¿La rabia de quién?, por Mireia Sentís

No es posible entender la reivindicación de las vidas negras o la exigencia de frenar la brutalidad policial sin considerar cómo se fundó Estados Unidos

Una mujer posa delante de un coche de policía incendiado, el pasado sábado durante una protesta en Los Ángeles.
Una mujer posa delante de un coche de policía incendiado, el pasado sábado durante una protesta en Los Ángeles.Ringo H.W. Chiu / EL PAÍS

El País - 6 de junio de 2020

No es la primera vez que las ciudades estadounidenses se iluminan con incendios provocados por la población afroamericana. Y, sin embargo, sorprende cada vez como si fuera la primera. Quizá lo que debería sorprender es que se incendien siempre a causa de las mismas reivindicaciones. En 1963, James Baldwin publicó La próxima vez, el fuego. En 2016 apareció Esta vez, el fuego, volumen en el que Jesmyn Ward, siguiendo la estela de Baldwin, analiza los problemas del racismo en su país. Nada había cambiado a pesar de las apariencias: una nutrida clase media negra y hasta una presidencia de ese color. El primer libro está enmarcado en la era del Black Power, el segundo en la de Black Lives Matter. Ambos momentos reclaman lo mismo, ambos tropiezan con la misma respuesta: represión armada.

No es posible entender la reivindicación de las vidas negras o la exigencia de frenar la brutalidad policial sin considerar cómo se fundó Estados Unidos o sin tener en cuenta la estructura disciplinaria de las plantaciones, el sistema de arrendamiento de reos (Convict Lease System), la era Jim Crow (Ku Klux Klan incluido) o el fenómeno de la encarcelación masiva. A lo largo de la historia, el tema de la desproporcionada reclusión y violencia contra la gente de color (término que actualmente abarca a toda “minoría” no blanca) ha ocupado las mentes de los resistentes más indómitos, los intelectuales más ponderados y los manifestantes más tenaces. Y mientras no se modifiquen leyes y se apliquen fórmulas —ya inventadas— para ofrecer igualdad de oportunidad al 14% de la población que lo reclama, los estallidos seguirán repitiéndose.

El actual es de mayores proporciones que los precedentes. Resulta comprensible, si nos remitimos a la aparición de dos nuevos factores: el sinfín de pruebas de ensañamiento proporcionadas por la nueva arma de los dispositivos móviles y su inmediata y amplia difusión, y las cifras de muertos a causa de la covid-19 entre la población afroamericana, que vio saltar por los aires los progresos que suponía el Obamacare (sistema asistencial ya de por sí muy recortado por el partido republicano) con la llegada de la actual Administración.

Aunque las manifestaciones ponen de relieve la justificada rabia negra, su verdadera causa es la prácticamente invisible, pero no menos agresiva, rabia blanca, como la denomina Carol Anderson. Para conseguir atención, la rabia blanca no necesita salir a la calle y enfrentarse a balas de goma, porque tiene acceso a los juzgados, la policía y los órganos legislativos y gubernamentales. La rabia blanca, continúa argumentando Anderson, es recurrente. Todo avance afroamericano suscita una reacción violenta. Ocurrió después de la guerra civil, cuando la sentencia del caso United States vs Cruikshank (1876) socavó una ley contraria al terrorismo del Ku Klux Klan. Ocurrió en 1954, tras el fallo del caso Brown vs el Consejo de Educación, que declaraba ilegal la segregación en las escuelas, pero requirió el envío de las tropas desde Washington para garantizar su aplicación en Arkansas. Ocurrió dos años después, cuando la presión ejercida por un centenar de congresistas sureños se tradujo en leyes que suprimían subvenciones públicas a escuelas no segregadas para destinarlas a escuelas blancas segregadas. Ocurrió tras la llegada de Obama a la Casa Blanca, que dio pie al Tea Party y a la elección del actual presidente.

Sería deseable que los hechos que ocurren en EE UU y seguimos día a día con el máximo interés, no nos convirtieran en meros voyeurs, sino que nos instigaran a conocer la situación de los afrodescendientes en España, cuyas reivindicaciones se hicieron públicas hace dos años tras la visita a nuestro país del Grupo de trabajo de expertos sobre personas de ascendencia africana, integrado en la ONU. Igualmente importante es seguir la evolución de la Plataforma de la comunidad negra, africana y afrodescendiente de España, creada a raíz de los últimos acontecimientos y que reclama políticas públicas frente al racismo institucional y social de nuestra sociedad.

