las dime y el fósforo blanco del primer presidente estadounidense negro.
Un símbolo de la lucha por la humanidad de quien no quiere eclipsarse en el silencio y la vergüenza de aquellos que ya se han resignado a la extinción. Porque Gaza no es todavía una fila apretada de lápidas en ruinas con vistas al Mediterráneo, sino unos seres humanos orgullosos, con corazones como rocas y un rostro inexcrutable, mirando hacia un futuro desconocido.
Seguimos siendo humanos
[VITTORIO ARRIGONI. Gaza. seguimos siendo humanos. diciembre 2008-julio 2009. trad. de Valentina Bidone, Ana Vispe Montilla y Pablo Fernández Lewicki. Barcelona, Bósforo, 2010.]
¡PALESTINA LIBRE E INDEPENDIENTE!
La operación militar de Hamás de la resistencia palestina ha provocado la habitual oleada de declaraciones. Casi todos los gobiernos occidentales se han apresurado a «declarar su solidaridad con Israel por la cobarde agresión terrorista» (bloque estadounidense, es decir, UE y Commonwealth) o, por el contrario, a «expresar su apoyo al pueblo palestino por su iniciativa de resistir al invasor» (países árabes, islámicos, la mayor parte del Sur global).
Cabe reseñar que la actitud mecánica de tomar partido y apoyar lo que sea necesario, con insoportable talante «solucionista», sobre todo en países tan acostumbrados a dar lecciones, como los europeos, es precisamente lo que ha sostenido durante décadas esta interminable carnicería. Se trata de una actitud descaradamente irresponsable y cobarde.
Desde sus orígenes, el estado de las relaciones entre el sionismo y luego el Estado israelí y los palestinos en los territorios ocupados es de tal desequilibrio de fuerzas que el conflicto no puede definirse como un enfrentamiento, sino sólo como una dominación estructural de naturaleza colonial salpicada de episodios insurgentes. Una opresión puramente ejemplar, sin límites ni reparos, en un crescendo de abusos y atropellos. Con un retraso de 75 años, hoy se termina admitiendo que la situación es propia del apartheid.
Más allá de la espiral del lenguaje bipolar de las instituciones políticas y los medios de comunicación occidentales, se nos pide que condenemos el terrorismo, pero no que intentemos comprender sus causas. El Estado de Israel, como desahogo de los sentimientos de culpa de las potencias europeas, como supuesta reparación por la Shoah y como expresión de colonialismo occidental, plantea cuestiones mucho más profundas de las que las etiquetas del terrorismo y la guerra en Oriente Medio puedan indicar.
La única perspectiva de resolución de este conflicto es la justicia. No todo se resuelve con uno o dos estados. Lo racional y moral sería un solo estado donde todos vivieran con los mismos derechos. Otra opción, hoy igual de difícil de materializar sería la coexistencia de dos Estados soberanos. Aun con esto no se resuelve el llamado conflicto, queda la cuestión de los refugiados y la discriminación contra la minoría palestina en Israel.
Debemos oponernos a la tendencia ya crónica al olvido y a la mentira de las clases dirigentes europeas, que tienen tanto el interés como la credibilidad potencial para mediar en este conflicto y desde hace décadas se han replegado en el servilismo a las instrucciones de Estados Unidos, que no tienen ni el interés ni la credibilidad para alimentar una paz duradera en Oriente Próximo.
Este NO a la invasión israelí de Gaza es el mismo NO a la guerra de Ucrania, a las guerras de Kosovo, Sudan, Nagorno Karabakh, Siria y muchos lugares más en llamas. Salir del tercermundismo humanitario, salir de la Alianza Atlántica, decir NO a la guerra, a todas las guerras, a la arrogancia y las mentiras, al colonialismo occidental.
Luz Gómez es catedrática de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid. Es autora de varios ensayos y traductora de Mahmud Darwish al español. De sus numerosas traducciones del poeta palestino, En presencia de la ausencia (Pretextos, 2012), obtuvo el Premio Nacional de Traducción 2011. A su cargo ha estado la edición de BDS por Palestina (ediciones del oriente y del mediterráneo, 2014) Es editora y traductora de El poeta troyano. Conversaciones sobre poesía (ediciones del oriente y del mediterráneo 2023).
Olga Rodríguez es periodista, investigadora y escritora especializada en información internacional, Oriente Medio y Derechos Humanos. Ha desarrollado su carrera en la Cadena Ser, Cuatro, CNN y en el diario.es, medio del que es cofundadora. Ha cubierto los conflictos más importantes de las últimas dos décadas en Oriente Medio y el norte de África. Es integrante de la Asociación de Periodistas de Madrid y de la Junta directiva de la UNRWA España (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos).
Isaías Barreñada es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid. Sus áreas de investigación son la relaciones internacionales en los países árabes, la política exterior española y europea, Palestina-Israel y el Sahara Occidental. Autor de numerosos artículos y ensayos. Su último libro, con José Abu Tarbush es Palestina. De los acuerdos de Oslo al apartheid (Catarata, 2023).
Ignacio Castro Rey, es filósofo, crítico de cine y arte, gestor cultural y profesor. Además de múltiples artículos y conferencias, ha publicado diversos libros. El último de ellos se llama Lluvia Oblicua (Ed. Pretextos 2020) seguido de Mil días en la montaña (Roxe de Sebes) (Ed. FronteraD, 2019) y Ética y desorden (Pretextos, 2017). Anteriormente ha publicado también, entre otros, Votos de riqueza (Madrid, 2007), Roxe de Sebes (A Coruña, 2011) y La depresión informativa del sujeto (Buenos Aires, 2011).
Breve bibliografía sobre el tema: https://www.enclavedelibros.com/categoria/palestina-biblio_W69
Los 548 días que una niña sefardí vivió oculta de los nazis en una habitación, por Manuel P. Villatoro
ABC, lunes 16 de octubre de 2023
Rosina Asser Pardo, la Ana Frank griega, describió en un pequeño cuaderno las jornadas de privaciones y pavor que pasó con su familia