Mireia Sentís es periodista y editora de BAAM (Biblioteca Afro Americana Madrid).

¿La rabia de quién?, por Mireia Sentís


Las señoras de la fresa. La invisibilidad de las temporeras marroquíes en España

Hoy, miércoles, 3 de junio de 2020, llega por fin a las librerías la novedad de marzo que el estado de alarma confinó en el almacén de nuestro distribuidor hasta el día de hoy.

Un texto necesario acerca de una situación excepcional donde se desvela el precio que las señoras de la fresa pagan por extraer ese "oro rojo" que llega a todos los confines de Europa.

Añadimos a continuación una conversación con su autora en español y francés mantenida con ocasión del Radikal May.

 


Hajj Saleh: “El distanciamiento social dañará el concepto de ciudadanía”

Redacción Internacional, 24 abr 2020 (EFE).- El escritor y pensador sirio Yassin el Hajj Saleh (Raqa, 1961) conoce bien el significado de palabras ahora tan de moda como confinamiento, crisis y tragedia: perseguido por el régimen, pasó 16 años de prisión, se vio abocado a la clandestinidad, perdió amigos, compañeros y familiares, incluida su mujer, y ahora sufre el exilio.

Consciente de lo que significa vivir vigilado y con los derechos recortados, Hajj Saleh teme que el distanciamento social al que ha obligado la pandemia se consolide como el modelo de las relaciones futuras, pues mermaría la capacidad compensatoria de conceptos como ciudadanía y democracia y facilitaría el ejercicio del poder a quienes estén mejor posicionados cuando el miedo se expanda.

PREGUNTA: La crisis sanitaria ha detenido el mundo, incluso algunas protestas populares como en el Líbano, Chile o Argelia. ¿Por qué no ha logrado parar las guerras, como las de Yemen, Libia o Siria?

RESPUESTA: Porque las potencias y autoridades que gobiernan dichos países son más peligrosas para nosotros que el coronavirus. Bachar al Asad considera que él y su régimen son más importantes que Siria, su población, sus ciudades, su historia, su cultura, sus creencias... Y asesinar a medio o un millón de sirios y expulsar a más de seis millones fuera del país no tiene la misma importancia que la potencial desaparición de su dinastía. Si pudiera, desarrollaría un arma coronavírica para utilizarla contra los sirios que se han rebelado contra él del mismo modo que hizo con las armas químicas, los barriles explosivos, la tortura y la hambruna. Su protector, (Vladímir) Putin ha llegado, en un alarde de falta de sensibilidad, a jactarse hace unos días de que las armas rusas han demostrado su eficacia en Siria y de que Rusia tiene varios pactos para vender armas por valor de 15.000 millones de dólares (...). El papel de Emiratos Árabes Unidos en Yemen es equivalente al que desempeña Rusia en Siria y ni la salud de los yemeníes ni alcanzar soluciones lo más justas posibles en su país se encuentran entre las prioridades del gobierno más retrógrado en Oriente Medio. Esto se aplica también al apoyo que prestan al general Haftar en Libia.

En lo que respecta al dramático conflicto entre el derecho de las personas a protestar en Líbano, Argelia y Chile y su derecho a la salud, los manifestantes pusieron por delante su derecho a la salud, la de ellos y la de otros. Esa no es la lógica que siguen Putin, su subordinado Al Asad, ni tampoco Mohamed bin Zayed.

P: ¿Cuáles serán los efectos sociales y económicos más importantes de la crisis del coronavirus?

R: Depende de los países. No parece que los sirios que han emigrado al noroeste del país vean que su situación haya mejorado o empeorado. Tampoco parece que sea diferente en lo que respecta al conjunto de los refugiados en Europa, aunque sí parece que la violencia intrafamiliar va en aumento en los contextos de refugio en Alemania, según los datos de los que disponemos. En Líbano, la crisis del coronavirus ha reducido la presión sobre un gobierno oligárquico y corrupto que se ha mantenido en pie en detrimento de los ahorros de los libaneses. En Egipto, los dueños de proyectos industriales están inquietos ante la paralización de sus fábricas y sus beneficios y quieren que se levante la cuarentena. La salud de los trabajadores no constituye para ellos una prioridad. A grandes rasgos, los sectores más débiles –los pobres, las mujeres y los migrantes– pagan el precio más alto cuando la situación es mala (...).

Sin embargo, en esta crisis llama la atención que el sufrimiento de los países ricos y fuertes es mayor que el de los países más débiles y pobres, como también llama la atención la facilidad con que la gente ha sucumbido al pánico en Europa en comparación con otros lugares (...).

La Covid 19 no es la causa de la crisis, sino el elemento que la ha puesto de manifiesto. El mundo se ha mostrado, especialmente en los países ricos y poderosos, incapaz de lidiar con una crisis sanitaria que no es lo más peligroso a lo que se enfrenta el mundo. Los problemas relacionados con el clima y el racismo son mucho más peligrosos y ambos nacen de la estructura económico-política mundial de los países más ricos y fuertes, que se revelan hoy como los más conservadores y reacios al cambio, aunque ello conlleve más riesgos para la Humanidad y la vida.

P: ¿Cree que supone el final del sistema neoliberal como lo conocemos? ¿el capitalismo se reformará para sobrevivir?

R: No puedo predecir lo que sucederá, y no logro ver elementos que inviten al optimismo. Mi confianza va dirigida, y ello me da cierta esperanza, no a cómo los Estados están abordado la crisis, sino a que los cambios se darán en las ideas, la organización, la acción y la imaginación, derivados de la interacción de miles de millones de personas con esta crisis. El mundo se encuentra en una crisis de pérdida de rumbo y ausencia de alternativas, como una cárcel en un presente perpetuo que en Siria hemos conocido bien durante medio siglo de gobierno Al Asad. La cárcel genera carceleros del estilo de Trump, Putin, Johnson, Xi Jinping, Al Sisi, Mohamed bin Salmán y Mohamad Bin Zayed… En un mundo sano, el lugar en que deberían estar esos señores sería siendo juzgados en una jaula de hierro y no liderando países en los que viven miles de millones de personas. La aparición de movimientos e ideas nuevos provocará un punto de inflexión político y ético que necesitamos para salvarnos. Junto con muchos observadores y población local, creo que, si más de la mitad del mundo ha podido obligarse a tomarse unas vacaciones durante dos o tres meses, nada debe impedir el cambio en los sistemas organizativos, laborales, económicos y epistemológicos. La crisis ha demostrado que la condición de falta de alternativas no es inevitable, sino que se trata de una preferencia de los siervos de los dogmas de crecimiento económico, ya sea en el modelo chino o el capitalista occidental.

P: Ni la ONU, la OMS y la Unión Europea han sido capaces de dar una respuesta conjunta. ¿Comparte la opinión de que estamos ante el declive del sistema multilateral?

R: Más bien temo que nos encaminamos hacia un mundo que es menos mundo… o hacia el aislacionismo y una mayor fragmentación. Lo que hoy estamos presenciando es la aparición de las entidades políticas cerradas, unidades políticas con muros de protección que se abren y cierran, o lo que Wendy Brown denominó “estados amurallados”. El muro de Trump con México, y previa y simultáneamente el muro del apartheid israelí, constituirían los símbolos más destacados de un mundo con múltiples muros.

Ese es un ejemplo de pluralidad sin mundo y de soberanía basada en la excepción, y que quizá crea las excepciones que lo revisten de legitimidad, algo que en Siria conocemos bien. Esta trayectoria no es inevitable, pero la forma en que se está lidiando con el coronavirus sigue dicho modelo nacionalista soberano que no veo capaz de perpetuarse. Temo que se prolongue el plazo de vacilación entre ese modelo y el retorno al curso natural de las cosas o la lógica del “aquí no pasa nada” debido a la carencia de visiones más claras de alternativas viables.

La potencial parálisis que se derivaría de eso es más peligrosa que la situación en que nos encontramos actualmente. Dicho peligro será más visible según nos vayamos acercando al final de la crisis del coronavirus y nos encontremos frente al vacío. La hora de la verdad está cerca y puede que no haya nada después de ella salvo el vacío, que es bueno solo para los señores que gobiernan sociedades sin rumbo.

P: En crisis precedentes, han sido Estados Unidos y los países europeos los que han liderado la respuesta. Ahora los árabes, pero también los europeos han pedido ayuda a China ¿estamos ante el inicio de un nuevo orden geoestratégico?

R: Más bien pienso que muchos, en el entorno árabe y en Occidente, pero también en la propia China, tienden hacia un modelo chino de soberanía sin política y de desarrollo económico sin derechos sociales, porque no tienen otro. Pero eso es peligroso. (...) Se parece al capitalismo del siglo XIX en Gran Bretaña tal como lo definió Marx en El Capital. Comparto con muchos la visión de un mundo sin privilegios para Occidente, pero no de un mundo que aumente el desarrollo capitalista de manos de un único patrón que sea el Estado.

P: La necesidad de controlar la pandemia ha facilitado la aplicación de nuevas tecnologías que permiten un mayor control social de los ciudadanos. ¿están en peligro la democracia y los derechos individuales?

R: Claro. Si tenemos en cuenta que los sistemas de control y vigilancia en los aeropuertos impuestos tras el 11 de septiembre de 2001 siguen vigentes, aunque parecían excepcionales en su momento, los efectos que puedan tener las tecnologías del control sobre la pandemia del coronavirus podrán prolongarse. La gente tiende a obedecer a los gobiernos en situaciones de peligro y las sociedades temerosas y cerradas en sí mismas son más fáciles de gobernar. ¿Por qué no iban a inventar los gobiernos peligros cuando ellos mismos han sido a lo largo de la historia el mayor peligro para la libertad humana, cuando no se les resiste de forma consciente?

(...) Tal vez, el actual distanciamiento social se convierta en el modelo a seguir en las relaciones en las sociedades. (...) (y su) consolidación (...) será dañina para el concepto de ciudadanía y el de democracia, pero facilitará el gobierno a quienes estén mejor posicionados cuando el miedo se expanda.

P: La lucha contra el coronavirus ha supuesto una reducción importante de los recursos económicos y humanos destinados a la ayuda internacional ¿cómo afecta esto a la crisis de los refugiados?

R: Ya desde antes los recursos destinados a los refugiados no eran algo relevante y cualquier aumento de los fondos asignados para ello se canalizaba a través del régimen, sin que nada llegara a los verdaderos damnificados. La idea de las ayudas, en su origen, tiene por objeto tratar los efectos de las guerras de las oligarquías y evitar que se derrumbe el sistema internacional, pero en ningún caso son para que los damnificados (...) puedan mantenerse en pie y luchar por sus derechos. En los contextos de refugio en Turquía y Europa los sentimientos de xenofobia aumentan y se vierten especialmente sobre los refugiados.

A día de hoy, que yo sepa, no ha habido hechos que lamentar, pero los espacios compartidos entre los que llegan y la población autóctona se hacen cada vez más estrechos, de una forma que excede a la media general de los espacios compartidos en mi opinión.

(...) Los refugiados en su mayoría se encuentran en el límite de la vulnerabilidad y la falta de derechos, y también del olvido, debido a que todo el mundo está hoy preocupado por su propia situación. El problema es que esta posición extrema puede acabar abarcando a los parados, los empobrecidos, los enfermos y los ancianos. Además, está el denominado refugio climático, de ritmo más lento, pero que no deja de enfrentarse radicalmente a los modelos de desarrollo y “el control de la naturaleza” actuales. Nada de esto es nuevo: todo precede a la crisis del coronavirus. De hecho, la crisis sanitaria mundial parece enmascarar con su fealdad un panorama ya de por sí muy desagradable.

P: ¿Qué elementos positivos se pueden extraer de la situación actual?

R: Como he dicho anteriormente, el momento más peligroso no es cuando la epidemia está en su punto álgido, sino cuando retroceda y llegue el momento de la relajación, que será cuando veremos que no tenemos nada que hacer salvo volver a lo anterior o responder a la llamada china a la que se elogia en todas partes, o bien combinar ambas. Lo que puede resultar positivo es el vínculo que establecen muchos entre el problema sanitario y el problema climático, y creo que existe un tercer problema que ha de relacionarse con los otros dos, que es el compuesto racismo-guerra contra el terrorismo, que ha llevado a la securización de la política y el despojo de la economía de su carácter político: ambos se complementan, en mi opinión, en el sentido de que lo que debe depender de la política – la seguridad – pasa a dominarla, y lo que debe ser político – la economía – deja de serlo. Después de trabajar por la inclusión de las clases más bajas en un momento en que la economía era política, se ha pasado a excluir a los migrantes y refugiados y a vigilarlos en un tiempo en el que la política se ha vuelto securitaria. Esto se acompaña de la expansión del racismo y el retorno de la tortura y la debilitación de la democracia en todas partes, ya sea mediante la expansión de las prácticas de censura, control y detención arbitraria, o mediante la degradación de la dimensión social de la democracia.

La vinculación de estos tres grandes problemas será la base para una imaginación política distinta y nuevos movimientos sociales y políticos que espero que empiecen a surgir desde ya. Cuando el coronavirus comience su retirada será el momento de un comienzo distinto. EFE

artículo completo en La Vanguardia

Yassin El Hajj Saleh ha publicado dos libros en nuestra editorial: su reflexión sobre la guerra en Siria, Siria, La revolución imposible y la recopilación de escritos de su mujer, desaparecida en dicha guerra a manos de un grupo yihadista, Diario del asedio a Duma, 2013 , ambos traducidos del árabe por Naomí Ramírez Díaz.

 


YOGUR CON MERMELADA, de LENA MERHEJ, SÁBADO DE LECTURA DE CASA ÁRABE

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Ha muerto Limónov

La muerte hoy, anunciada por su partido La Otra Rusia, de Limónov en el hospital, donde convalecía de una operación, ha dado pie a diversos comentarios que insisten en los tópicos difundidos por el libro de Carrère. Quizá el más difundido sea el de que Limónov debe su fama al libro del escritor francés, cuando, en realidad, es lo contrario: Carrère encontró en la vida y obra de Limónov un material inmenso que empleó para escribir un libro que se limitaba a resumir en un estilo romo sus novelas autobiográficas, acotadas aquí y allá con comentarios y juicios perfectamente prescindibles cuando no insidiosos. De su libro procede la visión estereotipada de Limónov como un autor de novelas sulfurosas, mimado por la Intelligentsia parisina hasta que salieron a la luz su apoyo a los serbios en la guerra de Yugoslavia y sus supuestas tendencias filonazis con la fundación del Partido Nacional Bolchevique.

Lo cierto es que Edward Limónov era en la actualidad el escritor ruso más importante, autor de una extensa obra en la que retrata con incisiva mirada la Unión Soviética de Jruschev y, tras su exilio en Estados Unidos, el American Way of Life.

Hace tan solo unos pocos días recibimos un correo en que Limónov nos confiaba: "Estoy enfermo. Eso explica mi silencio". Hoy hemos conocido su muerte. Hablábamos de su próximo libro, El adolescente Savenko, en traducción de Pedro Ruiz Zamora, que publicaremos este año y será nuestro mejor homenaje al gran escritor, del que ya hemos publicado Historia de un granuja e Historia de un servidor.


Ser mujer en el Marruecos rural: "No sabemos nada de ellas, son invisibles"

Dos investigadores explican en Palma el drama de las mujeres del país árabe, candidatas perfectas para ser explotadas en los campos de la fresa

jaume bauzà palma 11.03.2020 | 00:23

La lucha de la mujer en el Marruecos rural llegó ayer a Palma de la mano de la socióloga Chadia Arab y del periodista Hicham Houdaifa. Ambos compartieron sus respectivas investigaciones sobre la doble invisibilidad que sufren la mujeres en el Marruecos rural y también la doble invisibilidad que sufren cuando son captadas y traídas a España para trabajar en los campos de la fresa de Huelva. Aquí, la promesa de trabajo e ingresos se traduce en precariedad, explotación laboral y violencia sexual en medio de un silencio cómplice que estos dos marroquíes se han propuesto romper.

No sabemos nada de ellas, son invisibles. Vienen a trabajar aquí pero nunca les hemos dado la palabra para explicar qué están haciendo, para explicar la precariedad y la situación de explotación laboral que sufren", indica Arab, autora de un libro en el que detalla la denuncia de diez mujeres agredidas sexualmente en uno de estos campos de trabajo y que próximamente se publicará en castellano.

Los dos investigadores conversaron con este diario antes de protagonizar 'Las invisibles. Marruecos y Mallorca conectadas por mujeres', un coloquio organizado por la ONG ProSud y que se celebró en la librería La Luna. "España y Marruecos somos dos países vecinos y quiero que la gente aquí entienda la precariedad en la que viven tanto en un país como en otro", subraya Houdaifa, autor de 'A la mujer y a la mula, vara dura', un libro en el que radiografía la situación de la mujer marroquí en el medio rural a través de ocho historias terribles.

"Son mujeres que ofrecen un retrato de la vida de la mujer en Marruecos. Una parte de la población que sufre violencia sexual, un infierno del que nadie habla ni en Marruecos, ni en España. Son casos reales, ejemplos de explotación económica y sexual. Aunque una mujer trabaje, no tiene libertad para hacer lo que quiera con el dinero", enfatiza este periodista.

Arab también ha hecho trabajo de campo para poner negro sobre blanco el drama que viven las marroquíes que terminan embarcándose en un viaje a los campos de la fresa de Huelva. "Los empleadores siempre eligen al mismo perfil de mujer: pobre y con hijos", asegura la socióloga. No interesa integrar a estas mujeres, solo que trabajen durante el tiempo necesario. Y mientras tanto muchas de ellas sufren explotación sexual de personas que se aprovechan de su situación de vulnerabilidad. Claro, en los campos solo quieren mujeres, no les interesa que vengan hombres", añade Arab.

El perfil de la mujer explotada

Esta experta considera que hay un caldo de cultivo perfecto para que todo eso suceda. "Son mujeres analfabetas, que vienen del mundo rural. En este contexto es más fácil ejercer una violencia sexual contra ellas. Existen todos los ingredientes desde el principio para que esas mujeres acaben siendo violadas", detalla Arab.

Laura Bosch, de ProSud, aclara que varias de esas víctimas de explotación sexual viven hoy en Mallorca: "Una de ellas fue captada por un hombre que le dijo que viniera y que se casaría con ella. Una vez estuvo aquí la encerró en casa y la tuvo prácticamente como una esclava hasta que denunció su situación. Otra de ellas llegó huyendo de los campos de Huelva una noche en la que varios hombres fueron a los campamentos en los que duermen a buscar sexo".

Arab y Houdaifa comparten un objetivo común: "Sacar a la luz lo que está escondido para que la información llegue al público y la sociedad actúe".

Artículo completo en Diario de Mallorca

 


Próxima novedad Sant Jordi y día del libro 2020

Las señoras de la fresa: la invisibilidad de las temporeras marroquíes en España

Primer estudio publicado en español sobre la condición de las trabajadoras marroquíes contratadas para la recolección de la fresa en la provincia de Huelva.

 

Chadia Arab es geógrafa, profesora de Geografía Social y Geografía de las Migraciones en la Universidad de Angers e investigadora en el cnrs, umreso-Angers. Sus trabajos versan principalmente sobre las migraciones internacionales y más particularmente sobre l@s marroquíes en Francia, España e Italia, así como en los países del Golfo (Emiratos Árabes Unidos). También se interesa por la cuestión de género en las migraciones, la ciudadanía, las discriminaciones y la relación con el cuerpo en los países árabes.
En 2009 publicó un libro extraído de su tesis sobre la circulación migratoria de los Aít Ayad en España, Italia y Francia; ha coordinado varios números de revistas de ciencias sociales y publicado numerosos artículos en revistas científicas. También ha participado con diversas asociaciones en documentales y publicaciones a fin de divulgar sus trabajos.

 

 

 

Esta emigración de supervivencia ofrece a las señoras de la fresa oportunidades de emancipación y autonomía. Es útil a España y Marruecos por medio de un deal que puede parecer inaceptable y plantea una cuestión ética: mujeres contra fresas. ¿Las mujeres españolas habrían aceptado esas condiciones para recolectar las fresas? ¡No! ¿Habrían aceptado separarse de sus hijos durante tres meses o más? ¡No! Se buscó, por tanto, no muy lejos, obreras dóciles, con criterios muy estrictos para que estas indeseadas no permanecieran en territorio español. ¿Puede imaginarse siquiera a miles de mujeres españolas trabajando en los invernaderos de fresas por un salario miserable en una región que se enriquece gracias a la comercialización del oro rojo? Enseguida habrían aparecido denuncias contra las condiciones de trabajo y alojamiento, contra la dureza del trabajo, y reivindicaciones salariales. ¿Qué otro trabajo impone a los adultos una vida en colectividad sin el más elemental respeto al derecho a la intimidad? Los procesos de emancipación no deben hacernos olvidar la precariedad y las condiciones de reclutamiento de estas mujeres, elegidas entre las más frágiles, desde un punto de vista social, de su país. Todos estos factores persiguen evitar la menor rebelión, la menor reivindicación, por pequeña que sea.

Chadia Arab

Manifiesto Temporeras contra la esclavitud

 

Entrevista a Chadia Arab


Toni Morrison: el punto de vista blanco en la imaginación literaria

TONI MORRISON: JUGANDO EN LA OSCURIDAD

El punto de vista blanco en la imaginación literaria

Reproducimos a continuación algunas imágenes y la conversación que mantuvieron en la Librería Traficantes de Sueños Remei Sipi Mayo y Mireia Sentís en torno a las tres conferencias de Toni Morrison que integran Jugando en la oscuridad.